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EL JOVEN CHOI (JONGSANG) /SAGA SWEET MOON B.3

Sinopsis

YeoSang es obligado a convivir con su tía después de toda la tragedia que pasó con su mellizo, sin embargo tendrá que soportar los tratos horribles de su tía y su prima y ser tratado como sirviente. Tiempo después, en la fiesta de cumpleaños de MinGi, encuentra a un hombre cuyo rostro conoce perfectamente bien. JongHo volvió como torero para impresionarlo, sin saber que YeoSang repudiaria su profesión.

Estado:
Completado
Capítulos:
50
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n/a
Clasificación por edades:
16+

1. Hace un tiempo atrás

Nunca había visto algo tan… tan… ¡Tan hermoso!

Era como si todos sus sueños se hubiesen juntado en una sola persona, apareciendo frente a sus ojos para dejarlo mudo.

Piel de algodón, blanca como la porcelana, con unos ojos tan profundos y bellísimos como el mismo chocolate y su cabello bañado por el sol con sus mechones dorados y facciones de querubín. ¡Era precioso! ¿Cómo alguien podía ser tan hermoso? No se explicaba como es que alguien tenía tanta belleza como para dejarlo parpadeando aún cuando ya se había ido.

Lo vio en medio de la multitud, danzando con timidez con un sonrojo precioso abundando en sus mejillas y sienes, y luego le regaló una sonrisa al otro Omega, una sonrisa tan hermosa que podía derretir mil tempanos de hielo. Sin tardarse más, se acercó, tan embobado que empujó a unas cuantas personas en el camino y casi no la cuenta cuando le pusieron el pie por error, o quiere creer eso.

Era tímido, no se atrevía a hacer muchas cosas por temor al rechazo, pero ver a esa belleza no pudo evitar preguntarle si quería bailar con él.

¡Y ese ángel aceptó!

Con su gracia y belleza, bailó con él y se sintió como navegar en un bote entre las nubes mientras el viento le despeinaba el cabello, y cuando le sonrió aseguraba que su bote se había subido por el arcoiris más brillante, igual que una montaña rusa.

Y todo pudo haber sido perfecto de no haber sido por ese Alfa. ¡Ese Alfa tan grosero! No lo conocía y ya no lo soportaba.

Medio furioso y medio contento, regresó a la realidad justo cuando ese ángel ya no estaba, y… no puede ser.

¡No le preguntó su nombre! ¡Y él tampoco se presentó! Es que no podía ser más tonto.

Tenía que resolverlo, ¿Pero como si esa belleza ya tenía Alfa? Aunque bueno, era obvio, ningún Omega con dicha perfección andaría sin Alfa, sería demasiada buena suerte para él admitiendolo un poco, estaba algo “salado”.

¿Qué tal… un regalo?

“Grande Choi JongHo, eres el Alfa más inteligente del mundo” se dijo a sí mismo, dándose palmaditas en la espalda para salir corriendo hacia su casita donde se estaba hospedando con su mamá y su abuela. Tenía que contarles que los angeles estaban bajando a la tierra porque no podía creer que alguien así existiera de verdad, así que no tardó demasiado en llegar a una de las casitas ocultas entre callejones de la inmensa Horizon. Todavía no podía acostumbrarse a tanto avance y cosas que no conocía, era como viajar al futuro.

—¡Mamá, abuela! Necesito dinero, ¿Creen que puedan prestarme un poco? ¡Se los devolveré, lo juro! — llegó apenas a la casita, encontrando a su madre hablando con su abuela en silla de ruedas. Ambas mujeres lo miraron como si se le hubiera caído el pelo, sin embargo su madre fue la única que habló.

—Oh, JongHo — su madre se levantó, arrastrando la silla de su lado —Ven mijo, siéntate, necesitamos hablar contigo.

JongHo vio a su madre y luego a su Tita, su abuelita bonachona que ahora no se veía muy feliz que digamos. Quería insistir con lo que había dicho, pero el tema de conversación actual parecía ser demasiado importante que sintió su petición demasiado inadecuada, así que accedió, sentándose en la silla junto a su madre y frente a su Tita, ambas mirándolo con tanta atención que lo pusieron nervioso y sudoroso como un cerdo. Juntó las manos, tragó saliva y su madre suspiró antes de hablar.

—Fui a hablar con el rey — le dijo su madre, con un tono afligido que JongHo no entendió.

—Oh, bueno, está bien. — no supo que responder, aún así su madre no hizo ningún ademán al respecto.

—Quiere que hagamos un espectáculo para el cumpleaños del rey Alfa, hablé con tu hermano pero no aceptó.

—Oh…

—Tu Tita y yo coincidimos que es la mejor oportunidad para que hagas tu debut en la plaza, Jjong, al fin te presentarás como Torero Choi, como todos los Alfas de nuestra familia.

