Capítulo 1

—Pero... Mamá... ¿Por qué te vas? ¿Ya no me quieres? —.
Aquellos curiosos ojos azules miraron a la mujer con una profunda tristeza, la noticia era recién de hace unos segundos, y sus ojos estaban amenazando con llorar.
—No cariño... —Dijo aquella mujer, acariciando sus mejillas. —Lo que pasa es que me mandaron a trabajar lejos, y no puedo llevarte... Pero, tu tío te va a cuidar, ¿No es eso asombroso? —.
—¿El tío Guren? ¡Si, eso sería maravilloso mami! —.
Ante la emoción, la femenina se soltó a reír y acaricio sus rubios cabellos, al menos lo había animado.
—Juro... Juro que vendré a verte mi pequeño Mikaela, ¿Si? Sabes que mami jamás rompe una promesa. —.
El niño asintió, su mamá jamás le había mentido, ¿Por qué cambiaría ahora? Ambos se dieron un cálido abrazo, y en ese momento, la mujer recordó que tenía algo para él, así que se separó y buscó al lado de sus maletas. Guren fue quien le dio una bolsa de regalo color azul.
—Ha, esto es para ti, un recuerdo para cuando no esté, y necesites a mami... —.
El pequeño rubio busco abrir con sus manitas la caja, y cuando lo consiguió, sus ojos brillaron de la emoción al encontrar un peluche color rosita, era un conejo con grandes orejas, tan grandes como su cuerpo entero.
—¡Wow! Mami, ¡Esta hermoso! —Con emoción, beso a su progenitora en la mejilla. —Gracias mami. —. En ese momento, Guren poso su mano en el hombro del pequeño, quien solamente alzó su mirada para verlo, parpadeando con confusión. —Mika, es hora de despedir a tu mamá, tiene que irse ya. —. Mikaela asintió, mirando a su mamá. —Adiós mami... Te quiero, ten un buen viaje, y llámame. —.
—También te quiero cariño... Nos vemos. —.
Ambos se dieron un fuerte abrazo, y con un beso en la cabeza, la mujer lo soltó y tomó sus maletas, mirando a su hermano e hijo.
—Adiós Krul. —Dijo Guren.
Ella sonrió y se despidió, abordando el camión que la llevaría a su destino. Esa mañana, sin decirle nada a Mikaela, solamente habían llegado para dar la noticia y la despedida ahí mismo.
Mikaela era un ángel, no lloraba, no se quejaba, no reprochaba demasiado. Ambos adultos lo sabían.
Guren entonces tomó la mano de su sobrino, bajando la mirada para verlo.
—Bueno Mika, volvamos. —.
Ambos salieron del aeropuerto y tomaron un taxi para ir a la casa de Krul, lugar donde ambos iban a vivir por este tiempo.
Mikaela no dejo de abrazar ese peluche tan significativo... Sabiendo que sería su compañía en muchos momentos.

Los días pasaron, Mikaela ya se había adaptado en su hogar junto a Guren, quien poco a poco fue trayendo sus pertenencias a la residencia.
Ahora, él estaba tranquilamente en la sala, mirando las caricaturas y moviendo por inercia las extremidades de su peluche. Delante de él, tenía un aperitivo que su tío le había ofrecido antes.
—Mika. —.
Guren habló, y el chiquillo volteó a verlo con sus ojitos llenos de curiosidad, deseando que lo que tuviera por decir fuera rápido, para regresar a ver la televisión. Pero contrario a lo que creyó, el adulto únicamente se sentó a su lado, sorprendiéndose cuando lo tomó en brazos y lo sentó en sus piernas. No le molestaba, usualmente siempre se sentaba ahí.
—Mika, que lindo te ves hoy. —.
—¿Uh? ¿A qué te refieres? —.
Un escalofrío llegó a él cuando el adulto hundió su rostro en su cuello e inhaló su aroma profundamente. Luego de eso solo soltó una risa, besando su mejilla.
—Nada. Hoy mire a Shinya, y me dio algunos dulces, ¿Quieres uno? —El pequeño asintió, así que el río. —Están en mi habitación, vamos. —.
—¡Vamos! —.
Guren lo cargó en brazos como si fuera un avión y subieron hasta la habitación jugando y riendo.
