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ADICTO

Sinopsis

Sergio decide ir a terapia debido su adicción

Genero:
Erotica
Autor/a:
IsaLeclerc16
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

TE ECHO UNA MANITA

Sergio tenía una adicción, la cual se le estaba yendo de las manos, literalmente. Era adicto al sexo

Al principio solo necesitaba de una buena follada en la noche para poder dormir tranquilo, alguien que conociera en un bar, daba igual si era hombre o mujer, después ya no era suficiente.

Luego empezó a pagar por compañía, se suponía que eran personas con experiencia, que debían saber cómo satisfacerlo, pero no le daban aguante y era demasiado caro estar pagando todos los días.

Así que opto por ver contenido para adultos y autosatisfacerse, lo cual funciono, por un tiempo, ya que cada vez la necesitad crecía. Tanto que tenía que masturbarse varias veces al día para poder concentrarse en su trabajo, hasta que su jefe Toto Wolff lo encontró por tercera ocasión en plena oficina viendo porno, con los pantalones abajo y el miembro de fuera.

Este le dio un ultimátum, o iba a terapia o firmaba su renuncia. Opto por la primera.

Así que allí estaba en la sala de espera del terapeuta que un amigo le recomendó, estaba nervioso, no había querido decir cuál era su problema al momento de sacar la cita.

—Sergio, pasa por favor —dijo la secretaria que iba saliendo del consultorio.

Este se levantó y lentamente avanzo, sabía que estaba haciendo lo correcto, pero eso no quitaba que le diera pena admitir su adicción.

Con todo el valor que tenía entro, más al cerrar la puerta tras de sí todo se fue al carajo, frente a él estaba su terapeuta, alto, delgado, rubio y hermoso, con una blusa color crema con los primeros botones abiertos, que le permitían ver el nacimiento de sus senos, minifalda negra que se abrazaba deliciosamente su pequeña cintura y las anchas caderas, largas piernas y gruesos muslos.

Inmediatamente su miembro vibro. Tratando de disimular se sentó en el diván frente al sillón donde estaba sentado el causante de su excitación.

—Hola Sergio, soy Max Verstappen, y seré tu terapeuta —dijo el rubio mientras extendía su mano, era suave y delicada, con la manicura perfecta en tonos rojos que combinaba con su labial—. Dime ¿por qué has venido a terapia?

—La verdad es que no sé cómo explicarle Doctor Verstappen.

—Llámame Max, así te sentirás más en confianza.

—Pues mira... Max, tengo un problema de adicción y necesito ayuda.

—Muy bien Sergio, el primer paso es aceptar que tienes un problema y que necesitas ayuda, ¿ahora dime qué clase de adicción tienes?

—Soyadictoalsexo

—¿Que?

—No me hagas repetirlo.

—Lo lamento Sergio, pero tienes que ser más claro.

—Soy adicto al sexo. —soltó junto con un suspiro.

—Ah, ya veo. 

Si Sergio no hubiera estado tan metido en sus pensamientos se habría dado cuenta del ligero cambio en la voz de Max, en la dilatación de sus pupilas y el leve enrojecimiento en el pecho.

—¿Tienes sexo con otras personas?

—Anteriormente sí, ahora ya no.

—¿Por qué ya no?

—No logran satisfacerme.

—¿Qué haces ahora? ¿te masturbas?

—Sí.

—¿Ves porno para liberarte?

—Sí.

—¿Cuántas veces al día?

—No sé, entre cuatro o cinco veces.

—¿Quedas satisfecho?

—Solo por un par de horas.

—Y ahora estas excitado.

—No

—No es pregunta —dijo Max mientras bajaba lentamente la mirada hacia el bulto entre sus piernas.

—¿Me mostrarías como es que lo haces?

Sergio no contesto, solo abría y cerraba la boca sin poder encontrar una respuesta.

—Mira Sergio, mi trabajo es ayudarte, para ver qué tan grande es tu adicción tengo que analizarte desde lo más profundo e íntimo, no debes tener pena.

El moreno solamente asintió, mientras se desabrochaba el pantalón y lo bajaba hasta las rodillas junto con su ropa interior. 

