Iβ‘
La verdad siempre encuentra su camino hacia la luz, y cuando lo hace, no hay sombra que la oculte. Aprender a aceptar nuestros errores es el primer paso hacia la redenciΓ³n, pues culpar a otros solo alarga la sombra de la mentira.
El timbre del recreo resonΓ³ en toda la escuela, pero Meiko no se levantΓ³ de su asiento de inmediato. SabΓa lo que la esperaba afuera. Como siempre, esperΓ³ a que todos salieran antes de tomar su lonchera y dirigirse al patio. Caminaba con la cabeza baja, tratando de pasar desapercibida.
β Β‘AhΓ viene la rara! β exclamΓ³ una voz aguda. Meiko sintiΓ³ un escalofrΓo en la espalda.
Delante de ella estaban una niΓ±a y su grupo de amigas. Las mismas que siempre la molestaban todos los recreos.
β Oye, Meiko, ΒΏQuΓ© trajiste hoy para comer? Seguro tu mamΓ‘ te preparΓ³ algo asqueroso otra vez β se burlΓ³ aquella niΓ±a que lidera el grupito, acercΓ‘ndose con una sonrisa cruel.
Meiko apretΓ³ la lonchera contra su pecho y bajΓ³ la mirada. SabΓa que si respondΓa, solo empeorarΓan las cosas.
β DΓ©jenme en paz βmurmurΓ³ en voz baja, aunque sabΓa que no la escucharΓan.
β ΒΏQuΓ© dijiste? Β‘Habla mΓ‘s fuerte! βdijo una de las niΓ±as, fingiendo que no la oΓa.
β Seguro ni puede hablar bien. Mi mamΓ‘ dice que su madre la ha vuelto una niΓ±a rara porque siempre la regaΓ±a frente a todo el mundo β dijo la niΓ±a con una mueca de disgustoβ. ΒΏEs verdad que te hace quedarte en casa cuando deberΓas salir a jugar? ΒΏO que te dice que eres una inΓΊtil delante de la gente?
Las demΓ‘s rieron, imitando el tono condescendiente de una adulta.
Meiko sintiΓ³ su cara arder. QuerΓa correr, esconderse, desaparecer en ese momento. SabΓa que su madre hablaba de ella como si no fuera suficiente, como si siempre hiciera algo mal. Y lo hacΓa frente a otros padres, frente a maestrosβ¦ y ahora frente a sus compaΓ±eros.
β Seguro no responde porque sabe que es cierto βinsistiΓ³ la niΓ±a, y antes de que Meiko pudiera reaccionar, le arrebatΓ³ la lonchera y la abriΓ³ de golpe.
Los niΓ±os soltaron un coro de risas cuando vieron el contenido. Arroz frΓo, algas marchitas y un huevo hervido cortado a la mitad.
β Β‘QuΓ© asco! No me extraΓ±a que nadie quiera sentarse contigo.
Meiko sintiΓ³ un nudo en la garganta. No podΓa llorar, no frente a ellos. Sin decir una palabra, girΓ³ sobre sus talones y corriΓ³ hacia la parte trasera de la escuela, donde sabΓa que nadie la buscarΓa.
Se abrazΓ³ las piernas y escondiΓ³ la cara entre las rodillas. SabΓa que en casa tampoco encontrarΓa consuelo. Su madre la verΓa llegar con los ojos hinchados y solo suspirarΓa, repitiendo las mismas palabras de siempre:
βSi no te esfuerzas mΓ‘s, la gente nunca te respetarΓ‘.β
Pero, ΒΏCΓ³mo podΓa esforzarse en algo que no entendΓa? ΒΏCΓ³mo podΓa ser βnormalβ cuando ni siquiera sabΓa quΓ© tenΓa de malo?
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Meiko camina por el pasillo del colegio, su mochila colgando de un solo hombro. De repente, escucha risitas detrΓ‘s de ella. Cuando se da vuelta, no hay nadie, pero las voces parecen venir de algΓΊn rincΓ³n cercano.
β ΒΏVieron cΓ³mo camina? Hasta para eso es rara, con ese andar todos dirΓ‘n que esta loquita...
murmura una voz apenas audible. Meiko aprieta los dientes y sigue adelante, pero sus manos se tensan un poco, y su mirada baja al suelo, deseando escapar de la incomodidad que la rodea.
