1.
Les contaré una historia. No decido aun si es una historia con un final feliz, romántica o con mucha acción. Solo es una historia común, esperando que al final decidas que fue...
Todo inició en el día más caluroso del año. Era uno de esos días en donde lo único que buscas es la refrescante sombra de un árbol o un momento dentro del mar. La mayoría de las personas se encontraban en las orillas del pueblo, rodeados de un azul celeste hermoso, asando algo de carne con verduras o incluso filetes y pescados. Compartiendo una bebida dulce e incluso algo de licor. Los niños jugando, salpicando y nadando. Sus madres sentadas en la suave arena con un sombrero para cuidarse del sol. Algunos ancianos cantando o tocando algún instrumento y otros contando historias de piratas. Todo el pueblo estaría ahí en un día como este, pero yo no.
Clases de violin, piano y canto. Clases de pintura, dibujo... Historia, geografía, incluso política. Todo esto y solo era medio día. Las aves cantaban al sonido de los instrumentos que resonaban por toda la casa. Como si nadie estuviera. Ahí es donde entro yo... Marielle Nightgale. Mi pueblo esta en la Isla Nightingale, mi padre es el Alcalde, Raihori Nightgale , hijo de Nathaniel Nightgale... y la lista sigue y sigue. Y justo como lo piensas, vengo de una larga familia desde los inicios de este pueblo. Mi herencia y mi ¿legado? Ni siquiera se que quiero para almorzar, pero una cosa se muy bien, pronto tendré que casarme y dar un “heredero” varón. Verán, yo fui la segunda hija, el repuesto. Ni siquiera soy la primera opción... Ese fue mi hermano, Gull. Él era el primogénito, el heredero, la vida de mi padre —junto a mi madre—, y no es que no me amara, pero viniendo de una familia donde el primogénito debe ser varón y el puesto pasa de generación en generación, yo tenía otras prioridades como por ejemplo, vivir mi propia vida sin altas expectativas y casarme con algún noble o bueno para nada. Mi madre siempre me contaba como fue que se enamoro de mi padre y como ella venía de una vida no bien vista. Mi madre fue nada más y nada menos Ladgerda Gathenheim. ¿No te suena? Tal vez no, pero fue parte de una tripulación pirata antes de la muerte de Roger. Mi madre creció entre piratas y así enamoró a mi padre. Como un cuento de hadas, amantes desaventurados, algo digno de estar en una historia y fue muy real. Cuando era pequeña, mamá jugaba con Gull y conmigo a eso de los piratas. Dibujamos un ruiseñor en el brazo como si fuera nuestra insignia —al final del día, si lo era—. Mamá era la capitana y Gull su primer oficial, yo terminaba siendo una más de la tripulación, y estaba bien con ello. Jugábamos por horas o hasta que el hambre o cansancio nos derrumbaba. Nuestro pueblo estaba también bajo el cuidado de los Marines del Gobierno Mundial, por lo que nos sentíamos más seguros... La última vez que mi pueblo pereció por los piratas fue justo el día donde mis padres se conocieron.
El barco llegó a media noche, mientras todos dormían. Sigilosamente entraron en las casas y robaron comida, dinero y objetos de valor. Sin hacer nada de ruido, mamá junto con mi abuelo, entraron en la mansión, suponiendo que estarían durmiendo. Ladgerda era pequeña y ágil por lo que entró y comenzó a guardar cosas en la bolsa que llevaba a su costado. Cuando pensó que había salido sin ser vista, su mirada se encontró con la de Raihori. Éste último no dijo nada, estaba asustado y sin saber que hacer. Ella se disculpó pero diciendo que ”No era nada personal“. Papá la dejó ir sin saber que la vería de nuevo ocho años después, solo que esa vez no era la misma niña castaña y con manchas de suciedad por el rostro, ahora era una señorita decente paseando por las calles del pueblo y ahí se volvieron a encontrar. Fue justo el día del anuncio de su matrimonio que Ladgerda reconoció la mansión. Apenada, se disculpo pero Raihori le confesó que esa noche había sido la noche más emocionante que hubiera tenido. Él había soñado salir de ese pueblo en contra de su padre y buscarla como fuera, sin pensar que se reencontrarían en otro momento y desde ahí todo cambio. Se casaron en una gran celebración por todo el pueblo e incluso la isla. Y fue una celebración aun mas grande cuando Gull nació. Como mencioné anteriormente, mi padre venía de una larga dinastía de primogénitos varones, y mi hermano no había fallado. Con esto no quiero decir que yo no haya tenido el mismo trato y tampoco quiero poner a mi hermano como el antagonista, solo quiero que recuerden que en esta sociedad o al menos de donde vengo, es mal visto que una mujer sea la primera en nacer. Por un tiempo, mi vida fue tranquila, divertida, y hasta cierta forma normal. ¿Por qué de la noche a la mañana cambió todo?
