Revenge and lies

Sinopsis

Towa está a punto de vivir el día más importante de su vida junto al hombre que ama. Después de años de distancia, también ha conseguido recuperar poco a poco el vínculo con su hermana Setsuna, creyendo que finalmente todo está quedando atrás. Sin embargo, detrás de esa aparente reconciliación se esconde una verdad que podría cambiarlo todo.

Genero:
Other
Autor/a:
Nysaeng 🦋
Estado:
Complete
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Revenge and lies

En una habitación se encuentra una bella mujer de cabellos plateados, recostada sobre su cama. Su expresión es alegre mientras escucha a través del teléfono, a su prometido.

- Los cupcakes quiero que sean de menta, pero como no te gusta, entonces todos serán de fresa...

- O podemos pedir que hagan de ambos- sugirió ella -, es lo justo.

- Vaya, qué considerada es mi bella prometida.

- Por supuesto. Y por cierto, la canción que bailemos debe serAnaaki no Sora.

- Sin duda alguna, esa es nuestra canción-a pesar de no verla, supo que estaba sonriendo.

- Perfecto.- sonrió la mujer.

- Princesa, debo colgar. Tengo que acabar con unos pendientes aquí en el trabajo, ¿de acuerdo?

- Descuida amor, y mucho ánimo con el trabajo.

- Luego seguimos organizando los detalles de la boda.

- De acuerdo. Cuídate, te amo.

- Tú igual, te amo.

La mujer, a quien le correspondía el nombre de Towa, se levantó de su cama con una sonrisa. Le hacía tanta ilusión hablar con su amado sobre los planes próximos a su boda. Faltaban tres meses para que al fin pudieran unir sus vidas para siempre.

No podía ser más feliz.

Se dispuso a ordenar el penthouse donde vivían ambos por el momento. Luego, empezó a preparar una tarta de manzana, que sabía es la favorita de su prometido. Estaba tan concentrada que no había escuchado el timbre de la puerta, sino hasta que unos toques algo fuertes la hicieron detenerse. Se limpió las manos antes de ir a abrir.

—Buenas tardes —saludó a la persona cuando abrió, no obstante, sus ojos mostraron sorpresa.

—Hola... hermana.

Sintió sus piernas flaquear y sus labios apretarse antes de que un grito de sorpresa escapara de ella.

—¿Setsuna...? —dijo en un murmuro.

—¿Puedo pasar? —la voz de la menor fue apenas audible. Ya no tenía ese tono demandante y frío que la caracterizaba.

Su expresión de asombro pasó a una de enojo. Frunció el entrecejo y miró con severidad a la castaña.

—¿Qué haces aquí?

—Vine porque quiero hablar contigo.

—Pierdes tu tiempo, retírate, Setsuna. —quiso cerrar la puerta, pero ella se lo impidió —¡Vete!

—¡Towa, por favor! —suplicó la mujer de castaña —Necesito hablar contigo, por favor...

La mayor observó la expresión de ella. Sus ojos estaban cristalinos, señal de que en cualquier momento soltaría el llanto.

Acción demasiado extraña en ella.

—Por favor... —rogó una vez más.

Towa se quedó callada por unos minutos, hasta que se apartó de la puerta, dejándola ingresar.

La mujer tenía la mirada agachada y su cuerpo temblaba ligeramente. La albina no perdía detalle alguno, todo era sumamente sospechoso.¿Para qué había ido a visitarla? ¿Por qué después de años?

—Te escucho.

Le observó levantar la mirada. Se notaba cohibida, y su expresión de tristeza no pasaba desapercibida, cualquiera diría que le habían hecho algún daño, cosa que estaba lejos de la realidad.

—Vine hasta aquí porque han pasado años desde la última vez que nos vimos...

—Si por mí fuera, no quisiera que nos volviéramos a ver. —sus ojos magenta la miraban duramente —Me hiciste mucho daño, Setsuna.

—Lo sé. —susurró —Te hice mucho daño, y es por eso que vine, para rogar por tu perdón.

Las cejas de Towa se alzaron.

—¿Cómo has dicho?

Setsuna soltó un suspiro.

—Estoy muy arrepentida por todo el daño que causé, y yo... —fue interrumpida.

—Espera, ¿es en serio? —cuestionó, incrédula —Porque si es así, pierdes tu tiempo.

La menor desvió la mirada, avergonzada.

—El rencor no es bueno.

—Y traicionar tampoco, pero eso no te importó.

—Sabes que no tenía opción. Nuestros padres me tendieron una trampa, Towa, en serio no fue mi intención. —apretó los labios y frunció el ceño al recordar.

—¿Trampa? Sí, claro, una trampa... —decía con burla—no te creo nada. Me hiciste mucho daño. ¿No te bastó con hacer que me botaran del trabajo, sino que además te metiste con mi ex pareja?

—Perdóname, por favor. Perdóname por todo el daño que te causé. Estoy arrepentida y avergonzada de mis acciones. Por favor, hermana, dame una oportunidad —quiso tomar una de sus manos, pero ella se alejó bruscamente.

—Entonces asumes que lo hiciste por tu voluntad y no porque haya sido una trampa de nuestros padres.

La ojivioleta se quedó callada.

Towa sonrió sin ganas.

—Eres horrenda. No puedo creer que seas mi hermana.

—Ellos me obligaron. —confesó —Dijeron que no era un buen partido para ti y... y me mandaron a mí para seducirlo. Lo demás ya lo sabes...

—¿Y sobre hacerme perder el trabajo?

—También me obligaron a eso, querían que volvieras a la empresa Taisho.

—¿Cómo perdonarte algo así? ¿Cómo? —la albina parecía a punto de perder la cordura. Volver a recordar el pasado le afectaba de sobremanera.

—Somos hermanas...

—Y aun así me hiciste daño.

—¡Te digo que me obligaron! ¡¿Qué más quieres que haga?! —sonaba desesperada.

Todo quedó en silencio, con ambas hermanas mirándose fijamente. La Taisho mayor no sabía qué decir, y su hermana parecía a punto de colapsar.

Sus respiraciones eran pesadas.

—Me enteré de que te vas a casar —habló la menor, rompiendo el silencio—. Felicidades.

—Gracias... supongo. —sus ojos rojos no mostraba ningún sentimiento—¿Acaso también planeas arruinar mi matrimonio? —indagó.

—No. Towa, no quiero seguir haciéndote daño. Si hoy estoy aquí frente a ti es porque estoy arrepentida de mis acciones del pasado. Por favor... sé que es difícil aceptar mi perdón, yo tampoco lo haría si fuera tú.

Towa podía ver los ojos de su hermana.

Su mirada parecía no tener vida. Las marcadas ojeras bajo sus ojos acentuaban la sombra de su agotamiento. Esos ojos hermosos que siempre sus padres elogiaban ahora no eran más que dos pozos vacíos, privados de su antiguo resplandor.

—Sé que no merezco tu perdón. —dijo la menor —Aun así, espero que algún día podamos volver a ser las hermanas que éramos antes. —sus pasos se dirigieron hacia la puerta. La Taisho mayor sentía una opresión en el pecho —Perdón, Towa. Entiendo que tal vez nunca me perdones. Aun así... deseo que seas inmensamente feliz.

