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Tu cita de San Valentín

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Sinopsis

Justo cuando Ranma declara que el amor son puras tonterías literarias, el destino decide ponerlo a prueba. Es San Valentín, y tendrá que admitir que sabe mucho más de amor de lo que quiere reconocer.

Genero:
Romance
Autor/a:
Santelll
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

La definición del amor

Este fic participa en la #dinámica_de_febrero_2026 de la página de facebook Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma, #díadelamor #conmelodíadeamor y #besitos

—Y qué vas a saber tú de eso, no eres más que una ingenua que no sabe nada de nada.—comentó Ranma, sin despegar los ojos del comic que supuestamente leía.

Supuestamente, porque el susodicho comic no tenía ni 20 páginas de solo luchas y peleas, y él ya llevaba ahí, tirado en el piso, más de media hora.

Akane, que ya tenía la tolerancia al límite con sus comentarios de esa tarde, le arrojó a la cabeza lo primero que alcanzó: un pesado ejemplar de un libro que ella y su club de lectura llevaban ya una semana leyendo, analizando y recreando.

Ranma lo esquivó fácilmente y no dudó en sacarle la lengua burlonamente.

Aquella actividad era una completa bobería y pérdida de tiempo total, pensaba él, y sin embargo cada jueves se veía en la necesidad de estar presente.

—Métete en tus asuntos, Ranma!—gritó furiosa la chica de cabello corto—Es más, por qué sigues aquí? ni siquiera te gusta leer—terminó casi chillando con las manos apoyadas en las caderas.

—También soy parte del club, recuerdas? De hecho, soy uno de los fundadores de esta cosa. No puedes echarme.

—Akane, déjalo.—pidió alguna de las chicas tras de ella.

La aludida dio media vuelta, alisó la falda de su uniforme de colegio y volvió a sentarse, no sin antes darle una furiosa mirada a su prometido.

No entendía por qué razón Ranma insistía en estar presente durante las reuniones si todo lo que hacía se resumía en dos cosas: leer comics y quejarse de cualquier cosa.

Sin querer prestar más atención a las niñerías de su prometido, retomó la lectura que hasta hace poco realizaba, dispuesta a retomar el análisis junto a sus compañeras prontamente.

—Qué crees que es el amor?—leyó Akane, acentuando la voz con emoción.

—Que qué es el amor, preguntas?—un joven (Yamamoto o Yamada, Ranma no estaba seguro), sentado frente a su prometida, se apresuró a continuar la lectura mirando indiscretamente a la chica—Mi corazón late solo por ti. Con nadie más se acelera de tal modo. Necesito de tu contacto y cada noche en mis sueños siempre estás tú. —El chico de cabello castaño y ojos café se levantó y dio dos pasos en dirección hacia Akane—Bien, te confieso: si tú ríes, yo quiero ser la razón; si el llanto habita en tu rostro, solo yo debo ser la razón...yo, haría cualquier cosa por ti—terminó de recitar aquella estúpida línea arrodillándose frente a la chica y tomando con delicadeza su mano, quiso dejarle un beso en el dorso.

El libro volvió a cruzar volando el espacio y aterrizó, esta vez, directo en la cabezota del atrevido lector que con total descaro tocaba a su prometida.

—Ranma...—se escuchó quedamente la voz de Akane.

.

.

.

La última de los integrantes del bendito club de lectura salió. Ranma y Akane permanecieron ahí, en silencio, un poco más.

—No voy a disculparme—soltó él de repente—Ese tipo es un...! Sabes que odio a los aprovechados como él.

—No he dicho nada. De todas formas, yo estaba a punto de golpearlo antes de que lanzaras el libro.—concordó ella.

—Sí, claro—se quejó Ranma— Sabes, te veías muy a gusto mientras te decía todas esas boberías, cualquiera te endulza el oído fácilmente, Akane.

—Bueno, no me lo decía a mí... eso es lo que dice en el libro—discrepó ella— Lo sabrías si al menos hubieras participado en las lecturas.

Ranma chasqueó la lengua con fastidio.

