˙ . ꒷ 🍰 . 𖦹˙— Cap 1 𐔌՞. .՞𐦯
El mundo no había sanado por completo; simplemente había aprendido a coexistir con sus propias cicatrices. Catorce años después de la “Noche del Juicio”, como se había bautizado el día en que Water y Drako desataron el caos sobre la ciudad, ésta era un tapiz complejo de fantasía urbana y tecnología de vanguardia. Rascacielos de acero y cristal se alzaban junto a callejones empedrados iluminados por faroles mágicos, y la tecnología más innovadora se entrelazaba con la magia ancestral, creando un paisaje tan fascinante como peligroso.
Ya no existía un solo héroe, sino una infraestructura, un sistema. La Academia de Héroes, un imponente monolito de acero y cristal que se alzaba sobre la ciudad como una montaña artificial, brillaba bajo el sol como un faro de esperanza en esta nueva era. No era un simple colegio; era el centro neurálgico donde se canalizaban las habilidades de los jóvenes superdotados, se establecían los límites éticos de su poder y, lo más importante, donde la próxima generación aprendía que el poder podía ser tan peligroso como un arma nuclear en manos de un niño.
La influencia de la Torre Mirror se hacía visible en la arquitectura y en la propia sociedad: la ciudad se había dividido sutilmente. En la cima de los rascacielos más altos, los distritos resplandecían con una limpieza impecable, donde robots automatizados mantenían el orden y campos de fuerza invisibles protegían a sus habitantes de cualquier amenaza; esta era la “Cima”, el refugio de los privilegiados, celosamente custodiado por los héroes de la Torre. Abajo, en los callejones retorcidos y los barrios bajos, persistía el “Valle”, un laberinto de sombras donde el poder y la tecnología ilegal florecían, y los individuos con poderes mutantes sin registrar encontraban refugio en la oscuridad.
En ese mundo de equilibrios frágiles, el factor más impredecible era la herencia. La genética del poder era un campo de estudio obsesivo, impulsado por la necesidad de comprender y controlar el potencial de la próxima generación. Los hijos de los héroes eran vistos como la esperanza, la promesa de un futuro más seguro; los hijos de los villanos reformados, en cambio, eran la gran incógnita, el constante recordatorio de que la línea entre el salvador y el tirano era, a menudo, una simple elección, un acto de voluntad.
El aire dentro del inmenso hangar de pruebas de la Academia era denso, cargado con ozono y la expectación de los jóvenes aspirantes a héroes. El complejo estaba diseñado para simular el peor clima de la Tierra y más allá, desde tormentas de nieve árticas hasta desiertos abrasadores. Un grupo de estudiantes de la clase 1-A se encontraban reunidos en el campo de pruebas, la hostilidad forzada que los había unido en la puerta se había desvanecido, reemplazada por la tensión palpable de la competencia y el peso invisible de sus apellidos.
Frente a ellos, en una plataforma elevada, estaba el Profesor Argus, su figura imponente caminando con una rigidez que recordaba los sacrificios que había hecho en el pasado. A su lado, el Profesor Nimethys, impecable en su uniforme de la Academia y con una tableta en mano, parecía listo para registrar y juzgar cada microsegundo, cada error, cada titubeo.
-Bienvenidos a la primera prueba de Resistencia Elemental de la clase 1-A -anunció Argus, su voz grave resonando a través de los altavoces del hangar-. No se trata de fuerza bruta, sino de control. Tendrán que cruzar el sector de prueba, adaptándose a las condiciones extremas que encontrarán en su camino.
-Profesor, ¿quién será el Juez Principal de esta prueba? -preguntó Toshio, el hijo adoptivo de Ilver y Kriss, con la precisión y formalidad que lo caracterizaban. Toshio era alto y esbelto, con una presencia medida y analítica que imponía respeto. Su cabello era de un distintivo color rubio ceniza casi blanco, pero estaba marcado por franjas de un intenso color rojo, un contraste que reflejaba la naturaleza explosiva de su poder. Sus ojos, a diferencia de los de su padre adoptivo, eran de un cálido café claro, y solían tener una expresión concentrada, casi de escaneo, como si estuviera analizando constantemente su entorno. Vestía el uniforme de la Academia con una pulcritud notable, y su objeto más distintivo era un pendiente en forma de cruz que colgaba en su oreja izquierda. Esta cruz, un regalo de Ilver, era el ancla que usaba para canalizar y modular sus explosiones elementales. Era un estudiante ejemplar, valorado por su mente estratégica y su capacidad para mantener la calma bajo presión. Su gran desafío era aprender a manejar la volatilidad de sus explosiones; debía aprender a usar la fuerza con precisión, sin desatar el caos total.
