Chapter 1
Era un día radiante en la capital. Una multitud efervescente se agolpaba en las calles, aguardando con el aliento contenido un momento que prometía ser histórico. Para los ciudadanos, aquel no era un día cualquiera; era una fecha grabada en el calendario de toda la nación. Las avenidas rebosaban de vida, de murmullos y de expectación, hasta que, de repente, el caos fracturó la calma.
Rodando por el pavimento, apareció una suerte de carruaje. Sin embargo, algo resultaba antinatural: no había caballos que lo impulsaran. El artefacto avanzaba destruyendo todo a su paso, dejando tras de sí un rastro de escombros. Al mando de aquella máquina, se divisaba a un joven que luchaba por mantener el control.
—¡Por favor, fuera del camino! —gritó el muchacho con desesperación.
¡PUMM!
Una explosión sorda resonó cuando el vehículo embistió varios puestos de comida, reduciéndolos a astillas. Tras él, una procesión de carruajes similares le seguía el rastro en una persecución frenética.
—¡Deténgase, mocosos! —bramó una voz desde la retaguardia.
—Oye, ¿qué hacemos? —preguntó uno de los ocupantes, el pánico reflejado en sus ojos.
—Tranquilo —respondió una voz serena. El dueño de aquella calma salió del interior y se posicionó con agilidad sobre el techo del vehículo—. Saldremos vivos de aquí, jajaja…
—¡CUIDADO, MIRA ENFRENTE!
—¡HAAAAAA!
Si desean comprender cómo terminaron en este punto —convertidos en perseguidos, tildados de asesinos y envueltos en semejante desastre— debemos retroceder exactamente una hora en el tiempo. Así que, pónganse cómodos, tomen asiento y sigan observando
—Haaaaaa, todo está hecho un desastre. ¿Qué carajos pasa hoy?
El extranjero contemplaba el bullicio con evidente confusión. A su lado, un lugareño le devolvió una mirada de incredulidad.
—¿No te acuerdas? Hoy es la entrada a la Academia.
—¿Ah? ¿Y todo esto solo para armar un escándalo por eso?
—Umm… ¿usted de dónde viene? —preguntó el hombre, examinando sus ropas.
—Soy de otro país. Vine por asuntos personales, pero ¿por qué está todo tan lleno hoy?
El hogareño sonrió con cierto orgullo local.
—Esto pasa todos los años para recibir a los que ingresarán a la Academia Winsorth.
—No entiendo —insistió el extranjero
—. ¿Y qué tiene que ver?
—Que los que entran ahí son la cúspide —explicó el hombre con solemnidad—. La nueva generación de hechiceros, espadachines, científicos e inventores. Son lo mejor de lo mejor. ¿Acaso no sabes cómo funciona todo aquí?
—No, no lo sé. Sé que es de mala educación preguntar sin conocimiento previo, pero lo único que sabía antes de llegar es que este lugar es la capital.
El hogareño frunció el ceño y se dispuso a dar una lección de geografía política.
—Mira, como sabrás, esta es la capital donde habita la Hechicera Suprema y los Pilares. Aquí residen principalmente los duques y marqueses del país. Dejando eso de lado, la Academia es el pilar fundamental de la nación; de allí sale la élite que nos protegerá. Por eso, una vez al año, se organiza este recibimiento, aunque los aspirantes deban pasar por una prueba indefinida antes de ser aceptados formalmente.
—Umm, explícame más —pidió el extranjero, intrigado—. ¿Y cómo es eso de la Hechicera Suprema? Tenía entendido que ella estaba fuera de la capital.
—Así es. Hace unos 10 años, ella y sus Pilares abandonaron la ciudad. Por supuesto, vienen aquí a trabajar de vez en cuando, pero luego se marchan.
—Ya veo, muchas gracias. Pero tengo una duda más: ¿por qué no puedo entrar al Distrito?
—¿Al Distrito? —El hogareño negó con la cabeza—. No, amigo… ahí la cosa cambia. El Distrito es totalmente independiente; es como un país dentro de un país. Incluso las familias que lo manejan no toleran a la Hechicera Suprema. Es difícil entrar, incluso para los que somos de aquí.
—¡Carajo, yo tengo que entrar ahí! —exclamó el extranjero con urgencia.
—Lo siento mucho, de verdad. Pero si planea ir, le recomiendo que sea mañana. Hoy será un caos absoluto. Además, últimamente los nobles han estado actuando de forma extraña.
—¿Raro?
—Sí… como si estuvieran esperando algo más este día.