Eso fue lo último que dijo antes de marcharse.

~~~

Horas más tarde...

—Ya estoy aquí. —avisó un hombre pelirrojo mientras dejaba sus zapatos en la entrada — ¿Princesa? —buscó con la mirada a su prometida.

Para él, fue extraño que no lo hubiera recibido como era costumbre en ella. Fue hasta la habitación, donde la encontró en la cama, hecha un ovillo.

—Towa... —se acercó a su prometida y le tocó la frente —¿Te sientes mal?

La albina se incorporó. Su semblante estaba apagado. Además, él pudo divisar sus ojos rojos, producto de que había estado llorando. Eso lo desconcertó.

—¿Qué tienes? ¿Te duele algo? —empezó a preguntar, preocupado, mientras la miraba de arriba abajo.

—Sí... el corazón... —murmuró ella.

—¡¿Q-Qué?! —una gota de sudor recorrió su frente al escucharla —¡Debemos ir al hospital rápido! ¡Es peligroso!

—No me refiero a eso, Riku. —su prometido frunció el ceño.

—No entiendo.

—Setsuna vino a verme. —el semblante de Riku cambió, pasando a uno serio.

—¿Esa mujer te hizo algo? Porque si es así, no dudaré en...

—No —lo interrumpió —. No me hizo nada. Ella... vino para pedirme perdón por el daño causado.

—¿Estás hablando en serio? ¿Segura de que esa persona era tu hermana?

Desde que su prometida le había contado sobre lo sucedido con su hermana menor, él no podía verla con buenos ojos. Siempre tenía grabada en la cabeza una clara señal de alerta por si llegaba a verla.

—Sí. Ahora no sé qué hacer... —soltó un suspiro.

—¿A qué te refieres? —tomó asiento a su costado para prestarle mayor atención.

—Ella se veía muy arrepentida, incluso quería llorar. Yo... —apretó los labios antes de que un sollozo escapara de ella. Sentía su corazón apretarse y los ojos picarle.

—¿Quieres perdonar a tu hermana? —el pelirrojo la rodeó con su brazo derecho, colocándolo sobre sus hombros, mientras que con su mano izquierda le acariciaba la mejilla usando los nudillos. —ella sollozó.

—S-Sí... Quiero perdonar, quiero olvidar... —Riku la sintió recostarse en su pecho mientras escuchaba cómo los sollozos se volvían más resonantes.

—Shhh, calma, mi amor... —la consoló a la par que le daba caricias sutiles en la espalda.

Estuvieron así durante unos minutos, hasta que la peliblanca se tranquilizó.

Sus ojos se conectaron con los de su prometido.

—¿Qué opinas sobre mi decisión?

—No tengo nada que opinar. La decisión que tomes será respetada y la seguiré sin cuestionarla. —depositó un beso en su frente con ternura mientras ella cerraba los ojos —Sabes que me destroza verte sufrir. No soporto verte llena de dolor. Si has decidido abrirle de nuevo las puertas de tu corazón a tu hermana, te apoyaré sin reservas. Confío en tus decisiones, mi amor.

~~~

El sol de la mañana se filtraba a través de las ventanas del penthouse, llenando el espacio con una luz cálida. El apartamento estaba más impecable que nunca.

Ese era el día.

El día en que arreglaría las cosas con su hermana.

Había podido comunicarse con ella después del agrio reencuentro que tuvieron aquella vez. Sin embargo, esta vez sería diferente. El timbre sonó. Un suspiro salió de los labios de la mujer peliblanca mientras se aproximaba a abrir. Su mirada se centró en la persona que tenía enfrente.

Ahí estaba ella.

Ambas se saludaron de manera formal. La castaña ingresó al lugar, sintiendo el ambiente tenso. Cada una se sentó en un sofá, alejada de la otra. Evitaron mirarse hasta que finalmente, Towa levantó la mirada, su expresión era serena.

—Si te he pedido que vengas aquí es porque quería verte —la castaña mostró sorpresa —y hablar contigo. La última vez me dejé llevar por el resentimiento que sentía.

Hubo silencio, hasta que la mayor retomó sus palabras.

—Todo lo que hiciste... me hirió. No es fácil para mí no sentir enojo y tristeza...

Los ojos violetas de la menor se cristalizaron.

—No puedo cambiar el pasado, pero quiero que sepas que estoy aquí para enmendar mis errores. Mis acciones fueron impulsadas por miedo y obediencia hacia nuestros padres. Tú sabes cómo son. Nunca fue mi intención causarte tanto dolor.

Por unos instantes, los recuerdos del pasado invadieron la mente de Towa. Negó lentamente, tratando de dispersarlos.

—Nunca imaginé que vendrías a pedirme perdón —dijo, abriendo los ojos para encontrarse con su hermana —. Y aunque entiendo que fuiste manipulada y presionada por nuestros padres, eso no cambia el hecho de que actuaste a conciencia, sabiendo que tus acciones me dañarían. —la tristeza se instaló en el semblante de la peliblanca.

—Sé que nunca podré borrar lo que hice... —expresó la castaña —Pero te pido que me des una oportunidad para demostrar que he cambiado.

Después de esas palabras, el silencio reinó. Sus emociones eran un torbellino en ese momento. Pudo vislumbrar el arrepentimiento en los ojos violetas de su hermana, al igual que ella pudo divisar la duda, así como también la nostalgia en aquellos ojos magenta.

—Me cuesta mucho aceptar que pueda haber una manera de sanar esta herida. No obstante, también sé que, si no lo intentamos, nunca sabremos si es posible —observó el asombro en el rostro de ella.

La albina se levantó de su sitio. Setsuna imitó la acción, se notaba ansiosa. Dio un paso adelante, acercándose más a la peliblanca.

—Quiero trabajar para ganarme tu confianza. —aclaró la ojivioleta —Haré todo lo que esté en mis manos para mostrarte que estoy dispuesta a reparar el daño que causé.

Towa sintió un nudo en su pecho al escuchar sus palabras. Eran tantas cosas que necesitaba procesar, pero ella deseaba sanar la relación con su hermana. Habían pasado ya algunos años y era tiempo de perdonar.

Se acercó lentamente, extendiendo una mano hacia ella.

—Está bien. —sonrió la de ojos rojos —Podemos intentar comenzar de nuevo, pero necesitamos ser honestas la una con la otra. Tengo que sanar y necesito ver que realmente estás comprometida con cambiar.

Ella asintió. No hicieron falta más palabras. Lentamente, ambas se acercaron hasta fundirse en un abrazo que habían anhelado hace mucho.

—Gracias, hermana... —musitó la castaña. Su cuerpo se sentía relajado, como nunca antes lo había sentido —Te juro que haré todo lo posible para ser la hermana menor que siempre debí ser.

La albina asintió, apretando un poco más el abrazo. Sabía que el camino hacia la reconciliación no sería fácil, pero estaba dispuesta a sanar junto con ella.

Después del abrazo, ambas se sentaron en el sofá. Sus expresiones eran más relajadas. La conversación fluyó de a poco; se pusieron al día sobre sus vidas, aunque omitieron hablar de sus padres. Lo importante era que el primer paso hacia la reconciliación se había dado.

—Voy a necesitar tiempo para procesar todo esto —comunicó la mujer de ojos rojos con una sonrisa tímida —, pero al menos ahora sé que estás aquí y eso significa mucho para mí.

El día comenzó a transcurrir de manera amena. Setsuna se había marchado antes de que cayera la noche. La albina se sentía más tranquila y sobre todo, feliz. En todo momento pudo ver la sinceridad en ella. Sabía que estaba muy comprometida y no dudaba de que todo sería mucho mejor para ambas.

—Ya estoy aquí.

Ni siquiera se había percatado de que su prometido había llegado, por estar inmersa en sus pensamientos.

—¡Mi amor! —le saludó eufórica, lanzándose hacia él y siendo sostenida de inmediato.

—Vaya, te ves más feliz de lo habitual. —sonrió.

