Capítulo único
ֶָRoomies, sexo sin protección, lencería femenina. Universitarios AU.
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La vida a sus cortos veinticuatro años de edad no podía ser más tranquila, a pesar de ser muy joven, Lando disfrutaba demasiado de las cosas simples. Le gustaba el silencio, hacer ejercicio o tomar su característico café americano mientras caminaba hasta la universidad mientras escuchaba su playlist de jazz, cosas simples que no afectarán su vida como estudiante. El apellidado Norris recalca constantemente la idea de disfrutar de la simpleza porque hubo momentos donde se vio obligado a hacer muchos sacrificios. Cuando el alquiler aumentó y su mísero sueldo ya no alcanzaba para cubrir sus gastos tuvo que tomar una serie de complejas decisiones hasta encontrar una solución definitiva. Lando no era bueno compartiendo su espacio pero la idea de buscar un compañero de departamento no fue mala cuando la necesidad de un poco de dinero extra se hizo aún más grande.
Estuvo trabajando en varios lugares hasta que Oscar le tiró la idea de conseguir un compañero de apartamento para dividir los gastos. Se reunió con mucha gente extraña hasta dar con el compañero perfecto, Franco era su nombre. El chico era precioso, la representación de un dios griego y lo mejor del mundo era que era calmado y siempre pagaba en tiempo y forma. Su presencia no era del todo silenciosa pero era calmado dentro de todo y siempre le dedicaba una sonrisa antes de irse, detalle que si hubiera sido de parte de alguien más Lando ni le hubiera prestado atención, pero aquel castaño era muy difícil de ignorar y si podía admitirlo en voz baja, la razón de que no busco más compañeros después de la llegada del castaño no solo fue debido a su buen perfil y tranquila presencia… su irremediable belleza también formaba parte de las razones por la que firmó contrato con el contrario.
Franco Colapinto era el hombre soñado por Lando.
Siendo viernes por la tarde luego de cursar sus últimas materias el pelinegro se encontraba volviendo a su hogar. Tenía antojos de hamburguesas y papas fritas, por lo que con una sonrisa interna se dedicó a mensajearle a su compañero, esperando que este tuviera la mismas ganas de él de cenar juntos comida chatarra.
Al llegar a casa el aroma a lavanda y el silencio lo recibieron de lleno, después de dejar sus cosas en la entrada y vestirse con ropa cómoda el moreno se dedicó a juntar su ropa sucia antes de comenzar a preparar la cena. Era su turno de lavar la ropa por lo que a pasos lentos se adentro al pequeño lavadero, notando como el cesto de ropa de su compañero se encontraba más lleno y desbordado de lo normal, lo cual era un poco raro.
Con una mueca de confusión en su rostro se dedicó a alzar la ropa que se encontraba en el suelo, extrañado del pequeño desastre que tal vez Franco había dejado luego de irse al trabajo. Si bien el castaño era perfecto en muchos sentidos, había veces que se lo podía tachar de impuntual cuando se quedaba más de lo esperado estudiando o jugando videojuegos. En consecuencia, Lando trató de ignorar el desastre de ropa y se dedicó a separarla por colores, notando como de las oscuras prendas de Franco caía una fina tela rosa.
El pelinegro tuvo que parpadear varias veces, creyendo que era su cabeza la que le estaba pasando una mala jugada, ¿acaso eso era..?
Con mucho cuidado se acercó a la prenda, tomándola lentamente y abriendo aún más los ojos al notar lo que era. Una braga de encaje rosado pastel. Esta se veía delicada y tenía bonitos detalles como moños y encaje del mismo color, pero eso no era lo importante en esos momentos, ¿qué hacía una prenda de ropa interior femenina en su casa, donde vivían dos hombres solteros? La cabeza del apellidado Norris no tardo en pensar alguna respuesta coherente, cayendo en la triste realidad que se había negado a aceptar hace algunos meses, ¿Franco era heterosexual?
