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El Juego del Asesino

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Sinopsis

El criminólogo Álvaro Montmorency ha visto lo peor de la humanidad, pero nada lo preparó para el golpe que estaba por recibir. Cuando es llamado a la escena de un crimen para analizar el cuerpo de una joven mujer, su mundo se derrumba al descubrir que la víctima es su propia hija. Consumido por la ira y la sed de justicia, Álvaro se embarca en una búsqueda implacable para encontrar al responsable del asesinato de su hija. Sin embargo, a medida que se adentra en el mundo oscuro del crimen, descubre que la verdad es mucho más compleja y siniestra de lo que imaginaba. A medida que Álvaro se acerca a la verdad, es llevado a través de un laberinto de secretos y mentiras que lo llevan a cuestionar todo lo que creía saber sobre su hija, su familia y él mismo. Pero cuando finalmente encuentra al responsable, se da cuenta de que la justicia no es siempre tan clara como parece. En un mundo donde la oscuridad y la violencia parecen tener la última palabra, Álvaro debe enfrentar sus propios demonios y tomar una decisión que lo llevará a la ruina o a la redención. ¿Podrá encontrar la justicia para su hija, o se perderá en el abismo de la venganza?

Genero:
Mystery/Thriller
Autor/a:
Yuki
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo I

Sepitembre 12 2XXXX 10 PM 


Lucia caminaba con un grupo de amigas, con quien se a divertir ese fin de semana,

pero había cierta cosa que molestaba a Lucia y era que, había un hombre

siguiéndolas desde ya hace un rato, pero al parecer ella era la única que podía verlo

y oír sus pasos o tal vez era porque sus amigas estaban algo pasadas de copas

debido al ambiente electrizante en el bar en el que se encontraron hace ya bastante rato.

La presencia de aquel hombre la estaba poniendo muy nerviosa y paranoica,

lamentablemente, ese hombre no paro de seguirlas, ella pensaba que pronto se

cansaría de seguirlas en un momento, pero a cada lugar que iban, él estaba

presente, asechándolas, observando cada movimiento que hacían y como lo

realizaban. Lucia trato de llamar a la policía, pero su celular no tenía batería y ni

mucho menos datos para hacer una llamada.

En algún punto de la noche, Lucia se quedó sola, ya después de dejar a sus amigas

en sus respectivas casas, lo que significaba que ahora estaba sola con el hombre

que las seguía. A Lucia no se le quería voltear a ver a ese hombre, sentía como se

acercaba cada vez más a ella por lo que acelero el paso, pero también lo hacia

aquel extraño que la seguía, para su mala suerte, Lucia entro a un callejón sin

salida, trato dar vuelta atrás, pero sabía que ese hombre estaba en la entrada al callejón.

Su respiración era irregular, pesada, el ambiente era pesado, solo se podía oír la

otra respiración del hombre y como con pasos pesados por perseguirla se

acercaba a ella, no quería voltear, sabía que no debía voltear a verle la cara a ese

hombre, pero lo hizo, volteo lentamente para ver el rostro de la persona que la

perseguía hace horas y cuando lo hizo...


Al día siguiente, cuando el cuerpo de Lucía fue hallado, su padre, el forense Álvaro Montmorency, fue asignado al caso sin saber aún que la víctima era su hija. Mientras revisaba los informes iniciales de la escena, uno de los detectives lo detuvo.

—Álvaro, no creo que estés listo para ver esto —dijo el detective Ramírez, con el rostro tenso.

—He visto cosas terribles antes, Ramírez. No me subestimes —respondió Álvaro, tratando de mantener la compostura. Pero cuando levantó la sábana que cubría el cuerpo destrozado, sintió que el aire se le escapaba del pecho. Allí estaba ella, irreconocible, pero él sabía... Sabía que era Lucía.

—No...¡No puede ser! —exclamó retrocediendo un paso. El dolor era insoportable, pero Álvaro, con la garganta seca, intentó mantener la calma.— No... ¿quién hizo esto? —Ramírez bajó la cabeza, sabiendo que nada de lo que dijera calmaría a su amigo. A pesar de todo, Álvaro se obligó a realizar la autopsia. Su mente nublada por el dolor casi no lo dejaba pensar, pero entonces algo llamó su atención: un pequeño dispositivo incrustado cerca de la base del cráneo de Lucía. —¿Qué demonios...? —susurró, mientras retiraba cuidadosamente el objeto. No era algo que esperaría encontrar en el cuerpo de su hija.


