Capítulo 1
La puerta principal de la casa de Jimin se abrió con un suave clic, revelando un mundo que parecía sacado de un sueño infantil. Todo el interior estaba bañado en un rosa bebé tan claro que casi parecía blanco bajo la luz del atardecer: las paredes, el piso de madera pulida, las lámparas colgantes e incluso los marcos de las fotos en las estanterías. Solo unos pocos elementos rompían la sutileza con un rosa fuerte y vibrante: las cortinas gruesas que filtraban la luz del sol, las puertas interiores que daban un toque dramático, el sillón mullido en la sala y, aunque no lo veían aún, la cama en el dormitorio principal.
Taehyung, Jungkook y Jin entraron con expresiones de asombro mezclado con diversión. Tae, siempre el más expresivo, soltó un silbido bajo mientras observaba el lugar.
-Mochi, esto es... ¿un palacio de algodón de azúcar? Nunca imaginé que tu casa fuera tan... rosa
Jungkook, con una sonrisa juguetona, ajustó su mochila en el hombro.
-Es como entrar en una burbuja. Me encanta, Jimin-ah
Jin, el mayor, negó con la cabeza fingiendo escándalo, pero sus ojos brillaban con cariño.
-Yo pensaba que mi cocina era extravagante, pero esto... ¿dónde está el interruptor para cambiar el color? ¿O es permanente?
Jimin, vestido con un suéter oversize de lana rosa pálido, pantalones cargo en un tono salmón suave y zapatillas con detalles de encaje rosado -un estilo que mezclaba elegancia cute con toques alternativos, como los pendientes plateados en forma de estrellas-, les sonrió desde el pasillo. Su apariencia era impecable, pero detrás de esa dulzura se ocultaba el hijo del líder de una red mafiosa peligrosa, alguien capaz de cerrar tratos letales con una sonrisa y capas de todo con tal de proteger a su hijo.
Nadie se daría cuenta al verlo ahora, rodeado de su obsesión por el rosa en todos sus tonos.
-Bienvenidos, chicos. Pasen, pasen. Ignoren el desorden
Dijo Jimin con una risa ligera, guiándolos hacia la sala. Sobre el sillón rosa fuerte, había una pila de ropa extendida: camisas ajustadas en tonos neutros como negro y gris, pantalones formales sin un ápice de color, y chaquetas que parecían sacadas de un catálogo corporativo. Jimin estaba sacando más prendas de un armario cercano, todas dobladas con cuidado pero claramente destinadas a ser descartadas.
Jungkook se acercó curioso, tocando una de las camisas.
-¿Qué es todo esto, Jimin? ¿Estás haciendo limpieza de armario?
Tae se sentó en el borde del sillón, cruzando las piernas.
-Parece ropa... normal. No como la tuya, que siempre es tan... ¿rosa y fabulosa?
Jimin suspiró, dejando caer otra camisa en la pila.
-Exacto. Esta es la ropa que no uso. Es muy ajustada, me pica horriblemente,miren estas telas, parecen diseñadas para torturar y además, es toda regalada por mi familia. Querían que me viera ‘normal’, ya saben, como un tipo común y corriente. Nada de mi estilo elegante y cute con toques alternativos. Pero ¿yo? Prefiero mis rosas en todos los tonos: del bebé al fucsia intenso. Esto va directo a donación.
Jin soltó una carcajada, sentándose al lado de Tae.
-¡Mochi, ahora eres como un mafioso! Imagina a tus ‘socios’ viéndote en una reunión con un suéter de conejitos rosados. Serías invencible.
Jimin guiñó un ojo, su expresión juguetona pero con un brillo astuto en los ojos.
-No subestimen el poder del rosa, chicos. Es mi armadura, además eso es temporal. Ahora, ¿quieren té? Tengo uno de rosas, por supuesto.
Los tres visitantes rieron, acomodándose en el sillón, mientras la casa rosa los envolvía en una calidez inesperada, contrastando con el mundo peligroso que Jimin navegaba fuera de esas paredes.
El té de rosas llegó en tazas de porcelana rosa palo con borde dorado. El aroma era dulce, casi empalagoso, como si alguien hubiera destilado un ramo entero de flores y lo hubiera servido caliente. Jungkook lo olió con desconfianza antes de dar un sorbo pequeño.
-Está... rico- admitió, sorprendido.
Jimin sonrió de medio lado, sentándose en el suelo frente a ellos, cruzando las piernas con la gracia de quien podría romperle el cuello a alguien sin derramar una gota de té. Mientras su chófer llevaba toda la ropa a donar
-Es mi favorito. Calma los nervios antes de... bueno, ya saben- dijo, y su voz bajó apenas un tono, como si las paredes rosadas pudieran delatarlo.
Taehyung se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas.
-¿Antes de qué, hyung? ¿De ir con tu papa a las juntas con un tacón rosa?
Jimin soltó una risa cristalina que no llegó del todo a sus ojos.
-Hoy solo recojo un paquete de mi papa. Pero sí, el tacón es una opción válida si alguien se portan mal.
Jin levantó una ceja, mirando la pila de ropa desterrada.
-¿Y de verdad te va a volver el jefe?
- Es temporal- respondió Jimin, encogiéndose de hombros - Dijo que quería que aprendiera por lo menos a liderar y después podía hacer lo que quisiera, pero le aclare que no me vería normal, yo ya cumplí con esa cuota durante veinte años. Ahora vivo para mí.
