Capítulo Único
Mientras caminaba hacia la estación del metro más cercana, levantó la mirada apenas sintió una gota, gruesa y helada, caer sobre la punta de su nariz, ni siquiera tuvo la oportunidad de pensar en nada cuando una serie de gotas comenzaron a caer, una tras otra, estrepitosamente sobre el asfalto, formando a gran velocidad charcos bajo sus pies; abrió los ojos con incredulidad, definitivamente, aquel día no podía ir peor.
Sencillamente, apenas despertó y abrió los ojos, el día comenzó a ir mal: su alarma no había sonado debido a que su celular se había descargado durante la noche (y que además lo olvidó antes de salir de casa), todo por su maldita maña de escuchar música para poder relajarse y dormir con más facilidad, no tuvo tiempo de ducharse o desayunar, tenía que llegar para entregar un trabajo a la universidad, aunque lo consiguió, llegó tarde a su segunda materia y la profesora, que no daba más de diez minutos de tolerancia, no le permitió pasar a clase, al menos había aprovechado el tiempo para desayunar, quedándose con el dinero justo para volver a casa. Como si fuera poco, ahora llovía, ¿y el paraguas? Reposando en su escritorio, justo al lado de sus cuadernos de las materias del día anterior.
Mientras comenzaba a correr, sintió como su ropa se mojaba con velocidad, menos mal que no llevaba el móvil encima... Una vez que ingresó al metro se topó con la desagradablesorpresade que el andén estaba completamente lleno; el camino hasta su estación fue lento, pasó todo su recorrido apretado por los demás cuerpos, bolsas y mochilas, una vez que se pudo bajar, con las piernas notoriamente entumidas, se encaminó a la salida y de ahí al paradero del autobús que lo dejaba a dos cuadras de su edificio, respiró profundamente, valorando el aire fresco antes de ingresar al transporte. Cuando se bajó, lo poco que se había secado debido al asfixiante calor de los otros cuerpos se fue a la mierda, resignado, caminó con relativa calma hasta su edificio, en el que, luego de saludar al portero, ingresó.
Arrastró sus adoloridos y cansados pies escalón tras escalón, evitando pensar en los pasos que le restaban para llegar hasta el quinto piso, una vez que estuvo ahí, un extraño y constante ruido le hizo levantar la cabeza; sintió que su corazón se detenía momentáneamente por la imagen que se presentó ante sus ojos: su novio, Donghae, yacía sentado frente a su puerta, mojado de pies a cabeza con un charco de agua que se expandía a su alrededor, jugando con el móvil, temblando a tal punto que le castañeaban los dientes.
De pronto lo recordó, desde hacía una semana había quedado para comer con él en su apartamento, ¿cómo había podido olvidarlo? Por supuesto, se debía al cansancio por trabajar y estudiar al mismo tiempo, sintiendo la culpa y la angustia en cada latido de su corazón, se acercó con pasos rápidos, llamando por fin la atención de Donghae.
- Llegaste -mencionó mientras extendía ambas manos, sumamente heladas, para que su pareja le ayudase a levantarse- llevo más de una hora y media aquí, ya no siento el culo -dijo entre risas avergonzadas- Te estuve llamando muchas veces, ninguna me contestaste -reclamó sin enojo alguno.
Sin emitir palabra alguna Hyukjae recogió la mochila de Donghae, la cual se encontraba igual de empapada que el susodicho, abrió la puerta y luego de entrar encendió las luces, sin siquiera invitar al más bajo a pasar, se encaminó con la mochila hasta el living, dejando en la pequeña mesita de cristal frente al televisor el contenido de ésta mientras escuchaba el sonido de la puerta cerrarse y de unos pasos acercarse hasta donde él se encontraba.
- ¿Hyuk, estás bien? -preguntó mientras dejaba el móvil sobre la mesa, junto a sus cosas.
- Olvidé que nos veríamos hoy, lo siento... -dijo girándose para mirarlo a los ojos, esperando transmitir el arrepentimiento que sentía.
Donghae suspiró, inevitablemente su rostro reflejó un atisbo de decepción, murmurando un suave ”no te preocupes, lo supuse...“, enojado consigo mismo, Hyukjae se encaminó al baño, tomando una toalla y ofreciéndole otra a a Donghae, nuevamente, sin decir palabra alguna, se dirigió hasta el cuarto en el que tenía la lavadora, encendiendo las luces a su paso, una vez que llegó arrojó la mochila dentro, antes de siquiera tener oportunidad de pedirle a su novio que se quitara la ropa mojada, todo a su alrededor se sumió en una relativa oscuridad, propia de un día lluvioso a las seis de la tarde.