Esa misma noche, en casa, Álvaro encontró un diario escondido entre las pertenencias de Lucía. Sus manos temblaban mientras lo abría, temiendo lo que podría descubrir. Las primeras páginas hablaban de su vida cotidiana, hasta que un nombre repetido varias veces lo hizo detenerse: "L'entrepôt". Sabía que había algo siniestro detrás de todo esto.

Su esposa entró en la habitación, notando el rostro desencajado de Álvaro.

—¿Qué sucede? —preguntó preocupada—. ¿Qué ha encontrado?

—Lucía... ella... estaba escondiendo algo... —dijo Álvaro, su voz apenas un susurro mientras pasaba las páginas frenéticamente—. Esto no fue un simple ataque, ella sabía que la seguían. Mira esto —le mostró una página del diario—, "L'entrepôt". Menciona que es una organización que realiza trata de blancas... y que estaba cerca de descubrir la verdad.

—¿Trata de blancas? ¿Qué estás diciendo, Álvaro? —respondió su esposa, incrédula. —¿Qué tiene que ver esto con lo que le hicieron?—

—No lo sé, pero... —Álvaro apretó los puños, intentando contener la rabia. —Tengo que encontrar a estos bastardos. No voy a permitir que la muerte de nuestra quede sin justicia.—


Días después, mientras continuaba la investigación, Álvaro fue llamado por Ramírez. —

Álvaro, tenemos un testigo. Afirma haber visto a un hombre rondando la zona la noche en que Lucía fue asesinada. Tenemos una descripción

—.


Dime dónde lo puedo encontrar -

exigió Álvaro.

Ramírez suzpiro preocupado.—

Escucha, no puedes tomar esto de manera personal. Sé lo que significa para ti, pero si te acercas a este tipo con la cabeza caliente...

Ramírez, esa era mi hija. No me pidas que me calme.

Lo sé...

—respondió el detective, bajando la voz.—

Pero si vas a hacer esto, asegúrate de estar listo para lo que puedas encontrar

.—



Esa noche, Álvaro decidió confrontar al hombre descrito por el testigo. Lo encontró en un callejón oscuro, igual al que Lucía había entrado aquella fatídica noche. —Tú... ¡tú la seguiste!—.gritó Álvaro, su voz llena de furia.

El hombre levantó las manos, retrocediendo un paso. —Yo... yo no quería hacerle daño. ¡Me obligaron! -sollozó.—Ellos me obligaron a hacerlo... ¡no tenía elección!—

—¿Qué les hacen a las mujeres en esa organización? ¿Cómo es que mi hija se relacionó con esa gente?—.preguntó Álvaro, empujando al hombre contra la pared.— ¡Dímelo ya!—

—Son... son una organización... hacen cosas horribles con las mujeres, las venden a los mejores impostores o sino son desmembradas y vendidas en el mercado negro...Lucía, esa chica, tenía planeado exponerlos a la policía..., por eso la marcaron. Si lo averiguas... irán por ti también.—

El miedo en los ojos del hombre era palpable, pero Álvaro no podía detenerse ahora. Él iba a desenmascarar a esa organización, y si eso significaba arriesgar su vida, estaba dispuesto a hacerlo.

—Entonces que vengan —.murmuró Álvaro, soltó al hombre con brusquedad y lo observó mientras este caía al suelo, jadeando y con las manos temblorosas. No podía permitir que la verdad se le escapara ahora, no cuando estaba tan cerca. Sabía que había arriesgado mucho al seguir esa pista, pero necesitaba más. Sabía que la red de trata era extensa y que, si no era cuidadoso, su vida también correría peligro. Se agachó, colocando una mano firme sobre el hombro del informante, que todavía temblaba.

—Necesito nombres —demandó Álvaro, con la voz más baja y amenazante.— ¿Quién está detrás? Dame algo, lo que sea.—

El hombre miró alrededor nervioso, como si temiera que las sombras mismas los escucharan. Finalmente, tragó saliva y murmuró. -No... no sé quiénes son. Los llaman "Los Santos ". Nadie los ha visto de cerca, pero son poderosos. Controlan todo, desde las rutas hasta los contactos con la policía. Si vas tras ellos, estarás solo.

Álvaro apretó los dientes, sintiendo una ola de frustración. Los Santos. El nombre le resultaba familiar, lo había escuchado antes, pero siempre en susurros, en contextos donde nadie parecía querer profundizar.

—Y ¿cómo me acerco a ellos?—.presionó.

