ÚNICO:
Park Jimin tenía 23 años y una vida que, desde fuera, parecía envidiable.
Era un estudiante universitario de danza, con un cuerpo esbelto y tonificado, rostro angelical de labios carnosos y ojos expresivos que hacían suspirar a cualquiera.
Pero por dentro se sentía vacío.
Llevaba meses luchando contra un deseo que lo consumía por dentro, pero que lo hacía sentir mal: El dolor mezclado con el placer más sucio, la entrega total, ser usado, degradado y destruido hasta perder la razón.
En su pequeño departamento, pasaba noches enteras follando su propio culo con dildos cada vez más grandes, vibradores a máxima potencia, plugs que lo mantenían abierto durante horas y se corría gritando, temblando, con lágrimas en los ojos, pero después venía la culpa.
Se sentía solo, roto, como una aberración sin remedio.
Aunque, necesitaba más.
Necesitaba manos reales, voces que lo humillaran, cuerpos que lo dominaran.
Es por eso, una noche de insomnio, se adentró en los rincones más oscuros de internet, a los foros privados de BDSM, grupos cerrados donde la gente compartía sus fantasías más extremas sin juzgar.
Allí encontró el anuncio que lo cambiaría todo: “Mrs Jeon y Puppy Kim, dos dominantes experimentados, discretos, que nunca revelan su identidad". Sus perfiles eran claros y decían: "Buscamos sumisos dispuestos a ser destruidos, esto es solo para quienes realmente lo deseen y la cita será privada en un club exclusivo.”
El corazón le latió con fuerza.
Leyó reseñas anónimas de otros sumisos que lo hicieron fantasear aún más con esos hombres: “Me dejaron temblando y el culo lleno”, “La mejor noche de mi vida”, “Mrs Jeon es un Dom implacable y Puppy Kim es súper amable”.
Reservó sin pensarlo dos veces.
Una cita para el sábado por la noche.
Ese día llegó al club con las manos sudorosas y lo recibieron en una habitación privada de luces rojas tenues, paredes negras acolchadas que absorbían los sonidos, un enorme colchón circular en el centro rodeado de estantes repletos de juguetes: Látigos de tiras, paletas de cuero, fustas, dildos de todos los tamaños y grosores, plugs, mordazas, pinzas para pezones, cuerdas, cadenas y botellas de lubricante.
El aire olía a cuero, sudor y pura lujuria.
Una asistente silenciosa lo preparó.
Lo desnudaron por completo.
Le vendaron los ojos con una tela negra gruesa, impenetrable y le esposaron las muñecas firmemente a la espalda con cuero forrado que no lastimaba pero impedía cualquier movimiento.
Lo colocaron de rodillas en el centro del colchón, expuesto, vulnerable, su polla ya estaba dura, goteando presemen contra su abdomen plano y el corazón le martilleaba en el pecho con fuerza.
La puerta se abrió.
Y se escuchó dos pares de pasos seguros, con un silencio cargado de anticipación.
— Vaya, mira lo que nos trajo la noche... — Murmuró una voz grave, ronca, cargada de autoridad natural, Jeon Jungkook. Esa voz sola hizo que Jimin se estremeciera entero con un escalofrío que bajó directo a su entrepierna. — Una putita universitaria tan bonita, tan lista para ser destruida. ¿Cuánto tiempo llevas soñando con que dos pollas te rompan el culo, eh?
La segunda voz era más suave, seductora, con un tono juguetón y cálido: Kim Taehyung.
— ¡Joder, qué piel más suave! — Siseo. — Y el culo es redondo y perfecto. ¿Estás seguro de esto, princesita? Una vez que empecemos, no hay marcha atrás, vamos a usarte hasta que supliques.
Jimin tragó saliva, y con la voz temblorosa pero llena de deseo, les dijo:
— Sí, señores… por favor. — Suplicó. — Quiero todo, usenme, destruyanme, soy todo suyo.
Jungkook se acercó primero.
El rubio sintió su presencia imponente y un calor que lo envolvió como una manta pesada. Un olor masculino profundo, con un toque de colonia cara y algo más primitivo le nubló la mente al instante.
Esa conexión fue inmediata, inexplicable.
Como si su cuerpo reconociera algo en él, como si ese hombre fuera lo que estaba esperando todo este tiempo.
Una mano grande, fuerte y caliente le agarró la mandíbula con firmeza, obligándolo a abrir la boca.
— Las reglas son claras, perra... — Gruñó. — No habrá charla, aquí ssolo gemirás, gritarás y suplicarás. — Ordenó. — Si es demasiado solo di “Rojo”. — Le lamió el labio inferior. — De lo contrario eres nuestra zorra, nuestra puta esta noche y te usaremos como nos dé la gana. ¿Entendido?
