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🪀✧~¿𝓒𝓱𝓲𝓬𝓪 𝓻𝓪𝓻𝓪?~✧🪀 (𝓜𝓮𝓸𝔀𝓼𝓬𝓪𝓻𝓪𝓭𝓪 𝔁 𝓗𝓾𝓶𝓪𝓷𝓸)

Sinopsis

Una chica rara. Arte de la portada: yawar

Genero:
Romance/Erotica
Autor/a:
Denisera
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

La chica de mal olor y el chico que no podía oler

Esta es una historia vanilla, no hay aviso aquí, solo es un amor puro y algo rarito.

Como detalle extra, este es un “qué pasaría si” de la novela que estoy desarrollando.

No olviden darle estrellitas y, si encuentran algún error, por favor, háganmelo saber para corregirlo. Acepto abiertamente las críticas, aunque intenten que no sean tan destructivas porfis.

Gracias.

———

Me levanté y fui a verme en el espejo. Hoy me prepararía para conocer a una “chica” o eso creía. Nadie puede afirmar si alguien es mujer en internet o eso es lo que suelen decir.

Cabello dorado, ojos rojos como el carmesí, piel clara y una estatura notable; ese era el tipo de figura que poseía. Ignorando mis inusuales ojos de color carmesí, mi cabello rubio y altura de casi dos metros eran algo casi sobrenatural; me otorgaban una apariencia atractiva, singular e incluso un tanto intimidante. Y no era el único que compartía esa opinión, aunque de todos modos intentaba no hablar mucho de ello; me parecía arrogante el hacerlo.

Tampoco sentía interés en usar mi atractivo; aunque todos me enfatizaban eso, nunca consideré importante lo que decían que debía darle valor, que podría llegar a ser famoso, que podría ser un modelo. No presté atención a eso y opté por llevar una vida normal junto a mis padres, dedicándome a mis estudios y buscando un futuro respetable para mí.

Sin embargo, desde que mi madre falleció y mi padre se embarcó en un viaje extenso sin mí, caí en una agonía solitaria; la confusión de mi padre, que solía ser cariñoso, al dejarme en un momento tan crucial solo me generaba ansiedad. Por ello, intenté aliviar el estrés buscando cualquier cosa en internet, algo que solo había hecho recientemente por curiosidad, ya que siempre fui bastante ajeno a la tecnología.

Fue entonces cuando topé con un grupo de Pokecord, una red social que apenas había llegado a conocer. Era una comunidad de anime y rol; al principio no lo entendía muy bien, pero eventualmente le di sentido.

Eran fan de diferentes dibujos animados y de vez en cuando, poniéndose en el papel de los personajes, creaban relatos en conjunto con otros individuos. A veces, las historias eran extremadamente extrañas y precisamente por eso resultaban entretenidas.

La chica que iba a conocer disfrutaba del dibujo y tenía un modo gracioso de expresarse; me provocó muchas risas durante nuestras charlas.

Sacando memoria de lo que vi, recordé:

———

Miaus

—Mira, mira, coloree tu dibujo, ¿te gusta? :3

En el chat había un dibujo de otro miembro; parecía hacer referencia a un anime, era un Cinderace rubio con un atuendo naranja. Miaus había coloreado su ilustración, que anteriormente era solo un boceto en blanco y negro.

Vypusx

Vaya mierda

Miaus

— Bueno jeje, por lo menos lo intenté uwu

Vypusx

Ya bañate, tus dibujos son la pura basura y si se te da mal eso ni te imaginas lo mal que te sale el coloreado.

Miaus

Bueno… no e-era para tanto

Al parecer, el tipo le tenía bastante cólera desde antes; yo observaba en silencio el chat, aún no había dicho nada.

Sentía algo de pena por la chica, así que decidí responder en su nombre para ayudarla.

Daniel

— ¿Por qué estás tan enojado? Solo coloreó tu dibujo. Deja de desahogarte con ella y valora que hay alguien que, al menos, te presta atención.

Vypusx

— ¿Y tú qué?, me vale poco lo que digas, si me cae mal es porque quiero

Daniel

— Qué fastidio, lárgate a dibujar, a ver si de esa forma cambias el mal carácter que tienes.

Vypusx

— Jodete pringao, ojalá el bicho de Miaus te moleste como la mosca que es, con su nya nya nya a cada rato y sus tontas caras que dan pena ajena.

Daniel

— Primero aprende a hablar, y si tanto te molesta, solo dile a la cara y bloquéala o yo qué sé, deja de comportarte como un idiota ante una situación con una solución tan simple; usa ese cerebro tuyo por una vez.

El tipo envió un sticker de un Vaporeon mal dibujado levantando el dedo medio; nunca había visto algo así y me causó un poco de risa.

La usuaria Miaus había estado en silencio todo ese tiempo, así que me di la tarea de explorar los canales del grupo. Allí encontré una introducción a los miembros; aparentemente Vypusx tenía más de 25 años y un título en diseño gráfico, lo cual me parecía extraño, ya que yo dibujaba mejor que él sin contar con experiencia. Tal vez el diseño gráfico no se trataba únicamente de dibujar como había supuesto, por otro lado Miaus era una chica con 18 años, la misma edad que yo; bajo sus propias palabras era “el futuro en el manga de Paldea”. De todas maneras, no me creía del todo la información allí, así que lo tomé con pinzas. También revisé chats anteriores de ella que me resultaron curiosos, con un estilo de hablar bastante inconsistente, palabras que no entendía y demasiadas caritas hechas con el teclado.

La mayoría de sus conversaciones trataban de mangas para adultos de diversos géneros.

Mientras leía los chats de rol que me hacían reír por las situaciones tan absurdas que creaban, me llegó un mensaje.

Miaus

H-hola? (⋟﹏⋞)

Era extraño ver a alguien tartamudeando en un chat escrito.

Daniel

— Hola.

La chica no volvió a decir nada durante un tiempo; parecía no saber cómo seguir la conversación. Finalmente, la curiosidad de conocerla me llevó a tomar la iniciativa y dirigirme a ella.

Daniel

— Si no es mucha molestia, ¿crees que podría hablarte con confianza? Me gustaría conocerte más.

Miaus

SI CLARO QUE SÍ (⁠≧⁠▽⁠≦⁠)

Daniel

Genial, entonces, supongo que te gusta dibujar, ¿no?

Miaus

— Sip, me gustaría dibujar manga profesionalmente algún día :3

Ya había visto algunos de sus trabajos; no podría afirmar que eran excepcionales, pero no eran tan malos, ¿tal vez?

Daniel

— Si te esfuerzas seguro que lo consigues.

