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Felix desayunaba tranquilo, aún medio dormido, mientras Christopher le decía algo desde la cocina con tono serio. Sin embargo, las palabras le entraban por un oído y le salían por el otro.
—Bien, listo, no me escuche —resopló Christopher con fastidio, volviendo a lo suyo.
—A veces pareces más un omega que un alfa cabeza de familia, ¿te lo han dicho? —soltó Felix, con una sonrisa burlona, sin mirarlo siquiera.
Christopher levantó una ceja, pero no respondió. Sabía que discutir con Felix a esa hora era absurdo.
Felix terminó de comer, agarró sus cosas y se despidió con un gesto de la mano.
—Nos vemos, alfa sumamente responsable y para nada dramático —dijo con sarcasmo antes de salir.
El colegio era, como siempre, un castigo disfrazado de institución educativa: seis horas tortuosas de materias que, en su mayoría, no entendía y, para colmo, compartidas con la peor persona de todas… Hyunjin. ¿Había tortura más horrible que esa? Probablemente no.
Durante la jornada, las miradas entre ellos se lanzaban como cuchillos: silenciosas, filosas, constantes. Pero todo explotó en el recreo.
Felix caminaba con sus mejores amigos, Sunoo y Beomgyu, por los pasillos mientras tomaban aguas saborizadas de la cafetería. Estaban riéndose de alguna bobada cuando, al doblar una esquina, lo vieron: Hyunjin, apoyado contra una pared, solo.
Felix puso los ojos en blanco.
—Ay no, qué pereza —murmuró, intentando pasar de largo.
Pero al cruzarse, el roce de hombros fue inevitable. Un empujoncito apenas intencional… pero lo suficiente para provocar un fastidio creciente en el pecoso.
—Omega patético —escuchó Felix a sus espaldas, acompañado de una risa burlona.
Se detuvo en seco, apenas girando el rostro.
—Alfa estúpido —espetó con rabia contenida, sin molestarse en mirarlo de lleno.
Sunoo y Beomgyu se quedaron en silencio, tensos. Y Hyunjin… Hyunjin sonrió, como si le hubieran hecho el día.
—Rey, a la próxima mirás por dónde caminas, ¿sí? —dijo, con los brazos cruzados y una sonrisa arrogante en el rostro.
—Y si usted busca algo más que hacer aparte de estorbar en los pasillos, ¿no le parece mejor? —respondió Felix con un tono molesto.
Hyunjin se rió para sí mismo y no se molestó en responder.
Felix se alejó de la escena soltando humos, con Sunoo y Beomgyu siguiéndolo, lanzándose miradas divertidas entre si.
El día transcurrió con normalidad… hasta que, a mitad de la última clase, Felix sintió una punzada de calor subirle por la columna. El sudor perló su frente. Su respiración se volvió pesada, errática. No necesitó pensar mucho: sabía perfectamente qué era todo eso.
Se levantó de golpe, ignorando las miradas de su profesora y compañeros, y salió apresurado del salón. El cuerpo le temblaba, los sentidos comenzaban a nublarse, y un dolor creciente se instalaba en su abdomen. Apenas llegó al baño, se dejó caer entre los lavabos y los cubículos, acurrucándose contra la pared, como si los fríos azulejos pudieran calmar el calor que subía por su espalda.
Sus feromonas comenzaron a invadir el espacio.
Entre jadeos, lágrimas y un hormigueo que lo enloquecía, se abrazó las piernas, intentando calmar algo que no podía controlar.
Hyunjin, que se estaba saltando la última clase como era habitual, caminaba tranquilo por los pasillos del edificio casi vacío. Al pasar frente al baño, escuchó unos sollozos extraños.
Por pura curiosidad, empujó la puerta. Al entrar, la escena lo congeló por un segundo.
Allí, en el suelo, estaba Felix. El rubio, acorralado contra la pared, se retorcía de dolor, su cuerpo temblando, su respiración se entrecortaba. Pero lo más notorio era el aire cargado de feromonas dulces y densas con olor a miel que impregnaban el ambiente.
Hyunjin retrocedió un paso y, sin pensarlo, cerró la puerta tras de sí.
—¿Qué pedazo de especial viene al colegio cuando le va a llegar el celo? —se burló, apoyándose en la pared contraria al rubio, cruzado de brazos, como si no le afectara en lo más mínimo.
Felix apenas podía mantener los ojos abiertos.
—Yo… no sabía… —murmuró, entrecortado, las palabras saliendo a duras penas.
Hyunjin suspiró y se quedó allí en silencio, haciendo lo posible por controlar que las feromonas de Felix no destruyeran por completo su lucidez.
—No, amor… vos también tan brutico —se burló nuevamente, agachándose con cuidado, sin acercarse demasiado al omega.
No recibió una respuesta clara, solo gemidos y lloriqueos suaves que se le clavaban en el pecho como agujas.
—Hasta me da lástima verte así, ome… ¿qué se supone que hacés vos pa’ calmar eso? —preguntó, con un leve atisbo de preocupación que se coló en su voz.
—Alfa… te necesito… —jadeó el pecoso, con urgencia en cada sílaba.
Hyunjin se quedó helado. Cayó en cuenta de lo que Felix estaba pidiendo y, sin poder evitarlo, se sonrojó. Se acercó un poco más, pero seguía negándose mentalmente a la idea.
—Estás loco… ¿vos estás diciendo que culeemos en el baño del colegio? —preguntó incrédulo, sin entender del todo lo que el celo provocaba en un omega.
—Por favor… —suplicó Felix entre sollozos, temblando.