Antes de que Argus pudiera responder, el centro de la plataforma se iluminó con un destello de energía sombría. Dagashi apareció allí, vestido con su característico traje oscuro, su rostro severo e imperturbable. Su mirada, cargada de autoridad, no mostraba favoritismos.
-Seré yo quien los evalúe -dijo Dagashi, su voz resonando con un poder innegable. Su mirada se posó brevemente en su hijo, Kotaro, antes de continuar-: Espero que actúen a la altura de los sacrificios que se han hecho para que esta Academia exista. La prueba comenzará en cinco minutos. Pónganse en sus marcas.
Kotaro se tensó inmediatamente bajo la mirada de su padre. Sus hombros se encorvaron ligeramente, y el brillo de confianza que solía iluminar sus ojos se opacó, reemplazado por una sombra de inseguridad. El joven héroe se transformó en un hijo bajo la mirada de un padre, sintiendo el peso de las expectativas sobre sus hombros, especialmente después del breve e incontrolable estallido de energía sombría que había manifestado antes de entrar al hangar. Kotaro era de estatura media, con una constitución atlética y explosiva que sugería una gran fuerza contenida. Había heredado el cabello negro azabache de su padre, pero las puntas tenían un degradado rojizo y llevaba unas llamativas franjas azules, un intento de rebelión juvenil contra la severidad paterna. Sus ojos eran de un color café intenso, como una taza de café humeante en las mañanas frías. Su rostro, normalmente jovial y despreocupado, se tensaba fácilmente bajo la presión, especialmente bajo la mirada escrutadora de su padre. Vestía el uniforme de la Academia con cierta desgana, como si llevarlo fuera una imposición. Su característica más distintiva, y su mayor secreto, eran las esporádicas y breves manifestaciones físicas de su poder: pequeños cuernos y una cola sombría que aparecían y desaparecían con sus picos de emoción o estrés, revelando la inestabilidad de su Dominio.
Kotaro evitó el contacto visual con su padre, concentrando toda su energía en reprimir cualquier rastro de la cola y los cuernos que amenazaban con manifestarse bajo el estrés. Toshio y Tenshi, percatándose de la tensión de su primo, se colocaron a su lado, ofreciéndole un apoyo silencioso.
-Bueno, chicos -susurró Toshio, ajustándose el pendiente de cruz que era el ancla de su poder-. Hora de demostrar que la nueva generación está hecha de control, no solo de fuego.
Akira sonrió con una frialdad calculadora, notando la incomodidad de Kotaro. -No se confíen demasiado. Los hijos de los villanos también sabemos lo que es el control... y cómo romperlo. Akira, hija de Water, era de estatura media, con una constitución esbelta y ágil que le permitía moverse con una gracia felina. Su cabello era negro y corto, cortado de forma precisa y marcado con franjas azules que resaltaban el color de su elemento. Sus ojos eran de un vibrante verde esmeralda, que contrastaban de forma impactante con su cabello y su mirada gélida, dándole un aire de elegancia y peligro. Vestía el uniforme de la Academia con cierta rebeldía; sus mangas solían estar enrolladas, y portaba un discreto pendiente en forma de gota de agua, un recordatorio constante de su herencia. Su piel siempre irradiaba una frescura inusual, como si estuviera conectada directamente al elemento del agua.
Ikki, con su mano derecha chispeando ligeramente con energía telequinética, añadió con una sonrisa arrogante: -Yo solo vengo a ganar. Y si su drama familiar me da una ventaja, no dudaré en tomarla. Ikki era de estatura media, con una constitución delgada pero flexible que le permitía moverse con agilidad y rapidez. Su cabello era negro azabache y llevaba franjas moradas que contrastaban fuertemente con su base oscura. Sus ojos eran de un tono café oscuro, agudos e inteligentes, y reflejaban una inteligencia calculadora y una ambición desmedida. Vestía el uniforme de la Academia, personalizándolo con pequeños toques tecnológicos, como un reloj de pulsera sofisticado que le permitía analizar y manipular su entorno con mayor precisión. A pesar del poder elemental de su madre, él había heredado el poder de su padre, la telequinesis, una habilidad que requería una gran concentración mental y un control preciso.