Riku la sintió rodearlo con sus piernas y se aproximó con ella hacia uno de los sofás para sentarse. Towa tomó una mejor posición, sentándose sobre sus piernas.

—Setsuna y yo hablamos. ¡Todo salió mejor de lo que esperaba! —explicó ella con emoción — Me siento tan feliz. Creí que no había remedio entre nosotras, sin embargo, fue la mejor decisión que tomé.

El ojiverde tomó suavemente el rostro de la mujer entre sus manos y unió sus labios con los de ella, a lo cual respondió gustosa.

—Adoro que estés así. —comentó al separarse de la albina —Y estoy feliz por ti, mi amor... Tú mereces todo lo bueno que hay en este maldito mundo. Yo mismo me encargaré de que nunca más vuelvan a dañarte.

Selló sus palabras con un beso ardiente. Towa sonrió entre el beso mientras se acomodaba mejor sobre sus piernas. Sus cuerpos estaban apenas separados por el delgado tejido de la ropa. El ardiente beso que compartieron se tornó más profundo, más urgente. Las manos del pelirrojo, todavía enmarcando el rostro de la albina, bajaron con delicadeza hacia su cuello, trazando un camino de caricias que la hicieron estremecerse. Exploró su cintura con sus manos, deslizándolas hacia arriba y abajo por su blusa, sintiendo la suavidad de su piel.

La respiración de su prometida se volvió más entrecortada. Sus dedos se enredaron en las hebras rojizas, tirando de él hacia ella con deseo.

Se separaron brevemente. La mirada del ojiverde mostraba el deseo que lo consumía, mientras Towa, con el rostro sonrojado y los labios ligeramente hinchados por el beso, se inclinaba hacia él nuevamente. A unos centímetros de sus labios, pero sin juntarlos, murmuró:

—Vamos a la habitación.

—A tus órdenes, princesa. —la cargó entre sus brazos mientras besaba nuevamente sus labios.

Sería una larga noche.

~~~

Los días se fueron en un abrir y cerrar de ojos.

Desde que ella y Setsuna se reconciliaron, parecía que algo había cambiado entre ambas, como si el muro invisible que durante años había crecido entre ellas comenzara a desmoronarse.

Su hermana se mostraba más cercana, incluso se ofreció a ayudarle con los preparativos de la boda. La albina, por su parte, sentía que recuperaba a su hermana poco a poco, volviendo a reír juntas de recuerdos compartidos, siendo así que el recuerdo del daño ocasionado por ella quedó atrás. Mientras tanto, con Riku, quien también hacía un esfuerzo por mejorar la relación con su cuñada, aunque en el fondo le resultaba difícil. Desde el momento en que descubrió cómo Setsuna había herido emocionalmente a su prometida en el pasado, había sentido una profunda repulsión hacia ella, no obstante, decidió dejar de lado su malestar y mostrar una actitud cordial, al menos en presencia de Towa, como en ese momento. Los tres se encontraban desayunando amenamente. La noche anterior las hermanas habían hecho una pijamada, por ende el pelirrojo decidió darles su espacio, encerrándose en su habitación para culminar con el trabajo que tenía pendiente.

—Aún sigo incrédulo al verlas juntas... —comentó Riku observando el panorama que tenía.

—¡Yo también! —sonrió la peliblanca —Setsuna me estuvo ayudando mucho con los preparativos. —un suspiro salió de sus labios. Sus ojos cálidos miraron a su hermana menor — Me alegro que todo vuelva a ser como antes.

La castaña asintió, brindándole una sonrisa a su hermana mayor.

—Eso es lo importante. Que podamos estar juntas, como debe ser. —respondió la castaña.

Riku observó la interacción entre ambas en silencio, sus ojos esmeraldas estudiaron cada gesto de su cuñada. Finalmente, apoyó un codo sobre la mesa, inclinándose hacia adelante con aparente relajo.

—Es curioso cómo las cosas pueden cambiar de un momento a otro, ¿no crees? —comentó, dirigiéndose a la hermana de su prometida.

Ambos se miraron. Setsuna esbozó una sonrisa, llevándose el jugo de fresa a los labios antes de responder:

—La vida es impredecible, cuñado. —escucharla decirle así le desagradó. Frunció el ceño ligeramente —A veces, un cambio repentino puede ser lo que necesitamos para valorar lo que siempre hemos tenido cerca.

El pelirrojo ladeó la cabeza, con una media sonrisa.

—O para intentar reparar lo que se rompió. Pero algunas cosas, cuando se rompen, no vuelven a ser como antes, ¿no es así?

El ambiente se iba poniendo tenso por cada segundo que pasaba, pero la mujer peliblanca era ajena a la tensión entre ambos, respondió con entusiasmo.

—Creo que todo depende de las personas y del esfuerzo que estén dispuestas a hacer. Y Setsuna ha hecho mucho por mí.

La Taisho menor inclinó ligeramente la cabeza hacia su hermana, ignorando deliberadamente la mirada penetrante de su cuñado.

El masculino dejó escapar una risa suave, casi inaudible.

—Claro. Sin embargo, el esfuerzo verdadero es el que no tiene segundas intenciones, ¿no te parece? —nuevamente posó su mirada sobre la de su cuñada.

El comentario hizo que todo quedara en silencio. La ojivioleta le miró, su expresión era serena, o eso parecía.

—Por supuesto. —contestó —Así como también debemos tomar en cuenta que a veces juzgar las intenciones de otros sin comprenderlas puede ser un error... imperdonable.

Towa, notando ahora sí la tensión pero sin entenderla del todo, intervino con una sonrisa nerviosa.

—Bueno, lo importante es que los problemas quedaron atrás, solo queda disfrutar de nuestro presente. —dijo, sonriendo a duras penas.

El ojiverde desvió la mirada hacia ella, suavizando su expresión de inmediato.

—Tienes toda la razón, princesa. Eso es lo que cuenta.

La castaña terminó su copa y se levantó, con la misma elegancia que siempre la caracterizaba.

—Creo que deberíamos continuar con los preparativos. Después de todo, queda mucho por hacer antes del gran día. —indicó.

Su cuñado la siguió con la mirada, su expresión era seria, mientras la albina comenzaba a hablar emocionada sobre las decoraciones, ignorando una vez más la tensión que se acumulaba en el aire.

~~~

El día esperado por la pareja llegó.

La novia se hallaba en una habitación junto a su hermana menor ayudándola. El vestido era de un blanco puro, a simple vista es deslumbrante, la tela de seda, abrazaba la figura de la novia de manera sutil pero elegante. El corsé de delicado encaje, estaba finamente bordado con hilos plateados que formaban un diseño floral intrincado, acentuando su cintura y creando una silueta suave y refinada. La falda amplia y en capas caía en pliegues perfectos hasta el suelo. El escote era moderado, con un toque de encaje mientras que las mangas, delicadamente bordadas, terminaban en finos botones de perlas. Y el velo se extendía detrás de ella, cayendo hasta el suelo en una cascada ligera de tul, pequeñas perlas lo decoraban.

Mientras que Setsuna llevaba un elegante vestido negro de satén que se ceñía a su figura con un corsé estructurado adornado con encaje y pedrería sutil. El escote profundo y los hombros descubiertos realzaba su porte sofisticado. Su look se completaba con un recogido sencillo y pendientes largos, resaltando su belleza.

—Siempre supe que serías una novia preciosa, Towa. —halagó la de ojos morados mientras recogía un mechón rebelde de su hermana.

Ella sonrió, dejando escapar un suspiro pesado.

—Ojalá nuestros padres estuvieran aquí...

