PrĂłlogo
Mingyu
Me quedĂ© mirando la pantalla del ordenador. El pequeño cursor negro parpadeĂł, pero no tenĂa idea de lo que estaba haciendo. Mi cabeza estaba demasiado mezclada para concentrarme.
Hoy es el dĂa de mi boda.
Nadie lo sabĂa, excepto mi padre. No querĂa darle mucha importancia; despuĂ©s de todo, no era como si estuviera haciendo esto porque quisiera. No, fue para ayudar a asegurar el nombre de Vitale, vincularnos a negocios más legĂtimos y aumentar nuestra riqueza y viabilidad. Con todo, mi padre tenĂa razĂłn; Fue una buena jugada. La guinda del pastel era que mantendrĂa la paz entre dos familias. PreferirĂa la paz a la guerra cualquier dĂa.
LevantĂ© mi telĂ©fono mientras sonaba. —SĂ.
—Te vas a casar esta noche —el rico timbre de mi padre me hizo sentar un poco más alto. —¿Está todo arreglado?
—SĂ, señor.
—Bien, bien —exhaló, y me imaginé uno de sus puros entre sus dedos. —Tu madre no puede saber nada de esto. Tendremos la boda real en unas semanas, pero Denji insistió en que lo hiciéramos ahora.
Estaba consciente, pero no tenĂa ni idea de por quĂ©. SaquĂ© una foto de Seulgi y me quedĂ© mirándola. Era bonita, con grandes ojos grises, una figura menuda y una sonrisa elegante. Su cabello negro azabache estaba recogido en un moño y aretes de perlas adornaban sus orejas. Con todo, era una mujer hermosa, una que claramente habĂa sido educada en el centro de atenciĂłn y sabĂa cĂłmo actuar en consecuencia. Era perfecta para mi imagen y la de mi familia.
—Tengo que admitir que esto es un poco extraño —dije, reclinándome en la silla.
—SĂ, lo sĂ©. Nunca antes habĂamos hecho este tipo de conexiĂłn.
SabĂa exactamente lo que querĂa decir sin que Ă©l lo dijera. Estábamos haciendo algo sin precedentes; Salir de la familia o de las personas cercanas a nosotros para casarnos y unirnos con personas que conocĂamos vagamente, pero con las que no Ă©ramos cercanos. Yakuza. Eran muy diferentes a nosotros. Demonios, ni siquiera incursionaron en el tráfico de drogas. Nuestras familias eran dĂa y noche; El nuestro es salvaje y hay disciplinado.
—¿Estás seguro? —le preguntĂ© a mi padre, con el estĂłmago apretado mientras volvĂa a mirar la foto de Seulgi.
—Fue idea tuya —señaló, con un tono quejumbroso indicaba que estaba al borde del disgusto. —¿Recuerdas?
AsentĂ con la cabeza, pero Âżera realmente? SĂ, estaba seguro de que era lo correcto. Cualquier cosa para hacer avanzar a mi familia valiĂł la pena. Sin embargo, mi padre fue el que lo puso todo en marcha. Él organizaba las citas, las reuniones y lo supervisaba todo. De alguna manera, se sentĂa como si me hubiera atado la garganta y me hubiera arrastrado de un lado a otro, todo mientras me hacĂa pensar que era idea mĂa.
—Mingyu. No hace falta que te explique lo importante que es esto. La tensiĂłn entre nuestras familias se ha hecho más fuerte Ăşltimamente. No queremos estropear esto. Ya casi he terminado de establecer las cosas aquĂ. Cuando regrese, espero que hayas avanzado. Haz algo de ti mismo.
—SĂ, señor —dije de inmediato, tragando saliva. —Por supuesto. Ci penserò io, padre.
—Ese es mi chico—. Se rió entre dientes. —Le avisaré a tu madre para que se ponga a planear la boda real dentro de un mes más o menos. Eso le dará algo que hacer.