Tenshi elevó la barbilla con una expresión analítica inquebrantable. Las franjas blancas de su cabello parecían vibrar ligeramente, un aviso de la energía cinética contenida en sus puños. -La eficiencia mental requiere control en su aplicación, Ikki -replicó Toshio con voz mesurada, sin alzarla-. Algo que muchos cerebros privilegiados olvidan cuando la presión se vuelve puramente física. Cuando el cuerpo se cansa, la mente falla. Tenshi era de estatura media, con una constitución atlética y ligera que le permitía moverse con una velocidad y agilidad asombrosas. Su cabello era negro azabache y llevaba franjas blancas que contrastaban con su base oscura. Sus ojos eran de color café profundo, siempre atentos y observadores, reflejando su naturaleza analítica y estratégica. Vestía el uniforme de la Academia con orden y funcionalidad, sin adornos ni modificaciones. Su cuerpo irradiaba una energía cinética sutil, un aura de inminente movimiento, como si estuviera listo para explotar en cualquier momento.
Antes de que Ikki pudiera replicar con un comentario sarcástico sobre la lentitud de las defensas eléctricas de Tenshi, Toshio intervino con su habitual calma, señalando el cronómetro que marcaba los segundos finales.
-Menos de un minuto. Es momento de trazar las rutas mentales, no las discusiones.
El cronómetro llegó a cero.
¡BIP! ¡BIP! ¡BIP!
La sirena resonó con fuerza, y el corredor de cien metros se transformó en un infierno controlado. Desde el techo, se desataron ráfagas de viento polar, helando el aire y creando ventiscas cegadoras, mientras que el suelo comenzó a emanar olas de calor abrasador, creando un túnel de vapor que distorsionaba la visión y dificultaba la respiración.
Kotaro se lanzó hacia adelante, impulsado por una descarga de energía pura que ignoró la señal de salida. Su necesidad de probarse ante su padre, de demostrar su valía, era más fuerte que cualquier estrategia, más fuerte que cualquier instrucción. El joven héroe se envolvió en una capa de sombra, utilizando su Umbrakinesis para aumentar su velocidad y protegerse del calor abrasador. La oscuridad lo envolvía como un manto, ocultando su figura y permitiéndole moverse con mayor rapidez... al menos por un instante.
-¡Kotaro! ¡Control! -gritó Dagashi desde la plataforma, su voz cortante como un látigo, resonando en el hangar.
La advertencia de su padre resonó en la cabeza de Kotaro, y el impulso inicial se desvaneció, reemplazado por una punzada de duda. Un chorro de vapor sobrecalentado se coló por un punto débil en su defensa de sombra y le quemó la pierna, haciéndolo tropezar. La frustración y el dolor hicieron que sus ojos cafés brillaran intensamente de un rojo brillante, un signo de la inestabilidad de su Dominio. Por una fracción de segundo, una pequeña punta negra se asomó sobre su frente, y el suelo bajo sus pies crujió bajo el peso de una energía inestable, peligrosa. Tan rápido como el pensamiento, tan peligroso como la rabia.
Justo detrás de él, Akira no corría, sino que se deslizaba con una gracia inquietante. Con un brillo esmeralda en sus ojos, condensó la humedad del aire caliente a su alrededor y creó una fina capa de agua entre sus botas y el suelo abrasador, utilizando su control sobre el agua para manipular el entorno a su favor.
-¡El calor es mi ascensor! -murmuró Akira, usando el vapor para generar una propulsión eficiente, deslizándose a través del corredor con una velocidad sorprendente.
Toshio y Tenshi salieron justo después, trabajando en sincronía. Toshio no corrió; se enfocó, canalizando su poder a través de su pendiente de cruz. Proyectó una pequeña esfera de hielo de su puño y la lanzó hacia adelante, haciéndola estallar en el aire. La explosión congeló y rompió la cortina de viento polar en una lluvia de cristales que despejó un camino momentáneo, permitiéndole avanzar con mayor facilidad.
