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Siblings Forever

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Sinopsis

Todos una vez en nuestra vida deseamos tener a un hermanito y jugar, pero al momento en que se presenta aquella posibilidad, habrá algo en nosotros que se retorcerá cada vez que vea a ese chiquillo; después de todo, deseamos tener hermanos, pero nunca ser hermanos.

Genero:
Horror
Autor/a:
SUMALIFE
Estado:
Completado
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

"Hermanos para Siempre I"

-Érase una fría velada, hace tantos años que cayó en el olvido, una de tantas casas entre los árboles. Destacaba por sus colores suaves entre la oscuridad de la noche y la incesante lluvia. La paz permanecía en el entorno como el aroma a tierra húmeda que no se marcharía, mientras que los residentes de aquel hogar estaban en los brazos de Morfeo, sin ninguna preocupación. Sin embargo, no todos lograron conciliar el sueño debidamente esa noche.

¡Mamá! ¡Papá!

¡Auxilio! ¡Ayúdenme!

Gritos desesperados rebotaron a través de las paredes de aquel hogar, extendiéndose rápidamente a los oídos de todos los presentes, quienes pronto acudieron a ese cuarto con los rostros llenos de preocupación. Entonces vieron a su pequeño hijo menor, acurrucado bajo las cobijas azules de su cama sin dejar de exclamar con temor. Así que, la mujer con incertidumbre se acercó lentamente al pequeño, para quitarle la tela de encima, de inmediato fue abrazado por los regordetes brazos de su hijo de ocho años, quien lloraba sin cesar.

—¡Mamá! ¡Papá! ¡Hay alguien ahí! — chilló señalando frenéticamente hacia una esquina sombría de su habitación.

Ambos adultos voltearon hacia dicho lugar, siendo suavemente deslumbrado por los relámpagos en el exterior, el padre del infante, con movimientos lentos encendió la luz del cuarto. Sin embargo, no había nada, simplemente una silla con algunos libros y toallas, por lo que la madre se dedicó a consolar a su pequeño, quien insistía en lo que había visto, así que no logró conciliar el sueño de nuevo, sino que se mantuvo despierto mientras temblaba sujetando sus cobijas azules. Debido a esto, su madre bajó a la cocina para prepararle leche tibia para ayudarlo a dormir, su padre, quién estaba exhausto de tanto trabajar regresó a la cama, murmurando entre dientes como lo había asustado; aquel niño sólo se quedó en un rincón de su cama mientras intentaba esconderse incluso de la lluvia del exterior con su cobija. De repente, unos pasos se acercaron, creyó que era su madre, pero se encontró con un rostro similar al suyo que lo llenó de alegría.

— Hola hermanito, ¿Cómo te sientes? — preguntó un muchacho de cabellos castaños y ojos grises, asomándose con una sonrisa por el marco de la puerta.

Ante esto el pequeño infante de inmediato se sentó en la cama, se quitó la cobija y le sonrió con emoción, lleno de alivio— ¡Jake!... No, no me siento bien— respondió con duda.

Debido a su reacción, Jake, el hermano mayor de la familia, se acercó con curiosidad hacia su cama, viendo gracias a los relámpagos a través de la ventana, la mirada asustada de su hermanito. Luego de sentarse en la cama, una vez más le preguntó cómo se sentía, sin respuesta, así que lo invitó a explicar lo sucedido en su mente tan profunda.

— Es que... Ví algo horrible, tenía mucho miedo.... Todo estaba muy oscuro... Había muchos gritos... Y eso estaba ahí, una cosa enorme, enorme, enorme— relató el niño, su voz temblorosa y llena de temor, usando sus manos para lograr expresarse y ser entendido— Además, esa... Cosa, tenía ojos azules enormes, no dejaba de mirarme... Mamá y papá no me creen... Pero es verdad, estaba ahí, estaba ahí.

A pesar de su preocupación, el joven de cabellos castaños sólo pudo soltar un suspiro, con la mirada desviada, pero luego la regresó a la pequeña figura frente a él— ¿Estás seguro? — preguntó en voz baja.

— ¡Si! ¡Muy seguro! — respondió de forma insistente el menor— Mamá fue a la cocina a hacerme algo de leche, después me dejará solo de nuevo, por favor, no me dejes, no quiero estar solo con esa cosa— suplicó, consumido por el miedo, aferrándose a su figura más alta.

El jovencito lo pensó varias veces, el día de mañana tendría muchas cosas importantes que hacer en la escuela, así que deseaba solo volver a la cama e ignorar esa posible pesadilla. Sin embargo, esa mirada consternada y llena de pánico en los grandes ojos de su hermanito lo convenció, por lo que apartó al niño con cuidado y lo sentó frente a él.