—No me hace falta, ya te lo dije: son solo boberías. El amor no es nada de eso, ni siquiera de cerca.

—Ay, cállate, Ranma. El autor es uno de los mejores en el género romance.

—Por favor, son solo frases hechas. Ese “autor” no tiene ni idea de lo que es el amor.

—Lo que hay que oír.—Akane casi sonrió ante tal osadía y con las manos en la cintura procedió a cuestionar a su prometido.— Tú sabrás mejor lo que es el amor, supongo?.

Ranma parpadeo rápidamente y acto seguido aclaró su garganta.

—Algo sé de eso, sí.

—Ajá. Pues entonces dime, ¿qué es?

—Es, el amor es, ya sabes, amar a alguien es...Es como si, bueno...se trata de...ya sabes, es...bueno

El amor es, pensó Ranma,cuando sonrío junto a ti. Es ese escalofrío agradable cuando se rosan nuestras manos, es compartir una broma y buscar tu mirada porque sé que tú me entendiste.

Para un chico como él, el amor era algo que sentía y sabía que era amor porque nunca antes lo experimentó hasta conocerla y era exclusivo, no lo sentía por nadie más que por ella. Al menos esa es la definición del amor para él.

—No tienes ni idea, ¿cierto?—se burló Akane—No sé qué esperaba de un insensible como tú.—terminó dándose la vuelta, dispuesta a salir.

—Espera un momento, quieres!—la interceptó, ofendido, antes de que llegara a la puerta— Bien, para empezar el corazón es un músculo, sí? latir es su función. Esa frase no tiene sentido.

—Eso ya lo sé, pero es lindo—defendió Akane—Ser la razón de que el corazón de alguien se agite.

—Tonterías, el corazón se agita por cualquier cosa— desdeñó sincero— Correr, nadar, un susto—enumeró Ranma, puntualizándolo con sus dedos— lo entiendes? El mérito es más de quien lo calma que de quien lo acelera.

—No sabes nada de romance. El protagonista está declarando su amor, por eso le dice que necesita su contacto y que siempre la sueña.—refutó ella, airadamente

Ranma soltó un bufido. Ya lo estaba hartando toda esa bobería de analizar párrafos de una obra tan simplona como esa.

—Soy hombre, ¿sí?, te haré un favor y te lo voy a traducir: significa que el tipo está caliente y le urge convencer a la chica para que...

—Ranma!—regañó escandalizada Akane, dando un paso más hacia él—Eres un bruto, ¿no lo ves?, él quiere ser el motivo de sus risas, de su llanto...

—Todo lo que escuché fue yo, yo y más yo—disputó el joven de cabello trenzado, inclinándose más cerca de ella— La que no lo ve eres tú, boba.

—Insensible!—chilló Akane, con los bonitos ojos castaños echando chispas—él está diciendo que haría cualquier cosa por ella porque la ama!

—Eres una cabeza hueca!—respondió Ranma, casi a centímetros de sus labios—Entonces, ¿qué no he hecho yo por ti, ah?

El aliento de ambos se mezclaba suavemente en esa escasa distancia y los iris dilatados se antojaban enormes para el pobre chico, si tan solo tuviera el valor de ...

—Ya bésense — los interrumpieron sus amigos, como si le leyeran la mente, asomados desde la puerta.

Ranma se separó, incómodo, de su prometida, le dio un golpe a Daisuke al pasar y salió de ahí maldiciendo su lengua suelta.

—Ranma, eres un...idiota—se quejó Akane, ya sola.

.

.

.

El chico se mantuvo caminando sobre la alambrada al regresar a casa. De vez en vez, le echaba una mirada fugaz a la chica de cabello corto.

Aún indignada, su prometida se negaba a mirarlo, apretando con fuerza el maletín en sus manos.

No había duda de que no existía sobre la faz de la tierra mujer más obcecada, testaruda, torpe y necia que Akane!

—Ranma—la escuchó decir repentinamente y la sorpresa casi lo hace caer de donde se encontraba— lo que dijiste hace un rato...