Piratas.
De nuevo.
Esta vez, mi madre murió tratando de protegernos, hizo todo lo posible y eso significó sacrificar su vida, pero no pudo salvar a todos. Gull se fue también.
Conforme fui creciendo entendí a mi padre, estaba dolido, triste, molesto, preocupado, frustrado... así que me instruyó a ser la heredera única. El único obstáculo era que debía casarme. Suena sencillo, pero cuando sabes que no todos tienen buenas intenciones, entonces debía ser protegida a cualquier forma. De hecho, mi vida corría peligro desde el inicio. Siendo la única heredera, si algo me pasaba, entonces se acabaría la dinastía. Así que papá me prohibió estar a solas con personas ajenas al personal. Ellos probaban mi comida antes que yo, hacían guardias de noche fuera de mi habitación. Siempre detrás de mi cuando tomaba mis clases. Nunca estaba sola.
Esa mañana calurosa, mi padre interrumpió una de mis clases. Se veía emocionado, feliz incluso. Aplaudiendo, tomo de los hombros a mi nana y con una gran sonrisa en su rostro se giró hacía mi.
— ¡Hija mía! —su voz hizo eco en todo el salón— Tengo noticias fabulosas. Esta noche llegará un invitado muy importante. He esperado este día por meses. Ya todo esta preparado, solo necesito que luzcas hermosa esta noche.
— ¿A caso no soy hermosa siempre? —dije soltando una risa— Descuida, haré todo lo posible para que esta noche sea perfecta.
Dentro de mi estaba gritando de miedo. Sabía lo que eso significaba, papá había convencido por fin a nuestro aliado más importante. Desde hace años supe que quería hacer una alianza con su hijo y conmigo, aunque, nunca había visto al chico, nadie de aquí lo había visto. Así que esa noche sería el compromiso que nuestro pueblo tanto buscaba para un mejor futuro. Era una labor sencilla, ya que siempre esa era una costumbre entre los nobles y siempre fui instruida en ello, haciéndome a la idea de que el amor era comprado y con un poco de suerte, tendría la oportunidad de que ambos termináramos enamorados y una vida feliz.
Fui de inmediato a mi habitación, siendo casi arrastrada ahí ya que sentía que nada de esto era real. Los sirvientes comenzaron a llenar la habitación de varios cambios de ropa e inmediatamente comenzaron a cambiarme. Todo estaba pasando algo rápido. Al paso de dos horas, la mansión estaba siendo llenada por personas de todo el pueblo, así como de personas importantes. Me dio un poco de miedo pensar que todos estaban esperando este día o que sabían que hoy sería un día especial, pues yo no tenía idea de como ocurrió tan rápido. Fuimos al muelle de desembarque, con un grupo de gente siguiéndonos. En el camino, todos a quienes veíamos sonreían y me deseaban la mejor suerte. Al inicio, mi instinto fue agradecerles el gesto hasta que algo no parecía normal. Pude notar a varios con banderas del Gobierno Mundial...
Mi pueblo, la isla en donde vivía no pertenecía al dicha organización. Según mi padre, el precio a pagar subió descaradamente que se decidió no continuar, por eso mis padres se conocieron y también fue la razón de la muerte de mi madre. Estábamos desamparados... por un tiempo.
Esto significaba una cosa, yo era parte de una negociación para ser protegidos por ellos, sin el precio tan alto, bueno... entregar mi vida a una persona desconocida era el precio exacto. Dicho pensamiento continuó rondando mi mente hasta llegar a donde los conoceríamos. De repente, comencé a temblar y sentir frío, ¿nervios? Quizá. Mientras el barco se acercaba y la gente gritaba con lo más profundo de su cuerpo. Sentí la boca seca, el aire me faltaba y comenzaba a marearme. Pude notar una silueta con un traje azul oscuro y conforme se acercaba podía ir detallando como era. Alto, cabello oscuro, barba y ojos azules. Una sonrisa egocéntrica y una mirada profunda. Los síntomas seguían intensificándose mientras mi padre lo saludaba con todo el respeto y emoción. Escuché su voz llamarme un par de veces, pero lo escuchaba algo lejos.