— Escucha Mike... Ehm... Admito que no sé cómo ayudarte, pero me voy a quedar, ¿Sí? No te dejaré solo, pero debes decirme lo que veas, sino volverás a molestar a papá— Explicó con seriedad mientras lo tomaba de los antebrazos.

— ¿Lo prometes? ¿Por el meñique? — preguntó en voz baja frente a él, luego extendió su mano hacia él y por ende su meñique izquierdo levantado.

El joven se quedó viendo su mano de forma dudosa, tomó un respiro profundo y juntó su meñique derecho con el de su hermano, pronto recobró su sonrisa anterior— Yo, Jake Parker, prometo proteger a este mocoso de la figura interestelar que apareció — declaró con orgullo y barbilla en alto como juego.

Mientras que el pequeño soltó unas risas y siguió el juego— Y yo, Michael Parker, prometo ser el espía de la noche— declaró con emoción, abandonando finalmente el pánico que lo carcomía.

Wow...

Ay pequeños niños...

Recuerden bien, las promesas no siempre son eternas...

Y la vida siempre te dará vueltas sin fin...

Tan rápido pasaba el tiempo, al igual que las hojas que caían de sus árboles con gracia al suelo, aquellos niños como polluelos rompieron sus cascarones para ver el mundo por su propia cuenta, salvo que como dicta la naturaleza y siempre lo hará, uno de esos pobres niños vino a la tierra con un defecto que le costará mucho. Ambos padres sólo podían observar a sus primogénitos dejar en el suelo pequeños sacos para dormir cada fin de semana por esos sueños, recordando el pasado con nostalgia.

Entre memorias que preferían enterrar...

Hace mucho tiempo, la familia fue una entre tantas tragedias, la tristeza de ver cómo un ser querido desapareció sin dejar rastro un 9 de septiembre del 2009, como sus abuelos se marcharon en su coche hacia el trabajo con la promesa de traer más regalos a sus nietos, pero en su lugar sólo llegó la tristeza y desesperanza.

Día tras día...

Sin una respuesta clara de a dónde se fueron...

Así que, un día tuvieron que llevar a ambos pequeños para darle una despedida simbólica a los que alguna vez amaron tanto como a ellos. Sin embargo, el dolor era tanto, que el pequeño Jake no quería alejarse de aquel monumento dedicado a los perdidos.

— Cariño, ¿Por qué no vas a jugar con tu hermanito? Él también está muy triste— musitó la mujer de cabellos rubios al oído del pequeño de ojos grises, este en cambio se mantuvo reacio, luego de ver que aquel bebé que ahora compartía su hogar simplemente jugaba junto a un árbol.

— ¿Por qué? Él ni siquiera sabe lo que pasa, sólo es una máquina de hacer popo— protestó Jake con la voz rota de tanto llorar como sus padres.

Ante esas palabras, su madre se agachó como pudo gracias a su vestido tan oscuro como la noche y abrazó a su pequeño con pesar — Hijo, somos familia, por favor, eres su hermano mayor, cuídalo mucho, él es cómo tú, sólo cuídalo, tú misión ahorita es protegerlo— suplicó con tristeza, sus mechones rubios cayendo por sus hombros, brillantes en ese traje fúnebre que portaba como todos los presentes.

Debido a esto, con pasos lentos y vagos Jake se acercó al niño de tan solo dos años que era su hermano, quien jugaba confundido con el pasto bajo sus pies. Un momento que por años sus progenitores recordaron, como una unión que sería eterna.

Pero la memoria a veces te muestra lo que quieres oír...

No la realidad...

Y un corazón dañado puede esconderse...

Aquellos días pasaron a ser solo recuerdos, como la arena que baja lentamente por la venta del reloj y, con ella cientos de recuerdos y promesas que descendían hacia el olvido. Pero hubo una que resistió al abismo de la memoria, aunque de los modos incorrectos; ambos hermanos crecieron caminando por el camino entre los árboles, de la mano sin soltar al otro, pero aquel agarre comenzó a aflojarse entre sentimientos surgidos por los meses.

Llegó el año 2015, ambos niños lograron luchar contra aquellas pesadillas por un año entero, formando una rutina para esquivarlas temporalmente, ya que sin importar lo que hacían, las visiones no se iban, sino que empeoraban. Con el pasar de los meses, el pequeño Michael comenzó a temer incluso de la oscuridad, su mente ya invadida por la incertidumbre no lo dejaba descansar en paz con las mismas imágenes: caos, sombras, gritos, líquido negro y aquella figura de ojos celestes vigilante, lo mantenía inquieto y consternado; por lo que constantemente buscaba ayuda de Jake. Mientras que el mayor de los dos comenzaba a investigar lo que podía sobre la situación.

Pero nada...

Ni una respuesta...

