eco en tu mirada //Baji x Oc //

Sinopsis

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Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Uzi_M
Estado:
En proceso
CapΓ­tulos:
1
Rating
n/a
ClasificaciΓ³n por edades:
16+

Iβ™‘

La verdad siempre encuentra su camino hacia la luz, y cuando lo hace, no hay sombra que la oculte. Aprender a aceptar nuestros errores es el primer paso hacia la redenciΓ³n, pues culpar a otros solo alarga la sombra de la mentira.

El timbre del recreo resonΓ³ en toda la escuela, pero Meiko no se levantΓ³ de su asiento de inmediato. SabΓ­a lo que la esperaba afuera. Como siempre, esperΓ³ a que todos salieran antes de tomar su lonchera y dirigirse al patio. Caminaba con la cabeza baja, tratando de pasar desapercibida.

β€” Β‘AhΓ­ viene la rara! β€” exclamΓ³ una voz aguda. Meiko sintiΓ³ un escalofrΓ­o en la espalda.

Delante de ella estaban una niΓ±a y su grupo de amigas. Las mismas que siempre la molestaban todos los recreos.

β€” Oye, Meiko, ΒΏQuΓ© trajiste hoy para comer? Seguro tu mamΓ‘ te preparΓ³ algo asqueroso otra vez β€” se burlΓ³ aquella niΓ±a que lidera el grupito, acercΓ‘ndose con una sonrisa cruel.

Meiko apretΓ³ la lonchera contra su pecho y bajΓ³ la mirada. SabΓ­a que si respondΓ­a, solo empeorarΓ­an las cosas.

β€” DΓ©jenme en paz β€”murmurΓ³ en voz baja, aunque sabΓ­a que no la escucharΓ­an.

β€” ΒΏQuΓ© dijiste? Β‘Habla mΓ‘s fuerte! β€”dijo una de las niΓ±as, fingiendo que no la oΓ­a.

β€” Seguro ni puede hablar bien. Mi mamΓ‘ dice que su madre la ha vuelto una niΓ±a rara porque siempre la regaΓ±a frente a todo el mundo β€” dijo la niΓ±a con una mueca de disgustoβ€”. ΒΏEs verdad que te hace quedarte en casa cuando deberΓ­as salir a jugar? ΒΏO que te dice que eres una inΓΊtil delante de la gente?

Las demΓ‘s rieron, imitando el tono condescendiente de una adulta.

Meiko sintiΓ³ su cara arder. QuerΓ­a correr, esconderse, desaparecer en ese momento. SabΓ­a que su madre hablaba de ella como si no fuera suficiente, como si siempre hiciera algo mal. Y lo hacΓ­a frente a otros padres, frente a maestros… y ahora frente a sus compaΓ±eros.

β€” Seguro no responde porque sabe que es cierto β€”insistiΓ³ la niΓ±a, y antes de que Meiko pudiera reaccionar, le arrebatΓ³ la lonchera y la abriΓ³ de golpe.

Los niΓ±os soltaron un coro de risas cuando vieron el contenido. Arroz frΓ­o, algas marchitas y un huevo hervido cortado a la mitad.

β€” Β‘QuΓ© asco! No me extraΓ±a que nadie quiera sentarse contigo.

Meiko sintiΓ³ un nudo en la garganta. No podΓ­a llorar, no frente a ellos. Sin decir una palabra, girΓ³ sobre sus talones y corriΓ³ hacia la parte trasera de la escuela, donde sabΓ­a que nadie la buscarΓ­a.

Se abrazΓ³ las piernas y escondiΓ³ la cara entre las rodillas. SabΓ­a que en casa tampoco encontrarΓ­a consuelo. Su madre la verΓ­a llegar con los ojos hinchados y solo suspirarΓ­a, repitiendo las mismas palabras de siempre:

β€œSi no te esfuerzas mΓ‘s, la gente nunca te respetarΓ‘.”

