Personalizar legibilidad
Aa

Two Shots: Apuestas Del Corazón [Saotome/JabamixTú] [Kakegurui]

Sinopsis

En un mundo donde las apuestas y el dinero lo gobiernan todo, a veces, el amor puede más.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Mary Saotome

Por lógica, el rumor iba a correr por los pasillos como cualquier otro. Aunque claro, no era precisamente un rumor y las miradas extrañas venían incluidas con él. Pero, poco me importaba. Lo relevante era que desde ese día, ya no era una mascota gracias a la chica que me gustaba, Mary Saotome. ¡Cielos, que feliz me sentía! Salí del salón de clases y otra vez, casi todos me miraban. Yo solo sonreí y una pequeña calidez llenó mis mejillas. Era lógico que todos debían estar pensado que teníamos algo, pues era bastante inusual que una chica le prestara dinero a otra para pagar una deuda dentro de la Academia Hyakkao.

Me dirigí al baño y mi mente se fue a divagar en mi hermosa amiga rubia por vez número… ah, ya había perdido la cuenta. No había ningún tipo de relación amorosa entre ella y yo y aun así, no me sorprendió lo que hizo por mí. Llevábamos todo el año estudiantil haciendo amistad y sabía que Mary no iba a estar cómoda con verme siendo una mascota. La situación me hizo volver a confirmar lo enamorada que estaba… y di un suspiro, pues lo que me tenía distraída era cómo iba a pagarle ese dinero. Era cierto que ella dijo que no me preocupara, pero yo simplemente no podía quedarme tranquila.

Entré al baño a mirarme en el espejo, ya todas las chicas se iban a sus casas y me quedé completamente sola. Apoyé mi bolso sobre el mueble del lavamanos y busqué mi celular, con la intención de enviarle un mensaje a Mary y ver la posibilidad de reunirme con ella para hablar del tema durante la tarde. Otra chica entró y no le presté atención, hasta que su voz hizo dar un brinco a mi corazón.

—Hola, T/N —dijo Mary, sonriendo confiada y maliciosa. Levanté mi rostro y mi mirada hizo contacto con sus bellos ojos café. Me puse nerviosa, volví a sonrojarme y le sonreí de vuelta. Lo de todos los días.

—Mary Saotome —dije, guardando mi teléfono y ella fue hasta a mí.

—¿Qué tal? ¿Te alegra haber dejado de ser una “mascota”?

—Sí, muchísimo. No sabes cuánto te…

—Ya, ya. Ya me lo has dicho varias veces —dijo ella, bajándole el perfil al asunto. Apoyó su cadera en el mueble del lavamanos y cruzó sus brazos. Al estar cerca de mí, pude oler algo de su perfume y mi palpitar fue más veloz. Me atreví a insistir.

—No, Mary. —Le respondí, decidida. Di un paso hacia ella, con seriedad. Su sonrisa se borró y frunció el ceño. Continué —: Es que en serio, necesito compensarte. No puedo dejarlo así.

Mary rió un poco, presumida. Cómo me encantaba su risa pero en ese momento, me molesté. Era como si no estuviera tomándome en serio. Mi sonrojo aumentó e iba a reclamarle, cuando habló.

—¿Sabes? Ya que persistes tanto. Y aprovechando que estamos aquí, en el baño de chicas. Tú y yo, a solas… —dijo, en un tono sugerente. Bajó sus brazos y se me aproximó, su cuerpo a centímetros del mío. Tragué duro, ¡era primera vez que me hablaba y se me acercaba de esa manera!—: Dime, ¿qué estarías dispuesta a ofrecerme?

Ante tal pregunta, mi pensamiento racional se apagó. Para mí, estaba claro lo que pasaba. ¡Ay, Dios! Era mi momento de arriesgarme. Así que no evité mi sonrisa, tampoco el morderme el labio inferior y menos aun, ponerme al nivel de su coquetería.