- ¡Lo que faltaba! -gritó exasperado.
- Mira el lado bueno -dijo mientras se colocaba una mano en la cadera y la otra bajo su barbilla, pensando en busca de algo optimista que decir.
- Hae, no creo que exista un lado bueno, a saber cuándo volverá la luz -suspiró.
Con pasos notoriamente molestos, el dueño del lugar anduvo hasta la cocina, ayudándose con la linterna del celular para alumbrar el camino hasta su destino, revisó un par de cajones hasta encontrar una caja llena de velas, las cuales encendió y dejó en lugares estratégicos para alumbrar el lugar. Cuando se encontraba colocando un par de ellas en el baño, sintió una mano sujetar su muñeca.
- Hyuk -el aludido lo miró- ¿Dónde colocaste mis ropas que te dejé? estas están demasiado mojadas- extendió los brazos para reforzar sus palabras, posteriormente se quitó la chamarra que le incomodaba por el rastro del agua que quedaba en ella, dejándola sobre la tapa del váter. Hyukjae observó la toalla, tan mojada que de poco le servía ya a su pareja.
- ¡Maldición! -exclamó, echando sus cabellos hacia atrás, molesto consigo mismo- lo siento, en seguida te traeré tu ropa.
A pesar de sus palabras no se movió, ni un centímetro. Estaba tan frustrado que su mente había tenido un bloqueo temporal.
- Discúlpame, olvidé dónde guardé tu ropa.
- Esta bien, ¿podrías prestarme de tu ropa? -suspiró Donghae.
- Si, perdón, voy por algo para ti.
- Hyuk... Deja de disculparte, me estas poniendo de los nervios.
- Perdona, tienes razón -suspiró al caer en la cuenta, lo había hecho de nuevo- Lo siento, yo...
Harto de escuchar tantas disculpas, Donghae se acercó a su pareja, lo tomó por el cuello de la sudadera y, mientras ladeaba ligeramente su rostro, lo atrajo hacia sí, besándolo un tanto a la fuerza; a base de lamidas y mordidas en los labios del contrario lo incentivó a responderle, en cuanto estuvo seguro de que no lo apartaría, dirigió una de sus manos hasta las húmedas hebras de color rubio, enredando sus dedos en ellas al tiempo que sentía una lengua cálida y ávida introducirse en su boca, profundizando un poco más el beso.
Pronto sintió un par de manos acariciarle con delicadeza la cadera, se separaron para poder respirar, emitiendo pequeños e irregulares jadeos trazó un camino de besos desde la barbilla de Hyukjae, la cual no evitó lamer y morder ligeramente, pasando por su tersa mejilla, hasta llegar a su lóbulo derecho, respiró profundamente y suspiró sobre el, sintiendo como el agarre de sus caderas se apretaba a la par que su pareja se encogía levemente. Se dio el lujo de jugar con su largo arete, adoraba hacerlo, tirar suavemente del metal con sus dientes, pasar su lengua alrededor de sus perforaciones, sentir los estremecimientos y gruñidos que emergían del cuerpo frente a sí...
Ansiando más, coló sus manos por debajo de la ropa de Hyukjae, tocando hasta donde las húmedas prendas se lo permitieron, comenzó a trazar figuras invisibles, dejando una sensación de calidez en las zonas en que las yemas de sus dedos pasaban; su boca se encargó de descender por su cuello, sintiendo en la punta de su lengua el sabor a lluvia que se impregnó en la piel erizada del de pelo azul, acarició con los labios, dientes y lengua aquella extensión de piel hasta llegar al centro de su cuello, al objetivo que se había fijado apenas empezar con aquel juego: su manzana de adán. Frotó con su nariz la zona, dejando un ligero beso antes de regalarle una mordida; aquello fue la gota que derramó el vaso. Una mano se enredó con fuerza en las hebras de sus negros cabellos, haciéndolo detenerse para emitir un gemido lleno de sorpresa.
- La ducha. Ahora-gruñó ronco Hyukjae, haciendo que su pene saltara ante lo profundo de su tono de voz. Lo imitó cuando se quitó los zapatos y los calcetines.
Se dejó arrastrar hasta estar a un lado de la ducha, miró atentamente la nuca de su pareja mientras este abría la llave de la regadera, en menos de dos minutos, tiempo que aprovecharon para besarse, el baño se había llenado de un cálido y asfixiante vapor que empañó los espejos y la cortina transparente que evitaba que el agua de la ducha salpicara fuera de esta, aumentando su temperatura corporal.