Lo que él había dicho? Recordó Ranma apresuradamente. Lo sabía, ella estaba molesta por lo último que le dijo.

No, imposible... Ella no estaba cuestionando esa arrebatada confesión de que él había hecho de todo por ella, verdad?

No iba a concluir, erróneamente por supuesto, que todo era porque la amaba, ¿cierto?

Ella no creería algo así, ¿no?

De ninguna manera ella uniría esas piezas del rompecabezas.

Pero, y si Akane concluyó justo eso y ahora iba a burlarse de él?

Debería ser más rápido y negarlo?

Aunque él mismo lo había dicho ya: qué no había hecho y qué no haría por ella, para protegerla incluso de él mismo.

Porque Akane era su prometida y...

No...

Porque ellos...más bien, porque él...

Ah, ¿qué caso tenía negarlo?

Él la amaba como nadie más podría (y no es como que lo permitiría)

Pero no podía dejar que ella lo supiera, se moriría de vergüenza, no en su condición, aunque la amara tanto que ni siquiera habían palabras para expresarlo.

!¿Pero qué estaba pensando!?

Ranma contuvo el aliento mientras la chica terminaba la idea.

—... Lo que dijiste sobre que no sé nada de nada del amor o estar enamorada, no es cierto—explicó Akane, que ahora sí le miraba.

Ranma casi pierde el equilibrio ante el peso de sus hermosos ojos caobas.

Qué chica tan tonta! Ni siquiera tenía que preocuparse de que ella entendiera lo que le había dicho. ¡Ella no lo entendería ni aun si él lo gritaba!

¡Torpe, Torpe, Torpe marimacho!.

—Ya, pues no es que me a mí importe si sabes o no—respondió saltando de la barda para caminar a su lado, en una superficie un poco más estable—Sólo digo que deberías cambiar de libro. Ese sólo dice tonterías.

Su prometida apretó el maletín en sus manos y volteó el rostro, enfadada por la ofensa a aquella lectura, seguramente

— No hace falta que lo digas, ya sé que no te importa nada que tenga que ver conmigo, idiota! —le gritó mientras se echaba a correr

Ranma miró como la chica se alejaba de él con las palabras aún resonando en su mente.

Cómo había llegado a esa conclusión? Y por qué en lugar de golpearlo, como de costumbre, huía de esa forma?

La discusión se repitió desde el inicio en sus oídos otra vez.

—Ah!— entendió finalmente él—Demonios, Akane.

.

.

.

La escuchó gritar mientras partía ladrillos con las manos desnudas, en el patio lateral, junto al dojo. A cada paso que daba en su dirección, ella sonaba más molesta, eso era seguro. Quizás, pensó Ranma, no era el mejor momento para molestarla.

Pero, al final, sus pies lo llevaron, irremediablemente, hasta ella.

Tan pronto como la chica de cabello corto lo vio llegar, un gesto de disgusto se instaló en su rostro. Las mejillas sonrojadas, los labios apretados en una perfecta línea recta, la mirada llena de rabia.

Tan bonita.

Ranma sacudió la cabeza cuando ella evitó su mirada, como si con eso pudiera ahuyentar sus propias ideas y se acercó con seguridad calculada a su prometida.

—Y ahora ¿qué quieres?—gruñó Akane, secándose el sudor de la frente con la manga de su gi.

— Por Kamisama, es que tengo que querer algo de ti para poder buscarte?—respondió inocentemente, pateando un trozo pequeño de bloque recién partido, con ambas manos en los bolsillos.

Akane soltó un bufido, fastidiada hasta la médula con su existencia.

— Si no quieres nada, entonces no me estorbes, necesito relajarme—la chica de cabello corto pasó junto a él, buscando apilar otros tantos ladrillos, futuras víctimas de sus entrenadas manos.

—Otras chicas se relajan comprando un vestido—meditó Ranma, llevándose el puño a la mandíbula, como si estuviera realmente analizando su conducta.