Si bien Lando era gay, le había costado descifrar las inclinaciones del castaño, pero algo le decía que Franco era todo menos hetero, aunque su mente tratará de hacerle creer que aquel castaño no tenía deseos por el sexo femenino aun le causaba curiosidad saber que hacía aquella prenda entre las de su compañero. Independientemente de si el castaño era heterosexual o no, Lando prefería no tener que toparse con aquellas sorpresas por lo que mentalmente se tatuó la idea de hablarle al castaño sobre su percance. Si Franco se estaba cogiendo a alguna chica que lo hiciera pero que se ahorrará aquellos inconvenientes.
Lo que resto de la media hora Lando se dedicó a lavar la ropa y limpiar la cocina de manera automática y con su cabeza divagando, no iba a negar que la situación se estaba agrandando más y más en su mente por lo que limpiar era una buena manera de distraerse de vez en cuando, hasta que el ruido del cerrojo fue más fuerte que sus pensamientos.
El pelinegro tragó en seco mientras limpiaba sus sudorosas manos contra su larga camiseta sin mangas, usualmente la usaba para hacer ejercicio pero últimamente los días estaban siendo demasiado calurosos para su gusto por lo que había optado por usarla junto a su ligero short de fútbol.
Un castaño hizo acto de presencia segundos después, con sus cabellos alborotados y mejillas rojizas, dándole una imagen demasiado pura e inocente. Franco se veía precioso cuando sus mejillas brillaban en ese tono rosado, causando que Lando pensara en que color tomarían si se encontrara haciendo otra cosa.
– Llegué – saludó con una sonrisa suave el castaño mientras dejaba algunas bolsas en la mesa del comedor, Lando aun mudo lo observó detenidamente, notando como el castaño tomaba algo de aquellas bolsas rápidamente y se acercaba a la nevera– Compré unas cervezas, parecen nuevas, podemos probarlas más rato– comentó sonriente.
Lando tragó en seco mientras asentía en silencio, buscando entre los rincones de su mente el valor que había creído que tenía para hablar del tema. El castaño, no sorprendido por su silencio se dedicó a guardar sus cosas, caminando hasta su habitación para cambiarse el uniforme de trabajo.
El moreno trató de no pensar demasiado y luego de recoger desastrosamente la casual prenda del baño (ya que la había dejado nuevamente en el cesto) con la idea de dirigirse hasta la habitación de Franco, fue sorprendido cuando este se encontraba entrando al cuarto de baño y lavado, esta vez vistiendo con ropa cómoda y un bollo de prendas oscuras bajo el brazo.
Lando trato de no hacer obvio su reacción. Estaba muy nervioso pero su mente se las arreglaba por solo concentrarse en el cuerpo de Franco vestido por aquella gran camiseta, la cual lo hacía ver tierno y pequeño pero a la vez dejaba a la vista sus lechosos muslos.
– Perdón si hoy deje un desastre el cesto, me llamaron más temprano para cubrir a Alex – se disculpó el castaño, riendo ante la distancia que existía entre ellos debido al insistente deseo del moreno de escapar de la habitación, lo cual denotaba su nerviosismo y torpeza.
Lando negó con la cabeza y dedicándole una sonrisa nerviosa, restándole importancia al asunto mientras apretaba la pequeña prenda entre sus manos, juntando el valor que había creído tener desde un inicio. Entre sus dedos la elevo lentamente, tratando de no tocarla demasiado, notando como Franco cambiaba su suave y templada expresión a una de sorpresa y seriedad de manera inmediata, moviendo sus orbes de forma nerviosa sobre la prenda y intercalando con Lando, quien tenía una mirada aún más confusa y nerviosa.
– Eh–h, se cayó mientras separaba un poco de ropa para lavar, estaba entre tus cosas– informó en un tono bajo y calmado, cosa que hasta a él mismo le sorprendió. Podía sentir el sudor frío bajar por su nuca y cómo sus dedos poco a poco se habían comenzado a enfriar, cosa a la que estaba muy acostumbrados cuando se encontraba nervioso.
– Y–yo p–puedo explicarlo– murmuró el castaño, ardiendo de vergüenza.