Cuando llegaron, Mikaela miró a todos lados con curiosidad, mientras Guren cerraba la puerta con seguro.
—Antes de darte los dulces, vamos a jugar, Mika. —.
—¿A qué jugaremos? —.
Guren tomó un pomo de dulces, por lo que la mirada del infante fue a esa dirección, Guren no lo dejo pasar desapercibido.
—Se trata de hacernos cosas y no alzar la voz, si lo consigues, te daré un dulce. —.
Tras la indicación, se sentó e indicó que volviera a sentarse a sus piernas. Mikaela, confundido, así lo hizo. Guren de inmediato tomo un dulce, quitó el envoltorio y lo metió a su propia boca.
El niño, aún sin entender, fue sujetado de las mejillas y se quedó helado cuando Guren junto sus labios, pasando de esa forma el dulce.
—¡Puaj! —Empujo suavemente a su tío, escupiendo el dulce. —¡Que asco, eso no se hace! —.
¿No se suponía que eso eran cosas que los adultos hacían? Inmediatamente se quiso apartar, pero Guren lo sujetó de la espalda para no dejarlo ir.
—Delicioso. —Respondió Guren bajito.
—¡Tío, esas son cosas de adultos! —.
No hubo respuesta, las manos de Guren se bajaron atravesó de su cintura y camiseta, Mikaela de nuevo se quejo.
—Están heladas... N-no... No... —.
—No digas nada y aguanta, o no tendrás tus dulces. —.
Sus labios fueron al cuello del infante, quien incómodo intento removerse, algo en él le decía que todo estaba mal, muy, muy mal. Pero su inocencia no lograba descifrar el qué.
—No... Tío, no... —. En ese momento, otro dulce totalmente sacado del envoltorio se puso delante de él.
Confundido, el niño lo comió, mientras era recostado en la cama boca arriba. Que su tío alzará su camiseta y besara su cuerpo le hizo sentir muy inseguro y buscar apartar esas manos de su cuerpo.
Pero todo estaría bien, ¿No? Su tío jamás le haría daño, ¿Verdad?
Y sin embargo, esa fue la primera vez que Mikaela fue abusado por su tío.
Las palabras de Guren quedaron marcadas en su piel, pero sobre todo en su mente, en el espacio de sus recuerdos y en lo crudo que fue después.
“Shh... Silencio Mika... Debes ser un buen niño, obediente.”
Recuerda que a pesar de rogarle, de suplicarle que se detuviera porque dolía; él no lo hizo.
“Mika, recuerda que yo le digo a tu mamá como te portas, no querrás que ella se moleste por saber que te portas mal... ¿Verdad? Se un buen niño.”
El dolor estaba tan marcado, que solo recordarlo era como volver a sentirlo. Cada caricia, cada beso, cada agarre, cada palabra; era tan sucio como él se sentía.
“Este juego es entre nosotros, no puedes decirle a nadie más o van a enojarse contigo, es mejor que nadie sepa. Así, mami estará feliz de que seas un niño bueno.”
Un juego, un maldito juego del cual pensó que jamás se repetiría. Que lástima que las heridas de esa noche, no pudieron cicatrizar, y solo aumentaron de profundidad.

Los años pasaron sin que Mikaela lo sintiera en algún momento, a pesar de que ya habían pasado 10 años desde aquella primera vez. Todo ese tiempo trató cada vez más de tomar distancia con su tío pues cada vez empezó a doler más, y Guren, se volvió más brusco, más agresivo. Sin embargo, nada funcionaba.
Al contrario, parecía empeorar.
Su rutina era encerrarse en el cuarto a estudiar para los exámenes o trabajos, esto provocó que fuera alguien de notas excelentes y se graduará con reconocimientos. Pero todo era a cambio de buscar un escape.
Guren era listo, aún que pusiera seguro a la puerta, con llave en mano abría por las noches mientras dormía y lo despertaba entre besos y toques sucios. Esto provocó un serio terror al dormir, ocasionando insomnio y ataques de ansiedad nada más caer la noche.
El abuso no tenía un orden, eran normalmente en la noche, si, pero a veces Guren solía sorprender con indirectas, usualmente cuando bajaba a buscar algo de comer y beber, provocando que el apetito se fuera; o a veces en pleno día, antes de que Mikaela fuera a clases o él se fuera al trabajo.