—No me importa—respondió Akane, con una vena de molestia hinchándose en su frente—Ve y molesta a esas otras chicas. Yo soy como soy y listo. Apártate —ordenó de mala gana, con el último resquicio de educación que le quedaba.

Ranma la vio moverse por el patio, apilando ladrillos en una columna enorme que sería difícil de romper incluso para Ryoga.

Debía estar más que enojada, afortunadamente él tenía un plan para contentarla.

—No prefieres ir dentro y estirar un poco?—preguntó, flexionando las piernas—Será entrenamiento, te hace falta—apuntó burlón

Akane lo miró, furiosa. Por el destello en su mirada, igual a una fogata ardiendo en su mejor momento, no dudaba ni un poquito que ella estuviera deseando retorcer su pobre pescuezo.

Qué chica tan irascible... y bonita, no podía negarse a sí mismo lo mucho que Akane le gustaba.

— Para qué? De cualquier forma nunca intentas atacar, sólo me evades.—recitó, mascando cada palabra.

— No te ataco porque no quiero lastimarte—confesó evitando mirarla, cruzando los brazos tras de su cabeza—No prometo nada, pero haré lo posible, anda, vamos—insistió zalamero, a riesgo de salir volando por los cielos de Nerima.

.

.

.

—Una abertura—repitió Ranma, dándole otro toque en la frente a su prometida

—Te odio!—chilló Akane, retrocediendo dos pasos para alejarse de él.

—Eres muy lenta—se burló el chico, metiendo ambas manos en los bolsillos de su pantalón— ¿Yo qué culpa tengo?—añadió al tiempo que evitaba la feroz patada de Akane

— Cállate ya, bobo!—exigió ella—Siempre he tenido que entrenar yo sola, hago lo que puedo.

A Ranma se le dibujó una sonrisa de victoria ante el comentario.

— Qué dices si en lugar del club de lectura entrenamos los jueves, eh?

—Qué?—Akane detuvo sus ataques— De verdad? Vas a entrenarme, Ranma?

Los ojos ilusionados de su prometida le hicieron dudar por un instante.

—Ah, bueno. Sí, pero no voy a golpearte. Solo te enseñaré algunas técnicas de la dinastía Saotome para mejorar la velocidad de tus ataques—remarcó con el dedo índice

—Ah.

—Qué dices? Dejamos los jueves para entrenar?

—De acuerdo—aceptó Akane y Ranma dio un gritó mental de júbilo— Podemos entrenar después del club de lectura

— Pero...

—Gracias, Ranma! —chilló emocionada, dándole un inesperado abrazo antes de salir del Dojo—Iré a contárselo a nuestros padres.

El chico parpadeó varias veces, procesando lo que había pasado.

Genial, ahora tendría que entrenar con ella y ni siquiera había sido capaz de sacarla de ese estúpido club de lectura!

.

.

.

Las clases transcurrieron como era usual. Ukyo y él almorzaron juntos hasta que Shampoo apareció exigiendo pasar ese sábado con él. Apenas había logrado librarse de ellas, cuando pchan saltó sobre él, arañando con sus pezuñas como un desquiciado.

Estúpido cerdo, ¡cómo lo detestaba! De una patada lo envió de regreso a Okinawa.

Justo en ese momento, vio de lejos a su prometida yendo en dirección del gimnasio escolar. Los ánimos le volvieron al cuerpo, cómo cada vez, desde que la conoció.

Pero, a unos pasos tras de ella iba aquel idiota del día anterior.

Siempre era lo mismo con esos imbéciles que creían que podían tener oportunidad con SU prometida si él no estaba cerca y atento para ahuyentarlos.

Había que ver el descaro de alguno hombres. Sabiendo que Akane estaba comprometida con él no dejaban de insistir...y aunque ella no les daría entrada, igual le molestaba que lo hicieran.

Apretó los puños y, a paso firme, se dirigió tras su prometida.

—De qué querías hablarme?—preguntó con candidez Akane. Una sonrisa destacaba en su dulce rostro.

