Bienvenido a Calithea
Calithea es una ciudad que respira magia. No lo dice ningún libro, se siente apenas cruzas sus puentes: las luces cambian de color según la energía del barrio, los mercados huelen a hierbas que sanan o embrujan, y los clanes se mueven como si la historia les pesara en la espalda.
Aquí conviven tres razas principales:
hombres lobo, vampiros y hechiceros. No es un simple “cada quien por su lado”; todo funciona gracias a un equilibrio que nadie se atreve a romper. Ese equilibrio tiene reglas, algunas escritas y otras que todos siguen aunque nadie recuerde quién las impuso.
Los hombres lobo prefieren unirse con hechiceros porque esa alianza ha mantenido la paz durante siglos. Los hechiceros, de vez en cuando, se casan con vampiros, pero siempre se considera un riesgo. Y los vampiros… bueno, ellos no se mezclan con hombres lobo. Así de simple. Es un límite que nadie cruza, ni por deseo, ni por rebeldía, ni por amor.
Así, todos crecen bajo estas reglas antiguas, esas que todos en Calithea acatan sin cuestionar.
Para Aria Bagman no fue sorpresa que su familia pactara su futuro con los Hemlock, un clan de hombres lobo tan viejo como los cimientos de la ciudad. Conoció a Arlo en la infancia, y mientras otros enlaces arreglados nacían del deber, el suyo tomó forma de refugio. El tiempo les dio una conexión que ningún hechizo habría podido forzar. Juntos entraron en la guardia mágica, velando por el orden de un mundo que, sin vigilancia, volvería a arder.
Pero incluso los cimientos más antiguos pueden resquebrajarse.
En una misión lejos de casa, en un paraje helado y silencioso, encontraron a Jules Badica. Un vampiro joven, herido, casi borrado del mundo. Lo llevaron con ellos sin imaginar que ese acto de compasión rompería la estructura invisible que mantenía unida a Calithea.
Porque bastó una sola mirada entre Arlo y Jules para que lo imposible tomara forma. Un lazo instintivo, prohibido, destinado a no existir. En esta ciudad, algo así no es solo tabú. Es un desafío directo a siglos de orden.
Por eso eligieron el silencio. Inventaron una historia que el mundo sí aceptaría: la hechicera con un amante vampiro, un escándalo tolerable, mucho más seguro que la verdad. No por vergüenza, sino por supervivencia.
Porque Calithea se mueve entre apariencias, rituales y sombras. Y ahora, tres corazones avanzan por un sendero donde nadie ha caminado. Lo que decidan proteger o revelar marcará no solo su destino, sino el de todas las razas que mantienen viva la ciudad.