Para su sorpresa, sintió los delgados brazos de su hermana rodearla en un abrazo.

—Sé que tu felicidad se duplicaría si ellos estuvieran aquí, pero no los necesitamos. —se alejó un momento de ella —Nos tenemos ambas, ¿no? Eso es lo único que nos debe importar.

La novia asintió, porque estaba segura que si pronunciaba palabra alguna en ese momento, lloraría. La mirada de la castaña se desvió un segundo, miró el reflejo de ambas en el espejo.

—¿Recuerdas cuando nos probamos los vestidos de mamá? —preguntó Setsuna, recordando cuando tenían cinco años.

—Sí... Siempre terminamos riéndonos porque ninguno nos quedaba bien. —dejó escapar una pequeña risa.

El reloj marcó la hora, y un golpe suave en la puerta interrumpió su conversación.

—Es hora, señoritas. —anunció una voz desde el otro lado.

Se aseguraron de que no quedara ni el más mínimo detalle por corregir en la otra. Una vez listas, salieron juntas de la habitación, caminando hacia la limusina que las llevaría a la iglesia. Towa había decidido que quería hacer algo diferente, algo único. En lugar de seguir la tradición de que el padre de la novia la acompañara al altar, ella sabía que no había nadie mejor para ese papel que su hermana.

—Espero que mi cuñado te sepa valorar, tú eres demasiado buena para cualquiera en este mundo, lo sabes, ¿no? —eso hizo sonrojar a la albina.

—Por favor, no digas eso... —respondió, esbozando una pequeña sonrisa —Al final, todos tenemos algo que nos hace merecer a alguien, ¿no crees? —la Taisho menor no dijo más, solo sonrió en respuesta.

Justo antes de subir, la albina observó a su hermana detenerse repentinamente, llevándose una mano a la cabeza.

—¿Estás bien? —cuestionó, notando su desconcierto.

Ella sonrió, intentando disimular la incomodidad.

—Me dio un leve mareo. —respondió, pero su rostro pálido no pasaba desapercibido.

—Setsuna...

—No te preocupes, ve tú. Solo necesito un momento para recuperarme.

—Pero...

—No te preocupes, solo necesito tomar un poco de aire... —rió —Creo que estoy más emocionada, anda, ¿sí? yo iré en cuanto me sienta mejor. No te preocupes, llegaré a tiempo. —aseguró.

Towa sentía algo en su interior que le decía que no debía irse, no quería dejarla, pero no le quedó más de otra más que asentir, aún preocupada por su hermana menor.

—Bien... pero por favor, avísame, ¿sí?. Estaré esperándote. —la castaña le observó irse, entró hacía el edificio a nueva cuenta.

Todo era una jodida molestia.

Ingresó nuevamente al lugar y dejó escapar un suspiro a la par que recargaba su espalda contra la pared de un pasillo.

Sus labios pintados en carmín se ampliaron en una sonrisa de satisfacción.

Su plan no tardaría en concretarse.

—Ay, Towa... Qué ingenua eres. ¿En serio pensaste que volveríamos a ser las hermanas que fuimos antes? —rió bajamente.

Ahora, estaba segura que el puesto de la gerencia era suyo, solo suyo y de nadie más.

Su actuación había resultado mejor de lo que esperaba.

El sonido de una llamada la sacó de sus pensamientos. Atendió de inmediato al ver quién era.

- Padre.

- ¿Lo hiciste? -se escuchó su voz gélida.

- Sí. No tardarán en llegar y ver la sorpresa que les tengo preparada.

- Espero que te hayas asegurado de no dejar evidencia alguna.

- ¡Hmph! ¿Crees que soy Towa para ser así de despistada? -volvió a reír - Pronto saldrá en las noticias, mientras tanto, iré a alistarme para el funeral.

- Setsuna.

- ¿Qué?

- El puesto es tuyo. -fue lo último que escuchó de su padre antes de que colgara la llamada.

La expresión de satisfacción en su rostro no tenía nombre. Sonrió lo más que pudo, hasta que recobró la compostura.

Aún tenía que encargarse de un asunto muy importante. Vio el reloj de su muñeca, tenía tiempo de sobra, y sobre todo a sabiendas que la novia no llegaría a casarse. Tomó un taxi y fue hacia su próximo destino. Su plan estaba perfectamente calculado, pero no podía correr el riesgo de que el estúpido prometido de su hermana arruinara todo.

Su teléfono volvió a sonar, su ceño se frunció.

- ¿Quién es?

- Señorita Taisho. -reconoció la voz de su más fiel sirviente.

- Ah, eres tú, Hisui.

- Disculpe la interrupción, señorita. Tengo excelentes noticias para usted. -eso pareció captar la atención de la mujer.

- Habla de una buena vez.

- Tengo al prometido de su hermana. -su semblante de sorpresa no se hizo esperar.

- ¿Qué has dicho?

- Sé que tenía planes contra su hermana,yyo... -hizo una pausa, como si eligiera cuidadosamente sus palabras - Quería ayudarle. Pero, si usted llega a matarla, ¿no cree que solo complicaría aún más las cosas? Por eso decidí actuar primero... tengo a su prometido bajo mi custodia. Así todo será más fácil para usted.

Setsuna no sabía qué decir, para ella esto era una sorpresa que no esperaba recibir, mucho menos de ese hombre de personalidad temerosa y sumisa.

- ¿Dónde está? -inquirió.

- Estamos en mi departamento, puede venir cuando desee.

- Estaré en unos minutos allá. -colgó la llamada, mientras le pedía al taxi cambiar de dirección.

En menos de diez minutos llegó al edificio donde vivía su más fiel sirviente.

Recordaba cuando lo conoció, él era apenas un niño de quince años, temeroso, sumiso y algo reservado, sin embargo, con el pasar de los años eso cambió. O bueno, solo cambió su apariencia física, pero le daba igual, ahora tenía algo importante que hacer, y Hisui le había facilitado las cosas.

Tocó un par de veces hasta que la puerta fue abierta por él. Sin contenerse un segundo más, se adentró y cuestionó:

—¿Dónde está?

—Buenos días, señorita Taisho. —saludó el castaño con amabilidad, pero fue ignorado.

—No tengo todo el tiempo del mundo. Dime de una vez dónde está ese hombre insignificante.

Lo vio acercarse a una de las habitaciones del lugar, con una seña le indicó que se acercara.

—Investigué todos sus movimientos para el día de hoy, tuve suerte de que no haya nadie más en su habitación, hice todo con suma discreción, así que no se preocupe. Nadie sospechará nada. —informó el ojiazul sin dejar de verla.

Con pasos lentos, Setsuna observó al hombre sentado en el suelo. Esos ojos esmeraldas le miraban con frialdad. Hacía un inútil esfuerzo por liberarse de las ataduras que tenía en las manos y piernas, mientras sus palabras se quedaron tras la cinta adhesiva sobre sus labios.

—Perfecto. —susurró. Enfocó su mirada en Hisui —Luego veré la manera en cómo agradecerte. Ahora, déjame a solas con él.

El castaño asintió, dejando así solos a ambos. Se miraban fijamente, retándose con la mirada.

La mujer se agachó para estar a la altura de él. Una de sus manos acarició las hebras rojas con suavidad, como si se tratase de un adulto tratando de calmar a un niño que está asustado.

No obstante, en un movimiento brusco de parte de Riku hizo que detuviera sus caricias.

—Ah. No estás en posición de comportarte así, al menos no estando bajo mi disposición. —mostró sus perfectos dientes en una sonrisa atroz.