Pero, ΒΏCΓ³mo podΓ­a esforzarse en algo que no entendΓ­a? ΒΏCΓ³mo podΓ­a ser β€œnormal” cuando ni siquiera sabΓ­a quΓ© tenΓ­a de malo?

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Meiko camina por el pasillo del colegio, su mochila colgando de un solo hombro. De repente, escucha risitas detrΓ‘s de ella. Cuando se da vuelta, no hay nadie, pero las voces parecen venir de algΓΊn rincΓ³n cercano.

β€” ΒΏVieron cΓ³mo camina? Hasta para eso es rara, con ese andar todos dirΓ‘n que esta loquita...

murmura una voz apenas audible. Meiko aprieta los dientes y sigue adelante, pero sus manos se tensan un poco, y su mirada baja al suelo, deseando escapar de la incomodidad que la rodea.

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Al salir de la clase, Meiko se encuentra con un grupo de estudiantes en el pasillo. De repente, siente un empujΓ³n en su espalda, haciendo que casi pierda el equilibrio. Al girarse, ve que no hay nadie directamente detrΓ‘s de ella, pero puede escuchar las risas a lo lejos.

β€” Β‘Que te pasa, Meiko! ΒΏNo sabes ver por donde caminas?

Dice una voz sarcΓ‘stica. Su rostro se sonroja levemente, y en su mente una sombra de vergΓΌenza se apodera de ella, aunque prefiere no responder.

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Esa misma tarde, mientras Meiko estΓ‘ sentada en el salΓ³n de clases, notΓ³ algo extraΓ±o sobre su escritorio. Era un papel arrugado, como si alguien lo hubiera dejado con intenciΓ³n de que lo viera. Lo toma y, al abrirlo, descubre un mensaje escrito a mano.

β€œNo deberΓ­as estar aquΓ­, incΓ³modas a todos, ya lΓ‘rgate”

Un escalofrΓ­o recorre su espalda mientras la incomodidad se clava mΓ‘s profundamente en su pecho. Mirando alrededor, no puede identificar quiΓ©n lo dejΓ³, pero siente las miradas en su direcciΓ³n. Los murmullos comienzan de nuevo, esta vez mΓ‘s intensos.

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Mientras Meiko se dirige a su casillero, escucha risas que aumentan a medida que se acerca. Al llegar, ve un pequeΓ±o grupo de estudiantes observΓ‘ndola, uno de ellos con una cΓ‘mara en las manos.

β€” ΒΏSabes que nadie te entiende? Es como si estuvieras en tu propio mundo

Dice uno, mientras otro se rΓ­e, apuntando hacia ella con el telΓ©fono mΓ³vil. El grupo no para de reΓ­rse y, aunque Meiko no responde, siente la presiΓ³n de su silencio y sus ojos fijos en ella. Todo lo que puede hacer es girar y marcharse rΓ‘pidamente, sus manos temblando mientras sus pasos se apresuran.

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En el pasillo mΓ‘s lleno, mientras Meiko camina hacia su clase, alguien la empuja de nuevo, pero esta vez con mΓ‘s fuerza. La hace tropezar y caer al suelo. Cuando se levanta, los ojos de los estudiantes la siguen, pero no hay una mano que la ayude a levantarse. Una voz se escucha claramente.

β€” ΒΏVas a dejar que te pisoteen todo el tiempo, o vas a aprender a defenderte, miedosa?

Las carcajadas se desatan mientras ella se arrastra hasta ponerse de pie. Nadie parece interesado en ayudarla, pero todos disfrutan de la escena. El silencio en su interior es lo ΓΊnico que le queda mientras se aleja, con la cabeza baja, deseando que el momento desaparezca.

