El precio de Aeternum

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Sinopsis

(Está historia se ambientara en un mundo de lobos antropomorficos) En un mundo en donde los humanos son un lujo extinto que muy pocos obtienen, hay un lobo que lo tiene todo, lujos, dinero, poder, y un apellido de renombre. Mark Sterling es un miembro muy conocido en la mafia, alguien que no solo es de admirar sino también de temer, siempre a la espera de algo que llame su atención en el mercado negro, un día llega un artículo especial a una subasta, ¿Será de su interés? Alice a pasado toda subida encerrada en una celda, soportando maltratos, luchando y sobreviviendo, esperando el momento para escapar, aunque sabe que será inútil. Un día es llevada a una subasta, dónde será comprada al mejor postor. ¿La comprará alguien bueno que la saqué de ese infierno? ¿O será llevada a uno más espantoso?

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Kuro Ōkami
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Prólogo

No recuerdo haber visto nunca el cielo azul, solo el hormigón, la suciedad, y el frío piso de esta celda. Pero incluso aquí, en las profundidades de la celda de la Casa Nueve, aquí donde el aire sabe a metal y miedo, conozco la historia. No por haberla vivido, sino porque es la cadena que nos une a todos los de mi especie.

Ellos son los fundadores. Se dicen que, al principio, solo existían los lobos. Los primeros seres, nacidos de la tierra y la noche. Cuando aún éramos pocos, nos arrastraron a la existencia, creados de la arcilla o la magia, o lo que sea que los lobos usaran para divertirse. Nos llamaron los “Corderos Silenciosos” y fuimos creados para servir, para trabajar, y, finalmente, para saciar su crueldad.

Al principio, la cacería fue un juego cruel, una tradición de sangre. Nos perseguían por los campos, por las colinas, disfrutando del miedo que olía dulce en el aire, esto para ellos era algo embriagado, algo adictivo. No fue un acto de hambre, sino de supremacía. Nos cazaron hasta que quedamos al borde de la extinción, hasta que la manada dominante se dio cuenta de un hecho más rentable: un humano vivo, trabajando o sirviendo, valía más que diez muertos.

Así se construyó Aeternum, la ciudad que nunca duerme. No sobre cimientos de ladrillo y mortero, sino sobre nuestra miseria. Cada rascacielos reluciente, cada distrito de lujo, cada luz de neón sobre la Costa de Hierro fue financiada con nuestra desesperación. Ellos son los que caminan erguidos, con trajes a medida y el poder de una manada. Nosotros somos lo que queda, la servidumbre.

Desde que tengo memoria, mi único escape ha sido la brecha entre la vigilia y la oscuridad. Un sueño persistente, tan claro que a veces me pregunto si no es un recuerdo robado, o quizás la prueba de que mi cordura ya está a su límite…

Es un sueño raro… algo que no creería.

Camino descalza. Mis pies no tocan el hormigón frío, sino la hierba suave. El aire no huele a óxido, sino a tierra húmeda y néctar. Hay flores—miles, de todos los colores—que se extienden hasta donde alcanza la vista. Y por primera vez en mi vida, no siento el peso del metal. No tengo cicatrices frescas, no tengo moretones. Estoy libre de cualquier cadena y el sol en mi cara es real.


Pero mi sueño nunca dura.


Un golpe seco, ensordecedor, me arrancó de mi prado. El sonido no vino de la cerradura, sino del metal de la puerta, doblándose por la fuerza.

—¡Arriba, Cordero Nueve! ¡Se acabó la siesta! —gritó la voz ronca de un guardián menor.

Me levanté del camastro de cemento, sintiendo el picor de las viejas cicatrices bajo la tela sucia del uniforme de cautiverio. Había pasado los últimos años de mi vida encerrada en una celda, soportando maltratos, luchando y sobreviviendo, haciendo que mi cuerpo fuera un testimonio silencioso de mi voluntad.

Apreté los dientes. El golpe no era para darme de comer, sino para prepararme.

—El Jefe quiere verte. Ponte lo que te dieron y muévete —ordenó el guardián, y el miedo, frío y familiar, me recorrió la espalda.

Me pusieron un vestido que no me pertenecía, de una seda fría y pesada. Sentía las viejas y nuevas cicatrice, presionando contra la tela costosa. Mi corazón latía contra mis costillas, un tambor en una caja de huesos. Sabía lo que venía, pero aún quise creer que no era lo era

El trayecto fue rápido. Fui arrastrada por escaleras de mármol que nunca creí que existieran, hasta un nivel donde el aire era limpio y olía a incienso caro y colonia de lobo. Mi mente gritaba, mi cuerpo se tensaba. Me habían llevado fuera de la celda, fuera de la Casa Nueve, en dirección al corazón palpitante del crimen de élite.

La música profunda, como el rugido de un océano, se filtró por las puertas de caoba que tenía delante. Escuché copas tintineando, risas ruidosas y la resonancia de voces lupinas hablando de negocios, poder y precio.

Me empujaron. La luz era cegadora.

Y entonces, supe dónde estaba: En la plataforma central, bajo los reflectores de cristal. La sala estaba abarrotada de lobos ricamente vestidos, todos mirándome como un solo depredador. En sus ojos, no había nada más que avaricia y poder

El subastador levantó su martillo con una sonrisa de colmillos brillantes y gritó:

—¡Y ahora, damas y caballeros! ¡El artículo más raro, preciado y especial de esta noche! ¡Una de las últimas de su especie! ¡La joya de la corona, con un precio inicial que refleja su valor!

Yo era ese artículo especial. Estaba en una subasta, lista para ser vendida a estas bestias.