Miaus

— Uh oh-

Daniel

— ¿Pasa algo?

Miaus

— N-no no es nada, eres muy lindo, baka~

No sabía qué significaba “baka”, pero por alguna razón me hizo reír.

Daniel

Eres divertida.

Miaus

Tú crees? La gente suele decir que soy rara… (;へ:)

Miaus

Dicen que hablo raro pero me gusta hablar así, siento que es mi forma de ser única, Hai!

Daniel

Si te gusta ser así, no veo qué tiene de malo.

Miaus

Uhh, Daniel

Daniel

¿Sí?

Miaus

Será que yo, yo, ¿te-te-te gusto? (˃̵ᴗ˂̵)

Era una afirmación extraña, ni siquiera llevábamos una hora de conocernos.

Daniel

Pues no sabría decírtelo, ni siquiera te he visto.

Miaus

— Es así?, bueno… (≧◡≦)

———

Desde entonces seguimos hablando; Sofía (el nombre real de Miaus) pensaba que gustaba de ella, aunque le dijera repetidas veces que no podría saber eso. Ella me respondía con caritas raras y tartamudeando, en escrito.

Con el tiempo nos convertimos en amigos; me hacía reír con sus expresiones curiosas y su léxico que no lograba comprender. No era por menospreciarla, simplemente nunca había escuchado a nadie hablar de esa manera.

También me llegó a contar cómo bañarse está sobrevalorado y que ella solo lo hace una vez al mes para ahorrar agua. No supe qué decirle, después de todo las Meowscarada tenían un buen olor naturalmente, y ella era una bajo sus propias palabras, así que solo dije que por lo menos debería lavarse los dientes. Ella se molestó un poco, alegando que no debería seguir el sistema, pero siguió hablándome como si nada a los pocos minutos.

Ella me había pedido que nos viéramos, alegando que sabía que me gustaba (según decía, porque le hablaba y no me alejaba como los demás) y quería otorgarme el placer de verla en persona. Acepté con gusto, ya que quería conocerla y averiguar qué tipo de persona era en la vida real; tal vez jugar juntos en los arcades o compartir una comida. Incluso si resultaba ser un hombre, como otros usuarios me lo advertían.

“Todo usuario es hombre hasta que se demuestra lo contrario”, me comentaban, advirtiendo que no me encariñara con usuarios así, pues solían ser más mentirosos de lo que se podría anticipar.

Ya preparado, con un suéter de manga larga de color gris que me cubría hasta el cuello, unos pantalones negro oscuro y unas zapatillas del mismo estilo, partí a conocerla, deseando olvidar mis preocupaciones disfrutando del tiempo con alguien divertido.

Llegué al sitio que habíamos coordinado anteriormente, una plaza algo concurrida llena de restaurantes, Sofía aún no había llegado, así que me encontraba hablando con ella por chat para ayudarla a ubicarse.

Miaus

¿Donde la fuente? (。•́︿•̀。)

Daniel

Ahí mismo, llevo un suéter gris y pantalones negros.

Miaus

No te veo en ningún lado y ya estoy allí (╥﹏╥)

Daniel

Qué raro, voy a buscarte.

Apenas voltee mi mirada, me encontré con una Meowscarada de un color especial; era variocolor, estaba al otro lado de la fuente, ella notó mi mirada y se puso nerviosa, empezando a teclear con su smartrottom.

Miaus

¿Dónde estás?!!! Hay un chico que volteo a verme, es muy guapo, creo que le gusto, me dio una sonrisa cuando le devolví la mirada (≧◡≦) Jskajsjak

Supuse a quién se refería.

Daniel

¿En serio?

Miaus

Siii, tienes que venir ahora! Nunca había estado en una situación tan comprometida (ᗒᗩᗕ)

Sentía que me había perdido algo, pero no; estaba hablando sobre la breve mirada que compartimos, esa era la circunstancia comprometida.

Daniel

Deberías hablarle, tal vez esté verdaderamente interesado en ti.

Sonreí internamente ante la pequeña broma que estaba haciendo.

Miaus

P-pero, tampoco quiero dejarte plantado Daniel, ¿qué pasa si el chico guapo me lleva? Me pide una cita o algo más…

Daniel

Pues entonces sigue tan pura como siempre Sofía, ¿no decías que serías la novia perfecta si tuvieras un novio? ¿Y que no tienes novio solo porque nadie sabe apreciar lo bueno?…

Miaus

AHHH lo haré, todo lo que aprendí en los juegos otome, es hora de usarlos nya, gracias por darme fuerzas te quieroo ( >﹏<)

En ese instante, observé a la Meowscarada variocolor acercándose hacia mí. Mientras más tiempo pasaba viéndola, más me sentía extrañamente emocionado. Su estatura era baja, aproximadamente 1.65 metros. Vestía una ropa de tono rosado, con una falda en negro y blanco, una blusa rosa con decorados negros y llevaba una pequeña mochila de un Floragato rosado, aparentemente perteneciente a algún anime que le gustaba y el cual desconocía.

Cuando finalmente estábamos a solo unos metros, me sentí sorprendido; mi corazón palpitaba con rapidez, y sabía la razón. No era tan ingenuo como para no darme cuenta; esta vez la broma pareció ser más real de lo que creí. Ella era realmente atractiva para mí, aunque no podía notar alguna belleza particular en ella, además de sus hermosos ojos violetas y partes de su pelaje con el mismo color.

¿Huh? De repente, todo en ella me pareció encantador.

— Wow —exclamé sin pensarlo; la tipo planta frente a mí hacía acelerar mi corazón, una sensación que me llenaba de alegría.

Su pelaje era adorable, con partes en color violeta, mi color favorito, aunque no parecía estar bien cuidado, teniendo un color blanquecino en las áreas verdes.

— Uh, h-hola —dijo nerviosamente—, so-so-so-soy S-sofía, y-yo… Ehm —parecía estar al borde de un ataque de nervios; ocasionalmente me miraba a los ojos y se ponía aún más nerviosa.

— Te ves bien, es un placer conocerte después de hablar tanto.

— ¿H-hablar?, ¿nos conocemos?

Solté un ruidito gracioso.

— Soy Daniel, preciosa, ¿no te diste cuenta?

Parecía que su cara se le caía de la sorpresa.

— ¿E-eres Daniel?

Ahora estábamos disfrutando de unas bebidas en un puesto de jugos y postres.

— Sí, no te pongas nerviosa, ya hemos charlado bastante por chat.

— Uh, es que e-eres muy diferente a lo que imaginé.

— ¿Te decepcioné?

— ¡NO! —grito golpeando la mesa, derramando mi smoothie sobre el suelo; culpa mía por dejarlo al borde.