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Meiko despertΓ³ lentamente, los primeros rayos de sol colΓ‘ndose a travΓ©s de las cortinas que cubrΓ­an su ventanal. El calor de la cama la envolvΓ­a, no quiere levantarse, se siente cΓ³moda envuelta en las calidad sabanas . CerrΓ³ los ojos un instante, sintiendo cΓ³mo los recuerdos de su niΓ±ez la golpeaban de nuevo, como olas implacables.

Recordaba los gritos, las promesas rotas, el eco de los dΓ­as perdidos. Su infancia habΓ­a sido una serie de momentos rotos, como fragmentos de vidrio dispersos que nunca lograban encajar del todo. HabΓ­a crecido entre sombras, rodeada de un silencio pesado que solo se rompΓ­a por la furia de su madre y el vacΓ­o ausente de su padre. No habΓ­a amor en su casa, solo lucha por sobrevivir.

Se incorporΓ³ lentamente, la cabeza pesada y el cuerpo adolorido. AΓΊn podΓ­a sentir la presiΓ³n de aquellos dΓ­as marcados por el abandono, los secretos y las palabras que nunca fueron dichas. ΒΏPor quΓ© seguΓ­a aferrΓ‘ndose a ellos, incluso ahora, despuΓ©s de todo lo que habΓ­a logrado?

MirΓ³ sus manos, como si esperara encontrar alguna pista, alguna respuesta. Pero lo ΓΊnico que encontrΓ³ fue cansancio, una fatiga profunda que no solo provenΓ­a de su cuerpo, sino tambiΓ©n de su alma. Todo lo vivido en su niΓ±ez la habΓ­a desgastado, dejando cicatrices invisibles, como huellas de un viaje interminable.

Se levantΓ³ finalmente, sus pies tocando el suelo frΓ­o, y respirΓ³ hondo, buscando fuerza donde ya no sabΓ­a si quedaba algo. El mundo afuera esperaba, pero ella solo querΓ­a detener el tiempo, detener todo el dolor. Sin embargo, sabΓ­a que no podΓ­a. La vida seguΓ­a, sin importar lo que ella deseara.

AsΓ­ que, con una determinaciΓ³n que aΓΊn no comprendΓ­a del todo, se encaminΓ³ hacia el dΓ­a, dejando que los recuerdos se disiparan poco a poco, aunque sabΓ­a que nunca se irΓ­an por completo.

Meiko se mirΓ³ en el espejo con una expresiΓ³n sombrΓ­a. A pesar de que el reflejo frente a ella mostraba una chica de rostro delicado, cabello largo y oscuro, y unos ojos castaΓ±os de forma redonda, con pupilas similares al de un gato los cuales parecΓ­an ocultar mΓ‘s de lo que ella querΓ­a admitir, no podΓ­a dejar de sentir un nudo en el estΓ³mago.

Este dΓ­a era diferente. Su primer dΓ­a de escuela secundaria, en un colegio nuevo, en un aΓ±o avanzado, todo porque su inteligencia habΓ­a sido la razΓ³n de su traslado. Un β€œprivilegio” que no todos tenΓ­a y el cual no deseaba.

Se ajustΓ³ el uniforme, una camisa blanca con el logo del nuevo colegio en el pecho, y una falda que no estaba acostumbrada a usar. La sensaciΓ³n de ser la mΓ‘s joven en una clase llena de chicos mayores la ponΓ­a nerviosa. ΒΏPor quΓ© tenΓ­an que cambiarme de lugar? se preguntΓ³. En su anterior colegio, aunque sus compaΓ±eros no eran los mΓ‘s amigables, al menos no se sentΓ­a tan fuera de lugar. AquΓ­, en este nuevo ambiente lleno de desconocidos, no podΓ­a evitar sentir que serΓ­a una intrusa.

En su antiguo colegio, sus profesores le habΓ­an ofrecido la opciΓ³n de avanzar de aΓ±o, pero nunca pensΓ³ que serΓ­a tan real. Su madre, desinteresada pero orgullosa en su adentros , le daba igual como se sintiera. Aunque es una oportunidad para brillar, pero para Meiko, todo eso solo significaba estar mΓ‘s cerca de una vida que no querΓ­a. No querΓ­a destacar. No querΓ­a ser esa chica rara que sobresale por algo que no pidiΓ³.