Tenshi se movió con un impulso eléctrico, sus pies apenas tocando el suelo mientras una fina capa de energía crepitante lo propulsaba hacia adelante, esquivando el calor del suelo con reflejos aumentados por la electricidad. Su cuerpo se movía con una precisión milimétrica, anticipando cada obstáculo y sorteándolo con una agilidad sorprendente.
Ikki observaba desde la retaguardia, analizando la situación con una frialdad calculadora. Su mente se sintió aliviada al sentir que el cableado de los ventiladores de viento polar había sido detectado por el sistema de seguridad del hangar. Antes de que Nimethys pudiera activar el protocolo de represalia, Ikki usó su telequinesis para no solo apagar la manipulación inicial, sino también para mover ligeramente las placas de calor del suelo, creando puntos fríos estratégicos en su ruta, permitiéndole avanzar con mayor seguridad.
Mientras Ikki ejecutaba su maniobra, el Profesor Nimethys sonrió con satisfacción, ajustando el panel de control con un brillo malicioso en sus ojos.
-Activando protocolo de represalia avanzada -murmuró, su voz apenas audible por encima del rugido del viento y el vapor.
El corredor reaccionó de inmediato. Las paredes de hielo con púas afiladas se levantaron de la nada, bloqueando las rutas de escape y convirtiendo el pasillo en una trampa mortal. Y directamente frente a Kotaro, que ya estaba inestable y luchando por controlar su Dominio, el calor se intensificó repentinamente, buscando fundir su defensa de sombra y consumirlo por completo.
La trampa era doble, un muro físico y la intensificación de un elemento opuesto, diseñados para poner a prueba los límites de los estudiantes.
Kotaro, aún lidiando con la punta negra del Dominio que amenazaba con crecer y consumirlo, reaccionó por instinto, impulsado por el miedo y la desesperación. Levantó su brazo y un escudo de sombra denso se manifestó frente a él, absorbiendo la onda de calor abrasador y protegiéndolo de las quemaduras. Sin embargo, este gasto masivo de energía lo ralentizó considerablemente, y el muro de hielo punzante estaba ahora peligrosamente cerca, amenazando con empalarlo.
Akira, que venía deslizándose justo detrás de él, frenó con un derrape perfecto, evitando por poco chocar con Kotaro. Sus ojos verde esmeralda brillaron con irritación ante el obstáculo repentino y estático.
-¡Predecible! -siseó, su voz cargada de desprecio.
Con un giro rápido de sus muñecas, Akira tomó el control del vapor caliente que llenaba el aire y lo dirigió hacia la base del muro de hielo. El vapor se condensó inmediatamente en agua líquida y caliente, creando una franja de niebla densa que comenzó a derretir el hielo desde abajo. No era un proceso rápido, pero era eficiente y constante.
Toshio, sin embargo, no perdió ni un segundo en contemplaciones. Él estaba en su elemento, donde la precisión y el control eran clave. Al ver el muro de hielo, su primer pensamiento no fue derretirlo, sino destruirlo tácticamente, utilizando su poder para crear una brecha segura.
Concentrándose intensamente en su pendiente de cruz, Toshio apuntó a la base del muro con ambas manos y disparó tres esferas de hielo en rápida sucesión. Las esferas explotaron al impactar, no solo congelando las púas afiladas, sino también creando una onda de choque criogénica que se extendió a través de la estructura del hielo. La fuerza de la explosión controlada, combinada con la fragilidad del hielo a temperaturas extremas, rompió el muro en un segmento central, abriendo un camino lo suficientemente ancho para que una persona pasara sin peligro.
-¡Adelante! -gritó Toshio, indicando el paso seguro a sus compañeros.
Mientras tanto, Ikki, que se encontraba al final del grupo, sintió la interrupción repentina en su hackeo mental. Vio a Tenshi acercarse a la abertura creada por Toshio y supo que estaba a punto de cometer un error.
-¡Tenshi, no intentes esquivar las púas! -advirtió Ikki mentalmente, usando su telequinesis para sentir la estructura del hielo y anticipar el peligro-. ¡Están electrificadas!