Ranma maldijo por lo bajo, desde lo alto de aquel árbol, el hecho de que Akane ya no mantuviera una actitud hostil hacia los chicos en general.

Se maldijo aún más internamente porque probablemente aquello se debía en buena parte a él, que mantenía alejados a esos pervertidos.

Y ahora Akane tenía otra opinión respecto a esa bola de cretinos con los que estudiaban el último año del instituto, al punto en que de buena gana siguió a ese engreído hasta ahí.

—Bueno, Tendo. Es decir, Akane—balbuceó fingiendo timidez.

Ranma entrecerró los ojos y aguzó el oído.

—En realidad, sabes, quiero invitarte al cine mañana por la tarde. Aun esta en cartelera la adaptación del libro que leímos el mes pasado y pensé que, tal vez, si no estás ocupada...

¡Ese imbécil, iba a golpearlo como la rata que era!

No, seguro que la misma Akane le daba calabazas por confianzudo, mira que invitarla en esa fecha tan...

—Claro, me encantaría, Yamato. Nos vemos mañana—acordó con una hermosa sonrisa y se despidió dejando al imbécil emocionado y a él a punto de caerse del árbol.

Akane, SU Akane, había aceptado una cita con OTRO hombre en pleno San Valentín.

¡Mierda!.

.

.

No la estoy siguiendo, yo también quería ir al cine hoy. Y si no camino por la calle es porque prefiero hacerlo siempre por los tejados... Igual podría haber quedado con Ukyo, Shampoo o Kodachi, pero no, y no es que me importe con quién salga Akane, me da igual, de verdad.

—¿Qué película desea ver, señorita? —pregunta con voz aburrida el de la taquilla

—Dame una entrada para la misma sala a la que entraron esos dos—mis ojos son dos cuchillas que buscan clavarse en la espalda de aquel miserable de Yamaguchi, o como demonios se llame el infeliz, que va caminando muy feliz junto a mi prometida.

Sigo sus pasos, al amparo del mejor disfraz que pude conseguir con tan poco tiempo disponible. La ropa de Akane huele a ella y me distrae, mejor pensar en que me siguen apretando en el pecho y cada vez sus caderas son más anchas por lo que la parte inferior me queda floja...

¡Maldición, así no me puedo concentrar!

—Gracias por invitarme, casi nunca vengo—escucho decir a MI PROMETIDA, mientras toma asiento en una de las filas más adelantadas de la sala.

A mí no me gusta el cine, es cierto, pero si ella me lo pidiera bien sabe que vendría.

Ese miserable se ríe y se inclina demasiado cuando le habla para decir alguna estupidez que no alcanzo a escuchar, pero que me viene dando igual, ya tengo unas ganas tremendas de partirle la cara, una excusa es lo que menos me hace falta.

A ella parece hacerle gracia, es todo risas desde que se encontró con él. Mucho ja, ja, ja para mi gusto, sin embargo, no haré nada por ahora.

La pantalla se enciende y las luces se apagan, la oscuridad llena la sala, estoy apenas unas filas tras de ellos.

Las primeras escenas se suceden una tras otra, no tengo idea de qué trata esta película y, a decir verdad, no estoy prestando atención.

No sé por qué Akane aceptó esta cita, en esta fecha y con semejante aprovechado, pero ella es tan ingenua que no lo nota, a diferencia de mí, que lo veo incluso antes de que él se decida.

El brazo del tipo empieza a moverse. Su mano amaga y roza el respaldo de la butaca de Akane. Su movimiento es lento, cuidadoso en extremo, fingiendo malamente naturalidad.

Mis dedos aprietan el vaso, mientras me debato entre actuar o esperar.

No voy a hacer nada.

No tengo por qué hacer nada.

Quizás ella realmente está a gusto con aquel tarado bueno para nada de Yamazaki.

Porque si no, ya le habría dado un buen golpe como los que me suelta a mí a cada tanto.

Entonces ¿Está saliendo con él porque le gusta? ¿ese idiota?

La idea me golpea hasta aturdirme.

No, no es para tanto, no creo que a ella le guste este tipo. La conozco bien.