AceptĂ©, pero por dentro, gemĂ. Mi madre tenĂa un dĂa de campo preparando mi boda, pero solo para poder ser el centro de atenciĂłn. No querĂa tratar con ella tanto como no querĂa casarme.
– Mingyu.
—Sà —dije, volviendo a sintonizarme una vez más.
—Agarra a esta chica, mantenla cerca, ponle un bebĂ©. ÂżBien? Eso es todo lo que tienes que hacer. Seulgi es una gran adiciĂłn a cualquier hogar. No tendrás ningĂşn problema con ella siempre y cuando le compres cosas bonitas y sonrĂas de vez en cuando. ÂżEntendido?
—SĂ.
—Muy bien. Tengo que irme.
Colgamos despuĂ©s de despedirnos. Me hundĂ aĂşn más en el cuero crepitante de mi asiento mientras me pellizcaba el puente de la nariz entre los dedos. Cásate, golpĂ©ala y sigue con tus asuntos como de costumbre mientras haces lo mĂnimo para mantenerla feliz. Fácil, Âżverdad?
No lo parecĂa.
Mi teléfono sonó sobre el escritorio. Suspirando, lo recogà después de ver el nombre de Seungcheol.
—¿S�
—Pequeño problema —empezĂł mi hermano, ni siquiera con un saludo. —Estaba ocupándome del Ăşltimo lote de facturas y me encontrĂ© con un problema. PodrĂa haber hecho un desastre.
Mierda. ÂżA quiĂ©n coño matĂł ahora? Le habĂa dado una lista de nombres para que los recogiera, los más altos que no eran fácilmente persuadidos por los tipos de nivel inferior que trabajaban para nuestra familia. Era evidente que se habĂa metido en problemas.
—Vendré en un rato. ¿Estás en casa?
—SĂ, por ahora.
—Revisaremos las facturas juntos. Voy a ver si puedo contratar a alguien de ayuda temporal también.
—Está bien, pero no lo menciones cuando llegues aquĂ.
—Lo sé, lo sé.
Seungcheol era cuidadoso con lo que decĂa alrededor de Jeonghan cuando se trataba de trabajo. El expolicĂa, y ahora su novio, era sensible a la violencia. Probablemente porque pisoteamos la cabeza de su compañero hasta convertirla en una pulpa carnosa justo delante de Ă©l. Sin embargo, eso no fue culpa nuestra. No se pudo evitar. Aun asĂ, sabĂa que Seungcheol protegĂa a Jeonghan, asĂ que mantuve la boca cerrada. Mantuvo la paz entre mi hermano y yo. Principalmente.
—Estaré allà en media hora. ¿Puede esperar tanto tiempo?
—SĂ. Voy a comer un almuerzo rápido.
—Hasta pronto.
Colgué y me froté la sien con el dedo mientras los golpes llenaban la habitación. Clavé los ojos en la puerta, apuntándola con dagas. Solo hubo un idiota que golpeó mi puerta. Jihoon.
Apreté el botón debajo de mi escritorio y él entró en la habitación con una sonrisa en los labios. Se acercó, tiró de una silla hacia atrás y se dejó caer. Como de costumbre, comenzó a mecerse, haciendo que mi estómago se revolviera mientras se balanceaba precariamente sobre las piernas.
—¿Qué? —pregunté.
Jihoon se encogió de hombros. —Nada. ¿No puedo ir a visitar?
Levanté una ceja con incredulidad. —¿Una visita? ¿Eso es todo?
—Bueno... ¿Te acuerdas de Marco?
—Sà —gruñĂ.
—PodrĂa haberle robado uno de sus coches la otra noche.