La condición era única, tan específica que ningún libro o página web lograba ayudarlo, lo que generaba en él preocupación, debido a que sus padres comenzaban a notar los signos de agotamiento en su hermano, pero Jake no se daba por vencido, pasaba pijamadas con Michael para calmarlo, jugaban y comían cosas tranquilas, todo para su bienestar. Sin embargo, un día simplemente no se pudo evitar más.

Una mañana de viernes de invierno del mismo año, entre el chocolate caliente y la incertidumbre al aire, Jake fue sentado en un mueble frente a sus padres, Michael había ido a la escuela, pero al mayor lo mantuvieron en casa. Ambos adultos permanecían con rostros preocupados y enojados, por lo que, el padre de familia decidió tomar la palabra.

— ¿Hace cuánto tu hermano siguió con esas pesadillas?— cuestionó con firmeza, apoyando sus codos en sus piernas, sin apartar la mirada de su hijo de 14 años.

El joven dudó por momentos, cerrando sus manos en puños sobre la tela del sofá, manteniendo su mirada fija en el suelo, sus oídos sensibles por todas las noches de chillidos de su hermanito; finalmente, inhaló profundo y alzó la vista— Un año y dos semanas— respondió con duda, causando resuellos de sorpresa de sus padres.

— ¿Y por qué no nos dijiste Jake? ¿Qué esperabas? ¿Que tú hermano tuviera una crisis en la escuela? — cuestionó con severidad su madre.

— No quería asustarlo más, esas imágenes de sangre y podredumbre van cada vez peor... Y esa figura enorme...— insistió con preocupación, intentando explicarse de forma oportuna.

Sin embargo, sus padres no dieron rienda suelta— Jake, tu hermano sólo tiene miedo, esto en algún momento iba a llegar, tiene 9 años ya, probablemente está perturbado porque se acordó de sus abuelos— argumentó el hombre de cabellos castaños frente a él con seriedad.

— Debiste decirnos desde un comienzo, lo siento hijo, pero estás castigado, debes aprender a cuidar a tu hermano— declaró la mujer de cabellos rubios con el rostro lleno de incertidumbre.

Por lo que, el resto de la tarde, el muchacho de cabellos castaños se mantuvo encerrado en su habitación, intentando procesar lo que había ocurrido hace horas.

Después de todo...

Si era una pesadilla...

¿Por qué comenzaba a sentir que el aire también faltaba en sus pulmones?

Asimismo, Michael luego de su período escolar empezó a caminar de regreso a casa desde la parada de autobús, aún perplejo por la falta de su hermano mayor, ya que desde que abandonó su cama tenía una imágen en su cabeza que no podía eliminar con nada, deseoso de contarla finalmente a alguien más que no fuese un papel. Así que, siguió su curso a través de los enormes árboles que cubrían la luz del sol, caminando por aquel camino aguijarrado con la mente colmada de preguntas e imágenes nebulosas.

Al llegar a su morada, el pequeño se acercó con pasos temerosos al cuarto de su hermano mayor, viendo al mismo como este permanecía con los brazos cruzados sobre su mesa de trabajo, con el rostro lleno de frustración.

— Jake... Perdón, no quería que te metieras en problemas por mi culpa— murmuró el jovencito de cabellos cancelados mientras se acercaba sl adolescente.

Por suerte, el mencionado tomó todo el aire a su alcance, apoyando su mano derecha en la superficie de madera, dirigiéndose hacia el niño frente a él con su ceño fruncido y una sonrisa en su rostro— No te preocupes chaparro, estoy bien, solo... Irritado... ¿Lograste ver algo más hoy? — preguntó de forma pausada.

Después de revisar la ausencia completa de sus padres, Jake sentó a Michael en su cama mientras revisaba los dibujos con las manos temblorosas mientras el color abandonaba su rostro, escuchando las descripciones que relataba su pobre hermano. Cada dibujo hecho en débiles hojas de cuaderno y líneas irregulares sin forma, que contaba una imagen distinta a la otra y, a la vez tan oscura: pasillos sin fin más allá de la penumbra, manchas interminables por doquier, con aquella figura enorme sin falta, como un fantasma sin nombre ni voz que sólo veía; todo siendo contado a través de aquel niño que comenzaba a sollozar poco a poco.

— Jake, mamá y papá me comenzarán a llevar a terapia, ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Y si él viene por mí? — pregunto Michael con un hilo de voz tan fino que se cortaría en cualquier momento, intentando tomar el brazo de su acompañante.

Sin embargo, el mencionado mantuvo su agarre firme en aquellas hojas de papel rasgadas que escondían tantos secretos en pequeños garabatos sin forma, luego aflojó su brazo derecho y abrazó lentamente al pequeño—De ahora en adelante, esto es entre nosotros Mike... Sólo los dos, dos guerreros contra una villana de las sombras, si, así, y no nos vamos a detener hasta saber cómo ayudarte y saber quién es— declaró girándose lentamente hacia él, con una sonrisa de oreja a oreja.