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Al salir de la clase, Meiko se encuentra con un grupo de estudiantes en el pasillo. De repente, siente un empujΓ³n en su espalda, haciendo que casi pierda el equilibrio. Al girarse, ve que no hay nadie directamente detrΓ‘s de ella, pero puede escuchar las risas a lo lejos.
β Β‘Que te pasa, Meiko! ΒΏNo sabes ver por donde caminas?
Dice una voz sarcΓ‘stica. Su rostro se sonroja levemente, y en su mente una sombra de vergΓΌenza se apodera de ella, aunque prefiere no responder.
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Esa misma tarde, mientras Meiko estΓ‘ sentada en el salΓ³n de clases, notΓ³ algo extraΓ±o sobre su escritorio. Era un papel arrugado, como si alguien lo hubiera dejado con intenciΓ³n de que lo viera. Lo toma y, al abrirlo, descubre un mensaje escrito a mano.
βNo deberΓas estar aquΓ, incΓ³modas a todos, ya lΓ‘rgateβ
Un escalofrΓo recorre su espalda mientras la incomodidad se clava mΓ‘s profundamente en su pecho. Mirando alrededor, no puede identificar quiΓ©n lo dejΓ³, pero siente las miradas en su direcciΓ³n. Los murmullos comienzan de nuevo, esta vez mΓ‘s intensos.
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Mientras Meiko se dirige a su casillero, escucha risas que aumentan a medida que se acerca. Al llegar, ve un pequeΓ±o grupo de estudiantes observΓ‘ndola, uno de ellos con una cΓ‘mara en las manos.
β ΒΏSabes que nadie te entiende? Es como si estuvieras en tu propio mundo
Dice uno, mientras otro se rΓe, apuntando hacia ella con el telΓ©fono mΓ³vil. El grupo no para de reΓrse y, aunque Meiko no responde, siente la presiΓ³n de su silencio y sus ojos fijos en ella. Todo lo que puede hacer es girar y marcharse rΓ‘pidamente, sus manos temblando mientras sus pasos se apresuran.
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En el pasillo mΓ‘s lleno, mientras Meiko camina hacia su clase, alguien la empuja de nuevo, pero esta vez con mΓ‘s fuerza. La hace tropezar y caer al suelo. Cuando se levanta, los ojos de los estudiantes la siguen, pero no hay una mano que la ayude a levantarse. Una voz se escucha claramente.
β ΒΏVas a dejar que te pisoteen todo el tiempo, o vas a aprender a defenderte, miedosa?
Las carcajadas se desatan mientras ella se arrastra hasta ponerse de pie. Nadie parece interesado en ayudarla, pero todos disfrutan de la escena. El silencio en su interior es lo ΓΊnico que le queda mientras se aleja, con la cabeza baja, deseando que el momento desaparezca.
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Meiko despertΓ³ lentamente, los primeros rayos de sol colΓ‘ndose a travΓ©s de las cortinas que cubrΓan su ventanal. El calor de la cama la envolvΓa, no quiere levantarse, se siente cΓ³moda envuelta en las calidad sabanas . CerrΓ³ los ojos un instante, sintiendo cΓ³mo los recuerdos de su niΓ±ez la golpeaban de nuevo, como olas implacables.
Recordaba los gritos, las promesas rotas, el eco de los dΓas perdidos. Su infancia habΓa sido una serie de momentos rotos, como fragmentos de vidrio dispersos que nunca lograban encajar del todo. HabΓa crecido entre sombras, rodeada de un silencio pesado que solo se rompΓa por la furia de su madre y el vacΓo ausente de su padre. No habΓa amor en su casa, solo lucha por sobrevivir.
Se incorporΓ³ lentamente, la cabeza pesada y el cuerpo adolorido. AΓΊn podΓa sentir la presiΓ³n de aquellos dΓas marcados por el abandono, los secretos y las palabras que nunca fueron dichas. ΒΏPor quΓ© seguΓa aferrΓ‘ndose a ellos, incluso ahora, despuΓ©s de todo lo que habΓa logrado?
MirΓ³ sus manos, como si esperara encontrar alguna pista, alguna respuesta. Pero lo ΓΊnico que encontrΓ³ fue cansancio, una fatiga profunda que no solo provenΓa de su cuerpo, sino tambiΓ©n de su alma. Todo lo vivido en su niΓ±ez la habΓa desgastado, dejando cicatrices invisibles, como huellas de un viaje interminable.