Olvidando esa clara molestia... Los exámenes de la universidad fueron aprobados con excelencia, por lo cual, esa misma tarde, su madre luego de felicitarlo le indicó que tendría que ir a firmar un par de papeles a la universidad que tanto soñó con entrar. Lástima que la felicidad hace mucho y se la arrancó su tío.
Mikaela claramente no era el mismo de antes, había pasado de ser un chico positivo y alegre que devolvía las sonrisas que todo mundo le daba, de ser alguien feliz a pesar de no tener ningún amigo, un niño empeñado en la escuela que pensaba que la familia era antes de cualquier cosa; a ser cabizbajo, no portar ninguna sonrisa, ser alguien sin ánimos, tener el cuerpo cada día más delgado y unas ojeras muy marcadas, siempre a la defensiva, usando ropa grande que cubriera su cuerpo de los golpes, marcas y moretones.
Siempre lloraba en silencio, metido en sus pensamientos, muchas veces estuvo a punto de decirle a su madre o llamar a la policía pero Guren siempre parecía saberlo, entraba a la habitación, le hablaba, le impedía actuar, y el miedo siempre lo mantenía callado, tenía miedo de que nadie le creyera o él saliera perdiendo, lloraba de impotencia y miedo, por no poder defenderse, estaba asustado, vivía asustado.
Saliendo del contexto en estos años...
Mikaela pasó su mirada al techo de su cuarto, tenía un par de minutos despierto, pero no quería moverse, no había ganas, la noche anterior Guren lo hizo de nuevo, su cuerpo se sentía pegajoso, ¿Quién pensaría que luego de pasar días agradables, su tío provocaría todo esto? Un suspiro acompañó esa pregunta mental, y sin ganas se sentó en la cama.
Su cadera y parte baja dolió, además de sentir los fluidos aún en su cuerpo, necesitaba un baño... Uno a la de ya. Pero, sabía que aún que tallara, la suciedad seguiría impregnada, un baño no le haría sentir limpio.
Se levantó y fue al baño de su habitación, se ducho sin ganas, así que no supo decir si fue rápida o no, solo restregó una y mil veces la esponja contra su piel hasta que se cansó y su piel quedó roja. Luego de salir, se lavó los dientes y con sus manos se peinó el húmedo cabello. Volviendo a su habitación para hacer la parte mas difícil de todas, bajar la toalla y ver su anatomía en el espejo, notó su cuerpo menos sucio, físicamente... Ya nadie le iba a ver de la misma forma si supieran esa mancha que su alma y corazón portaba. Ver los moretones siempre era difícil, le hacía llorar y ahogar gritos entre sus manos, pero ese día no lo hizo, solamente se vistió lo más formal que pudo y tomó sus cosas, no iba a desayunar, no tenía hambre.
Tomó un taxi al salir de la casa, el cual le llevó a la institución. Su mente como siempre divago tanto en el trayecto que ni notó cuando estaba por llegar. Al final bajo y pagó el viaje, dándole un vistazo a la entrada del lugar. Era amplio y podía ver qué habían más carreras, en la entrada estaba el logo del lugar y las letras de “Imperio Lunar Japonés” junto a los colores negro y verde que representaban el mismo.
Pasó por el portón abierto y saludo a la recepcionista, pidiendo explicaciones, a lo que está indico que debía esperar, animando a esperar en el patio del lugar, indicando su camino. Mika agradeció y fue al lugar, sin embargo, cuando estaba por llegar, algo paso muy rápido por detrás de él, golpeando su brazo y provocando que por poco fuera al suelo. Alzó la mirada y notó que delante de él había un chico de cabellos largos y morados, atados en una despeinada coleta, montado en una bicicleta, ¿Eran permitidas acaso? Hubiera traído la suya.
—¡Eres un animal Lacus, casi lo mandas al piso! —.
Alguien grito detrás de él, pero fue suficiente para asustar a Mikaela, provocando que se girará para ver al dueño de la misma. Ahí, un chico alto de largos cabellos sueltos y oscuros, con penetrante mirada rojiza se acercaba a ellos... Era su tío... Espera, ¿Lo era? ¡No! Que su mirada se pareciera a Guren solo provocó en él un gran susto...
