Capitulo 1: El Precio del Linaje

(Siento que las paredes me observan. Hace tres días que mi hermano gemelo, Stefan, no da señales de vida. Sus cuentas están vacías, su apartamento revuelto... Algo está mal. Muy mal. Siento un peso en el pecho que ninguna coreografía puede aliviar).
El estruendo de la pesada puerta de roble chocando contra la pared rompió la melodía del piano. Bianca se detuvo en seco, su pecho subiendo y bajando con fuerza. En el umbral, recortada por la luz del pasillo, se erguía una figura que parecía arrancada de las pesadillas más profundas de la mafia rusa.
Él no caminaba, acechaba. Medía casi un metro noventa, con una espalda ancha que parecía cargar con el peso de todo el submundo criminal ruso. A sus 28 años, desprendía un aura de peligro absoluto. Su rostro era de una belleza cruel: pómulos afilados, una mandíbula que parecía esculpida en granito y aquel cabello rojo intenso, como sangre derramada sobre la nieve, que caía desordenadamente sobre su frente. Pero lo que realmente paralizó a Bianca fueron sus ojos. Eran dos pozos de ámbar encendido, oro fundido que parecía quemar todo lo que tocaba.
—Vaya, vaya... —la voz de él era un barítono profundo, cargado de una ironía cruel—. Así que aquí se escondía el pequeño cisne mientras su hermano rata huía por la alcantarilla. 😈
Él caminó hacia ella con la elegancia de un depredador que sabe que su presa no tiene a dónde ir. Cada paso de sus botas de cuero resonaba como una sentencia de muerte.
Es malditamente idéntica a él. Ver esos ojos azules y ese cabello de dos tonos es como ver al imbécil de Stefan. El idiota que manejaba mi dinero, que conocía mis rutas... y que se atrevió a huir con la mujer que iba a ser mi esposa. Stefan me robó el honor, pero su hermana me lo devolverá con creces.
—¿Quién es usted? ¿Qué quiere? —logró decir Bianca, aunque su voz tembló. Sus ojos de gato, tan claros como el hielo ártico, se clavaron en los de él con un desafío que él no esperaba.
Él llegó frente a ella, invadiendo su espacio personal hasta que Bianca pudo oler su perfume: una mezcla de sándalo, tabaco caro y algo metálico que la hizo estremecer. Él extendió una mano enguantada y atrapó un mechón de ese cabello plateado, tirando de él con la fuerza justa para obligarla a inclinar la cabeza hacia atrás.
—Hola, pequeña. Mi nombre es Dante Volkov —susurró, su rostro a milímetros del de ella—. Tu hermano cometió un error fatal. Stefan huyó con mi prometida y una fortuna que no le pertenecía. Pensó que podría desaparecer, pero olvidó que en la familia Varkas el pecado es hereditario. ⛓️👀
¿Stefan? No puede ser... ¿Cómo pudo Stefan hacer algo así? ¿Escapar con la mujer de un Volkov? Nos ha condenado a los dos... Ese estúpido nos ha sentenciado a muerte.
—Yo no sé dónde está... lo juro —balbuceó Bianca, sintiendo el calor abrasador que emanaba del cuerpo de Dante.
—No me importa dónde esté él ahora. Te tengo a ti. —Dante bajó la mirada hacia los labios de Bianca, una sonrisa depredadora curvando sus facciones—. Mi organización exige una compensación. Mi cama exige una mujer. Y mi nombre exige una esposa para limpiar la humillación de la fuga de la anterior. 💍
Dante la atrajo hacia sí con brusquedad. La mano que antes sostenía su mandíbula bajó hasta su cuello, no para asfixiarla, sino para marcar propiedad. Bianca sintió la frialdad del anillo de sello de Dante contra su piel.
—Te casarás conmigo mañana mismo. Serás la señora de la casa Volkov. Y cada noche, cuando te tome, recordaré que tu hermano me debe la vida. Si intentas huir, si intentas gritar... Stefan morirá de una forma que hará que el infierno parezca un spa. ¿Entendido, mi pequeña bailarina? 🥀🔥
Bianca miró fijamente esos ojos color ámbar. No había rastro de piedad, solo una obsesión oscura que acababa de convertir su libertad en cenizas.
Sus manos son tan grandes... siento que podría romperme en dos si quisiera. Mi hermano nos condenó a ambos, y ahora soy el juguete de un monstruo que huele a pecado.
—Entendido —susurró ella, aceptando su cadena de oro.
Dante soltó su cuello y le dio una palmada suave en la mejilla, un gesto cargado de desprecio y posesión.
—Buena chica. Prepárate, Bianca. Tu baile privado acaba de empezar.
Ella era el eco de su traición, y él, la jaula dorada que la ahogaría en pasión.
— S.P. Rivers









Empezare a leer en lo que actualizas " propiedad de la bestia" 😉