Se levantΓ³ finalmente, sus pies tocando el suelo frΓo, y respirΓ³ hondo, buscando fuerza donde ya no sabΓa si quedaba algo. El mundo afuera esperaba, pero ella solo querΓa detener el tiempo, detener todo el dolor. Sin embargo, sabΓa que no podΓa. La vida seguΓa, sin importar lo que ella deseara.
AsΓ que, con una determinaciΓ³n que aΓΊn no comprendΓa del todo, se encaminΓ³ hacia el dΓa, dejando que los recuerdos se disiparan poco a poco, aunque sabΓa que nunca se irΓan por completo.
Meiko se mirΓ³ en el espejo con una expresiΓ³n sombrΓa. A pesar de que el reflejo frente a ella mostraba una chica de rostro delicado, cabello largo y oscuro, y unos ojos castaΓ±os de forma redonda, con pupilas similares al de un gato los cuales parecΓan ocultar mΓ‘s de lo que ella querΓa admitir, no podΓa dejar de sentir un nudo en el estΓ³mago.
Este dΓa era diferente. Su primer dΓa de escuela secundaria, en un colegio nuevo, en un aΓ±o avanzado, todo porque su inteligencia habΓa sido la razΓ³n de su traslado. Un βprivilegioβ que no todos tenΓa y el cual no deseaba.
Se ajustΓ³ el uniforme, una camisa blanca con el logo del nuevo colegio en el pecho, y una falda que no estaba acostumbrada a usar. La sensaciΓ³n de ser la mΓ‘s joven en una clase llena de chicos mayores la ponΓa nerviosa. ΒΏPor quΓ© tenΓan que cambiarme de lugar? se preguntΓ³. En su anterior colegio, aunque sus compaΓ±eros no eran los mΓ‘s amigables, al menos no se sentΓa tan fuera de lugar. AquΓ, en este nuevo ambiente lleno de desconocidos, no podΓa evitar sentir que serΓa una intrusa.
En su antiguo colegio, sus profesores le habΓan ofrecido la opciΓ³n de avanzar de aΓ±o, pero nunca pensΓ³ que serΓa tan real. Su madre, desinteresada pero orgullosa en su adentros , le daba igual como se sintiera. Aunque es una oportunidad para brillar, pero para Meiko, todo eso solo significaba estar mΓ‘s cerca de una vida que no querΓa. No querΓa destacar. No querΓa ser esa chica rara que sobresale por algo que no pidiΓ³.
Se puso los zapatos con firmeza, y con el corazΓ³n apesadumbrado, saliΓ³ de su habitaciΓ³n. La casa, como siempre, era tranquila. Nadie parecΓa notar la tormenta interna que Meiko cargaba. Su madre la miro mientras se preparaba algo para comer, la mujer desde hace tiempos dejΓ³ de lado a su propia hija , por circunstancias que marcaron en el pasado.
β Come y lΓ‘rgate rΓ‘pido que tengo invitados los cual es vendrΓ‘n en poco, si es posible regresa asta la noche.
Meiko solo asintiΓ³ y se apuro en poner un poco de comida en su mochila antes de irse, se le habΓa quitado el apetito al escuchar a su madre, pero debΓa comer algo.
El trayecto hacia el colegio fue una mezcla de pensamientos que giraban como un torbellino en su mente. ΒΏQuΓ© tal si no encajo aquΓ? ΒΏY si me ven rara? Y aunque sabΓa que su habilidad para resolver problemas complejos la habΓa llevado a este punto, no podΓa dejar de sentirse atrapada por la expectativa de los demΓ‘s. Se preguntΓ³ si algΓΊn dΓa serΓa mΓ‘s que solo la βchica inteligenteβ o βla chica raraβ.
El director de la escuela, un hombre de porte distinguido y una sonrisa cΓ‘lida, aguardaba en la entrada del edificio. Al ver a Meiko acercarse, notΓ³ de inmediato su porte sereno y elegante, a pesar de ser tan joven.
β Bienvenida, seΓ±orita Kimura
Dijo, extendiendo la mano.
β Es un honor tenerte aquΓ, en esta instituciΓ³n. Nos sentimos muy afortunados de contar con una estudiante de tu nivel.
