Capítulo 1
Salgo corriendo y al doblar el pasillo entro al garaje de su casa, camino y busco lo más rápido que puedo entre sus coches y cuando encuentro el mío, presiono el mando para abrir el garaje, me subo y lo enciendo enseguida. Cuanto más rápido salga de aquí será mucho mejor, no quiero seguir cerca del hombre que ha jugado conmigo como ningún otro.
Cuando salgo del garaje y voy rumbo a la salida, veo a Damián por el espejo retrovisor; su rostro descompuesto y su mirada apagada me destrozan el alma, pero me ha mentido, ha jugado conmigo y no volveré a creer en su teatrito.
Vuelvo a mirar por el espejo y veo que corre tras de mí. No entiendo...
¿Por qué lo hace?
Después de todo, solo fui una muchachita de las que enamora en cada país a donde va.
Acelero y llego a las grandes puertas, hundo el botón que Alex siempre hunde y las puertas comienzan a abrirse de inmediato.
―Eli ¡No! ―Escucho que grita tras de mí, pero lo ignoro.
Ya abiertas las puertas por completo, aprieto el acelerador y salgo del lugar al que nunca debí llegar.
No entiendo.
¿Cómo pude ser tan extremadamente estúpida?
¿Cómo pude siquiera pensar que un hombre como él, se fijaría en mí para algo más que solo sexo?
En definitiva, cada vez, meto más la pata.
Enciendo la radio para distraerme y dejar de pensar en él, pero entonces empieza a sonar Aléjate de mí de Camila. ―Lo que me faltaba. ―Pero como soy tan masoquista y necesito llorar, lo dejo y alzo todo el volumen...
Y aléjate de mí amo, yo sé que aún estás a tiempo,
no soy quien en verdad parezco, y perdón,
no soy quien crees, yo no caí del cielo.
Si aún no me lo crees amor, y quieres tu correr el riesgo;
verás que soy realmente bueno en engañar y hacer sufrir
y hacer llorar, a quien más quiero.
Damián siempre me dijo que me alejara, que no podía ser; él mismo sabía que me haría daño si me quedaba, y yo de tonta, ignoré sus advertencias y solo escuchaba lo que quería escuchar.
¡Qué estúpida eres Elizabeth, esta vez si la sacaste del estadio!
¡Casado!
¡Está casado!
No puedo creer que esté destruyendo una familia y que me mintiera de esa manera, cuando él era lo más bonito que me había pasado. Piso el acelerador hasta el fondo, necesito alejarme de aquí ya.
En estos momentos, mi vida es todo un desastre, no puedo creer que después de que todo era casi perfecto, lo que con tanto esfuerzo conseguí, se esfume. El robo, el incendio... Algo pasa por mi mente y freno en seco, casi saliéndome de la carretera.
― ¿Quién quiere matarme? ―pienso tratando de controlar el coche.
Gregory puede ser de todo, pero... ¿Un asesino?
Él es el único de quien puedo sospechar. No podría ser alguien diferente, además, se ha escapado de la cárcel y ha estado obsesionado conmigo los últimos años.
Por más que lo pienso, aún no me cabe en la cabeza todo esto, aún no puedo creer en lo que se ha convertido mi vida. Pongo mi cabeza en el volante y lloro, lloro de rabia, de impotencia y de desesperación.
¿Por qué todo me pasa a mí?
¿Por qué?
Después de pasar así lo que para mí fue una eternidad, pongo en marcha el coche y a toda velocidad salgo de ahí, no quiero tentar mi suerte y que Damián se aparezca por aquí, quiero olvidarme de él para siempre. Le subo todo el volumen a la radio y salgo de ese lugar, bajo los acordes de notas de amor de Carlos Vives.
Cuando llego a mi casa, lo primero que hago es entrar a la cocina por algo de beber; ya es de madrugada, he pasado las horas dando vueltas en la ciudad y alcoholizándome un rato.
Es lo mejor para olvidar las penas. ¿No? Eso siempre dice Melissa.
Después de subir las escaleras casi a rastras, me voy a dormir, lo necesito; estoy muy cansada.
Mi teléfono no ha dejado de sonar desde que salí de la casa de Damián, pero no contesto. Todos me llaman, pero yo quiero estar sola, en estos momentos la única compañera que tengo y quiero es la soledad. Me quito la ropa y me meto a la ducha, necesito refrescarme un rato para poder dormir bien, pongo mi MP4 y escucho Esta soledad de Kany García.
Me sumerjo en el agua tibia, no quiero pensar, no quiero; me lo prohíbo, debo sacarlo de mi cabeza y lo más importante: debo sacarlo de mi corazón para siempre.
