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Lamentamos informarle que Marina ha fallecido

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Sinopsis

Marina es una joven estudiante de Matemáticas que vive en una ciudad costera del sur de España. Comparte piso con Isa, su amiga de la infancia, y con Carmen, a quién conocieron tres años atrás en una fiesta y no se han separado desde entonces. Marina, a pesar de ser una romántica empedernida, jamás ha tenido una relación que le dure más de medio año y eso ha empezado a frustrarla. Álex está finalizando la carrera de Informática pero está pasando por un momento de crisis de identidad, acaba de enterarse que es adoptado. El destino decide unirlos gracias a Isa cuando, después de la fiesta de inicio de clase, registra en una app que Marina ha fallecido y, un mes más tarde, Álex aparece en su puerta.

Genero:
Romance
Autor/a:
Daniela Ukuma
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
4.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Uno

Me llevé la taza a los labios intentando no pensar nada más que en el sabor del café. Me abrumaba el día que era, el primer día de clases de la universidad. Ese año comenzaba tercero de carrera y era un año especialmente complejo en la carrera de Matemáticas, no todo el mundo conseguía superarlo y la tasa de abandono era alta.

El primer día de clases siempre caía un miércoles y era el día que más alumnos asistían a las aulas. Con el paso del curso, la asistencia iba disminuyendo. Por lo que era el día perfecto para conocer gente, tanto de la misma carrera como de otras. Además, este viernes se celebraba la fiesta de inauguración. Los alumnos que se graduaban al final del año preparaban barras, casetas y música para vender bebida y comida con el objetivo de recaudar fondos para el viaje de fin de carrera. Ese año además era especialmente caro pues el destino era Tanzania, un viaje poco habitual. A pesar de que se preparaban más fiestas a lo largo del curso, la más nombrada sin duda era la primera, ya que era la única que sólo organizaban los alumnos que se de último curso y, cómo era difícil llegar al final de la etapa estudiantil, la motivación era máxima. La fiesta se hacía en los jardines traseros de la universidad y, asistía tal cantidad de gente, que todos jugábamos a adivinar en qué carrera estaba la persona que se acercaba a conocerte.

Miré el reloj de agujas que se encontraba colgado en la pared de la cocina. Faltaba un cuarto para las nueve. Ya íbamos tarde el primer día y me iba a perder la presentación de la asignatura de Probabilidad.

La primera semana de Universidad solía empezar un jueves. Los dos días lectivos realmente no entraba en materia, simplemente eran las presentaciones de las clases. Era una manera de dar tiempo a los alumnos para prepararse para la semana siguiente, por si era necesario comprar algún libro para alguna asignatura.

Un ruido a mi izquierda rompió el hilo de mis pensamientos. Era Isa que entraba a la cocina arrastrando los pies. Aún llevaba el pijama puesto y su pelo castaño y voluminoso estaba atado en un moño claramente destruido.

—He apagado la alarma sin querer —dijo dando un gran bostezo.

Le señalé con la mirada la cafetera. Sabía que el café era lo que realmente andaba buscando. Apenas hizo un amago de sonrisa a modo de respuesta. Ella era más bajita que yo, así que cuando fue directa a coger una taza para servirse café, tuvo que empinarse un poco para llegar al mueble de arriba.

—¡Buenos días pequeñas flores! —dijo entusiasmada Carmen entrando por la puerta de la cocina con paso decidido. Su voz ya era de por sí aguda, por lo que, cuando hablaba con el entusiasmo característico de ella, se agudizaba aún más.

Isa y yo hicimos una mueca desagradable. Su humor de buena mañana nos taladraba el cerebro. Ella lo hacía aposta. Isa y yo tenemos muy mal humor por las mañanas, más aún cuando no había pasado ni una hora desde que nos habíamos tomado el café. Carmen lo sabía y se esforzaba aún más en ser agradable, activa y habladora. Lo que odiábamos profundamente.

