❝Show me Love❞│Zʜᴀᴅᴏɴɪᴄ﹣Sᴄᴏᴜʀᴢᴏɴɪᴄ│AU

Sinopsis

Amores correspondidos. Bombones presumidos. Corazones esparcidos. Deseos cumplidos. Los flechazos no tardan en presentarse, molestando a cada persona que no anhela unirse con su alma gemela. Un chico combativo y otro dulce como un pastel de cereza, teniendo de regalo a un líder obstinado e irascible. Ninguno tiene una pizca de compatibilidad, sin embargo, parecieran estar destinados a permanecer juntos desde su nacimiento. ¿Quién dijo que el amor debía ser perfecto?

Estado:
Completado
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

❤️⊱⎛❝Shyness❞⎞⊰💙

El famoso día de San Valentín... El peor día del año para Zonic the Hedgehog.

Porque primero, no durmió en toda la noche ideando una forma para declararse al molesto soldado que no paraba de cortejarle, y decía molesto porque sus acciones eran demasiado melosas que a veces le irritaban, un erizo muy dulzón capaz de obligarlo a sonreír involuntariamente; luego de mortificar y no dejar dormir a su mentor, éste le dio una idea que bien pudo ser la más obvia, una carta. Lo fácil fue conseguir el papel y el bolígrafo, lo difícil fue intentar escribir y firmar.

Los minutos se convirtieron en horas hasta llegar a la madrugada del odioso catorce de febrero, ni una sola idea de cómo empezar, poca fuerza para seguir despierto y grandes ganas de excusarse y no ir al trabajo; exhausto, fue a meterse entre las frazadas de su cama, cerrando los párpados que tanto le pesaban para así caer en brazos de Morfeo, de no ser porque accidentalmente presionó su juguete favorito que le hizo sobresaltarse.

Al levantar las mantas se topó con los regalos que le había dado el moreno con anterioridad: un osito de felpa, un almohadón en forma de corazón rojo y un mini Zhadow que no paraba de repetir la frase “te quiero”. Tomó al muñequito y lo abrazó con fuerza, después se dirigió al guardarropa y abrió el único cajón, observando todas las cartas que le había escrito para los días especiales, como su cumpleaños o aniversarios de trabajo.

Ese chico valía oro, se esmeraba tanto por darle lo mejor y animarlo en el momento preciso, lo cuidaba cuando iba a misiones o simplemente se la pasaba hablando de temas banales; Zhadow definitivamente era un joven único, entonces, ¿por qué no tratar de devolverle el favor?

Regresó a su escritorio y sin pensarlo tomó el lapicero, escribiendo la carta, una forma muy vaga e incluso cobarde para expresar sus sentimientos, pero le resultaba tan bien que pudo soltar todo sin temor; confesó desde el agradecimiento por cada acto tan lleno de cariño hasta lo que le provocaba cuando se acercaba demasiado, el irrazonable aceleramiento de sus latidos y como sus mofletes se bañaban en un adorable rosa cada que lo abrazaba; cuando terminó la revisó de principio a fin, dándose cuenta de que parecía un poeta desesperado.

Más tarde la alarma sonó con ese pitido insoportable que provocaba la ira matutina de Zonic, ¿las consecuencias? Que la pobre fuera destruida tras un puñetazo, lo segundo malo que le pasaba, porque ya no tendría algo que lo levantara en las mañanas; bostezó dirigiéndose al baño para asearse con una lentitud de tortuga, sin percatarse de la hora y del dulce aroma que se esparcía por toda la casa. Posteriormente al salir de la ducha y ponerse el uniforme su teléfono vibró en señal de un nuevo mensaje, el chico azúcar le daba los buenos días y encima le preparó la comida, sin duda fue buena idea darle una copia de la llave de su casa.

Buenos días Zun Zun, espero hayas dormido bien. Te preparé el desayuno y dejé tu regalo en la sala, ojalá te gusten.

6:58 a.m.

Apenas se fijó en la hora sostuvo la carta y salió corriendo escaleras abajo, lo único que pudo ponerse fue una bufanda por el frío y su típico casco; pasó a la cocina para empacar las tostadas con chocolate y la macedonia de frutas, además del capuchino que soltaba un vapor apetitoso. Ya saliendo se percató del regalo que estaba en el sillón, apurado, lo jaló para llevárselo consigo.