Si hubiera sido en otro contexto, el estado de su compañero le hubiera parecido tierno, pero en esos momentos Lando se mordía la lengua, repitiendo un ‘’te lo dije’’ debido a que la idea de que su compañero era heterosexual estaba siendo confirmada. Su cabeza era un gran caos como para pensar en alguna respuesta en concreto que aligerara el ambiente.
– N–no importa Fran…– le comentó con una voz tranquila, aunque haya tartamudeado– Si traes a tu novia a casa está bien, solo que tratemos de que estas cosas no pasen de nuevo, es un poco incomodo– trató de apaciguar la tensión, riendo nervioso mientras veía las expresiones de Franco cambiar constantemente en esos largos segundos.
El castaño calló unos segúndos antes de largar una gran y melodiosa carcajada, dibujando una bella sonrisa en sus labios. Ahora el confundido era Lando, quien tenía una expresión aún más indefinible. ¿Qué era lo gracioso ahí?
– No tengo novia, Lando…– reveló el castaño mientras limpiaba sus ojos debido a las lágrimas que se le habían formado debido a la risa. El argentino soltó un suspiro alto mientras dejaba el bollo de ropa sucia con el que venía cargando en su cesto correspondiente, hasta tomar entre sus dedos la prenda, acariciando demás los dedos de Lando.
– Pero entonces…– el de cabellos negros trato de formular una pregunta, pero el inesperado roce junto la mirada brillosa del argentino lo interrumpió mudamente, aumentando su nerviosismo.
La mirada de Franco había cambiando completamente a una más coqueta y altanera, al igual que su postura.
– Esta tanga es mía… Seguro de la prisa hoy no me di cuenta, perdón si te hice creer cualquier cosa.
Y aunque el castaño había pronunciado muchas palabras en esos segundos, la mente de Lando sólo podía repetir el hecho de que su roomie no tenía novia y por ende aquella tanga rosada de encaje era de Franco.
– ¿T–tuya?– preguntó sorprendido, auto regañándose por lo idiota que había sonado. Las cosas ya estaban fuera de su control, aunque Lando hacía todo lo posible para controlar sus reacciones, la cercanía y nueva personalidad que había adoptado el castaño lo estaba mareando.
Franco asintió mientras le dedicaba una fugaz mirada a la prenda entre sus dedos hasta ir a parar a su roomie, quien mantenía un porte rígido, aun con aquella expresión confusa.
– Si, ya sabes, me gusta experimentar cosas nuevas y la ropa interior femenina es muy cómoda– el castaño no supo porqué de la nada comenzó a dar aquellos detalles, pero no iba a negar que disfrutaba ver la expresión de Lando, más bien, no iba a negar que disfrutaba solo el hecho de verlo. El moreno era más alto, hombros anchos, fuertes brazos y una tersa piel besada por el sol. No era tonto y mucho menos ciego como para disfrutar de la vista que Lando le estaba proporcionando con aquella camiseta sin mangas, dejando a la vista aquellos fuertes y venosos brazos. En su oscuro interior, Franco no deseaba más que ser apresado por esos fuertes brazos.
El pelinegro tragó en seco ante la información recibida y asintió aun sorprendido, tratando de dar alguna respuesta no idiota y fallando en el intento.
– Oh, e–eso es genial Fran– murmuró sonrojado, observando para otro lado, huyendo de aquellos brillosos orbes.
La situación era un poco incómoda para el mayor y la nueva información más la imagen de su compañero en bragas le estaba dando problemas en su entre pierna, causando que su postura cambiará repentinamente, brindando una imagen un poco más vulnerable.
Franco correspondió con una sonrisa mientras se acercaba lentamente al pelinegro, tomando de manera lenta una de sus manos y tratando de que el roce fuera lo más sutil posible. A la mierda, estaba teniendo la oportunidad de acorralar a su roomie y no iba a desperdiciarlo.
– Sí, tengo varías de distintos colores, si quieres te las muestro.