Meiko asintiΓ³ suavemente, sonriendo tΓmidamente, agradecida pero consciente de la atenciΓ³n que generaba.
El director, apreciando su modestia, continuΓ³
β Tu aula serΓ‘ la 1-3. Es una de las mΓ‘s activas, pero estoy seguro de que te adaptarΓ‘s rΓ‘pidamente.
Meiko caminΓ³ junto a Γ©l mientras Γ©l la guiaba por los pasillos, su paso seguro pero a la vez cauteloso, como si prefiriera no llamar la atenciΓ³n mΓ‘s de lo necesario. Al llegar frente a la puerta de la 1-3, el director se detuvo.
β AquΓ estamos. Tus compaΓ±eros te estarΓ‘n esperando, pero no te preocupes, todo irΓ‘ bien. Si necesitas algo, no dudes en pedΓrmelo.
La joven asintiΓ³ y antes de que pudiera entrar, el director, con un toque de preocupaciΓ³n, aΓ±adiΓ³.
β Ah, seΓ±orita Kimura, antes de que te vayasβ¦ hay algo mΓ‘s que quisiera pedirte.
La joven lo mirΓ³ con curiosidad.
β En tu aula hay un chico que estΓ‘ repitiendo el primer aΓ±o. Su madre vino a verme hace poco y me pidiΓ³ ayuda para que pasara al siguiente. Sabemos que tienes una capacidad excepcional para las materias. ΒΏCrees que podrΓas ayudarlo? Le costΓ³ mucho el aΓ±o pasado, y ahora estΓ‘ en la misma clase que tΓΊ.
Meiko lo pensΓ³ por un momento, en primer lugar. ΒΏEra posible repetir de aΓ±o en secundaria?. No estaba acostumbrada a ser la encargada de ayudar a otros, pero entendΓa el peso de la responsabilidad. AsintiΓ³, aceptando aunque no le gustaba la idea de ser maestra de nadie pero por lo menos podrΓa distraerse y no estar en casa escuchando a su madre quejarse de ella.
β Claro, director. HarΓ© lo que estΓ© a mΓ alcance.
β Te agradezco mucho, seΓ±orita Kimura. Estoy seguro de que con tu apoyo, podrΓ‘ avanzar.
El director le sonriΓ³ nuevamente, orgulloso de la estudiante que acababa de recibir.
β Ahora, adelante, que tus compaΓ±eros deben estar muy ansiosos de conocerte.
Justo en ese momento llegΓ³ el maestro el cual asΓ antes que ella.
El aula estaba llena de murmullos cuando la puerta se abriΓ³ y el profesor entrΓ³, seguido de una figura delgada y pequeΓ±a. Meiko avanzΓ³ con pasos silenciosos, su largo cabello oscuro cayendo sobre su espalda mientras sus ojos felinos recorrΓan la habitaciΓ³n con frialdad calculada.
El profesor dejΓ³ su portafolios sobre el escritorio y golpeΓ³ la pizarra con un marcador para llamar la atenciΓ³n.
β Guarden silencio jΓ³venes. Tenemos una nueva compaΓ±era.
Los ojos de todos se posaron en ella con curiosidad, algunos con interΓ©s genuino, otros con la tΓpica expresiΓ³n de quien busca evaluar a alguien nuevo. Meiko, sin embargo, no reaccionΓ³. Simplemente alzΓ³ la vista, mirΓ³ al frente con indiferencia y dijo con voz tranquila:
β Kimura.
Nada mΓ‘s. Ni un nombre, ni una presentaciΓ³n elaborada, ni una muestra de interΓ©s por la clase. Tras soltar su apellido, se girΓ³ sin esperar indicaciones y caminΓ³ hacia el fondo del aula. Su paso era ligero, casi etΓ©reo, y cuando encontrΓ³ un asiento vacΓo junto a la ventana, se dejΓ³ caer en Γ©l con naturalidad, apartando la vista de todos.
El silencio en la clase se rompiΓ³ con un carraspeo del profesor.