Me contuve de saltar sobre el escritorio para estrangular a mi hermano. Marco Falacci era parte de otra familia en Nueva York. La Ăşltima vez que Ă©l y Jihoon chocaron cabezas, mi hermano decidiĂł que serĂa una buena idea chupar a su novio en su coche de lujo. Como si eso no fuera lo suficientemente malo, Jihoon lo rematĂł corriĂ©ndose todo dentro de Ă©l. No hace falta decir que el cabeza de familia, Alessio, no estaba contento con eso. Marco, tampoco.
Mis dientes rechinaron. —¿Por qué?
Jihoon volvió a encogerse de hombros. —Anoche me lo encontré en un bar con Soonyoung. Ya sabes cómo es con esa puta boca—. Levantó una mano, imitando a Marco. —Yap, yap, joder. Llegaste en mi coche. No pagaste por los detalles. ¿Sabes cuánto gasté? Bla, joder, bla.
—Te dije que lo pagaras —dije mientras me levantaba de mi asiento. – Dijiste que te encargarĂas de ello.
—No, no—. Jihoon negĂł con la cabeza. —Dije que no estaba pagando por una mierda, y lo dije en serio. Cuando dije que me encargarĂa de eso, quise decir que lo joderĂa más. ¡Nunca lo aclaraste!
Mi cabeza empezĂł a palpitar. Nadie sabĂa darme dolor de cabeza como mis hermanos. Entre los dos, estaba seguro de que uno me meterĂa en una tumba prematura por el estrĂ©s. Ya no era un hombre joven. A los treinta y ocho años, estaba entrando en la era de llevar conmigo una maldita aspirina en caso de que tuviera un ataque al corazĂłn por todas las preocupaciones.
—Sei un idiota —dije con calma. —¿Lo sabes?
—Grosero. — Jihoon me sonriĂł. —Bueno, de todos modos, tenĂa una cámara en el garaje y me atrapĂł. Ahora es todo un asunto. Alessio está siendo un poco perra al respecto, diciendo que le debo dinero, y Marco se queja de que quiere hacerlo, ya sabes—. Se pasĂł un dedo por la garganta. —No es que estĂ© preocupado por ese punk.
ParpadeĂ©. —Le vas a pagar a Marco el doble de lo que le debĂas antes, y le devolverás el coche. Ahora.
—¡Vamos! — Jihoon dejó caer la silla e hizo un puchero. —¡Eso no es justo!
—¡Justo, mi culo! —espeté, señalándole con el dedo. —Hazlo.
—No puedo.
—¿Por quĂ©? —gruñĂ.
—Bueno, el auto podrĂa haberse destrozado un poco—. Cuando lo mirĂ© fijamente, levantĂł las manos en el aire. —¡Soonyoung querĂa otra lecciĂłn de manejo! Casi raspa la pintura del costado, y la parte delantera derecha está toda destrozada y...
—Arregla su coche, págale el triple y hazlo antes de que te encuentres conmigo esta noche—. Me senté, deseando que mi presión arterial bajara mientras ignoraba las protestas de Jihoon. —No voy a repetirme.
—Bien, bien —resopló. —¿Por qué estás de tan mal humor hoy? ¿Y qué pasa con esta reunión de esta noche?
—Solo estar ahà y vestirse... mejor de lo que eres ahora.
Se apartĂł de su cuerpo la camiseta que decĂa Hot Dilf. —Soon me comprĂł esto.
—No necesito saber eso. EstĂ© allĂ esta noche. VĂstete bien—. Me puse de pie. —Tengo que ir a ver a Seungcheol.
—¿Para una limpieza? SĂ, me llamĂł, pero le hice caso. SabĂa que iba a ser algo tedioso.
Caminando alrededor de mi escritorio, agarré la oreja de mi hermano y lo arrastré de su asiento. —Es bueno saberlo. Puedes unirte a mà ya que quieres joder. Vamos.
—¡Tengo que decĂrselo a Soon!
—EnvĂale un mensaje de texto desde el auto.
—Se pone quejumbroso cuando hago eso.
—El número de folladas que doy ha ido muy por debajo de cero, Jihoon.