— …

— ¡Eeek!, perdón, perdón… L-lo siento. —Sofía se exaltó por su error e intentó hacer algo, pero sus nervios la paralizaron.

— No te preocupes, ven, llévate tu bebida, bébela mientras caminamos, yo te invito.

Agarré la botella del suelo y la boté a un contenedor cercano, me disculpé por el desastre y, dejando una propina, salí del local junto a Sofía.

— … —Ella parecía estar al borde de un colapso nervioso.

— No tienes que sentirte culpable, no lo hiciste intencionalmente.

— P-pero yo, ¡agh!, ¡soy un desastre! —Se agachó y comenzó a llorar.

Me incliné rápidamente y la tomé de los brazos para ayudarla a levantarse; ella continuaba llorando. Me dolía verla tan inestable.

La sujeté por los hombros levantándola, y cuando estuvo de pie, limpié sus lágrimas con mi dedo intentando calmarla.

— Estás segura aquí, ¿sí?, no tienes por qué sentirte tan nerviosa. Me tratas como si fuera algún tipo de ídolo y eso no me gusta; soy el mismo Daniel que habló contigo por tanto tiempo, al que le interesaba tanto escuchar de tu día o ver tus dibujos.

Ella me miró; su rostro estaba tan rojo que ni su pelaje podía disimularlo, en una mezcla de rubor y miedo.

— Está bien… me calmaré —respondió entrecortadamente, sin apartar la mirada de mis ojos.

Buscando que se sintiera en mayor confianza, la llevé a un parque apartado; nos sentamos bajo un árbol, había poca gente y parecía que eso le proporcionaba mayor seguridad a mi compañera.

— Realmente no esperaba que te vieras así, perdón por comportarme tan tonta.

— No te disculpes, lo dices como si hubieras hecho algo malo.

— Pero tu bebida…

— Siempre puedo comprar otra.

— Conque es así… —Ella aún se veía nerviosa, jugueteando con su mano y evitando mi mirada.

— Eres muy linda, ¿lo sabías?

Sofía siseó como un gato y me miró en una mezcla de asombro e incertidumbre.

— ¿L-linda?

— Sí, es impresionante, nunca había visto a alguien tan bonita como tú.

— Q-que dices… —Sofía intentaba ocultar su rostro con sus patas, sin mucho éxito, pues no ocultaba el sonrojo evidente que tenía.— Eso debería decírtelo a ti.

— No es para tanto.

— E-eres un chico rubio con ojos rojos, piel clara y que me supera por tres cabezas, y además, además, t-tienes… wooah, e-eres…

Parecía estar observando mi pecho, o quizás mi cuello; tenía la boca abierta como si contemplara algo que comer con un hambre voraz.

— ¿Mmmh? —gruñí en señal de pregunta.

— ¡N-no es nada! —gritó, desviando su mirada a la dirección contraria a la mía.

Me escaparon unas risitas por su reacción; genuinamente me parecía encantadora. ¿Quién pensaría que encontraría a un pokémon tan fascinante en esas situaciones? Y aunque era evidente que su higiene no era su fuerte, de alguna forma no me molestaba.

Yo, quien limpiaba su propia casa diariamente desde los 4 años porque odiaba la suciedad.

Seguimos hablando del grupo de Pokecord y otros asuntos en torno a ella, sus aspiraciones en el dibujo, que pronto iría a estudiar a algún instituto para estudiar artes en la universidad y otros temas afines. En algún momento, Sofía se quedó callada, con un helado en su mano, cortesía mía.

Entonces ella me preguntó:

— Somos amigos, ¿verdad?, aun cuando me conoces así… —Su expresión era bastante seria al plantear la pregunta, pues no titubeó en ningún instante y me observó con expectativa.

En circunstancias normales, habría respondido que sí, pero la idea de considerarla únicamente como amiga era inaceptable para mí. Deseaba salir con ella; quería ser capaz de amarla libremente y poder decir con orgullo que era mi novia. Sin duda, al recordar todo lo que habíamos discutido y su peculiaridad en su comportamiento, me surgían dudas sobre su normalidad. Pero al reflexionar nuevamente, comprendí que no me importaba en absoluto y solo me estaba dando razones para no intentar algo que, claramente, deseaba.

Ella me atraía, ¿por qué no intentarlo?, incluso cuando me había dicho que no se duchaba más de una vez al mes o que expresara que las personas de piel oscura le causaban inquietud, sus opiniones cuestionables e incluso sus raros monólogos de mejores hentais con fetiches de tentáculos para ver.

Aún con todo eso en mente, me gustaba, sí, no quería dar un paso para atrás, quería tomar su mano.

Me sentía en la necesidad de amarla.

— Bueno, a decir verdad, no me gustaría ser tu amigo…

Antes de que pudiera continuar, escuché que algo tocó el piso. Sofía había vuelto a llorar nuevamente, pero esta vez en silencio; sin que pudiera reaccionar, ocultó su cara con sus piernas, conteniendo su llanto.

— Me gustaría salir contigo… —Concluí lo que quería expresar.

— Ya lo sabía… Un chico como tú nunca le interesaría alguien como… ¿Qué? —Cuando se dio cuenta, dejó de llorar y me miró— Te refieres…

— Sí, ¡sal conmigo! —grité alegremente, haciendo un gesto con mi mano para pedirle que me diera la suya—. Hemos hablado mucho por chat, por lo que tal vez no sea lo suficiente para ti en este momento, pero te prometo cuidarte con mucho esmero, así que, ¿qué opinas?

En el fondo lo pude sentir, ella no se lo creía; probablemente mi apariencia le generaba desconfianza. Siendo alguien tan atractivo era normal, la gente solía confundirme con alguien importante cuando la realidad era que no era más que una persona normal, tan simple como cualquier otro, solo que con un rostro especialmente bonito y una higiene bien cuidada.

— …He….¡Guaaaa! ¡S-si quiero pero por favor que no sea una broma!, realmente m-moriré si estás jugando conmigo… —expresó entre llantos.

Volví a secar sus lágrimas; en esta ocasión, ella las aceptaba con paciencia.

Estaba feliz, disfrutar su solo tacto me llenaba de alegría.

Y así de fácil me enamoré perdidamente de una pokémon; diría que fue amor a primera vista.

“¿Qué tanto más podré enamorarme de ella?”

— Limpio —dije, orgulloso de la labor de limpieza que había realizado en el hogar de mi novia.