β Bienβ¦ Como ya escucharon, ella es Kimura. Lo que deben saber es que es una alumna adelantada, por lo que es menor que todos ustedes. De hecho, es la estudiante mΓ‘s joven en toda la secundaria. β Se cruzΓ³ de brazos y mirΓ³ a los alumnos con severidadβ. AsΓ que espero que la traten bien, y ay de ustedes que me llegue a enterar que esta siendo molestada o acosada, mΓ‘s vale que cuiden de ella, o las consecuencias serΓ‘n graves.
Algunas miradas se dirigieron de nuevo a Meiko, pero ella no les devolviΓ³ la atenciΓ³n. Estaba mΓ‘s interesada en la vista desde la ventana, observando las copas de los Γ‘rboles balancearse con el viento. La conversaciΓ³n entre sus compaΓ±eros se reanudΓ³ en susurros, y aunque algunos seguΓan observΓ‘ndola con curiosidad, ella no les concediΓ³ ni un solo segundo de su interΓ©s.
HabΓa venido a estudiar, no a hacer amigos.
Meiko entrΓ³ al aula en completo silencio, con su expresiΓ³n indiferente de siempre. A pesar de que ya llevaba semanas en ese colegio, los murmullos no habΓan cesado del todo.
β AhΓ estΓ‘β¦
β Dicen que es un genio.
β ΒΏPor eso es quΓ© la adelantaron?
Ella los ignorΓ³. No tenΓa interΓ©s en perder tiempo con conversaciones sin sentido. CaminΓ³ hasta su asiento junto a la ventana y sacΓ³ su material sin mostrar emociΓ³n alguna.
La primera clase fue matemΓ‘ticas. El profesor apenas comenzΓ³ a explicar cuando ella ya habΓa resuelto los problemas del dΓa. MirΓ³ su cuaderno lleno de respuestas y luego al frente. La voz del profesor era monΓ³tona, repitiendo conceptos que Meiko habΓa entendido hacΓa aΓ±os.
β ΒΏAlguien sabe cΓ³mo resolver este ejercicio? β preguntΓ³ el profesor.
Hubo un silencio incΓ³modo. Meiko apoyΓ³ el mentΓ³n en su mano y observΓ³ cΓ³mo sus compaΓ±eros evitaban hacer contacto visual con el profesor. Finalmente, ya cansada de ver el problema en el pizarrΓ³n, levantΓ³ la mano sin apuro.
β Ah, Kimura. Adelante.
Ella se puso de pie y explicΓ³ con precisiΓ³n y claridad. Su tono era pausado, pero firme, como si estuviera hablando de algo obvio que cualquiera podrΓa saber. Cuando terminΓ³, el profesor asintiΓ³ con satisfacciΓ³n.
β Correcto. Muy bien explicado.
Algunos estudiantes la miraron con recelo, otros con admiraciΓ³n. Meiko simplemente volviΓ³ a sentarse y desviΓ³ la vista hacia la ventana.
Durante el resto del dΓa, la historia se repitiΓ³ en cada materia. ComprensiΓ³n rΓ‘pida en literatura, respuestas certeras en ciencias, anΓ‘lisis perfectos en historia. No necesitaba tomar notas ni esforzarse demasiado; ya sabΓa todo lo que estaban enseΓ±ando. En cada clase, los profesores la elogiaban, y los susurros de los demΓ‘s estudiantes no hacΓan mΓ‘s que aumentar.
A la hora del almuerzo, Meiko tomΓ³ su bandeja y se dirigiΓ³ a una mesa vacΓa. No tenΓa amigos en ese colegio, ni le interesaba hacerlos. Entre bocados, hojeΓ³ un libro que habΓa traΓdo de casa, completamente ajena al ambiente a su alrededor.
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Meiko disfrutaba de su almuerzo en el patio, disfrutando de un raro momento de paz en su nuevo colegio. El bullicio de los demΓ‘s estudiantes no le molestaba, estaba demasiado acostumbrada a ignorarlo. Sin embargo, su tranquilidad se vio interrumpida cuando un chico se parΓ³ frente a ella, con una expresiΓ³n que reflejaba mΓ‘s determinaciΓ³n que duda.
β Oye, necesito que me ayudes βdijo el desconocido, aunque su tono sonaba mΓ‘s a una exigencia que a una peticiΓ³n.
Meiko levantΓ³ la mirada con desgano y lo observΓ³ de arriba abajo. TenΓa el cabello negro atado en una coleta de caballo, se veΓa prolijo, pero lo que mΓ‘s llamΓ³ su atenciΓ³n fueron aquellos lentes cuadrados. Desde su punto de vista, lo hacΓan ver ridΓculo.