El informante dudó por un momento, pero sabía que no tenía otra opción si quería salir de allí con vida. —Hay un bar en las afueras de la ciudad... "La Divina Joya". Es donde se reúnen los intermediarios. Si quieres encontrarlos, comienza ahí, pero ten cuidado. Si descubren que eres policía, o lo que sea que seas, estarás muerto antes de cruzar la puerta—.

Álvaro se levantó de golpe, la información pesando sobre él como una sentencia. Tenía una nueva pista, pero también más preguntas. Sabía que no podía hacerlo solo, y menos ahora que la organización parecía estar un paso adelante. Pero eso no lo detendría.


Mientras el hombre se alejaba a trompicones, Álvaro miró su reloj. Era tarde, pero no importaba. Lucía había estado tan cerca de exponerlos antes de ser silenciada. No podía dejar que su sacrificio fuera en vano.

"Los Santos", pensó. Era solo el comienzo, pero estaba dispuesto a ir hasta el fondo, incluso si eso significaba desenterrar los secretos más oscuros de la ciudad.

Álvaro no perdió tiempo. Esa misma noche, condujo hasta las afueras de la ciudad, dirigiéndose hacia "La Divina Joya", el bar que mencionó el informante. Cada kilómetro que recorría lo acercaba más a la verdad, pero también a un peligro del que ni siquiera estaba completamente consciente.

Aparcó su coche a unas calles de distancia, ocultándolo de las luces principales. Se detuvo un momento, observando el lugar a lo lejos. El bullicio y las sombras que se movían en el interior del bar le ponían los nervios de punta. Sabía que una vez que cruzara esas puertas, no habría vuelta atrás.

Mientras se preparaba para entrar, sonó su teléfono. Era un número desconocido, pero algo en su instinto lo hizo responder. —

Álvaro, no entres ahí

—la voz grave y firme lo congeló. Era Ramírez.

Ramírez? ¿Qué estás haciendo? ¿Cómo sabes dónde estoy?

Hubo un silencio tenso al otro lado de la línea, y luego un suspiro. —

Escúchame bien, Álvaro. Si sigues este camino, no habrá marcha atrás. Los Mercaderes... ellos son más poderosos de lo que imaginas, y no vas a poder detenerlos solo. No puedes confiar en nadie


Álvaro sintió un nudo en el estómago. Algo no estaba bien. Ramírez sabía demasiado.

—¿Por qué estás tan seguro?

—preguntó Álvaro, con la voz cargada de desconfianza—.

¿Cómo sabes todo esto, Ramírez?—

El silencio se prolongó. Álvaro apenas podía creer lo que estaba a punto de descubrir.

—Porque yo trabajo para ellos —

admitió Ramírez, su voz grave, pero sin rastro de arrepentimiento-.

Fui reclutado hace años, mucho antes de que supieras siquiera de su existencia. He intentado mantenerte alejado de esto por tu bien, pero ya estás

demasiado metido.—

La traición fue como un puñal en el pecho. Álvaro se apoyó en su coche, sintiendo que el mundo a su alrededor se desmoronaba. Su amigo, su compañero de confianza, formó parte de la red que él intentaba destruir.

¿Por qué? -

murmuró, incapaz de entenderlo.—

¿Por qué harías algo así?—

Es más grande de lo que cree —

respondió Ramírez.—

Si te adentraras en este mundo, no hay salida. No puedes ganar contra ellos. No puedo salvarte si sigues adelante.—


Álvaro presionó el teléfono con tanta fuerza que sintió cómo su mano comenzaba a temblar. Su amigo estaba tratando de disuadirlo, de hacer que se apartara. Pero eso solo reforzaba su determinación.

No importa, Ramírez. No puedo dejar que se salgan con la suya —.

dijo Álvaro, con voz firme. —

Ramírez guardó silencio por un momento, como si estuviera calculando sus opciones. —

Entonces será tu fin —

fue lo último que dijo antes de colgar.

Álvaro se quedó mirando la pantalla apagada de su teléfono, sintiendo una mezcla de rabia y desesperación. Su amigo lo había traicionado, y ahora estaba solo. Pero eso no lo detendría. Guardó el teléfono y miró hacia "La Divina Joya". Era un lugar lleno de peligros, pero dentro de esos muros, había respuestas. Si iba a derribar a Los Santos , tendría que enfrentarse a todo, incluso a aquellos que alguna vez llamaron amigos.

Capítulos
1. Capítulo I
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