Sí, novia, aunque aún no nos dábamos nuestro primer beso siquiera, quería dejar que ella avanzara a su propio ritmo, así que lo máximo que hacíamos era salir, donde le compraba todo lo que ella deseaba, con la esperanza de verla sonreír más. Al principio mostraba resistencia a que le regalara todo tipo de cosas, pero eventualmente los aceptó. A cambio, hacía dibujos para mí, casi siempre siendo un retrato mío y aunque ella se disculpaba por no estar a la altura (según ella), yo apreciaba sus creaciones como una obra de arte, colocándolas en las paredes de mi habitación dentro de una bolsa de plástico hermética para que no se dañaran.

— G-gracias… qué vergüenza… —dijo Sofía, quien había traído algunas galletas para mí. Cerró la puerta de su cuarto, con aparente tipo siniestro emanando de su cuerpo.

Cuando llegué a su casa, el lugar era un desastre total; era mi primera visita, y lo había hecho por su invitación. Ella parecía ajena al desorden abrumador de su hogar, pues me permitió entrar sin preocuparse como si todo estuviera bien.

El aroma era casi palpable; gracias a mi incapacidad para percibir olores correctamente, no podía determinar qué tan desagradable olía, pero solo por la cantidad de basura almacenada y líquidos extraños en varias paredes y sábanas, ya me hacía una idea de que el olor no era nada placentero.

Sofía se dio cuenta algo tarde y creyó que la juzgaría de algún modo, hasta el punto en que la angustia la hizo llorar nuevamente. Sin embargo, en lugar de eso, sequé sus lágrimas con caricias y me ofrecí a limpiar su casa mientras ella salía a comprar algunos postres, por supuesto, con mi dinero.

Un buen novio no permite que su novia compre dulces con su propio dinero; es cuestión de ser alguien con dulzura.

Me apresuré a dejar su hogar impecable, arrojando la basura a los contenedores de afuera y utilizando más de 10 productos de limpieza diferentes para el suelo y las paredes, incluso lavando algunas sábanas y colchones que tenía. Afortunadamente, su casa era pequeña y carecía de muebles y luces, que tuve que comprar porque era casi como una cueva; la única luz que funcionaba era la del baño, probablemente debido a su escaso uso.

Ahora, después de varias horas de limpieza, descansaba junto a Sofía mientras compartíamos galletas. Mi mano estaba unida a la suya encima de las sábanas nuevas que le sugerí que trajera con mi dinero, ya que había lavado las anteriores. Ella meneaba su pequeña colita, vestida con un pequeño short y una camisa sin mangas. Se veía más alegre de lo usual, lo que me ponía de mucho ánimo.

En verdad deseaba besarla, sin embargo, no anhelaba precipitar nada que no fuera indispensable; esperaría el tiempo que hiciera falta si eso significaba que ella se sintiera a gusto.

— Umm, Daniel… —Me llamó, aún acariciando mi mano.

— ¿Sí? —la observaba intensamente, admirando cómo el color violeta se manifestaba en algunas partes de su pelaje, un color tan único.

— ¿Podrías cerrar los ojos solo un momento?

— Está bien, pero ¿puedo preguntar para qué?

— Lo sabrás —respondió, segura de sí misma.

Cerré los ojos expectante, y algo inesperado ocurrió. Ella me besó suavemente como si tuviera miedo, separándose y volviendo a juntar sus labios con los míos repetidamente, intentando encontrar la manera adecuada de hacerlo. Yo lo acepté con alegría, se sentía gracioso.

Correspondí a su beso sin abrir los ojos; ella me aceptó y se acercó más a mí, abrazándome.

Ella solía abrazarme seguido, como si buscara mi calor.

Pasamos un rato entre besos; ella no era muy buena en ello, pero intenté guiarla lo suficiente como para que usara la lengua. Ella pareció gustarle y desde entonces no se despegó de mí, explorando mi boca y, de manera extraña, chupando, como si quisiera probar mi saliva.

Tal vez era un fetiche suyo; lo aceptaría aun así fuera, obviamente.

Su lengua era curiosa, probablemente debido a las características de su especie.

Cuando por fin nos separamos, ella me miró, con su cara como un horno, hasta el punto en que parecía soltar humo como un tipo fuego.

— Tus labios saben a menta.

— Hehehe, comer diez kilos de hojas de menta por la mañana sí funcionaron —susurró.

— ¿Disculpa?

Eso no debía ser muy saludable, ¿verdad?

— N-no es nada, los tuyos saben a chocolate —dijo tocándome los labios.

Ella sabía que tenía total libertad de tocarme tanto como quisiera. Solía ser quisquilloso con quien podía tocarme, pero con ella hacía que me olvidara de todo eso, únicamente con ella.

— Seguramente sea por las galletas, me alegra que sea un sabor que te guste.

Ella adoraba el chocolate.

— Ummh, heheh —soltó unas carcajadas como un susurro—, estoy muy feliz, ¿podemos hacerlo más de ahora en adelante?

— Sí, pero me darás permiso de hacerlo cuando yo quiera también.

Ella sonrió nerviosamente y, casi como si corazones brotaran de su cabeza, me asintió.

— Entonces…

La besé de nuevo, abrazándola hacia mí, presionándola contra mi cuerpo. Ella me sujetó del cuello, y cuando intenté separarme, se negó hasta que nos quedamos sin aliento. Ella se había quedado tan absorta en el beso que se le olvidó cerrar la boca, dejando su pequeña lengua colgando con un hilo de saliva.

En cualquier otra circunstancia me parecería asqueroso, pero con ella era cálido; saber que me deseaba de ese modo solo hacía que la amara más.

— ¿Tomaré un baño, sí? Todavía estoy sucio por la limpieza y huelo a cloro.

— ¿Ah? Ah, sí… claro —respondió sin prestarme mucha atención, parecía en otro mundo por el tema del beso.

Me levanté para ir al baño que tenía su cuarto; mi intención era tomar un baño breve, ponerme mi ropa y pasar el resto del día en su casa. Gracias a que sus padres no estaban podría quedarme hasta el siguiente día.

— “Hablando de eso, debería profundizar en ese tema más a fondo después” —pensé. Mi novia parecía tener algún problema familiar, pues su hogar estaba prácticamente deshabitado, salvo por ella.

No creo que haya familiar que permitiera tal desorden en su propio hogar.

Dejando esas cuestiones de lado, abrí la puerta del baño, pero Sofía alzó su voz, llamándome.

— ¿Uhm?

— Po-po-po-po-po-po…

— ¿Po? ¿El panda?

— ¡No!, me refiero. ¿P-podemos bañarnos juntos?

Tal vez era una propuesta apresurada.

¿Pero qué demonios me importaba?, ¿acaso alguien desaprovecharía una oportunidad así solo por ser apresurada?

Deseaba seguir amándola, quería tocarla, quería seguir besándola y sentirla; procuraría que ella no se sintiera presionada, eso sí.