Sin que el pelirrojo lo esperase, sintió su mano rodear su cuello, apretándolo con fuerza, mientras lo acercaba bruscamente hacia ella. La distancia entre ambos se desvaneció. Taisho se inclinó hacia su oído y susurró con una voz cargada de desprecio:

—Qué pena... Esperaste tanto por este día. —soltó una risa que resonó en las paredes de la habitación —Ya puedo imaginar la reacción de mi adorada hermana al saber que estás muerto... —lo sintió forcejear, intentando una vez más liberarse, pero ella lo mantenía firmemente en su lugar —Pobrecita, tan ilusionada... Y tú también, ¿verdad? —frunció el ceño, disfrutando de cada segundo de su sufrimiento —Pero si te soy sincera... Me hubiera gustado matarla primero con mis propias manos...

El ojiverde se recostó, juntó fuerzas y se alejó de la mujer. Cayó de espaldas, pero poco le importó, en ese momento quería arrancarle la lengua a esa víbora que era su cuñada.

Él lo sabía.

¡Sabía que estaba fingiendo!

La castaña le quitó de un tirón la cinta.

—A estas alturas ya es inútil que siquiera intentes algo. Solo me das lástima, al igual que esa maldita niña metida en su burbuja. Si tienes suerte, te encontrarás con ella en el segundo plano. —sonrió.

—Lo sabía... —musitó —¡MALDITA PERRA! ¡LO SABÍA! —exclamó furioso, tratando de levantarse como sea, pero fue inútil su intento —¡NO TE ATREVAS A HACERLE ALGO A TOWA!

—No me importa tu amenaza. —con su mano hizo una seña de desinterés.

—¡HIJA DE PERRA! ¡¡¡SI LE HACES DAÑO JURO QUE TE MATARÉ, SETSUNA, EN ESTE INSTANTE O EN EL MOMENTO EN QUE MENOS TE LO ESPERES!!!

—Oh, qué miedo. —se burló. Daba vueltas alrededor de Riku mientras reía a carcajadas —¿Qué me harás, cuñadito? —sus ojos veían la situación, burlándose de su intento fallido de liberarse. Él no podía tocarla aunque quisiera.

Que equivocada estaba...

El pelirrojo resopló seguido de una sonrisa, tenía sus ojos puestos en la mujer a su alrededor.

—¿De qué te ríes? —preguntó Setsuna, ladeando la cabeza en su dirección.

—De ti. —Sus miradas se cruzaron —Pensabas que me tenías acorralado... pero ya estás dentro de la jaula, Taisho.

La mujer arqueó una ceja, como si no hubiera entendido, aunque su cuerpo se tensó por un segundo.

—¿Otra de tus provocaciones inútiles? —se inclinó hacia él, apoyando una mano en su pecho para mantenerlo contra el suelo —La única jaula aquí es la que te retiene.

—Claro... sigue creyendo eso... —susurró él —Me encanta cuando subestimas a la gente.

Setsuna soltó una pequeña risa.

—Pobre de mi hermanita... Su tan anhelado prometido nunca llegó al altar para recibirla, al igual que ella nunca llegó para cerrar el tan anhelado pacto de amor. Cursilerías baratas.

—¿Nunca sabrá? —él repitió. Taisho escuchó la extraña satisfacción de su cuñado al pronunciar la palabra —Parece que la que no sabe es otra.

Su ceño se frunció.

—¿Qué no sé?

El ojiverde se inclinó hacia adelante lo más que las ataduras le permitían. Su expresión era otra.

—Mientras tú juegas a encerrarme... Towa ya está en un lugar seguro. Hisui se encargó de eso.

—¿Qué dices? ¿Acaso piensas que es fácil engañarme? —rió —Pobre diablo.

—Pregúntale tú misma. —sonrió, y fue entonces cuando ella notó que, en silencio, la puerta de la habitación estaba entornada... como si alguien hubiera estado escuchando todo.

Volteó bruscamente la cabeza, sus orbes morados vieron cómo Hisui salía por detrás de la puerta, dejando ver que había escuchado todo desde un inicio.

—Hisui... —murmuró sorprendida.

—Setsuna...

Entonces algo cambió.

Sus piernas flaquearon mientras veía a quien creía que era su fiel sirviente avanzar con paso lento hacia donde estaba, como un depredador saboreando el instante antes de atrapar a su presa.

La risa de Riku se escuchó en todo el lugar.

Setsuna ahora sí sintió un leve mareo, miró a su alrededor si había algo a su alcance para defenderse, pero todo fue inútil, su visión en menos de un segundo se nubló.

~~~

La angustia no había soltado a Towa. Durante el trayecto a la iglesia, sentía una punzada en su pecho, aquel indicador que le decía que algo andaba mal.... Muy mal..

Quería llamar a su hermana, pero entonces se dio cuenta de que no traía consigo su teléfono, se maldijo internamente al olvidarse de ese detalle. Pero, Setsuna le había dicho que estaría con ella cuando se sintiera bien, pero... ¿y si no lo estaba?

—Setsuna... —un murmullo salió de sus labios pintados en rosa tenue.

Esperaba verla en la iglesia, necesitaba verla bien y eliminar esa punzada que, con cada minuto que pasaba, la sentía incrementar. Fue entonces que la limusina en la que iba frenó de golpe, haciendo que casi se golpeara el rostro con el asiento de enfrente si no fuera por sus manos que detuvieron el repentino impacto.

«¿Qué fue eso?»

—¿Qué sucede? —cuestionó con preocupación al conductor.

No obtuvo respuesta. Apenas tuvo tiempo de procesar lo que estaba pasando cuando, desde afuera, alguien abrió la puerta con brusquedad. Si antes la punzada le preocupaba, ahora esto la iba a llevar al borde del infarto. Se sobresaltó y el miedo la invadió por completo.

«¡¿Qué está pasando?!»

—¡Towa! —oyó una voz que conocía perfectamente.

Frunció el ceño, extrañada.

—¿Rion? —parpadeó un par de veces al pensar que estaba viendo mal.

—¡Perdón! —se disculpó la pelirroja al ver el rostro de la novia en un estado de shock —. Perdóname, no quería intervenir así, pero ya estabas llegando a la iglesia...

—¡Por supuesto que debo de llegar, es mi boda! Pero no entiendo nada... ¿qué haces acá? Deberías estar en la iglesia junto con Riku —entonces otra alarma se encendió —¡Riku! ¿dónde está él? ¿Está bien? ¿Pasó algo? ¡Dime, por favor!

Rion la tomó por los hombros al ver su intención de irse en busca de su amado.

—Descuida, él está bien. Eso espero... —musitó esto último, sin embargo, Towa lo escuchó.

—¡¿Cómo que eso esperas?!

Su cuñada se mordió la lengua al ver que había hablado de más.

—¡Dime en dónde está! —demandó.

—Towa... No puedo decirte mucho por el momento, pero sé que mi hermano estará bien. Además... —jugó con sus dedos —no puedes ir a la iglesia...

—¿¿¿Por qué no??? —se exaltó.

—¡No pienses mal! —se adelantó la hermana de su prometido —No puedes ir ahora, la boda se ha cancelado.

¡¿Cancelado?!

Ahora sí, un infarto fulminante iba a acabar con la Taisho.

—¡No estoy entendiendo nada! ¿Por qué? No entiendo... ¿Cómo que no hay boda? ¡¿Dónde está Riku?! ¡¿Acaso no está esperándome en el altar?!

—Towa, por favor, cálmate, te contaré todo, ¡lo juro! Pero debes tranquilizarte primero.

—Me interceptas como si quisieran secuestrarme, dices que esperas que tu hermano se encuentre bien, y ahora dices que la boda se canceló... ¡¿Cómo esperas que esté tranquila?! —exclamó.

—Perdóname, soy egoísta al no ponerme en tus zapatos, pero mi hermano me dijo que hiciera esto. —se lamentó Rion.

—Riku no me está esperando en el altar, ¿verdad? —soltó sin más.

—No...

—De acuerdo... —dejó escapar un suspiro, tratando de no estallar en nervios y en más preguntas negativas —¿¿¿Y dónde está???

—Ven conmigo, te voy a explicar todo, ¿okey? —la peliblanca no se veía tan convencida —Si vas a la iglesia no encontrarás a nadie.

El semblante de Towa estaba decaído por completo.

—Bueno... —terminó aceptando. Acompañó a Rion hacia su coche, tuvo cuidado con su vestido en todo momento, antes de acomodarse en el asiento del copiloto.

Tenía muchas dudas y su cuñada era la única persona que, por el momento, podía responderle.

No entendía nada, y ahora no solo le preocupaba Setsuna, sino también su amado Riku.

Rogaba que fuera lo que fuera, ambos estuvieran bien.

