Capítulo 1
Un certero empujón que vacila mi cuerpo, me hace tambalear como un desgraciado. Mi cuerpo es zumbado una vez más, esta vez no parece ser una preparación. Otro empujón más hacia el mismo lugar, pero este es mucho más violento que los anteriores. Mantengo mi mirada en el suelo, como muestra de respeto a la iniciación. Debo dejarme derribar naturalmente, así que hago mi mayor esfuerzo para mantenerme de pie. A pesar de que ya no es solo una persona, sino un grupo de estas violentándome.
Los empujones van con carácter de golpe y me aturden hasta que ya no puedo más. Caigo al piso rodando tal desgraciado, comiendo el polvo de aquel terreno baldío. Me topo con el sabor gélido del hierro en mi boca y una mancha de sangre a penas me la paso por la boca. Una mirada desafiante se me escapa, parece que la patada de cara que recibo me la gane de cortesía. Un grito gutural sale de mi garganta y es como una señal para ellos.
_Terminen con la iniciación. _Alguien grita de la nada.
Logro escuchar a lo lejos, mis oídos zumban al reconocer aquella voz. El líder Shohei ha dado la señal y una ráfaga de golpes me envuelven. Cada golpe en el rostro es como un relámpago, que se da frente a mí. Cegándome de a tantos, aturdiéndome en un solo lugar. Enterrándome en ese profundo dolor, que me recordara a donde es que me he metido. Como si buscasen algo de miedo en ti, algo que te lleve al arrepentimiento. En el fondo ellos, quieren que huyas. Eso conmigo ya no va, me llevo la iniciación de un tajo. Sentir es algo banal en mí, no lo necesito en lo absoluto. Al menos no ahora mismo, no hay nada en mi pecho.
Me quedo eléctrico en el suelo, lleno de adrenalina de los golpes recibidos. Recubierto de la sangre, que los golpes han causado. Respirando como nunca lo había hecho jamás, un caliente mórbido recorriendo mi cuerpo. Puedo sentir como dejo de ser un ser siquiera racional, cada escrúpulo que quedaba en mí se ha ido. Si es que siquiera quedaba algo de aquellos, después de todo los crímenes perpetrados. La vida ha sido dura conmigo, demasiado joven para ser un proxeneta.
Me dejan de golpear después del tiempo premeditado, el cual ni siquiera recuerdo exactamente cuál es. Solo sé que el tiempo se volvió rápido y que el dolor se volvió cada vez más soportable. Una paliza de muerte para cualquier chico, pero para mí eran unos simples golpes. Mi padre solía cagarme a palos por amanerado, así que crecí sintiendo los golpes tales caricias. Con la realidad bien distorsionada, como cualquier infante abusado.
_Lo has hecho bien santo. _Eunseok me llama por mi apodo de toda la vida.
Eunseok me da la mano, como si no me hubiera dado una paliza. Junto con el resto de los chicos, que ya eran parte de la organización criminal. Intento olvidar mi sentido de acción reacción y recordar el hecho de que estoy hasta el cuello en esto. Me dejo poner de pie de un tirón, aun con el cuerpo bien caliente.
Sé que debo irme antes de que aquel efecto se valla o no seré capaz de siquiera pasar desapercibido por Anton. Este seguro está esperándome en casa, sin siquiera saber en qué me estoy metiendo. Había visto su mensaje diciendo que deseaba verme, sospeche de una al escucharle. Con esa voz distorsionada, se notaba que había bebido. Lo suficiente como para recordar lo que tenía, que me tenía.
_Voy a necesitar un cigarrillo. _Pienso en voz alta.
Lo del cigarrillo no era una expresión, más bien era una adicción. Desde que tengo uso de razón, he estado entre el espeso humo del cigarrillo. Mi madre me compartió su adicción tácitamente, decidiendo fumar conmigo en su vientre. Recuerdo disfrutar el olor a hierba desde pequeño, sintiendo lo dulzón en el aire. Fue natural para mi tomarlo un día y darle un par de caladas experimentales. Un par de tosidas entorpecieron mis acciones, pero solo fue cuestión de tiempo. El golpe de relajación en mi pecho, fue una especia de imperio romano. Desde entonces yo simplemente, no puedo vivir sin la hierba.