—¡Bello durmiente, apresúrate que se hace tarde! —gritó Zails, esperando afuera en su coche particular y con la puerta del copiloto abierta.

—Gracias, ¿por qué estás-...? —preguntó entrando a la vez que recuperaba el aire.

—Imaginé que te quedarías despierto más de lo debido, cuando no duermes lo suficiente es difícil que te levantes temprano, y, tu novio me sugirió que viniera por ti —expuso encendiendo el auto y encaminándose a la base, pasando por alto el sonrojo violento del menor.

—¡N-no es mi novio!, bueno, aún no... —susurró observando el pequeño obsequio, a diferencia de los otros, éste no era grande ni pesado, las ganas de abrirlo lo consumían aunque las controló y dejó el envoltorio a un lado, sacando el sobre que contenía lo importante—. Hice la dichosa carta... Traté de expresarme lo más que pude, pero... Quedé muy corto.

—Desayuna jovencito —ordenó, luego de llegar a un semáforo y que marcará rojo leyó la hoja, para no hacerlo sentir mal se guardó las carcajadas que deseaba expulsar, miró de reojo al cobalto que comía tranquilo y le acarició las orejas—. Eres un extraño poeta.

[. . .]

El general no le sancionó por su impuntualidad, al contrario, le pasó la falta y hasta lo felicitó por el día especial; al recorrer los pasillos notó como el ambiente se veía infestado de amor, las decoraciones y facetas de cada uno de los subordinados manifestaban dicho sentimiento que empalagaba con solo presenciarlo, las parejas disfrutaban darse picoretes o lanzarse piropos y los amigos se abrazaban como si dependieran de eso para seguir viviendo, diversos escenarios que martirizaban su pobre mente. Después de recorrer aquella tortura romántica, por fin llegó al campo de entrenamiento.

Al ser viernes, Zhadow tenía el turno matutino de autodefensa, entonces llegaba desde muy temprano para enseñarles a los novatos como atacar correctamente sin lastimarse y ser lastimados. Zonic suspiró buscando tranquilizar esos nervios que osaban traicionarlo, acercándose sigilosamente entretanto observaba los movimientos tan perfectos del moreno, por algo estaba con los policías de élite; perdió la cuenta de cuánto tiempo se quedó ahí parado cerca de las banquetas de reposo, mordiéndose el labio inferior al no saber como darle el maldito papel a ese hombre magnífico, tal vez por el hecho de...

—Lo sé, es todo un bombón~.

El azulado pegó un respingo al mismo tiempo en que volteaba, mirando a una eriza rosa de orbes jades burlarse de él; ¿desde cuándo estaba esa mujer espiándolo?, peor, ¿cómo diablos adivinaba sus pensamientos?

—Zamy, ¿no deberías estar trabajando o haciendo algo útil? —cuestionó enfadado y avergonzado, ocultando el sobre detrás suyo para evitar que la chica anduviera de entrometida.

—Estoy cubriendo a Zouge, supuestamente pidió permiso para ausentarse debido a que atrapó un resfriado, pero nosotros sabemos que es un pretexto para estar con Znuckles, total, hoy es el día de los enamorados.

—Ajá, no debes recordármelo —rodó los ojos fastidiado, al regresar su vista al frente la chica no estaba, de pronto giró y ella ya había agarrado el tesoro—, no estoy de humor, devuélveme la carta.

—¡Vas a declararte a Zhadow! —chilló de emoción al ver el nombre del destinatario, de inmediato fue silenciada por la mano de un cerúleo sonrojado.

—¡Cállate! —le arrebató el escrito y le dio la espalda, suplicando que el vetado no hubiera escuchado aquello.

—Aww, cupido si que sabe hacer su trabajo —bromeó palmeándole los hombros, no obstante, recordó la experiencia pasada y se preocupó por el bien de su amigo—, oye. Si vas a tener el valor de hacerlo esta vez... ¿No?

—¿Esta vez?