—Pero yo no quiero ser torero — casi hizo berrinche, golpeando la superficie de la mesa —Yo quería estar en la charrería con mis primos y primas.

—La charrería es para Omegas, JongHo — su madre habló, utilizando un tono autoritario que le hizo temblar, pero aún así, era obstinado e insistió.

—Pero yo no quiero ser torero, es horrible, no quiero hacer sufrir a un pobre toro para luego matarlo frente a millones de personas. Es cruel, mamá, no puedo hacer eso.

—JongHo — amenazó, enfurecida.

—No quiero matar toros, mamá, yo quiero ser charro como mis primos.

—¡Vas a ser torero, Choi JongHo! — le gritó, perdiendo la paciencia —¡Eres un Choi y los Choi somos toreros, todos los Alfas nos dedicamos a eso y punto! — se acercó, amenazante —Si no quieres ser torero, no eres un Choi, punto.

No le dejó hablar, ni siquiera una queja, su madre le dio la espalda para salir apresurada por la puerta de la casa, desapareciendo hecha furia. JongHo soltó un pesado suspiró, observando a su abuela que se sirvió tranquila un vaso de agua.

—Tita… — murmuró, más triste de lo que le gustaría —¿Tu también estabas de acuerdo con eso?

Su abuela inhaló y exhaló, dándole un trago a su agua.

—Tu madre solo busca lo mejor para ti, torito — le dijo —, ella fue asignada como la líder después del fallecimiento de tu abuelo, solo… no quiere que la tradición familiar muera, y tú eres el único Choi Alfa que nos queda.

—¿Y Jackson? — mencionó a su hermano —A él si lo dejaron hacer lo que soñaba ¿Por qué a mí no?

—Jackson hizo lo que quiso, torito, tu madre está muy en desacuerdo con la vida que eligió, supongo que no quiere lo mismo para ti.

—Pero tengo todo para ser charro — hizo mímica, fingiendo tocar la guitarra con una gran sonrisa —Incluso canto y toco.

Su abuela soltó una risa, negando.

—Y bueno, ¿Para qué querías el dinero?

JongHo se acordó de la razón por la que había llegado a casa en primer lugar, y después del trago amargo, pudo sonreír contento, acomodándose sobre la silla para acercarse a su abuela como si estuviera a punto de contarle un secreto.

—Tita… los angeles existen — le dijo, y su abuela le vio con ojos tan desorbitados como los de un búho —Ya sé que suena disparatado pero te juro que hoy vi y bailé con uno.

Su abuela se le quedó mirando varios minutos, analizando sus palabras. Lo entendió de inmediato.

—Oh, ¿Y como era ese ángel, torito? — le siguió el juego, contenta de ver a su nieto tan feliz después del arranque de hace minutos.

—Es hermoso, tan perfecto como los angeles de las pinturas, tiene sus mejillas rosadas como las muñecas y los ojos como el chocolate, su cabello es dorado como el sol y tiene ondas como las olas del mar. Es un ángel, abuela, y su piel se siente tan suave que solo quería tomarlo de las manos para sentirlo todo el tiempo.

—Oh, suena hermoso.

—Es hermoso, Tita, es… es como un sueño, ¿Entiendes? Pero hay un problema.

—¿Cuál? — preguntó curiosa, viendo la mueca de su nieto.

—Ya tiene Alfa, Tita, pero es un Alfa patán, tan grosero. Lo jaloneo cuando me vio bailando con él pero ¡Yo qué iba a saber! Por eso quiero darle un regalo, en parte para disculparme y otra para que no me olvide, digo, si no consigo estar con él, al menos que me tenga como recuerdo como yo lo tengo grabado en mi memoria.

—Ay, torito, eres un encanto mijo — le acarició las mejillas, con una sonrisa maravillada —Pero no gastes dinero, es más, tráeme mi cajita del cuarto, la de color rosita con las bailarinas.

JongHo ladeó la cabeza, su abuela nunca permitía que nadie tocara esa caja, decía que ahí habían recuerdos con su abuelo, el amor de su vida, decía, de los que no quería que nadie tocará ni viera porque eran recuerdos íntimos. Se levantó corriendo hasta el cuarto donde se quedaba su madre con su abuela y saco la caja de debajo de la cama, regresando a la misma velocidad, colocándola sobre la mesa frente a la mujer.

Ella, con sus dedos temblorosos y una enorme sonrisa, abrió la caja con las dos manos, dejando boquiabierto a su nieto al mostrarle el interior lleno de broches, collares, anillos, aretes y cartas que olían a perfume aún, por alguna razón. Su abuela arrastró la caja hacia él.

—Elije uno.

—Ay, Tita, no…

—Elije uno, niño — casi le da un coscorrón —Ese ángel parece ser demasiado encantador, no gastes dinero en broches de oro falso y mejor regálale uno de estos, es oro de Mist, ya conoces la leyenda.