—¡Vaya caras! Así nunca encontraréis a nadie que os quiera —nos dijo sacando la lengua mientras se preparaba su té matcha.

Isa solo le respondió con un reel de gatitos que tenía guardado desde hace tiempo. En el video había cuatro gatitos en un salón viviendo plácidamente. En el centro del mismo había una frase que decía “No necesito a nada ni nadie, solo michis”

Carmen respondió con una carcajada. Era la quinta vez en el año que le mostraba ese video.

Siempre me sorprendía que Carmen se arreglara tanto por las mañanas. No por el hecho en sí de verse bonita, porque era bastante guapa, si no porque le diera tiempo a peinarse, maquillarse e incluso a planchar su ropa.

Las tres estábamos en la cocina terminando nuestro desayuno sabiendo que no llegábamos a segunda hora. Bueno, eso solo era cierto para Isa y para mí. Carmen seguramente empezaba una hora más tarde e iba con tiempo de sobra.

Me quedé viendo a mis amigas lo diferentes que eran. Isa sin peinar, con el pijama puesto y bebiendo el café como si le fuera la vida en ello; Carmen, tarareando una canción mientras cortaba aguacate para su tostada. Ambas eran muy diferentes hasta en el físico. Mientras que Isa era bajita, pronunciadas caderas, mucho pecho con el pelo castaño oscuro liso; Carmen era alta, delgada, sin apenas curvas y de pelo rubio rizado. Sin embargo, las tres nos complementábamos a la perfección.


Salí de la clase de Topología adormilada y era apenas la segunda presentación que tenía ese día. La profesora que impartía la clase era la misma que había tenido durante los dos cursos anteriores. Era una profesora super simpática pero tenía un defecto muy grande: su voz era suave y melodiosa, perfecta para cantar nanas. Eso hacía que me fuera muy difícil concentrarme durante sus explicaciones porque me relajaba tanto escuchándola que mis ojos se cerraban poco a poco.

Fui directamente a la cafetería a pedir otro café. La última clase de presentación la tenía en media hora, así que era el momento perfecto para hacer un descanso echada sobre el césped leyendo un libro.

Hacía un día estupendo. Todavía hacía calor a principios de septiembre pero, a pesar de que el sol pegaba fuerte, llegaba una brisa refrescante y apetecía mucho estar tumbada en el jardín.

Me senté sobre el césped, puse el café con cuidado a mi lado, saqué la crema solar del bolso y me la apliqué sobre los brazos y la cara con energía.

Me acomodé para leer el libro mientras tomaba el café. No supe durante cuánto rato estuve leyendo, cuando una sombra obstaculizó mi lectura.

—¿Qué lees? —me preguntó una voz conocida con falso reproche. Sin que me diera tiempo a levantar la vista para confirmar que era mi amiga Isa, me arrebató el libro de las manos y leyó el título en voz alta para avergonzarme.

—El duque y yo —pronunció cada palabra con fuerza y lentitud —¿Otra cursilada de esas que te gustan a ti? —era una pregunta sin respuesta. Tiró el libro sobre mi regazo y se sentó al lado mío.

Puse los ojos en blanco como respuesta.

—Y luego bien que quieres ver los Bridgerton en Netflix conmigo —la acusé.

—Calla, calla. —acompañó sus palabras agitando su mano frente a mí —. Tengo en mi clase a dos chicos nuevos, uno de Italia y el otro de Alemania.

—Imagino que ambos son muy atractivos y ya tienes sus números de teléfono.

Negó con la cabeza mientras intentaba poner una expresión de inocencia y pureza que ambas sabíamos perfectamente que era mentira. Al contrario que Carmen, Isa era atrevida y le gustaba llamar la atención. Además, su físico le acompañaba. No tenía una belleza angelical pero era muy atractiva. Sus ojos eran negros, su nariz respingona y su boca era terriblemente sensual. Tenía unos labios carnosos que te hipnotizaban cuando hablaba, incluso si lo que hacía era cantar la canción de la lotería de Navidad, no podías evitar quedarte mirando sus labios.

