¿𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐭𝐢𝐧𝐨?
Historia inspirada en los fanarts de JackeelArt (mismos usados a lo largo de la historia)
Mención del FushiIta (Angst)

Encontrar a tu destinado a través del hilo rojo debe ser lo más maravilloso que podría pasar.
Significa que tienes una persona que estará por siempre contigo, pueden pelear, pueden... Habrá muchos malentendidos pero ese hilo invisible es irrompible, si es un lazo de amor... No es posible un mal funcionamiento ¿Cierto?
Bueno, Yuuji empezaba a dudarlo, cada golpe que asestaba contra Sukuna... En el cuerpo de Megumi, hacía doler su pecho y ese hilo ahora visible se enredara en nudos.
Las marcas que tan conocidas eran para él estaban en el rostro de su amado Fushiguro, esa doble mirada rubí y una sonrisa altanera que nunca había pensado ver en ese rostro... Era desdén y orgullo.
— ¿Qué sucede, mocoso? ¿Te estás haciendo daño a ti mismo? Ni siquiera porque eres tú... Fushiguro Megumi no intenta algo
Esas palabras enfurecieron al adolescente que logró clavar un black flash de lleno en el rostro contrario.
— ¡Fushiguro, pelea! ¡No puedes dejar que te siga controlando!
Un golpe a su estómago hizo que Yuuji saliera volando contra un muro, tosiendo un poco de sangre en el proceso, apenas alzó la mirada Sukuna estaba delante de él.
— También lo sientes ¿No? Está desapareciendo, se está rindiendo...
Entonces la mirada miel de Itadori contempló el hilo atado a su meñique temblando, enredándose y como si escurriera sangre.
— Oh, mira... ¿Nunca pensaron que ese estúpido anhelo sería más... ¿Una maldición? Que incluso los hechiceros la desean, humanos ansiosos de afecto.
— ¡Te amo! —Gritó Yuuji atrapando esos cabellos negros entre sus manos, observando con lágrimas ese rostro tan bonito que adoraba— Fushiguro... Regresa, por favor, por favor...
El rey de las maldiciones quedó paralizado, pese a todo... Algo que secretamente reconocía de Itadori Yuuji era ese espíritu que parecía romperse en pocas ocasiones, su mayor placer era corromper ese espíritu de lucha pero algo que no había visto... Era que suplicara y se sentía demasiado bien
— No te escucha y si lo hace... Ya no le importa...
Sukuna tuvo que cruzar los brazos para no recibir directamente los puños de Itadori, sonriendo mientras en su interior Megumi cada vez caía más en un vacío, extendiendo un brazo, deseando volver a tocar a Itadori, ver esos lindos ojos miel, ver su sonrisa que le daba energía, poder sentir como lo abrazaba ¿Cuántas veces no había correspondido a sus abrazos? ¿Cuántas veces se calló las palabras de cariño que tenía para el pelirosa?
— ¡Devuélveme mi cuerpo! —Gritó Megumi con desesperación, esa mucosa negra parecida a la de su propio dominio lograba hundirlo cada vez más, como arena movediza, deseando salir pero sin conseguirlo.
— ¿Qué sucede? No me digas que solo porque este mocoso está llorando vas a poner resistencia ¿Crees que podrás estar con él? Están destinados, sí ¿Quieres hacerlo poético y que use tu cuerpo para deshacerme de él?
Antes de gruñir alguna respuesta los gritos de dolor de Itadori lo obligaron a volver a la batalla, Sukuna había tomado uno de sus brazos jalandolo, haciendo que sus pies dejarán de tocar el piso y la otra mano estaba posicionada en su cintura haciendo cortes destazantes que Yuuji curaba a la misma velocidad en que lo atacaba.
— No eres tan patético como al inicio... Pero eso no traerá a tu noviecito de regreso... Aunque ni a eso llegaron ¿Cierto? Me pregunto... —Las palabras de Sukuna se interrumpieron por el impacto de la cabeza de Yuuji contra él, sintiendo cómo la sangre salía de su nariz y boca, solo sacándole una risa llena de diversión — ¿Te atreves a interrumpir mis palabras, mocoso?
Fuera de soltar al joven de cabellos cereza, rodeó con su brazo la cintura del mismo pegándose sin vergüenza al cuerpo del adolescente, los puños de Itadori apenas le hacían cosquillas, poniendo sus manos en su cuello con desesperación.
— ¡Aléjate de mí! ¡No te atrevas a tocarme! —Las manos de Yuuji apretaban su cuello, no podía soportarlo más, no quería que manipularán el cuerpo de Fushiguro como lo hicieron con el suyo.
La maldición por su parte no borraba su sonrisa altiva con su mirada sangre clavada en esa desesperación y furia visible por parte de Itadori, casi podía saborear su odio... Suaves movimientos tambaleantes se daban con el de cabello rosáceo alcanzando con la punta de sus pies el suelo, intentando liberarse de ese agarre tan fuerte, mientras que el pelinegro jugaba balanceándose como si estuviera bailando con el adolescente.
— “¿No?” Pero si soy tu querido Fushiguro Megumi... ¿No es lo que querías?
Quizá eso era lo que más repulsión causaba en Itadori, no quería más, no podía más, quería a “su” Fushiguro Megumi, no esa bizarra fusión, pero pronto sintió los largos dedos de la mano derecha de la maldición acariciar su mano izquierda, acariciando ese delicado hilo escarlata.