—¿Te encuentras bien? Lo siento, fue mi culpa. —El aludido Lacus habló, poniendo una mano en su hombro.
Mikaela sintió el terror con ese solo toque, incluso se sintió acorralado, encerrado a pesar de estar al aire libre.
—Estoy... Estoy bien... —Murmuró bajando la mirada.
Las ganas de llorar y pedir que se alejaran fueron grandes, pero ellos no tenían la culpa de sus miedos e inseguridades. Empezó a temblar, y eso fue terrible porque lo que más quería era ocultar su miedo.
—¿Seguro? ¿Dónde fue que te golpeó? —La pregunta la hizo aquel pelinegro de ojeras.
Mikaela le miro con miedo, retrocediendo y provocando que chocara con el peli morado, quién tomó su brazo de forma suave, provocando que no le diera buena espina.
—Estas temblando, te asusté mucho, ¿Verdad? Lo lamento. —Soltó una suave risa, el pelinegro le miró mal. —Oh... Lo siento... No fue mi intención, veo que eres nuevo, lamento la bienvenida. —.
Y era cierto, ellos a diferencia de él llevaban el uniforme, debían ser mayores a él, más o menos supuso. Bajo su mirada a su cuerpo, teniendo un escalofrío y moviendo su brazo para que Lacus lo soltara.
—¿A qué salón vas? ¿Cuál es tu edad? ¿O tú nombre? —Pregunto el mismo chico.
Mika lo miró sin saber que responder, ¿Para que quería saberlo? ¿Acaso lo necesitaba? No, no era así. Negó suavemente, no sabía cuál sería su salón y tampoco quería soltar datos de él a unos desconocidos que daban miedo.
Entonces el pelinegro se acercó al otro a darle un zape, provocando la queja del peli morado.
—No lo llenes de preguntas, a penas se acostumbra que lo golpeaste. —.
Mikaela se sintió culpable, el fue quien no se fijo en su camino, y no quería que nadie fuera reñido por su culpa.
—Mikaela... Soy Mikaela Tepes... Tengo 17 años. —.
Apartó la mirada, no quería ser grosero pero quería irse, estaban muy cercas y le daba miedo.
—Discúlpalo, mi nombre es Rene Simm, y este tonto es Lacus Welt, ambos repetimos curso, tenemos 18 respectivamente. —Dijo el pelinegro en respuesta.
—El año anterior no fue el mejor, debes ser un ratón de biblioteca si buscas pasar con notas aceptables. —Se quejo Lacus.
Estás confesiones provocaron en Mikaela una mala imagen de ellos, pues como dice aquel dicho “Dime con quién te juntas y te diré quién eres”. No dejaba amistades con personas que podrían echar a perder lo poco que le quedaba.
—Te veo tenso, ¿Quieres comer? Justamente queríamos ir, no te asustes, solo somos un año mayor, y si llegamos a estudiar lo mismo puede que nos miremos más seguido y tengas tus primeros amigos. —.
Lacus era muy sociable, demasiado a su parecer, le era fácil hablar a pesar de haber chocado y darle un vago perdón.
—Claro, no tendríamos problema en compartir mesa. —Dijo Rene. —Nosotros estudiaremos literatura y artes, Lacus va por la rama de aprendizaje de literatura, yo prefiero periodismo, ¿Y tú? —. —Lenguas modernas... —Menciono bajito.
—Oh vaya, ¿Tienes que firmar papeles hoy? Podemos acompañarte, también tenemos que firmar, después podríamos quedar para conocernos. —Lacus sonrió, ¿Cómo podía hacer eso tan fácil?
Mikaela se sintió horrible, quería negarse, últimamente comer no era de su gusto, hoy en especial no quería comer, pero, ¿En serio buscaban ser su amigo? ¿De alguien como él? Bajo la mirada sin saber que hacer, no podía confiar, no debía... Nadie lo tomaría en serio al estar sucio, al ser un asco, estaba destinado a que todos le hicieran daño, por eso quería dejar de lado la idea de hacer amigos.
—Pues si, en efecto estoy esperando turno para firmar... —Fue lo único que dijo.