— Obviamente que sí, preciosa, ven, trae algo de ropa extra para que te pongas —dije con entusiasmo, haciendo algunas señas con mi mano para que se apresurara.

Ella se emocionó y rápidamente fue por un cambio de ropa, entrando al baño conmigo. Dejando de lado la ropa, ella entró en un dilema.

No quería desvestirse por su cuenta, pero era necesario si iba a tomar un baño; no era que ella no me tuviera confianza, el tema era que ella no confiaba en su propio cuerpo. No era en absoluto voluptuosa; sin embargo, a pesar de no tener atributos destacables, a mis ojos era más hermosa que cualquier mujer voluptuosa que me hubiera visto en mi vida.

— Solo para estar seguros, ¿me permites tocarte?

— S-sí —dijo, mirando al suelo, con un evidente rubor; sus ojos se movían para todos lados como si no supieran a dónde dirigir su mirada.

— Bien, voy a desvestirte primero, después yo; si te sientes incómoda, solo debes decírmelo, ¿de acuerdo?

— No me sentiré incómoda contigo, jamás… —Me respondió, y ante sus palabras acaricié sus mejillas; ella ronroneó tal cual como un gato y cerró sus ojos, restregando su rostro contra mi palma.

Ya libre de sus esponjosas pero algo ásperas mejillas, me decidí a quitarle primero la camisa. Comenzó a respirar con dificultad cuando sintió que levantaba sus brazos, ya fuera una prenda, aprecié su cuerpo. Sus senos eran pequeños, tanto que ni siquiera podría agarrarlos con mis manos, pero lejos de sentir alguna clase de decepción, los encontré adorables y tuve que apreciarlos por un momento; sus pezones estaban duros, lo que me dejaba verlos claramente por encima de su pelaje, tenían un tono rosa.

— ¿Me das permiso para tocarte un poco más? —susurré a su oído.

— … No… necesitas… preguntarlo… —Habló lentamente, como si el aire le faltara.

Toque sus pechos; el pelaje que lo cubría era áspero, probablemente porque no utilizaba ningún tipo de champú para su cuidado. Afortunadamente, ya había comprado algunos. Continué tocando hasta llegar a su abdomen, que se veía un tanto demacrado, como si no tuviera una alimentación adecuada. Fue inevitable que me sintiera preocupado por su alimentación, por lo que me prometí que a partir de ahora cocinaría para ella.

Ya concedido mi deseo de tocarla, procedí a quitarle el short que llevaba; con delicadeza lo bajé hasta que pude ver su ropa interior, unas bragas de rosas con un osito en el centro. Parecían ser viejas, lo suficiente como para tener un agujero justo en la parte más comprometedora.

No esperaba que esa fuera mi forma de ver algo tan preciado de ella, pero no me arrepiento.

Ya con una linda sorpresa (y algo de risa, sin ánimos de ofender) que me dio su ropa interior, se la quité, ahora estaba completamente desnuda, aunque su pelaje parecía brindarle una sensación de mayor seguridad.

Ella cubría parte de su cuerpo con sus manos, así que, con mucho cuidado, tomé sus dos patas con las mías y las entrelacé, acercando a Sofía hacia mí. Ella abrió los ojos y me miró; parecía un gato con las pupilas desmesuradamente grandes. Ante esa carita tan hermosa, volví a besarla para que tuviera más de confianza en sí misma.

Podía sentir su corazón latiendo a través de su pecho, lo que me hacía feliz.

Ya terminado de besarla, ella me habló.

— T-tú ropa —me dijo mientras intentaba quitarme la camisa azul que llevaba puesta.

Me reí ante su gesto y la ayudé a quitarme la camisa.

— ¡Hmm! —gimió al verme sin camisa; era en realidad la primera vez que ella me veía sin ella. Yo era reacio a usar ropa que revelara demasiado de mi figura, únicamente usando camisas de manga corta a la hora de limpiar.

Después de todo, cuidaba mucho cómo me veía, bañándome diariamente y ejercitándome con regularidad, por lo que tenía un cuerpo saludable y bien formado. A veces traía problemas por la forma en la que la gente me quedaba viendo en asombro; no todo el tiempo ves a un tipo de 1.90 con apariencia de príncipe en un cuento de hadas (por lo rubio) y, además, musculoso.

Agradecí mi gusto natural hacia la actividad física, pues a Sofía parecía gustarle; empezó a tocar mi abdomen, frotando sus manos por todas partes, tal como un gato lo hacía con aquellos a quienes les tiene cariño.

— “???”

Me sorprendí cuando, de repente, Sofía hundió su rostro en mi pecho, más específicamente, chupando mi pezón.

No era que me disgustara, pero esta vez sí era raro, me daba cosquillas; no lo consideraba particularmente placentero, pero tampoco incómodo. Por lo tanto, acaricié su cabeza, dejándola ser.

Continuó restregando su cara en mi cuerpo un rato más hasta que volvió en sí misma; había dejado babeado mi pecho de una forma que parecía hecho a propósito.

Tuve que reírme un poco; la situación era rara y a la vez emocionante, pero ante todo saber que Sofía apreciaba mi cuerpo era más que suficiente para hacerme feliz y nada más importaba.

— P-perdón, dejé que mis pensamientos intrusivos ganen —se disculpó, alejándose de mí, rápidamente cambiando a bajarme los pantalones.

Pero ella se detuvo, y sabía por qué; al final ella me parecía atractiva. Desde que vi su pecho ya estaba excitado y curiosamente era de los que siempre la tenían del mismo tamaño. Si de por sí ya era visible si usaba algún pantalón ajustado ahora ni los pantalones sueltos eran capaces de ocultarlo.

— ¿Qué te parece si primero te baño a ti? —sugerí. Sofía no parecía lista para entrar en ese tipo de intimidad conmigo, o tal vez sí, pero estaba muy nerviosa como para hacerlo por ella misma.

— Ujum —murmuró, parándose completamente, dejando ir sus manos de mi cuerpo, aunque se le fue difícil despegar la mirada de mi entrepierna aún cubierta.

Durante los siguientes minutos, la bañé tal como había dicho; mojé parte de la ropa que aún llevaba puesta, pero eso no me preocupaba en absoluto.

Ella estaba, por decir poco, mugrosa, y era raro; no me había percatado hasta entonces de lo sucia que estaba. Lo que antes asumía era su color natural (su pelaje verde blanquecino) no era más que suciedad adherida al pelaje lo que hacía que su textura fuera áspera. Esto me sorprendió; no era fan de las cosas sucias por lo que tomé particular énfasis en dejar su pelaje impecable, lavándolo varias veces con champú y jabón. Y cuando ella se sentía incómoda por el frío del agua, la abrazaba para que fuera más cómodo y no se sintiera agobiada.