Itadori sintió su cuerpo tensarse, podía ver como el hilo en su meñique se movía correspondiendo a los movimientos de los dedos de Sukuna, acariciando el hilo, mientras Yuuji sentía su presión bajar y su cuerpo enfriarse.
“Es irrompible” “Es irrompible” “Es irrompible”
Era lo único que quería asegurar Yuuji sintiendo sus ojos ponerse llorosos de ansiedad, su expresión de desesperación fue un deleite para la vista del actual pelinegro, acercando su mano a la mejilla del chico.
— Quizá si le vuelves a declarar tus sentimientos te escuche... ¿Lo intentamos?
Itadori apretó los dientes, entonces sus manos regresaron al cuello contrario, pero sorprendente con un agarre suave.
La maldición solo lo veía con una sonrisa y una mirada llena de expectativa, los ojos caramelo habían suavizado la intensidad en la que lo veía, su rostro más relajado y adorables lágrimas amenazaban con salir.
— Te amo... Quiero que.... Vuelvas a estar conmigo... Me siento muy solo sin ti...
Megumi había sentido su corazón latir más rápido, deteniendo su pelea interior, esa era la carita que tanto adoraba... Esa mirada era solo para él y lo sabía, Itadori Yuuji era su destino y no dejarían que se lo arrebataran.
— Voy... ¡Itadori! Hay tanto que debo decirte, hay mucho que quiero hacer contigo, yo...
El joven Fushiguro tembló cuando sintió un tirón en su interior, como si el frío lo invadiera y le hubieran arrebatado el corazón.
La voz de Sukuna a su espalda lo asustó aunque no tanto como fue ver su forma real, un cuerpo de dos metros, más alto que Gojo, mucho más fornido que ningún otro hechicero que haya conocido y fue hundido dentro de esa mucosa negra con facilidad por los dos brazos inferiores de Sukuna.
— El mocoso era idiota pero sabía controlar la transformación, no te preocupes, no morirás mientras el mocoso y yo respiremos... Pero sí que verás todo lo que haré con tu adorable “Itadori”
Sukuna estaba sonriendo al mocoso que había sido su recipiente con altanería digna de un rey.
— Si tanto lo deseas... Hagámoslo
El confundido adolescente soltó el cuello contrario, impaciente y desconfiado de que la maldición no había intentado obligarlo a seguir pegado a él.
Entonces observó como el hilo en el meñique de Megumi se empezaba a teñir, de un brillante escarlata... a un profuso negro, Yuuji intento alejarse, viendo como el rojo perdía y cedía ante la oscuridad, viendo con miedo cómo la ausencia de color llegaba hasta el nudo de su meñique.
— Parece que no le importaron tus sentimientos, mocoso... ¿Lo intentamos otra vez?
Se burló Sukuna de Yuuji que veía con miedo el hilo negro, sintiendo su cabeza doler, pero eso no lo detuvo de soltar un golpe que se desvío con torpeza, mientras Sukuna lo tomaba por la cintura para abrazarlo.
— Eso es mocoso... Sigue peleando inútilmente, muéstrame que tan patético puedes ser
Sonrió Sukuna dejando que sus manos pasearan por el torso de Itadori, él también sentía extrañas punzadas en la cabeza y en general como ahora retomaba un lazo con Itadori, pero ahora con una unión irrompible y forzada.
Ahora fue Itadori quien se alejó por mero instinto, tensando ese hilo negro, entonces su corazón se agitó cuando Sukuna hizo sus cabellos negros hacia arriba para acercarse al de cabellos rosaceos, volviendo a atraparlo en sus brazos.
— ¿A dónde vas,cariño? Lo pensé demasiado ¿Cómo hacerte sufrir? ¿Cómo añadir a mis planes la manera de torturarte hasta el límite?
Las manos de Sukuna tomaron sus mejillas mientras las lágrimas volvían a acumularse en los ojos pues ahora lo sentía... Esa conexión única que tenía con Megumi... Esa emoción que sentía al verlo, al escucharlo, estaba sintiendo como su cuerpo se erizaba por su toque, su corazón acelerado y su estómago sintiendo ese revoloteo de alegría por estar en los brazos contrarios.
— ¿Qué mierda hiciste....? No quiero esto, no quiero sentir esto...
El rostro de Sukuna se acercó a su mejilla, el aroma de Yuuji nunca le había parecido más embriagante, su lengua salió y acarició la mejilla lastimada del adolescente, probar su sangre se sintió cómo el mejor sabor del mundo, además de sentir su calidez, incluso él se sintió sobre estimulado con tan poca acción.
— No solo no podrás salvar a Fushiguro Megumi... Como ahora es mi cuerpo... No puedes matarme, porque lo matarás a él... Además que seguro ahora... No quieres alejarte ¿Verdad?
Murmuró en la oreja de Itadori, logrando ocasionar un escalofrío para poner sus manos en el pecho contrario, empujándolo suavemente, sus mejillas rojas de vergüenza por haber disfrutado ese contacto.
— Es repulsivo... ¡Alejate ahora!
La mano de Yuuji intentó alejar al hombre empujando su rostro pero Ryomen no se dejó, lamiendo los dedos del adolescente con una sonrisa orgullosa.
— Tú decides... ¿Lo haremos por las buenas o por las malas?