~~~

—Mmm... —la castaña se removió en el suelo, incómoda por la luz que se filtraba por una rendija en la pared de madera. Frunció el ceño y abrió lentamente los ojos. Sentía que había dormido una eternidad.

—Al fin despiertas... —la voz de Riku la hizo incorporarse al instante.

Sus ojos violetas vieron el lugar, aunque el olor a madera húmeda, polvo y paja la golpeó antes que nada. Estaba en lo que parecía una casa de campo muy antigua... El techo era bajo, las paredes estaban manchadas y al fondo, tras una puerta medio abierta, se escuchaba un gruñido.

—¿Qué mierda...? —quiso levantarse, pero sus manos y piernas estaban atadas. Lo mismo que ella había hecho horas atrás ahora se lo hacían a ella.

El pelirrojo dio un paso hacia ella.

—Ahora sabes lo que se siente estar tan vulnerable, ¿eh? —se burló él.

—¡Suéltame, idiota! Suéltame en este instante o te vas a arrepentir de haberme atado. No tienes idea de lo que puedo hacerte, pobre idiota. —escupió con desprecio la mujer.

—En este instante hay muchas cosas que deseo hacerte... cuñadita.

Hisui estaba apoyado en el marco de la puerta, observándola con los brazos cruzados.

—Se ve tan indefensa, señorita Taisho. —comentó el castaño, mirándola desde el marco de la puerta. —la nombrada volteó lentamente la cabeza en su dirección.

—Tú... —dijo entre dientes —¡Maldito pordiosero! ¡¡¡ME TRAICIONASTE!!!

—Él no te traicionó, solo me ayudó a hacer más fácil esto, cuñadita. —habló Riku —Años y años de maltrato hacia el pobre chico, ¿no te parece que es momento en que pagues todos los males que has hecho?

—¿Males? Oh, no recuerdo haber hecho cosas malas...

Riku rió exageradamente.

«Cínica. No tiene sangre en la cara».

—Entonces voy a refrescarte un poco la memoria con ayuda de Hisui. —el ojiverde la obligó a ponerse de pie de un tirón, tan brusco que sintió que el hombro le crujía —Creí que eras más inteligente al momento de ejecutar un plan, qué decepción...

Hisui dio un paso hacia ellos. La observó de arriba abajo, como si viera un objeto defectuoso.

—Y pensar que alguna vez llegué a admirarla y a quererla... —Hisui lucía serio, muy serio que Setsuna no podía creer que fuera él.

¿Dónde quedó ese chico sumiso que era su marioneta?

Apretó su mandíbula, intentando mantener su expresión fría, pero Riku se colocó detrás de ella, presionando sus manos sobre sus hombros y empujándola hacia adelante, obligándola a inclinarse un poco.

—¿Sabes lo que más me gusta de este momento? —susurró cerca de su oído —Que no hay nadie para salvarte, y tú lo sabes...

Ella quiso apartarse, pero Hisui la sostuvo por el rostro, clavando sus uñas en la piel. Soltó un quejido.

—Cuando mi padre sepa de esto, los va a matar... —advirtió —¡Soy su heredera, así que si no me sueltan en este instante, él se encargará de mandarlos al infierno!

—De allí venimos... —respondió Hisui con una leve sonrisa.

—Afuera —señaló el de hebras rojas con la barbilla hacia la puerta que llevaba a un establo —hay algo que te espera... Será un regalo especialmente para ti, cuñadita.

El gruñido de hace instantes volvió a escucharse, esta vez más fuerte. Las piernas femeninas temblaron, su expresión seria fue un contraste con su cuerpo esbelto que ahora parecía gelatina. La tomaron del brazo con fuerza, obligándola a caminar torpemente hacia la puerta de donde provenían esos gruñidos. A duras penas podía caminar bien.

—No caminas tan erguida como hace un rato —murmuró, inclinándose lo suficiente para que su aliento helado le rozara la oreja —. ¿Estás asustada, cuñadita?

No obtuvo una respuesta. Su mirada contrastaba la seriedad (expresión que le estaba costando mantener) y el pánico que experimentaba.

Al llegar, Setsuna pudo ver que había un establo, el olor agrio se mezcló con la humedad del lugar. La luz entraba por unas rendijas, otro gruñido más grave se escuchó, frunció el ceño al saber de qué se trataba, posiblemente...

—Ahí está. Esta es tu sorpresa. —anunció el ojiverde.

La empujó un paso más hacia adentro. Ella trató de retroceder, pero él agarró más fuerte su brazo.

—Déjanos solos —le dijo a Hisui. Antes de marcharse, observó a Setsuna, puesto que sabía que no la volvería a ver nunca más. Cerró la puerta, dejándolos solos.

El sonido de las pezuñas del animal moviéndose en la paja captó la atención de la femenina. Ahora sí estaba temblando.

—¿Te gusta? Es mi humilde regalo para ti.

—Ve... ¡¡¡Vete al diablo!!! —su mente le estaba jugando una mala pasada, esto no podía ser cierto.

Riku la volteó bruscamente, poniéndola frente a él, se acercó hasta que ella sintiera su respiración tan cerca de la suya.

—Eso ya lo tengo reservado. Y dime, ¿te gustó o no mi regalo? —se burlaba de ella.

—Púdrete... —le escupió. Tanto odio, tanto resentimiento que sentía en ese momento.

Él la tomó por las mejillas con dureza.

—¡¡¡DÉJAME, ANIMAL!!!

—¡Míralo bien! —la forzó a ver al cerdo que ahí estaba, esperándola —Tú serás su alimento, ¿te queda claro?

Taisho respiraba agitada, con el corazón a punto de salirse de su pecho. Su mente trataba de convencerse de que nada de eso está pasando, pero era inútil, el olor y los gruñidos del animal la volvían a la realidad.

—¿Cu... Cuánto quieres para dejarme ir? —tartamudeo.

—Oh, no, no, no, no, eso no tiene precio. —la volvió a voltear, esta vez hacia donde estaba el animal, hizo que se inclinara lo más que pudo.

Intentó en vano apartar el rostro, para evitar el olor tan asqueroso que en ese momento quería hacerle vomitar.

—¡Quédate quieta! —ordenó Riku —Deja que le dé un vistazo a su alimento.

—¡¡¡MIERDA, DIME DE UNA VEZ CUÁNTO DINERO QUIERES, TE DARÉ TODO EL DINERO QUE QUIERAS SI ME DEJAS AHORA!!! —su desesperación hizo acto de presencia.

