Prólogo
Y ahí estaba Will, intentando jugar D&D como antes lo hacían los chicos, mientras sus “amigos” lo miraban con notable pesadez desde hacía ya veinte minutos. Era obvio que no querían estar ahí, y parecía que Will no lo notaba.
—¿Escucharon eso? Suena como un trueno... ¡Pero no! Esperen. No es un trueno, es... ¡una horda de zombies, juju! —dijo con notable emoción, completamente metido en el papel—.
Caballero Mike, es tu turno.
—¿Qué debo hacer? —preguntó el rizado, sin mucho interés.
—¿Atacar? —bufó el más moreno, con el mismo o incluso menos entusiasmo que Mike.
—Okey, ataco con mi azotador —dijo mientras lanzaba los dados.
—Uf, ¡fallaste! Tu azotador choca contra la piedra, la horda zombie avanza hacia ti... y el juju muerde tu brazo. Te desgarra... ¡ah! —dijo el castaño mientras hacía una mueca de dolor—. Siete puntos de daño.
—¡Oh, no, mi brazo! Lucas, mira mi brazo —dijo el pelinegro burlándose, evitando mirar la expresión de decepción de Will ante su comportamiento.
—Caballero Lucas, ¡la horda zombie ruge! ¿Decides pelear o escapar? —preguntó mientras observaba la cara de burla del chico.
De pronto se escuchó un timbre: el teléfono del sótano de Mike. Will se levantó exaltado, intentando llamar la atención de los chicos.
—¡No! Es una distracción, ¡una trampa! No respondan — protestó firme—. ¡Que no!
Obviamente no le hicieron caso y se apresuraron a contestar el teléfono.
—¿Sí? —preguntó el rizado, desesperado—.
No, lo siento, no estoy interesado —habló cansado, con un tono claramente decepcionado, antes de colgar el teléfono—. Vendedores —bufó con frustración inminente.
—Tal vez deberíamos llamarles —sugirió el más moreno.
—¿Podemos hacer eso? —rugió el pelinegro.
—Creo que sí, pero ¿qué les diremos? —empezó a decir, hasta que fue interrumpido por una voz más fuerte.
—No les diremos nada. La tribu Khuisar te necesita —rugió molesto el castaño.
—De acuerdo entonces, usaré mi antorcha para incendiar la cámara, sacrificándonos. Matamos a los jujus y salvamos a la Khuisar. Seremos recordados como héroes en las memorias de los Kalamar —habló firme el pelinegro, para luego chocar los cinco con Lucas mientras decían al unísono—: ¡Victoria!
—Okey. Muy bien. Ustedes ganan —habló molesto Byers mientras se quitaba el gorro temático de clérigo y apagaba la radio—. Felicidades.
—Will, solo estaba bromeando —habló Mike con suavidad al ver que su amigo claramente estaba molesto—. Oye, terminemos de jugar. ¿Cuánto más dura esta campaña?
—Solo olvídalo, Mike —bufó el castaño mientras guardaba sus cosas.
—No, queremos seguir jugando, ¿cierto? —dijo Mike, mirando a Lucas con complicidad.
—Sí, por supuesto —respondió este, no muy convencido.
—Llamaremos a las chicas después —mintió el pecoso, mientras Lucas asentía.
—Dije “olvídalo, Mike”, ¿okey? Me voy a casa —dijo Will, dirigiéndose a las escaleras de los Wheeler.
—¿Qué...? —susurró Mike.
—Vamos, Will —habló el más moreno, interponiéndose en su camino.
—¡Quítate! —rugió el más bajo mientras subía las escaleras rápidamente.
Mike fue tras él. ¿Cómo no hacerlo? Era su mejor amigo y sabía que la había cagado. Él pensaba que Will tenía que entenderlo... entenderlos a todos. Los chicos ya tenían novia y no podían estar siempre en el sótano jugando D&D.
Llovía bastante fuerte, pero nada iba a detener al terco Will de irse. Abrió la puerta con fuerza mientras Mike trataba de razonar con él.
—¡Will, espera! No puedes irte. Está lloviendo —habló con pesadez—. Dije que lo sentía, ¿de acuerdo? Es una campaña genial, de verdad. Solo que ahora no estamos de humor.
—Sí, Mike. Ese es el problema. Nunca están de humor. ¡Arruinan el grupo! —habló mientras la voz se le quebraba.
—Eso no es verdad... —lo miró con seriedad.
—¿Ah, sí? ¿Dónde está Dustin? —la expresión del pecoso solo mostraba disgusto—. ¿Ves? No lo sabes y ni siquiera te importa. Y claro, a él tampoco. No lo culpo.
Estás destruyendo todo, ¿y para qué?
¿Para intercambiar saliva con una estúpida chica? —rugió molesto.
—¡Once no es estúpida! No es mi jodida culpa que seas un marica y que no te gusten las chicas.
En cuanto vio la expresión de Will, supo que la había cagado aún más. ¿Cómo podía decirle eso a su mejor amigo? A quien siempre defendía de esos mismos comentarios que acababa de repetir.
Will sintió su corazón romperse en mil pedazos. ¿De verdad Mike acababa de decirle eso? ¿Mike... su Mike? Todo debía ser una puta pesadilla. Todo ese verano había sido una pesadilla.
Lo único que pudo hacer fue mirarlo, con los ojos cristalizados por las lágrimas que amenazaban con salir. Frunció los labios y comenzó a caminar rápido hacia su bicicleta, dejando a Mike hablando solo. No quería que lo viera llorar; eso lo haría todo peor.
Además, necesitaba procesar y llorar lo que su mejor amigo acababa de decirle. Sabía que era diferente, pero que Mike se lo recalcara solo hacía que doliera aún más.
esta es mi primera vez escribiendo un ff, cualquier error o mala ortografía me lo pueden hacer saber!








