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Time For Love, Three Shots Larry Stylinson

Sinopsis

Harry es uno de los mejores bailarines de ballet del país, y está a punto de retirarse. Es entonces que conoce a un hermoso ajedrecista, que le dará un nuevo aire a su vida. Tres capítulos largos, sin drama, HT/LB.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Kintsukuroi
Estado:
Completado
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

1


—Hoy lo han hecho muy bien, pueden descansar unos minutos, hidratarse y retirarse. El próximo martes comenzaremos a practicar algunos pasos nuevos, —explicó Harry, dirigiéndose a su pequeña audiencia.

Tomó una toalla y secó su frente, luego bebió dos sorbos de agua y finalmente apagó la música que seguía sonando desde la hermosa y antigua vitrola que le gustaba usar para practicar y para dar clases.

Sus alumnos eran encantadores niños y niñas de entre cuatro y ocho años, a quienes amaba enseñar. Eran chicos muy divertidos, ocurrentes y tenían mucha energía y ganas de aprender, y Harry muchas ganas de seguir llevando el arte del ballet a quien pudiera.

Una vez que el salón quedó vacío, colocó un nuevo vinilo, con la obra “La Sílfide”, que interpretaría en su despedida de los escenarios.

Tenía 36 años, y bailaba desde los ocho. Había hecho de la danza su pasión, su vida, y su ser. Todo lo que había logrado fue a punta de esfuerzo, de horas y horas de ensayo, de perderse de vivir una vida “normal”, sin excesos, muchas veces lejos de las celebraciones, incluso de las propias. Por años no pudo compartir en sus cumpleaños, ni en los de su familia; tampoco en navidad o en los momentos más tristes, cuando alguien dejaba este mundo. Solo tenía un par de amigos, que entendieron sus tiempos, con los que creó ese tipo de relación en que dan igual las explicaciones o la falta de temporalidad, siempre estaban ahí, a cualquier hora para contestar un mensaje, o sentados en primera fila cuando se presentaba en la ciudad.

Porque Harry era uno de los mayores representantes del ballet clásico de su país, y había llevado su arte alrededor de muchísimos teatros del mundo, siendo reconocido por la limpieza de su técnica y la fluidez de sus movimientos, también de su fuerza y resistencia, debido a que por muchos años practicó el ballet ruso, que exigía mayor fortaleza del cuerpo.

Ahora se encontraba preparando su última danza. Se presentaría una vez más, en la Royal Opera House de Londres, con todas las butacas vendidas desde hace dos meses. Llevaba tres preparándose, perfeccionándose cada día, a cada hora, con cada gota de sudor. Y en medio del tiempo, encontraba momentos para enseñar.

Siempre supo que sería el paso normal después de dejar los escenarios. Su cuerpo estaba resentido ya, y la posibilidad de una lesión era cada vez más probable. Enseñar le daba la opción de seguir haciendo lo que más amaba y al mismo tiempo, dejar un legado en esas pequeñas personitas.

No estaba triste, bajo ningún concepto. Su vida bailando fue por completo satisfactoria, su corazón estaba lleno de música, de pasos, de piruetas, de aplausos y de luces. Era un hombre feliz, pleno, y ansioso por lo que vendría en su futuro.

Apenas comenzó la música, tomó una gran inspiración y comenzó a fluir. Sus movimientos eran sutiles pero intensos, suaves y fuertes, precisos. Lentamente aparecían los pasos:plié,relevéytenduse mezclaban con elarabesquey elgrand jeté.

Sus pies por momentos parecían flotar, acariciaban el suelo con ligereza y lo impulsaban al aire. Pirueta tras pirueta hasta llegar a la culminación de su danza, terminando de rodillas en el escenario.

Su pecho agitado, sus brazos hacia el cielo, sus ojos abiertos mirando hacia arriba, su alma revolucionada como cada vez que bailaba. En sus labios, una sonrisa.

Repitió algunos paisajes y finalmente dio por terminado su ensayo. Estaba a un mes de su presentación y cada minuto contaba.

Tomó su mochila, la bolsa con toallas sucias y apagó las luces. Cerró la puerta con llave y caminó por el luminoso pasillo. Arrendaba ese salón en un espacio que contaba con diversas salas, y le había gustado porque cada lugar estaba adecuado a la perfección. Por ejemplo, había un salón para quienes jugaban ajedrez, y estaba insonorizado, y con puestos cómodos. Había otro para artes marciales, para canto, para manualidades. Era un excelente sitio para cualquier tipo de arte, y además tenía casilleros, duchas, y un par de conserjes que vigilaban las instalaciones durante las 24 horas.

Harry arrendaba ese espacio con exclusividad, así podía mantener el tocadiscos seguro y algunos de sus vinilos.

Llegó al baño, y sacó de su casillero shampoo y jabón. Se desnudó y se metió a las duchas. En apenas cinco minutos estaba listo, ya que solo necesitaba quitarse el sudor. Cambió la malla y el leotardo por jeans sueltos y una camisa ligeramente ajustada. Un par de zapatillas y estaba listo para irse a su departamento a descansar.

Salió del lugar y caminó hacia el estacionamiento. Dejó su mochila en el asiento del copiloto y luego se abrochó el cinturón. Manejó por veinte minutos hasta llegar a un bonito y moderno edificio, donde dejó su auto en el espacio correspondiente. Saludó al guardia de turno y tomó el ascensor hasta el piso seis.

Apenas entró a su departamento, encendió una antigua lámpara de pie que iluminaba con suavidad el ambiente. Dejó su mochila en el sofá, y sacó de ella la toalla húmeda y la llevó a la ropa sucia. Después pasó por la cocina y se preparó una ensalada de pollo y muchas verduras. Para beber, solo agua.

Una vez que la fuente quedó limpia y guardada, se fue a su habitación. Se quitó las zapatillas y toda la ropa. Desnudo se tiró a la cama, y encendió la televisión, donde puso un canal de noticias mientras revisaba su teléfono. Una hora después, cambio el canal a uno donde pasaban diferentes piezas de ballet o de música clásica, y tomó un libro de hermosa portada y preciosa edición. Eran los cuentos de Oscar Wilde. Los había leído una y mil veces, sin cansarse.

Poco a poco su cuerpo se relajó, y comenzó a sentir frío. Se levantó para ir al baño y lavarse los dientes, y volvió a la cama. Apagó todo y se durmió, cerca de las diez de la noche.

Temprano despertó, sin necesidad de su alarma, programada para las siete. Eran las seis y media, y se sentía especialmente perezoso, por lo que se quedó en la cama un rato más. Cuando ya se le hizo tarde, se levantó con un buzo. Fue a la cocina a prepararse el desayuno, unas tostadas con huevo revuelto y avena con fruta y frutos secos. Después lavó y se ocupó de limpiar el departamento, y ventilar. Una hora después bajó al gimnasio del edificio, donde estuvo haciendo diversos ejercicios por una hora más y desde ahí se preparó para ir al complejo donde hacía sus clases y ensayaba.

Las clases las impartía dos veces al día, una en la mañana y una en la tarde, todos los días, y tenía los cupos completos y una lista de espera. Llevaba él mismo la agenda y todo lo que tenía que ver con lo relacionado a su actividad, como las botellas de agua, las toallas que estuvieran siempre limpias y a mano de los niños, y siempre alguna golosina para consentirlos. Conocía a todos los padres y madres, y tenían una relación muy relajada y divertida.