—Entonces, ¿Nos acompañas o prefieres esperar solo? —Pregunto Lacus, subiendo a su bicicleta.
Rene lo miró mal.
—¡Ahora no iré tan rápido! Si eso significa tener otro amigo como Mika, ¡Oh! ¿Puedo llamarte así? —Mikaela asintió en silencio, Lacus sonrió satisfecho. —Por cierto, eres chico, ¿No? O... ¿Una chica muy plana? —El silencio se hizo presente. —Perdona... —.
Mikaela estuvo seguro que de ser una chica, lo hubiera insultado. Lejos de eso, se sonrojo y bajo la mirada avergonzado.
—Déjalo Lacus, no seas así. —Suplicó Rene.
Ambos se alejaron con las bicicletas y Mikaela continúo su camino, para sentarse en una banca vacía y solitaria, deseaba descansar un rato...
¡Claro! Había traído un libro consigo, así que lo sacó y fue a los salones vacíos, entro en uno y se puso a observar el lugar, sentándose en una silla para leer con el libro pegado a su rostro.
Leía, estar solo con esa paz era increíble. Esperaba que nada ni nadie arruinara el momento, no quería hablar con nadie, casi moría del susto con los otros y además aún no podía creer en lo que Lacus dijo sobre que era una chica plana, solo recordarlo le hacía suspirar pesado. Aún que, si lo pensaba, había dado algo de gracia. “Que tonto” pensó con gracia.
Por unos cuantos minutos, Mikaela permaneció solo, al menos hasta que la puerta se abrió, y el miedo de que fuera un maestro que le iba a regañar por estar ahí lo puso tenso, pero no, había un chico cercano de su edad, más alto que él, de cabellos púrpuras y corto, además de bien peinado y ojos muy oscuros, eran muy perfilados.
—Oh, lo siento, no creí que hubiera alguien aquí. —Dijo de pie en la puerta. —Eres nuevo, ¿Verdad? Veo que no traes el uniforme. —.
Mikaela solamente asintió, no queriendo tener plática con nadie más.
—¿Puedo quedarme? Afuera hay mucha gente, no deseo estar en la multitud, prometo no hacer ruido. —.
Mikaela volvió a asentir, escuchando como el desconocido agradecía y cerraba la puerta, por suerte, no puso el seguro.
Tampoco se sentó cerca. De ese modo, en un aula tan grande, quedaron los dos a solas, y la tranquilidad de Mikaela se rompió una vez más. Al menos había silencio.
Al pasar de los minutos, Mikaela sintió una mirada sobre el, la cual trataba de ignorar al tener el libro en la cara, no había traído sus lentes para leer, así que era matar dos pájaros de un tiro. La cosa es que el otro joven, a pesar de estar en su consola portátil, no dejaba de verlo. Así que suavemente lo encargo con una mirada que decía “¿Qué?” a lo que el contrario sonrió.
—No puedes leer sin lentes, ¿No? Te puedo prestar los míos. —Y al decirlo, saco un estuche de su mochila. —Ven. —.
—Así estoy bien, gracias. —.
Dejo escapar un suspiro cansado, tampoco confiaba en sus palabras, así que cerró el libro y lo dejo sobre la mesa, tallando sus ojos. Aquel desconocido se sorprendió por una voz tan fina en un hombre, amable y callada; era hermosa.
Mikaela pensó en mejor irse, no deseando llamar la atención o tener una conversación, así que se levantó para guardar sus cosas.
—Lo siento, me tengo que ir. —.
Dijo simple y tangente, iría a ver si ya era su turno, y después vería si se iba a un parque para pasearse en los columpios... Solía hacer eso luego de terminar asuntos fuera de casa.
El otro rápidamente se puso de pie para ir a su lado, y mientras lo hacía, empezó a hablar.
—¡Espera! No eres de hablar mucho, ¿Cierto? —Mikaela puso una mala cara, no quería más “amigos” si es que así podía llamar a Lacus y Rene. —Te sientes incómodo conmigo, ¿No? Lo lamento, podemos ir fuera... Me gustaría conocerte. —.
¿Por qué tanta gente se fijaba en el? ¿Todos serían de forma sexual? ¿Todos lo veían como su tío? Estaba cansado, cansado de decirles amablemente que no.