Justo cuando estaba por ignorarlo, recordΓ³ algo que el director le habΓa dicho: debΓa ayudar a un estudiante que habΓa repetido de grado con sus estudios. FrunciΓ³ levemente el ceΓ±o y preguntΓ³ con tono monΓ³tono:
β ΒΏEres Keisuke Baji?
β SΓ βrespondiΓ³ Γ©l sin rodeos.
Meiko dejΓ³ escapar un suspiro. No estaba interesada en perder su tiempo enseΓ±Γ‘ndole a alguien que, por lo que parecΓa, no tenΓa ni una pizca de paciencia o amabilidad. Pero si el director lo habΓa pedido, no tenΓa muchas opciones.
β EstΓ‘ bien. Te ayudarΓ© βdijo al final, con evidente falta de entusiasmo.
Baji sonriΓ³ de lado, como si lo hubiera logrado sin esfuerzo, y se sentΓ³ frente a ella sin siquiera preguntar.
Meiko ya podΓa sentir el dolor de cabeza que se avecinaba.
El lΓ‘piz de Meiko golpeΓ³ el escritorio con un sonido seco. Sus ojos castaΓ±os, afilados como los de un felino, se clavaron en la hoja frente a ella. Un ejercicio matemΓ‘tico, mal resuelto por tercera vez. Su paciencia, ya de por sΓ escasa, estaba al borde del colapso en esos momentos.
β Keisuke β su voz era firme, contenida β. Esto lo expliquΓ© hace tres dΓas. Lo repetΓ ayer. Lo repasamos hoy. Y aΓΊn asΓβ¦ βSus dedos se cerraron con fuerza alrededor del lΓ‘piz. LevantΓ³ la vista y lo observΓ³.
Γl, despreocupado como siempre, tenΓa el ceΓ±o fruncido y aunque pareciera que estΓ‘ atento. No parecΓa tomΓ‘rselo en serio. No parecΓa entender el esfuerzo que ella estaba haciendo para que el aprendiera unas simples ecuaciones.
β Eres un tonto.
Baji parpadeΓ³. Meiko no se detuvo.
β Ni siquiera sabes lo bΓ‘sico. Un niΓ±o de primaria lo harΓa mejor que tΓΊ. ΒΏSabes quΓ© significa eso? Que vas a repetir otro aΓ±o.
El silencio cayΓ³ entre ellos como un muro impenetrable. Meiko sintiΓ³ un nudo en el estΓ³mago, pero estaba demasiado irritada para preocuparse por eso. La frustraciΓ³n de los ΓΊltimos dΓas, sumada a los problemas en casa, habΓa explotado en esas palabras.
Sin esperar una respuesta, tomΓ³ sus cosas con brusquedad y se levantΓ³ dispuesta a irse.
β No pienso perder mΓ‘s mi tiempo.
GirΓ³ sobre sus talones para marcharse, pero antes de dar dos pasos, sintiΓ³ un tirΓ³n en su muΓ±eca. Baji la detuvo con una firmeza inesperada.
β No me voy a rendir βdijo Γ©l, con un tono serio que pocas veces usaba. Meiko sintiΓ³ la presiΓ³n de sus dedos, pero lo que realmente la inmovilizΓ³ fue su mirada. No habΓa enojo en ella, ni burla. Solo determinaciΓ³n.
β No puedo repetir.
Su voz, aunque tosca, sonΓ³ extraΓ±amente vulnerable.
β Si repito, mi mamΓ‘ va a llorar.
Meiko sintiΓ³ su pecho apretarse.
β No quiero verla llorar.
Baji la soltΓ³ lentamente, pero sus ojos seguΓan fijos en ella, esperando su respuesta. Meiko, que hasta hace un momento habΓa estado decidida a marcharse, bajΓ³ la mirada.
Un suspiro escapΓ³ de sus labios.
β EstΓ‘ bien.
Baji parpadeΓ³ sorprendido, pero antes de que pudiera decir algo, ella continuΓ³:
β Te seguirΓ© enseΓ±ando, pero solo si te esfuerzas. No voy a perder mΓ‘s mi tiempo con alguien que no quiere aprender.
