Un nuevo comienzo
La luz era cegadora. Un resplandor dorado cubría todo mi campo de visión mientras una brisa cálida agitaba las hojas a mi alrededor. Poco a poco, mi vista comenzó a enfocarse, revelando un prado extenso donde la hierba alta se balanceaba suavemente con el viento.
El sonido de pequeños pasos y murmullos agudos me alertó. Entre el pasto, diminutas criaturas corrían apresuradas, como si huyeran de algo. Frente a mí, uno de ellos quedó atrapado en una maraña de raíces. Era un ser extraño, parecido a un conejo, pero con un pequeño cuerno en la frente.
Lo observé con detenimiento y, al bajar la mirada, una sensación extraña me recorrió el cuerpo. Mi piel… o lo que debería ser mi piel, había cambiado. Ya no veía mis manos, ni sentía mi cuerpo como antes. En su lugar, una silueta peluda y diminuta se reflejaba en la superficie cristalina de un charco cercano.
—¿Q-qué…? —murmuré, aunque mi voz sonó más como un leve chillido.
No era un humano. No era lo que recordaba de mí mismo. Antes… estaba en el hospital. Podía recordar las sábanas blancas, el olor a medicamentos y la sensación de debilidad recorriendo mi cuerpo. Pero ahora… ahora era una de estas criaturas.
Antes de que pudiera seguir procesando lo que ocurría, una figura más grande emergió del pasto. Su pelaje estaba cubierto de cicatrices, y sus ojos reflejaban una autoridad natural. Era el líder.
—¡Eros ha llegado! —exclamó una de las criaturas más pequeñas, retrocediendo con respeto.
Eros se acercó al pequeño conejo con cuerno que había quedado atrapado. Sin titubeos, lo liberó, pero no sin antes clavarle una mirada severa. La criatura bajó la cabeza y se alejó con rapidez, sin rechistar.
Observé en silencio. Todo indicaba que en esta manada, Eros era quien mandaba. Su porte imponente y sus cicatrices contaban una historia de supervivencia. Además, según lo que había visto, él siempre comía primero después de una cacería.
Mi mente aún estaba revuelta. ¿Cómo había llegado aquí? ¿Por qué me había convertido en esta criatura? Y lo más importante… ¿cómo iba a sobrevivir en este nuevo mundo?
Con un suspiro, miré a mi alrededor. No tenía otra opción más que seguir a la manada y descubrir qué destino me esperaba en este extraño cuerpo.