—Lo siento... —Murmuro, tomando la manija de la puerta.
—Espera, ¿Por qué disculparse? No tengo problemas en hablar contigo, ¿Es por qué no he dicho mi nombre? Bien. —Se puso enfrente de Mikaela. —Soy Shusaku Iwasaki, haré segundo año y me postule a ayudante del consejo estudiantil, un gusto, ¿Con quién tengo el gusto? —.
Mikaela retrocedió asustado, pero sin alejarse de su única salida; la puerta. No entendía, ¿Por qué insistir tanto? No lo entendería jamás.
—Mikaela Tepes... —Murmuró.
Apretó el borde de su camiseta blanca, maldiciendo haber usado una de botones y no un suéter, aún que bueno, tenía un suéter de botones azul que estaba por encima. La cosa es que se sentía amenazado, y no entendía porque hasta quería llorar.
—En serio tengo que irme... Lo siento... —.
—¿Te encuentras bien? —.
Supo que le decía eso al estar temblando, así que asintió y finalmente lo apartó, abriendo la puerta y saliendo lo más pronto posible. No le daba buena espina, algo advertía que de quedarse a solas con él pasaría algo malo. Su ansiedad aumento por ver los pasillos solos, ¿Cómo entre tantos salones, ingreso Shusaku justamente al que el había escogido? ¿Por qué? Esto no estaba bien, no lo estaba en absoluto.
Ya alejado, bajo la velocidad, mirando a lo lejos la multitud, una sonrisa de alivio se poso en sus labios, sin embargo, un empujón lo llevo a chocar contra una puerta que se abrió y provocó que cayera al suelo de espaldas. No tuvo tiempo de ver nada porque la puerta se cerró al tiempo en el que él se levantaba, por un momento pensó que estaba solo, pero alguien se puso sobre él, maldijo la oscuridad de las cortinas que prohibían ver algo en esa habitación cerrada.
—¿Y quién diría? Solo el día de firmas y conozco a tan lindo chico que encima está en boca de todos. —Esa voz...
—¿Shusaku...? —Soltó Mika con terror.
No podía moverse, sentía que el otro presionaba sus muñecas contra el piso. No... Eso no podía pasar, simplemente, no todos eran Guren... No... No lo era...
Sonrió nervioso, pensando que era una confusión o una broma, pero al tratar de moverse sintió esos horribles besos en el cuello, provocando de golpe el llanto y los gritos por ayuda.
—¡No, no, alguien ayúdeme! —.
—Nadie vendrá por ti. —Escuchó. —Estamos apartados y los maestros no son tantos, estás perdido, así que pon de tu parte. —.

Lacus y Rene tuvieron la peor noticia.
El rumor de cierto chico lindo rubio había llegado a Shusaku Iwasaki, ayudante y amigo del presidente estudiantil, ambos habían abusado sexualmente de muchos chicos y chicas, y ahora sus ojos estaban puestos en Mikaela, aquel chico que hace prácticamente nada acabaron de conocer, por eso, no lo dudaron y empezaron a preguntar por dónde lo vieron ir, decididos a enfrentarlo antes de que le hiciera algo a su nuevo amigo.
Algunos indicaron los salones más vacíos y alejados, así que ambos corrieron, abriendo absolutamente todas las puertas.
—¡Shusaku! ¡Mika! —Gritaban a la par.
Llamar a alguien sería perder el tiempo, mejor era buscarlos y después acusar está falta, por ahora, solo pensaban en salvar a Mika.
—¡Maldición Shusaku! —.
El grito se escuchó al abrir la puerta y dejar que la luz alumbrará la oscuridad del salón, en el cual... Tampoco había nada.

Mikaela estaba temblando, llorando, gritaba pero su voz era callada, trató de tirar golpes como nunca y arañazos, pero todos eran esquivados. ¿Por qué a él? ¿A esto estaba condenado? Sus prendas estaban siendo despojadas y podía sentir su sucio toque en su torso.
—¡Suéltame! ¡Por favor... Ya no más, no! —Gritaba desesperado.
No le interesaba escuchar a su contrario, sus ojos se adaptaron a la oscuridad y pudo ver una silueta, así que no lo dudo en lanzar un fuerte golpe que de inmediato detuvo todo.