Apenas llegó, se dedicó a limpiar el espacio. El piso y la barra quedaron relucientes, y luego se dedicó unos minutos para evaluar qué música sería la más apropiada para que sus pequeños alumnos aprendieran pasos nuevos. Diez minutos después empezaron a llegar los niños, pero a la hora de inicio de la clase faltaba una de las niñas, algo que jamás había sucedido. Pudo ver, como el padre de la alumna faltante lo llamaba desde la puerta, por lo que se acercó.

—Buenos días, —saludó Harry. —¿Pasa algo con Sofía?

—Buenos días señor Styles, sí... Salimos el fin de semana y corriendo se cayó y se fracturó la pierna izquierda. Van a ser por lo menos tres meses de inactividad, y quería saber si es posible el reembolso de las mensualidades adelantadas... Sé que no es lo común pedirlo, pero esto ha significado un gasto importante para nuestra familia.

—Lamento mucho lo de Sofi... De todas maneras si desea volver más adelante, su cupo quedará disponible. Con respecto a lo de las mensualidades, no hay problema. Envíeme a mi celular sus datos para hacer el reembolso.

—Muchas gracias, ha sido muy amable. Espero que volvamos a vernos, hasta luego.

—Adiós, y saludos a Sofi.

Después de esa pequeña interrupción, la clase se desarrolló sin inconvenientes. Cuando terminó, Harry revisó en su agenda la lista de espera que tenía y llamó al primer número que aparecía. Habló por algunos minutos con la mujer que le contestó, quien estaba más que feliz, y quedaron de acuerdo que ese día en la tarde sería la primera clase de la nueva alumna, Emily.

Hizo un poco más de aseo, y desde ahí se fue a almorzar en su restaurant favorito un plato de pasta y pescado, y luego caminó por cerca de una hora. Al volver al salón de práctica, ensayó por cerca de dos horas, diferentes posturas y piruetas, y mucho movimiento libre para relajar sus músculos.

Cuando terminó, revisó su celular y contestó algunos mensajes, agendó algunas entrevistas y confirmó ciertas invitaciones, rechazando otras.

Cuando se dio cuenta, sus alumnos ya estaban llegando, y comenzando a calentar.

Los saludó y les sonrió. Pronto vio a una niña tímida asomarse, de la mano de un hombre completamente hermoso.

—¿Emily? —Preguntó Harry. —Puedes pasar, tranquila, yo soy Harry, tu profesor.

—Hola señor Harry, —saludó la pequeña, que tenía cinco años.

—Puedes decirme Harry y puedes poner tu mochila al fondo, y buscar una posición cerca de la barra.

Cuando se dio vuelta para hablar con quien pensó era el padre de la niña, se dio cuenta de que ya se había retirado, dejándolo perplejo.

Le enseñó la manera correcta de calentar a Emily, quien aprendió muy rápido y pronto se sintió más en confianza. Al terminar la clase, distinguió a una chica muy bonita, que parecía ser la mamá de Emily, por lo que se acercó.

—Buenas tardes, ¿es usted Claire?

—Buenas tardes señor Styles, soy Claire. ¿Cómo estuvo Emily?

—Muy bien. Aprende rápido y ya se hizo amiga de los demás niños. Estoy muy contento de tenerla aquí.

—Es muy amable, ella no podía estar más feliz cuando le conté que iba a empezar sus clases.

—Se nota su interés, espero que nos acompañe por mucho tiempo. Pero ahora, necesito que llene este formulario con sus datos y los de la niña. Me lo puede traer mañana.

—Así lo haré. Hasta mañana señor Styles.

—Hasta mañana Claire, adiós Emily.

—Hasta mañana señor Harry.

Todos sonrieron.

Desde ahí la rutina de Harry era la misma. Ducharse, ir a su departamento, cenar, revisar su teléfono, leer y dormir. Al día siguiente desayunar, gimnasio, clases, ensayos, clases y así, en una rutina que le gustaba mucho y que le daba una sensación de tranquilidad muy satisfactoria.

El día viernes hizo una excepción, cuando recibió en su departamento a sus padres, con quienes disfrutó de una deliciosa comida preparada por su mamá, y mucha conversación hasta la medianoche.

El sábado hizo otro desarreglo, al juntarse con sus amigos, Liam y Niall.

Se saludaron con un fuerte abrazo, a pesar de que se habían visto hace dos semanas, después de que Harry volviera de Liverpool donde hizo una pequeña y exclusiva presentación de su arte.

—¿Cómo estás? ¿Cómo van los ensayos? —Preguntó Liam, sentándose en el cómodo sofá,

—Bien, va todo muy bien, —contestó Harry, sirviéndoles a sus amigos, una copa de vino.

—¿Estás nervioso? ¿Mucho? ¿Poco? —Interrogó Niall, dejando en la mesa una tabla de queso, aceitunas, galletas y uvas.

—Siempre hay nervios, si no los sintiera no tendría sentido bailar. Los nervios agregan pasión e incertidumbre, que bien toleradas son algo muy bueno.

—Siempre me ha encantado cómo hablas de tu arte, —afirmó Niall, comiendo sin parar.

—¿Y crees que una vez que te despidas de los escenarios, y te quedes solo con tus clases, podrás tener una vida más normal? ¿Encontrar una pareja, quizás?

—Es algo que no he pensado realmente. Tener una pareja es algo que me hace mucha ilusión, pero sé que es difícil a mi edad, y con lo rutinaria que es mi vida.

—Pero eso puede cambiar, —dijo Liam. —¿O no?

—No es algo que quiera tranzar, me gustan mis días así, saber qué debo esperar, sin sorpresas ni sobre saltos. Pero creo que podría jugar un poco con eso, si siento que es algo serio e importante.

—Nunca te pregunté, —habló Liam. —Todo este tiempo... ¿Nada de nada?

Harry se puso a reír. —Algunos encuentros con bailarines de reparto, nada serio. Para ser franco, ha sido difícil coquetear, casi todos piensan que soy pasivo y no se acercan.

—¿Y no lo eres? —Preguntó Niall sorprendido.

—No, no lo soy. ¿De verdad lo parezco?

—No tengo cómo contestar a eso, —respondió Liam. —Podría decir que se nota que eres gay, pero de ahí a sacar otro tipo de conclusiones, pues está difícil.

—Yo sí pensaba que eras pasivo. Digo, tal vez es un prejuicio pensar que todos los bailarines de ballet son gays y pasivos, —explicó Niall. —Claramente me equivoqué.

—He conocido muchos bailarines que “parecieran” ser gays y no lo son. Al final todos somos un mundo. Mejor cuéntenme de ustedes.

—Yo con lo de siempre. Ser profesor de universidad parece ser un cliché para muchos alumnos que sueñan con tener una relación conmigo. Siempre me dejan cartas anónimas, se consiguen mi número, me envían saludos... Es un poco agotador, —contó Liam.

—¿Y? ¿Ningún alumno interesante?

—No. No es lo que busco. Tengo 36 y un alumno de 20 es... No es para mí. En esta etapa de mi vida veo más allá, alguien con quien establecerme, que quiera mantener una relación estable, sana, sin idioteces ni traumas. De eso ya he tenido bastante.

—Siempre he creído, —dijo Harry, comiendo un montón de uvas, —que sigues enamorado de Zayn.

Liam, sin poder evitarlo, sonrió y bajó la cabeza.

—Estoy de acuerdo con Harry, —confirmó Niall. —Nunca te volví a ver así de enamorado.

