Capítulo I - Hilos Azules (I)
CLT-37
Ese primer impacto provocó que abriera los ojos como platos y me diera suaves golpes en las mejillas, miré a todos lados buscando comprender dónde me encontraba antes de si quiera pensar en la situación actual.
Una mano cae como un misil en mi hombro, todo mi cuerpo se estremece y volteo a ver a esa figura a mi costado... silenciosa, cuya mirada afilada parecía desear aniquilar todo mi ser. Traía encima una boina que en cuyo centro se dibujaba una medalla con forma de rosas entrecruzadas. Su cabello grisáceo me recordaba al brillo de los cubiertos de la hora del desayuno, quedé encantada con ese pequeño detalle.
– ¡¿Qué demonios estás esperando, novata?! ¿Tienes miedo? ¡Rápido, hay que tomar la posición antes de que nos aniquilen a todas!
No terminaba de comprender del todo las palabras que me decía esa mujer, ella solo se agachó a recoger el rifle que dejé caer y me lo entregó sin mediar palabra. Al verla irse me percaté de lo desconectada que me sentía de mi entorno, veía las motas de polvo caer desde los bordes del arma y entre suspiros lo escuché caer: un estruendo tan poderoso como mil estrellas cayendo al mismo tiempo sobre la tierra. Mis rodillas me hicieron desplomar al suelo, cerré mis ojos con todas mis fuerzas, solo escuché un pitido molesto reventarme los oídos.
Las balas se dispersan en el ambiente,
Agujereando cada pared presente
Y reduciendo a cenizas los corazones de las demás...
Es ahí que supe quién era y mi propósito. Tomé el rifle aunque apenas conseguía entender del todo lo que sucedía, un montón de unidades aliadas iguales a mi se desplegaron al mismo tiempo y ahora corríamos todas juntas por un campo abierto hacia lo que parecía ser una pequeña ciudad. Solo veía estelas de proyectiles rozando mis costados, cuerpos cayendo sobre el pastizal y mi pulso acelerándose cada vez más.
[Misión: Invasión a la ciudad-estado de Kolue]
[Objetivo: Toma la capital de Kolue (Samas) a toda costa.]
[Número de aliados activos en el campo: 1,500 tropas Embryo]
Delante de mis ojos se abre un panel azulado que me hizo acordarme del por qué estábamos aquí: era necesario tomar el control de una ciudad vecina al que nuestro hogar determinó como “objetivo militar”, tras preparativos de varios días los altos mandos nos han desplegado para hacernos cargo de la tarea.
– ¡Vamos allá!
Grité con todas mis fuerzas mientras hacía una poderosa carrera hacia la entrada de Kolue, levanté el rifle entre mis manos y disparé varias ráfagas de fuego buscando proteger a mis hermanas, quienes estarían siendo bombardeadas por los cañones de defensa que se asoman sobre los muros.
– ¡Ametralladora pesada a las doce en punto!
– ¡Sigan corriendo! ¡Es una orden! ¡Ya, ya, ya, ya!
Entre gritos y disparos conseguí ver a la mujer de la boina de hace rato, estaba comandando la carga ofensiva a la vez que con su rifle de precisión disparaba a los responsables de nuestras bajas, su destreza era impresionante, tanto así que no pude evitar quedarme viendo su arte... al menos hasta que volteó a verme.
– ¿Qué estás mirando? ¡Sigue las órdenes que te he dado!
– ¡Si, mi señora!
La carrera terminaría al llegar hasta los pies de los muros de la ciudad, aproximadamente 24 de nosotras conseguimos mantener la posición, de pronto sentí un impulso eléctrico desde mi mano que me hizo tocarme la cintura, algo circular me hizo voltear a ver mejor y antes de si quiera darme cuenta, tenía lo que se asemejaba a una granada (por no decir que era una), de manera casi automática le saqué el seguro jalándolo entre mis dientes y lo lancé hacia la parte superior de la entrada, justo donde los enemigos disparaban en nuestra contra.
La imagen de decenas de esferas explosivas manchando el cielo se me quedó tan grabada en la cabeza como el grito de una de las aliadas. Giré a verla un simple segundo cuando el pitido volvió a romperme los oídos.
– ¡Todas abajo!
Gruñidos y alaridos de dolor se oyeron a los pocos momentos de las múltiples detonaciones, mi respiración vuelve a agitarse sin tiempo a estabilizarse, pues al instante tuvimos que apartarnos de la puerta yendo hacia los laterales: una bomba había sido plantada con adhesivos en las uniones del acero que impedían el ingreso a la ciudad. Esta vez dejé una pequeña apertura entre mis dientes esperando que el impacto no fuera tan fuerte como antes.
– ¡Despejen la zona! – gritó alguien.
– ¡Fuego!
[Nueva orden entrante: Entra a Kolue y aniquila a todos los enemigos]
–¡Si, mi señora!– gritamos todas juntas al recibir la reciente instrucción.
Tomé mi rifle fuertemente y tras el estallido de la puerta tuvimos el paso abierto para entrar, no mediamos palabra alguna cuando ya nos encontrábamos a punto de pisar tierra enemiga profunda, fue allí que cometimos el error de confiarnos en una táctica tan predecible: de reojo veo como las primeras balas impactan en el abdomen de una de mis compañeras, chorros de líquido azul salen de ella, dejando charcos que se expanden rápidamente en el suelo.
Me quedé helada ante lo sucedido y pronto fuimos asediadas entre ráfagas de proyectiles que destruían los cuerpos de mis compañeras. Eran tan veloces que no tuve tiempo de reaccionar cuando estuve en el suelo luego de ser empujada por un cadáver que todavía caía. Mi cabeza se golpeó tan fuerte que mi vista se llenó de píxeles borrosos, presa del pánico tuve el impulso de buscar mi rifle, llevando a que me ponga de rodillas tratando de ubicar el arma, pero todo lo que hice fue tocar los fríos charcos azules del montón de cuerpos sin vida.
– ¿¡Dónde estás?! ¡Santos cielos! ¿Dónde estás?– no tenía otro pensamiento que no fuera intentar encontrar la única cosa que me sacaría de ahí con vida, al menos hasta que volví a sentir ese misil sobre mi hombro.
De un jalón me sacaron de las vías de la muerte, alguien a quien no conseguí identificar me llevó hacia los muros exteriores de la ciudad mientras un montón de siluetas escalaban los muros y otras disparaban desde las coberturas mismas, intentando repeler a los atacantes del interior que provocaron las bajas imprevistas.
– ¡Oye, novata! ¿Me escuchas? ¡Escúchame!– Esa voz me era reconocida... mis sistemas no conseguían estabilizarse y solo empezaba a agitar mis hombros de manera errática... esperando lo peor.
Justo cuando comenzaba a recuperarme la vista se ennegreció totalmente, y así fue cómo dejé de sentir lo que ocurría. Solo recuerdo que gritaban lo que al parecer sería mi nombre, pero entre el shock y la confusión no conseguía responder.
– ¡Colette! ¡Reacciona! ¡Colette!
...