—Vaya... —Lo oyó decir, inmóvil. —¿Quieres qué deje de preocuparme de que disfrutes? Bien, como la señorita desee. —.
Mikaela sintió una fuerte cachetada, y luego otra en su mejilla contraria, se quedó en blanco porque, así Guren lo golpeaba... Lloro alto, sintiendo cada toque en su piel con terror, ¿Cómo saldría de esta? No lo haría porque nadie lo ayudaría.
—Cállate, odio que lloren, luego pedirás por más. —.
Tomo su rostro con una mano y lo besó, metiendo su mano debajo de la camiseta ya casi desabotonada y el suéter que estaba igual, acariciando su vientre y subiendo hasta su pecho.
Estaba perdido... Lo estaba...
—¡Maldito, suéltalo! —Un grito de una voz conocida junto a la luz del día. —¡Rene, está aquí! —.
La luz lo encandiló, pero lo que si pudo sentir fue que el peso se quitó de golpe, de inmediato se arrastró a una esquina cerrando sus prendas con sus manos. Estaba hiperventilando, así que no se dio cuenta de que pasó, al menos, hasta que alguien lo abrazó con protección. Entonces escuchó golpes, la puerta abrirse y cerrarse y después... Nada.
La luz se encendió y supo entonces que quien le abrazaba era Lacus, mientras Rene los miraba preocupado y cansado, ¿Se metieron en problemas por él? No podía dejar de llorar y sentir miedo de Rene ahora que tenía esa mirada...
A los pocos segundos pudo reaccionar por fin y se alejo de golpe, cubriendo su cuerpo, abrazándose a si mismo mientras lloraba. Lacus volvió a acercarse, pero para sorpresa de todos, fue Mikaela quien se lanzo a sus brazos, aferrándose a su ropa mientras agradecía y se disculpaba.
—Lamentó esto Mika... Él es un asco... —Murmuro Lacus. —No llegó a más, ¿Verdad? Lo lamento... —.
—No se volverá a acercar, ahora sabe que no estás solo. —Dijo Rene.
Mikaela no dijo nada, solo se escondió en los brazos que tanto lo protegían, sintiendo culpa por tener miedo de Rene, siendo que se había agarrado a golpes con Shusaku.
—Trae la mochila, Rene, necesita agua. —Pidió Lacus.
El aludido asintió y salió, dejando la puerta abierta para que Mikaela no tuviera miedo de su soledad con Lacus.
—¿Llegamos a tiempo? ¿Por qué entraste con él? ¿Acaso no notaste nada raro? —.
Con duda, llevo su mano al cabello rubio del chico, notando que Mikaela tembló pero se dejó.
—Estaba en otro salón, el llegó... Me sentí incómodo y me fui... El... El me empujó aquí y ya no pude hacer nada... —Su voz temblaba.
—Me asusto verte sometido... —.
Mikaela se separó un poco para limpiar sus lágrimas, pero sus mejillas dolían, así que evito hacerlo.
—Maldito... Déjame ver. —Pidió, Mika negó. —Vamos... Déjame ver. —.
Mikaela negó de nuevo y resignado lo abrazo de nuevo, cubriéndolo con su cuerpo.
Pobre Mikaela.
—Realmente me hubiera gustado llegar antes. —Se maldijo a si mismo.
Alguien entro por la puerta, siendo Rene. Lacus lo miró y tomó la mochila, agarrando la botella de agua.
—Toma un poco, seguro te calma, luego podemos ir al baño a qué laves tu lindo rostro, ¿Si? ¿Te digo cosas lindas? —.
Trataba de hablar lindo para distraerlo y calmarlo, pero Mikaela no salía de su mente, no dejaba de repetir las múltiples veces en esos últimos 10 años que Guren abuso de él, acumuladas en ese encuentro con Shusaku.
—No pienses tanto, trata de calmarte, pequeña... ¿Muñeca? —.
Mikaela paro de llorar de golpe... ¿Muñeca? ¿Él? ¿De dónde? Sus ojos azules miraron a Lacus, ¿Cómo podía decir que era una muñeca?
—Pareces una muñeca, una linda que no debe llorar, ¿Verdad Rene? —.