Aquella sonrisa compuesta de perfectos dientes y la suaves caricias en sus manos fueron suficientes para cegarlo por completo, hasta que minutos después Lando se encontraba sentado al borde de la cama de su compañero, en la habitación de este, esperando ver aquella famosa colección de bragas. Franco se encontraba de espaldas a él mientras rebuscaba en sus cajones, tarareando alguna melodía que el rizado desconocía pero que tampoco le prestaba atención. Lando estaba lo suficientemente ocupado en tratar de volver a sí mismo.
El castaño no tardó en darse vuelta mientras entre sus manos traía consigo varias prendas de distintos colores. Desde su lugar el rizado podía notar los diversos colores pasteles junto a las diferentes telas que estas poseían.
– ¿No son bonitas?– preguntó sonriente el argentino parado frente a él. Lando desvió la mirada de la inusual colección hasta el rostro de su compañero, encontrando su bonita sonrisa.
Asintió mudo mientras trataba de no suspirar ante el nuevo toque que Franco le estaba propinando en uno de sus hombros, metiendo sus dedos entre la camiseta y rozando la desnuda piel de su hombro. El simple roce había sido suficiente para mandar un cosquilleo a su pene, aumentando su erección.
– ¡Oh, me olvidé de una!– comentó fingiendo sorpresa mientras volvía hasta los cajones donde había estado hurgando hace rato. El argentino dejó las prendas nuevamente en estos hasta que se acercó nuevamente a él, pero esta vez con las manos vacías y una sonrisa aún más marcada.
– ¿Cuál es la que te olvidaste, Fran?– preguntó el moreno con su voz ronca y seca, denotando la excitación por la que estaba pasando. En esos momentos Lando ya ni se molestaba en esconder su dura erección que empujaba contra su bóxer.
Franco le dedico una sonrisa antes de darse vuelta en el mismo lugar, inclinando un poco su trasero enfrente del pelinegro hasta que sus manos fueron al inicio de sus cortos shorts, bajando lentamente la prenda, revelando una linda tanga de encaje negro, lo suficientemente delgada como para no dejar nada a la imaginación del moreno, quien gimió internamente ante tal escena que estaba presenciando. Sintió un fuerte tirón en su pene mientras veía aquellos blancos y regordetes cachetes que su compañero poseía. A Lando no le molestaba ahogarse en esas nalgas.
El short de Franco cayó hasta sus tobillos, donde de manera elegante se libró de ellos, poniéndose de frente una vez más, mostrando aquellas largas y tonificadas piernas que poseía con orgullo.
Lando había dejado de respirar desde que vio como la polla de su compañero se encontraba erecta entre aquella fina tela negra. El deseo de bajar aquellas bragas con sus dientes y romperla en dos era cada vez más grande, por lo que sucumbido a los pensamientos placenteros que lo atacaban, se acomodó aún más en la cama, inclinándose mientras veía de pies a cabeza a su compañero, quien sólo llevaba puesto aquella tanga junto a una camiseta lo suficientemente corta como para dejar a la vista de su cintura para abajo. Lo que estaba presenciando sin duda era muchísimo mejor que sus pensamientos.
– ¿Qué opinas, Lando?– murmuró travieso el argentino mientras lentamente acariciaba con ambas manos los hombros del pelinegro, pasando sus piernas por encima de este, sentándose en su regazo y moliéndose contra el pene duro de Lando. Franco estaba cumpliendo su sueño de montar a su roomie e iba a disfrutar cada momento que le sea posible.
El pelinegro gruñó ante el rose de aquellas regordetas nalgas contra su falo mientras sus manos buscaban contacto con la suave piel de las caderas del menor, haciendo a un lado la molesta camiseta y acariciándolo lentamente, escuchando gustoso aquellos suspiros que Franco dejaba escapar.
– Te queda hermosa esa tanga– comentó ido mientras acercaba su rostro al pecho del castaño, rozando sus pezones sobre la tela y dejándose llevar por el deseo, chupándolos aún sobre esta y humedeciéndola.
Franco gimió esta vez más fuerte mientras su mano se posaba en la nuca de Lando, atrayéndolo más hasta sus pechos, rogando por más contacto contra sus duros pezones.
