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MI DESEO | Manjiro Sano

Sinopsis

Sano Manjiro es festejado y recibirá tres premios y un deseo de cumpleaños.

Genero:
Erotica
Autor/a:
Mabel_Uzume
Estado:
Complete
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

MI DESEO | Manjiro Sano

—»Capítulo especial y único, dedicado a Manjiro en la realidad de Bonten.

—»Uzume&Manjiro | Realidad alterna a la original

—»Contenido erótico 🔞



Los rumores sobre la dueña del club más prestigioso de Tokyo, de ser pretendida por el líder de la organización criminal, de fama invencible, fueron confirmados cuando los vieron en cercanía no profesional, cenando juntos en uno de los restaurante más sofisticados y lujosos de la ciudad.

Era el aniversario de la vuelta al sol de Sano Manjiro, la velada bajo luces cálidas, daban paso a tener de compañia a Uzume, quien consciente de que estaban siendo observados quiso estimular el ambiente de curiosidad, obsequiándole un beso sensual y lento al cumpleañero, sentados en aquel espacio apartado.

—Tenías un poco de crema —lamió la curvatura de los labios del Sano, luego de comérselo en ese beso significativo y correspondido—. Deberías ser más descuidado al comer postres, para limpiarte de esta manera —unió una vez más su boca a la del líder.

La pelirroja sonrió entre el beso, tomando distancia para extraer de su bolso un pequeño regalo; una caja del tamaño de su puño, envuelto en una pequeña cinta roja y la ofreció a Manjiro.

—Feliz cumpleaños, Sano.

—¿Puedo? —dijo esperando aprobación, para saciar la curiosidad.

—Por supuesto —lo miró espectadora a su reacción.

El jefe de Bonten quitó la cinta, abriendo el pequeño cofre aterciopelado, fijando sus orbes oscuros sobre el presente.

Un anillo.

Una joya que fué fabricada a la medida de su mano, en dorado por la fama de invencible de su dueño y con una piedra roja que a Uzume parecía adecuada, para representar la manera en que lo percibía: Intenso, pasional y con liderazgo poderoso; cruel y sangriento.

Aceptó que fuera la dueña del Velvet quien decorara con la gema de oro y rubí su dedo meñique, aunque ella jugó con travesura casi colocándolo en el dedo anular.

—Tranquilo —dijo cuando se lo ajustó en su último dedo izquierdo—, el que hará ese tipo de propuesta nupciales serás tú, más adelante.

Sano tomó las manos delgadas y suaves de su novia, llevándolas a sus labios para dejar una huella labial energética en ellas, advirtiendo que se tomaba en serio cada detalle y palabra, haciéndole también promesas de darle ese anillo de compromiso más pronto que tarde, porque sabía que era la mujer que queria a su lado.

—Gracias, mi dama —abrió y cerró su palma acostumbrándose a la joya y detallándola.

—Es solo mi primer obsequio —musitó a su oído, respirando en su nuca, consiguiendo una expresión de avidez en el Sano.

Tenían seis meses saliendo, tiempo donde la tensión por sobrepasar limites íntimos se palpaba en ambos, aún asi había respetado el deseo de la Saito de no intimar hasta que estuviera lista para ello y terminara su contrato como socios, pues una de las cláusulas estipuladas era la limitación de contacto físico para llevar los negocios juntos, de manera profesional. Ya habian violado esa misma regla con besos y momentos sugerentes. La pelirroja podia ignorar ese punto del contrato cuando quisiera, solo se abstenía por probar a Manjiro y jugar un poco con él, aumentando el deseo de ambos.

—¿Bailas conmigo? —exclamó ofreciendo su mano a la dama suya.

La pista de baile se sentía como un escenario, pues los pocos clientes VIP en el lugar, guardaban distancia respetando el espacio de la pareja y los escaneaban con mínimo disimulo.

—Algo me hacía pensar que no eras buena pareja de baile —Uzume elevó su mano para acariciar la mejilla del líder quien le demostraba lo contrario.

—Hago lo posible para hacer un vaivén decente, pero no creo que sea tan malo —Mikey sonrió levemente y bufó agridulce.

—Tal vez en vidas pasadas fuiste un caos bailando y mi alma recuerda la desdicha de no compartir un momento como ahora —rió girando en pasos coordinados, cuando el pelinegro la impulsó y a la vez le confió el secreto de haber tomado clases de baile tediosas, unos meses atrás.