Tenshi se detuvo justo antes de entrar en la abertura creada por Toshio, reconociendo la validez de la advertencia de Ikki. Vio las púas electrificadas del muro a ambos lados del pasaje y asintió con una expresión de concentración. Canalizó su electroquinesis a través de sus manos y, en lugar de disparar rayos destructivos, tocó las dos secciones restantes del muro de hielo con un toque suave pero firme. La electricidad no derritió el hielo; en cambio, la corriente fluyó a través de las microfisuras de la pared congelada, desestabilizando su estructura interna a nivel molecular.
Dagashi observó la secuencia de eventos con una mirada crítica, analizando las acciones de cada estudiante. La precisión de Toshio, el control de Akira, la táctica dual de Ikki y Tenshi para deshabilitar el obstáculo: todo era impresionante, pero su mirada se detuvo en su hijo, Kotaro, cuya Umbrakinesis simplemente había servido como un escudo torpe, haciéndole perder un tiempo precioso y revelando su falta de control sobre su propio poder.
-¡Siguiente fase! -ordenó Dagashi, su voz resonando con una frialdad implacable, activando el siguiente nivel de la prueba.
Las paredes del hangar se abrieron con un estruendo, revelando una nueva sección del campo de pruebas. La pista se extendía ahora hacia una zona de combate simulado plagada de robots centinela con armadura reflectante, diseñados para dispersar la energía elemental y frustrar los ataques directos.
El grito de Dagashi fue un golpe más duro para Kotaro que cualquier chorro de vapor o muro de hielo. La sombra que lo cubría parpadeó y se disipó por completo, y el Dominio se retrajo de golpe, dejándolo expuesto y vulnerable. Levantó la vista solo para ver a sus primos y a los hijos de los villanos reformados cruzar la brecha con fluidez y determinación, trabajando en equipo para superar los obstáculos. La frustración lo paralizó, impidiéndole actuar.
-¡Comienza el trabajo en equipo! -ordenó Dagashi, su voz cortante y llena de impaciencia.
Akira tomó la delantera en este nuevo sector, su mente fría y estratégica analizando la situación con rapidez. Comprendió de inmediato la trampa que les habían tendido: la armadura reflectante de los robots dispersaría su agua, así como las explosiones de hielo de Toshio y la oscuridad de Kotaro, haciéndolos ineficaces.
-¡No usen fuerza bruta! -advirtió Akira a sus compañeros, pero no esperó una respuesta.
En lugar de atacar la armadura directamente, Akira se deslizó sobre su capa de agua condensada y apuntó a los sensores ópticos de los robots centinela. Con un movimiento rápido y preciso de sus manos, lanzó una ráfaga de agua presurizada, no con la intención de destruir, sino de cubrir y empañar los visores, cegando a las máquinas. Los robots, desorientados y cegados por una capa de agua, comenzaron a disparar sus rayos de dispersión al azar, creando un caos de energía incontrolada.
Ikki, al ver la maniobra inteligente de Akira, sonrió con satisfacción. Era el momento de poner en práctica su estrategia mental, utilizando su telequinesis para manipular el campo de batalla a su favor.
-Buena visión, Akira -murmuró Ikki, felicitando a su compañera por su ingenio.
Usando su telequinesis con una precisión increíble, Ikki no movió los robots directamente, sino que se concentró en manipular los micro-engranajes y las rótulas de sus piernas y brazos. Con una fuerza mental mínima, pero dirigida con exactitud quirúrgica, logró bloquear temporalmente el movimiento de tres centinelas, dejándolos rígidos e inmóviles en medio del campo de batalla.
Tenshi pasó como una exhalación entre los robots inmovilizados, su cuerpo envuelto en una fina capa de electricidad crepitante que lo protegía de los disparos erráticos. Los robots bloqueados por Ikki no podían apuntarle, y la electroquinesis de Tenshi le permitía reaccionar y maniobrar con una velocidad asombrosa, esquivando los rayos de energía y acercándose a la siguiente línea de defensa. Tenshi tomó la primera posición, demostrando su velocidad y agilidad.