El rizado no necesito una invitación más clara que subió la prenda lo suficiente hasta dar con aquellos rosados y duros botones, apretando entre sus labios mientras los recorría con su lengua, gustoso de escuchar los fuertes suspiros del castaño.
El deseo por más contacto llevó a Franco a mover sus caderas, moviéndose aún más insistente contra aquella dura polla que Lando poseía. La tela de los shorts del mayor era fina por lo que el castaño podía casi sentir por completo toda esa extensión contra su culo, el cual se contraía ansioso por ser llenado y abusado por esa polla.
Lando gimió ronco contra uno de los pezones de Franco, simulando una estocada contra aquel glorioso culo que se restregaba contra su pene.
– ¡Lando!– gimió en alto el castaño, disfrutando de la idea de ser penetrado en aquella posición. El simple hecho de tener por completo aquella polla en su interior lo hacía ver las estrellas– No aguanto más, ya follame– rogó desesperado, disfrutando de los dientes del menor maltratando sus pechos y pezones, los cuales estaban duros y rosados.
Las grandes y venosas manos de Lando tomaron ambas nalgas de Franco, pegando más a él mientras se elevaba lentamente para dejar al menor esta vez sobre la mullida cama.
– Quítate la camiseta, pero déjate la tanga– demandó ronco mientras dejaba una suave caricia contra la mejilla del castaño, quien sollozo excitado ante la orden.
Lando por su parte se dedicó a sacarse su ropa lo más rápido posible, dejando a la vista su duro pene.
Por su parte Franco sin hacerlo esperar acato la orden, no sin antes hacer una parada rápida en el cajón de la mesita de luz que estaba al lado de su cama, sacando algunos condones y una botella de lubricante de manera rápida.
Lando alzó la cejas, aun un poco sorprendido pero dispuesto a actuar. Tomó asiento nuevamente en la cama del castaño, esta vez dejando libre su erección. La cual recibía la intensa mirada del castaño debido a lo grande y venosa que era. Franco sabía que Lando daba vibras de tenerla grande y nunca había estado tan feliz de haber acertado.
Una vez el menor ya estaba ubicado, Franco tomó asiento nuevamente sobre el pene de Lando, gustoso de sentirlo desnudo junto a su culo. La idea de ser llenado lo estaba impacientando, por lo que comenzó con leves roces entre sus entrepiernas, besando con deseo los carnosos labios de Lando. Las ganas de montarlo eran inmensas.
– V–vamos Lando, métela – pidió lloroso el menor.
El castaño sonrió ante el pedido y dejó un suave beso en uno de los pezones del castaño antes de golpear una de sus nalgas con su mano firme, gustoso de la suavidad de estas.
El sonido del “bop” del lubricante alertó los sentidos del castaño. Lando estaba vertiendo el lubricante por sus dedos mientras que alejaba la tanga, dejando expuesto su ansioso agujero. Franco iba a ser follado con aquella tanga que tanto adoraba. Una de sus fantasías se estaba haciendo realidad. Alzó aún más su trasero y suspiró gustoso cuando los dedos lubricados del mayor se abrieron paso por su ano, llenándolo por completo.
Un gemido ronco escapó de los labios del pelinegro al notar como aquel agujero tragaba sus dedos. Comenzó a moverlos lentamente, adentrándose de a poco y haciendo movimientos circulares, disfrutando de los suaves gemidos que Franco trataba de contener.
– Me masturbe hace unas horas, no es necesario que me prepares tanto– confesó ahogado el castaño mientras hundía su rostro en el hombro del moreno, abochornado por la confesión.
Lando suspiro ansioso mientras sacaba lentamente sus dedos, rebuscando entre la cama alguno de los condones. La situación lo estaba matando lentamente, nunca se hubieran imaginado llegar a ese punto.
– S–sin condón, por favor– rogó una vez más Franco– Quiero sentirte entero, Lando.
Y tal vez estaba siendo demasiado idiota al acatar aquel pedido, pero la idea de sentir por completo el interior del menor fue más que tiro por ahí el preservativo, masajeando su pene por unos segundos más hasta presionar el glande contra el agujero del castaño, gimiendo ronco ante el calor y la estreches que lo estaba recibiendo. A pesar de haberse masturbado antes el agujero de Franco se encontraba malditamente apretado, logrando que dejara escapar algunos roncos jadeos mientras se acostumbraba.