Rememoró el embrollo del año pasado . Zhadow organizó una reunión donde los otros oficiales levantaron grandes letras holográficas presentando la frase “¿quieres ser mi novio?”; a pesar de que el oscuro le propuso establecer una relación formal no tuvo el valor suficiente para aceptarla, le dio pánico al ver esos ojos carmín esperanzados y el terror de hacerlo infeliz a su lado, aún así quedaron en buenos términos sin destruir su amistad, aunque los otros policías se irritaron por ello.

—E-espero que sí... No. Tengo que tenerlo esta vez. El año pasado fui un cobarde porque apenas tenía diecisiete, pero este será diferente.

—¡Así se habla mi comandante! —exclamó alegre, soltando una risilla mientras se alejaba del lugar para distraer a los principiantes—, suerte blue~.

—¿Qué es eso? —otro susto que casi le provoca un infarto, lentamente se dio la vuelta para contemplar la sonrisa pintada en el mentón canela— perdón, no quise asustarte.

—¡No! No necesitas disculparte... Estoy bien. Ahm... Debemos hablar, tengo un permiso para ambos.

—¿Permiso? Siempre creí que el trabajo estaba primero, señor —se mofó agarrando su equipaje dirigiéndose hacia los vestidores masculinos— dame cinco minutos para cambiarme y luego seré todo tuyo.

Las orejitas azules se pintaron de un fuerte carmesí, y ni hablar de las mejillas, ellas ardían tras escuchar el comentario tan suave del otro, no por entenderlo en un doble sentido, sino porque consiguió tan fácil que el rojinegro aceptara salir con él.


La tercera situación mala sin lugar a dudas, que el restaurante favorito de Zhadow estuviera cerrado debido al mal tiempo; siempre mantuvo las puertas abiertas aun siendo invierno, pero casualmente ese día lo cerraron. Ansiaba llevar al de vetas rojas a comer y darle la carta de una vez... Creyó que ese día no podía empeorar, mala suposición.

La cuarta definitivamente fue la peor, ya que por estar disgustado y casi echando humo de las orejas tropezó con el anuncio del restaurante, el oji-rubí se acercó preocupado solo para que a los dos les cayera una gran masa de nieve; luego de limpiarse, el azulino empezó a estornudar y temblar de frío, menos mal Zhadow llevaba abrigos extra en su gabardina, delgados y térmicos, él se quedó con uno de color marrón mientras Zonic se ponía uno violeta.

—¿Te sientes mejor? —preguntó, limpiando los restos de aquella masa blanca de los pómulos ya pálidos.

—Sí —contestó antes de estornudar como gatito a lo que el mayor le causó ternura y preocupación simultánea— no es nada.

—Vámonos antes de que te resfríes.

El parquímetro no estaba muy lejos por lo que se les hizo fácil llegar al vehículo, el menor iba tratando de calentarse con la calefacción mientras el vetado conducía hacia su casa; no intercambiaron palabras durante el viaje, uno por sentirse avergonzado y el otro por querer darle algo de espacio. Pasada una hora llegaron a la morada del pelinegro, a diferencia de la del contrario, ésta era un poco más pequeña y sus colores se mantenían neutrales, ni muy coloridos ni muy opacos; al ver que el oji-esmeralda seguía tiritando, decidió cargarlo de frente y llevarlo hasta la entrada, consiguiendo que las mejillas ajenas se pintaran de tonos rosados y pataleara infantilmente ordenando que lo bajara.

Y lo hizo, no sin antes besarle la frente y dejarlo en la habitación de huéspedes, le dio un ropaje suyo para que se cambiara el uniforme mojado y toallas por si gustaba secarse; después de verlo cambiado lo acobijo más de la cuenta para que entrara en calor, ignorando el hecho de que apenas salía su carita por tan envuelto que estaba.

—Escucha, yo... Siento mucho que esto no saliera bien, realmente quería darte algo especial, como tú lo haces siempre... —masculló hundiéndose en las mantas y arrugando la carta, nada salió de acuerdo al plan, todo fue ridículo.

—¿Por qué dices eso? —cuestionó doblando las prendas ajenas, su labor fue interrumpida al ver el sobre en la cama— ¿hmm?

—Te escribí una carta. Búrlate si quieres —ese tono era atípico en él, se notaba entristecido y desganado, y las risas del moreno lo angustiaban más—, ¿tan patética es?

—No, Zun Zun, es que... Todo está borroso, no logró leer nada.