_Mejor regresa a tu casa a curarte, no se te ocurra ir a un hospital. Eres demasiado joven para que no hagan preguntas y tú no eres ningún santo de devoción. _Eunseok pica entre palabras.
Una sonrisa tintada en carmín, la sangre me escurría de los caninos. Lamí un par de gotas de esta, aun en el caliente de mi cuerpo. El sarcasmo de sus palabras, combinaba bien con mi apodo. En mi defensa yo, me lo había ganado a las buenas. De niño era un lindo monaguillo, demasiado lindo para mi propio bienestar. Me había quedado con el apodo, pero había manchado mis manos destruyendo todo lo demás. La gente solía subestimarme por mi aspecto inocente, cuando mi mente maquinaba como la de un animal sin domesticar.
_Cerrare mi boca. _Arremoline las palabras entre mis labios.
Escupo la sangre que queda de mi boca, deseando algo de agua. Prometiéndome mentalmente de comprar una, en las expendedoras del tren. Evitar que me vean así, es lo más importante. Los golpes no me han dejado tan mal, solo será cuestión de quedarme en casa. Curar mis heridas como pueda o esperar a Anton para que lo haga por mí. Así eso signifique caer en el nuevamente, cosa que no me molestaría del todo.
Eunseok me da una mirada de complicidad brillosa. _Te daré uno para que soportes el dolor de esta noche, pero tendrás que conseguir más si el dolor sigue. _
_Puedo soportarlo. _Mi mirada divaga en el rostro de Eunseok.
Tome el cigarro de las manos del chico y me lo coloque detrás de una de mis orejas. Mi cabellera ocultaba el cigarro bien, por si alguien se pasaba de observador. Aquéllos cabellos me gustaban mucho, me hacían sentir libre en tantas formas. Me había dedicado a dejarlo crecer, desde que había salido de la cárcel. Olvide la última vez que había sido rapado, pero tampoco era como que quería recordarla.
Había dejado que mi cabello creciese bien, lo suficiente como para colocarlo en un desordenado moño. Justo como cuando era un niño y todos solían adorar mi angelical cabellera. Incluso si de ese Wonbin ya no quedaba nada dentro, aún seguían ciertos rasgos de pureza en mí. Yo el único Wonbin que quería volver a ser, era aquel que tenía su lugar en el mundo de los negocios sucios. Subir mis escalones, hasta llegar a donde quería. Sin importar si debía iniciar todo de nuevo, estaba dispuesto a hacerlo.
Las vías del tren se volvieron nada, perdido en el dolor que empezaba a ocupar mi cuerpo. Hice trasbordo en la estación principal de Seúl y tomé mi agua del expedidor pago. Una botella de agua entre mis manos, medio llena medio vacía. La tome a pesar del sabor a hierro, el polvillo del terreno me había llegado hasta la garganta. La sudadera cubriendo mi rostro en su totalidad, me permitió tener un viaje libre de miradas juzgonas.
Tampoco era como que me importaban mucho, cualquiera con dos dedos de frentes sabía que era un maldito. Todos menos Lee Anton, el me miraba diferente. Siempre había sido así, incluso desde que éramos niños. Observándome desde la entrada de su casa, mientras yo me encargaba de vender hierba. Su inocencia no le permitía ver, lo que yo realmente era. No me dio el pecho para romperle su fantasía y le seguí la corriente a aquel devoto.
Lo llegue a defender solo una vez, una vez fue suficiente. Me encargue de que nadie lo tocase y de la nada me venero. Anton se encargó de que mis notas fuesen buenas y yo me encargue de ser algo así como su sombra. Ese había sido el trato al principio, pero ninguno de los dos pudo mantener su promesa. El tiempo paso con todo y los rumbos de nuestras vidas se siguieron chocando. Quemamos ese polvo pendiente entre ambos, desde el día en que fui soltado de la cárcel. Desde entonces nos buscábamos, cada que necesitábamos del otro.