El vestido se ceñía en la cintura que Manjiro tomaba con firmeza y cuidado, mientras que la tela suelta bajo las caderas de la pelirroja hacia crear un revuelo de seda carmesí brillante, que se movia al compás de la melodía clásica de jazz que los músicos ejecutaban con elegancia.

—Me gustaría dar un paseo —demandó al lider de Bonten—, cuando salgamos de aquí.

—¿A donde quieres ir? —Mikey elevó su ceja, curioso, sin perder el ritmo de sus pasos lentos y la presionó más contra su pecho.

—A ver el mar.

Aceptó sin pensarlo dos veces, pues le era difícil dar respuestas negativas a la mujer que tenía sostenida en sus brazos. De hecho, encontraba felicidad en complacer sus demandas o caprichos.

El cómodo calor al tener sus cuerpos pegados y beber el aroma del otro, les incitó a bailar una pieza más en aquella sala extensa, con público que eventualmente se fue uniendo a la pista sin burlar el espacio personal de la pareja, quienes de todos modos estaban en su propio mundo y custiodados por guardaespaldas.

—La noche es nuestra, lo haremos en el yate —Las palabras crudas y directas de Uzume, paralizaron por dos segundos a Manjiro ralentizando su andar cuando salieron por la puerta del restaurante media hora después. Ella se percató al dar un paso en delantera y sentír el freno sutil de su mano, pues iba tomada de su novio—, no me gustaría que soples velas y pidas un deseo aquí—añadió—, por eso preparé un pequeño momento de festejo para hacerlo en privado. Espero te guste.

—Soplar velas —repitió y titubeó lento, pasando su mano sobre sus hebras oscuras y se recompuso con rapidez, cuando su novia fruncía las cejas confundida por el actuar del Sano.

Desprendió el abrigo de temporada para cubrirla con cuidado y librarla del viento fresco, hasta abordar el vehículo que los llevaría donde la pelirroja indicara al chofer.

El recorrido custodiado duró la mitad de una hora. Tiempo donde ambos entrelazaron sus manos, Manjiro se permitía servir de apoyo para el rostro que Uzume recostaba en su pecho tibio y mantenían un silencio cómplice y cómodo. Una vez en el puerto, trazaron una ruta corta a pie, apreciando las aguas profundas que reflejaban luces a su alrededor por las naves marinas que flotaban quietas, en diferentes tamaños y formas, hasta abordar el transporte que pertenecía a la Saito.

Los guardaespaldas montaron guardia fuera del vehículo marítimo que yacía anclado y así permanecería. Manjiro ayudó a la anfitriona a adentrarse en la cubierta y se dejó guiar por ella al espacio preparado para relajarse a solas dentro del yate.

Aún con el abrigo del líder de Bonten en sus hombros, Uzume caminó adelante por el pasillo de madera girándose con elegancia para no darle más la espalda al hombre que quería festejar.

—Ven —Le tomó la mano con seguridad, acercando a su rostro el suyo, otorgándole ansiosa un beso cargado de emoción, dándole a probar el sabor de su lengua.

Giró en segundos a Manjiro, apoyando con poco tacto su espalda sobre la pared amaderada, sin alcanzar a llegar cruzar las puerta cercana de la habitación. Ambos se comían la boca con deseo y apetito sexual.

Habia algo que el Sano repetía a la pelirroja cuando tenían diálogos sencillos pero significativos. «Me gusta cuando me muestras la verdadera tú que hace lo que quiere» Tal vez entraba en esa frase el momento de impulso que Uzume estaba padeciendo.

A Mikey le gustaba saberse apreciado y deseado, amaba la atención de la mujer que le gustaba y por eso retribuía de la misma manera las acciones a ella. Disfrutaba dejarse llevar por los impredecibles momentos que Uzume compartía con él, pues la mayor parte del tiempo era quieta, profesional y seria, casi inalterable.

El abdomen marcado bajo la tela obscura fué invadido por las palmas sedosas y expertas de la mujer que quería recorrer y grabar los detalles de la piel del pelinegro. Sus bocas estaban conectadas en besos húmedos e intensos, el abrigo aún habitaba el cuerpo de quien Mikey envolvía en sus brazos y quería poseer.

—¿Que me pedirás como regalo más personal, Manjiro?

Las palabras fluyeron como una oferta obvia, en tono sensual y lento cuando Uzume separó sus carnosos labios de la tibieza de los del líder.

Las manos del hombre que exhaló con pesadez y contención, viajaron un poco mas bajo de la cintura, dudando de tomar lo que realmente quería.