El miembro de Sergio era grande, bastante grande y grueso, gordas venas sobresalían a lo largo de este, la cabeza era gorda como una rica mantecada. 

Max sintió como sus pezones se endurecieron y su tanga comenzaba a mojarse. Sergio ahora si se percató de su excitación, pues vio como el rubio cruzaba las piernas y se mordía los labios. 

Tomo su miembro con una mano y empezó a subir y bajarla suavemente, sin quitarle la mirada. Fue aumentado de ritmo gradualmente con la ayuda del líquido preseminal que le permitía moverse con mayor rapidez, soltando jadeos que le erizaban la piel a Max.

El ojiazul no pudo contenerse más, se levantó del sillón dando un par de pasos para caer de rodillas frente al moreno, acomodándose entre sus piernas.

—Déjame ayudarte, es mi deber.

El contrario no contesto, pero lo tomo de la nuca y acerco sus rojos labios a la punta brillosa. Max saco la lengua para recoger el líquido que brotaba de la abertura de la uretra, cerrando los ojos disfruto del fuerte sabor, luego abrió la boca y con parsimonia metió lo más que pudo hasta el fondo de su garganta, para luego sacarlo lleno de saliva.

Con la agilidad lo tomo entre sus manos, moviéndolas de arriba abajo, se metió solo la punta a la boca y con su lengua comenzó a jugar con la pequeña abertura haciendo gruñir a Sergio. Max comenzó a deslizar su boca sobre el miembro, cerrando los ojos, disfrutando cada centímetro que entraba, con movimientos rítmicos comenzó a subir y bajar sobre este.

—Mírame —le ordeno Sergio, Max obedeció inmediatamente, la imagen frente a sus ojos era digna de un video porno, el rubio con su mirada nublada llena de deseo, el rostro enrojecido y esos labios carnosos alrededor de su verga lo descontrolaron, lo tomo por la nuca y lo hizo bajar más rápido, el rubio comprendido la orden no dicha.

Los movimientos comenzaron a ser más rudos y desesperados, llenos de lujuria y deseo.

Max con la mano que tenía libre comenzó a tocar sus senos, apachurrándolos entre sus dedos, el moreno le quito la mano y le abrió la camisa encontrando un par de grandes tetas debajo de un sostén color burdeos de fino encaje, que resaltaba su piel clara, los empezó a amasar rudamente sacándole gemidos que hacían vibrar su garganta, provocándole mayor placer.

Los pezones estaban erguidos así que se entretuvo un rato pellizcándolos, cuando se cansó de torturarlos sobre la suave tela, bajo de un tirón el par de copas, haciendo que brotaran las firmes y gordas tetas, blancas, cremosas, con unos botones rositas que lo invitaron a amamantarse, se moría por probarlos, pero tenía una idea mejor. Tomando a Max de los hombros lo hizo enderezarse.

Se acerco a la orilla del diván, abriendo más sus piernas se acomodó dejando su miembro entre las dos tetas, Max con sus manos las junto, apretándolo entre ellas, subiendo y bajando, dando lengüetazos a la punta cada vez que se acercaba a su boca, no fue mucho el tiempo que estuvieron así, pues el coño de Max palpitaba por atención.

El rubio se levantó y se quitó rápidamente la falda, pateándola a un lado cuando cayó a sus pies. Se sentó ahorcadas sobre Sergio, hizo a un lado la tela de su tanga y se deslizo sobre el miembro lentamente.

—Ahhh... esta tan gorda... que rica —soltó Max. Sergio solo gruño.

Sin perder más tiempo el rubio comenzó a mover la cadera en círculos, mientras Sergio hundía su cabeza entre la unión de los senos, juntándolos con sus manos, seria feliz si moría asfixiado por ellos.

Max cambio de movimiento empezando a darse de sentones sobre la dura polla, llegando aún mas profundo, las tetas saltaban frente al moreno que las veía hipnotizado. Se abalanzo sobre una lamiendo la aureola y luego el pezón, lo chupaba con fuerza como si nunca lo hubieran amamantado.

Estuvieron así por un par de minutos más hasta que ambos se aburrieron de la posición.