—Bueno, muchas gracias. Hasta luego.
—Lo siento mucho, perdón… ¡Oye, no empujes! —Las quejas de la multitud se multiplicaban a su paso—. Lo siento, ¡voy tarde!
Una joven corría desesperada entre la gente, consultando su reloj con angustia.
—¡Aaaaa! Voy tarde, muy tarde. Ya debería estar allá… No me gusta hacer esto, pero…
De un salto prodigioso, alcanzó los tejados de las casas y comenzó a correr sobre las tejas con una agilidad asombrosa.
—¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! Me distraje ayudando a esa señora y olvidé que hoy se pondría así la ciudad… Demonios. Tengo que llegar. Quizás si cruzo por el Distrito, pero será difícil. ¡Ah! ¿Quién podrá salvarme ahora?
De pronto, un fulgor esmeralda cubrió el cielo de la capital. El mundo pareció detenerse. Los adultos y ancianos palidecieron al reconocer el tono de aquella luz; solo unos pocos jóvenes comprendían la magnitud del evento.
—No puede ser, ¿o sí?
—¿Por qué vuelven ahora?
—Mamá, ¿qué es esa luz?
La luz emanaba de un portal colosal que se rasgaba en el firmamento. De su interior comenzó a emerger una masa de tierra flotante, y sobre ella, una edificación imponente.
En un edificio gubernamental, un anciano observaba la escena desde su despacho.
—Vaya, no deja de ser sorprendente
—comentó con una sonrisa críptica.
—Disculpe, Director, ¿eso no es…?
—Sí… son ellas —respondió el hombre, con sus ojos iluminados por el resplandor verde del exterior.
En los salones de la nobleza, las reacciones no se hicieron esperar. Una mujer de cabello blanco, sentada con elegancia en su trono, exhaló una nube de humo de su pipa.
—Vaya, se atrevieron a volver después de 10 años…
Desde la cima de otro edificio, un hombre golpeó la pared con frustración.
—Maldición. Quince años fuera y vuelven de repente, sin avisar.
—Señor, por favor, mantenga la compostura —le pidió su subordinado
—. Tarde o temprano iban a regresar.
Mientras la estructura terminaba de cruzar el portal, pasando entre las nubes, un hombre de aspecto salvaje soltó una carcajada estruendosa.
—¡JAJAJAJA, MALDITAS HIJAS DE PUTA! Parece que estaremos todos juntos otra vez, ¿no?
Toda la capital, desde el mendigo más humilde hasta el noble más encumbrado, incluso los habitantes del Distrito, levantaron la vista. El veredicto era unánime: Están de vuelta.
En una mansión de hielo, una mujer compartía estancia con dos hombres.
—A ella siempre le ha gustado montar un espectáculo, ¿no es así? —comentó ella.
—Sí… al menos podrían haber avisado —gruñó uno de los hombres.
—Aha… —asintió el segundo con desdén—. Ya saben cómo es ella; hace las cosas sin pensar y le importa un bledo el trabajo de los demás.
—Cállense —sentenció la mujer con un tono dulce que ocultaba una pizca de veneno—. Ya no importa si sus actos nos afectan. Está de regreso…
Exhaló el humo una última vez y pronunció el nombre que todos temían y respetaban:
—La Hechicera Suprema…
Mientras tanto, en la catedral, las campanas repicaban con frenesí.
—¡Padre, padre! —gritó un sacerdote
—. ¡Ella ha vuelto! Normalmente viene una vez a la semana, pero esto…
—Lo sé —respondió el párroco con gravedad—. La Santa está de regreso.
El portal terminó de cerrarse tras el paso de la mansión flotante. La estructura se cernía sobre la ciudad como una corona de piedra. De su interior emergió una figura imponente: una mujer de cabellera púrpura, envuelta en una capa negra que ondeaba al viento. Sus ojos se encontraron con el sol de la capital.
Abajo, el silencio se apoderó de las calles. Todos conocían ese rostro. Todos pronunciaron el mismo nombre en sus pensamientos:
Agatha Darkness.
Un flujo masivo de maná emanó de su cuerpo, alterando la presión del aire y haciendo vibrar la realidad misma. Su sola presencia transformó la atmósfera de la ciudad. Agatha sonrió con una superioridad que solo los dioses o los más poderosos pueden permitirse.
—¡BUENOS DÍAS, MI GENTE! —exclamó.
Con el poder disipándose lentamente, la mujer más poderosa del mundo dejó claro que su ausencia de quince años había terminado. La verdadera soberana de la magia había vuelto a casa.