—Tengo un plan para invitarlos a la fiesta el viernes.

Introduje mi libro en el bolso y me coloqué frente a ella, había captado toda mi atención.

—Resulta que ahora hay una moda para ligar aquí —sacó su teléfono del bolso e hizo varios gestos hasta dar con lo que estaba buscando—, utilizando esta aplicación.

—¿NotiFin? —pregunté incrédula. Era una red social en la que no se podía hacer otra cosa que registrar quiénes eran tus amigos más cercanos y quiénes eran tus conocidos. Luego podías notificar si alguien había muerto y avisar de dónde iba a ser el funeral.

—Sí. La gente lo está usando para avisar de que se han muerto como una manera de decir “estoy preparado para ligar” y el lugar del funeral, es el lugar dónde vas a estar.

—¿Pero qué mierda?

Isa se rió ante mi expresión, lo que se inventaba la gente llegaba a tal nivel de absurdez que parecía sacado de una película mala de comedia.

—¿Y qué pasa si se presentan más de una persona?

Isa me miró exasperada. Le parecía obvia la respuesta pero para mí no lo era.

Le devolví la mirada para que me respondiera de una vez.

—No quedas con solo una persona. Es como una manera de decir “¡Ey! Estoy de fiesta y quiero ligar”

—Vale, lo entiendo —dije sin más pero veía lagunas en esa manera de proceder —¿Y cuál es tu plan con los chicos nuevos?

—Pues resulta que —me mostró la pantalla de su móvil donde aparecían dos chicos— están registrados en la aplicación como parte de Preparación para Inicio del curso. Alguien les habrá chivado que la usamos para ligar. El caso es que he conseguido que me agreguen a su lista de amigos y…

Sus dedos se deslizaron rápidamente por el teléfono antes de terminar la frase.

—Acabo de avisar que he muerto y los espero el viernes.

Me reí después de ver lo que había hecho mi amiga. Después de la moda de ligar en el supermercado en la sección de las piñas, no había visto nada igual.

—Te dejo con tu locura —le anuncié levantándome para ir a clases.

Avancé rápidamente hacia el interior cuando la oí gritar en el punto donde la había dejado.

—¡Acaban de confirmar asistencia!

Me giré y la aplaudí. Diría que era la primera vez que había conseguido quedar con alguien en tiempo record.

La fiesta de inicio de universidad era casi un ritual para cualquier estudiante. Todos los que íbamos con las intenciones claras de ligar con alguien. Podría afirmar que es el día que más parejas se rompen. Especialmente las parejas más jóvenes de los primeros años de carrera eran las que no conseguían sobrevivir. Sin embargo, se decía que las parejas que se conocían ese día, duraban para toda la vida, especialmente tenías buena suerte si el primer beso de la pareja se daba bajo la mirada de la estatua de Santo Tomás. Era gracioso ver como muchos intentaban, de manera poco disimulada, ponerse bajo la estatua para besar a su pareja.


Cogí el difusor otra vez y me hice crunch en el pelo para aplicarme calor. No tenía el pelo rizado como Carmen, pero sí ondulado. En las fiestas, procuraba definir más mi rizo, me sentía con más seguridad con el pelo rizado que liso.

Me miré al espejo por última vez antes de salir del cuarto y reunirme con las chicas en el salón. Tenía el pelo castaño oscuro, practicamente negro, cayendo en ondas sobre mis hombros. Mis ojos negros estaban rodeados de pestañas perfectamente maquilladas y rizadas. Me había aplicado sombra verde ese día, a juego con el top de encaje que llevaba puesto. Me apliqué un último repaso de gloss rojo sobre los labios, me coloqué bien los vaqueros de campana de talle alto y me puse unos aros plateados. Salí del cuarto decidida a pasármelo bien y emborracharme.