—No seas modesto —susurró ella, tomándole las manos, deslizándolas hasta el trasero bien formado por todo el entrenamiento fisico que ella ejercía a diario en sus prácticas de combate—, aprovecha tu privilegio de cumpleañero.

Mikey era caprichoso, terco y demandante, su contención no se debia a timidez, ni duda, sino a la promesa que le había hecho de no sobrepasar la linea física hasta terminar el contrato. Sus pensamientos eran diferentes a las reacciones de su cuerpo, que delataban lo que más quería tomar.

El debate interno se exteriorizó en su expresión agitada y adolorida por lo que deseaba y lo que debía cumplir. Su pantalón ya marcaba el bulto de la inevitable erección que Uzume habia causado, cuando arrastró la palma tensa del Sano más allá de sus glúteos, en delantera hasta meterla bajo su vestido y posicionarla en su monte de Venus, sobre la tela interior de encaje que calentaba la mano del cumpleañero, quien no tardó en crear fricción al bajar y subir sus dedos en la intimidad de la chica, obligándola a soltar una exhalación complacida y pegar su frente a la suya por la sensación estimulante.

Estampó un beso más, introduciendo esta vez la lengua dentro del tipo que ahora daba la impresión de querer ser devorado, lo mordió con jugueteo en el labio inferior y se separó, dando pasos en retroceso, entrando por fin a la recámara y siendo perseguida con pasos lentos y una expresión hambrienta y deseosa del Sano.

—Déjame tenerte.

Perturbado y dominado por el deseo, extrajo su abrigo del cuerpo de la Saito al tenerla de nuevo en cercanía, despojándola de la prenda que cayó sobre el suelo de teca junto al pequeño bolso que colgaba bajo el hombro de la mujer. Ambos a la orilla de la cama.

—Tenemos toda la noche —recalcó con diversión apartándose de él, ejerciendo fuerza medida en el pecho del jefe de Bonten, guiando su cuerpo hasta sentarlo al borde del colchón y ella ocuparse de llenar la habitación de melodías y dar más ambiente al momento, reproduciendo una playlist de música. Se alejó para poder ser apreciada en su totalidad al hacer su siguiente movimiento.

—¿Quieres un segundo regalo? —contorneó sus caderas con delicadeza al compás del ritmo lento y sensual de Selena Gómez— Te haré un baile especial.

La tela suelta bajo su cintura le daba libertad de movimiento, la dueña del club, experta en coreografías fluía con sensualidad aprovechando la soltura de la seda que caía en cascada sobre sus piernas,

«Tienes un fetiche con mi amor» susurró la letra en sincronía con la canción, sin perder el contacto visual del Sano que la penetraba con sus orbes oscuros, densos e intensos.

La habitación brillaba en luz de luna que se filtraba por los ventanales de cristal en fila, tales otorgaban una vista del cielo estrellado y el mar inmenso; una pequeña lámpara sobre la mesa cuadrada de noche hacia un aporte de luz cálida artificial. La silueta de Uzume era apreciada por Manjiro, quien se mantuvo sobre la cama al pedírselo la pelirroja.

La letra parecia hecha para ser dedicada al hombre invencible que destilaba fulgor en su rostro, el egocentrismo de Uzume era del mismo nivel que su pareja. Por ello, provocaba al Sano en cada paso, en cada movimiento lento, convencida que la deseaba poseer más y pronto llegaria a un límite de abstinencia.

Uzume recorria su propio cuerpo, toqueteando sus montañas de carne, descendiendo al suelo sin dejar de contornearse, flexionándose como solo ella podía, dejando ver parte de sus muslos pálidos y desatando el caballo carmesí que cayó esparcido a su espalda; algunos mechones tomaron un rumbo diferente bañando los montículos de carne que caían pesados por la gravedad y le daban una vista provocativa por el escote.

«No me sorprende, lo comprendo» deslizó una risa en curva, con el pecho pesado y el cuerpo ganoso.

«No puedo negar tu apetito» gateó sobre la alfombra, como una pantera cautelosa yendo por su presa, Manjiro respiraba con pesadez, tensando la mandíbula alzando la mano para alcanzar el rostro de la mujer de orbes ámbar que se acercaba.

«Tienes un fetiche con mi amor…» alcanzó las piernas de Manjiro y posó su rostro cerca de la erección que se mantenia tan dura como en el pasillo. «No veo por qué culparte, si yo fuera tú también lo haría» permitió a Mikey acariciar su cabello y enredarlo entre sus dedos, creando una correa capilar para que elevara el mentón y alcanzara sus ojos y lo apreciara con fijación; ambos tenian un gusto morboso por hablar con las miradas.