—Quiero que entiendas —murmuró, frívolo —que esto no tiene precio...

No pudo más, la castaña sintió sus piernas aflojarse, no obstante, él la sostuvo para que no se desplomara. El sonido de las pezuñas y el gruñido del cerdo indicaba la desesperación por querer masticar algo.

—Esto... esto no es necesario... —atinó a decir, con la voz quebrada.

Riku sonrió de lado, sin soltarla.

—Precisamente por eso lo es.

—¡¡¡HISUI!!! —llamó a quien creía que la podía ayudar, pese a su traición, esperaba un milagro del cielo y que la ayudara a escapar. Su cuerpo empezó a moverse de un lado a otro, buscando libertad, a pesar de que era inútil a esas alturas, pero no quería resignarse.

—Tan patética... —suspiró el pelirrojo —Me hubiera encantado darte una muerte más atroz e ingeniosa, pero mi prometida espera por mí.

—No hagas esto... ¡Towa, piensa en Towa! Si yo no llego, ella se va a preocupar, sabes cómo es. Si yo no estoy, llegará a la conclusión de que algo me ha pasado. ¿Quieres ver mal a mi hermana? ¿Acaso no te importa su dolor?

—Buen intento. —contestó él.

Ya se encargaría de darle una buena excusa a su amada. Sabía que, si Towa llegaba a enterarse de esto, jamás lo perdonaría. No obstante, él nunca podría perdonarse a sí mismo que ella saliera herida... y menos por la persona en quien había vuelto a confiar.

—Buen viaje, cuñadita. Nos vemos en el infierno.

—¡¡¡JÓDETE, BASTARDO!!!

Riku la empujó con brusquedad, ella cayó en la paja y de inmediato, el animal se interesó en ella.

Se acercó y empezó a olfatearla.

—¡¡¡AYUDA, AYUDA, POR FAVOR!!! —comenzó a gritar a todo pulmón. Se arrastró para alejarse del animal.

Sin decir una palabra, Riku sacó un pequeño frasco de vidrio de uno de sus bolsillos y lo destapó. El olor que desprendió fue penetrante, se inclinó sobre Setsuna y le vertió unas gotas sobre la ropa y la piel, impregnándola con aquel aroma.

—Ahora sí... —rió como un niño que estuviera haciendo una travesura.

El animal, excitado por el nuevo olor, comenzó a moverse en círculos a su alrededor, gruñendo cada vez más fuerte, hasta que se abalanzó sobre ella. El grito que soltó la castaña pudo haberse escuchado hasta el cielo, y si hubiera habitantes en ese lugar, estaba seguro de que ya hubiesen llamado a la policía por tan escalofriante grito.

Los gritos se mezclaban con el chillido agudo del animal. El lugar que antes olía agrio y a humedad, ahora olía a sangre, un aroma metálico que se mezclaba con los dos primeros.

Riku, apoyado en la pared y con los brazos cruzados, observaba en silencio la escena frente a él.

Digna escena de alguna película de terror visceral.

Los gritos dejaron de escucharse, vio la paja ya teñida en un rojo vino. El cerdo, ahora con el hocico manchado, seguía masticando el cuerpo ya sin vida de Setsuna. Sus ojos esmeralda no perdían detalle alguno: la piel, los órganos, los huesos. Ya casi no quedaba nada, y es que ese era el propósito.

No le había dado de comer casi un mes al animal, para que precisamente hiciera bien su trabajo. No dejar rastro alguno de esa mujer que ahora estaba hecha trizas. Miró su reloj de muñeca, ya se hacía tarde, tenía que ir con su prometida y darle una explicación. No quería cancelar el día más importante de su vida, pero tuvo que hacerlo. Días atrás, al no creerse el cuento de que Setsuna había recapacitado, decidió ir a buscarla para sacarle la verdad él mismo, sin embargo, quien lo atendió fue Hisui, y ahí fue el inicio de todo...

Flashback

Había ido a buscar a Setsuna. No le cuadraba ese repentino “cambio” que tuvo con Towa. Si bien no conoció tan bien a su cuñada, lo que le contó su prometida fue más que suficiente para saber qué tipo de persona es. Caminó por el pasillo del edificio, decidido a sacarle la verdad. Llegó a su puerta y golpeó con fuerza.

La puerta se abrió apenas unos centímetros, y lo que vio no fue a Setsuna... sino a un hombre de cabello castaño y ojos azules. A simple vista se veía frágil, pero eso no fue lo que captó su atención.

¿Qué diablos te pasó?soltó Riku al instante.

El castaño desvió la mirada. Su rostro estaba hinchado, un ojo amoratado y el labio partido. La camisa abierta dejaba ver un moretón oscuro en la clavícula.

Nada que le importe. ¿Quién es usted?respondió, intentando sonar serio, pero no lo logró.

¿Dónde está Setsuna?preguntó tajante.

No está. Salió... con alguien.

Dime con quién.

No lo sé.Hisui apretó los dientesY aunque lo supiera... no eres quién para preguntar cosas sobre la señorita Taisho.

El pelirrojo se inclinó un poco hacia él, clavándole la mirada.

No me hagas perder el tiempo. Dile que deje de esconderse o la encontraré. Y créeme... no voy a tocar la puerta la próxima vez.

¿Vas a matarla?

Si está jugando con la persona equivocada...ladeó la cabeza Es probable.

El silencio reinó por unos segundos. Hisui lo observó sorprendido, acto seguido bajó la mirada y, en ese gesto, Riku notó algo: miedo, sí... pero también un rencor guardado, o eso parecía...

—¿Siempre te trata así? —preguntó Riku, señalando sus heridas.

—No es asunto tuyo. —intentó cubrirlas torpemente.

—Claro que lo es. Porque si es capaz de hacerte daño a ti, que eres... ¿Qué eres de ella? —alzó una ceja.

—Soy su más fiel sirviente. Y ahora contesta, ¿quién eres tú?

—¿Y aun así te quedas? —chistó el ojiverde —Y para que te enteres, soy el prometido de Towa Taisho, la hermana mayor de tu dueña.

—Porque la quise... —su voz bajó —La quise demasiado. Y aun así, solo me usa. Me golpea más desde que volvió a convivir con su hermana, y al parecer también contigo. Me deja en la calle mientras trae a otros hombres aquí... Y yo... yo la espero como un idiota.

Riku lo observó, frío.

—¿Esperas que te tenga lástima?

—No.

—Mmm... —puso su mano sobre su mentón, pensativo —Veo en ti algo de rencor, ¿o me equivoco?

—No te equivocas... —contestó el ojiazul, bajando la mirada —La odio, pero la quiero... no podría hacer algo en su contra.

El pelirrojo vio esto como una oportunidad única que no podía desaprovechar.

—Entonces déjame ayudarte. Podemos ponerle fin a todo esto, que deje de golpearte, de humillarte... y también la quiero lejos de mi prometida.

El castaño se veía en un conflicto.

—¿Y... qué quieres que haga?

—Solo que me digas todo —lo miró fijamente —. Lo que planea, lo que oculta.

Él tragó saliva, le tomó unos segundos, pero al fin lo soltó.

—Ella... quiere matarte a ti y a Towa. Iba a hacerlo el día de tu boda... a ti te mataría primero y luego a ella en la iglesia. Dice que sería “poético”, ver la muerte de una novia en el altar.

«Desquiciada».

Ese sería el sinónimo de Setsuna.

Riku trató de mantener la compostura.

—Gracias por decirlo. Entonces... ¿cómo te llamas?

—Hisui.

—Hisui. Hoy decides si seguir siendo su sirviente... o ser libre.

