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MAGNATE // HYUNLIX

Sinopsis

"-Te daré todo lo que quieras: lujos, poder, respeto... pero a cambio, abrirás las piernas cada vez que yo lo ordene." Felix, el chico de limpieza que todos humillaban, ahora se encuentra en la cama del magnate más poderoso de Corea. Su nueva ambición no es solo complacer a Hwang Hyunjin. Su verdadero objetivo: convertirse en su esposo, en alguien imposible de desechar, en alguien que nunca más será llamado una simple puta.

Genero:
Erotica
Autor/a:
Lisa
Estado:
Completado
Capítulos:
71
Rating
4.9 89 reseñas
Clasificación por edades:
18+

01

Felix no lo había visto venir. Nunca pensó que estaría en esa posición: abierto de piernas, gimiendo con desesperación mientras el cuerpo de Hyunjin lo dominaba sin piedad. El calor entre sus cuerpos era casi insoportable, una mezcla de sudor, piel y deseo que no daba tregua.


Hyunjin lo embestía con fuerza, cada movimiento más profundo que el anterior, cada empujón más exigente, como si quisiera arrancarle hasta el último suspiro. Felix arqueaba la espalda, sus manos temblorosas se aferraban a las sábanas, tratando de encontrar algo a lo que anclarse. Su cuerpo temblaba bajo el peso de Hyunjin, que no se detenía, completamente perdido en su propio placer.


—¿Así te gusta, Felix? —gruñó Hyunjin, su voz grave y rota por la lujuria. Cada palabra le llegaba como un disparo directo al alma, y Felix solo pudo asentir, sin aliento, jadeando mientras sentía cada pulgada de Hyunjin llenándolo por completo.


—Dios... —Felix jadeó, sus piernas temblaban sin control, entreabiertas, completamente a merced del hombre que tanto había anhelado. Era un dolor placentero, uno que lo hacía querer más, aunque su cuerpo gritara lo contrario.


Hyunjin se inclinó hacia adelante, tomando el mentón de Felix con una mano firme, obligándolo a mirarlo a los ojos.


—Mírame —ordenó, y Felix obedeció. Sus ojos se encontraron en una conexión que lo dejó paralizado—. Quiero verte mientras te hago mío.


Felix sintió que sus labios se entreabrían, pero no podía formar palabras. Estaba demasiado perdido en el placer, demasiado roto bajo el control de Hyunjin. El hombre lo embestía sin compasión, como si cada movimiento estuviera destinado a grabar su posesión en cada parte de su cuerpo.


—Señor Hwang... —el nombre escapó de los labios de Felix en un gemido, como un ruego, una súplica que ni él mismo entendía. Pero Hyunjin solo sonrió, esa sonrisa arrogante y peligrosa que siempre llevaba, la misma que lo había hecho caer en sus redes desde el primer día.


—¿Eso es lo que querías, eh? —Hyunjin mordió el cuello de Felix con fuerza, dejando una marca profunda en su piel pálida. Felix gimió, su espalda arqueándose más mientras sentía el dolor mezclarse con el placer—. Siempre tan callado, siempre tan sumiso. ¿Y ahora? Mírate, pidiendo más.


Felix no podía responder. Sus manos se movieron instintivamente hacia los hombros de Hyunjin, aferrándose con desesperación. Su cuerpo temblaba incontrolablemente mientras las embestidas de Hyunjin lo llevaban cada vez más cerca del límite.


—Mierda... Felix, eres perfecto —Hyunjin murmuró, sus movimientos se hacían más frenéticos, más intensos—. No puedo parar. No quiero parar.


Felix gritó, su voz se quebró en un gemido ahogado cuando sintió que su cuerpo finalmente se rendía. El placer lo atravesó como una tormenta, dejándolo completamente agotado bajo el peso de Hyunjin, que aún lo mantenía prisionero entre sus brazos, sus respiraciones descontroladas llenando el aire.


Horas antes...


La vida de Felix había sido simple, monótona. Era el chico del aseo, invisible para todos, especialmente para Hyunjin, el empresario que dominaba cada rincón de aquel edificio gigantesco con su presencia arrolladora. Hyunjin era famoso, asquerosamente rico, apuesto y peligrosamente inteligente. Felix lo observaba desde lejos, limpiando los pisos de mármol reluciente, soñando con lo imposible.


