PROLOGO
Había un manipulador obsesivo en el poder.
Jimin mantuvo las manos frente a él cruzadas, su expresión suave para ayudar a ocultar sus pensamientos tumultuosos a medida que la ceremonia progresaba hacia la parte del discurso.
Estaba de pie en el gran salón al fondo en una fila con otras personas del equipo real, mirando hacia la gran multitud.
Los reporteros inundaron el frente, con las cámaras destellando, iluminando el escenario de la sala del trono que de otra manera no estaría tan alumbrada. El centro y la parte trasera de la gran muchedumbre estaban formados por personas importantes del gobierno, como los generales y el alto consejo, así como los empleados de nivel superior de Jeon Inc., la corporación de tecnologías más grande de la Galaxia Géminis.
El director ejecutivo y Negus*, recién coronado estaba al frente del escenario, actualmente en medio del discurso sobre cómo planeaba seguir los pasos de su padre para garantizar que Helios siguiera siendo el planeta tecnológicamente más avanzado del universo. Su sonrisa era encantadora mientras hablaba, su inflexión optimista y confiada. Cuando Jimin se volvió a mirar la pantalla gigante que se exhibía detrás de ellos, mostrando imágenes ampliadas en vivo del nuevo Negus, incluso él fue casi convencido de que habían conseguido un gobernante amable y piadoso.
Pero él lo sabía mejor.
El discurso podría fluir de forma perfecta y genuina de los labios maravillosamente esculpidos de Jeon Jungkook, pero Jimin era quien había escrito todas y cada una de sus palabras.
Jungkook sonrió como si fuera un honor estar allí, humilde incluso, pero se había estado quejando con Jimin toda la mañana de lo inútil e irrelevante que era tener una ceremonia oficial.
Como hijo único del difunto Negus, Ji-cheol, no había otros candidatos para tomar el trono. La corona siempre iba a ser suya, sin importar si era trasmitido o no el cargo.
Jungkook siempre había sido así.
Si no estaba relacionado con el trabajo, no le importaba, y era raro conseguir que participara en algo que no le importara. La única razón por la que estaba aquí ahora y no había intentado cancelar todo era porque Jimin le había recordado lo importante que era todo esto para su difunto padre.
Jimin no había estado seguro de que funcionaría cuando lo hizo, en realidad estaba un poco sorprendido de que hubiera hecho cambiar de opinión a Jungkook, pero no iba a pensar demasiado en ello. Lo que importaba era que estaban aquí, en el gran salón, frente a todo el planeta —y gran parte de la Galaxia, ya que se estaba transmitiendo por todas partes— y Jungkook ahora era oficialmente el Negus de Helios.
Lo que significaba que Jimin había cumplido su promesa a Jeon Ji-cheol. Su carta de renuncia ardía en el bolsillo de su chaqueta, casi como si pudiera sentir el fino papel abrasándole el corazón. En este tiempo era raro escribir cosas en papel físico, pero quería estar seguro de que hubiera pruebas que no pudieran borrarse. Algo tangible que pudiera colocar sobre el escritorio de Jungkook más tarde.
Park Jimin renunciaba a su puesto y a continuar con él.
Jungkook concluyó su discurso y Jimin aplaudió junto con el resto de la multitud de manera automática. Había estado planeando este día durante meses, desde que les habían informado que la salud del Negus Ji-cheol se estaba deteriorando y que no le quedaba mucho tiempo de vida.
Cuando Jimin había sido un joven desesperado, hizo un trato con Ji-cheol por el bien de su familia. Ahora que todos se habían mudado fuera del planeta y solo quedaba él, no había ninguna razón para que continuara ahí, aparte de su trabajo. No pudo renunciar de antemano, pero ahora que había cumplido su promesa nada ni nadie lo detendría.
Tan pronto como terminara la ceremonia y los dos regresaran a la oficina, entregaría su carta de renuncia y eso sería todo. La mayoría de sus pertenencias ya habían sido empaquetadas y retiradas, su escritorio estaba limpio y ordenado para la siguiente persona a la que se le asignara su puesto.
Organizó cuidadosamente todo lo necesario sobre cómo debería hacer su trabajo en un paquete de información digital que enviaría directamente a la oficina principal una vez que se fuera. Como había sido secretario de El Príncipe Heredero Imperial, y ahora Jungkook era Negus, asumió que los deberes cambiarían, y lo mejor que podía hacer era marcharse antes de que eso sucediera y complicara aún más las cosas para irse más tarde.
Porque se estaría yendo. Jimin ya lo había decidido. No importaba lo secretamente asustado que estuviera por comenzar una nueva vida en otro lugar, o cómo se le encogía el corazón cada vez que pensaba en no ver a Jungkook todos los días. Se iba.
Tenía que hacerlo.
La seguridad fue a escoltar a Jungkook fuera del escenario del gran salón, Jimin y los demás se pusieron en fila para salir con él. Sin embargo, antes de haber dado más de tres pasos, las luces de la habitación parpadearon, seguidas rápidamente por un sonido penetrante a través de los altavoces.