Por primera vez en toda la tarde, Baji sonriΓ³, y Meiko, aunque no lo admitiera, sintiΓ³ que tal vez, solo tal vez, enseΓ±arle a ese cabeza hueca no serΓa tan terrible.
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El aula estaba en completo silencio, excepto por el sonido de los lΓ‘pices escribiendo sobre el papel. Baji Keisuke fruncΓa el ceΓ±o, su mano sujetando con fuerza el bolΓgrafo mientras intentaba resolver un problema de matemΓ‘ticas que parecΓa escrito en otro idioma. A su lado, Meiko observaba con los brazos cruzados, tamborileando los dedos contra su brazo con impaciencia.
β ΒΏEso es todo? βpreguntΓ³ Meiko con una ceja arqueada al ver su intento de respuesta.
Baji soltΓ³ un suspiro frustrado.
β Β‘Estoy haciendo lo que puedo!
β Pues no es suficiente. Las evaluaciones bimestrales estΓ‘n a la vuelta de la esquina y si sigues asΓ, no vas a pasar ni el de historia que es el mΓ‘s fΓ‘cil.
El tono de Meiko era tajante, y aunque en otro momento Baji habrΓa respondido con alguna broma o simplemente ignorado su regaΓ±o, esta vez apretΓ³ los dientes y volviΓ³ a concentrarse en el ejercicio. Se quedΓ³ despierto hasta tarde varios dΓas seguidos, repasando cada tema que Meiko le seΓ±alaba, resolviendo problemas hasta que su vista se nublaba. A pesar de lo difΓcil que era para Γ©l, no se rindiΓ³.
Cuando finalmente llegaron los exΓ‘menes, Baji se sentΓa mΓ‘s preparado que nunca. No confiado, pero al menos con la seguridad de que no se presentarΓa sin saber nada.
Pasaron los dΓas, y por fin, las libretas de calificaciones fueron entregadas. En el aula, los murmullos crecΓan mientras los estudiantes revisaban sus notas con diversas reacciones. Meiko hojeΓ³ la suya sin sorpresa: todas sus calificaciones eran perfectas, incluso tenΓa notas sobresalientes en algunas materias. Por otro lado, Baji mirΓ³ su libreta con una mezcla de alivio y resignaciΓ³n.
β Β‘Ja! Β‘SabΓa que lo lograrΓa! β exclamΓ³, mostrando su libreta con una gran sonrisa.
Meiko la tomΓ³ y la analizΓ³ con calma.
β Aprobasteβ¦ arrastrΓ‘ndote β comentΓ³, mirando el mΓnimo puntaje necesario para no estar en recuperaciΓ³n.
Baji se encogiΓ³ de hombros.
β AprobΓ©, ΒΏno?
Meiko suspirΓ³, pero en el fondo se le escapΓ³ una pequeΓ±a sonrisa.
β SΓ, pero si hubieras puesto un poco mΓ‘s de esfuerzo, tal vez no habrΓas estado al borde del abismo en todas las materias
Ambos salieron al receso y, sentados en una banca, comenzaron a comparar sus calificaciones.
β Lengua y Literatura, 100 β dijo Meiko con orgullo.
β Ehβ¦ 61 β respondiΓ³ Baji, rascΓ‘ndose la nuca.
Meiko soltΓ³ una risita.
β MatemΓ‘ticas, 100.
β 66β¦
β Historia, 100.
β 60 justoβ¦
Meiko lo mirΓ³ con diversiΓ³n y negΓ³ con la cabeza.
β Eres un caso perdido.
β Oye, oye, que pude haber sacado menos. Dame algo de crΓ©dito.
β SΓ, sΓ, genio de los 60 puntos.
A pesar de la burla, Baji no se molestΓ³. SabΓa que, en el fondo, Meiko estaba satisfecha con su esfuerzo. Y aunque nunca lo admitirΓa en voz alta, le gustaba ver cΓ³mo ella se reΓa, incluso si era a su costa.
π΄πππππ ππ πππ’π πππππππ, ππ ππ πππππππ ππππππππ π’ ππππππ πππππ’ πππππππππππ π ππππ πππππππ ππππ ππππππππππ.
π·ππππ ππ πππΜπ‘πππ ππππΜππππ
π²ππΜπππππ π’ πππππ πππΜπππ
ππ’π ππ’π
β‘β‘β‘