_ ¿Qué coño te ha pasado? _Anton tajo la pregunta apenas sus ojos se ocuparon en mí.
Me le quede mirando de reojo. _Relájate. _
Camine un par de pasos, hasta que Anton me atajo. Un movimiento le basto, para encararme por completo. El tiempo le había sentado tan bien a Anton, me duplicaba en todo lo que alguien se pudiese imaginar. Mas nuestras cinemáticas seguían intactas, porque nuestras personalidades nunca habían cambiado. Yo seguía siendo ese alguien incontrolable, cuya única persona capaz de doblegarle era su amor. Anton era ese amor de persona, aquel que curaba.
_No. _Anton soltó de una.
Anton seguía conteniéndome con ambas manos, puestas sobre mis hombros. Yo lo mire desde donde estaba, condensado de tanta cursilería de su parte. Me jode que todo eso me pueda, solo porque se trata de él. Con su mirada de cachorro fiel sobre mí, no hay nadie más en el mundo aparentemente. Me remuevo en su agarre amargo, pero este le da muy igual mi malcriadez. Anton es inmune a cada atisbo de mi amargura, pues sabe muy bien cómo llegar a mis puntos dulces.
Le doy una mirada un tanto alargada. _Ya te dije que no te puedes meter en mi vida, te lo advertí desde que volvimos a vernos. Que por más que te quiera yo, no dejare que mi mundo te consuma. Tú no eres como yo Anton, tu si tienes un futuro normal. _
Anton desvió su mirada tan rápido como la devolvió hacia mí. _Lo tengo porque así lo quiero, así como tú también quieres tu mundo. Yo no te juzgo por ello, solo me da miedo perderte otra vez. Es un pecado acaso, el quererte tanto. _
_Sabes que lo es Anton. _Decido dejar ir una sonrisa agridulce de mis labios.
Me zafo ahora sí, su agarre se ha vuelto débil. Sus manos temblaron hasta irse, a la par de mi amargura. Se aleja con su cara revuelta en letras, un poema escrito en esta. Puedo leerlo bien, el cómo me necesita. Sus ojos a lo largo de mi cuerpo, si esta en mi piso es por algo. Solo viene aquí para tenerme, para olvidar un poco su perfectamente imperfecta vida. Llena de expectativas irreales, que ni-siquiera él mismo se planteó.
_Eso solo me hace quererte más. _Su voz suelta me agarra desprevenido.
_Nadie te lo está impidiendo. _Le sigo la corriente como se debe.
Esta borracho obviamente, solo el alcohol en sus venas lo trae hasta mí. Niego lentamente ante él, bajo su atenta mirada. Me alejo de él como si nada, porque eso es específicamente lo que somos. Incluso si llegásemos a ser algo serio, eso sería lo menos conveniente entre nosotros. Anton me vuelve alguien vulnerable y no estoy dispuesto a compartir ese dato. Hay gente allá fuera buscándome, esperando algún momento de debilidad de mi parte. Ya me costó mucho mostrar mis sentimientos ante Anton, no pienso que nadie más que él me vea así. Temblando de ganas por que me toque, que me haga olvidar el dolor con más dolor.
_Sabes que estoy aquí para ti. _Anton relame sus labios mientras me mira anhelante.
_Estas borracho. _Pienso en voz alta.
_Puedes usarme cuanto quieras. _Anton se quiebra en un quejido lastimero
Sofoco una risa, ocultando como mi pene hizo un movimiento de querer salirse de mis pantalones para Anton. _Muy borracho. _
Anton me acorrala contra la pared y es lindo ver su total necesidad. Se queda ahí esperando por un beso, frotando nuestras narices todo torturado en mí. Su respiración es inestable y parece estar a punto de llorar mi nombre. El cual dice en susurros, por sobre mis labios. Recorro estos labios con mi mirada, el cómo este los relame en espera de los míos.
