El Filo Del Ejecutor (Kristao) por ParkMinny_ en Inkitt
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El Filo Del Ejecutor (KRISTAO)

Sinopsis

Un sádico. Un sumiso. Huyendo de falsas acusaciones de asesinato, Huang ZiTao vuela a Seúl. Allí se construye una satisfactoria vida hasta que, en el famoso club BDSM Dark Heaven, se encuentra con YiFan. Polilla, corre a la llama. Un especialista en seguridad y ocasional mercenario, Wu YiFan necesita a un adorable sumiso tanto como a un cuchillo en las tripas. Demonios, el chico ni siquiera es masoquista. Pero aquí está, todo hermosos ojos marrones, cuerpo de infarto y boca insolente. Leal. Inflexible. Honesto. O tal vez no, teniendo en cuenta que su identificación fue falsificada. Si está pensando en mentirle, va a aprender algo nuevo. Él es el Ejecutor de Dark Haven… su disciplina es absoluta, sus castigos severos, y su corazón intocable... hasta ahora… Adaptación del libro con el mismo nombre.

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
ParkMinny_
Estado:
En proceso
Capítulos:
20
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo Uno

Una noche sin luna.

Debajo de la frialdad de las estrellas, la camioneta se sacudía sobre los baches de la carretera, zarandeando a los mercenarios como proyectiles disparados por una

M-4.



—La puta madre —gruñó YiFan por lo bajo. Retomó su posición de rodillas y se preparó para las tablillas de madera de los laterales. Asiéndole el hombro a HanGyeom, usó la mano libre para aplicar presión sobre el estómago del joven, metiéndola debajo de su chaleco a prueba de balas. La sangre manó caliente sobre sus dedos.

El nuevo merc no viviría.

Habían puesto compresas sobre las heridas de la pierna, pero por la cantidad de sangre, la bala en su pelvis le había destrozado las entrañas.



La atención médica estaba muy lejos.



—T-tengo frío —susurró HanGyeom. El chico tendría unos veintitantos.

Tan jodidamente joven para morir.



—Ey, Iceman. Aquí.



YiFan atrapó la chaqueta que le lanzó un compañero del equipo y la agregó encima de las otras sobre HanGyeom. Pobre tipo. El último en unirse al equipo.

El primero en irse.



—¿Tienes a alguien esperándote en casa? —Preguntó YiFan. Un convulsivo temblor sacudió al chico. Su sistema estaba dejando de responder, poco a poco, sin importar cuánto su cuerpo luchará.



—Ah. Mi esposa me dejó —otro temblor. Tomó aire—. No le gustaba ser pobre. Quiero que vuelva para firmar. Es buena paga.



Sí, el trabajo mercenario pagaba sueldos de lujo.



—No tengo a nadie —el titubeante susurro continuó—. ¿Tú?



—Nah —

nadie por quien ir a casa. Nadie con quien hablar sobre su trabajo o su función de merc. Nadie para llevar luto si no volviera.

Las misiones como éstas daban lugar a disfrutar de  una aguda sensación de adrenalina.

No daban lugar a una larga vida.



El muchacho lo había jodido todo. Tropezando y alertando a los guardias del perímetro. Una simple y limpia misión se había convertido en una mierda fuera de control. La armadura de YiFan había detenido una bala, la siguiente había desgarrado un trozo de carne en la parte superior de su cadera. Sus jeans ya estaban empapados en sangre. Unos pocos centímetros más arriba y habría estado tendido al lado de HanGyeom.



—¿Rescatamos al tipo? —Susurró HanGyeom.



—Afirmativo. Lo hiciste bien. El hombre se reencontrará con su familia mañana —pero apestaba que el cabrón que habían rescatado no valiera la vida de nadie.



—No lo veré.



La lástima y la furia retorcieron los intestinos de YiFan.

Maldita sea. No era justo.