Toshio se acercó con cautela, analizando la situación con su mente estratégica. Sabía que sus explosiones de hielo serían inútiles contra la armadura reflectante de los robots, así que necesitaba encontrar una alternativa. En lugar de atacar directamente, dirigió una pequeña explosión controlada hacia el suelo de metal, justo delante de los robots. El impacto congeló instantáneamente un área circular, creando una plataforma resbaladiza de hielo. Los robots que se movían sobre la superficie helada tropezaron y cayeron, y los disparos de otros centinelas rebotaron inofensivamente en las paredes, creando un caos aún mayor.
Kotaro, en cambio, se había quedado atrás, clavado en el lugar donde el Dominio lo había traicionado, incapaz de superar su frustración y su miedo. La Umbraquinesis le fallaba cuando más la necesitaba, y la voz de Dagashi resonaba en su mente, un eco constante de su fracaso.
-¡Muévete, Kotaro! -gritó Tenshi, pasando a su lado en un destello de luz y electricidad, señalando el error de su primo-. ¡Estás perdiendo el tiempo!
La frustración de Kotaro estalló en un gruñido sordo. No quería usar el Dominio, no quería confirmar el miedo de su padre a lo que él podría llegar a ser. Pero no había tiempo para vacilar, no había tiempo para dudar. Tenía que actuar.
Cerró los ojos por un instante, buscando la calma en medio del caos. Cuando los volvió a abrir, sus pupilas habían desaparecido, dejando en su lugar un vacío oscuro con un brillo rojo tenue. El pequeño cuerno en su frente se multiplicó, convirtiéndose en dos protuberancias óseas que sobresalían de su frente, y la cola sombría se manifestó por completo, latiendo con una energía oscura y amenazante. No era el control total, pero era suficiente para desatar su poder.
Kotaro se lanzó hacia adelante, no atacando a los robots directamente, sino al suelo que los sostenía. Concentró su energía en su puño y golpeó el metal con una fuerza sobrehumana. La Umbraquinesis no era simplemente un poder elemental; era el dominio físico de la sombra, la capacidad de manipular la oscuridad a voluntad. La sombra se extendió por las grietas del suelo y, con una fuerza destructiva imparable, desestabilizó los cimientos de la plataforma de los robots, haciendo que un gran segmento se inclinara y colapsara, enviando a los centinelas al vacío.
Él había tomado la ruta más difícil y peligrosa, la ruta de la destrucción total, justo lo que su padre temía que hiciera.
Dagashi observó la escena con una mirada fría, sin mostrar ni ira ni aprobación. Su rostro era una máscara de decepción. El Dominio de Kotaro era innegablemente efectivo, pero el control había fallado por completo.
-La prueba aún no ha terminado -anunció Dagashi, su voz resonando con un tono de advertencia, activando la última fase del corredor.
Una barrera de energía pura, silenciosa y pulsante, se levantó a diez metros de la meta, bloqueando el camino hacia la victoria. Era invisible al ojo humano, pero su presencia era inconfundible, diseñada para anular la telequinesis de Ikki y la electroquinesis de Tenshi, y para dispersar las explosiones de hielo de Toshio, frustrando cualquier intento de superarla con fuerza bruta.
Tenshi, el más cercano al muro, reaccionó de inmediato, impulsado por su instinto competitivo. Canalizó su electroquinesis, buscando la frecuencia de la barrera, intentando sobrecargarla o, al menos, abrir una microfisura por la que pudiera colarse.
Con un grito de concentración, Tenshi lanzó una poderosa ráfaga de electricidad concentrada hacia la barrera. Al impactar, la energía de la barrera absorbió y dispersó el rayo con facilidad, como si fuera una esponja. Pero eso no fue todo. La fuerza del rebote electromagnético fue demasiado para Tenshi. Fue lanzado hacia atrás con violencia, cayendo en un revuelo de chispas inofensivas sobre el suelo, aturdido y desorientado por su propia energía rechazada.
Ikki, que acababa de usar su telequinesis para estabilizar su paso, vio el error fatal de Tenshi. Sabía que su poder mental sería inútil contra ese tipo de contramedida psíquica, una barrera diseñada específicamente para bloquear y repeler las habilidades telequinéticas. Sin embargo, impulsado por la arrogancia y la necesidad de demostrar su valía, no podía quedarse quieto, observando cómo sus compañeros fallaban.