_Wonbin hyung. _Su mirada tiene ese atisbo de perversión cuando la posa sobre mí.
Termino tomando su rostro, para la darle un par de picos en sus labios. Cada uno más sonoro que el otro, el sonido de nuestros labios conociéndose. Los besos volviéndose cada vez más profundos, hasta que nuestras lenguas dan tregua. Conociéndose después de ese contacto cero, que nos tomó años quebrantar. Dando se la atención que nuestro orgullo, finalmente ha cedido de ambos lados. Sin limitarnos en darnos los besos, luciendo desesperados y desordenados.
Al terminar con Anton, está totalmente batido en mis besos. Su cara enrojecida por partes, es una obra de arte. La aporreada de rubor que recorre sus mejillas y el detalle de rojo en la punta de su nariz. Quiero comérmelo completo a besos, que no quede nada de él. Beso cada área enrojecida, él se deja hacer ya sumido en mí. Suspirando por cada beso, tomando cada uno tal aire.
Anton seguía siendo alguien muy lindo, demasiado para siquiera terminar con alguien como yo. La forma en cómo se las había ingeniado para curar mis heridas con vodka, alegando que era lo único que había encontrado. Ofreció también pastillas para el dolor, yo las había tomado con algo de vodka. Anton me quito la botella de las manos y se me quedo mirando como si estuviese haciendo la más grande de las locuras.
_ ¡Qué demonios haces! _Anton dice rápidamente.
Me le quedo mirando. _Tomarme la pastilla hombre. _
_ ¿Te quieres desmayar de la borrachera? _Anton suena entonces severo.
_Lo importante es que haga efecto. _Le restó importancia a lo demás.
_Estas subestimando cada efecto secundario. _Anton me da una mirada.
_Estaré tan borracho como tú. _Tajo de vuelta.
Me acomodo para sacar el cigarro, que conservaba en mi oreja. Acomodado entre los cabellos que caían en esta, se encontraba la pequeña envoltura. Saqué entonces el encendedor de mi bolsillo y le di fuego al cigarro. Una calada inmediata, para luego inundar el lugar en humo. Anton se desvaneció entre el humo y luego volvió a aparecer. Dos expresiones al irse y después volver mágicamente. Su cara era un constante poema, no le gustaba que fumase hierba frente a él.
_Tome porque estaba estresado, los exámenes me están llevando al borde. Luego vine aquí como siempre, incluso cuando me dijiste que hoy estarías ocupado. Supongo que te necesito cada vez más, me da igual si me veo desesperado. Sabes a lo que he venido, pero también sabes lo que tendrás. _Anton confiesa.
Anton deja todo de lado, ha terminado de limpiar cada herida. Juega con los algodones manchados y las toallas húmedas atestadas de tierra. Me ha dejado como nuevo, sorpresivamente teniendo casi todo para curarme. Nada sorpresivo en realidad, cada que pone un pie en mi piso es así. Siempre me encuentra con un golpe o una herida abierta. Creo que soy su mejor paciente y el que recibe el mejor trato también.
El vapor del agua caliente nublaba el lugar, hacia más calor de la que debía en ese baño. Mi idea nunca fue quedarme ahí con Anton mucho tiempo, pero este tenía sus maneras de convencerme. Era difícil ignorarle en ese pequeño cubículo, cuando lo único que tenía frente a mí era todo de él. Su hiel de ruegos me calaba hondo, la manera en cómo me fui dejando llevar poco a poco.
_ ¡Qué bien me chupas! _ Se me escapo necio.