—Mira, la más perra del lugar. —Le tiré un beso a modo de respuesta a Isa, que se estaba bebiendo su primer cubata.

—Venga, vámonos que no me quiero perder el inicio —les dije dirigiéndome directamente a la puerta principal.

—Ya, no tendrá nada que ver porque Diego está en la barra —insinuó Carmen siguiendo mis pasos y poniendo énfasis en el nada.

Le hice una mueca y la ignoré pero cuando le di la espalda, mi corazón se agitó levemente y tragué saliva ¿Quién era Diego? El chico con el que estuve liándome todo junio y julio hasta que en agosto decidió desaparecer del mapa con la excusa de que se iba de fin de semana a Ibiza con sus amigos. Diego era uno de los chicos más populares del campus. Estudiaba derecho, pues venía de una familia muy famosa de abogados. De hecho, su padre era socio de un importante bufete de la ciudad. Este era su último año y, efectivamente, iba a estar en la barra más grande sirviendo copas, justo donde se ponía el altavoz más potente de la música. También era de todos sabido que, precisamente Diego, no necesitaba ni un céntimo para recaudar fondos para financiar su viaje. De hecho, estaba casi segura que él ya había ido a Tanzania de viaje. Pero todo el mundo sabía que iba a estar en la barra porque se había pasado los dos días anteriores anunciando en su cuenta de instagram que iba a estar ahí. Casualmente, sí que tenía tiempo para subir fotos y videos pero no para contestar mis mensajes. Me estaba haciendo ghosting en toda regla.

Por supuesto que una parte de mí deseaba encontrarse de una forma casual con Diego y darnos un beso apasionado con la bendición de Santo Tomás mientras me decía al oído que había sido un idiota por ignorarme y que esa noche estaba especialmente guapísima

“¡Malditos Bridgerton!”

Maldije en mis adentros por tener unas expectativas inverosímiles y románticas.

La otra parte de mí, la más racional, tenía la regla de ignorarlo y no dirigirle ningún tipo de mirada. Pero yo era una romántica empedernida y sabía que todo iba a ser difícil.

—No te preocupes Mar, yo te dejo a Lukas. Estoy dispuesta a sacrificarme por ti —anunció Isa como si se tratara de un cura explicando un milagro de Dios.

—¿Pensabas ir detrás de los dos?

Ella simplemente me miró como si fuera estúpida desde el umbral de la puerta. Terminó su bebida de un trago, depositó el vaso en la mesa del recibidor y cerró la puerta tras de sí. En ese momento supe que Isa ya iba borracha.

—¿Cuántos llevas ya?

—¿Cuántos cubatas o botellas? —soltó una carcajada estridente que resonó por todo el edificio.

Miré a Carmen anonadada y ésta se limitó a asentir con la cabeza sin añadir nada más.

Isa tenía mucho aguante y sabía cuidarse, tenía una regla que jamás quebrantaba: después de tres cubatas, un vaso de agua. La he visto realmente borracha y, aunque al día siguiente iba hecha un cristo, no se sentía mal del todo. Uno jamás era capaz de adivinar cuánto alcohol era capaz de absorber su cuerpo. Pero el problema de la Isa borracha es que era capaz de meterte en un buen lío. Lo que no quería por nada del mundo era acabar con Diego porque Isa había hecho algún plan estando borracha. Me parecía la peor idea del mundo..

Intenté despejar mi mente de pensamientos obsesivos y me obligué a tener buen humor y buenas expectativas sobre la noche.

No vivíamos muy lejos del campus, apenas unos veinte minutos andando. Pero esos veinte minutos se convertían en cuarenta si ibas con una borracha que le tiraba la caña a toda persona viviente y caminabas con unos tacones de 5 centímetros.

Entramos en la carpa principal que ya estaba llena de gente, aunque no lo suficiente como para impedir el paso hasta la barra. Fui directa convenciéndome de mi seguridad en cada exhalación. Me mordí el labio cuando puse mi mano sobre la superficie metálica, estaba claramente nerviosa. Miré a todos lados buscando un camarero aunque realmente quería encontrar a Diego.