Se puso los zapatos con firmeza, y con el corazΓ³n apesadumbrado, saliΓ³ de su habitaciΓ³n. La casa, como siempre, era tranquila. Nadie parecΓ­a notar la tormenta interna que Meiko cargaba. Su madre la miro mientras se preparaba algo para comer, la mujer desde hace tiempos dejΓ³ de lado a su propia hija , por circunstancias que marcaron en el pasado.

β€” Come y lΓ‘rgate rΓ‘pido que tengo invitados los cual es vendrΓ‘n en poco, si es posible regresa asta la noche.

Meiko solo asintiΓ³ y se apuro en poner un poco de comida en su mochila antes de irse, se le habΓ­a quitado el apetito al escuchar a su madre, pero debΓ­a comer algo.

El trayecto hacia el colegio fue una mezcla de pensamientos que giraban como un torbellino en su mente. ΒΏQuΓ© tal si no encajo aquΓ­? ΒΏY si me ven rara? Y aunque sabΓ­a que su habilidad para resolver problemas complejos la habΓ­a llevado a este punto, no podΓ­a dejar de sentirse atrapada por la expectativa de los demΓ‘s. Se preguntΓ³ si algΓΊn dΓ­a serΓ­a mΓ‘s que solo la β€œchica inteligente” o β€œla chica rara”.

El director de la escuela, un hombre de porte distinguido y una sonrisa cΓ‘lida, aguardaba en la entrada del edificio. Al ver a Meiko acercarse, notΓ³ de inmediato su porte sereno y elegante, a pesar de ser tan joven.

β€” Bienvenida, seΓ±orita Kimura

Dijo, extendiendo la mano.

β€” Es un honor tenerte aquΓ­, en esta instituciΓ³n. Nos sentimos muy afortunados de contar con una estudiante de tu nivel.

Meiko asintiΓ³ suavemente, sonriendo tΓ­midamente, agradecida pero consciente de la atenciΓ³n que generaba.

El director, apreciando su modestia, continuΓ³

β€” Tu aula serΓ‘ la 1-3. Es una de las mΓ‘s activas, pero estoy seguro de que te adaptarΓ‘s rΓ‘pidamente.

Meiko caminΓ³ junto a Γ©l mientras Γ©l la guiaba por los pasillos, su paso seguro pero a la vez cauteloso, como si prefiriera no llamar la atenciΓ³n mΓ‘s de lo necesario. Al llegar frente a la puerta de la 1-3, el director se detuvo.

β€” AquΓ­ estamos. Tus compaΓ±eros te estarΓ‘n esperando, pero no te preocupes, todo irΓ‘ bien. Si necesitas algo, no dudes en pedΓ­rmelo.

La joven asintiΓ³ y antes de que pudiera entrar, el director, con un toque de preocupaciΓ³n, aΓ±adiΓ³.

β€” Ah, seΓ±orita Kimura, antes de que te vayas… hay algo mΓ‘s que quisiera pedirte.

La joven lo mirΓ³ con curiosidad.

β€” En tu aula hay un chico que estΓ‘ repitiendo el primer aΓ±o. Su madre vino a verme hace poco y me pidiΓ³ ayuda para que pasara al siguiente. Sabemos que tienes una capacidad excepcional para las materias. ΒΏCrees que podrΓ­as ayudarlo? Le costΓ³ mucho el aΓ±o pasado, y ahora estΓ‘ en la misma clase que tΓΊ.