—Él fue, es y será el amor de mi vida. Fuimos tan felices juntos... Pero en ese momento nuestras energías estaban puestas en puntos muy distintos. Yo no podía moverme de Londres por mi trabajo en la universidad, y él no podía dejar de viajar con su trabajo en turismo. Lo intentamos por un año y finalmente tuvimos que separarnos.

—¿No has vuelto a saber de él?

—Lo último que me contó su prima, un día que me la encontré en un supermercado hace como un mes, fue que andaba en Australia. Dudo que pueda volver a Londres, o establecerse aquí.

—Pero, ¿no puede trabajar en un hotel o algo así?

—De poder, puede, pero Zayn amaba viajar y no creo que quiera quedarse quieto, y yo no quiero moverme. Somos polos opuestos en eso, Pero mejor, cuéntanos en qué andas, —respondió mirando a Niall.

—Empecé hace dos semanas una relación con Natalie, ella es irlandesa también. Nos conocimos porque fue a pedir asesoría legal a mi despacho, por un tema de herencia. Eso fue hace dos meses y creo que me estoy enamorando demasiado rápido. Pero es que ella es increíble...

—¡No puede ser! ¿Niall Horan enamorado?

—Sí, así es... Creo que encontré a la indicada. Y el resto, ya saben. Mucho trabajo, cosa que agradezco siempre, porque hay mucha competencia entre abogados, pero nos ha ido bien y mis dos socios y yo estamos satisfechos, somos reconocidos.

—Te lo mereces, amigo, sabemos todo lo que te has esforzado en sacar adelante ese despacho, —comentó Harry, genuinamente feliz. —Y espero que de verdad puedas ser muy feliz con tu novia, que ahora sí detengas tu cacería con las mujeres.

—Te lo juro que sí. Espero que puedan conocerla en algún momento.

—Creo que ahora será más fácil, después de que me despida de los escenarios tendré mucho tiempo para mi familia y mis amigos.

—Menos mal que nos pudiste dar entradas, porque se acabaron en cosa de minutos. Hay mucha gente que quiere verte y eso me hace sentir mucho orgullo, —dijo Liam, conmovido.

—Gracias... Pero ya, no me hagas llorar. Mejor ya váyanse, miren que es tarde y tengo que madrugar, —dijo Harry, sin molestia y recogiendo las copas de sus amigos y su botella con agua, además de lo poco que quedó en la tabla.

—La hora pasó demasiado rápido, como siempre. Nos vemos amigo.

Liam y Niall le dejaron un abrazo apretado a Harry y se fueron. Era cerca de la una de la mañana, y Harry, aunque fuera domingo, tenía mucho qué hacer.

Durmió hasta las ocho, y desayunó y fue al gimnasio, como todos los días. Después de eso, tenía tiempo libre que aprovechaba de distintas maneras, como cocinar algo especial, salir a pasear a algún museo o a ver alguna ópera, pero ese día domingo, se dedicó a escuchar música “normal”, mientras leía sobre el ajedrez. Era un juego que siempre le llamó mucho la atención, pero que no terminaba de entender.

Estuvo casi una hora en eso, hasta que le dolió la cabeza. Fue entonces cuando recordó, que en una de las salas del edificio, había un salón para jugar ajedrez.

Decidió irse un poco antes el día lunes y revisar cómo era el sistema. Quizás habría alguien que quisiera enseñarle. Apenas llegó al edificio, fue a pedir información al encargado, quien le dijo que ni siquiera necesitaba saber lo básico, ya que podían enseñarle desde cero, y que si se decidía, podía compartir con uno de los mejores ajedrecistas del país, quien practicaba en esas instalaciones.

Harry agradeció al chico que lo atendió y decidió que el miércoles era un buen día para ver más de cerca cómo era estar en esa sala.

Lunes y martes, Harry volvió a quedar un poco descolocado con el padre de Emily cuando la llevaba sus prácticas, porque siempre parecía apurado, nunca saludaba y apenas se dejaba ver. Anotó mentalmente que debía hablar con Claire del asunto.

El miércoles dedicó una hora de su tiempo, antes de su clase de la tarde, para empaparse de la energía del ajedrez. Ese día solo se sentó a mirar a un par que jugaba, siempre muy serios y concentrados. Cuando se dio cuenta, estaba atrasado para llegar a su salón, por lo que salió apurado por el pasillo, con tan mala suerte que chocó con un hombre que iba en dirección contraria. Pudo reconocer al padre de Emily, y pensó que jamás vio unos ojos tan hermosos como esos azules que lo miraban de manera indescifrable.

—Lo siento, —se disculpó Harry, levantándose.

—Fue mi culpa, no me di cuenta y venía muy acelerado...

—¿Estás bien?

—Sí, ¿tú?

—También... Eres el padre de Emily, ¿verdad?

Cuando el hombre iba a contestar, Harry fue llamado por uno de sus pequeños alumnos.

Se dieron una última mirada y cada uno siguió su camino.

Harry llegó disculpándose por el retraso, pero apenas se había pasado por cinco minutos. La clase fue como siempre, muy entretenida, y se les pasaba demasiado rápido. Había pensado alargarlas y ofrecer más cupos en otros horarios, una vez que ya tuviera más tiempo libre.

Cuando terminó la clase, vio a Claire a la rápida, por lo que no pudo hablar con ella. Pero al día siguiente sí.

—¿Tienes cinco minutos? Quisiera comentarte algo.

—Claro Harry, dime.

—Es sobre el padre de Emily... Nunca tiene tiempo de despedirse, siempre anda apurado, apenas se deja ver, y me parece un poco irrespetuoso...

—Ohhh, lo siento mucho. Pero él no es el padre de Emily, es su tío. Mi hermano, para ser exactos. Siempre la trae corriendo porque él es ajedrecista y practica en una de las salas. La hora de entrada de Emily es la misma hora de entrada de él, por eso siempre anda corriendo. Me disculpo si pareció fuera de lugar alguna vez.

—Ahora entiendo todo. Entonces, puedes decirle a tu hermano, que, excepto muy contadas excepciones, esta sala está abierta desde diez minutos antes de que empiece la clase, por si quiere tener un poco de tiempo y no andar corriendo.

—Le diré, muchas gracias por preocuparte. Nos vemos mañana.

—Hasta mañana, —se despidió Harry, ocultando su gran sonrisa.

Entonces, ese hombre hermoso no era el padre de Emily. ¿Sería soltero? ¿Sería gay? Por lo menos ahora podía pensar en él sin sentirse culpable. No lo había visto muchas veces, solo las suficientes para notar lo sensual de su cuerpo y de su energía. Pero había un gran problema, Louis tenía toda la apariencia de ser un hombre activo, y eso echaba por tierra cualquier acercamiento amoroso entre ellos.

Con ese ánimo se dedicó a ensayar, hasta caer rendido, empapado en sudor. Se tomó unos minutos para recuperarse, acostado en el piso de la sala, mientras la música seguía sonando. Apenas pudo se puso de pie, y ordenó un poco. Estaba demasiado agotado para limpiar, lo haría al día siguiente. Ni siquiera se duchó, se colocó un buzo limpio y se fue a su departamento, donde sí se dio un largo baño, mientras tenía en el horno un delicioso pastel de papas que había congelado el fin de semana. Juntó la ropa sucia y la dejó lista en una bolsa para llevarla a lavar al día siguiente.

Cenó en la cama, y luego de lavarse los dientes, simplemente se derritió entre sus sábanas, durmiéndose cerca de las nueve de la noche.