Toqué su cuerpo con cariño, sus muslos, sus piernas de color negro, el pelaje morado alrededor de su cuello, su máscara, su pecho y su cadera. De vez en cuando besaba los lugares que ya había limpiado como un tipo de recompensa, y Sofía al sentir esos besos decía que siguiera en voz baja, temblando un poco al mismo tiempo.

Incluso toqué suavemente su intimidad, buscando dejarla limpia por fuera. Ella no se opuso, pero se cubrió su rostro mientras lo hacía. No tenía ninguna otra intención; sentía que el baño no era el momento para ese tipo de acercamiento, por lo menos no de manera seria.

Finalmente, la dejé limpia tras una hora y media, y para celebrar.

*Chu*

Le di un beso y la abracé, aunque me estuviera empapando. Al mismo tiempo utilicé la toalla que traje para ella y la sequé.

— Estás limpia —dije al terminar de secarla.

— Uhmph —murmuró en aprobación; parecía no tener las palabras para hablar, en cambio me abrazaba con fuerzas, restregándose contra mí por todos lados.

— Voy a bañarme entonces, espérame afuera.

Ella dudó un momento, pero reconociendo que no tenía las fuerzas para bañarme, con sus manos, por ende salió de la habitación con su cambio de ropa, totalmente limpia.

Entonces tomé una ducha rápida, únicamente para deshacerme del aroma a cloro que tenía; unos diez minutos fueron más que suficientes, por lo que, ya limpio, me puse mi ropa interior y una toalla encima, pues alguien se había robado mi camisa y mis pantalones estaban demasiado húmedos como para ponérmelos de nuevo.

Al salir me encontré con Sofía, quien llevaba puesta mi camisa, la cual era tan grande para ella que casi le llegaba a las rodillas; parecía no tener nada más puesto, pues se había quitado la ropa recién puesta anteriormente.

Se encontraba oliendo las mangas y, al darse cuenta de mi presencia, me miró sin dejar de hacerlo; su mirada era ansiosa, el nerviosismo de antes parecía totalmente opacado por esta emoción.

Me le acerqué y senté a su lado; me había quitado la toalla y ahora solo estaba en bóxer. Sofía se negaba a despegarme los ojos de encima.

— Daniel… —Me habló ella primero, tomando mi mano como cuando había terminado de limpiar hace ya varias horas— ¿entiendes por qué te invité a mi casa, no?

Ella continuó hablando.

— E-en un principio mi plan era t-tentarte, pero al final fui muy directa, pidiéndote que me bañe contigo para terminar siendo bañada por ti… A lo que quiero llegar; como ya fui directa una vez dos no harán ninguna diferencia.

Sabía lo que venía.

— ¿P-podrías tomarme? Sabes a lo que me refiero… eso es lo que hacen las parejas luego de salir un tiempo, ¿no?, en los doujinshi que leí solían hacerlo apenas se confesaban, pero como pensé que era la vida real, supuse que debía tomar algo más de tiempo para no parecer desesperada. Pero no puedo aguantarme más, no quisiera tener una relación tan pura, porque no es el tipo de pokémon que soy, digo, bueno, emmh, no me refiero a que soy sucia, solo q-que, bueno, tú me entiendes. Quisiera poder abrazarte de esa manera siquiera una vez, porque si te soy sincera, no sé cuánto tiempo más seguiré gustándote…

Lo último me tomó desprevenido. Me puso un poco triste.

— Oye —dije, usando mi mano para sostener toda su mejilla, como si fuera un pilar para que su cabeza pudiera descansar. Ella se acurrucó en mi mano, esperando mis palabras—. No seas tan pesimista, me sigues gustando más cada día, así que ten más confianza en ti. Me gustas y me seguirás gustando; aunque no sepa el futuro, sé el presente y ahora mismo, yo, te amo. Incluso cuando apenas vamos unos meses juntos, no hay otra forma de llamarlo a la necesidad tan intensa que tengo de tenerte junto a mí.

Sonreí despacio, buscando que sintiera mi sinceridad. Ella no dijo nada, en cambio se acercó a mi cara y me dio un beso, intentando explorar mi boca con su lengua y aunque lo hacía terrible lo disfrutaba como si fuera el mejor beso del mundo.

Un beso de la persona que amas es indudablemente lo mejor.

Lo siguiente era obvio: me quité el resto de la poca ropa que tenía y Sofía se acostó boca arriba aún con la camisa desabrochada, argumentando que no sería capaz de hacerlo por su cuenta esta vez porque estaba demasiado nerviosa, y casi rogando decía si yo pudiera tomar la delantera, que podría usarla como quisiera. Lo último tuve que corregirlo: no iba a usarla, iba a amarla y si iba a sentirme bien, haría que ella también.

Así que asumí la iniciativa, posicionando encima de ella, apoyé mi miembro en su vientre aún sin penetrarla; yo era dotado, pero por suerte no a un punto exagerado. Sofía era incapaz de despegar la mirada, respirando con dificultad mientras yo toqueteaba su cuerpo y su intimidad, en busca de que se relajara. Por fin lo logré al encontrar un punto sensible al principio de su coño. Lo toqué lentamente, masturbandola y luego aumenté el ritmo; ella gimió entrecortadamente como si no tuviera suficiente aire para hablar. Cuando sentí que sus piernas temblaban, me acerqué a su rostro y besé su cuello. Ella se corrió de inmediato, esta vez gritando mi nombre.

Ahora se sentía verdaderamente mojada dentro suyo; era suficiente para empezar. Iba a ir despacio al principio y, dependiendo de su reacción, aumentaría el ritmo; así que con cuidado me introduje en ella. Sofía apretaba mi mano con fuerza y exigía que la besara, así que, obedeciendo a mi novia, la entretuve con mi boca, intercambiando saliva para que se relajara y pudiera recibirme con mayor facilidad.

Aunque tardé algunos minutos, finalmente pude introducirme hasta el final; por dentro era pequeño, por lo que mi miembro no era capaz de entrar al completo y tenía cuidado de no causarle algún dolor. Después de todo, seguía siendo mi primera vez; aunque ya había estudiado el tema con antelación, seguía siendo un amateur.

Un buen novio debe estar preparado.

— Acaríciame —dijo Sofía en voz baja.

Yo hice caso y la acaricié; disfrutó de las caricias mientras parecía pensar en algo. A los pocos segundos ella, con su mano libre, se sacó su máscara. Se suponía que algo como la máscara en una Meowscarada era parte de su identidad y, por más que pudieran sacárselo, no lo hacían; era mucho más importante que su capa o que su pelaje.