Se acercó por la izquierda al otro lado de la barra, pillándome con la guardia baja pues justo en ese momento estaba mirando hacia el lado contrario.

—¿Qué te pongo, guapa? —me preguntó guiñandome un ojo.

Esa era la magia de Diego, sabía ser atractivo pero lo suficientemente lejano para dejarte con la miel en los labios y hacerte ver que está fuera de tu alcance. Llevaba el pelo rubio corto perfectamente peinado hacia arriba, una camisa blanca remangada que dejaba entrever sus musculosos brazos.

Me entró rabia y tristeza a partes iguales. Me sentí estúpida por tener esperanzas de algo que no era. Exhalé para reponer la compostura.

—Dos vodka naranja y una botella de agua, por favor —le dije con la mayor indiferencia que podía, como si se tratara de un desconocido más.

Asintió y sonrió de lado.

Yo me giré para ver a la gente mientras esperaba las bebidas, no quería torturarme viendo a alguien que claramente me estaba ignorando.

—Aquí tienes.

—¡Y un chupito de tequila! —le gritó mi amiga morena que se había espabilado un poco y había aparecido detrás de mí.

—Creo que ya vas bastante servida —le dijo Diego tendiéndole la botella de agua a Isa.

—No es para mí, idiota —contestó recalcando en el idiota —. Es para Mar.

Me giré sorprendida. Podía ver en sus ojos que ya no estaba tan borracha como antes, por lo que era más peligroso todavía, pues su mente estaba lo suficiente lúcida para maquinar planes.

Diego se rió acomodando sus mangas más aún a sus antebrazos. Me preparó el chupito, la sal y el limón sobre la barra. Carmen le pagó y esa fue la última vez que le vi en toda la noche.

—Pensaba que se iba a poner el limón en la boca —me confesó Isa.

Fruncí los labios en una perfecta línea mientras Carmen gesticulaba “Es un idiota”. Era la primera vez que veía a Diego después de pasarnos días enteros metidos en mi cama. Creía que algo de todo eso había sido especial pero claramente me equivocaba.

Cuando fui consciente de lo que pasaba a mi alrededor, ingerí el chupito de un trago y me dejé llevar. Acabé besándome con Lukas, el chico alemán de la clase de Isa.


—¿Qué estás haciendo? —le pregunté a mi amiga en un susurro.

Llegamos a casa con los primeros rayos de sol y nos encontrábamos las tres desayunando tranquilamente. Aún nos hacía efecto el alcohol pero los churros ayudaban a apaciguar el estómago.

—No te importa —me contestó en un volumen de voz desproporcionado.

—¡Sh! No hables tan fuerte —le ordenó Carmen entre susurros, ella era especialmente cuidadosa con la relación vecinal.

—Eres una pesada ¿Qué coño estás haciendo ahora?—Me estaba exasperando, sabía que estaba haciendo algo que claramente no quería.

Antes de que contestara, vi a Carmen coger su teléfono y, en cuestión de segundos, estaba intentando retener una carcajada. Le arrebaté el móvil y creía que mis ojos se iban a salir de sus cuencas:

“Lamentamos informarle que Marina ha muerto. El funeral tendrá lugar el lunes 9 de septiembre a las 11 de la mañana en la estatua de Santo Tomás”

—Tarde —fue lo único que dijo poniendo énfasis en cada sílaba.

La miré con los ojos entrecerrados.

—¿Pero qué has hecho? —pregunté horrorizada.

Ni siquiera me di cuenta de que Carmen estaba apoyada sobre mi hombro llorando de la risa.

—Pero tía… —Es lo que apenas pudo decir entre carcajadas.

—Algo había que hacer para que te quites al puto Diego de la cabeza —contestó Isa con evidente orgullo.

Suspiré resignada y rezando porque nadie le hiciera caso a esa aplicación.

Capítulos
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