El día jueves solo hizo pesas en el gimnasio. Por alguna razón se sentía muy cansado, y no le gustaba esa sensación. No quería pensar que su cuerpo le estaba pasando la cuenta de tanto desgaste, pero era inevitable. Llegó al salón de ensayo una hora antes, y limpió y desinfectó todo, dejando el espacio impecable. Después de eso, fue a la sala de ajedrez, a ver si podía recibir su primera lección.

Lo hicieron sentar en uno de los primeros puestos, y pronto se le asignó un tutor. Un chico muy agradable, con grandes ojos marrones que parecían siempre buscar algo.

—Mi nombre es Christian. Vamos a empezar con algunos conceptos básicos, ¿está bien? Pueden parecer cosas lógicas, pero no importa. Siéntete con la libertad de preguntar lo que quieras.

—Gracias.

—Este es el tablero de ajedrez, tiene 64 casillas alternando entre blancas y negras. Cada uno empieza con 16 piezas, que se ponen en las primeras dos filas. Tenemos al rey, la reina, el alfil, el caballo, la torre y el peón. Ahora vamos a ver cómo se mueve cada uno.

Una hora estuvo Harry en esa introducción al ajedrez, y quedó más que preparado para empezar al día siguiente a jugar. Estaba feliz. Amaba aprender algo nuevo en ese momento de su vida, y tenía otras opciones también. Siempre quiso conocer más en profundidad otros bailes, y estaba dispuesto a buscar lugares donde impartieran ese tipo de clases.

Siguió con el resto del día como siempre.

Al día siguiente, empezó sus clases. Estaba concentrado terminando su jugada, cuando le llamó la atención un chico que estaba hablando con el encargado. Le pareció conocerlo.

Cuando sus miradas de cruzaron, recordó que era Zayn, el ex novio de Liam, y con quien había compartido un par de veces. Se sonrieron, y Harry terminó su primera clase, bastante satisfecho. Lentamente iba entendiendo de qué se trataba realmente esto del ajedrez. Se puso de pie y salió del salón, y se encontró con que Zayn lo estaba esperando.

—¡Hola! Tanto tiempo sin verte, —saludó Harry, pensando en la cara que pondría Liam cuando le contara.

—Mucho tiempo, ya sabes, he andado viajando por todos lados y casi nunca estaba aquí en Londres.

—Sí, lo recuerdo bien. Tu trabajo es así, de moverse mucho. ¿Y qué haces acá? ¿De vacaciones?

—No... Mi mamá está enferma, y decidí que ya he estado demasiado tiempo afuera. Voy a buscar trabajo acá, en la ciudad, no quiero dejar sola a mi mamá. Soy su único hijo, y su única compañía.

—Lo lamento mucho, no sé qué decirte.

—Cuéntame cómo estás tú. Vi que te vas a despedir de los escenarios, ¿por qué? ¿No estás muy joven?

—Sí, me retiro. Mi cuerpo ya se está resintiendo y prefiero irme siempre digno, con un buen espectáculo. Además quiero enfocarme en enseñar, es algo que me gusta mucho. De hecho hago clases aquí.

—¡Eso es genial! ¿Puedo preguntarte algo?

—¿Por Liam?

—Sí... ¿Lo has visto?

—Lo vi el fin de semana, estuvimos en mi departamento.

—¿Cómo está?

—Está bien, como siempre peleando con sus clases.

Zayn sonrió. —Lo recuerdo bien...

—¿Lo vas a buscar?

—No, no tengo derecho a hacerlo...

—No estoy de acuerdo, pero si así lo crees está bien. ¿Por qué estabas en la sala de ajedrez?

—Andaba buscando a mi mejor amigo, es ajedrecista y pensé que a esta hora practicaba.

—¿En serio? Yo estoy recién empezando en esto del ajedrez. Quizás tu amigo quiera enseñarme.

—Lo dudo...

—¿Por qué? ¿Es tan bueno que no puede jugar con un simple aprendiz? —Preguntó Harry divertido.

—La verdad es que sí, —contestó Zayn. —Él es el número tres del Reino Unido.

—¿Y practica acá?

—Igual que tú, nadie lo imaginaría.

—Me gustaría conocerlo. Ojalá algún día puedas presentármelo.

—Me encantaría. Debo irme, me gustó mucho verte.

—También a mí. Espero que tu mamá se mejore pronto.

—Gracias, y si ves a Liam, déjale mis saludos...

—Lo haré, —afirmó Harry, cerrándole un ojo.

En medio del pasillo se despidieron y cada uno caminó hacia un lado opuesto.

Zayn pensaba en si era buena idea llamar a Liam, y Harry pensaba en que ojalá Zayn se atreviera a llamar a su amigo. Es como si el universo se hubiera confabulado para llevarlos de nuevo a un mismo camino. Solo de pensar en volver a verlos juntos, su corazón se sentía feliz.

Cuando Harry llegó al salón para esperar a los niños de la clase, buscó en su teléfono la lista de los mejores ajedrecistas del país. Y encontró un nombre que le llamó la atención. La información decía que el número tres era Louis Tomlinson, y ese apellido no se le hizo desconocido, pero por más que lo intentaba no lograba recordar.

Hasta que por algún motivo pensó en el tío de Emily, y fue que se dio cuenta de que su alumna era Emily Tomlinson y su madre, Claire Tomlinson. Por consiguiente, había chocado con uno de los mejores ajedrecistas del país, y recién se enteraba.

Mientras seguía esperando, le quedaban cerca de quince minutos, decidió mandarle un mensaje a Liam, y otro a Niall para contarles o que había sucedido con Zayn.

Liam le contestó casi de inmediato y Harry le contó la breve conversación que tuvieron, incluyendo que Zayn había dicho que no tenía derecho a llamarlo. Pero Liam estaba feliz de todas maneras, solo por el hecho de saberlo cerca.

Ese día en la tarde, cuando ya estaba por empezar su segunda clase, vio llegar a Emily de la mano con su tío. Se dieron un abrazo y él esperó a que entrara y se encontrara con sus amigas y amigos. Miró tímidamente a Harry, y lo saludó desde lejos, con la mano.

Harry le sonrió y le correspondió el saludo. Le pareció muy tierno.

Pero después de eso, Louis no se movió, por lo que Harry, aunque dudó, fue a su encuentro.

—Hola... ¿Pasa algo?

—Hola... Yo, quería disculparme por andar siempre corriendo y ser un maleducado, —dijo Louis, perdido absolutamente en el rostro de Harry.

—No era necesaria la disculpa, pero gracias. Yo no sabía quién eras...

Louis se puso encarnado. —Solo juego ajedrez...

—¿Solo juegas ajedrez? ¡Eres de los mejores! Es un honor conocerte, no me he presentado adecuadamente... Soy Harry.

Extendió su mano, y Louis la miró por un segundo antes de tomarla.

—Sé quién eres, soy un gran admirador... El placer es todo mío...

—Estoy empezando a tomar clases de ajedrez. Siempre me llamó la atención, pero no terminaba de entenderlo, —contó con toda la confianza del mundo.

—Puedo enseñarte, si quieres...

—Eso le había dicho a Zayn antes de saber quién eras, —contestó riendo, Harry.

—¿Conoces a Zayn?

—Sí, fue novio de Liam, que es uno de mis mejores amigos.

—¿Eres amigo de Liam?

—Sí.

—¿Crees que deberían volver? —Preguntó Louis.

—Absolutamente sí. Liam habla de Zayn con tanto amor, a pesar del tiempo que ha pasado y sé que por lo menos, merecen hablar una vez más.