— ¡Sí, señor! — Gimió Jimin, ya jadeando.
Jungkook le escupió, su saliva gruesa y caliente cayendo directamente en su boca abierta. El eubio tragó con un gemido lastimero, excitado hasta el borde del dolor por la agresión de sus mejillas.
— Buen chico... — Murmuró el pelinegro, y le dio una bofetada suave pero firme en la mejilla, solo para marcar territorio.
Taehyung se rio bajito negando y se acercó para comenzar a explorar con manos más suaves.
Recorrió el pecho de Jimin, pellizcó y retorció sus pezones hasta ponerlos rojos e hinchados como su cerezas.
Jungkook, en cambio, era puro dominio: le azotó el culo con la mano abierta, fuerte, el sonido seco resonó en la habitación.
El menor gritó de placer, el ardor extendiéndose como fuego sobre todo su ser.
— ¡Ahh! — Gimoteo, entre sorprendido y gustoso. — ¡Sí! ¡Más, por favor!
— Pídelo correctamente. — Le ordenó Jungkook, y le dio otro azote más fuerte.
— ¡Más fuerte, amo! — Jadeó el rubio y luego recibió otro y otro, alternando entre sus nalgas hasta que la piel quedó de un rojo intenso y caliente al tacto.
Taehyung trajo una paleta de cuero y comenzó con el juego del dolor también, los golpes eran más secos, precisos, complementando los del pelinegro. Jimin jadeaba fuerte, empujando el culo hacia atrás como una perra en celo, rogando por más dolor.
— Mira como ruega... — Se burló Jungkook con satisfacción y fascinación en su mirada. — Patético y desesperado.
Le pusieron un collar de cuero grueso con cadena metálica y lo hicieron gatear por el colchón.
Jungkook tiraba fuerte de la cadena, obligándolo a mantener la cabeza baja y el culo en alto. Taehyung le metió un plug anal mediano, girándolo lentamente, empujándolo profundo mientras el pelinegro de vez en cuando le escupía en la espalda y extendía la saliva con los dedos gruesos de su mano.
— Está tan apretado… pero va a abrirse como la puta que es... — Murmuró Taehyung, moviendo el plug en círculos amplios.
Jungkook se arrodilló frente a él, abriendo su pantalón, el sonido del cinturón hizo al rubio levantar la cabeza, se libero la polla gruesa y palpitante y le golpeó las mejillas con esta, pesada y venosa.
Era grande con la cabeza hinchada ya goteando. Taehyung hizo lo mismo desde el lado contrario.
— Chúpala, traga pollas... — Le ordenó.
Jimin abrió la boca ansioso con la lengua fuera. Jungkook empujó hasta el fondo de su garganta sin piedad, follándole la boca con embestidas profundas.
El rubio se ahogaba, las babas cayendo por su barbilla y su pecho, las lágrimas de sus ojos mojando la venda.
Cuando era el turno de Taehyung, este era más lento, más amable, disfrutando de los labios suaves y calientes envolviéndolo, acariciándole el cabello con dulzura.
— ¡Joder, qué boca tan perfecta! Trágala toda, puta... — Gruñía Jungkook, sujetándole la cabeza con ambas manos y embistiendo sin piedad hasta el fondo de su garganta. — Mira cómo se ahoga y sigue pidiendo más.
Jimin gemía alrededor de la polla gruesa, con vibraciones que hacían gruñir a Jungkook. Su propia polla palpitaba dolorosamente, goteando hilos largos de presemen sobre el colchón.
Luego el juego cambio y pasaron a los látigos.
Primero uno de tiras suaves que besaban su espalda y culo marcado. Cada golpe hacía arquear a Jimin, quien gritaba de puro placer, sollozando, no sabía si por el dolor o la estimulación.
— ¡Sí! — Sollozo. — ¡Dios, duele tan rico! — Negó. — ¡Más fuerte, por favor! ¡Quiero sentirme suyo!
— Escucha cómo gime esta zorra... — Le dijo Jungkook al castaño, su voz enviando ondas de calor directo al estómago de Jimin.
Había algo en esa voz, en ese tono autoritario pero cargado de deseo, que lo hacía sentir más expuesto, más conectado que con el otro Dom, no sabía si era por qué le gustaba ser controlado o por qué otra cosa, solo sabía que el olor del que hablaba lo embriagaba cada vez que se acercaba.
Le sacaron el plug del culo y le metieron un dildo más grueso, largo, con textura venosa.