Se quitó las sábanas y miró el contenido, en efecto, la tinta estaba corrida y el papel estrujado, simplemente eran garabatos ilegibles—. Maldita sea.

—Aunque, puedes decírmelo, no necesitas un papel para hablar —apoyó mientras se sentaba de espaldas a él, entrelazando sus manos con las otras—. Voy a quedarme aquí para que me lo digas sin cohibirte.

—De acuerdo, puedo intentar —respiró hondo, estrechando las manos ébano para así tomar el valor que le hacía falta—. Tú... Eres alguien que siempre se preocupa por mí, al principio te odiaba por ser entrometido, pero, fuiste persistente y eso me gustó. Me haces reír cuando no debería y tus detalles son tan tiernos, quieres darme lo mejor a pesar de que yo no lo merezco, incluso cuando Zephiles te reprendió por esa actitud tan dulce no te importó, seguiste conmigo, ignorando a tu gemelo. En mi vida imaginé que iba a terminar correspondiéndote, yo mismo quisiera saber cómo sucedió esto. Y solo sé que... Quiero estar contigo, porque cuando lo estoy ya no me siento solo, me siento completo, feliz, querido y protegido... Tu amabilidad y forma de ser fue lo que me enamoró, no pretendes ser alguien diferente, eres único y valioso, cualquier chica desearía tener un novio como tú.

Pasó saliva, agachando la cabeza, soltándose del agarre suavemente.

—No quiero que salgamos lastimados, no sé nada de relaciones y menos si lograré llegar a ser digno de ti —confesó— de verdad te quiero, pero tengo miedo.

—Yo igual —se dio la vuelta para abrazarlo— solo déjamelo a mí, intentémoslo, y si no lo logramos, al menos nos habremos dado una oportunidad —Zhadow siempre decía las palabras correctas para cada circunstancia, eso reconfortó su corazón, sintiendo la calidez no de las mantas, sino de los mimos y piquitos que le transmitían amor puro—. Por cierto, ayer compré algo de postre, podemos comerlo ahora si quieres.

—Claro —el azabache bajó velozmente a la cocina y casi enseguida regresó con dos platos llenos de una deliciosa tartaleta—, pastel de cereza, igual de dulce que tú...

—Provecho.

Los dos disfrutaron del sabor tan exquisito y acaramelado del aperitivo, saboreando cada frutilla recordándose mutuamente: algunas eran amargas con toques deleitosos, otras en cambio, parecían terrones de azúcar, de igual forma juntas hacían una maravillosa unión; el peli-azul sonrió inconscientemente cuando terminó, su relación podría ser igual, ambos no compartían mucho en común, no obstante, sus diferencias los volvían más fuertes no solo cuando luchaban, también en todo lo demás.

—Zhad —llamó levantando la manga de la camisa que traía puesta, admirando el regalo que su amor le dio (el cual abrió apenas llegó a su oficina antes de ir a buscar al de vetas carmín), un brazalete bermellón con la inicial Z en el centro.

—Dime.

—Feliz San Valentín —algo que tomó por sorpresa al mayor fue que Zonic se le aventara para abrazarlo, hundiendo la cara en su pecho justo donde mantenía oculta aquella pelusita blanca, algo que adoró por el simple hecho de que no hablaba sobre sus emociones, en cambio, las demostraba—. T-te quiero...

—Igual, cariño —al escuchar la última frase separó al menor, solo para sostenerle el mentón y besarlo, los labios melocotón todavía conservaban el sabor de la cereza, por ende, la experiencia fue nueva y gustosa—. Yo te amo~.

Esperaba una reacción enamorada del cobalto, sin embargo, éste no aguantó la emoción y se desmayó en sus brazos; él soportaba la adrenalina de perseguir a criminales peligrosos, mas no de escuchar dos palabras del erizo que se ganó su corazón; el primer paso fue declararse y establecer una relación, que aunque el de piel clara no lo dijo, ya eran novios, o eso interpretó. Lo siguiente tendría que ver con los besos y muestras de afecto, y vaya que aprovecharía su unión para consentirlo en todo, ya sea caprichos, gustos, anhelos, lo que fuera, ansiaba ver esa sonrisita poco usual más a menudo, y se esforzaría el doble por hacer feliz a su pequeño.

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