Salimos de mi oficina. La puerta se cerró automáticamente detrás de nosotros mientras Jihoon sacaba su teléfono y comenzaba a enviar mensajes de texto. Le solté la oreja.
—Señor Vitale, tenemos un problema—. Christopher corriĂł hacia mĂ, con el ceño fruncido. HabĂa sido uno de mis mejores ingresos durante un tiempo, pero era un dolor de cabeza. —El Ăşltimo cargamento fue alcanzado. No sĂ© quiĂ©n lo hizo, pero...
—Es tu trabajo averiguarlo —dije con los dientes apretados. —Ve a encargarte de ello.
—¿El problema es el tipo que tenemos allá para las importaciones? No habla.
Me detuve en seco y me di la vuelta sobre él. Christopher se encogió y sus ojos se abrieron de par en par mientras me miraba fijamente.
—TĂş ocĂşpate de eso —dije más intencionadamente. —Tengo cosas que hacer hoy, y esa no es una de ellas. AverigĂĽe quiĂ©n golpeĂł el envĂo o vaya a decirle a su novia que no lo espere en casa. Alguna vez. ÂżMe entiendes?
Él asintió con fuerza, casi gracioso al verlo. —Lo entiendo.
—Bien.
Se lo dejĂ© a Ă©l. Mañana lo examinarĂa si no se hubiera resuelto nada, pero no podĂa permitirme añadir nada más a mi plato. Un problema más, e iba a caer, romperse y meter mi puño en el culo de alguien. Y no en el buen sentido.
—Señor Vitale, tenemos que reabastecernos—, me llamó una de las chicas del bar mientras yo pasaba. ¿Lisa? ¿Lilly? Algo con una puta L. —Nos faltan muchas cosas.
—¿No te encargas de eso?
—Lo fui, pero la factura nunca fue aprobada. ¡No podemos hacer bebidas si no hay nada con qué hacerlas! —, gritó.
Mi pequeño dolor de cabeza estaba empezando a convertirse en una migraña en toda regla. —¡Yo me encargaré de eso!
Cuando salĂ, mirĂ© a Jihoon. —Dile a Soonyoung que apruebe las facturas de Blu. ÂżHa habido más inconsistencias?
—No. No me ha hablado de ninguna—. Jihoon se deslizó en el asiento del pasajero de mi auto. —Oye, en serio, ¿de qué se trata esta reunión de esta noche?
Por un momento, vi un atisbo de seriedad en su rostro. Era una cosa rara y hermosa. Por eso sabĂa que no durarĂa mucho.
—Te lo dije, no te preocupes por eso. Solo vĂstete bien.
Jihoon asintió. —¿Y Soon?
—Se queda en casa. Jeonghan también.
EnarcĂł una ceja. —¿Es esto una especie de orgĂa rara, de máscaras y trajes? Quiero decir, podrĂa estar en eso. O lo habrĂa sido. Si no estuviera comprometido.
AhĂ estaba. Me quedĂ© mirando a Jihoon como si lo hubieran dejado caer de cabeza al nacer, lo cual tenĂa una teorĂa de trabajo de que lo era, antes de meterme en mi coche.
Mi vida fue una cadena de locura que nunca terminĂł. Cuando me alejĂ© de la acera y tratĂ© de ignorar el horrible golpeteo de Jihoon, se me apretĂł el estĂłmago. En ocho cortas horas, serĂa un hombre casado.
SentĂ como si toda mi vida estuviera a punto de cambiar.
Advertencia:
Adaptación del libro “Say I Do” (Vitale Brothers #3) Por Brea Alepoú & Skyler Snow
Esto es una adaptacion SIN FINES DE LUCRO, es pura ficción y nada de lo presentado es real. Los demas libros se estaran adaptando a medida que vayan finalizando los demás. Cualquier duda o comentario sientanse libres de decirlo.
Gracias por leer,
cris