Entre sombras y susurros
En las calles de Bangkok, la mafia controla todo. La familia Jeon es la más poderosa y temida de la ciudad. Jeon Jungkook, hijo del jefe, es un hombre frío y arrogante que hará lo que sea necesario para mantener el legado familiar y proteger a los suyos.
Park Jimin es un joven diseñador de moda talentoso y ambicioso. Tras un conflicto que involucra a su padre con la familia Jeon, se ve obligado a trabajar para ellos. Inteligente y decidido, Jimin también carga un pasado oscuro que lo hace vulnerable y cauteloso.
Jimin es contratado para diseñar un vestido para la hija menor del jefe Jeon y se encuentra con Jungkook en un exclusivo club nocturno. Jungkook queda impresionado por el talento de Jimin, aunque lo disimula: para él, Jimin no es más que un empleado.
A medida que Jimin se adentra en el mundo de la familia Jeon, descubre que Jungkook es un hombre peligroso y de gran poder. Sin embargo, una atracción intensa surge entre ellos, arrastrándolos a un juego de pasión y peligro del que ninguno puede escapar.
Jungkook observa a Jimin mientras él trabaja en bocetos para el vestido. No habla mucho, pero su mirada es intensa, evaluando cada movimiento de Jimin. Jimin siente esa presión, algo entre miedo y excitación.
Jimin: —Señor Jeon... ¿le gusta mi trabajo? Lo he sentido observándome desde hace un buen rato.
Jungkook: —No está mal... pero aún no alcanza la perfección que espero.
Jimin: —Haré los ajustes que sean necesarios, señor Jeon.
Jungkook: —No es solo cuestión de ajustes... es cuestión de entender lo que significa trabajar para mi familia.
Jimin: —Lo entiendo... y haré todo lo que sea necesario.
Jungkook: —Veremos... Tal vez tengas talento... o tal vez solo seas otro empleado que aprende rápido a temerme.
Jimin: —Señor Jeon... no estoy aquí para fallar.
Jungkook: —Eso espero... porque aquí, un error puede costarte mucho más que un simple trabajo mal hecho.
Jimin: —Entonces solo me queda hacer que no haya errores.
Jungkook: —Eso es lo que me gusta escuchar. Pero recuerda, Jimin... no se trata solo de talento. Aquí, lo que más importa es la lealtad... y la capacidad de sobrevivir a mi mundo.
Jimin: —No me intimida... Señor Jeon.
Jungkook: —¿De verdad? Entonces tal vez valga la pena enseñarte lo que significa estar cerca del diablo.
Entonces, Jungkook se acercó a Jimin por detrás y lo sostuvo por la cintura. Jimin, confundido, empezó a temblar; podía sentir la respiración de Jungkook rozando su cuello.
Jungkook le dio la vuelta y, con una mano en la cintura, subió la otra y tomó a Jimin por la barbilla. Sonrió, dejando ver los dientes inferiores, y se acercó a su oído:
—Al final... no eres tan inútil como imaginé.
Jimin (con un hilo de voz, tratando de retroceder un poco):
—Jungkook... estás muy cerca.
Jungkook (sonriendo, sin soltar su barbilla, acercándose aún más):
—¿De verdad? —dijo en un susurro, su aliento rozando la oreja de Jimin—. Entonces tal vez necesito acercarme un poco más... para estar seguro de que entiendes lo que quiero decir.
Jimin (sintiendo un escalofrío recorrer su espalda, mezcla de nervios y emoción):
—Yo... entiendo...
Jungkook (mirándolo fijamente a los ojos, con esa mezcla de peligro y desafío que lo hacía irresistible):
—Bien... porque aquí, Jimin, no hay margen de error. Ni en el trabajo... ni en mí.
Jimin pensó que Jungkook lo iba a besar, pero, en lugar de eso, él lo soltó suavemente y se alejó caminando. Antes de salir de la habitación, se volvió hacia Jimin y, con una sonrisa cargada de misterio, le guiñó un ojo.
Jimin se quedó mirando la puerta por donde Jungkook había salido, sintiendo un calor extraño en el pecho y una mezcla de miedo y fascinación que no podía controlar. Su mente repasaba cada gesto, cada palabra, y no podía dejar de preguntarse qué significaba ese guiño.
Sacudió la cabeza y respiró hondo, intentando concentrarse en el vestido. Tenía que cumplir con su trabajo, no importaba lo que acababa de pasar. Pero incluso mientras dibujaba líneas y ajustaba bocetos, la imagen de Jungkook permanecía en su mente, haciendo que su pulso se acelerara con cada recuerdo de su cercanía.
De repente, escuchó un golpe suave en la puerta.
—Jimin, la hija menor del señor Jeon quiere verte en el salón En las calles de Bangkok, la mafia controla todo. La familia Jeon es la más poderosa y temida de la ciudad. Jeon Jungkook, hijo del jefe, es un hombre frío y arrogante que hará lo que sea necesario para mantener el legado familiar y proteger a los suyos.
Park Jimin es un joven diseñador de moda talentoso y ambicioso. Tras un conflicto que involucra a su padre con la familia Jeon, se ve obligado a trabajar para ellos. Inteligente y decidido, Jimin también carga un pasado oscuro que lo hace vulnerable y cauteloso.