Se tapó los oídos con las manos y se encogió. Las imágenes en la pantalla detrás de él cambiaron, pasando del escenario a imágenes de una habitación de hospital.
Su tamaño era de tres veces más grande que una habitación de hospital normal, espaciosa y llena de luz solar que iluminaba las paredes de color azul pálido. Por los altavoces se oía un suave rumor de máquinas, pero aparte de eso no se oía ningún otro sonido. Estaba claro que no se trataba de una grabación destinada a exponer algún comentario que alguien hubiera dicho. Su propósito era otro tipo de exposición.
El difunto Negus yacía inconsciente en la cama, conectado a las máquinas. Incluso con los avances en el campo de la medicina, sus médicos habían agotado todas las posibilidades posibles a su enfermedad y estaba pereciendo rápidamente. Su piel era cetrina y su cabello, que generalmente era de un color café, abundante e intenso, se había vuelto completamente blanco. Sobresaliendo, dos cuernos brillantes de color azul oscuro.
Como un Mene, el cabello y los cuernos blancos como la nieve eran normales. Pero no durante el día. Era la señal más grande de todas de que Ji-cheol estaba muriendo, y se estaba transmitiendo a toda la galaxia en este momento. Su último aliento quedó expuesto.
Jimin se sintió enfermo.
Sin embargo, la razón por la que se mostraba este video se hizo evidente, y no era para que se viera cuan débil se había vuelto al final Ji-cheol, quien fuera orgulloso y fuerte gobernante de Helios.
Jungkook también estaba en la habitación, de pie junto a la cama, con los brazos relajados a los costados. La cámara había capturado su expresión perfectamente, todos sus rasgos eran claros para quienes veían el video.
Estaba mirando a su padre moribundo, el último miembro superviviente de su familia con el rostro completamente inexpresivo. No había nada en sus ojos, ni tristeza, ni preocupación, ni pena. Podría haber estado mirando una pared por la nula emoción que estaba mostrando.
Jimin observó el traje azul marino que llevaba Jungkook, el que tenía rayas diplomáticas doradas, y se quedó sin aliento, recordando la última vez que había usado ese traje en particular.
—¡Apaga eso, ahora! — ordenó, apartando la mirada de la pantalla mientras se ponía en movimiento. Corrió hacia los escalones al costado del escenario, con la intención de llegar a la sala de operaciones para ponerle fin él mismo, pero fue detenido.
Jungkook lo agarró del brazo y lo mantuvo quieto cuando intentó liberarse.
—Tenemos que detener el vídeo —le dijo Jimin, con la voz convirtiéndose en un susurro frenético—. Es...
—Demasiado tarde —lo interrumpió Jungkook, señalando la pantalla con la barbilla. Jimin se volvió y contuvo el aliento al ver que tenía razón.
Un segundo después de que sus ojos hicieran contacto, las máquinas se volvieron locas, sonando a todo volumen y emitiendo pitidos con luces intermitentes. Apareció un equipo médico, corriendo hacia su cama a pesar de que todos tenían que saber que ya no se podía hacer nada a esas alturas. Una de las enfermeras instó a Jungkook a que se alejara y les diera espacio y, tras una breve vacilación, obedeció.
Luego vino el sonido del difunto Negus, un ruido inquietante y constante que parecía llenar la sala del trono en la que se encontraban. Eran imágenes del día en que Ji-cheol había muerto, un evento que había tenido lugar hacía dos semanas.
Debido a que eran imágenes tomadas por las cámaras de seguridad, no había forma de que quien estuviera transmitiendo esto hiciera zoom, pero no era necesario. Incluso con todos los movimientos frenéticos del médico y las enfermeras, en el momento en que cambió la expresión de Jungkook, destacó.
Jungkook Jeon, el Príncipe Heredero Imperial de Helios, miró fijamente a su padre moribundo... y sonrió.
La sala estalló, los reporteros que apenas hacía unos momentos habían estado elogiando el discurso de Jungkook ahora giraron sus micrófonos y cámaras hacia él exigiendo respuestas.
Unas voces solapaban a otras, ahogando cualquier palabra discernible mientras las imágenes en la pantalla se congelaban en ese momento, como si quien fuera que las estuviera emitiendo ilegalmente quisiera estar más que seguro de que todos vislumbraran la expresión de Jungkook.
Alguien quería que el mundo supiera que su nuevo Negus no era tan encantador y altruista como les había hecho creer a todos.
Jimin se tragó el repentino nudo en la garganta y giró la cabeza para encontrarse con la mirada de Jungkook, deteniéndose cuando descubrió que el nuevo Negus ya lo estaba mirando.
—¿Y bien? —preguntó Jungkook con frialdad—. ¿No vas a hacer algo al respecto, secretario Real Park?
En su bolsillo, su carta de renuncia cuidadosamente redactada pareció reírse de él, todos sus planes se habían venido abajo.
*Negus es el título nobiliario de más alto rango en el planeta Helios, equivalente a Emperador.