Las manos femeninas inquietas, tomaron el bulto erecto que amanazaba con romper la tela negra del pantalón de manjiro a las vez que ambos se sostenían la mirada. Estimuló sobre la ropa el duro miembro que prometía ser dotado de anchura, gozando de la expresión de gusto y ansias que el pelinegro comenzó a mostrar.

Uzume de rodillas, el lider de Bonten empoderado teniendola a sus pies, era la escena perfecta y cliché que ella quería brindarle a Mikey.

—Bésame —demandó ronco y urgido, con las fosas nasales dilatadas y esa mirada de anhelo mezclada con exigencia.

Complaciente, Saito se apoyó de las piernas del jefe invencible para ascender y lamer sus labios, disfrutando del cosquilleo que emergia en su cavidad femenina, sensación que influía en lo indecente que quería volverse a medida pasaban los segundos y olvidaba sus modales de dama, como la llamaba Manjiro.

El contacto labio a labio era adictivo, sus cuerpos se calentaban por el deseo. Uzume impaciente subió sobre su novio, con las piernas abiertas de lado a lado, posando su pelvis sobre el bulto duro que Mikey ondeaba generando fricción.

El Sano sujetó las caderas de Uzume, quien siguiendo el ritmo de Fetish, balanceaba con sensualidad su cuerpo encima del pelinegro y lo observaba con intensidad sexual. Se desprendió del broche trasero que su vestido llevaba, con delicadeza bajó el cierre que iba liberando las tetas que muchas veces con anterioridad el hombre frente a ella fue evidente al observar.

—Te está gustando el segundo regalo —murmuró con timidez fingida y descubrió su par de gemelas con pezones melocotón que lo invitaban a lamerlos.

—Me fascina —lento y en tono bajo, él confesó acercando sus delgados labios pálidos a la areola, lamiendo con delicadeza y prendiéndose del pezón a continuación. Su mano trabajaba en la estimulación de la otra.

—¡Aah! —Uzume jadeó en susurros y presionó contra sí, el rostro del Sano llenando más su boca de su parte mamaria. Disfrutaba la sensación de succión caliente y placentera que se le otorgaba y no dejó de ondear sus caderas al ritmo de la melodia que estaba por terminar y daría paso a muchas más con la misma frecuencia armoniosa y vibrante de sensualidad, aptas para que fueran parte afrodisíaca del momento.

El cabello liso y sedoso del lider fué poseído por las manos de Uzume, consintiéndolo al acariciarlo, mientras él chupeteaba el busto sin moderación.

—Manjiro…

El nombre fluyó de manera dulce, de los labios de su novia, mientras permanecía con los ojos cerrados enfocándose en la sensación de la caliente boca que humedecía sus pezones. Un jadeo ahogado en contestación fue emitido en la garganta del hombre leonino.

—Mmm…

Degustó sin soltarla.

—Estas hambriento —afirmó encantada de la lengua del Sano— ¿Quieres comer algo más?

La invitación alertó a Mikey, separando sus lengua de los pezones ahora hinchados que degustaba. Su propia saliva brillaba bajo su labio inferior; sus ojos profundos, ensoñados, viajaron de inmediato a los dorados de ella.

—Sí quiero —confirmó, lamiendo sus labios—, aliméntame.

Su petición bastó para que la pelirroja le empujara los hombros con moderación, acostándolo y quedando sobre él. Con los pechos cayendo directamente sobre su boca, provocando que Manjiro exhibiera su lengua con ansias y la tomara de la cintura para no dejarla escapar.

Sin embargo, ella planeaba algo más, queria tener la lengua más allá de su parte superior. Por lo cuál se despojó por completo del vestido con ayuda de las manos de Manjiro quien trabajaba en dos acciones a la vez. Chupeteando y desvistiendo en descenso a la Saito.

Desnuda casi en totalidad, tomó el mentón de Mikey separándolo de sus tetas y estampó un beso fuerte, añadiendo una mordida que generó un lamento de su hombre y lo soltó. Gateó por encima de la cara acalorada hasta posar la entrada a su vagina, que permanecía cubierta por una diminuta prenda interior y desprendió las corbatas a los lados, mostrando en primer plano su intimidad excitada y húmeda.

Finalmente habló al pelinegro bajo sus caderas:

—Cómeme, Manjiro.