¿Y ella estaba quitándoselo por mí?

Su cara lucía pelaje de un verde pastel como el resto de su cuerpo, y en el medio (entre sus ojos) había pelaje verde oscuro; era como ver un Floragato con una cara más ancha.

Retomó mi mano y reafirmó el agarre mirándome, como esperando alguna respuesta.

— Eres hermosa —afirmé.

Ella dejó caer unas lágrimas con los ojos cerrados y, junto a una leve sonrisa, desvió la mirada, tratando de ocultar sus emociones. Con todo listo, comencé a moverme.

En un principio fui lento; sus gemidos eran cortos y estaban llenos de palabras lindas. Yo no me quedaba atrás respondiendo cada una de sus palabras de amor con más de las mismas. Luego aumenté el ritmo, sacándolo y metiéndolo en un punto donde ella más reaccionaba, teniendo pequeños espasmos y grititos ahogados. Finalmente, cuando vi que ya se había acostumbrado, aumenté al tope mi ritmo, escuchando bien sus tiernos gemidos por algún indicio de dolor que no llegué a escuchar, dándome pase libre para seguir.

Al rato ella soltó mis manos y buscó las sábanas, agarrándolas con fuerzas mientras aún la embestía. Aprovechando su cambio de posición, usé mis dos manos para agarrar su cara, más específicamente sus orejas ocultas entre su pelaje. Ahora que estaba suave y limpio, fui capaz de hundir mis manos en él. Ya en posición, la agarré con fuerza suficiente para no lastimarla; mi intención era que escuchara menos para que se concentrara más en el placer y las palabras que le susurraba. La besé y al instante pude sentir su respuesta; pues su interior me abrazó con fuerza entre temblores acompañados de pobres gemidos que apenas podía hacer, pues mi boca no dejaba ir a la suya.

Cuando ella parecía estar cerca de terminar, me abrazó, lastimándome un poco por las uñas en sus manos; también me abrazó como pudo con sus piernas, aunque parecía tenerlas entumecidas dado que apenas podía ponerlas alrededor de mi cintura, dejándolas caer hacia un lado entre espasmos. Al llegar por fin al clímax, ella tembló y gimió con fuerza aún pegada a mi boca, por lo que no fue más que un largo grito ahogado; su temblor y repentina fuerza en su interior hicieron que también llegara al clímax. Al ser una pokémon, no tenía que preocuparme. Normalmente, la probabilidad de que pasara algo en un humano y un pokémon era tan baja que era casi cero, solo aumentando esa probabilidad en época de celo.

Aún así, la idea de embarazarla no me disgustaba. Tomaría la responsabilidad completamente.

Dejé ir todo dentro, sin dejar de abrazarla y besarla. Seguí a Sofía hasta los últimos segundos de su orgasmo, que acabó con unos temblores por todo su cuerpo.

— Pew~ —gimoteó cuando nos separamos del largo beso. Su cara estaba totalmente sudada y su boca parecía estar llena de su propia baba, aparentemente a causa de no ser capaz de besar correctamente e incluso algo de moco salía de su pequeña nariz. Era una imagen tierna que no hizo más que ponerme de humor otra vez, pero antes de eso, saqué mi miembro de su interior, el cual estaba cubierto de jugos con un color levemente verde.

Curioso cuanto menos.

Besé el rostro de Sofía, su cuello también; ella no pudo decir nada más que soltar unos pequeños gemidos cansados, aún con temblores ocasionales. Luego de terminar mi sesión de besos chupando su pezón, esperando que ella se recuperara, me susurró:

— U-una vez más~ —y con sus manos temblorosas acarició mi cabello rubio. Yo seguía pegado a su casi inexistente pecho, el cual disfrutaba a pesar de su tamaño, pues para mi sorpresa sabía a menta.

Haciendo caso a sus órdenes, me volví a poner en posición, pero esta vez Sofía se movió; ahora estaba boca abajo, intentando ponerse en cuatro, aunque sus piernas parecían traicionarla, pues apenas era capaz de mantenerse en esa posición. Lo único que la ayudaban eran sus brazos aún con fuerzas suficientes.

Intentando ayudarla, toqué su vientre, lo que desató un gemido agudo de Sofía; había descubierto un punto débil que no había tomado en cuenta hasta entonces.

Sin dejar de manosear su vientre, volví a introducirme en ella; la suavidad de su retaguardia se sentía mucho más desde esa posición y su cola, que no dejaba de moverse, hacía una vista digna. Aunque no tuviera tanto culo, tenía el suficiente como para dejar ver la piel amontonándose al entrar por completo en ella.

Finalmente la alcé desde su barbilla con una mano; buscaba acercar su cara para besarla aún en esa posición, lo que funcionó. Empecé a besarla por momentos y los demás ratos besaba su cuerpo. No descuide su interior y seguí embistiendo ahora con un ritmo medio.

Los gemidos de Sofía eran mucho más fuertes ahora. Decía mi nombre una y otra vez entre ellos; esa voz dulce me hacía sentir que iba a terminar y, para asegurarme de no ser el único, usé una de mis manos para acariciar el clítoris de mi novia, de tal manera que al mismo tiempo manoseara su vientre con el resto de mi brazo.

Ella empezó a llorar por el placer; algunas gotas de sus lágrimas me cayeron y, antes de que me diera cuenta, Sofía comenzó a correrse, Una, dos, tres, cuatro… Iba varios minutos corriéndose; sus espasmos y jugos la delataban. Yo no dejaba de masajear su clítoris junto a su vientre; en cambio, iba más rápido preparándome para correrme.

Sofía entendió que iba a eyacular y, desesperada, movió sus propias caderas, metiendo lo que faltaba de mi miembro dentro de ella. Sentía que había cruzado alguna barrera y, aunque tenía miedo de haberla lastimado, me di cuenta de que era todo lo contrario cuando ella usó chorro de agua, aún siendo tipo planta.

Era mi límite y exploté, inundé su interior, a tal punto que sentía que iba a dormirme por placer. Ella no se quedaba corta, babeando aún en un beso como si estuviera en un estado dormido y despierto al mismo tiempo, sin siquiera con las fuerzas para hablar.

— Daniel… —Susurró.

Y se desmayó. Me asusté en un principio, pero solo estaba cansada; incluso empezó a roncar al poco tiempo.

Ese era el final de nuestra noche, y aunque ella fue la primera en dormir, no me tomó mucho para que la acompañara; me sentía seguro, cálido y completo. Jamás había dormido tan bien en mi vida.

