Noche lluviosa
⚠️Antes que nada debo aclarar que en este cap ya son mayores de edad, katsuki es el heroe numero #1 y están casados.⚠️
Era una noche lluviosa, y nuestra pareja favorita estaba recostada en el piso de su apartamento, mirando hacia el gran ventanal. Solo los iluminaban la luz de la luna y los destellos de los altos edificios que alcanzaban a verse desde ahí. El rubio estaba sobre el pecho del bicolor, observando con atención cómo las gotas caían por el vidrio, dejando rastros irregulares. Shoto, por su parte, no podía dejar de mirar a su esposo con una sonrisa tranquila.
No necesitaba más. Tenía todo lo que siempre había querido: al héroe número uno como pareja. Guapo, fuerte, una personalidad explosiva pero leal hasta los huesos. Cocinaba como si fuera un chef profesional, lo cuidaba con una intensidad que solo podía venir del amor y, aunque era mal hablado, gruñón y a veces insoportable, también era dulce en los momentos justos. Y eso era lo que más amaba de él: su autenticidad.
Después de un rato, como era costumbre, Katsuki se quedó dormido. Siempre se dormía temprano, aunque no lo admitiera. Shoto lo notó por su respiración lenta y por cómo su cuerpo se relajaba por completo sobre él. Sonriendo con ternura, lo cargó en brazos —como si fuera su tesoro más preciado— y lo llevó a la habitación.
Lo acomodó entre las sábanas, tapándolo bien, y luego se metió a su lado. Apenas se acostó, Katsuki lo abrazó instintivamente, como si incluso dormido supiera que Shoto debía estar cerca. El bicolor soltó una risa bajita.
Mientras escuchaba la lluvia golpear suavemente las ventanas, su mente empezó a divagar. Imaginó el futuro. Un futuro no tan lejano.
Una gran casa blanca en la montaña, lejos del bullicio de la ciudad. Ventanales enormes con vistas a un bosque tranquilo. Una piscina donde Katsuki pudiera nadar en las mañanas y un pequeño estudio para él, donde pudiera pintar o leer en silencio. Se imaginó con un niño pequeño corriendo por los pasillos, riendo a carcajadas, con un mechón rubio alborotado y ojos intensos. Y un gatito dormido al sol en una de las sillas, porque Katsuki odiaba los perros. Y sí, tal vez tendrían otro hijo. Tal vez dos.
Y lo más importante: seguirían juntos.
Shoto se acercó más al cuerpo cálido de su esposo y le susurró cerca del oído:
—Vamos a tenerlo todo, Katsuki. Lo juro.
El rubio murmuró algo entre sueños, algo como “te amo, bastardo” y Shoto sonrió de nuevo, justo antes de cerrar los ojos.
Afuera, la lluvia seguía cayendo.
Pero adentro, ya estaban viviendo su pequeño pedazo de cielo.