Su voz jadeante y ganosa fué el detonante para que sintiera el aliento caliente de él acercarse a su cavidad femenina, seguido de la lengua húmeda que estaba lista para beber todo lo que él mismo hacía destilar de su interior. La manera en que la embestía con la lengua le despertó mas jadeos y escalofríos deliciosos. Arqueó su espalda por las sensaciones exquisitas, tomando una nueva postura. Sentada sobre la cara de Mikey que degustaba y lamia de su ahora mujer.

—Mi dama…

Musitó ronco tomándose la humedad de Uzume, mezclada con su propia saliva que volvia la entrada de ella más lubricada.

—Ahora no soy una dama —declaró estampando su órgano femenino sobre los labios de su socio y novio, para silenciarlo un momento y con la misma determinación elevó su pelvis para dejarlo respirar momentos después, para que continuara con su labor hasta que la hizo alcanzar el clímax y sus piernas temblaron.

Tentada, había salido de la cama totalmente desnuda, con su cabello largo suelto que contrastaba con la palidez de su piel cual algodón, tomando al cumpleañero de la mano que, a diferencia de ella, permanecía injustamente cubierto de prendas, guiandolo así hasta la mesa de mármol en una esquina de la habitación climatizada, para hacerlo soplar las velas que esperaban ser encendidas y utilizadas en el ritual del deseo por la vuelta al sol anual.

El pastel era clásico, copas esperaban ser llenadas de vino, así como Manjiro quería llenar a Uzume de algo más que líquido etílico.

Crema y cerezas decoraban también la otra parte fría de la base, donde permanecía una decoración elegante y pequeña por el festejo.

Manjiro paseó sus manos sobre su cabello y su rostro, cuando la dama suya se sentó de frente sobre la base de la mesa, exponiendo todo su cuerpo en provocación, ladeando su rostro; flexionó su pierna para alcanzar la erección que no podía estar mas dura y dispuesta. Masajeaba con ambos pies sobre la tela del pantalón.

A un lado del pastel y al costado el vino que atenta sirvió en las copas y le ofreció, dejando por un momento de masturbarlo, permitiendo que se acercara hasta estar entre sus piernas.

—Manjiro, pide tu tercer deseo —pegó las tetas al pecho que respiraba con pesadez, dejando su copa de lado despues de ambos romar un poco, para desprender los broches de la bonita prenda superior que vestía, al mismo tiempo que susurró con dulzura a su oído muchas más palabras.

Lamió su cuello, paseó su lengua por el mentón del líder de Bonten que se estremecía ante cada acción y jadeaba ronco y en voz poco audible. Su tacto se posó sobre el pecho de su hombre, curiosa recorría su piel suave y bajaba cada vez más, mientras él permanecía siendo manipulado sin queja.

Un jadeo abandonó la boca del sano, cuando su mujer se apoderó de su erección, al desabrochar la pretina de su pantalón y encontró lo que por mucho tiempo imaginó que tendría dentro suyo. Ahora conocía el grosor que superaba el estándar y prometía dar placer a la parte íntima que moria por encajar en esa dureza.

—¿Sabes que me gusta de tí, Manjiro? —lamió la comisura de su labio, apreciando como él negaba en respuesta a la pregunta y gemía por el movimiento de su mano en su miembro duro, grueso y húmedo—. Me gusta que hablas poco —declaró confidente apretando un poco más su palma cerrada y aligerando el movimiento—, los hombres deberían siempre hablar menos.

Extasiado ni siquiera prestaba tanta atención a lo que ella declaraba y Uzume lo notaba divertida.

—Eres lindo Mikey —alcanzó la crema batida con su mano libre, cubriendo con lentitud sus pechos abundantes dejando que los tomara y lamiera, repetía la acción una y otra vez, decorando con cerezas que duraban poco en su cuerpo y caían, mientras poco a poco le confesaba más pensamientos—, resuelves y cumples mis caprichos sin objetar —El Sano paseó el glande por su cavidad empujando su cadera queriendo entrar—, mereces un regalo más —susurró dejando entrar a penas la punta del miembro masculino y con ello desató un oleaje eléctrico en ambos.

—Quiero tenerte —declaró desesperado—, deseo estar dentro tuyo.

—Entonces hazlo bien —la pelirroja soltó el miembro pálido y palpitante en su mano, bajando de la mesa y dándole una vista completa de su anatomía trasera, restregando sus glúteos sobre sus genitales a propósito, mezclando esa acción con la de alcanzar el encendedor y darle vida a las velas que se encendieron.