Taehyung lo follaba con el juguete, con movimientos firmes mientras Jungkook le seguía follando la boca.
El ritmo era brutal, sincronizado.
Jimin sollozaba de placer, con el cuerpo temblando, el culo apretando el juguete con cada embestida profunda.
— Más profundo… ¡Por favor! — Suplicó, soltando la polla del pelinegro para poder hablar, su voz estaba ronca por el esfuerzo. — ¡Quiero sentirme lleno, destruido! — Suplicó antes de que el mayor le volviera a follar la garganta y le provocará más arcadas.
Jungkook le tiraba del collar, escupía en su cara y en su boca abierta cada que tenía oportunidad, disfrutaba ver lo vulnerable que podía ser el rubio, de lo suave que era su piel y lo pequeño que se veía.
— Eres nuestra perra. — Le recordó el mayor. — Solo Eres buena para tomar pollas y juguetes. — Le abofeteo, haciendo al rubio chillar. — Gime más alto, quiero oírte romperte.
Después de casi una hora de juegos intensos, con azotes, escupitajos, pinzas en los pezones que Taehyung colocó y Jungkook tiraba ocasionalmente, más el látigo, el rubio era un desastre absoluto de sudor, con la piel marcada de rojo intenso, babeando, con el culo abierto, brillante de lubricante y saliva, temblando de necesidad.
— Por favor… — Suplicó, sollozando, sin poder aguantar más, sentía que podía correrse solo con otro azote. — Fóllenme ya… no aguanto más… necesito sentir una polla dentro de mi culo… — Lloriqueó, con la voz quebrada. — Soy su puta… así que usen mi cuerpo…
Jungkook se rió negando, sorprendido de ver qué esa pequeña cosita pedía mas, jamás imagino que siquiera pudiera con los azotes, esa risa hizo que Jimin jadeara y algo se retorciera por dentro de su estómago.
— Primero yo, Tae. — Informo el pelinegro, sin pensar en que había usado el nombre del castaño, el placer lo tenía nublado. — Quiero ser el que lo rompa primero.
Lo colocaron a cuatro patas sobre el colchón.
Jungkook se posicionó detrás, aplicando generosamente lubricante en su polla gruesa y en el agujero ya hinchado de Jimin, la cabeza ancha de su polla presionó contra el borde de su culo expuesto, ansiosa por entrar.
— Relájate, perra, vas a tomar cada centímetro de mí....
Empujó poco a poco, abriendose paso en el agujero del menor, Jimin gritó fuerte, gutural, lleno de placer y ese ardor delicioso que tanto le gustaba.
— ¡Ahhhh! — Siseo, arqueando la espalda e impulsando su culo hacia atrás, definitivamente una polla real era más deliciosa que un juguete. — ¡Es enorme! ¡Joder… señor… me estás abriendo!
Jungkook entró lento pero implacable, centímetro a centímetro, hasta que sus caderas chocaron contra el culo rojo y caliente de Jimin.
Se quedó quieto un momento, disfrutando del apretado calor pulsante.
— Tan jodidamente apretado… — Gruño. — Vas a ordeñarme la polla como la zorra codiciosa que eres, no te la sacaré hasta que tú culo se haya tragado hasta la última gota de semen.
Empezó a moverse.
Al principio con embestidas profundas y controladas, saliendo casi por completo y volviendo a entrar con fuerza. Luego aceleró, más rápido, más duro, el sonido obsceno de piel contra piel llenaba la habitación junto con los gemidos y gritos de Jimin.
— ¡Sí! ¡Más fuerte! — Gimoteo. — ¡Fóllame como a una puta! ¡Por favor! — Gritaba el rubio, empujando hacia atrás con desesperación, las esposas tirando de sus muñecas.
Jungkook azotaba su culo con cada embestida, escupía en su espalda, le tiraba del cabello y del collar, obligándolo a arquearse.
— Eres nuestra perra... — Siseo, inclinándose para morderle el hombro y volver a azotarle el culo. — Mira cómo tragas mi polla entera, vamos bebe, gime más alto, quiero que todo el club sepa lo puta que eres.
Cada vez que el pelinegro golpeaba su próstata con precisión, Jimin veía estrellas bajo la venda. Su polla se balanceaba, goteando sin parar.
La conexión era palpable: el tacto de Jungkook era más firme, más posesivo; su voz lo seducía y lo destruía al mismo tiempo; su olor lo hacía sentir seguro en medio del caos.
Con Taehyung disfrutaba, sí, sus manos eran suaves, sus gemidos juguetones, pero con Jungkook era diferente.
Más profundo.
Más emocional.
