El Rey Olvidado |HopeV|

Sinopsis

Hace tiempo existió una leyenda sobre los oráculos. Eran omegas que poseían un don singular y difícil de conservar. Eran anhelados y codiciados por reyes y nobles, que deseaban poseer su poder como fuera. Pero en medio de todo ello surgió una anomalía: los alfas que poseían ese don. Decían que eran más claros y concisos con sus visiones, pero conllevaban una gran maldición por tenerlas. Guerras fueron expuestas ante sus ojos, desastres y tragedias los acompañaban a donde fueran y lo único que evitaba esa fatalidad era su muerte. Fueron asesinados hasta la extinción, tanto alfas como omegas. Obligados y torturados a entregar sus visiones. Es por eso que la frágil e inocente existencia de Hoseok fue manchada por este don, donde le quitaron todo lo que poseía: su familia, su hogar y su misma vida se vio arruinada por este don. Ahora Hoseok tiene que cambiar su propio destino sin saber cómo hacerlo, sin saber que este mismo lastimaría a la persona que más ama en el mundo, a aquella persona que solo conoce por una de sus visiones. Llegará a un reino lejano, siendo un extraño y añorándolo desde lejos. ¿Podrá Hoseok cambiar su destino y no hacerlo sufrir? ¿Podrá su don no condenar a ambos a una desgracia mayor o el destino será más fuerte que él y su maldición? Historia completa de Relatos: El rey olvidado Omegaverse Hoseok alfa, Taehyung omega No contiene lemon, pero sí temas sensibles como rapto de menores. Es un fanfic HopeV. Mencion del NamJin

Estado:
Completado
Capítulos:
29
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo


En las antiguas sombras de un bosque tan antiguo y desconocido, donde la Diosa Luna residía tejiendo los hilos del destino sobre sus adoradas creaciones: alfas, omegas y betas. En aquellos tiempos nació la leyenda de los oráculos: ecos de susurros escondidos sobre misterio y magia que aún resuenan en los hogares donde los pequeños cachorros son maravillados en las noches oscuras como cuento para dormir.

Hace mucho tiempo, cuando la tierra era tan nueva y joven y las estrellas danzaban en el cielo vigilando celosamente a las nuevas creaciones desde lo alto, la diosa Luna, soberana del cielo y de la tierra, la que tejía lazos eternos y escribía grandes o trágicos destinos, concedió un don divino a sus hijos más sensibles: la visión del futuro.

No era una mera visión borrosa e impredecible, sino un torrente nítido de profecías, como si el velo del tiempo se rasgara ante sus ojos, revelando guerras interminables, amores fatales, destinos que no podían cambiar y fortunas ocultas.

Este don era preciado como el néctar de las flores de medianoche que crecían en los bordes de los acantilados. Recayó mayormente en los más sensibles, los omegas, cuya esencia fluía de manera mágica con la suavidad de la luna menguante. Eran ellos los elegidos para cargar con este don, guardianes de la fuerza misma, pues el don era tan poderoso como frágil, como si de un cristal delicado se tratara.

Si un omega oráculo cedía a los impulsos del cuerpo, perdiendo aquella castidad en los brazos de un apasionado alfa o en el éxtasis mismo del apareamiento, el velo se cerraba de golpe y el don se perdía para siempre. Las visiones se evaporaban como niebla al amanecer, dejando solo ecos vacíos y un alma despojada de su luz divina, pasando a ser ordinarios como el resto del mundo.

Por ello mismo, los clanes y reinos protegían celosamente a estos seres divinos, recluyéndolos en templos ocultos bajo el cuidado de la diosa Luna, donde los oráculos rezaban y meditaban, lejos de las feromonas tentadoras que flotaban en el aire como promesas prohibidas.

Pero estos seres tenían una ventaja, ellos carecían de celo. Sus cuerpos estaban intactos y se dedicaban a servir a la Diosa Luna, sin embargo, si llegaban a perder su don, serían como cualquiera y sus ciclos de celo iniciarían como los de una persona común.

Estos omegas eran muy codiciados, eran joyas vivientes. Reyes, duques y señores los buscaban para guiar sus decisiones y confiaban ciegamente en ellos, ofreciendo riquezas infinitas, joyas raras y tesoros perdidos a cambio de un vistazo al futuro.

Pero su pureza era una cadena para ellos, un sacrificio por el bien mayor. Los oráculos eran personas también. ellos sentían y anhelaban lo que todos querían... Amor.

