Provocación
Raúl
Caminando por entre las solitarias calles de la ciudad, Raúl, soltero y con ganas de pasar el rato con alguna prostituta, era un hombre bastante feo, asalariado y con una vida demasiado aburrida, solo tenía algunos amigos del trabajo, y como la mayoría tenían hijos y obligaciones, pues no había planes para salir a jartar y pasar el rato en un rumbeadero.
él tenía una señora de la noche especial, y no era por la manera en la que tenían sexo, sino porque la consideraba una persona que de verdad podría contarle cosas de su vida personal y social, ella, un poco mayor, atendía a sus charlas, y también ella hablaba sobre su vida, la cual estaba marcada por el uso de las drogas a un edad temprana, el abandono de sus padres y su pésima vida amoroso, bien justificada por la labor que ejercía.
Raúl no la señalaba, no le recordaba que solo era un cuerpo para satisfacer, es más, hasta le había dicho muchas veces que se fueran a vivir, sin embargo ella tenía que pagarle una enorme cantidad de dinero al chulo del barrio, y como la suma era bastante cuantiosa, ella estaba condenada a vivir todo el resto de su vida en esas condiciones.
La noche caía y Raúl ya estaba en el cuarto de la prostituta, esta vez, sin embargo, no era para tener sexo, él le comentó entre susurros de que tenía una idea para que ella pudiera salir de ese lugar tan nefasto. La prostituta no le creyó, y arremetió que se quitara esa idea de la cabeza, puesto que nunca conseguiría él la cantidad necesaria para poder sacarla, y si hablaba de alguna manera de sacarla a escondidas era imposible, esto debido a que la seguridad era demasiado estricta, así que era mejor dejar de lado esa absurda idea.
Raúl le insistió nuevamente, puesto que tenía un contacto de uno de los baristas del lugar, además de que uno de seguridad, amigo de él, podía ayudarlos a que ella saliera. Sonaba todo demasiado raro, pues los de seguridad no hablaban comúnmente con los clientes del lugar, y que ella supiera, los baristas mucho menos, no obstante, decidió creerle, pero le dijo que le explicara del plan, y si podía, más a detalle, para saber si lo podría hacer.
Raúl se acomodó un poco más en la cama, cerca a ella, para no tener que alzar demasiado la voz, el plan era así; él entraría un día normal, pediría unas cervezas pero no las pagaría, el barista empezaría a gritar y a llamar la atención de todos, ella en complicidad del guardia saldrían rápido y la metería en el auto de Raúl, él pagaría lo que se hubiera bebido, y así podrían escapar los dos.
Ella le dijo que era interesante esa idea, y para variar de tema, le comentó sobre algunos extraños sueños que estaba teniendo, que ella estaba en una especie de mundo, y que pasaban cosas completamente extrañas y aterradoras. Raúl le dijo que era un poco normal, pues vivía en un mundo donde los excesos y las cosas extravagantes eran el pan de cada día, que no se preocupara tanto por eso, en cierto modo, era una respuesta de su mente y cuerpo de que tenía que abandonar esa vida.
Ella solo se limitó a asentir, tenía que irse de ese lugar lo más pronto posible, era necesario. Raúl tenía que partir, era hora de que ella empezara a trabajar, su cuerpo no solo era para él. Se prometieron de que iban a volver a verse, y que lo que habían hablado era una eterna promesa.
¿Se lo permitiría el destino?... No.





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