Felix amaba a ese hombre, pero sabía que era un amor condenado desde el principio. Para empezar, no era nadie. No tenía nada que ofrecer. Era un trabajador más, alguien que pasaba desapercibido en un edificio lleno de gente importante. Además, Hyunjin tenía una esposa. Un matrimonio que, si bien caótico y sin amor, seguía siendo un obstáculo más en su fantasía imposible.


Pero este año había sido diferente. Este año, Felix había decidido arriesgarse. No podía seguir pasando los días limpiando los pasillos mientras su vida se consumía en la rutina y el deseo silencioso por un hombre que probablemente ni siquiera sabía que él existía. Así que se convenció de que algo tenía que pasar: o Hyunjin lo notaba, o lo despedían. Y, de cualquier manera, le daba igual. Solo quería que algo cambiara.


Y lo hizo.


Esa tarde, mientras Felix limpiaba en silencio el último piso, el penthouse donde se encontraba la oficina de Hyunjin, escuchó la puerta abrirse detrás de él. Sabía que era Hyunjin antes de siquiera levantar la vista. Siempre lo sabía. Su presencia era inconfundible, poderosa, como una tormenta a punto de estallar.


—¿Tú? —La voz de Hyunjin rompió el silencio, profunda, arrogante. Felix levantó la cabeza, sus manos aún sosteniendo el trapeador, y lo vio: Hyunjin lo miraba fijamente por primera vez en cinco años. Sus ojos lo examinaban con una intensidad que lo dejó sin aliento.


—¿Qué haces aquí a esta hora? —preguntó Hyunjin, entrecerrando los ojos, claramente irritado por la presencia de Felix.


—Solo... limpiando, señor —respondió Felix con la voz temblorosa. Su corazón latía con fuerza, casi tan fuerte que pensó que Hyunjin podría escucharlo.


Hyunjin lo miró de arriba abajo, evaluándolo como si fuera un objeto que acababa de notar por primera vez.


—No sabía que trabajabas aquí —dijo Hyunjin, su tono gélido. Felix se tragó el nudo en la garganta. Cinco años trabajando en el mismo edificio, y Hyunjin ni siquiera había notado su existencia. Eso dolía. Pero al mismo tiempo, lo hacía sentir libre. No tenía nada que perder.


—Ya veo... —Hyunjin soltó una risa baja antes de caminar hacia él, sus pasos resonando en el silencio del penthouse—. El chico de la limpieza.


Felix apretó los labios, sin saber qué decir. Pero sus ojos, traicioneros, no pudieron evitar seguir cada movimiento de Hyunjin, cada paso que lo acercaba más y más.


—¿Qué? —Hyunjin inclinó la cabeza, notando la mirada perdida de Felix—. ¿Acaso te gusto?


Felix se quedó congelado en su lugar, sin poder articular una sola palabra.


Hyunjin soltó una carcajada baja, acercándose más, lo suficiente para que Felix pudiera sentir su aliento sobre su piel.


—Mírate... —susurró Hyunjin, sus labios apenas rozando la oreja de Felix—. Eres patético. Pero no me importaría usarte.


¿Por qué se repente se había fijado en el?


...


La luz del amanecer entraba suavemente por las ventanas, iluminando el penthouse en tonos dorados. Hyunjin estaba de pie junto a la cama, con una taza de café en la mano, mirando el cuerpo desnudo de Felix. Estaba completamente tendido, su piel aún marcada por las embestidas de la noche anterior. El sudor seco brillaba bajo los primeros rayos de sol, mientras la sábana blanca apenas cubría sus caderas. La escena era el recuerdo de la rudeza y la pasión salvaje que había estallado entre ellos horas antes.


Hyunjin exhaló lentamente, sintiendo el sabor amargo del café en su boca, pero no podía apartar los ojos de Felix. Ese cuerpo que había poseído con tal brutalidad, ahora se veía tan vulnerable, tan jodidamente tentador incluso en reposo.


"¿Cómo demonios llegamos aquí?" pensó, pero no se permitía dudar. Su placer no debía ser perturbado por las preguntas.


Tomó su teléfono y marcó rápidamente. Minho contestó al segundo timbre, su voz profesional pero con un toque de curiosidad.


—¿Señor? —preguntó Minho, atento.


—Necesito que hagas algo para mí. —La voz de Hyunjin era firme, fría. Tomó un sorbo de su café, sus ojos aún fijos en el cuerpo dormido de Felix—. Quiero que investigues a alguien. Todo. Hasta el más mínimo detalle.


Minho hizo una pausa al otro lado de la línea, comprendiendo el tono severo de Hyunjin.


—Por supuesto, señor. ¿De quién se trata?