Incluso fui capaz de olvidarme de mi padre y mi difunta madre por un momento, solo disfrutando del calor de quien estaba durmiendo junto a mí.

Con amor le susurré que la amaba y la abracé, sin dejarle oportunidad de que pudiera escapar mientras durmiéramos. Era mi capricho egoísta, solo por esa vez.

Pasaron unos meses más; me inscribí junto a Sofía a la preparatoria a la que ella tenía planeado ir. No sabía nada de artes (las clases que ella iba a tomar), pero sabía tocar el piano, por lo que podría arreglármelas para acompañarla.

Tenía dinero de antemano, por lo que elegir mi carrera no era un tema importante para mí.

— Woooah —dijo una Lopunny que me abrazó el brazo sin previo aviso en las puertas de la institución, una Jolteon de cara calmada y una Sylveon que me veía intensamente venían con ella—, parece que esto no será tan aburrido como supuse, ¿verdad, chico guapo?

— Ahí vas, tan rápida como siempre —comentó la jolteon, entretenida en su smartrottom

— Hay que ser rápida, como una jolteon; deberías saberlo.

— Ugh… —Gimió la Sylveon en silencio, observándome; daba yuyu.

Suspiré con una sonrisa de por medio, una sonrisa causada por mi novia que me esperaba.

— Lo siento, pero… —Hablé retirando gentilmente el brazo de la Lopunny—. Yo ya amo a alguien, y realmente quiero pasar tiempo con ella, así que, si el destino así lo quiere, nos vemos después.

— …

— Vaya, te dejaron como un entrenador deja a un Magikarp con piedra eterna.

— Cállate —respondió la Lopunny enojada mientras miraba al pelirrubio alejándose.

—Ugh… —Gruñó la Sylveon.

Y me retiré con pasos lentos; a lo lejos mi novia venía corriendo. Yo había traído un café con leche para los dos, por lo que había venido luego de ella, quien quería adaptarse a los salones del lugar antes de que el horario de estudio comenzara.

Ambos nos sentamos en una banca cercana para tomar nuestro café, pues faltaban varios minutos para que las clases empezaran verdaderamente.

— Uh, Daniel —me preguntó Sofía mientras tomaba pequeños sorbos de su café, que compartiamos con un solo popote.

— ¿Podría pedirte algo para cuando volvamos a mi casa en la tarde?

— Claro —respondí; cualquier cosa que ella me pidiera la haría.

— Bueno …¿P-podrías orinarme en la cara? E-escuché en Poketok que es la forma más efectiva de dejar una marca en una pareja, por medio del olor, y ya que empezamos a estudiar a-aquí,me gustaría que supieran que soy tuya, porque tus mordidas o chupetones no se notan por mi pelaje.

No había forma de arreglarla, bueno, no es como si lo necesitara de todas maneras; además es linda, y me gusta mucho, no veo razón para preocuparme.

Incluso cuando es tan rara, ella me gusta, aunque a veces lo que salga de su boca no tenga algún sentido.

— Lo haré —dije con la mirada perdida, aceptando mi destino.

La amo tal como es.

Hoy Daniel me cocinó; últimamente lo ha hecho todos los días, hasta el punto de que técnicamente vivimos en la misma casa, pues también necesitaba hacerme el desayuno y para hacerlo temprano dormía conmigo.

Por ello siento que engordé un poco y eso hizo que mis miedos pasados salgan a flote. Yo soy débil, tonta y rara, y aunque lo sé, simplemente no puedo cambiarlo así de fácil; es como si estuviera ligado a mi alma. Incluso cuando hago un esfuerzo, lo máximo que pude hacer es dejar de usar caras tontas, hablar un poco menos para dejar de decir tantas estupideces y dejar de creerme originaria de las regiones en Asia, buscando ser alguien digna mínimamente, para así no ser una vergüenza para Daniel.

Conocerlo me dio un golpe de realidad con el pasar del tiempo, me hizo pensar mucho más todo lo que yo hacía y que pensaba que era normal.

Él, que se suponía iba a ser un amigo que sabía escuchar, conversábamos sobre el mejor anime de temporada o cómo el comunismo es una alternativa viable; sin embargo, ahora era mi novio, pero tenía mucho miedo de que eso pudiera cambiar, pues no podía ofrecerle nada, ni siquiera tenía dinero para regalos y solo podía darles los mismos dibujos y cartas de siempre. En el fondo sentía que faltaba poco para que se hartara de mí, por ello las últimas semanas intenté de todo para merecerlo más, para solo fracasar. Ni mis intentos de vestirme más atractiva ni de cocinar funcionaron y rápidamente me quedé sin ideas, que podía hacer alguien como yo para ser digna de salir con alguien como Daniel.

No lo sabía y tenía que ser consolada en las noches por él, sentir su calor y que me viera verdaderamente desnuda me daba valor para no romperme, para tener esperanza de que no se iría.

Aún así no duraba por siempre; el miedo siempre volvía. Ahora que había probado el amor de él, me creía incapaz de dejarlo; no sabía qué haría sin ello, si él me dejara y no me abrazara nunca más, si no pudiera besarlo con la libertad de ahora o si él llegara a tener vergüenza de mí, si me cambiara por alguien mucho mejor que yo.

No podría soportarlo, preferiría morir a vivir así.

Tengo mucho miedo.

Yo tengo mi-

— Oye —me dijo Daniel tocándome la frente con su dedo; tenía una cuchara en su mano derecha llena de la comida que él me preparó—, ¿sabes que te amo por cómo eres?

— …

— Tus pupilas tiemblan cuando estás triste, y sé que es porque dudas de ti misma, pero está bien, no todo se resuelve de la noche a la mañana, ¡hasta que aprendas que verdaderamente te amo seguiré abrazándote y dándote tanto cariño como quieras! Así que quédate conmigo, Sofía, aunque pienses que no me merezcas, por más que valga tanto como tú, confía en mí y no sueltes mi mano.

Sus palabras me calmaron y, aunque sabía que mis miedos volverían a aparecer de nuevo, tenía la seguridad de que Daniel estaría ahí para recordarme otra vez.

Que él me ama.

Y yo lo amo a él.

— Bien, ahora di Aaah —dijo mientras acercaba la cuchara llena de curry a mi boca.

Acepté el bocado.

¡Estaba más que delicioso!

Fin.





Ahora con una historia más dulce, para calmar lo agria del otro oneshot que hice.


Recuerden que pueden hablarme a mi discord si quieren entrar a un grupo de mi autoría, no es lo más activo pero tenemos hasta server de minecraft, también otros escritores y gente lo mantiene con vida como puede.


Podría ser interesante.


Mi nombre de disc: deniseraoneforme

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