Meiko lo pensΓ³ por un momento, en primer lugar. ΒΏEra posible repetir de aΓ±o en secundaria?. No estaba acostumbrada a ser la encargada de ayudar a otros, pero entendΓ­a el peso de la responsabilidad. AsintiΓ³, aceptando aunque no le gustaba la idea de ser maestra de nadie pero por lo menos podrΓ­a distraerse y no estar en casa escuchando a su madre quejarse de ella.

β€” Claro, director. HarΓ© lo que estΓ© a mΓ­ alcance.

β€” Te agradezco mucho, seΓ±orita Kimura. Estoy seguro de que con tu apoyo, podrΓ‘ avanzar.

El director le sonriΓ³ nuevamente, orgulloso de la estudiante que acababa de recibir.

β€” Ahora, adelante, que tus compaΓ±eros deben estar muy ansiosos de conocerte.

Justo en ese momento llegΓ³ el maestro el cual asΓ­ antes que ella.

El aula estaba llena de murmullos cuando la puerta se abriΓ³ y el profesor entrΓ³, seguido de una figura delgada y pequeΓ±a. Meiko avanzΓ³ con pasos silenciosos, su largo cabello oscuro cayendo sobre su espalda mientras sus ojos felinos recorrΓ­an la habitaciΓ³n con frialdad calculada.

El profesor dejΓ³ su portafolios sobre el escritorio y golpeΓ³ la pizarra con un marcador para llamar la atenciΓ³n.

β€” Guarden silencio jΓ³venes. Tenemos una nueva compaΓ±era.

Los ojos de todos se posaron en ella con curiosidad, algunos con interΓ©s genuino, otros con la tΓ­pica expresiΓ³n de quien busca evaluar a alguien nuevo. Meiko, sin embargo, no reaccionΓ³. Simplemente alzΓ³ la vista, mirΓ³ al frente con indiferencia y dijo con voz tranquila:

β€” Kimura.

Nada mΓ‘s. Ni un nombre, ni una presentaciΓ³n elaborada, ni una muestra de interΓ©s por la clase. Tras soltar su apellido, se girΓ³ sin esperar indicaciones y caminΓ³ hacia el fondo del aula. Su paso era ligero, casi etΓ©reo, y cuando encontrΓ³ un asiento vacΓ­o junto a la ventana, se dejΓ³ caer en Γ©l con naturalidad, apartando la vista de todos.

El silencio en la clase se rompiΓ³ con un carraspeo del profesor.

β€” Bien… Como ya escucharon, ella es Kimura. Lo que deben saber es que es una alumna adelantada, por lo que es menor que todos ustedes. De hecho, es la estudiante mΓ‘s joven en toda la secundaria. β€” Se cruzΓ³ de brazos y mirΓ³ a los alumnos con severidadβ€”. AsΓ­ que espero que la traten bien, y ay de ustedes que me llegue a enterar que esta siendo molestada o acosada, mΓ‘s vale que cuiden de ella, o las consecuencias serΓ‘n graves.

Algunas miradas se dirigieron de nuevo a Meiko, pero ella no les devolviΓ³ la atenciΓ³n. Estaba mΓ‘s interesada en la vista desde la ventana, observando las copas de los Γ‘rboles balancearse con el viento. La conversaciΓ³n entre sus compaΓ±eros se reanudΓ³ en susurros, y aunque algunos seguΓ­an observΓ‘ndola con curiosidad, ella no les concediΓ³ ni un solo segundo de su interΓ©s.

HabΓ­a venido a estudiar, no a hacer amigos.

Meiko entrΓ³ al aula en completo silencio, con su expresiΓ³n indiferente de siempre. A pesar de que ya llevaba semanas en ese colegio, los murmullos no habΓ­an cesado del todo.

β€” AhΓ­ estÑ…

β€” Dicen que es un genio.

β€” ΒΏPor eso es quΓ© la adelantaron?

Ella los ignorΓ³. No tenΓ­a interΓ©s en perder tiempo con conversaciones sin sentido. CaminΓ³ hasta su asiento junto a la ventana y sacΓ³ su material sin mostrar emociΓ³n alguna.

