Trilogía un latido: Aullidos de dolor

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Sinopsis

—Ya me di cuenta, ellos tienen un gusto más ¿cómo decirlo? más salvaje, más tribal. —Son del sur, no de aquí. —Qué cooperador. —Solo vete y olvidaremos lo que hiciste. —¿Y yo cómo lo olvido? Dime ¿cómo olvido TODO LO QUE HICIERON? ¿Cómo borro los recuerdos? ¿Cómo callo el maldito dolor? — Le grito mientras mi cuerpo comienza a temblar, estallar desde adentro, mi espalda cruje, mi piel se abre, mis ojos arden, mis uñas se alargan como garras, la loba roja despierta, la verdadera yo. De un salto, lo tomo del cuello, lo levanto con una sola mano, él intenta hablar, pero no hay tiempo, le atravieso el estómago y saco sus tripas con furia animal. —¡¿CÓMO LO HAGO, AH?! ¿¡CÓMO, MALDITO HIJO DE PUTA?! — Lo lanzo contra una pared, el cuerpo golpea, se rompe, pero aún respira, comienzo a arrancar pedazos, brazos, costillas, lo lanzo todo por la sala, muebles manchados, paredes rojas, alfombras empapadas. Mi respiración es un rugido, mi piel arde, el mundo arde y él ya no es un vampiro, es un despojo, un mensaje —Esto no ha terminado —digo entre colmillos— Esto recién comienza y espero que me busque, espero el día para tenerlos a todo frente a mí. El cuerpo despedazado queda atrás, esparcido entre madera rota y sangre en las paredes, el silencio ya no es tenso, es absoluto, como un suspiro después de una guerra ganada.

Estado:
Completado
Capítulos:
61
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1: La Sombra

La sombra

Observo el reloj que cuelga en la pared: ya van tres veces que lo miro. Marca las 3:15 a. m.

—¡Mierda! Son las tres de la madrugada y yo todavía aquí —susurré. Debí irme hace horas; ella lo alargó todo. Qué fastidio.

Tomo mi ropa y comienzo a vestirme, mientras la rubia que se encuentra en la cama me observa con mala cara —¿A dónde vas a esta hora?

—A mi casa —respondo monótonamente.

—Pero ¡vamos! Está lloviendo y es tarde ¿Por qué no te quedas solo por esta noche? Además, afuera es peligroso.

—Prefiero dormir en mi cama. Gracias por todo, estuvo bien Nos vemos— Avanzo sin mirar atrás, como lo hice hace tantos años, jamás miro hacia atrás, no me interesa pasar la noche en la cama de alguien, estoy tan acostumbrada a la tranquilidad de mi soledad que no necesito a una persona roncando a mi lado. Ahora si quieres saber porque me acuesto con ella, pues es solo porque a veces necesito desestresarme, no busco nada más, algo sexual que llene parte de esto, solo unos minutos de algo diferente.

La lluvia cae como si el cielo se estuviera partiendo en dos, los truenos retumban con fuerza en el cielo oscuro, me encanta ese sonido, tan fuerte y rudo al mismo tiempo, es casi como un canto de guerra que me abraza. Avanzo bajo la lluvia, dejando que esta me empape por completo, disfruto cada gota que llega hasta mí, el invierno es una de mis estaciones favoritas; mientras más llueve, más paz siento en mi alma ¿Cuántos años han pasado? Setenta y tres, no he podido perder la cuenta ni por un solo día: setenta y tres años entre agonía y sombras.

Una vez escuché que alguien dijo que el tiempo lo cura todo, al parecer el tiempo para mí simplemente no avanza, sigo siendo igual físicamente la misma, mi cuerpo dejo de envejecer, mi rostro permanece intacto, pero algo cambió: ya no soy la niña frágil que todos buscaban proteger. Ahora soy yo la amenaza de la que deben cuidarse.

Cuando ella se marchó, la noticia se esparció como un virus, todo el mundo, o al menos todo ese mundo donde nos movemos, se enteró, todos. Algunos llegaron a brindarme apoyo, como si eso sirviera de algo y otros lo celebraron ¿Y yo? Hui del dolor, corrí como la cobarde que soy, no podía seguir allí, no podía sentirme así ¿Pero sabes qué es lo más gracioso? Que el maldito sufrimiento me persigue, no se queda en ese lugar, no me abandona, no existe tiempo que lo cure y los recuerdos están presentes cada día, por más que me aleje del lugar, en el cual fui tan feliz, los malditos recuerdos llegaron aquí y se instalaron en mi cabeza dando vueltas todo el puto día.

—¿A dónde tan solita? —escucho la desagradable voz de un hombre que se planta frente a mí —¿No sabes que no deberías caminar sola por la noche, hermosa?

—¿Lo sé? O ¿No lo sé? Tal vez lo sí lo sé, pero quizá simplemente no me importa, pedazo de mierda.

—¡Perra insolente! —me dice y me toma por el cuello de la ropa.

—¿Sabes tú lo que no deberías hacer? —le susurro al oído, justo antes de hundir mi daga en su pecho— Caminar solo por la noche, maldita porquería —murmuro mientras lo dejo caer al suelo — Ni siquiera diste una pelea de verdad — Escupo sobre sus restos y continúo mi camino, sin mirar atrás.