—Escritorio...—dijo Max entre jadeos. Sergio entendió en seguida.

Tomo a Max por los muslos y se levantó, no supo en qué momento se había quedado sin pantalones, pero eso le facilito llegar al escritorio, donde Max arrojo lo que había en el al piso y se acomodó con la espalda sobre este y el trasero casi al aire.

Sergio comenzó a penetrarlo fuertemente, subiéndole una pierna sobre su hombro, lamiendo la piel cercana a su boca.

—Ay... cógeme más... más duro...

—¿Te encanta mi verga mami? abre más las piernitas para que te entre con todo y mis bolas.

Las pieles sudadas chocaban fuertemente creando un sonido sucio, lujurioso. Max disfrutaba ver la cara de satisfacción de Sergio, el entrecejo fruncido, los dientes apretados y los rizos moviéndose al ritmo de sus estocadas.

Max acerco su mano para estimular su clítoris, pero un manazo lo hizo retrocederla.

—No te vas a tocar, si quieres algo pídemelo.

—Necesito correrme... por favor... tócame.

El moreno comenzó a frotar rápidamente el hinchado clítoris, haciendo temblar las piernas de rubio. Cuando sintió que el orgasmo del contrario estaba cerca, saco su verga remplazándola con sus dedos medio y anular moviéndolos frenéticamente, tocando el punto que lo hizo estallar. El squirt fue fuerte, pero Sergio no paro sus movimientos provocándole un segundo que dejo un gran charco en el piso.

Sergio cargo al rubio que aún se encontraba débil y tembloroso, lo llevo al diván, recostándolo sobre su espalda, le abrió las piernas y esta vez fue su turno de satisfacerlo con su lengua. Lamia y succionaba sin delicadeza, con vehemencia. Max se sostenía las piernas forzándose a no cerrarlas, mientras sus gemidos se escuchaban fuertemente por todo el consultorio. Afortunadamente Sergio era el último paciente del día y había mandado a su secretaria a descansar antes de que este entrara.

—Ah siii... Sergio... que rico la chupas... no pares...

Sergio comenzó a sentir como las paredes vaginales comenzaban a contraerse alrededor de su lengua, así que decido alejarse del rosado coño antes de que el siguiente orgasmo llegara.

El rubio se iba a quejar, pero Sergio no le dio tiempo, lo tomo de las piernas girándolo rápidamente, pegando su pecho al asiento, el trasero elevado y las piernas abiertas, lo agarro de ambas muñecas con firmeza y lo comenzó a penetrar fuertemente, el sonido del golpeteo de sus bolas con la blanca piel era excitante, las grandes tetas se balanceaban hacia adelante y hacia atrás, rosando sus pezones con la fría piel del sillón.

—Cógeme más duro papi... quiero que me destroces el coño... la tienes tan gorda y tan rica...

Sergio aumento el ritmo de las embestidas, haciendo que Max chillara de placer.

—Si... Sergio asiiii... tócame... por favor... tócame

El moreno soltó sus manos, lo tomo de la cadera duramente con una mano y la otra la llevo al clítoris que sobresalía entre sus labios, lo estimulo con intensidad, provocándole el tercer orgasmo de la noche. Un grito agudo salió de la su garganta y grandes lagrimas brotaron de sus ojos.

Sergio lo giro nuevamente, para después sentarse sobre su abdomen, una de sus manos subía y bajaba rápidamente alrededor de su verga, y mientras la otra la puso al rededor del cuello del rubio ejerciendo un poco de presión. Cuando vio que el blanco rostro se empezaba a poner rojo su orgasmo llego con un gruñido gutural, intenso y masculino, estallando en fuertes chorros blancos que cayeron en el pecho y el rostro de Max, al cual ya había soltado y nuevamente tomaba su color natural.

Se desplomo sobre el rubio, con la respiración agitada y el rostro empapado de sudor.

—Eres el mejor terapeuta.

Max soltó una suave risa.

—Creo que tendrás que tomar terapia diaria. ¿Te parece bien mañana a la misma hora?

—Perfecto.

La adicción de Sergio no mejoro, pero al menos tenía quien le echara una mano.

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