Desde aquella noche, nada fue igual, ambos eran inseparables, luchando y creciendo con el otro como grandes águilas que acabarían con el mal que los acechaba, ambos progenitores los cuidaban como siempre fue y sería, creyendo firmemente en que los métodos usados eran los correctos para ayudar a sus hijos.

Ya que a veces lo ilógico...

Termina siendo mejor que la misma lógica...

¡Niños!

¡Vengan aquí!

¡La abuela quiere contarles otra historia!

Eran gritos que una noche retumbaron en los oídos del joven adolescente, recostado en su cama mientras veía el techo fijamente con sus manos apoyadas en su pecho, distrayéndose por las estrellas apagadas que permanecían adheridas a dicho lugar sobre él, sintiendo como el colchón simplemente ya no estaba debajo suyo, sino que podía escuchar pisadas fuera de su ventana, sin poder ver su sombra gracias al follaje de cada árbol al rededor, pero no le tomaba importancia a ese punto, cerrando los ojos lentamente para sumergirse en aquel armario que llamaba “memoria”. Era el recuerdo de sus años felices, cuando sus padres debían irse a sus trabajos y los dejaban al cuidado de sus abuelos, añoraba esas mañanas frías dinero donde vivo día preocupación alguna, donde los juguetes y las paredes blancas eran la norma.

Todo era diversión...

Si no fuera por una cosa...

Aquella vida de ojos mitos de color verdoso que no soltaba su abrigo.

Uno de aquellos días que guardó como un disco de vinilo abandonado, en los recónditos lugares de su memoria, con el cosquilleo es sus oídos recordó los gritos de su abuelo, a su alrededor semejante a un susurro y, la presencia orgullosa de su abuela frente a él, pero el jalón en su suéter el relato rompía sin cesar.

— Muy bien tesoros, el día de hoy les contaré el mejor cuento: “Las Cuatro Estrellas de Vermont”— anunció con dulzura la mujer de cabellos plateados y bata de nieve.

Ansiada era la idea de haber escuchado el relato de su abuela, pero su pequeño hermano no pensaba lo mismo. Luego de comenzar el cuento, el pequeño Michael se aferró al brazo de su contraparte, estallando en llanto, al no poder seguir jugando con su hermano mayor; ante esta situación Jake comenzó a forcejear de forma brusca con su hermano, quien tan solo tenía tres años de vida.

Lo siguiente que pasó era nebuloso...

Tan borroso como una catarata...

Sin embargo, nada logró sacar de su mente la conversación que vino después...

Enfrente de un espejo quedó, débil y cansado, con la dulce compañía de su abuela mientras está del día los moretones de su pelea.

— Ay tesoro, sabes que tu hermanito no quiere darte malestar, sólo es muy pequeño— explicaba cariñosamente, como los susurros de su madre por la noche.

— Pero abuelita, ¿Por qué debo aguantarlo? Ya ni mis papás me quieren por su culpa— protestó con tristeza, con la mirada fija en el suelo de mármol cuyo color ya no recordaba.

En cambio, la mayor soltó un suspiro para acto seguido retomar su brillante sonrisa, con movimientos gentiles tomó sus hombros y lo hizo dar dos pasos más hasta el espejo, luego posó su mentón en su pequeño hombro izquierdo. Frente al cristal, el pequeño solo podía ver su reflejo borroso junto a su amada abuela, cuyas palabras no olvidaría nunca en la eternidad.

— Tesoro, ¿Cómo te ves? ¿Qué ves ahí? — preguntó con suavidad, posando su mano derecha en el mentón del niño para que mantuviera la vista fija.

Pero el joven Jake no entendía el concepto de aquella escena aún — Nada, sólo mi reflejo— murmuró vacilante al respaldo de la adulta.

Está solo soltó algunas risas— Ay cariño, eres un pequeño, quieres jugar, quieres conocer, quieres vivir lo que este mundo puede darte, eso todos lo deseamos profundamente; Pero no todos deseamos lo mismo, eso es tu hermanito, es un pequeño que aún está aprendiendo a vivir, como una pequeña oruga, es lo que ves en el cristal, tu reflejo— explicó entre susurros a su oído, cada uno penetrando su mente sin razón.

Esas palabras que lentamente escondió accidentalmente regresaron...

Y luego de abrir los ojos y recordar la realidad...

Una pregunta retumbaba su mente inquieta...

Si él es como mi reflejo...

¿Por qué tengo deseos de poner una almohada en su cabeza mientras duerme?

FIN...

¡Cuéntale a SUMALIFE lo que piensas sobre este capítulo!
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