La primera clase fue matemΓ‘ticas. El profesor apenas comenzΓ³ a explicar cuando ella ya habΓ­a resuelto los problemas del dΓ­a. MirΓ³ su cuaderno lleno de respuestas y luego al frente. La voz del profesor era monΓ³tona, repitiendo conceptos que Meiko habΓ­a entendido hacΓ­a aΓ±os.

β€” ΒΏAlguien sabe cΓ³mo resolver este ejercicio? β€” preguntΓ³ el profesor.

Hubo un silencio incΓ³modo. Meiko apoyΓ³ el mentΓ³n en su mano y observΓ³ cΓ³mo sus compaΓ±eros evitaban hacer contacto visual con el profesor. Finalmente, ya cansada de ver el problema en el pizarrΓ³n, levantΓ³ la mano sin apuro.

β€” Ah, Kimura. Adelante.

Ella se puso de pie y explicΓ³ con precisiΓ³n y claridad. Su tono era pausado, pero firme, como si estuviera hablando de algo obvio que cualquiera podrΓ­a saber. Cuando terminΓ³, el profesor asintiΓ³ con satisfacciΓ³n.

β€” Correcto. Muy bien explicado.

Algunos estudiantes la miraron con recelo, otros con admiraciΓ³n. Meiko simplemente volviΓ³ a sentarse y desviΓ³ la vista hacia la ventana.

Durante el resto del dΓ­a, la historia se repitiΓ³ en cada materia. ComprensiΓ³n rΓ‘pida en literatura, respuestas certeras en ciencias, anΓ‘lisis perfectos en historia. No necesitaba tomar notas ni esforzarse demasiado; ya sabΓ­a todo lo que estaban enseΓ±ando. En cada clase, los profesores la elogiaban, y los susurros de los demΓ‘s estudiantes no hacΓ­an mΓ‘s que aumentar.

A la hora del almuerzo, Meiko tomΓ³ su bandeja y se dirigiΓ³ a una mesa vacΓ­a. No tenΓ­a amigos en ese colegio, ni le interesaba hacerlos. Entre bocados, hojeΓ³ un libro que habΓ­a traΓ­do de casa, completamente ajena al ambiente a su alrededor.

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Meiko disfrutaba de su almuerzo en el patio, disfrutando de un raro momento de paz en su nuevo colegio. El bullicio de los demΓ‘s estudiantes no le molestaba, estaba demasiado acostumbrada a ignorarlo. Sin embargo, su tranquilidad se vio interrumpida cuando un chico se parΓ³ frente a ella, con una expresiΓ³n que reflejaba mΓ‘s determinaciΓ³n que duda.

β€” Oye, necesito que me ayudes β€”dijo el desconocido, aunque su tono sonaba mΓ‘s a una exigencia que a una peticiΓ³n.

Meiko levantΓ³ la mirada con desgano y lo observΓ³ de arriba abajo. TenΓ­a el cabello negro atado en una coleta de caballo, se veΓ­a prolijo, pero lo que mΓ‘s llamΓ³ su atenciΓ³n fueron aquellos lentes cuadrados. Desde su punto de vista, lo hacΓ­an ver ridΓ­culo.

Justo cuando estaba por ignorarlo, recordΓ³ algo que el director le habΓ­a dicho: debΓ­a ayudar a un estudiante que habΓ­a repetido de grado con sus estudios. FrunciΓ³ levemente el ceΓ±o y preguntΓ³ con tono monΓ³tono:

β€” ΒΏEres Keisuke Baji?

β€” SΓ­ β€”respondiΓ³ Γ©l sin rodeos.

Meiko dejΓ³ escapar un suspiro. No estaba interesada en perder su tiempo enseΓ±Γ‘ndole a alguien que, por lo que parecΓ­a, no tenΓ­a ni una pizca de paciencia o amabilidad. Pero si el director lo habΓ­a pedido, no tenΓ­a muchas opciones.