De pronto, su teléfono vibró sobre la mesa baja. El fondo de pantalla era una selfie suya con un filtro de orejitas de conejo rosas. Lo desbloqueó con el dedo meñique.
-Ya llegaron- dijo simplemente.
Los tres se miraron.
-¿Los del paquete?-preguntó Tae en voz baja.
Jimin asintió. Se puso de pie, se acomodó el suéter rosa pálido y se calzó unas botas militares... rosa fuerte, por supuesto.
-Vuelvo en diez minutos. No toquen nada. Y si abren el armario del pasillo- miró directamente a Jungkook- van a encontrar cosas que no quieren ver.
Salió sin más, dejando la puerta apenas entreabierta. El aire se sintió más pesado de repente.
Jin soltó un suspiro largo.
-¿Alguien más tiene la sensación de que acabamos de entrar al escondite de una Barbie asesina?
Taehyung se rio nervioso.
-Yo solo quiero vivir para contarlo.
Desde la ventana, vieron a Jimin caminar por el jardín delantero (también rosa, con flamingos de cerámica) hacia un auto negro que acababa de estacionar. Abrió el maletero con calma, recibió una caja pequeña envuelta en papel negro, firmó algo en una tablet y volvió caminando como si regresara de comprar pan.
Cuando entró de nuevo, traía la caja en una mano y una sonrisa angelical.
-¿Vieron? Diez minutos exactos.
Jungkook no pudo contenerse.
-¿Qué hay dentro?
Jimin abrió la caja con cuidado. Dentro, sobre un cojín de terciopelo rosa, un celular muy hermoso y moderno cubierto de cristales Swarovski... rosado
-Mi nueva bebé- susurró, acariciándola como si fuera un gatito y leyó la carta que tenía adentro- Dice que papá lo encargo hace tres meses por mi cumpleaños que ya pasó. Edición limitada.
Jin se atragantó con el té.
-Eso... eso es muy caro.
- Si - Dijo feliz- Bueno ¿Quieren ver una pelicula?
Los tres dijeron “si” al unísono
Jimin sonrió, y por primera vez esa tarde, la sonrisa llegó hasta sus ojos.
Mientras veían la película Taehyung curioso dijo
-Mochi... una cosa- dijo, girando la taza entre sus dedos- Tú llegas a las reuniones con esa cara de ángel, con tu traje rosa pastel o tu suéter con orejitas, y de repente... El hijo del jefe de verdad. ¿Qué cara ponen los socios cuando se dan cuenta?
Jimin, que estaba acomodándose un antifaz de dormir con pestañas postizas incluidas, se lo bajó lentamente hasta la barbilla. Sus ojos brillaron con una mezcla de diversión y algo mucho más oscuro.
-La primera vez que me vieron en persona- empezó, recostándose contra el sillón rosa fuerte -fue en Busan. Yo tenía veintitrés años. Entré con un abrigo tres cuartos rosa chicle, botas hasta la rodilla del mismo color y un maletín de charol con mi inicial en strass. Cuando me presenté como Park Jimin, el hijo del jefe del territorio sur... se hizo un silencio que se podía cortar con cuchara.
Jungkook dejó de reírse y se sentó derecho.
-¿Y qué pasó?
-Uno de los veteranos, un tipo que lleva treinta años en esto, se rio. Literalmente se rio en mi cara. Dijo: ′ Jefe ¿Este es el niño que nos va a mandar ahora? ¿Vamos a hacer negocios en una pastelería?′
Taehyung abrió mucho los ojos.
-¿Y tú qué hiciste?
Jimin sonrió, lento, casi tierno.
-Le sonreí de vuelta. Le dije: ‘Señor Kang, ¿le gusta mi abrigo? Es nuevo’. Luego saqué mi navaja y le corté su cuello con la navaja lo suficiente para hacerlo gritar nada mas. Le dije: ‘La próxima vez será su lengua si vuelve a reírse de mi color favorito.’
Silencio.
Jin tragó saliva.
-¿Y entonces?
-Desde entonces nadie se ríe-respondió Jimin, encogiéndose de hombros como si hablara del clima-Ahora cuando entro a una sala, todos se ponen de pie. Da igual si llevo un traje hecho a medida rosa bebé o una sudadera con orejas de gatito. Se levantan. Porque saben que debajo del rosa hay alguien que no duda en teñir de rojo la alfombra si hace falta.
Jungkook soltó una risita nerviosa.
-Entonces... ¿el rosa es como tu marca personal de miedo?
-Exacto- dijo Jimin, poniéndose el antifaz otra vez- La gente espera a un hombre de negro con cicatrices. Yo les doy un príncipe de fresa. Y cuando se dan cuenta de que el príncipe puede hacerlos desaparecer con una llamada... el contraste los rompe. El miedo con ternura es el miedo más puro que existe.
Jin levantó su taza en un brindis silencioso.
- Por el mafioso más aterradoramente adorable del país
Los cuatro chocaron sus tazas rosas felices de pasar el tiempo con Jimin mientras afuera, el sol se ponía tiñendo el cielo del mismo tono que las cortinas de la casa de Mochi, rosa fuerte, intenso, imposible de ignorar.
Hasta aquí el capítulo de hoy, espero que aya sido de su agrado. Muchas gracias por seguirme y apoyar mis fanfics. (◍•ᴗ•◍)✧*。