Una vez que abrió la llave del agua fría y se niveló la temperatura, se introdujo en la ducha hasta que su espalda chocó con la pared, arrastrando a Donghae consigo mientras enredaba sus brazos al rededor de su cintura, haciéndolo chocar contra su pecho. Aprovechó el jadeo de sorpresa que emitió el de cabellos negros cuando sus manos bajaron con total descaro hasta sus glúteos para volver a besarlo. La caía del agua caliente sobre sus cuerpos aumentó más el calor del momento.
- Hyuk -gimió agitado mientras subía una mano para enredarse en los cabellos de su pareja- la ropa...
- No importa, ya estaba mojada de cualquier manera -sonrió antes de volver a abordar su boca.
Las manos de ambos se dedicaban a pasearse por el cuerpo del contrario, jalando la ropa del otro en un intento de sentirse más de cerca, pronto la ropa comenzó a ser más que molesta, la humedad de las prendas hacía más torpes sus movimientos. Las manos de Donghae se encargaron de jalar la sudadera y la playera de Hyukjae hacia arriba, mientras este desabotonaba presuroso la camisa de su pareja, viéndose obligados a separar sus bocas y sus torsos por un momento. Una vez que ambos estuvieron desnudos del torso para arriba, se dedicaron a contemplarse, con la mirada impregnada de deseo, un par de segundos.
Con un gruñido bajo que salió desde lo más profundo de su garganta, Hyukjae se acercó al cuello de Donghae, lugar donde mordió y succionó hasta dejar un par de marcas, rojas y violetas, que durarían ahí un par de días, empezó a descender con lentitud hasta llegar a aquellos rosados y erectos pezones que le habían hecho agua la boca apenas los vio, tomándolo por el trasero, elevó a Donghae hasta que este se vio obligado a enredar sus piernas en la cadera ajena, logrando tener sus pezones más a su alcance, se relamió los labios antes de acercar su boca al pezón derecho.
Lo delineó con la punta de la lengua antes de comenzar a morderlo y juguetear con el, disfrutando los estremecimientos y la sensación de presión en aumento que ejercían aquellos mulos a su alrededor; aprovechó el momento en que se alejó hacia el otro pezón para invertir las posiciones, giró y embistió contra el suculento cuerpo que estaba a su total disposición, haciendo que la espalda de Donghae, quien gimió y enterró las uñas en sus hombros, chocara contra la pared de la ducha.
Se dispuso a jugar con el otro pezón, atrayendo los deliciosos muslos a su cuerpo, buscando con movimientos de su cadera, firmes y constantes, un mayor contacto. Conforme sentía los arañazos en su espalda, las mordidas en sus hombros y los gemidos en sus oídos, sintió como su pene comenzaba a crecer más y más contra sus molestos pantalones, sabía que Donghae lo sentía también, él podía percibir a la perfección las palpitaciones del miembro de su pareja bajo los pantalones de deporte que el pelinegro llevaba. Sonrió con total satisfacción al sentir una fuerte sacudida contra su entrepierna en el momento en que se acercó a mordisquear aquellos labios tan apetecibles e hinchados.
Ofuscado por la intensidad de las sensaciones que embargan su cuerpo, y a modo de venganza, Donghae aprovechó un beso para aventurar su mano hasta los pantalones de su pareja, con agilidad soltó el botón y bajó el cierre, metió la mano bajo los bóxer y sujetó, lo máximo que la posición en la que estaban le permitió, el miembro sumamente rígido y húmedo de su pareja, quien no tardó en acercarse a sus labios, emitiendo sonidos de placer y suspiros.
Cuando comenzó a sentir un placentero cosquilleo viajar desde su nuca, pasando por su espalda hasta llegar directamente su pene, decidió alejarse y bajar, no sin antes apretar con ganas aquellas redondas y deliciosas nalgas, a Donghae; mientras intentaba calmarse un poco, luego de dejar un pequeño beso en sus labios se arrodilló ante él, bajó, por medio de una caricia, tanto los pantalones como la ropa interior, aprovechando que Donghae elevaba las piernas para sacarse la molesta ropa, beso el interior de su muslo derecho.
Al levantarse, mientras Donghae imitaba su gesto de sacarle los pantalones, tomó la esponja con forma de carita feliz con una sonrisa bastante amplia, llenándola de una buena cantidad de gel de ducha. Sonrió de lado, con toque de perversión en su sonrisa, al pensar en que, si él pasara su cara por donde pensaba poner la esponja, también tendría aquella enorme sonrisa. Una vez que se vio liberado de sus últimas prendas, atrajo a su pareja, tomándolo de la cadera, ambos gimieron al sentir como sus entrepiernas chocaron placenteramente. Se besaron, sintiendo la fuerza de la caída del agua cuando se separaron a por aire.