Anton entreabrió los labios mientras respiraba sonoro ante mí. _ ¿Lo estoy haciendo bien hyung? _
Anton se llevó solo la punta ante mí, dándole un chupito sonoro. Luego dejo sus labios sobre la punta, rozándolos contra el líquido que se regaba. Arremolino su lengua en esta, dándole un baile que me voló los sesos. Asentí mientras clavaba mis uñas en su mejilla, tratando de controlarme un poco. Gimoteé sin vergüenza alguna, era eso antes que tomarle la cabeza para enterrarme en él. Me remoje los labios todo vicioso, morboso ante la imagen que tenía frente a mí.
Le di una mirada del más puro libido a Anton. _Sigue. _
Anton me saboreo con un ritmo delicioso, mientras yo le follaba la boca al son que me placía. Él me tomaba a pesar de tener ligeras arcadas, su boca vibrando contra mi extensión. Los hilos de saliva escurriendo de sus labios y el eco húmedo que no paraba. Le gustaba ser desordenado, sin un ritmo premeditado. Sacándolo de vez en cuando, para darle de a chupitos a la punta. Jugando con mis bolas, masajeándolas con sus grandes manos. Me tenía perdiendo el ritmo a cada rato, aprovechándose para que fuese tan errático como el de él.
_Wonbin. _Anton repasaba mi nombre entre gemidos.
Los gemidos de Anton tomándome, gimoteos que se escapaban al pegar un respiro. Abandonaba mi pene de a tantos, en busca de más aire para seguir probándome. Llevaba su lengua a lo largo de la extensión, manteniendo ese contacto visual en mis expresiones. Buscando mi aprobación en caricias, mantenía mi mano arremolinada en si rizada cabellera. Obligándolo a ir más profundo, tomarme a largos tantos. Suspirando a penas lo tiraba, gimiendo contra mi extensión al llegar al tope.
_Estás haciendo de mi pene un gran desastre, será mejor que lo tragues todo para mí. _Tanteo su juicio.
Anton y su mirada oscura no me dieron tregua alguna. _Si. _
Anton se llevó mi pene hasta el tope, una arcada sonora se escuchó retumbar. Entendí por donde iba, así que volví a hacer el mismo movimiento. Meter hasta el fondo, sacar hasta tentar sus labios. Las lágrimas curveaban sus ojos, que no dejaban de mirarme devotos. Su boca dispuesta para mí, seguí la tortuosa acción. Mi pene se retorcía al llegar a su garganta, la punta bañada en líquido blanco. Gruñí con cada uno de esos revolcones de mi pene, creo que Anton noto que estaba cerca. Tomándome de las nalgas, apretándolas con desesperación. Me tomo en su boca sin dejarme ir, recibiéndome cálido.
_Me tienes cerca joder. _Mi voz tembló violenta.
Me abrase de el en una posición algo desesperada, curvándome para retenerle también. Me aferre a sus cabellos hundiéndolo en mi extensión, mis manos llenando hasta su cuello. lo escuche dejar ir un ruidillo al llegar al tope, me apretó de la nada dejándome descompuesto. Gimoteando constantemente, la vibración retumbo desde la base hasta la punta de mi pene. Eso fue suficiente para que mi parte baja vibrara y explotara al igual que mis sesos. Deje ir un grito ahogado, para luego respirar sonoramente. Él tenía esa expresión de sus mejillas, pude escuchar cómo me trago. Volvió entonces a mi extensión, a llevarse lo que quedaba a lamidas. Sobre estimulándome hasta hacer que me marease, empezando a decir pequeños elogios entre labios. Mi cara se sentía a arder, viéndole como relamía sus labios al terminar.
Ni siquiera me di de cuenta cuando me coloco, mi mejilla dando de a golpe contra la pared. Me dio una sensación de golpe de calor, a pesar de que el agua había cesado quien sabe cuándo. También quien sabe cuándo me había metido los dedos, los sentía como rebosaban en saliva. la velocidad de estos me hizo rodar mi respingado culo, literalmente buscando que me jodiese.
_Lo quieres tanto como yo. _Anton tentó.
_Lo necesito. _Taje en un suspiro.