β€” EstΓ‘ bien. Te ayudarΓ© β€”dijo al final, con evidente falta de entusiasmo.

Baji sonriΓ³ de lado, como si lo hubiera logrado sin esfuerzo, y se sentΓ³ frente a ella sin siquiera preguntar.

Meiko ya podΓ­a sentir el dolor de cabeza que se avecinaba.

El lΓ‘piz de Meiko golpeΓ³ el escritorio con un sonido seco. Sus ojos castaΓ±os, afilados como los de un felino, se clavaron en la hoja frente a ella. Un ejercicio matemΓ‘tico, mal resuelto por tercera vez. Su paciencia, ya de por sΓ­ escasa, estaba al borde del colapso en esos momentos.

β€” Keisuke β€” su voz era firme, contenida β€”. Esto lo expliquΓ© hace tres dΓ­as. Lo repetΓ­ ayer. Lo repasamos hoy. Y aΓΊn así… β€”Sus dedos se cerraron con fuerza alrededor del lΓ‘piz. LevantΓ³ la vista y lo observΓ³.

Γ‰l, despreocupado como siempre, tenΓ­a el ceΓ±o fruncido y aunque pareciera que estΓ‘ atento. No parecΓ­a tomΓ‘rselo en serio. No parecΓ­a entender el esfuerzo que ella estaba haciendo para que el aprendiera unas simples ecuaciones.

β€” Eres un tonto.

Baji parpadeΓ³. Meiko no se detuvo.

β€” Ni siquiera sabes lo bΓ‘sico. Un niΓ±o de primaria lo harΓ­a mejor que tΓΊ. ΒΏSabes quΓ© significa eso? Que vas a repetir otro aΓ±o.

El silencio cayΓ³ entre ellos como un muro impenetrable. Meiko sintiΓ³ un nudo en el estΓ³mago, pero estaba demasiado irritada para preocuparse por eso. La frustraciΓ³n de los ΓΊltimos dΓ­as, sumada a los problemas en casa, habΓ­a explotado en esas palabras.

Sin esperar una respuesta, tomΓ³ sus cosas con brusquedad y se levantΓ³ dispuesta a irse.

β€” No pienso perder mΓ‘s mi tiempo.

GirΓ³ sobre sus talones para marcharse, pero antes de dar dos pasos, sintiΓ³ un tirΓ³n en su muΓ±eca. Baji la detuvo con una firmeza inesperada.

β€” No me voy a rendir β€”dijo Γ©l, con un tono serio que pocas veces usaba. Meiko sintiΓ³ la presiΓ³n de sus dedos, pero lo que realmente la inmovilizΓ³ fue su mirada. No habΓ­a enojo en ella, ni burla. Solo determinaciΓ³n.

β€” No puedo repetir.

Su voz, aunque tosca, sonΓ³ extraΓ±amente vulnerable.

β€” Si repito, mi mamΓ‘ va a llorar.

Meiko sintiΓ³ su pecho apretarse.

β€” No quiero verla llorar.

Baji la soltΓ³ lentamente, pero sus ojos seguΓ­an fijos en ella, esperando su respuesta. Meiko, que hasta hace un momento habΓ­a estado decidida a marcharse, bajΓ³ la mirada.

Un suspiro escapΓ³ de sus labios.

β€” EstΓ‘ bien.

Baji parpadeΓ³ sorprendido, pero antes de que pudiera decir algo, ella continuΓ³:

β€” Te seguirΓ© enseΓ±ando, pero solo si te esfuerzas. No voy a perder mΓ‘s mi tiempo con alguien que no quiere aprender.

Por primera vez en toda la tarde, Baji sonriΓ³, y Meiko, aunque no lo admitiera, sintiΓ³ que tal vez, solo tal vez, enseΓ±arle a ese cabeza hueca no serΓ­a tan terrible.