—Estoy de acuerdo. Zayn en ninguno de sus viajes dejó de recordarlo. Ahora con lo de su mamá... Tuvo que volver obligado, pero también creo que las cosas pasan por algo...

Los dos se sonrieron, sintiendo que esas palabras también los involucraba a ellos.

—Debo irme, —dijo Louis. —Pero, tengo una idea, no sé si te parece bien. Deberíamos darle una ayuda a este par de tontos. Podemos ir a un bar o a cenar los cuatro...

—Me parece una gran idea... Anota mi teléfono para que nos pongamos de acuerdo.

—¿A qué hora terminas aquí?

—Cerca de las nueve.

—Yo a las ocho... Puedo esperarte, no me gusta mucho usar el teléfono para cosas importantes.

—Puedes esperarme acá adentro, no me molesta practicar con público.

—¿Es en serio? ¿Verte ensayar? ¿A ti?

—Sí... ¿Por qué?

—Nunca tuve oportunidad de verte bailar, nunca alcancé entrada, ni siquiera para tu despedida... Y poder ver uno de tus ensayos compensa todo...

Fue el turno de Harry de sonrojarse violentamente.

—Gracias... Te espero...

—Nos vemos... Adiós.

Louis salió corriendo, literalmente, ya estaba atrasado.

Mientras iba por el pasillo, intentando no resbalarse, solo podía sentir su corazón desbocado, y no era por el ejercicio físico. Era porque había visto, hablado y tocado a Harry Styles, ¡Harry Styles! No podía creerlo, ese hombre era su sueño, era su ideal, lo más mágico en su mente, alguien irreal, tan lejos de su mano...

Agradecía que su pequeña y amada Emily quiso tener clases de ballet, porque ya había averiguado que Harry las impartía en ese edificio, y bueno... Casi murió de la pena cuando quedó en lista de espera, sabiendo lo difícil que era que alguien liberara un cupo. Nunca se atrevió a mirarlo mientras ensayaba, a pesar de que moría de ganas. Pero no lo iba a hacer sin su autorización, su admiración era mucha como para espiarlo.

Dejó todos sus pensamientos de lado, una vez que se sentó frente al tablero. Era parte de su gran concentración en el juego, poder eliminar todo de su mente y ver solo las piezas moverse de casilla en casilla.

Dos horas después, terminaba su práctica, que fue muy satisfactoria. Estaba bajando su tiempo y cada vez se sentía más seguro. Sus aspiraciones eran llegar a estar dentro del número 50 del ránking mundial. Ahora estaba en el 68, su mejor posición en sus quince años de trayectoria como jugador profesional.

Caminó nervioso hasta llegar al salón donde practicaba Harry. Lo vio a través del vidrio de la puerta, cómo revisaba algunos vinilos. Tocó despacio, y se asomó.

—¡Hola! —Saludó Harry. —Pasa, puedes sentarte al fondo si quieres.

—Sí, gracias.

Louis tomó lugar en una esquina. Pronto la música envolvió todo el salón y vio transformarse a Harry, parecía una persona completamente diferente. Su rostro, su mirada, la postura de su cuerpo, todo era parte de su profesionalismo. No perdió ningún detalle de los movimientos armoniosos, tan intensos, volátiles, firmes y suaves que veía frente a sus ojos. Siguió cada figura creada con brazos y piernas, cada postura, cada gota de sudor que apareció en la piel de Harry. Estaba embobado, atónito y completamente feliz. Un ensayo de Harry era realmente una delicia para los sentidos.

Cuando se dio cuenta, ya había pasado una hora completa y Harry había terminado su práctica.

—¿Te aburriste mucho? —Preguntó el bailarín, sonriendo agitado.

—¿Aburrirme? Ha sido por lejos, lo mejor que han visto mis ojos. —contestó, arrepintiéndose al instante. Parecía que estaba coqueteando, y no era así. Le gustaría atreverse a hacerlo, pero apenas podía mantenerse en pie. Además, ¿qué sentido tendría?

Harry sintió cierta tirantez en la actitud de Louis, pero no pudo identificar por qué.

—Entonces, ¿ir a cenar? Prefiero ir a un restaurant que a un bar, porque yo no bebo.

—Tenes razón, no lo pensé, lo siento... Supongo que tampoco comes cualquier cosa, ¿tienes una dieta estricta?

—Realmente no, solo intento comer variado y con mucha proteína. Pero de vez en cuando puedo hacer excepciones.

—Conozco un restaurant pequeño, escondido, con comida deliciosa, donde podríamos estar tranquilos.

—¿Cómo se llama?

—“Real Club”, aunque quizás es poco elegante para lo que acostumbras...

—Es de mis favoritos en Londres.

—¿En serio? —Preguntó Louis sin poder creerlo.

—Sí, me alegro que te guste. Podría pensarse que tienes otro tipo de preferencias.

—Podría decir lo mismo de ti.

—Es cierto, pero ya ves. Me gustan las cosas simples, la gente sencilla. Entonces, ¿el sábado?

—Perfecto, ¿a las ocho? ¿Nos juntamos allá?

—Sí... Antes de que te vayas, quería entregarte esto, —dijo Harry buscando un sobre que estaba al lado del tocadiscos. —Espero que puedan ir.

Louis abrió el sobre y casi cae desmayado. Su boca se abrió sin que pudiera detenerla y no podía cerrarla.

Eran tres entradas para el ballet de despedida de Harry.

—¿Es...? ¿Es en serio? ¿Invitaciones?

—Sí, para Emily, Claire y tú... ¿Estás bien?

—¡Estoy feliz! ¡Gracias!

El corazón de Harry se apretó y su estómago se contrajo. Lo hacía profundamente feliz la alegría genuina de Louis frente a algo que era, para sus ojos, muy fácil de obtener.

—Debo irme, no puedo quedarme con la ropa mojada, tengo que cuidarme.

—Claro que sí, anda tranquilo. Nos vemos, y cuando quieras y tengas tiempo, pasa por el salón de ajedrez... Te voy a esperar.

Harry sonrió, y salió del salón camino a las duchas.

Louis lo vio caminar y pensó, si las cosas serían como él pensaba. Siempre estuvo seguro de que Harry era un hombre pasivo en la cama, pero ahora empezaba a dudar y no era algo que pudiera ir a preguntarle. Primera vez que le pasaba que no sabía identificar al otro, tenía un radar especial. Tomó su mochila y se fue a la casa que compartía con su hermana y su sobrina, a unos veinticinco minutos en su auto.

Tomó la decisión de vivir con ellas, luego de que el padre de Emily decidiera renunciar a serlo. Simplemente se fue un día, cuando Claire aún estaba embarazada y nunca supieron de él. Como Louis viajaba mucho, era más fácil vivir en la misma casa, así se hacían compañía cuando estaban juntos, y además, Louis adoraba con su vida a su sobrina y la consentía en absolutamente todo, para disgusto de Claire, que intentaba criarla de una manera más sencilla.

Llevaba, Louis, varios años sin pareja. No podía dedicarle tiempo a alguien, y estaba bien con esa decisión. Viajaba mucho a distintos torneos alrededor del mundo y durante muchos años fue muy sacrificado para él, porque no tenía un auspiciador que costeara los traslados o las estadías. Todo salía de su bolsillo, de los distintos trabajos que tuvo que buscar en diferentes partes. Un mes estaba limpiando baños, otro mes vendiendo hamburguesas. Tenía una licenciatura en lenguaje, pero no podía hacer mucho con eso ni con ningún otro título. Necesitaba trabajos cortos y en los que pudiera renunciar con facilidad cuando alguna invitación apareciera. Esos primeros años, mucha de la responsabilidad de la casa, se la llevo Claire, y ahora Louis podía retribuirle con creces. Tenía seis auspiciadores que se encargaban de todos sus gastos y que además, le daban una seguridad económica cada vez mayor, a medida que avanzaba más puestos en el ranking. El gobierno también le daba una pensión, por lo que su vida económica estaba más que resuelta.