Hyunjin dejó la taza sobre la mesita de noche, inclinándose hacia Felix para observar su rostro dormido. Las marcas de los dedos de Hyunjin aún eran visibles en sus caderas, y había una ligera hinchazón en sus labios que dejaba claro qué había ocurrido entre ellos.


—Felix... —Hyunjin murmuró con una mezcla de satisfacción y frialdad—. El chico de la limpieza. Quiero que me consigas todo sobre él. Su nombre completo, dónde vive, sus antecedentes, cada jodido detalle.


Minho, desde el otro lado del teléfono, no expresó sorpresa, aunque estaba claro que la petición no era habitual. No era común que Hyunjin mostrara interés personal en nadie.


—¿Lo necesita hoy mismo? —preguntó Minho, su tono eficiente como siempre.


—Sí, tan pronto como sea posible —dijo Hyunjin, su mirada seguía fija en Felix, quien se movía ligeramente en su sueño, pero no despertaba. Su pecho subía y bajaba lentamente, ajeno al hecho de que su vida estaba a punto de ser diseccionada—. Y asegúrate de que sea discreto. Nadie más debe saber de esto.


Minho asintió en silencio, entendiendo la seriedad del asunto. Hyunjin no hacía peticiones así a la ligera, lo que significaba que el chico de la limpieza había dejado una impresión más fuerte de lo que cualquiera hubiera imaginado.


—Lo haré, señor. En cuanto tenga algo, se lo haré llegar —confirmó Minho.


Hyunjin cortó la llamada y se sentó al borde de la cama, pasando la mano por el pelo húmedo de Felix. Sus dedos recorrieron su nuca con una extraña suavidad, una contradicción después de la brutalidad con la que lo había tratado la noche anterior. Felix murmuró algo ininteligible, aún perdido en sus sueños, y se movió, girando levemente para quedar boca arriba.


Hyunjin lo observó con detenimiento. A pesar de su apariencia ruda, Felix tenía un aire inocente mientras dormía, como si fuera alguien completamente distinto al que había gemido y suplicado debajo de él horas antes. Aquella inocencia aparente lo irritaba y lo excitaba al mismo tiempo.


El teléfono vibró en su mano, un mensaje de Minho confirmando que ya estaba en ello. Hyunjin sonrió levemente, sabiendo que pronto tendría todo el control sobre Felix. Y ese control lo hacía sentir poderoso, mucho más que el simple placer físico de poseerlo.


Felix se movió de nuevo, sus labios entreabiertos, respirando pesadamente. Hyunjin sintió un impulso violento recorrerlo, un deseo primitivo de reclamarlo una vez más, de recordar a Felix quién era el que mandaba. Pero no lo haría, no todavía. Había que jugar esto con cuidado, paso a paso, asegurándose de que Felix nunca pudiera escapar de él.


Se levantó de la cama sin hacer ruido y caminó hacia el ventanal, mirando la ciudad a sus pies. Era su reino, y Felix, ese pobre chico de la limpieza, pronto sabría lo que era ser parte de él. Pero no como un igual. Jamás como un igual.


La tensión en sus hombros disminuyó mientras pensaba en lo que vendría. Sabía que Felix no tenía nada que ofrecerle, excepto su cuerpo, y eso era suficiente. Él no necesitaba más. Ni amor, ni complicaciones. Solo la sumisión absoluta, esa que Felix había entregado con tanta facilidad.


Hyunjin dio otro sorbo a su café y observó su reflejo en el cristal. Estaba satisfecho con lo que veía. El cazador siempre tenía que conocer cada detalle de su presa. Y ahora, con Minho trabajando en ello, pronto sabría todo lo que necesitaba sobre Felix.


El juego había comenzado, y Hyunjin no planeaba perder el control.


...


"—Te daré todo lo que quieras: lujos, poder, respeto... pero a cambio, abrirás las piernas cada vez que yo lo ordene."


Felix, el chico de limpieza que todos humillaban, ahora se encuentra en la cama del magnate más poderoso de Corea.


Su nueva ambición no es solo complacer a Hwang Hyunjin. Su verdadero objetivo: convertirse en su esposo, en alguien imposible de desechar, en alguien que nunca más será llamado una simple puta.

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Trama absorbente

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Buenos personajes

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Diálogos potentes

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Ver 3 comentarios anteriores...
author

Cómo guardo la historia bros?💜💔

8 meses
author

la borraron de Wattpad así que vengo a verla aquí 😭🤧

3 meses
author

Se ve interesante la vdd 👍

2 meses

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