Miro su perfil otra vez.

Akane se acomoda el cabello detrás de la oreja con coquetería, el brazo de él avanza y ya casi la rodea y coloniza su hombro mientras finge que bosteza.

No estoy aquí porque esté celoso. Estoy aquí porque... ¿Porque qué? Ni siquiera tengo una justificación para estar aquí.

Un centímetro más y la atraerá hacia él para besarla, infeliz, desgraciado, mano larga.

El músculo se mueve solo, víctima de un reflejo. Juro por Kamisama que no ha sido contralado por área alguna de mi cerebro.

La tapa del vaso salta y el contenido se derrama en un ángulo perfecto.

¡Bravo! Refréscate un poco, idiota.

—¡¿Qué demonios?! — El tipo se levanta de golpe—Quién ha sido el imbécil! —chilla

Sonrío en la sala a oscuras, mientras el resto de los asistentes le piden que haga silencio.

El único imbécil eres tú, como te llames, no dejaré que la toques.

—Vuelvo en un momento, Akane—se disculpa cabreado, ella voltea y clava sus ojos justo en mi dirección por un segundo.

Juro que su mirada se detiene exactamente donde estoy, pero es imposible que me vea, está demasiado oscuro. Después de mimetizarme con el entorno unos segundos, Akane vuelve la vista al frente.

—Qué mala suerte tengo para las citas —la escucho quejarse claramente

Me hace sentir culpable arruinarle la salida, pero él se estaba pasando de listo.

Me recuesto en el asiento, enfurruñado. Soy un idiota por seguirla hasta aquí en lugar de detenerla cuando me lo comentó.

Oh, mátenme

Es una pesadilla estar comprometido con Akane y realmente no tener derecho a pedirle que no salga con otro hombre.

.

.

.

Mastico el hielo con rabia, hasta hacerlo crujir entre mis dientes imaginando que son los huesos de ese tipo. No es lo mejor, pero al menos me sirve para tragarme el coraje.

Llevan más de cinco minutos en la entrada de la casa, ¿Qué demonios hace ahí? no sé por qué todavía no se larga.

—Gracias—repite Akane

Ah, joder, ya estoy harto de esto.

—Lamento que pasaran tantas cosas, te juro que no soy tan desafortunado por lo general, Akane.

—Sí, lo sé, pero me divertí mucho igual.

Me ofende que ese miserable siga en pie, solo me faltó hacer que lo mordiera un perro.

Akane vuelve a agradecer, pero esta vez le añade un ligero apretón en el hombro al tal Yamamura, que sonríe animado.

—Nos vemos el jueves en el club de lectura—anuncia Akane, dando por concluida su cita de San Valentín.

¡Por fin!

Me hundo un poco más entre los arbustos del vecino hasta estar seguro de que se ha marchado sin llevarse nada de ella.

Nada.

—¿Vas a quedarte ahí toda la noche o vendrás a cenar con la familia, Ranma?

Sale apenas lo suficiente para mirarme, como si siempre hubiera sabido dónde estaba. Carraspeo por puro orgullo antes de abandonar mi discreto escondite

—No quería interrumpir tu cita, Akane

Una sonrisa lenta se dibuja en su rostro. Sus ojos castaños parecen brillar aún más que de costumbre.

Mierda, esta preciosa.

—Más de lo que ya lo has hecho toda la tarde?

Como hombre no voy a negarlo, pero tampoco planeo admitirlo.

—¿Oh, te fue mal con Yama lo que sea? —pregunto, evitando responderle

Akane parece pensárselo, inclinando ligeramente el rostro.

—Pues a mí no, pero al pobre Yamato lo tuvieron que atender los paramédicos y darle unas puntadas en la frente.

Vale, no era para tanto, es un llorón. Y se lo merecía.

—Ay, qué pena—miento, mientras me descalzo en la entrada—Pobre de él

—Sí, pobre, aunque no creo que te sientas mal por él realmente—concluye ella, subiendo los escalones tras de mí—¿Qué llevas en la bolsa?