Anton seguía muy cerca de mi oído, dándole probadas al lóbulo de mi oreja. Mientras seguía moviendo sus dedos contra mi culo, note como bajaba su mirada para deleitarse con la moción. Que no se notase lo mucho que le fascinaba mi culo, sus ojos oscuros en este a cada rato. Una sonrisa que no alcanzaba a ver bien, pero que hacía que mi pene revoloteara por atención. Como si no hubiese tenido el orgasmo de mi vida, hace unos momentos.
_Todo el mundo sabe que mi pene es tu juguete favorito. _Anton soltó.
_Con el dueño también juego en realidad. _Tente de vuelta.
Sonreí de pura excitación, ignorando como estaba a punto de hacerme llegar con tan solo sus dedos, sin saber el poder que estos también tenían en mí. El cómo mi interior los aprisionaba de a tantos, mi próstata recibiéndolos con gusto. Me conllevaba todo mi poder mental, no terminar viniéndome en esos largos dígitos. O talvez solo era lo obvio, estaba esperando el premio mayor.
Anton bufo sarcástico. _Te pareceremos mucho más divertidos, una vez empecemos a cogerte. _
Un despojo de alma que sentí, pero solo eran sus dedos dejándome. El alarido de mi parte, me hizo enrojecerme violento de vergüenza. Sentí su sonrisa en mi cuello y la punta de su pene en una de mis nalgas. La piel se me puso de gallina con tan solo sentirlo, piel con piel. El sonido de su pene al ser acariciado, lleno el lugar más de lo que debía. Un sonido de fondo aún más obsceno, que todos los que habíamos hecho ya. Los sonidos que venían de los labios de Anton, te llegaban hasta el fondo de tu ser. Queriendo ayudarle con su problema, sin importar lo grande que fuese.
_Solo mételo de una vez. _Dije rápidamente y en un total desespero.
Me estampo contra la pared del baño, podría jurar que se escuchó hasta el otro piso. Mi grito no ayudo a disimular nada, coloreo el ambiente por completo. La punta dándose paso, se quedó quieto respirando contra mí. Temblando contra mí, gimoteando contra mi oído. Era melodía para mí, entrecerré mis ojos disfrutando de su pobretona vocecilla. Que hacía que sus gemidos se escuchasen más lastimeros y necesitados que nunca.
_Tu mereces ser tratado como una princesa. _Anton me tentó con sus palabras.
Anton empujo toda su extensión en mí y un grito agudo se escapó de mis labios. Me agarre a la pared, pero mis manos se resbalaban sin parar. Anton usaba mi cuerpo de eje, mientras yo ocupaba toda mi fuerza para que no me derribase. Estampándome contra la pared a embestidas, me follaba justo como debía. Arremetía sus caderas contra mí, dejando ir pequeños gemidos lastimeros. Tomando mi cabellera desesperado, jalándola de a pocos. Mentiría si dijese que eso no me prendía, más de lo que creí necesario.
_Tan bueno. _ Pensé en voz alta.
Anton giro sus caderas en direcciones, acomodándome a su gusto. Eso hasta que encontró mi punto dulce y yo me empecé a mover en contra de sus ya embestidas. Muy anuente de que la pared retumbaba y de que probablemente ya habíamos sido escuchados. Anton seguía embistiendo como si nada, teniéndome al borde de mi orgasmo. Decidió que sus manos se encargarían de mi nuevamente, tomado mi extensión bombeo. Yendo a la par de sus embestidas, me deje hacer ya a punto de llegar.
_Tus vecinos ya deben saber que te están jodiendo bien. _ Anton pica sin aliento.
_Pervertido. _Mis ojos bailando en blanco del puro gusto de tenerle.
_Escuchado mi nombre cuando lo gritas. _Anton me dio una mirada asquerosamente sucia.
Esa no era lo primera vez que lo hacíamos contra la pared, cuando ya lo habíamos hecho en la sala varias veces. Estaba seguro de que lo que decía Anton era cierto, por la forma en como los vecinos me miraban al salir. Admito que, si me hacían darle miradas de vuelta, igual no me soportaban la mirada por mucho. Había siempre algo en esta, que a la gente le perturbaba. A todos menos a Anton, este parecía fascinado por verme tomar vistazos de cómo me estaba jodiendo.