Jimin es contratado para diseñar un vestido para la hija menor del jefe Jeon y se encuentra con Jungkook en un exclusivo club nocturno. Jungkook queda impresionado por el talento de Jimin, aunque lo disimula: para él, Jimin no es más que un empleado.
A medida que Jimin se adentra en el mundo de la familia Jeon, descubre que Jungkook es un hombre peligroso y de gran poder. Sin embargo, una atracción intensa surge entre ellos, arrastrándolos a un juego de pasión y peligro del que ninguno puede escapar.
Jungkook observa a Jimin mientras él trabaja en bocetos para el vestido. No habla mucho, pero su mirada es intensa, evaluando cada movimiento de Jimin. Jimin siente esa presión, algo entre miedo y excitación.
Jimin: —Señor Jeon... ¿le gusta mi trabajo? Lo he sentido observándome desde hace un buen rato.
Jungkook: —No está mal... pero aún no alcanza la perfección que espero.
Jimin: —Haré los ajustes que sean necesarios, señor Jeon.
Jungkook: —No es solo cuestión de ajustes... es cuestión de entender lo que significa trabajar para mi familia.
Jimin: —Lo entiendo... y haré todo lo que sea necesario.
Jungkook: —Veremos... Tal vez tengas talento... o tal vez solo seas otro empleado que aprende rápido a temerme.
Jimin: —Señor Jeon... no estoy aquí para fallar.
Jungkook: —Eso espero... porque aquí, un error puede costarte mucho más que un simple trabajo mal hecho.
Jimin: —Entonces solo me queda hacer que no haya errores.
Jungkook: —Eso es lo que me gusta escuchar. Pero recuerda, Jimin... no se trata solo de talento. Aquí, lo que más importa es la lealtad... y la capacidad de sobrevivir a mi mundo.
Jimin: —No me intimida... Señor Jeon.
Jungkook: —¿De verdad? Entonces tal vez valga la pena enseñarte lo que significa estar cerca del diablo.
Entonces, Jungkook se acercó a Jimin por detrás y lo sostuvo por la cintura. Jimin, confundido, empezó a temblar; podía sentir la respiración de Jungkook rozando su cuello.
Jungkook le dio la vuelta y, con una mano en la cintura, subió la otra y tomó a Jimin por la barbilla. Sonrió, dejando ver los dientes inferiores, y se acercó a su oído:
—Al final... no eres tan inútil como imaginé.
Jimin (con un hilo de voz, tratando de retroceder un poco):
—Jungkook... estás muy cerca.
Jungkook (sonriendo, sin soltar su barbilla, acercándose aún más):
—¿De verdad? —dijo en un susurro, su aliento rozando la oreja de Jimin—. Entonces tal vez necesito acercarme un poco más... para estar seguro de que entiendes lo que quiero decir.
Jimin (sintiendo un escalofrío recorrer su espalda, mezcla de nervios y emoción):
—Yo... entiendo...
Jungkook (mirándolo fijamente a los ojos, con esa mezcla de peligro y desafío que lo hacía irresistible):
—Bien... porque aquí, Jimin, no hay margen de error. Ni en el trabajo... ni en mí.
Jimin pensó que Jungkook lo iba a besar, pero, en lugar de eso, él lo soltó suavemente y se alejó caminando. Antes de salir de la habitación, se volvió hacia Jimin y, con una sonrisa cargada de misterio, le guiñó un ojo.
Jimin se quedó mirando la puerta por donde Jungkook había salido, sintiendo un calor extraño en el pecho y una mezcla de miedo y fascinación que no podía controlar. Su mente repasaba cada gesto, cada palabra, y no podía dejar de preguntarse qué significaba ese guiño.
Sacudió la cabeza y respiró hondo, intentando concentrarse en el vestido. Tenía que cumplir con su trabajo, no importaba lo que acababa de pasar. Pero incluso mientras dibujaba líneas y ajustaba bocetos, la imagen de Jungkook permanecía en su mente, haciendo que su pulso se acelerara con cada recuerdo de su cercanía.
De repente, escuchó un golpe suave en la puerta.
—Jimin, la hija menor del señor Jeon quiere verte en el salón ahora —dijo una voz femenina detrás de él—. Es urgente.
Jimin guardó sus herramientas y tomó una profunda respiración. Era su primer encargo importante dentro de la familia Jeon, y algo dentro de él sabía que cada paso que diera lo acercaría más a Jungkook... y al peligro que este mundo implicaba.
Al salir de la habitación, no podía evitar sentir que estaba entrando en un juego del que no podría escapar... y, por primera vez, no quería hacerlo.ahora —dijo una voz femenina detrás de él—. Es urgente.
Jimin guardó sus herramientas y tomó una profunda respiración. Era su primer encargo importante dentro de la familia Jeon, y algo dentro de él sabía que cada paso que diera lo acercaría más a Jungkook... y al peligro que este mundo implicaba.
Al salir de la habitación, no podía evitar sentir que estaba entrando en un juego del que no podría escapar... y, por primera vez, no quería hacerlo.