Cuando salgo de la ducha estoy lo suficientemente cansada para pensar y borracha como para salir de mi habitación, así que solo me tiro en la cama y de inmediato me quedo dormida.
Un horrible sonido me levanta y no sé dónde estoy, intento ponerme de pie y siento como todo mi cuerpo me pesa, me doy vuelta y caigo al suelo.
¡Mierda!
Abro los ojos y un fuerte dolor de cabeza se apodera de mí, mientras en cámara lenta voy recordando todo lo ocurrido: Gregory, el robo, el incendio y ahora Damián, no creo que mi vida pueda estar peor en este momento.
El sonido vuelve y comienzo a mirar que es. En la mesa mi móvil vibra y cuando logro ponerme de pie e ir por el teléfono, ya ha dejado de vibrar.
Miro la hora 5:00 pm.
¡Dios! ¿He dormido tanto? 90 llamadas perdidas.
¡Carajo!
Dormí casi todo el día.
Miro el teléfono y Ena, Melissa, Max, la abuela, Lucas, Jorge, Damián y Alex me han llamado infinidades de veces. De inmediato bloqueo el número de Damián y de Alex para no recibir más llamadas ni mensajes de ellos, minutos después mi teléfono vuelve a sonar y contesto:
―Hola.
―Elizabeth, ¡Dios, santo! ¿Dónde estás metida? ―Pregunta Ena preocupada.
―Tranquila, estoy bien, estoy en casa, solo no sentí el celular.
―Te estamos llamando desde anoche. ¿Por qué no llegaste a la casa?
La escucho más preocupada de lo normal y eso me alerta, sé que se preocupa por mí, pero después de ver tantas llamadas perdidas eso ya no es normal.
―Si llegué, solo que tarde, estaba arreglando unas cosas con Damián, pero dime ¿Qué pasa?
―Siéntate ―responde, y de inmediato sé que algo no va bien.
¿Será que las cosas si pueden estar peor?
― ¿Qué pasa Ena?
― ¿Damián está contigo?
―No Ena, Damián se ha ido a Londres para siempre.
¿Por qué me tiene que preguntar justo por él en este momento?
¿Será que no hay más temas de conversación en la vida que justo de lo que uno no quiere hablar? ―Pienso cansada.
― ¿Qué? ―pregunta sorprendida―. ¿Cómo? ¿Cuándo?
―No estoy de ánimos Ena ―le digo molesta. ― ¿Dime que carajos está pasando?
―Es Bea...
Al escuchar su nombre, caigo sentada en la cama.
Un escalofrío recorre mi cuerpo y me doy cuenta de que sí, todo puede estar peor.
― ¿Qué pasó con ella? ―pregunto y mi corazón se quiere salir del pecho.
―Se puso mal anoche y la trajimos al hospital.
― ¿Qué? ―No puedo creer lo que escucho―. ¿Por qué no me has llamado de inmediato?
―Lo hicimos, pero no contestaste y Damián tampoco.
Me levanto lo más rápido que puedo y voy al baño, necesito arreglarme, tengo que verla y saber qué pasa con ella.
― ¿Cómo está? ¿Qué tiene? ―Pregunto preocupada.
―Los médicos están con ella, debes venir pronto.
La escucho muy preocupada y eso me asusta más, mi tía nunca ha sido enfermiza y de un momento a otro, tiene de todo...
― ¿En qué hospital está? ―Pregunto agitada.
―Cálmate Eli.
― ¿¡Que me calme!? ―Grito.
¡No creo que eso sea posible!
― ¿En qué hospital está? Es lo único que quiero saber ahora.
―Estamos en el hospital Simón Bolívar.
―Voy para allá, me bañaré y saldré enseguida. ―Cuelgo.
Me meto a la ducha y me baño de volada, creo que nunca lo había hecho tan rápido; salgo y me coloco lo primero que encuentro, en estos momentos no estoy para pensar en el glamour y la moda.
Tomo las llaves de mi coche y bajo corriendo las escaleras, entro al auto y lo pongo en marcha, necesito llegar a ese hospital lo más rápido posible.
Enciendo la radio y Mala gente de Juanes inunda mis oídos. Entonces la canto como si tuviera a Damián de frente....
Mala gente. Te burlaste de mis sentimientos y ahora te lamentas.
Mala gente. Vas a pagarla caro porque a mí tú ya no me interesas.
Mala gente...
Las lágrimas comienzan a caer por mis mejillas y me detengo, no puedo seguir así, necesito estar bien o todos se preocuparán, además, mientras ese está feliz reencontrándose con su esposa y su hija, yo no puedo estar aquí sufriendo por él.
Te lo prohíbo Elizabeth Torres.
¡Te lo prohíbo!