—Ella es mi hija —Papá dijo con una enorme sonrisa.
—Maxwell —respondió con una voz grave—. Es un placer. En nuestro viaje nos encontramos con un pirata novato —dijo en tono burlón y al mismo tiempo serio. Hizo un par de señas a sus lacayos para que lo mostraran— Un regalo de compromiso.
Pude sentir una sonrisa en su rostro, pero mi mirada estaba fija en dicho “regalo”. Era solo un chico peleando por su vida. No lo pensé, mis pies comenzaron a caminar o correr hacia él. Algo me jalaba hacía él. Llegué a donde estaba pidiéndole a quienes lo sostenían que lo dejaran ir y ellos solo comenzaron a reír para después dejarlo caer al agua. Escuché un fuerte quejido del chico mientras caía y después un gran golpe, sin pensarlo fui tras él.
— ¡¿Estás bien?! —pude decir al salir a la superficie de nuevo.
— ¿Por qué lo hiciste? —dijo perplejo, rodeándome con sus brazos— Gracias de verdad, pensé que iba a morir... —Su actitud me confundió un poco. Me deje llevar por él y volvimos a tierra— ¡Espera! —gritó tocándose la cabeza— Mi sombrero, estoy seguro de que lo traía puesto... No lo puedo perder así como así...
Mientras hablaba, me giré hacía el mar, mis ojos buscando un sombrero hasta que ambos lo vimos, pero antes de poderle avisar, su brazo se estiró de una forma nunca antes vista y volvió a él. Por un momento me asusté, pensando que había muerto o algo por el estilo. Lo miré de nuevo con el sombrero puesto.
— ¡Gracias de verdad! Te debo una —su rostro radiaba de alegría, pero la sonrisa desapareció casi de inmediato— ¿Estás bien? —me miró de arriba a abajo— Tu vestido, estás empapada, lo siento mucho...
—Tu sombrero —dije por fin sin quitarle la mirada de encima—. ¿Dónde lo encontraste?
—Bueno, es una excelente pregunta, solo que la historia es muy larga... —sonrió pasando su mano por detrás de aquel sombrero.
— ¡Quítatelo! —intenté tomarlo al ver que mi padre y el otro presumido se acercaban.
— ¿Por qué? —Dijo esquivándome.
—También es una larga historia —dije con dificultad hasta tomarlo—. Lo siento.
—Creo que tienes tus razones...
— ¿De que razones hablan? —Mi padre interrumpió y yo logré ocultar el sombrero debajo de mi vestido.
—Padre, lo siento mucho —aclare mi garganta—. Tuve un mal recuerdo y bueno...
—Entiendo —me abrazó fuertemente—. Querido Maxwell, una disculpa por las acciones de mi hija, es solo que aquí no creemos en la ejecución de ninguna tipo.
Maxwell ladeo la boca, aunque no estaba de acuerdo, asintió lentamente tomándome del brazo, y deslizar su mano hasta llegar a la mía.
—Mis disculpas, será un placer poder conocerte mejor —se acercó a mi hasta el punto de notar que el azul de sus ojos eran también un poco verdes— Fascinante, de verdad —sonrió y se quito el saco que traía puesto para ponerlo sobre mi—. Nos veremos mas tarde, por favor cuídate.
Mi padre se quedó con él, al mismo tiempo que me hicieron volver. Dentro me esperaba un baño caliente para relajarme un poco. Poco después, me puse uno de los muchos cambios de ropa que habían dejado para mi. Varios eran de mi madre, a ella le gustaban los vestidos coloridos y las flores, por lo que tomé uno rosado con algunas flores cocidas. De igual forma tomé el saco de Maxwell, quería devolvérselo lo más pronto posible. Una de las chicas que servía tomo el vestido mojado, dejando caer aquel sombrero de paja. Cuando vi que lo tomó, solté el saco inmediatamente.
— ¡No! —dije arrebatándole el sombrero sin darme cuenta de la intensidad de mi voz— Lo siento, uhm, puedes retirarte, gracias.
La chica me sonrió y me dejo sola en la habitación. Observé el sombrero en mis manos, era tan familiar pero al mismo tiempo se sentía ajeno y desconocido. Un aire de melancolía me rodeo en ese momento, las lagrimas comenzaron a recorrer mis mejillas y podía sentir mi corazón dolerme. Me sentía completamente vacía en ese momento.
Lo recordé.
Recordé su voz, su mirada, su nombre...
Estaba perdida... Jodida, mejor dicho.