Hyunjin suspiró otra vez, más fuerte. Como si se estuviera rindiendo ante algo inevitable.
Se sentó apoyándose en la pared y, con manos temblorosas, acomodó a Felix sobre su regazo, a horcajadas. Se mordió el labio, dudando, preguntándose en qué estupidez se estaba metiendo.
Pero no tuvo mucho más tiempo para pensarlo. El omega se aferró a él con urgencia, su rostro enterrado en su cuello, besándolo con ansiedad. Las feromonas eran cada vez más densas, más dulces, casi embriagantes.
Hyunjin lo detuvo suavemente, sosteniéndolo por los brazos, y lo miró. Sus ojos se encontraron, y por un instante, todo se quedó en silencio.
Finalmente, cedió.
Con cuidado, comenzó a desabrocharle el pantalón, sus dedos temblando más de lo que hubiera querido admitir.
—Christopher me va a matar… —murmuró para sí mismo, justo cuando una de sus manos viajó a la espalda del pecoso, tocándolo con delicadeza.
Se quedaron así, respirando el uno contra el otro, con el mundo encerrado en esas paredes frías del baño.
El contraste entre sus pieles era evidente.
Las manos de Hyunjin, frías por los nervios, se encontraron con la piel de Felix, que ardía con necesidad.
Con los dedos temblorosos, Hyunjin deslizó la mano dentro de los pantalones del rubio, bajando lentamente hasta su entrada.
Frotó con cuidado, apenas tocándolo, pero eso bastó para que Felix gimiera con desesperación, aferrándose a su camisa como si de eso dependiera mantenerse respirando.
—Alfa..~ —jadeó, con la voz quebrada, sus sentidos completamente nublados por el deseo.
—Haz silencio —respondió Hyunjin, intentando sonar firme… pero su voz se rompía igual que su cordura.
El sonrojo ya se había apoderado por completo de su rostro. Avergonzado, apoyó la frente contra el pecho de Felix, escuchando cada gemido, sintiendo cada temblor.
Finalmente, introdujo un dedo. Se movió con suavidad, intentando ser cuidadoso, pero la respuesta fue inmediata: Felix arqueó las caderas con urgencia, buscándolo, necesitando más.
Hyunjin jadeó, completamente abrumado.
Las feromonas dulces, los sonidos desesperados, el vaivén de Felix sobre su mano… todo lo arrastraba, nublando su lucidez.
Introdujo otro dedo, comenzando a moverse por cuenta propia, generando un contraste perfecto con el balanceo desesperado del rubio sobre sus dedos.
Sus labios descendieron hasta el cuello de Felix, repartiendo besos húmedos, suaves, sin llegar a dejar marcas visibles. Mientras tanto, el pecoso luchaba por reprimir —sin mucho éxito— los gemidos y jadeos que se escapaban de su boca como súplicas.
Estuvieron así un rato. Felix apretaba la camisa de Hyunjin con manos temblorosas, aferrándose a el, en busca de un poco más de contacto, mientras los dedos del alfa se movían cada vez con más habilidad, con menos vergüenza y más certeza.
La pena ya se había desvanecido. Lo único que quedaba era el calor, el deseo, el temblor mutuo de dos cuerpos perdidos el uno en el otro.
El momento era crudo, cegador, hasta que…
El timbre sonó.
El chirrido metálico del final de clases los arrancó de golpe de ese pasional momento. Hyunjin parpadeó, volviendo en sí, y lo primero que encontró fue la mirada nublada de Felix, todavía cargada de necesidad.
Sin decir nada, sacó con cuidado sus dedos y se incorporó, sintiendo esa mirada pesada del omega clavándosele como un reclamo silencioso. Se acercó al lavamanos, se lavó las manos con movimientos rápidos, como si el agua pudiera borrar lo que acababa de pasar.
Luego, volvió con él y lo ayudó a ponerse de pie. El cuerpo de Felix aún temblaba, pero se sostuvo.
Apenas tuvo estabilidad, se lanzó al cuello de Hyunjin, enredando los brazos alrededor este y atrapándolo en un beso cargado de urgencia.
Hyunjin intentó apartarse.
Pero su cuerpo le falló. Sus manos se aferraron con fuerza a la cintura del menor, atrayéndolo con necesidad, como si la coherencia que tanto luchaba por mantener estuviera derrumbándose a pedazos.
Se besaron con desesperación, con hambre, como si el aire no importara, como si no quedara tiempo. Se besaron hasta que la falta de oxígeno les presionó el pecho, y solo entonces, se separaron.
Hyunjin retrocedió un paso, alejando a Felix suavemente y recostándose contra el lavamanos.
Se echó agua en la cara con urgencia, jadeando, como si eso pudiera enfriar el calor que le quemaba por dentro. Los pensamientos se le atropellaban en la cabeza, su pulso seguía desbocado.
Detrás de él, Felix se aferró a su espalda, rodeándolo con los brazos, dejando besos suaves, cargados de necesidad, en la nuca del mayor.
Hyunjin suspiró hondo y rodeó a Felix por el costado, ayudándolo a caminar, con los dedos tensos por la lucha interna que lo carcomía. Se alejaron del baño, dejando atrás el calor sofocante y las paredes cómplices de lo que acababa de suceder… pero por más pasos que dieran, no lograban desprenderse de todo lo que ese momento había despertado.
Cada roce, cada jadeo, cada mirada nublada seguían aferrados a la piel de Hyunjin como un tatuaje invisible, como un eco constante que no sabía si quería olvidar o volver a vivir.