—Yo creo que le estás consintiendo como si fuera tu hijo. —.
—Por ahora lo debemos cuidar, hasta que se sienta mejor... Seré tu mamá, ¿Qué tal? ¿Te haría sentir mejor tener a tu mamá cerca? —
Y Mika se preguntó, ¿Por qué eran tan buenos si él los trato cortante? Su confusión era notoria, pero al menos ya no lloraba.
—Ha... Yo... No lo sé... —.
Y aún que estaba tembloroso y asustado, miró a Lacus y le sonrió de manera gentil.
—Gracias, y perdón, me asusté mucho... —.
Y no mentía, recordaba que en un punto pensó que Shusaku era Guren, y estuvo a punto de gritar su nombre.
—Esta bien, no veo porque no tener miedo si por poco pasa algo que no querías. —Dijo Lacus, tomando sus manos. —No volverá a acercarse a ti, si se mete contigo, se mete con nosotros, ¿No es así, Rene? —.
Miró al mencionado, que en silencio asintió, manteniéndose lejos porque notaba el miedo que Mika parecía tenerle, pensó que quizás sería porque miro como golpeó a Shusaku. M
—Ya eres parte del grupo, ¿No? —Dijo.
Mika los miró sorprendido, ¿Ya lo era? ¿Eso quería decir que eran amigos? Sonrió por la idea.
—Te diría que hablaras, pero muchos lo han hecho y no han conseguido nada. —.
—Pero al menos su caso es conocido y la gente tiene cuidado, de él y sus amigos guarros... —Dijo Lacus, destapando la botella. —Bebe... Esta bien. —.
Mikaela asintió en silencio y tomó agua, sintiendo como hidrataba después de haber llorado tanto.
—No se que tan lejos llegué este año, el anterior tuvo tres víctimas. —Dijo Rene.
Se acercó a ellos y Mikaela bajo la mirada, dándole la botella a Lacus.
Mikaela ya estaba mejor, pero quería un abrazo, sin embargo, ¿Cómo pedirlo? El no sabía cómo hacerlo sin sonar como un tonto. Por ese motivo, empezó a hacerle señas a Lacus, señas que claramente no entendió. Entre más lo intentaba, más sonrojado se ponía, y luego de un par de segundos en silencio, Lacus entendió y se soltó a reír, abrazando a Mikaela.
—Eres tan lindo Mika. —Dijo despeinando su cabello. —Tan, pero tan lindo. —.
—Gracias, Lacus, Rene... —Murmuró.
Ni siquiera era el primer día de clases, aún faltaba tiempo y ese día casi abusan de él de nuevo... Pero ahora tenía amigos... Se sintió afortunado, pero también tenía miedo, nunca había tenido amigos, y por ello, desconfiaba.
—No agradezcas, está bien, ¿No, Lacus? —Dijo Rene.
Lacus solamente asintió, dejando que Mikaela se escondiera en sus brazos, estaba bien, lo iban a poner a salvo, no iban a dejar que volviera a sufrir este tipo de daños.
Parecía ser alguien muy asustadizo, también un poco delicado. Era extraño, pero no les desagradaba a ninguno de los dos. Es más, creían en verdad que podían tener una buena amistad con el rubio, y esperaban que fuera así.
Ambos se miraron y sonrieron, mientras Mikaela se refugiaba por primera vez en mucho tiempo en ese calor de un par de brazos.

Hola, ¿Que tal? Aquí Erizo con un nuevo fanfic, aún que en realidad, hubo un tiempo en el que estuvo publicado, ahora, lo edite para subirlo de nuevo. Gracias a mis seguidores que sin saber nada del anime, le dieron una oportunidad, bienvenidos todos y espero que esté sea un espacio seguro en todos. 🫂
Al día de la publicación, ¡Es el cumpleaños de Lacus!
Bueno, no olviden que tengo redes sociales, Twitter, Facebook, Instagram, mi canal y mi comunidad, vayan a seguirme.

Gracias por leer, votar y comentar. Nos leemos, erizillos. 🦔✨
[ 27/10/20 ] Publicado originalmente.
[ 20/08/24 ] Editado.
[5160 palabras]