¿Quieres saber si es peligroso andar por la noche? Imagina que la única persona que mantenía a raya este mundo oscuro, lleno de demonios, resultó ser ella ¿Cómo puede una sola persona tener tanto poder y ni siquiera saberlo? Porque es verdad, ella no lo sabía, jamás imaginó que su mera existencia protegía a tantas personas. Nosotros tampoco lo sabíamos, si hubiera tenido la más mínima sospecha, tal vez, no, un “tal vez” ya no sirve de nada, un “hubiera” no cambia nada, porque ella no está y el desconsuelo sigue aquí y la guerra se desató, no puedo negar que algunos protegen, pero son los menos. Muy pocos siguen creyendo en su idea de que todos, todos podíamos coexistir y te preguntaras que hago yo, pues ya no lloro, no pienso, solo destruyo, porque es más fácil así, mientras todo arde, no siento nada.

Caminar entre callejones donde la oscuridad parece susurrar mi nombre, no me molesta, que susurren, que griten, que tiemblen, que sientan terror, desesperación, que lo sientan todo, porque yo ya no tengo miedo, hace mucho tiempo que lo dejé atrás, junto con lo poco que me quedaba de alma, ahora solo los aullidos de sus dolores me dan paz.

—¡Por favor! ¡No sabíamos quién era! ¡No sabíamos lo que iba a pasar! — Los escucho y me aburren ¿De verdad creen que me importa? ¿Después de lo que hicieron? Me agacho, le agarro la cara con fuerza. El barro le cubre las mejillas, pero igual puedo ver los ojos húmedos, el temblor y el miedo presente en ellos y así comienza a crecer ese asco que me dan los cobardes —No sabían, no sabían, siempre dicen eso antes de morir y yo sonrío, porque me encanta verlos así, temblando, arrepentidos, rotos. Lo primero que hago siempre es cortarles la lengua, no para que se calle, lo hago porque puedo, porque si no hago algo, la tristeza me alcanza y no pienso permitirlo, no otra vez.

Mi nombre se borró hace mucho, me llamaban hermana, amante, amor. Ahora solo me dicen monstruo y están en lo correcto, fui todo lo que ella amaba y ahora soy todo lo que ella odiaría, pero ella ya no está, así que me importa una mierda, si el mundo quiso jugar con fuego, ahora va a arder conmigo adentro. No tengo bandos, no tengo reglas, solo tengo un cuchillo, un encendedor y una memoria demasiado viva como para olvidarlo todo y mientras el humo sube al cielo, mientras la sangre mancha mis botas, siento paz, esa paz extraña, sucia, pero la única que me queda. Esperé, esperé con paciencia, me hice más fuerte cada día, cada amanecer sin ella fue un día con dolor, un día más con rabia, Un día más con un propósito. Todos aquellos que lograron sobrevivir, todos esos malditos que creyeron que se habían salvado, que pensaron que habían ganado, que acabaron con la más fuerte y dejaron viva a la más débil, se equivocaron y se arrepintieron. Yo esperé, esperé mucho tiempo, les di años, les dejé creer que habían ganado, les dejé respirar, amar, reír, que tuvieran hijos, que construyeran hogares, que sintieran lo que es compartir el alma con alguien especial y luego, cuando todo les importaba, cuando todo les dolía. Destruí cada maldito pedazo de sus vidas. Quemé sus casas, hice sangrar a sus hijos, les arranqué el amor de los brazos, les hice probar mi dolor multiplicado por mil, así como ellos destruyeron mi mundo, yo destrocé el suyo, sin piedad, sin remordimientos, porque yo no olvido, porque yo no perdono, porque cada noche que pasé en silencio, fue para esto, ahora entienden, que la débil, era solo la que, aún tenía algo que perder.

Yo no nací siendo mala, no nací siendo cruel, ellos me hicieron así, vampiros, lobos, híbridos, todos ellos, cada uno metió sus garras, sus colmillos y su veneno en mí y me rompieron y cuando me rompieron, pensaron que iban a matarme, que querría acabar yo misma con mi existencia, pero no lo lograron, me convirtieron, me forjaron, me construyeron con odio y dolor. Si hubiera podido, también lo habría matado a él, pero no rápido, lo habría hecho con la forma más cruel que existe, la que no se olvida ni después de la muerte, lástima que alguien se me adelantó y los demás, esos que celebraban su victoria, esos que se llamaban invencibles hoy están pagando, escondidos asustados y los más muertos, pero aún quedan diez, diez nombres, diez respiraciones, diez pedazos de carne que voy a borrar del mundo a mi manera. Esos que se esconden, esos que se arrastran creyendo que lograrán salvarse, no lo harán, no se los voy a permitir. Si yo sufro todos los días, ustedes también, pero tranquilos su agonía será más corta, mucho más corta que la mía y algún día, algún día también te encontrare y te mataré a ti. Sí, tú, ese que cree que no lo sé, que no lo recuerdo, te estoy esperando.