Fueron minutos eternos los que hicieron a Riku impacientarse. ¿Acaso ya se arrepentía? Eso pensó hasta que obtuvo una respuesta.

—Haré lo que me pidas. Pero... prométeme que cuando todo acabe... no dejarás que siga viva.

—Eso —sonrió de lado — puedo prometerlo.

Fin del flashback

Despegó su espalda de la pared al notar que ya el cerdo había terminado de alimentarse. Salió del lugar y se encontró con Hisui.

—Tengo que irme, asegúrate de que no quede evidencia alguna. —comunicó.

—Está bien. —antes de que pudiera seguir su paso, Riku fue detenido por el castaño —Riku... —él lo miró —Gracias, yo no podría haberlo hecho sin tí.

El pelirrojo esbozó una sonrisa apenas perceptible.

—Gracias a ti.

Caminó hasta su coche y mientras encendía el motor, marcó un número.

- Rion.

- La tengo -respondió su hermana de inmediato - Y... le dije lo de la boda.

- ¿Cómo lo tomó?

- No esperes que lo tome bien, tonto. Está preocupada por ti y por su hermana. Además, todavía lleva el vestido.

Riku apretó el volante.

- Dile que voy en camino. -colgó sin más.

Era el momento de su mejor actuación. Le debía muchas explicaciones a su amada, explicaciones que ocultarían lo que en realidad había pasado, tanto con él como con Setsuna.

Minutos después, llegó al departamento de su hermana, fue a toda prisa a la puerta y la tocó varias veces hasta que fue abierta por su hermana. El ojiverde entró, fue ahí cuando divisó a su prometida. Se veía tan hermosa, el vestido de novia solo era un accesorio, porque lo que brillaba era ella.

—Towa...

Ella alzó la mirada, notó sus ojos rojos, signo de que había llorado, pero eso no fue lo único. Pudo ver su miedo, desconcierto y hasta enfado, pero estos dos primeros son los más notorios.

—Rion me trajo aquí... —dijo en un susurro, caminó hasta él —Me dijo que tú le diste la orden, no me dejó llegar al altar.

—Rion, déjanos solos. —indicó a su hermana menor. Ella asintió y salió del lugar.

Caminó despacio hasta aquella hermosa peliblanca que es todo su mundo.

—Era necesario. —contestó.

Ella frunció el ceño levemente.

—¿Necesario? —repitió —Riku... no entiendo nada. Estaba por casarme y de pronto, todo cambió. ¿Por qué? Se supone que este día iba a ser feliz... ¡¡¡No sé por qué cambiaste tan repentinamente las cosas!!! —se exaltó en su lugar. Lo miró enojada.

—No estabas a salvo. —mantuvo su compostura. Sus ojos se concentraron en los de ella. Lágrimas bajaban por sus mejillas de porcelana al no poder seguir ocultándolas por más tiempo.

Odiaba verla llorar, y tal vez lloraría los próximos días por la ausencia de su hermana.

Llorar por alguien que quería matarla.

Así de noble es su amada.

Si él le decía que Setsuna tenía planeado matarla, capaz no le hubiera creído... Al menos no sin pruebas. La conocía perfectamente, daba por hecho que así hubiera sido. Aunque ahora ya no tenía que preocuparse, Setsuna Taisho ya no estaba en sus vidas, y nunca más lo estaría.

Towa apretó más las manos, captando su atención.

—¿A salvo... de qué?

Su prometido respiró hondo antes de contestar:

—Hay personas... peligrosas. No me preguntes quiénes, no me preguntes por qué. Solo entiende que si hoy la ceremonia seguía, te habrían matado... Y yo... —se acercó más a ella —No hubiera podido seguir en vida sin tí.

Ella tragó saliva, sin apartar los ojos de él.

—¿Pero quién...?

—Shhh —puso su dedo índice en sus labios color cereza —ya todo pasó, no te preocupes.

—Debiste avisarme... —su voz se quebró y dejó escapar un sollozo contenido. Riku no dudó en envolverla en sus brazos —Pudieron hacerte algo, y yo no sabría qué hacer... —se echó a llorar.

—Lo sé, lo sé, fue mi culpa, mi amada Towa. Perdóname por esto. —la consoló.

—¿Y... y mi hermana? —cuestionó —¿Sabes algo de ella? Me dijo que estaba mal, por eso no pudo acompañarme... —trató de secar sus lágrimas que salían a cada segundo, y más al pensar en su Setsuna.

Hubo un silencio espeso, escuchó el pesado suspiro de su pareja.

—Ella... está bien. —dijo él.

Towa parpadeó.

—¿Cómo lo sabes?

—Tu hermana me pidió ayuda antes de la boda. Me encargó que te dijera que te quiere mucho y que la perdones. Al parecer tuvo un cambio repentino, no sé qué pasó por su mente, ella... ella se fue del país.

—¿Se fue...? —saber aquello le dolió.

—Sí, no sé a dónde, pero me dijo que tenía que solucionar algo y no sabía como decirte, así que decidió irse sin más. Hay que entenderla, mi amor. —otra vez la peliblanca iba a romper en llanto —Oh, no, no, no, tu hermana me dijo que no llores. —se apresuró en limpiar las lágrimas de Towa.

Ella bajó la cabeza, con los ojos vidriosos.

—¿Cómo pudo irse así sin más, y en este día tan especial? Siento que... que me están ocultando algo.

—No te oculto nada, mi amor.

Los siguientes minutos se dedicó a consolarla. Le dolía en el alma verla llorar, pero se prometió que sería la última vez que esas lágrimas fueran de tristeza. Su amada le siguió haciendo preguntas en cuanto a su hermana, él no dudó en responder todas, convenciendo de que Setsuna se encontraba más que bien.

—No sabes lo preocupada que estuve por ustedes, Setsuna al menos debió despedirse de mí...

—Lo sé, pero no lo hizo porque estaba segura de que si se despedía de ti, no dudaría en cancelar su vuelo.

—¿Sabes a dónde se fue?

—No.

—Entiendo... —terminó aceptando.

—Y respecto a la boda —con sus manos la tomó por las mejillas, en una suave caricia —, nos casaremos el otro mes, ¿te parece? —aún podía ver su tristeza.

—Está bien... —suspiró abatida.

—Perdóname, princesa. Te juro que todo lo que pasaste hoy no volverá a ocurrir. Yo me encargaré de que así sea. El próximo mes nos casaremos y las únicas lágrimas tuyas serán de felicidad.

No le dio tiempo a responder. Se dedicó a besarla con fervor, siendo correspondido con la misma intensidad por su amada.

Ella nunca lo sabría. Nunca se enteraría de nada.

Riku confiaba en que Hisui ya se hubiera deshecho de todo rastro que esa mujer dejó... y de los miserables que había contratado para asesinar a Towa. Por ahora, todo estaba bajo control. Su princesa estaba a salvo, y eso era lo único que importaba. Nada ni nadie los separaría. Quien se atreviera a intentarlo terminaría como Setsuna... o peor.

Dicen que la verdad siempre sale a la luz. Pero él se aseguraría de que no fuera su caso. Había calculado tan bien todo. A menos que Hisui hablara. No obstante, el acuerdo que habían hecho no solo se basaba en discreción, sino que, si había traición por parte de alguno, el otro lo mataría. Así era el acuerdo, así es esto.

«Nada ni nadie nos va a separar, mi princesa... Tú eres la única que puede tomar esa decisión, y yo seré siempre quien esté aquí para aceptar lo que elijas, así esa decisión sea no estar a tu lado».

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author

Me encantó la historia 😁😁😁

un mes