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El aula estaba en completo silencio, excepto por el sonido de los lΓ‘pices escribiendo sobre el papel. Baji Keisuke fruncΓ­a el ceΓ±o, su mano sujetando con fuerza el bolΓ­grafo mientras intentaba resolver un problema de matemΓ‘ticas que parecΓ­a escrito en otro idioma. A su lado, Meiko observaba con los brazos cruzados, tamborileando los dedos contra su brazo con impaciencia.

β€” ΒΏEso es todo? β€”preguntΓ³ Meiko con una ceja arqueada al ver su intento de respuesta.

Baji soltΓ³ un suspiro frustrado.

β€” Β‘Estoy haciendo lo que puedo!

β€” Pues no es suficiente. Las evaluaciones bimestrales estΓ‘n a la vuelta de la esquina y si sigues asΓ­, no vas a pasar ni el de historia que es el mΓ‘s fΓ‘cil.

El tono de Meiko era tajante, y aunque en otro momento Baji habrΓ­a respondido con alguna broma o simplemente ignorado su regaΓ±o, esta vez apretΓ³ los dientes y volviΓ³ a concentrarse en el ejercicio. Se quedΓ³ despierto hasta tarde varios dΓ­as seguidos, repasando cada tema que Meiko le seΓ±alaba, resolviendo problemas hasta que su vista se nublaba. A pesar de lo difΓ­cil que era para Γ©l, no se rindiΓ³.

Cuando finalmente llegaron los exΓ‘menes, Baji se sentΓ­a mΓ‘s preparado que nunca. No confiado, pero al menos con la seguridad de que no se presentarΓ­a sin saber nada.

Pasaron los dΓ­as, y por fin, las libretas de calificaciones fueron entregadas. En el aula, los murmullos crecΓ­an mientras los estudiantes revisaban sus notas con diversas reacciones. Meiko hojeΓ³ la suya sin sorpresa: todas sus calificaciones eran perfectas, incluso tenΓ­a notas sobresalientes en algunas materias. Por otro lado, Baji mirΓ³ su libreta con una mezcla de alivio y resignaciΓ³n.

β€” Β‘Ja! Β‘SabΓ­a que lo lograrΓ­a! β€” exclamΓ³, mostrando su libreta con una gran sonrisa.

Meiko la tomΓ³ y la analizΓ³ con calma.

β€” Aprobaste… arrastrΓ‘ndote β€” comentΓ³, mirando el mΓ­nimo puntaje necesario para no estar en recuperaciΓ³n.

Baji se encogiΓ³ de hombros.

β€” AprobΓ©, ΒΏno?

Meiko suspirΓ³, pero en el fondo se le escapΓ³ una pequeΓ±a sonrisa.

β€” SΓ­, pero si hubieras puesto un poco mΓ‘s de esfuerzo, tal vez no habrΓ­as estado al borde del abismo en todas las materias

Ambos salieron al receso y, sentados en una banca, comenzaron a comparar sus calificaciones.

β€” Lengua y Literatura, 100 β€” dijo Meiko con orgullo.

β€” Eh… 61 β€” respondiΓ³ Baji, rascΓ‘ndose la nuca.

Meiko soltΓ³ una risita.

β€” MatemΓ‘ticas, 100.

β€” 66…

β€” Historia, 100.

β€” 60 justo…

Meiko lo mirΓ³ con diversiΓ³n y negΓ³ con la cabeza.

β€” Eres un caso perdido.

β€” Oye, oye, que pude haber sacado menos. Dame algo de crΓ©dito.

β€” SΓ­, sΓ­, genio de los 60 puntos.

A pesar de la burla, Baji no se molestΓ³. SabΓ­a que, en el fondo, Meiko estaba satisfecha con su esfuerzo. Y aunque nunca lo admitirΓ­a en voz alta, le gustaba ver cΓ³mo ella se reΓ­a, incluso si era a su costa.

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