Como si su cuerpo y mente se rindieran completamente solo a él.
— ¡Ahh! ¡Ahí! ¡Justo ahí, señor! — Se retorció de placer. — ¡Me vas a hacer acabar! ¡No pares!
Jungkook lo masturbaba con una mano mientras lo follaba sin piedad, pero no le permitía correrse aún.
— Todavía no. — Le dijo disminuyendo los embistes. — Aguanta para mí.
Los cambió de posición.
Sentó a Jimin sobre él, de espaldas, y lo hizo rebotar con fuerza, sujetándolo por las caderas. El rubio gritaba, con las piernas temblando, con el culo tragandose esa polla gruesa una y otra vez.
— ¡Me estás rompiendo! — Gimoteo, negando. — ¡Dios, qué rico! ¡Más profundo! ¡Quiero tu leche dentro, por favor!
Jungkook gruñó, mordiéndole el hombro, tirando del collar y finalmente se corrió con un gemido ronco y largo, llenando el interior de Jimin con chorros calientes, espesos y abundantes.
El rubio sintió cada pulsación, el semen inundándolo, se corrió casi al mismo tiempo, sin tocarse apenas, gritando su placer, el cuerpo convulsionando violentamente, manchando el colchón debajo.
El pelinegro se quedó dentro unos segundos más, moviéndose lento, empujando su semen más profundo, marcándolo.
— Buen chico… — Le felicito. — Te marqué por dentro, ahora eres mío...
Salió lentamente.
Jimin gimió ante la pérdida, con el semen chorreando por sus muslos temblorosos.
Taehyung tomó su turno de inmediato, ansioso.
— Mi turno, princesita. — Murmuró con suavidad. — Vamos a ver cuánto más aguantas.
Lo puso de lado, le levantó una de sus piernas y entró de un solo empujón profundo. Taehyung era más dulce, menos dominante pero de igual manera, tocando puntos nuevos y haciendo gritar a Jimin otra vez de placer.
— ¡Ahh… sí… fóllame… úsame… soy tu zorra también! — Sollozaba, disfrutando de las caricias, arqueando la espalda. — ¡Mmmhg, así!
Taehyung follaba con ritmo profundo y constante, besando su cuello, pellizcando sus pezones sensibles mientras embestía.
El rubio gemía sin parar, pidiendo más.
— ¡Más rápido… por favor… quiero sentirme completamente usado! — Soltó un grito de placer, sus piernas comenzando a temblar. — ¡Eso es, destrúyeme!
Jungkook observaba toda la escena, masturbándose de nuevo, y de vez en cuando se unía azotando el culo de Jimin y le metía el dildo en la boca para que lo chupara mientras Taehyung lo follaba salvajemente.
— Chúpalo como si fuera mi polla, perra. — Le ordenaba, fascinado al ver cómo el rubio se la tragaba entera y soltaba gemidos de satisfacción. — Eso es, bien chico, eres una zorra traga pollas.
Taehyung lo cambió de posición varias veces, en misionero con las piernas de Jimin sobre sus hombros, permitiendose darle suave besos en los labios, luego de nuevo a cuatro patas.
Jimin estaba en el paraíso, gimiendo como una puta en celo, suplicando, llorando de placer.
— ¡No pares! — Suplicó, cuando sintió su órganos cerca. — ¡Quiero más leche! ¡Lléname también! ¡Soy su puta!
Después de largos minutos intensos, Taehyung se acercó al límite y ambos se corrieron con fuerza, el rubio contra él colchón y el dentro de su culo.
—Ahora los dos juntos. — Murmuró el pelinegro con la voz ronca. —Prepáralo, Tae.
Aplicaron más lubricante generosamente en la entrada ya hinchada y dilatada.
Taehyung se acostó, tomando al rubio de las caderas y lo sentó sobre él lentamente, bajando hasta que su polla larga lo llenó por completo.
Jimin jadeó, ajustándose, tirando con fuerza de las esposas, con la necesidad de soltarse y tocar a esos deliciosos hombres. Luego Jungkook se posicionó detrás de el, con la punta gruesa presionando contra el borde de su culo ya ocupado.
— Relájate... — Murmuró, acariciándole los brazos con suavidad. — Vas a tomar las dos pollas como la puta codiciosa que eres. ¿No es lo que querías?
— Si señor, lo deseo con locura. — Gimoteo, ansioso.
El pelinegro empujó y el doble estiramiento fue intenso, ardiente, casi abrumador. Jimin soltó un grito largo y alto, con lágrimas de placer puro bajando por sus ojos, empapando la venda.