—Mmm siendo honesta, no lo sé. Tal vez puedas decirme… lo que te gustaría —ofrecí, en voz baja. Mary acentuó su sonrisa y sus mejillas se tornaron rojas.

—No estoy segura de si quieras darme eso que me gustaría —susurró y dio un vistazo rápido y lascivo a mis labios y mi cuerpo antes de continuar —: Y hace mucho que quiero “eso”. Que venga de ti.

Suspiré hondo. ¡Gracias al cielo! Últimamente pensaba que la atracción mutua era una estupidez mía y que ella solo me veía como una amiga. Sin embargo, esto me confirmaba que sí había algo entre las dos. ¡Yo le gustaba a Mary Saotome! Mi mente voló en torno a las posibilidades de ello. ¡Sentía que iba a perder la cabeza! Respiré para continuar, tratando de contener mi emoción y mi… creciente excitación.

—Algo me dice que es lo mismo que quiero yo —murmuré.

—Entonces, estaría bien que lo intentemos. ¿No crees? —dijo y sin más, me tomó del rostro con el objetivo de besarme.

Casi automáticamente, abrí mi boca para recibir su húmeda y cálida lengua, la que me hizo olvidar que estábamos en el baño de la Academia Hyakkao. Respondí a su beso con la misma pasión, su lengua y labios rozando con los míos a la vez que sus manos iban a mi cintura y yo llevaba mis manos a tomar su fino rostro. Mi corazón se hallaba acelerado y sentí el palpitar del suyo, además de su calor y su aroma delicado y dulce a mujer que me envolvió. Estaba apunto de dejarme llevar y bajar mis manos hacia su cuello, cuando ella cortó el beso. Nuestros ojos volvieron a encontrarse y reparé en que estaba todavía más sonrojada, como yo debía estarlo. Sonrió coqueta, esa sonrisa que tantas veces me había encendido, ahora me hacía sentir mi propia humedad mucho más. Le devolví el gesto y tal parece que supo lo que yo deseaba, pues me soltó para apresurarse a ponerle llave a la puerta.

Me puse nerviosa nuevamente en cuanto volteó, Mary ya no sonreía, mas percibí el castaño de sus ojos con un aire predatorio sobre mí. Sabía a qué se disponía al volver frente a mí rápidamente y yo estaba más que lista para ello. Reanudamos los besos con desespero y las manos de ambas se prestaron a tocar y estrujar las curvas mutuamente por sobre la ropa. Dios mío, tenía claro que estaba despierta pero todo se sentía tan bien que a ratos pensaba que era un sueño. Varias veces me había masturbado imaginando si alguna vez sucedería, como sería, etc… Pero, estaba superando mis expectativas, y eso que no era más que sus besos y su tacto.

Me acorraló contra los lavamanos y repentinamente, escuchamos a un par de chicas fuera del baño, golpeando la puerta y reclamando, preguntándose por qué estaba cerrado. ¡Al diablo! La excitación en las dos era más grande y básicamente, nos dio igual. Yo no quería que Mary se detuviera y por lo visto, ella deseaba continuar. Dejamos de besarnos un poco y con su frente apoyada en la mía, la vi llevar sus dedos a los botones de la chaqueta y la blusa de mi uniforme, sus ojos sin despegarse de lo que hacía y su respiración entrecortada mezclándose con la mía. La desesperación por sentirla más de cerca me invadía y ella gruñó suavemente al desabotonar por completo mi blusa y ver mi brasier. Separó un poco su rostro de mí y puso sus manos sobre mis senos, apretándolos y besándome otra vez, suave y profundamente. Tan apresurada y tan tranquila a la vez, pensaba que podría volverme loca. Entonces, nos miramos de cerca, llenas de deseo, y susurró un sensual mandato.

—Tendremos que ser rápidas y mantenernos calladas, de seguro ya fueron a buscar a alguien para que abran la puerta. ¿Está bien? —indagó, dando un apretón más fuerte a mis pechos. Resistí un gemido y asentí, mordiéndome el labio inferior. En ese segundo, lo único que me importaba era que me hiciera llegar al orgasmo y el hecho de que estuviéramos a contratiempo, mierda,… me excitaba aún más.

