Prólogo
Siempre soñamos acerca de la magia, aquella que no podemos ver ni tocar, siempre creímos en ella aun cuando los años y la sabiduría aumentaban siempre estaba esa esperanza presente, de experimentar algo mágico, cuando soñábamos despiertas, cuando inventábamos historias o cuando solo queríamos escapar un rato del estrés. Lo antiguo, aquello que alguna vez fuimos… ¿Cómo sería vivir en esa época? Vestir aquellas ropas, adoptar modales tan distintos a los de hoy. Esa pregunta siempre volvía a nuestra mente, como un susurro persistente que nos unía en un mismo sueño, como si sintiéramos lo mismo, esa conexión entre ella y yo era algo único.
Somos mejores amigas desde que tengo memoria, Aurora siempre fue así de interesante y especial, eso era lo que me llamo la atención de ella. Pero ahora lo comprendo más y quizás de otra manera, en esos momentos su belleza era lo que me sorprendía, su cabello rubio ondulado parecía como si las hadas le hubieran regalado un poco de su polvo dorado, aquellos ojos verdes esmeralda que hipnotizaban a cualquiera que los mirase, esa piel suave y pálida que parecía haber sido creada desde la misma nieve. Sin dudas, para mi ella era perfecta, pero como ya comenté eso no era lo más especial de ella. Le gustaba escribir y de hecho lo hacía espectacularmente pero nunca tuvo suerte en ello, pero yo siempre estaba ahí, para elogiarla y recordarle lo talentosa que era.
Su forma de ver el mundo era muy especial, nunca en mi vida vi a alguien tan emocional y creativa como ella, su manera de expresar las cosas, de comunicarse contigo te encadenaban a ella. No importa a quién le preguntes siempre había una sonrisa al nombrarla.
Siempre supe que las aventuras contigo serían las mejores, incluso estando en problemas siempre juré estar contigo, quizás no fue suficiente o fuiste demasiado reservada, ¿Cuándo esa comunicación se perdió?