Sus padres habían muerto cuando él tenía apenas 20 años, y le tocó hacerse cargo de su hermana, que contaba con 16. La cuidó y acompañó lo mejor que pudo, se preocupó de que estudiara y que se mantuviera lejos de las tentaciones típicas de esa edad. No estuvo de acuerdo cuando a los 25 se fue a vivir con su pareja, nunca le gustó él, no se la merecía.

Cuando a los 28 Claire quedó embarazada, Louis fue el más feliz del universo, más que el propio padre. No le extrañó que él no quisiera a su hija, porque soñaba con un varón. Pero ahora estaban bien, eran felices y no les faltaba nada.

Ese día sábado, estaba especialmente nostálgico. Tantas emociones de la semana le pasaron la cuenta, y estaba muy distraído. Había intentado leer alguno de sus libros de ajedrez, y no pudo conectar con ninguno. Se decidió, mientras esperaba que el almuerzo estuviera listo, por uno de sus favoritos, unos cuentos de Oscar Wilde. Amaba la manera en que podía desconectarse a través de esas letras que lo llevaban a otro mundo.

Después de almorzar, ayudó a Emily a estudiar y luego tomó una siesta. Cuando despertó, limpió su habitación, cambiando sábanas y aspirando por todo el lugar. A las seis y media se fue a bañar, lo hizo con mucha dedicación, sintiéndose tonto por hacerlo, como si algo pudiera pasar entre él y Harry. Ridículo.

Se vistió un poco provocativo, algo que no acostumbraba. Eligió unos jeans muy ajustados, unas zapatillas negras y blancas y una polera sin mangas. Encima, una chaqueta de mezclilla.

Se veía increíble, pero se sentía como si fuera un adolescente y claramente, ya no lo era. Se cambió la polera y la chaqueta, por una camisa negra, y una chaqueta de cuero delgada. Se perfumó sutilmente, y luego conversó unos minutos con Claire sobre cosas domésticas.

A las siete y media tomó sus documentos, sus llaves, su teléfono y salió en su auto. Llegó cinco minutos antes de las ocho, y se encontró con que Zayn también iba llegando.

—Hey, nos pusimos de acuerdo, —saludó Louis.

—Así parece...

—¿Estás nervioso?

—Mucho, ¿me veo bien? —Preguntó Zayn.

—De infarto amigo, como siempre.

—Tú no lo haces nada mal... Parece que vienes a una cita.

—Claramente no, apenas me arreglé.

—Sé que siempre has admirado a Harry y que piensas que es el hombre más perfecto de la tierra, pero ¿no les gusta lo mismo? —Preguntó bajando la voz.

—Estaba seguro que sí, pero ahora tengo mis dudas. Imagínate no fuera como siempre lo pensé, sería... Más que maravilloso, yo le pediría matrimonio de una vez.

Zayn rio con ganas. —Te creo.

Estaban en eso cuando llegó Harry, viéndose completamente distinto a como se veía en sus ensayos. Derrochaba masculinidad, fuerza, seguridad. Sus pantalones se ajustaban en los sitios precisos, su camisa ligeramente abierta y sus botas negras armaban un conjunto hecho a medida para él.

—Hola, perdón por la demora, —dijo sonriendo.

—Llegaste justo a tiempo, solo falta Liam.

—Viene un poco atrasado, podemos esperarlo adentro.

—Claro, entremos.

Se sentaron en una mesa cerca de la entrada. Había bastante gente, pero se sentía agradable. El ambiente era tranquilo.

—Podemos pedir algo para beber, ¿les parece? —Preguntó Harry, mirando la carta, mientras el mesero esperaba atento.

—Sí, —contestó Zayn. —Yo quiero vino blanco.

—Yo quiero... Una copa de coñac, —pidió Louis.

—Y yo... Un mojito sin alcohol por favor.

El joven se fue, y volvió a los cinco minutos con sus tragos.

—Entonces, Harry, —Habló Zayn, —¿muy nervioso por tu despedida?

—No, la verdad es que nervioso no estoy. Solo muy ansioso. Quiero que llegue el día y un minuto después ya no quiero que llegue. Es una dualidad extraña. A veces creo que no le tomo el peso a que es mi despedida y que después ya no hay más oportunidades...

—¿Y de verdad estás seguro? —Preguntó Louis, completamente ido por Harry.

—Lo estoy. Como le decía a Zayn el otro día, siento que mi cuerpo se está resintiendo y no quiero terminar dando lástima. Prefiero retirarme a tiempo, y poder dedicar muchos años a la docencia.

En ese momento, llegó Liam.

—Perdón por la demora, pero se me pasó la hora planificando mi semana de clases, —dijo saludando a todos, pero solo mirando a Zayn.

—Estás igual de lindo que siempre... —susurró Zayn.

—Y tú, igual de descarado, —le contestó Liam, feliz.

Louis y Harry se miraron, sintiendo de inmediato que estorbaban.

—Creo que olvidé mis documentos en el auto, —mintió Harry. —Voy a buscarlos.

—Te acompaño, —dijo Louis.

Liam y Zayn apenas los escucharon, estaban conversando animadamente en su propio mundo.

Una vez afuera del local, Harry se puso a reír.

—Esto fue más fácil de lo que pensamos.

—Me alegra mucho verlos así, —confirmó Louis. —Se nota que se siguen queriendo.

—Sí...

Harry y Louis tenían la misma pregunta en la punta de sus lenguas, pero no sabían cómo abordar el tema sin que el otro se sintiera mal o pensara que era de mal gusto. No se atrevían a intentar un paso más sin estar seguros de que las cosas saldrían bien, aunque era innegable la atracción entre ellos.

—¿Te ha pasado alguna vez que no sabes cómo abordar un tema? —Se atrevió a preguntar Harry.

—Justo ahora, —contestó Louis.

—¿Y qué hacemos? ¿Estaremos pensando lo mismo?

—No lo sé, solo hay una manera de saberlo, pero de verdad quisiera que no lo tomes a mal...

—Te prometo que no lo haré, si te comprometes a tampoco hacerlo.

—Trato hecho.

—Entonces, Louis... ¿Eres activo?

—No lo soy... ¿Tú?

—Lo soy.

Los dos suspiraron y sonrieron con ganas.

—Llegué a sudar, nunca me pasó algo así, —contó Louis, limpiando sus manos en su camisa.

—A mi tampoco, pero estoy feliz de que las cosas sean como son...

—¿Muy feliz?

—Sí...

Harry se apoyó en su auto, y estiró su mano. Louis la tomó y Harry tiró de él hasta que pudo abrazarlo por la cintura. Sin decir ni una sola palabra, lo besó.

La cabeza de Louis explotó en mil colores y solo se dejó llevar por la intensidad de Harry, que era inusualmente posesivo en su agarre y en su manera de besar. Completamente dueño de la situación, Harry bajó sus manos hasta las caderas de Louis y las masajeó con ganas de sentirlo, y con más ganas aún de seguir tocándolo.