Pasaron unos segundos hasta que su pene estuvo por completo en el interior de Franco, quien sollozaba gustoso de ser llenado, moviendo sus caderas de manera inconsciente y buscando con deseo los labios del moreno. Franco quería todo de Lando. El miembro en su interior era grande y grueso, con venas sobresalientes que rozaban en su interior, abriéndolo muy bien.
El castaño no alcanzó a sollozar porque se moviera que Lando salió de lleno, dejando solo su glande dentro del castaño hasta volver a embestir, haciendo que sus testículos golpeen contra las redondas nalgas del castaño, las cuales con cada nueva embestida se batían fuertemente.
El sonido húmedo y el constante chapoteo inundaba la habitación junto a los gemidos roncos de Franco, el cual disfrutaba como su polla rozaba contra la tela de su tanga y el pecho fornido de Lando con cada nueva embestida. La polla de Lando abría su interior hasta que el glande llegó a dar con su próstata. El castaño chilló sorprendido y se deshizo en gemidos inentendibles cuando el moreno siguió penetrando en aquella dirección, haciéndolo ver las estrellas con cada nuevo empuje.
El castaño observaba la habitación con la vista borrosa, meciéndose sobre el regazo del moreno notando el desastre que se había convertido todo. Su cama estaba desordenada, había ropa en el suelo y la cama chocaba constantemente contra la pared, acompañando los sonidos lascivos de Lando.
– A–ah, t–tu pene es tan rico, Lando~– halago ido el castaño, demasiado degustado con el duro y constante vaivén de caderas que Lando efectuaba. Hace meses el castaño soñaba con aquella situación; el bajo la merced del pelinegro recibiendo de lleno aquel gran pene con duras embestidas. No le importaba la idea de no poder caminar mañana, era sábado y si las cosas se ponían de su lado iba a hacer lo posible para que Lando se lo cogiera en cada rincón de esa casa. Si podía elegir, prefería ser follado contra la barra de la cocina o en el sofá.
– Estas tan apretado, tu culo se está tragando mi polla– hablo ronco y desesperado el moreno, arremetiendo fuertemente contra esas nalgas. El interior de Franco estaba caliente apretado, obligando a Lando a suspirar entre las embestidas debido al placer que estaba sintiendo. La excitación era demasiado alta junto a la bella imagen de su roomie deshaciéndose a gemidos encima suyo. Lando nunca imaginó tener a Franco montándolo. Una de sus manos seguía apartando aquella tanga mientras que la otra acariciaba y apretaba uno de los cachetes del menor, no conteniéndose a darle algunas nalgadas marcando aquella pulcra piel.
Si Franco ya se encontraba ido la situación, aquella fuerte nalgada que Lando le dio fue suficiente para que se corriera en su tanga, soltando un gemido de satisfacción al notar como su culo apretaba aún más el miembro del moreno, sacando algún que otro gemido ronco. Franco no quería volver atrás, quería ser el único en hacer gemir a Lando de esa manera.
Su polla se encontraba aún más sensible y con las embestidas que Lando aún le estaba proporcionando, Franco se dejó caer, siendo sostenido por su roomie quien abrazó aún más su cintura, acercándolo más y aumentando las embestidas, corriéndose fuertemente en su interior.
Franco sollozo con la voz rota cuando sintió el caliente líquido en su interior, gimiendo gustoso por la idea de estar bañado por el semen de Lando. Este trataba de recobrar el aire mientras sacaba lentamente su pene del interior del castaño, sonriendo de oreja a oreja al notar el desastre del que él había sido parte. Su semen brota poco a poco del dilatado agujero del menor, manchando a su paso el encaje de aquella tanga y escurriéndose por sus muslos.
Sin duda, la situación había tomado un rumbo interesante para Lando y trataría de disfrutarla al cien junto a su roomie.