Bajo la débil luz de la luna brillando dentro del lecho de la camioneta, los ojos de HanGyeom fueron cayendo hasta cerrarse.



—No, no lo harás —YiFan no le mentiría. Si un hombre podía hacerle frente a la pregunta, merecía una respuesta honesta. YiFan cerró la mano sobre la fría de HanGyeom. La apretó—. Lo siento. ¿Hay algo que necesites hacer?



—Págales a los chicos una ronda por mí.



Se le oprimió la garganta.



—Hecho.



Los párpados de HanGyeom cayeron, y su respiración se volvió lenta.



YiFan se quedó a su lado.

Un hombre no debería morir solo.

Cada vez que la camioneta golpeaba duro contra algo, el dolor apuñalaba en el costado de YiFan, recordándole que estaba vivo. Un día, sería él el pobre desgraciado tirado allí. Ninguna pareja que lo llore ni haciéndolo luchar por sobrevivir. Sólo un compañero de equipo para mantener la vigilia. Y moriría…

¿por qué? ¿Para salvar a un sucio político de sus bien merecidas consecuencias? ¿Para conseguir acumular algunos wons adicionales en el banco?



Había rechazado el dinero antes. Apretó la boca, recordando su infancia de mierda y cómo el proxeneta de su madre le había gritado…

Lindo chico. La pequeña mierda podría llenar sus bolsillos con billetes grandes, ¿y dijo que no? Tienes el hijo más estúpido de Corea.



Pero YiFan no había querido ser una puta.

Vendiéndose por dinero.

Él había anhelado una casa de verdad.

Alguien que lo amara. De acuerdo.

Y ahora aquí estaba, siendo un mercenario, solo.

Dios tenía un jodido sentido de la ironía.



Una semana después, YiFan caminaba por el frío aire otoñal dirigiéndose a la entrada de

Dark Heaven…

el famoso club BDSM de Seúl. Cuando entró, encontró una fila de miembros esperando delante del mostrador de recepción.

Mejor para él.

Podría usar el tiempo para meter la cabeza dentro del lugar correcto durante esta noche. Con un suspiro, se apoyó contra la pared, sintiendo el agotamiento extendiéndose como si llevara pesas colgandode su cinturón.



Maldita misión de mierda.

Las punzadas de pena eran más dolorosas que la herida en su costado. HanGyeom había muerto antes de que pudieran llegar al punto de recogida. Ni siquiera había habido alguien a quién notificar.

Porque su mujer no quería ser pobre. Sí, algunas personas podrían ser más ambiciosas que cualquier soldado contratado.



Con un esfuerzo, YiFan esquivó viejos recuerdos dolorosos. Ya tenía un estado de ánimo lo suficientemente de mierda. La herida de cuchillada en su cadera todavía dolía como el demonio, y desgarrarse las puntadas sería algo estúpido, por lo que usar su flogger favorito estaba fuera. Pero, maldita sea, quería una buena y larga sesión. La necesidad de infligir dolor era un bajo zumbido en sus huesos. El bonito recepcionista llamado ZiTao le sonrió a la siguiente persona en la fila.



—Hola, HurtMe —dijo con su suave acento, tomando el carnet de socio del joven—. ¿Cómo van tus estudios? —A pesar del pausado y caliente flujo de su voz, Tao tenía una personalidad que se sacudía como una fuente iluminada por el sol.



Bajo su atención, el masoquista resplandecía mientras le contaba sobre sus exámenes.



YiFan sacudió la cabeza. Tao era la razón por la que la fila avanzaba tan lentamente. Al chico le gustaba la gente y tenía la capacidad de hablar con cualquiera de cualquier cosa.



Demasiado enérgico como para sentarse, estaba de pie detrás del puesto de recepción. Su cabello castaño, veteado con reflejos rojos y dorados, le había crecido durante el verano. Un bonito sostén, además, el dueño del club, ChanYeol, había establecido la temática animal para esta noche, y Tao llevaba puesto un sostén de cuero con impresiones de leopardo.