Y Louis estaba a punto de desnudarse en el estacionamiento del restaurant, hasta que recordó dónde estaban. Detuvo el beso y se echó hacia atrás.

—¿Pasa algo? —Preguntó Harry, preocupado.

—Estamos en un sitio público, y yo no quiero dar un espectáculo...

—Tienes razón, me excedí...

—No, no lo hiciste. Yo estuve a punto de descontrolarme, y además de vergonzoso, es inapropiado.

Harry sonrió. —¿Vamos a cenar? Tengo hambre, algo me abrió el apetito... —dijo guiñándole un ojo a Louis.

Entraron nuevamente al lugar, y vieron que Liam y Zayn seguían conversando.

—¿Pidamos? —sugirió Louis.

—Sí, —contestó Liam. —Por favor.

Miraron el menú en silencio, y luego hicieron su pedido que se demoró un poco más de diez minutos. En medio de los platos humeantes, conversaron un poco entre todos, aunque las miradas entre Liam y Zayn, y entre Louis y Harry, eran de infarto.

Una vez que terminaron la cena, Liam y Zayn se fueron juntos, según ellos a seguir conversando. En cambio Louis y Harry andaban cada uno en su auto, y no tenían opción de irse juntos. O eso pensaba Louis.

—Se que puedo sonar extraño, pero... ¿te puedo acompañar a tu casa?

—Me encantaría... ¿Puedo invitarte un café?

—Sí... Te sigo.

Manejaron con la ansiedad a mil, con mil ideas en sus cabezas, con miedos, con algo de esperanzas. Con incertidumbre de saber qué podría pasar. ¿Querría el otro una relación a largo plazo? ¿Quizás solo un poco de sexo sin compromisos? ¿Tal vez no se llevarían bien?

Cuando llegaron a la casa de Louis, se acordaron de que no vivía solo. Pero eso, en vez de desanimarlos, les dio tranquilidad. Ese primer beso los había encendido a un nivel desesperante, extrañaban de igual manera el contacto con otro hombre y cualquier lugar con un poco de oscuridad y soledad, los llevaría al paso siguiente.

Entraron intentando no hacer ruido, porque aunque aún no eran las diez de la noche, Emily ya estaba durmiendo.

—Siéntate, voy a la cocina.

—Gracias...

Louis fue a poner el agua a calentar. Preparó las tazas, y las puso en una bonita bandeja, con un azucarero, un lechero pequeño, y un plato con galletas.

Su corazón estaba acelerado, no podía creer todo lo que había pasado ni lo bien que se había dado todo, menos que en el living de su casa estaba sentado Harry Styles... Era como un sueño, solo que mil veces mejor. En su cintura tenía grabada la intensidad de la mano del bailarín, y solo recordarlo lo hacía temblar.

En el sofá, Harry no estaba mejor. Sus labios palpitaban añorando los de Louis y no tenía sentido, recién se estaban conociendo y su cuerpo había reaccionado como un necesitado y demente. Era más que obvio que le gustaba Louis, siempre lo hizo, pero empezar a conocerlo y descubrirlo era algo mucho más profundo, más interesante, más intenso y sobre todo, lo volvía real.

Se levantó del sofá y se acercó a una pequeña pero bien dotada biblioteca. Era un mueble hermoso de madera, tal vez ébano, con tallados. Miró y le asombró la gran cantidad de libros sobre ajedrez que había, quizás unos cincuenta, de todos los tamaños. Y en un apartado, en lo más alto, algunos libros variados. Tomó uno que conocía muy bien, y lo revisó.

Estaba Harry concentrado leyendo, cuando sintió la voz de Louis.

—Perdón por la demora, ¿te aburriste?

—Para nada... Estaba mirando tus libros, tienes una gran colección de textos de ajedrez.

—Y me faltan muchísimos, es increíble la cantidad que hay.

—Pero, y disculpa mi ignorancia, ¿no son todos iguales?

—En muchas cosas lo son, pero cada uno tiene una visión diferente de algunos puntos, y eso hace una gran diferencia.

—Entiendo, —contestó Harry, comiendo una galleta y sonriendo. —Tienes una edición muy linda de los cuentos de Oscar Wilde, tengo la misma.

—¿Te gustan sus cuentos?

—Son de mis favoritos.

—¡Los míos también!

—Creo que una vez que los lees, es imposible no enamorarte de ellos.

—Pienso lo mismo...

Se miraron en silencio, ¿de qué más podrían hablar?

—¿Tienes planes para mañana? ¿Qué haces los fines de semana? —Preguntó Harry, curioso.

—Depende. Ahora me estoy preparando para un torneo en Varsovia, por eso estoy practicando mucho. Mañana pensaba ir a ver una exposición sobre Van Gogh, pero Emily tiene que preparar una exposición sobre las ballenas, y le dije que la ayudaría.

—¿Y no alcanzas a hacer las dos?

—Sí, pero me arrepentí de salir. Está haciendo mucho frío, y aunque me ponga guantes, mis manos se enfrían muy rápido y me empiezan a doler.

—¿De verdad? —Preguntó Harry, dejando su taza en la mesa, y acercándose hasta tomar las manos de Louis. Las acarició suavemente. —Tienes lindas manos.

—La verdad es que me las cuido mucho... —contestó, bajando la voz, casi temblando por volver a tener cerca a Harry.

—¿Te pongo nervioso?

—Sí... Yo, tengo que confesarte que te admiro hace mucho, mucho tiempo... Y no solo eso, soñaba contigo... —dijo avergonzado.

—¿Es en serio? —Murmuró. —Créeme que si te hubiese visto antes, también hubiera soñado contigo...

Louis dudó, pero finalmente se decidió y se acercó él a buscar los labios de Harry, que ya lo esperaban ansioso. Se besaron con todas las ganas que tenían acumuladas, sintiendo cómo sus cuerpos reaccionaban al intentar acercarse un poco más y poner más presión en sus manos. Las de Louis en el cuello de Harry, y las del bailarín, en los muslos de Louis.

Harry estaba loco de ganas por poder perderse en el cuerpo de Louis, sobre todo desde la cintura hacia el sur. La forma de esas piernas, tan llenas y fuertes le provocaban malos y lujuriosos pensamientos, imaginarlo desnudo sobre su cama lo estaba matando.

—Detente... —pidió Louis, sin separarse ni un solo milímetro.

—¿Por qué? —Preguntó Harry, mordiéndole el cuello.

—No estamos solos...

—Lo sé... Pero es solo un beso...

—¿Solo un beso? Harry...

—Lo siento, —contestó, riendo. —Es tu culpa, eres adictivo.

—¿Lo soy?

—¿Qué pasa?

—No quiero que pienses que soy inseguro o algo así, porque no lo soy, no a esta edad... Pero hay momentos como este en que aún no creo que te guste.

—Me encantas.

Louis sonrió. —Te voy a creer.

—Bien me parece... ¿Te gustaría que fuéramos a desayunar mañana? Entiendo que estás ocupado y que no es fácil cambiar de planes, pero ¿quizás tienes un poco de tiempo?

—Tengo tiempo para que desayunemos... Sobre todo porque en la semana es más difícil encontrar un espacio...

—¿Paso por ti a las nueve? ¿O prefieres a las diez?

—¿Nueve? Mientras más temprano, mejor.

—Entonces, me voy... Gracias por el café.

—Te acompaño a la puerta.

Caminaron hacia la entrada de la casa, que estaba a oscuras porque a Louis se le olvidó encender las luces, y se dieron un pequeño abrazo. Pero después del abrazo, Harry besó a Louis, y no solo eso, también tocó su trasero turgente y firme.