No es como que puedo decirle que es su ropa

—No tengo nada en contra de él, de hecho, me agrada, parece un tipo listo—digo evitando responder sobre el contenido.

Y en verdad espero que lo sea, porque si vuelve a invitarla a salir, se va a enterar quién soy yo.

Siento un tirón en la trenza y Akane me obliga a girar en el último escalón para mirarla de frente.

—Estabas siguiéndome para arruinar mi cita—me acusa— ¿Por qué?

Por qué, ella dice. Podría darle un millón de razones, como el hecho de que seguimos comprometidos, pero no se me antoja ahora mismo.

—Porque el tipo es un aprovechado y tú eres una boba, por eso—me defiendo

—Y a ti qué te importa ¿Acaso vas por ahí interrumpiendo todas las citas de Japón?

No me interesa eso, con arruinar la tuya me basta, Akane

—Ranma ¿Acaso estabas celoso?

Es agotador, fingir que no me molesta que salga con alguien más. Decir lo contrario de lo que pienso y rogar porque ella no me crea nunca, porque si lo hace, soy hombre muerto.

—Yo celoso? Ya quisieras

Aunque en momentos como este evito mirarla ¿qué clase de idiota rechazaría verla a los ojos cuando ella me mira de esta manera?

Akane aún me sostiene por la trenza cuando se lleva el dedo índice a los labios, pensativa.

Una parte de mí se muere por besarla.

—Sí, eso quiero, por eso acepté salir con Yamato, te vi en el árbol espiándome —me confiesa como si nada.

Mis ojos se abren de golpe.

¿Qué?

¿Por qué?

¿Por qué harías eso?

—Pensé que, al menos, me pedirías que no fuera—Akane libera mi trenza mientras sube conmigo al último escalón

—No quería que salieras con él—la voz me sale en un hilo débil, casi un susurro apagado

—Porque estabas celoso? —tantea Akane y no veo el menor atisbo de burla en ella esta vez.

Asiento simplemente, porque aún no soy capaz de admitirlo en voz alta, pero si tuviera que responder...

Akane suspira ante mi silencio y luego me sonríe dulcemente.

—Eres un bobo—afirma acercándose para dejarme un beso en la mejilla

Mi brazo se mueve sin permiso para impedir que se aleje de mí envolviéndola por la cintura.

—Akane, la verdad es que siempre estoy celoso, nervioso ante la posibilidad de perderte.

No me atrevo a decirlo mirándola a los ojos, así que se lo confío al oído en un susurro, pero no me siento un cobarde, he reunido todo mi valor para esto.

Mi prometida me devuelve el abrazo y un silencio cálido nos rodea

—Te pasaste con Yamato, pobre, aunque admito que se lo merecía—la risa de Akane vibra en mi pecho y me hace sonreír también a mí.

Si alguien me preguntara qué es el amor, diría que es el sonido de su risa, porque es la jodida mejor melodía del universo.

Nos quedamos abrazados un segundo más, disfrutando de una paz que pocas veces se nos permite,

—Familia, la cena ya está lista —convoca Kasumi desde dentro.

Akane se separa de mí y me mira aun con la sonrisa en los labios.

—Vamos—me pide tomándome de la mano

No puede ser que siempre sea ella la que da el primer paso y yo el que la sigue. El novio soy yo.

—Espera —murmuro y no la miro mucho, porque si lo hago me acobardo.

Me inclino apenas y le robo el primer beso de sus labios.

Oh, santa mierda, siento que el mundo se ha quedado en pausa.

Me alejo rápido, pero Akane sigue inmóvil, con las mejillas encendidas y las pupilas dilatadas.

—Ranma... —dice, parpadeando apenas.

Trago saliva y miro hacia otro lado.

—Es el primero—afirmo—para ambos.

Cuando vuelvo la vista hacia ella es porque me ha tomado de la trenza de nuevo, pero esta vez para llevarme a sus labios.

Fin

Notas de la autora:Holis!

Nada, hoy solo puedo decir: todavía es febrero, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh XD

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