— ¡Ahhhhh! — Gritó, retorciéndose. — ¡Es demasiado! ¡Me vas a partir en dos! — Sollozo, asintiendo extasiado. — ¡Sí… por favor… más!
Poco a poco Jungkook entró completamente.
Ambos dominantes dentro de él, moviéndose primero alternadamente y luego sincronizados, profundo y duro.
Jimin era un desastre absoluto, lloroso, gimiendo, gritando, empujando hacia atrás.
— ¡Más! — Suplicaba, con la saliva escurriendo por sus labios, empapando su barbilla, en un éxtasis de placer qué nunca había experimentado. — ¡Follenme más fuerte!
— ¿Te gusta? — Preguntó el castaño y el rubio asintió desesperado.
— Claro que te gusta, por qué eres nuestro. — Gruñó Jungkook, apretándose los brazos con fuerza, haciendo que tire su cabeza hacia atrás para besarle el cuello. — Dime qué eres bebé.
— ¡Soy una puta, una perra, una zorra traga pollas! — Jadeó, retorciéndose, Taehyung le pellizco los pezones. — ¡Así, más fuerte, por favor! — Suplicó, moviendose desesperado. — ¡No paren nunca!
Jungkook dominaba el ritmo, azotando, tirando del collar, susurrándole al oído con esa voz grave que lo deshacía:
— Buen chico… — Le felicito, mordiendole la mejillas con suavidad. — ¡Joder, mira cómo tomas dos pollas! Sientes lo diferente que soy, ¿Verdad? — Le preguntó y el rubio asintió. — Ese apretón que tú culo solo me da a mí…
Taehyung gemía, disfrutando, besando lo que podía y pellizcando los tramos blancos de piel.
El placer era insoportable.
Jimin se corrió por segunda vez con fuerza, apretandose alrededor de las dos pollas gruesas, con el cuerpo convulsionando.
Poco después, Jungkook y Taehyung llegaron casi al unísono, gruñendo y gimiendo, llenando al menor con más semen caliente, con chorros abundantes que se desbordaban y corrían por entre sus muslos llenos de marcas.
El joven colapsó entre ellos, temblando, lleno, marcado por todas partes, completamente destruido y más satisfecho que nunca.
Minutos después, recuperando el aliento en medio de respiraciones agitadas, ambos salieron de él, dándole su espacio, el rubio rudo en la cama, quedando boca arriba, con las manos aún atadas en su espalda, la respiración agitada y su pene aún goteando por el reciente orgasmo.
Luego Jimin escuchó a uno de ellos vestirse y salir discretamente de la habitación, cerrando la puerta con suavidad.
Jungkook se quedó.
Jimin sintió una presencia cerca.
Unas manos gentiles, contrastando con toda la rudeza anterior, le quitaron la venda lentamente de los ojos.
Cuando el menor abrió los ojos, parpadeando bajo la luz roja tenue, vio el rostro más atractivo que había visto jamás en su vida, eran unos ojos oscuros intensos que lo miraban con una mezcla de deseo crudo y algo más tierno, con el cabello negro revuelto por el sudor, los labios hinchados, la mandíbula afilada y un cuerpo musculoso, tatuado, brillante de sudor.
— No pude resistirme... — Susurró Jungkook con voz ronca, limpiando suavemente las lágrimas de placer de las mejillas de Jimin con su pulgar. — Desde que entraste, sentí algo diferente. — Le confesó. — Tu olor, tu entrega… la forma en que tu cuerpo respondía solo a mí... — Suspiró, el rubio tembló de emoción, al ver que no solo el había sentido el clic emocional. — No quiero que termine aquí. ¿Quieres verme de verdad? Fuera de este lugar, en una cena, sin máscaras, sin vendas, solo nosotros.
El rubio, todavía temblando, esposado, con el cuerpo lleno de marcas rojas, semen chorreando de su culo y el corazón latiéndole con una emoción nueva y profunda, lo miró directamente a los ojos.
Esa conexión que había sentido durante toda la sesión ahora tenía rostro y nombre, sonrió débilmente, exhausto pero radiante.
— Sí… acepto.
El pelinegro sonrió y finalmente se inclinó para tomar los suaves labios del rubio en un beso dulce, con lenguas y salivas mezcladas, lleno de promesa y algo que iba más allá del puro deseo.
La noche había terminado, pero algo mucho más grande acababa de comenzar.
FIN.
He vuelto después de mucho tiempo, con algo bien rico, no crean que es que volveré a la escritura, es que estaba viendo un anime Hentai y me inspiró a hacerles esto, así que espero les haya gustado, por qué creo no no volveremos a ver por mucho tiempo,
~ B
ye
.