—Hey, —rio Louis.

—Tenía que hacerlo, ya no aguantaba tenerlo lejos... Hasta mañana...

—Hasta mañana...

Louis cerró la reja, y entró sonriendo, sin imaginar que estaría Claire esperándolo con los brazos cruzados.

—¿Y eso? ¿Trajiste a un hombre a esta casa?

—Vinimos a tomar un café, ¿cuál es el problema?

—Sabes que no me gusta que invites a cualquiera.

—Hablas como si lo hiciera siempre, y además, no era cualquiera, era Harry.

—¿Harry? ¿El Harry que estoy pensando?

—Sí, Harry Styles...

—¿Están saliendo?

—Nos estamos conociendo.

—Invítalo a almorzar, —dijo Claire, cambiando totalmente de actitud.

—Vamos a ir a desayunar mañana, pero lo invito para el próximo sábado, ¿te parece?

—Me encanta la idea. Ojalá les resulte, no sé por qué creo que él estaba igual de solo que tú.

—Puede ser... Solo sé que jamás imaginé verme en esta situación. Es, por lejos, lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, —contó Louis, suspirando.

—¿Puede volverse una distracción?

—¿A qué te refieres?

—A que te saque de tu concentración en el juego.

—Puedo enamorarme de Harry fácilmente, pero el ajedrez es todo lo que soy. Si él no lo entiende o en algún momento tenemos un conflicto por eso, mi respuesta siempre será la misma.

—¿Aunque eso signifique quedarte solo? —Preguntó Claire.

—No le tengo miedo a la soledad. Más me asusta enamorarme de alguien que no comprenda lo que hago.

—Ojalá Harry sea el indicado. Él tiene un algo especial, una energía muy bonita.

—Lo sé, él es... mágico.

—Ay hermano, creo que ya caíste. Pero es tarde, vamos a descansar, yo mañana ordeno.

Se fueron a dormir.

Louis en su cama solo podía revivir una y otra vez lo sucedido, los besos y las caricias que compartió con Harry, encendiéndose rápidamente. Entre sus piernas tenía un problema, que resolvió con sus manos en tiempo récord... Y eso lo asustó. Si llegaba a estar en la cama con Harry, ¿quedaría en vergüenza? No podía acabar tan rápido, y eso que había usado solo su imaginación. De solo pensarse entre los brazos de Harry volvió a encenderse.

Se sentó en la cama sintiendo pánico.

Apenas durmió. Despertó mal humorado, algo muy extraño en él. Se bañó y se preparó para salir. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para cambiar su ánimo, y lo logró después de algunos minutos, en que revisó el cuaderno de Emily para saber qué materiales necesitaba para su presentación.

Cinco minutos para las nueve, estaba Harry tocando a la puerta de Louis.

Y Louis se sintió, otra vez, como un adolescente.

—Hola, —saludó el ajedrecista, sin saber muy bien cómo acercarse.

—Buenos días, —contestó Harry, mucho más decidido. Simplemente le dejó un beso en los labios, y sonrió.

—¿Cómo estás? —Preguntó Louis.

—Bien, con algo de sueño por el desarreglo de ayer, ¿y tú?

—Dormí mal, me di muchas vueltas en la cama.

—¿Por algo en especial?

Louis se sonrojó. —No, no sé qué pasó.

—¿Debo creerte? Tienes cara de culpable, —dijo divertido Harry.

—No es algo que pueda hablar contigo, —respondió Louis, mirando hacia otro lado, pero feliz.

—Te apuesto un beso a que me lo terminas contando.

—Trato hecho.

—¿Vamos? ¿Te gusta el desayuno tradicional inglés?

—Lo amo.

—También yo, y sé dónde encontrar el mejor.

—No me digas que vamos a desayunar en el “Riding House”

—Lo pensé, pero, como este es un desayuno especial, vamos a ir a “Coppa Club”.

—¿Ese es el lugar donde hay esos iglúes? Dicen que es hermoso, pero nunca fui.

—Exactamente, te va a encantar.

Harry le abrió la puerta del auto a Louis, y luego tomó su lugar en el asiento del piloto, abrochando su cinturón. Manejó durante quince minutos, mientras conversaban de música, y de las canciones que iban apareciendo en la radio.

Llegaron y había una pequeña fila para entrar.

—Parece que hay que tener reserva... —Susurró Louis.

—Claro que sí. Yo reservé anoche, no te preocupes.

Se acercaron a la entrada y rápidamente los hicieron pasar, llevándolos a un iglú desocupado. Era muy original, muy íntimo, a pesar de ser transparentes, lograbas sentirte en confianza con tu acompañante.

—¿Quieres pedir algo especial? ¿O prefieres lo clásico?

—Por hoy, quiero lo clásico. Espero que haya oportunidades de probar algo más...

Y Harry sonrió con ganas. —Estoy seguro de que así será.

Llamó con la mano al mesero, y encargó dos desayunos ingleses completos.

Pronto estaban frente a sus ojos, dos platos con la comida, más café y jugo de naranjas.

—Estos huevos están en su punto, —dijo Louis, disfrutando como nunca.

—¿Y qué me dices de las salchichas y las papas? Esto es realmente rico.

—No imaginé que el café fuera tan bueno.

—Estoy feliz de que te gustara el lugar... Cuéntame qué te pasó anoche.

—¡Claro que no! —Exclamó Louis, muriendo de la risa.

—¿Por favor?

—No, Harry. Aún tengo un poco de dignidad.

—¿Tiene que ver conmigo?

—Sí.

—¿Es algo malo?

—De alguna manera lo es.

—¿Y de verdad no quieres contarme?

—Quizás más adelante, en el momento preciso.

—Está bien, no voy a insistir. Lo malo es que tendré un beso menos, —se lamentó Harry.

—Claro que no, eso no lo voy a permitir, —dijo Louis, terminando su jugo de naranja. —Pero sí tengo una duda, y quizás estoy muy viejo para hacer este tipo de preguntas, pero, nosotros apenas nos estamos conociendo, ¿por qué me besas con tanta propiedad?

—Fácil. Me enamoré de tus besos, y no sé por qué debería privarme de ellos. Sé que estamos, por así decirlo, en la primera etapa, pero a mí me da igual si es que siento que quiero besarte. ¿No te gusta que lo haga?

—Me encanta, no me estoy quejando, solo quiero saber. Creo que necesito saber siempre qué es lo que está pasando, no me gusta “creer qué” o “sentir qué“, —explicó Louis haciendo comillas con los dedos.

—Entiendo, lo entiendo perfectamente. Pero para pedir eso, tienes que darlo también, y siento que todavía no puedo llegar a la esencia más profunda de ti. ¿Me equivoco?

—No lo haces, y eso tiene un motivo. Tú. Aún me cuesta creer que esto está pasando, siento que en cualquier momento todo se va a ir al carajo, que puedo hacer algo mal, y estoy consciente de que es porque no te conozco lo suficiente como para dejarme llevar.

—Tiene sentido, pero yo soy así como me ves. Un tipo que baila, que le gustan las cosas y las personas sencillas. Me gusta jugar un poco, coquetear con quien me interesa, sacarte de tu zona de confort...

—Lo sé, lo haces conmigo.

—¿Y eso te molesta?

—No, me gusta que lo hagas.

Harry tomó la mano de Louis sobre la mesa, y la acarició.

—A mí me gustas tú.

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