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El Corazón del Mar

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Sinopsis

Todo comienza con el cumpleaños número 18 del príncipe Eliot. Como parte de un antiguo ritual familiar, su padre lo envía en una peligrosa misión: encontrar un tesoro oculto en una isla desconocida. Sin embargo, Eliot no solo enfrentará los misterios de la isla, sino también secretos que cambiarán su destino y el futuro de su reino.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
rose
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

𝕮𝖆𝖕í𝖙𝖚𝖑𝖔 𝟏 - 𝕰𝖑 𝖘𝖚𝖊ñ𝖔

Todo comienza con el cumpleaños número 18 del príncipe Eliot. Como parte de un antiguo ritual familiar, su padre lo envía en una peligrosa misión: encontrar un tesoro oculto en una isla desconocida. Sin embargo, Eliot no solo enfrentará los misterios de la isla, sino también secretos que cambiarán su destino y el futuro de su reino.


Desde hace años soñaba con aquella mujer que emergía del océano. Sus ojos cenizosos y su cabello azabache ondeaban bajo las aguas cristalinas. Su piel, pálida como si estuviera muerta, contrastaba con la extraña cola que se movía como la de un pez. Me miraba con odio, y lentamente se acercaba hacia mí. Paralizado por el miedo, vi cómo sacaba sus garras afiladas y las hundía en mi pecho, tratando de arrancar mi corazón.

El dolor era agudo, y mi vista se nubló por completo.


Desperté agitado, intentando calmar mi respiración. Estaba empapado en sudor frío, con las manos temblorosas. De pronto, escuché el sonido de la puerta. Era solo un sirviente, quien entró visiblemente preocupado.

—¿Se encuentra bien, príncipe Eliot? Oímos gritos desde afuera.

—Sí, no te preocupes… —respondí con voz entrecortada.

El sirviente se quedó pensativo.

—¿Fue otra vez la misma pesadilla, príncipe?

Asentí, somnoliento.

—Sigo soñando con lo mismo una y otra vez… la misma mujer que… —negué con la cabeza, intentando disipar los recuerdos.

—Solo es una pesadilla, mi príncipe. Ahora levántese y tome un baño relajante. Su majestad desea desayunar con la familia.

Hice un gesto para que se retirara y me dirigí a mis aposentos.


La mayoría de mis hermanos eran egoístas y codiciosos. Yo, en cambio, era el menor, el último de todos. Éramos cuatro en total. Mi hermano mayor, Héctor, el heredero al trono y el favorito de mi padre, siempre vestía ropas elegantes y ostentosas.

Luego estaba Mateo, a quien no le interesaban ni la política ni la economía del reino. Su único pasatiempo era gastar monedas en tabernas y mujeres, y, para colmo, mi madre siempre lo justificaba.

Por último, estaba Jake, el más “inteligente” de todos. Aunque compartíamos algunas similitudes físicas —como los ojos cafés y las pecas—, éramos muy diferentes. Él era musculoso y robusto, mientras yo, según mi padre, no era más que un debilucho.

Recién bañado, me puse una camisa y unos pantalones cómodos. Salí de mi habitación y me dirigí al salón donde acostumbrábamos a desayunar en “familia”, como lo llamaba mi padre. Me senté junto a Jake. Todo estaba en silencio hasta que el ambiente se tensó, solo para romperse con una propuesta inesperada.

—¡Querido padre! Me gustaría emprender un viaje otra vez —dijo Mateo con entusiasmo.

Definitivamente, era una mala idea. Mi padre jamás lo permitiría después del último incidente, que fue un completo desastre. El barco naufragó en una isla vecina; aunque no hubo heridos, toda la tripulación estaba borracha, incluido el capitán… Mateo.

—¡No! —respondió mi padre, visiblemente molesto—. La última vez fue un caos, ¡una vergüenza para la familia real! Cada vez que lo recuerdo me duele la cabeza.

—No le hagas caso, padre. Ya sabes cómo es Mateo —intervino Héctor, buscando calmarlo.

Mientras ellos discutían sobre el desastre del viaje, yo comía apresuradamente para poder visitar a mi mejor amigo, Tom. Desde niños, él, su hermana Anne y yo solíamos explorar cerca de la playa, fingiendo que buscábamos cofres del tesoro enterrados en la arena.

Estaba a punto de retirarme de la mesa cuando mi padre habló, deteniéndome en seco.

—Te retiras muy temprano, hijo —dijo el rey con suspicacia—. He oído que todas las mañanas sales del castillo. Me pregunto a dónde vas.

—Oh, Elfred, deja al muchacho. Ya es grande y puede salir por su cuenta —intervino mi madre con calma.

—Apostaría a que tiene una noviecita —susurró Mateo con una sonrisa maliciosa.

—¡Eso no es verdad! Deja de inventar cosas —protesté, levantando la voz.

—¡Basta! Dejen de pelear —ordenó el rey—. Como ya sabemos, querido hijo, has alcanzado la mayoría de edad y estás listo para liderar tu primera tripulación. Por lo tanto, tengo una misión para ti. Tú, mi último primogénito, tendrás que encontrar el corazón del mar.

¿Acaso escuché mal? ¿Acaba de pedirme buscar el corazón del mar?

Maldición…


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