Las primeras veces
— “Tch, ¿Puedes dejarme solo aunque sea un momento?” Cuestionó con brusquedad, mientras Nesikha simplemente bajó la mirada, respirando hondo antes de irse de la cocina. — “... Mierda.” Maldijo Azzaro en voz baja, él sabía que fue brusco con ella y que debía disculparse. No permitir que su carácter y arrogancia llegase a tumbar la relación, en cambio Nesikha, se decepciona más con cada día que pasa y siempre terminaba en lo mismo; Azzaro solicitando espacio, y soledad. — “Bien... Te he de obedecer.” Nesikha llevaba más de una semana queriendo despedirse de Azzaro aunque fuera solo una excusa para hacerle compañía genuina, como alguna vez lo fue. Lo que Azzaro no sabía es que eran los últimos días de Nesikha como tripulante en la nave Sanctum y aún así, ella, nunca halló la manera de decírselo gracias a que Azzaro no se lo permitía con sus arrebatos.
Se llegó ese día, igual de imponente como el amor que le tenía a Azzaro, el día en el que Nesikha estuvo la mayor parte del día realizando sus últimas jornadas en el barco, cumpliendo con cada petición que el capitán Mauricio le ordenara. Hasta entonces las horas pasan volando una a una, como las memorias en las que Nesikha se unió a batalla con tropas enemigas y aunque para los demás fueron simples eternidades efímeras… Para ella siempre fue algo que genuinamente disfrutaba; el orden, el pensamiento, la estabilidad y la coherencia. Cuando la jornada se terminó, Nesikha aprovechó para descansar un rato en una mesa cercana al costado de la cantina. — “¿Cómo se vería la luna si dejara de esconderse entre las nubes?” Se preguntó, una pregunta que se quedó a su lado, abrazándola en el frío silencio del anochecer temprano. Y entonces, un mágico recuerdo la acarició: — “La luna brilla más si la acaricias.” Recuerdo que la propia mujer comprendió mucho después.