—“Asegura amor eterno” — dijo, sonriendo en grande —Gracias, Tita.

Buscó entre las cosas, encontrando más collares sencillos y otros atiborrados de piedras preciosas, pero ¿Qué podría quedarle perfecto a ese ángel de la plaza? Siguió buscando, sintiendo sus propios ojos brillar de emoción cuando encontró al final de la caja un broche de ángel con diamantes.

—Parece que encontraste el indicado — su abuela susurró, tan contenta que la sonrisa no cabía en su rostro, y pues como no iba a estarlo si vio a su nieto tan maravillado.

—Este, quiero este — dijo, feliz y enamorado —¿Puedo tomarlo?

—Puedes, torito, ahora hazle una cartita que los Omegas caemos redonditas por los poetas — JongHo asintió, levantándose —Ah, y mijo, no le haga caso a su madre, haga lo que usted crea correcto, ¿De acuerdo?

—De acuerdo — asintió —Gracias, Tita, la amo — dejó un beso sobre su frente, corriendo hasta su habitación donde se puso a escribir una carta. Inconscientemente, se le escapó la T en la firma, como si dictará su destino.

Al día siguiente, su madre y su abuela decidieron que era hora de irse, así que las obligó (casi llorando, sinceramente) a acompañarlo a buscar al ángel a la plaza. Así que ahí estaba, en el mismo lugar donde bailó con el ángel, buscando entre la multitud mientras su madre y su abuela esperaban junto a los músicos.

Un minuto se convirtió en diez, luego en quince, la media hora llegó y cuando menos se dio cuenta, ya había pasado una hora.

—Torito — su abuela lo llamó, tan triste como su nieto.

—No… — murmuró, aferrado a encontrarlo.

—Mijo, tenemos que irnos, el tren está por irse.

Bajó la cabeza, observando su regalito con la cartita en sus manos. ¿Así iba a terminar su historia de amor? Resignado, se giró hacia su madre y abuela justo cuando llegó el señor que les dejó alojarse en si casita. Corriendo, le pidió que los guardara.

“Por favor dáselos al angel con el que bailé ayer, se lo ruego”

Más tarde, con una sonrisa, se subió al tren de regreso a su amada Mist.

Pero no todo podía salir bien, o ser feliz por mucho tiempo.

El luto llegó a los Choi. Su Tita había fallecido.

Nadie sabe cómo pasó, él estaba en su cama leyendo cuando su madre llegó llorando, limpiándose las lágrimas que no dejaban de salir y le dijo:

—Jjong, vente a despedir de tu Tita.

No sabría explicar lo que sentía, estaba en shock, una parte de él no quería creer que estaba ocurriendo, que todo era un sueño, una pesadilla de la que despertaría en cualquier momento, pero entró a la habitación que antes olía a flores y ahora abundaba el enorme aroma a medicina, y en medio de toda la gente, estaba su abuela postrada en una cama, tomando la mano de uno de sus tíos que le susurraba cosas. No sabe porqué no pudo decir nada, se quedó mudo, no se despidió como le hubiese gustado, no supo que decir cuando tenía todo en su cabeza lleno de arañas y pesadillas.

Pero su Tita, apenas mirándolo, aguantando el dolor, le susurró.

—Cumple tus sueños, torito, haz lo correcto y busca a ese ángel, sé feliz, sé que ese ángel te hará feliz.

Cuando ella falleció, tampoco dijo nada, se arrepentía de no decirle cuánto la amaba, cuánto le agradecía el hecho de haberlo apoyado en todo el tiempo que estuvo con vida, por sus consejos, las veces que intentó congeniar con él en gustos, cuando hablaban de cualquier cosa, cuando cocinaba para él, cuando la abrazó.

Su último abrazo, sentía que iba a romperla.

El último día que la vio en su ataúd, vestida como muñeca de porcelana de esas que ambos les encantaban, con sus rizos rojos esparcidos por la almohada, se alejó muy a su pesar, encontrando a su madre platicando con una de sus tías. Ella se levantó, abrazándolo, quien le acarició el cabello, besando su frente con cariño.

—Ya, mi pequeño, todo estará bien — le dijo, sin dejar de acariciar su cabello. JongHo se separó de ella, sorbiendo la nariz, ya con una decisión en la cabeza.

—Mamá — le habló, con voz amortiguada —Sí quiero ser torero, voy a presentarme en la plaza de Horizon para el cumpleaños del rey Alfa. Por mi Tita y por ti.

Su madre le vio con los ojos más esperanzados y brillantes que se le pueden dar a alguien, luego de una enorme sonrisa, tan contenta que comenzó a reír y a abrazarlo por igual.

No sabía si hacía lo correcto, o si eso era lo que quería su abuela, pero estaba seguro de que cumpliría su palabra y haría lo correcto.

Él sería un torero, él sería un Choi e iba a buscar a ese ángel.

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