Comenzó a pasar la esponja por el cuerpo de Donghae, dejando caminos de espuma sobre la blanca y tersa piel, se enfocó en los redondos y bien formados glúteos de su novio, enjabonándolos con dedicación y esmero. Donghae se sentía sumido en el placer total, desde que habían entrado a la ducha el frío que se había apoderado de él mientras esperaba se esfumó, siendo sustituido por un intenso calor, estaba seguro de que, si no fuera por el agua, sus cuerpos estarían llenos de sudor; pronto, nuevamente, tuvo que sostenerse de los hombros y cadera de Hyukjae, quien le lamía de forma lasciva los labios, para no caer al piso. Definitivamente, estaba completamente sumido en el placer.
Emitió un grito que mezclaba dolor y placer al sentirse invadido de una sola estocada, sin preparación previa, aunque la mezcla de jabón y agua ayudaron con la penetración y el dolor, de momento, no le molestaba, Donghae sabía que, al día siguiente, cuando su razón predominara en su cuerpo, querría cometer un asesinato. Sin siquiera esperar, a que el dolor pasara, comenzó a embestirlo, provocando que su espalda, así como su coronilla, pues en cuanto se sintió invadido echó la cabeza atrás, rechinaran contra los azulejos blancos. El cansancio que se había acumulado en el cuerpo de Hyukjae se había esfumado de golpe.
Se meció en su interior sin suavidad alguna, todo era una mezcla que lo consumía a tal punto de exasperarlo: ardiente, húmedo, excitado...Donghae abrió los ojos con dificultad, no había sido consciente del momento en que los había cerrado, en cuanto lo hizo, el rubor de sus mejillas (si es que aquello era posible) aumentó, al percibir, gracias a la tenue luz que emana de las velas, la fija mirada de su pareja algo cambió, aumentando el placer que viajaba serpenteante por su columna vertebral, haciéndole clavar sus uñas en los hombros y espalda de Hyukjae y retorcer los dedos de los pies: Donghae se sintió deseado.
Separándose únicamente lo justo y necesario, llevó su mano derecha en medio de ambos cuerpos, gimiendo más agudo y más constante en el momento en que su mano comenzó a brindarle más placer. Ante la escena que se presentó frente a sus ojos, Hyukjae aumentó la fuerza de sus estocadas, haciéndolas más certeras al clavar las uñas en el trasero de su novio, dando finalmente con su punto dulce.
- Oh, Hyuk a -gimió Donghae- ahí... más rápido -suplicaba.
Los jadeos desesperados en busca de aire, los gemidos, las suplicas y las expresiones de placer, los arañazos y mordidas en los hombros ajenos, los movimientos de aquella mano al masturbarse aumentan con las estocadas. El agua, que se ha ido enfriando por el pasar del tiempo, no es capaz de menguar el calor que sienten, ni un centígrado, el placer, en cambio, aumenta, la sensación en su columna vertebral se torna tan intensa, tomando por sorpresa Hyukjae, quien en una fuerte estocada termina, llenando con su esencia el interior de su pareja, logrando que él también termine.
Hyukjae, aún con las piernas temblorosas por la intensidad del orgasmo, sujetó torpemente, pero con fuerza a Donghae, quien se aferró a la cortina transparente, en cuanto la sensación del orgasmo invadió cada poro de su ser, la rompió al clavar sus dedos en ella, traspasándola y tirándola hasta romperla un tanto de la parte superior. Salió del interior de Donghae y lo colocó con cuidado en el suelo. Luego de un par de minutos en que el agua se llevó consigo parte de los rastros de lo que hicieron minutos antes, ambos jadeantes, se miraron.
- Me debes una cortina nueva -dijo Hyukjae de forma entrecortada.
- Ajá...
Se besaron con suavidad, como una caricia casi imperceptible, después de reír, el rubio cerró ambas llaves de la ducha, tomó dos toallas y colocó una sobre los hombros de su novio. Se encaminaron al sofá, donde Hyukjae sentó a Donghae sobre sus piernas, tomándose el tiempo que quiso para besarlo y abrazarlo, aún en la oscuridad, siendo rodeados por la tenue luz de las velas, antes de ir por ropa para ambos; definitivamente su día no es el que esperaba, pero está satisfecho, se siente capaz de tener más días malos, siempre y cuando terminen así.