_Me quiero correr mal joder. _Digo en un hilillo.
_Córrete en mi mano. _Dice Anton ya sin aliento
Nuestras miradas se quedan enlazadas en el momento, Anton me dirige el rostro para darme un beso. Sigue su moción deliciosa, comiéndome la boca. Me doy a él abriéndola, para que pueda hacer de mi lo que desee. Me deja después de lo que parece una eternidad, hilos de saliva que me confunden en donde empecé y terminé. Mis labios están ardiendo, juraría que duelen más debido a los golpes. Me dolería al día siguiente, probablemente me dolería todo.
_Anton. _Sale de mis labios sin previo aviso su nombre.
Eso es lo que siempre se escapa de mis labios, cuando este acelera su trote en mí. El sonido de la pared rebosante, me derrito en su contra. Jadeando hasta que ya son alaridos, uno más sonoro que otro, hasta llegar en su mano. Un lloriqueo de su parte al apretarlo, puedo sentir como me suelta para sujetarme en un abrazo. Siempre hace eso tan necesitado, lloriqueando en mi hombro mientras llega dentro de mí.
_Te sientes tan bien. _Lo dice tal confesión.
_Ven aquí. _Suelto al notarle en mí.
Me apego a él ahora de frente, mientras me abraza con necesidad furtiva. Le doy los besos que me permite darle, porque está demasiado en ese abrazo. Como si no tuviese suficiente de mi calor, gimiendo contra mi cuello mi nombre. Aun sumido en su orgasmo, frotándose contra mi cuerpo. Embistiendo mi muslo, de manera perezosa. Como si no quisiese desperdiciar nada de aquel orgasmo, lo toma todo hasta el final. El resto de su semilla escurriendo en mis muslos, esparcida por doquier.
Después de varios intentos, logre convencer a Anton de irnos a la cama. Su estamina estaba en aquel sexo, nunca se cansaba. Yo me deje llevar de él, en mis condiciones. La golpiza recibida seguía ahí, los efectos de lo tomado se estaban disipando. No había combinado nada bien con el sexo, el cual había drenado todo el efecto anestésico de las drogas. Nos habían ganado las ganas, como siempre solía suceder.
Era como si mi cuerpo supiese, cada que lo veía llegar a mi piso. Sabría que sería amado bien, tratado como se debía. Me le quede viendo mientras dormía, más en mí que en dormir. Apachurrado en mi cuerpo, entrelazando sus piernas para atraparme por completo. Apenas podía respirar, era una situación graciosa. Acerqué mi rostro hacia el suyo, deslizando mi nariz a lo largo de la de Anton. En el gesto más suave de toda la noche, ese que daba broche final a nuestra sesión de amantes.
_Te adoro. _Deje ir en un hilillo.
Lo decía solo así, cuando estaba completamente dormido. No me escucharía estando borracho y si lo hacia lo negaría. Yo no tenía un futuro para amar, pero aun así lo hacía. Quien no lo haría teniéndole, quien no se le curaría completamente el corazón. Anton me había enseñado a que mi cuerpo merecía ser amado y no solo alguien que hacia el trabajo sucio. Se me olvidaba mi pasado, sentía que tenía un futuro. Bajaba mi guardia hasta el fondo y me entregaba a él como nunca.
Anton alargo su mano para acomodarme, como solía hacer entre sueños. Incluso entre sueños era dulce, siempre venía a mí. Me deje hacer sumido en su toque, en lo bien que dormiría esa noche. Su sexo me ponía en un muy buen sueño, a pesar de ser la persona más híper-alerta. Cualquiera diría que era porque lo hacíamos duro, pero incluso en lo vainilla sucedía. Simplemente Anton me traía paz, una de la que secretamente dependía. Mi estamina para seguir, en esta vida que tanto dolía.