Cerró los ojos y se concentró, intentando sentir la estructura molecular de la energía que formaba la barrera, buscando un punto débil, una grieta en la armadura psíquica que pudiera explotar con su mente. Intentó empujar, no la energía en sí, sino el aire que la rodeaba, el espacio que la contenía, con la esperanza de desestabilizar su forma. La tensión mental fue inmensa, como si estuviera intentando mover una montaña con la fuerza de su pensamiento. De repente, sintió un dolor agudo en su cabeza, una punzada abrasadora que le nubló la visión. La barrera no solo dispersó su fuerza telequinética, sino que también devolvió la presión psíquica directamente a su mente, amplificada y distorsionada. Ikki se desplomó hacia adelante, llevándose las manos a las sienes, derrotado por el dolor insoportable.
Toshio observó los fallos de sus primos con una mirada sombría. Él sabía que una explosión de hielo solo se convertiría en vapor inútil al entrar en contacto con la barrera de energía. Buscó una ruta lateral, una forma de sortear el obstáculo, pero las paredes del hangar también estaban energizadas, impidiéndole escapar.
Con un plan desesperado, Toshio corrió hacia la barrera, usando su poder no para atacar, sino para protegerse. Lanzó varias esferas de hielo a sus pies, creando una gruesa armadura de hielo denso y explosivo alrededor de su cuerpo, envolviéndose en un capullo protector. Intentó atravesar la barrera con fuerza bruta, confiando en que la explosión constante de su armadura de hielo podría “abrir” una grieta inestable, permitiéndole pasar. Al chocar contra la barrera, la energía la disolvió instantáneamente, enviando el frío de vuelta hacia él. Toshio cayó de rodillas, el impacto y la repentina pérdida de energía dejándolo exhausto y temblando.
Akira, por su parte, intentó deslizarse por debajo de la barrera, condensando su agua en un chorro de fluido ultra presurizado con la esperanza de cortar el metal de la base y crear una abertura. Sin embargo, el metal estaba protegido por el mismo campo de energía que formaba la barrera, y su chorro de agua se dispersó en una fina niebla inofensiva al entrar en contacto con él. Akira se detuvo, frustrada, justo antes de la línea de meta, incapaz de encontrar una solución.
Y Kotaro, que acababa de usar el Dominio en un arrebato de rabia incontrolable, no tenía la energía ni el control necesarios para lanzar otro ataque. La sombra se había disipado por completo, dejándolo solo con la frustración de su fracaso y el peso de la decepción de su padre. Se inclinó hacia adelante, exhausto, derrotado.
El cronómetro, que había estado corriendo en silencio durante toda la prueba, llegó a su límite, marcando el final del tiempo asignado.
00:00:00
Con un fuerte zumbido, la barrera de energía se desactivó, desapareciendo sin dejar rastro. Las ondas de calor y las ráfagas de viento polar cesaron repentinamente, y el hangar se iluminó con una luz brillante y uniforme. Los robots centinela se apagaron, volviendo a su posición de reposo, como si nunca hubieran estado en combate. La prueba de Resistencia Elemental había terminado.
Argus y Nimethys descendieron de la plataforma elevada, caminando entre los estudiantes agotados con expresiones serias. Dagashi se quedó inmóvil en la plataforma, observando a su hijo y a los demás con una mirada penetrante, sin revelar sus pensamientos.
-Cero puntos por cruzar la meta -declaró Argus con una voz inusualmente suave, sin rastro de sarcasmo-. La prueba era de control y adaptación, no de fuerza bruta. Todos ustedes han fallado en ese aspecto.
Nimethys, consultando los datos en su tableta, añadió un comentario frío y objetivo: -Akira e Ikki mostraron la mejor estrategia inicial, pero su arrogancia y su incapacidad para adaptarse a la contramedida los llevaron a la derrota. Tenshi y Toshio dependieron demasiado de la fuerza bruta de sus elementos, lo cual fue fácilmente contrarrestado por la barrera de energía.
Dagashi finalmente habló, dirigiéndose directamente a Kotaro, que aún se lamentaba por la manifestación incontrolable del Dominio y el temor que había provocado en su padre.
-Kotaro. El poder por sí solo no te hace un héroe. El control, la disciplina y la capacidad de tomar decisiones sabias, sí. Recuerda eso.
La primera prueba había sido un fracaso total para la nueva generación de héroes.