Sin embargo, el destino pareció haberse agrietado. Surgió una rareza que desafiaba el equilibrio mismo:alfas oráculos.

Excepcionales como si de cometas errantes se trataran, estos alfas nacían con el mismo don, pero su esencia era un fuego indomable, no el susurro delicado de los omegas, sino un grito fuerte de su presencia.

A diferencia de los omegas, cuya pureza era el ancla del poder, los alfas podían abrazar los placeres carnales del cuerpo sin perder su don de inmediato. Si un alfa oráculo se unía en la pasión, ya sea en aquellos lazos eternos o en un arrebato salvaje, el don no se extinguía en un instante, sino que se desvanecía lentamente, como una estrella que palidecía en el alba. Las visiones se volvían esporádicas, menos vívidas y menos precisas, hasta convertirse en meros murmullos de intuición. Nunca se silenciaban del todo, pero ya no eran tan potentes como para alterar el futuro de naciones enteras ni de personas con gran poder.

¡Ah, pero qué doble filo portaban estos alfas!

Se decía que un reino era bendecido con un alfa oráculo, que ascenderían a alturas inimaginables, que las riquezas fluirían como ríos embravecidos, las victorias en batallas se profetizaban con precisión mortal y el poder se multiplicaría como lobos hambrientos.

Sin embargo, la diosa Luna, en su sabiduría amplia y caprichosa, había tejido una maldición en tal don, estos alfas no solo traían gran prosperidad, sino también grandes desgracias. Plagas que arrasaban en segundos con las cosechas, traiciones entretejidas que derrumbaban tronos y catástrofes que devoraban almas. Eran heraldos de equilibrio cósmico, recordatorios vivientes de que la luz siempre venía acompañada de sombras.

Los pueblos pronto empezaron a temer. Aterrorizados por aquella dualidad del destino, comenzaron a verlos no por lo que eran, sino por lo que traían. Presagios malditos, guerras, muertes y desgracias venían con ellos.

En aquella era la oscuridad se apoderó de varios y los cazadores de sombras, los guerreros más valientes al servicio de reyes codiciosos, iniciaron una masacre, una purga, o como ellos lo llamaban:“una purificación del don”. Mataron a todo alfa que creyeran oráculo. Algunos eran inocentes, otros contenían el don en su interior. Los perseguían hasta los confines de la tierra, donde sus visiones, sus últimas visiones, profetizaban su propia caída.

En su paranoia, los poderosos pusieron sus ojos en los indefensos omegas oráculos, no para protegerlos, sino para someterlos. Sabiendo que su don era frágil, los casaban a la fuerza con alfas dominantes, no por amor, sino para que su don se perdiera para siempre, para convertirlos en simples sirvientes despojados de su propia identidad, atados a hogares como trofeos rotos.

Así el mundo se sumió en un eclipse de profecías perdidas, donde el futuro prontamente se volvió incierto.

Sin embargo, la Diosa Luna, compasiva con sus amados hijos, concedió un último rayo de esperanza a estos seres. Durante el embarazo, las madres y padres omegas comenzaron a recibir visiones prenatales, atisbos nítidos del poder que albergaban en su interior, que profetizaban que el cachorro que llevaban cargaría con la visión del futuro, que sería un oráculo.

Los futuros padres rezaban en las noches de luna nueva, suplicando para que el niño se presentara como omega, que guardara su don y lo escondiera del mundo, que fuese puro y honesto. Pero sobre todo deseaban protegerlo, deseaban que no fuera un alfa, condenado a la grandeza y a las desgracias, susurrando repetidamente:

“Que sea omega, Diosa, para que su luz brille eterna, no como una llama que consume todo a su paso”.

Y así, la leyenda de los oráculos perduraba eternamente, un recordatorio místico de que el don de la visión es un hilo tan frágil como el aleteo de una mariposa.

En las aldeas antiguas aún se cuenta como cuento en las noches de luna llena:

“Guarda tu pureza, omega, y huye de la sombra, alfa, pues la Diosa vela... Pero el equilibrio siempre cobra su precio”.

En los rincones más ocultos, donde la luz casi no llega, se rumoreaba que unos pocos alfas oráculos sobrevivieron a aquellas masacres. Sus visiones atenuadas guiaban rebeliones ocultas, esperando el día en que el balance se restaure y puedan vivir libremente como en antaño, y los profetas como ellos caminen libres una vez más, lejos de la codicia y la maldad de reyes y tiranos.