Sería interesante ver qué le cubría el culo, dado que al chico no le faltaba imaginación.



Aunque era una lástima que nunca se quitara la ropa, sin embargo, tenía un bonito y pequeño cuerpo…

uno diseñado para ser usado a consciencia y a menudo.

Una pena que el chico no disfrutara de las formas más rudas de la perversión.



—Qué tengas una buena noche —volviéndose, miró a YiFan y tendió la mano—. Señor, ¿puede mostrarme su tarjeta?



YiFan la pasó a través del lector de tarjetas.



—Gracias.



Notó cómo Tao desviaba sus ojos mientras apretaba la boca. Aparentemente, lo que le había dicho tiempo atrás había lastimado sus sentimientos.

Tenía que superar eso.



—Tao —gruñó.



Su mirada subió rápidamente hasta la de él.



—Mejor.



Lo miró desconcertado, e infierno, lo deseó debajo suyo, mirándolo de esa forma confusa mientras empezaba a hacer todo lo que tenía en mente.



Pero no iría por allí, aunque todavía le debiera una mamada y sexo de una fiesta de paintball que tuvo lugar el último mes en casa de los Kim. Una pena que lo hubieran convocado para una misión y no haya podido cobrar. Se sintió cabreado en ese momento. Aunque mejor así…

follarlo habría sido una movida despreciable.

Tao era un dulce sumiso, y él no tenía ningún lugar para la delicadeza en su vida.



—Te ves cansado —le devolvió su tarjeta—. ¿Estás bien?



Sí. Tan afectuoso como sólo Tao podía ser.



—No —con una brusca inclinación de cabeza, se marchó. Esta noche ahondaría dentro de su lado más oscuro, se entregaría a su necesidad de infligir dolor y borraría la amargura de la última misión. Tao no podría tomar lo que él necesitaba entregar.

Pocos sumisos podrían hacerlo.

Sólo unos pocos resistían bien cuando YiFan se dejaba llevar por su necesidad. Cuando entró al club, volvió la mirada y vio a Ethan Worthington inclinado sobre el escritorio y arrastrando un dedo encima del collar para jugar de Tao. No era una sorpresa que él le sonriera dándole una bienvenida.

El Dom era inteligente. Muy apreciado. Y era bastante adinerado.

Parecía como que el afortunado bastardo sería quién disfrutaría de esa belleza.

Bien, mejor para él.

Con la mandíbula apretada, YiFan se abrió paso a través de la sala principal del club, sintiéndose como si quisiera matar a alguien.

Otra vez.











( ________ ♥️ ________ )











—No me gusta mucho el dolor —le dijo Tao a Ethan, intentando concentrarse en la conversación y no en observar a YiFan asechando a través de la puerta. Dios, él se movía como si fuera un lobo gris al acecho.

Poderoso y mortal. Sexy como el infierno. Y no gustaba de él.

Oh, había pensado otra cosa durante los juegos en las fiestas que realizaron los Kim. Con seguridad se había mostrado irritado cuando lo convocaron. Pero luego, cuando regresó a Seúl y Tao le recordó su deuda, él le había respondido que hubiese reclamado su culo si lo hubiese querido. Su actitud despectiva le demostró que no tenía ningún interés en él en absoluto.



Comportándose de tal forma en la que hace sentir a un chico como un pollo escuálido que ni siquiera es lo suficientemente bueno para la olla. YiFan ni siquiera había notado su sexy traje confeccionado con menos de un metro de tela de velcro.



—Tao —con un dedo en su barbilla, Ethan atrajo su atención de regreso. Su intensa mirada celeste era perceptiva…

y comprensiva—. ¿De verdad quieres jugar con un sádico?



—Yo… No —Dios no. Especialmente no con uno como YiFan… que no lo quería.





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