—Tengo un nivel de tolerancia —la tomó de la cintura y paseó su erección de arriba a abajo en la entrada de su mujer—, no juegues tanto conmigo.

—¿Seré castigada si te hago padecer más abstinencia? —giró su rostro sobre el hombro, dedicándole una mirada retórica y traviesa—. Entonces sopla las velas y libéranos a ambos de la gana de cogernos.

La tension entre ambos subió y bajó de golpe, como un tsumani que llega a debastar todo a su paso, en el momento en el que Mikey dejo ir todo su miembro dentro de Uzume, sin calma, con deseo desesperado y fuerte.

Ambos jadearon.

—Sóplalas por mí —vociferó contundente, tomandola de las caderas y golpeando una y otra vez su canal interno sin dejarla acostumbrarse a su tamaño.

El interior caliente y húmedo de la pelirroja, tomaba la forma del ancho y erecto pene del lider de Bonten. Los pensamientos cuerdos se disipaban, dejando lugar al placer únicamente.

Las copas dejaron de estar de pie por el movimiento que la pareja ejercía sobre la mesa, los pechos se aplastaron en la base cuando Manjiro la doblegó en postura. Estaba húmeda su entrada, por el chapoteo de sus órganos encajados. Los gemidos se mezclaron con la melodía que resonaba en volumen moderado dentro de la habitación.

—Man-ji-ro

Gimoteó la hembra que gozaba de las embestidas que le otorgaba el hombre al que llamaba.

—Mikey —jadeó una vez más, sensible y perdida en el deleite que sentía.

—Mi dama —respondió complacido.

De pronto la penetración se detuvo, pues el Sano decidió que quería hacer algo más con su cuerpo, tomándola en sus brazos para hacerla descansar sobre la cama y desvestirse para sentirse piel a piel, sin limitantes.

El tiempo que ambos se habían abstenido, valió cada segundo, pues cada movimiento y encuentro de sus cuerpos se sentían doblemente exquisitos.

Las palabras sobraban, entre ellos se comunicaban con miradas lascivas, intensas y oscuras. Quizá ambos reconocían la oscuridad interna del otro y el dolor que cada uno cargaba.

Las piernas abiertas de par en par de Uzume, sostenidas por las manos del Sano que yacía sobre ella, daban paso a que la erección de Mikey entrara profunda y la hiciera sentir llena de él.

Una música diferente resonó entre los gemidos y la melodía en la habitación. Era el móvil de la Saito, quien ignoraba la llamada para enfocarse en las embestidas que su novio le brindaba y la detallaba con vehemencia y exquisitez.

El ruido se detuvo, sin embargo cinco segundos después volvió a aparecer, siendo ignorado por ambos, hasta que la acción se repitió tres veces más hartando a la pareja. Uzume buscó el móvil a la orilla de la cama, extrayéndolo del pequeño bolso y vió el nombre en la pantalla, más lento de lo debido pues Manjiro también atrapó al culpable de la interrupción.

En segundos su semblante se oscureció, tomando una energía más competitiva y celosa. Sus manos arrebataron el aparato de su novia y con la misma rapidez lo estrelló en la pared frente a ambos y la tomó por los hombros subiendo sobre ella, besándola sin oportunidad de negarse, casi sin dejarla respirar. Marcó su piel con chupetones y besos en los pechos, succionando con fuerza sus pezones, repartiendo besos hasta el cuello, marcando toda la zona, incluso sobre el tatuaje que ella compartía con su hermano.

Volvió a atrapar sus labios, azotándola con su lengua.

—Mañana te compraré uno nuevo —anunció al soltarla, volteándola de espalda—, el que tú quieras, no soporto que distraigan tu atención de mí —confesó posicionándola a su gusto, abriéndola de piernas en flexión, con el busto contra la base del colchón, sometiéndola con presión dolorosa pero soportable, permitiéndose entrar de nuevo en ella.

—Eres de los que prefieren pedir perdón, a pedir permiso —la pelirroja destiló cierta molestia por el momento reciente, aun así el placer y el ego de saberse culpable de los celos evidentes de Manjiro en reacción a la llamada de Kurokawa, le otorgaron un perdón casi inmediato y le desbloqueó un nivel de masoquismo por la postura sumisa que el Sano le hizo adoptar.

Las nuevas embestidas al penetrarla eran más rudas, más fuertes y los jadeos roncos y pesados del Sano. La desbordó de placer y la llenó de fluidos varios embates después.


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