Sus hermosos ojos café bajaron de nuevo a mi delantera y yo me apoyé en el lavamanos, viéndola deslizar las copas de mi brasier hacia abajo. El aire levemente fresco del baño acarició mis senos, los que fueron cubiertos por las manos de Mary. Las cálidas yemas de sus dedos frotaron mis pezones y un escalofrío de excitación recorrió mi espina dorsal, ¡qué ganas de gemir cuánto quisiera! Su mirada regresó a fijarse en la mía, tan lujuriosa por mí que me hacía sentir como una diosa siendo adorada con devoción. Se lamió el labio inferior y su boca bajó sin más a mis pechos, con el fin de lamer y succionar mis pezones ávidamente. Cerré los ojos por unos segundos, mis pantaletas humedeciéndose aún más y luego la miré, su mirada atenta a mi reacción ante el juego coqueto de sus labios y su lengua en mi piel sensible. Ya quería que me masturbara, quería sentir sus dedos haciendo magia en mí y alguna conexión habíamos hecho, porque así fue.

Volví a ver su rostro cerca de mí y a sentir la presión de su cuerpo contra mí, cuando pude notar sus manos ayudándose con impaciencia a alcanzar mi entrepierna. Abrí un poco mis piernas, mantuve mi mirada enlazada a la suya y entonces, sentí sus suaves dedos haciendo mi pantaleta a un lado. ¡Oh, sí! No pude evitar que un gemido muy suave escapara de mi boca y Mary me besó, con el fin de hacerme callar. Pero, ¡Dios! ¡Cómo se deslizaba entre la humedad de mis pliegues! ¡Cómo metía y sacaba sus dedos! Deseaba que tocara mi clítoris, aunque tampoco quería correrme tan pronto y ella lo dejó para después. Se acercó más y llevó su boca a mi oído, pude sentir lo agitada que se encontraba.

—T/N, nunca imaginé que te mojaría tanto —murmuró seductora y su lengua lamió el lóbulo de mi oreja. Otra vez cerré mis ojos y con mis brazos rodeé sus hombros, manteniéndola pegada a mí, la tela de su uniforme aplastando mis pechos aún al descubierto.

—Por favor, Mary Saotome. —Le rogué en un susurro sobre su oído, mi voz quebrándose de lascivia por las ansias de que me hiciera sentir eso tan delicioso.

Ella gruñó en mi oído ya inquieta y sacó sus dedos de mi entrada para llevarlos a mi clítoris. ¡Por todos los dioses! Sólo hizo falta unos segundos frotándolo en círculos para hacerme sucumbir de irreprimible placer, el que la rubia intensificó con ayuda de su boca besando mi cuello. Me había hecho tocar el cielo de una forma que nunca había experimentado y en cuanto caí en la cuenta de la realidad, su boca estaba de vuelta en mi oído.

—Oh, T/N. Te amo —susurró con un tono tan amoroso y tierno que aceleró todavía más el palpitar de su corazón y del mío. Abrí mis ojos, sorprendida y emocionada.

Ni siquiera tuve tiempo de procesar sus hermosas palabras y ni hablar de responderle o de tener un momento más a solas, pues el ruido de pasos en el pasillo y de unas llaves tratando de abrir la puerta, nos interrumpió abruptamente. Ambas nos vimos alteradas y en cosa de unos segundos, me apresuré a encerrarme en uno de los cubículos para acomodar mi ropa a la vez que Mary se lavaba las manos. Contuve mi risa nerviosa y mis mejillas ardían, todavía más al escuchar la voz de mi maravillosa rubia coqueta explicando con simpleza que no sabía cómo, pero nos habíamos quedado encerradas. Mi Mary… ¡Mi Mary me ama!

¡Cuéntale a Natti Jimenez lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

0

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

0

Impactante

Bien escrito

0

Bien escrito

Trama absorbente

0

Trama absorbente

Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes