Prologo
Un día como cualquier otro, Lizzie iba a la universidad presentándose, como siempre, bella: con su moño rojo, su uniforme negro y blanco, su pelo castaño y un copete algo recortado. Sus hermosos ojos cafés, que ante el sol parecían de color miel, eran grandes y brillantes como el sol, y tan deslumbrantes como la luna. Su tono de piel blanca deslumbraba a todos; era considerada la chica más hermosa de la escuela junto con su amiga Malorie.
Malorie, de tez negra y hermosa como la noche, tenía unos ojos azules tan bellos como el color del agua; con tan solo verlos, era como mirar el mar, siendo esto lo más deslumbrante de ella. Su pelo rizado, completamente negro, podría ser lo más hermoso que jamás se hubiera visto. Su uniforme era igual al de Lizzie. Las dos eran tan hermosas que las consideraban para ser modelos y, como todos los días, se dirigían al Instituto de Talento e Inteligencia WD.
Pero las cosas en ese instituto no eran tan bellas como se piensa: cada día se denunciaban a maestros y maestras por acoso hacia los estudiantes.
Lizzie y Malorie llegaron a la escuela tan deslumbrantes como siempre, caminando por el pasillo como si el lugar fuera suyo. Todos las miraban, pero entre la multitud destacaba un chico de estatura baja. Su pelo parecía quemado, tenía muchas cicatrices en la cara (una especialmente en medio de la boca), ojeras grandes y muy negras, ojos oscuros y una mirada penetrante. Tenía sobrepeso y vestía una camisa a rayas. Su mirada seguía a Lizzie; era una expresión deseadora y perturbadora. Ella solo lo miró un segundo y siguió su camino hacia las clases sin mirar atrás.
Las horas pasaron y, finalmente, Lizzie le dijo a Malorie:
—Tengo que ir al baño, es urgente. ¿Me acompañas? —preguntó Lizzie.
—Claro, de todos modos pensaba ir por algo al salón —respondió Malorie.
De camino al baño todo estaba normal, no pasaba nada raro. Malorie decidió adelantarse al salón para después esperar a Lizzie afuera del baño, así que Lizzie siguió su camino sola. Sin embargo, ahora se sentía una vibra extraña, como si alguien la siguiera. Al llegar al baño, la puerta ya estaba abierta. En ese momento no había nadie más en la escuela excepto ellas dos, ya que todos se habían ido, pero Lizzie supuso que alguien la había dejado abierta. Así que, sin dudarlo, entró, hizo lo que tenía que hacer y salió.
Pero afuera estaba él. «¿Qué hacía ese chico raro en el baño de mujeres?», pensó Lizzie. Pero antes de que pudiera decir algo, el chico la empujó contra la pared con una fuerza no humana. Empezó a querer besarla y a tocarla, pero Lizzie se oponía, quitándoselo de encima y empujándolo.
—¡Déjame en paz! ¡¿Quién mierda eres?! —dijo Lizzie entre llantos.
—Serás mía, todos me tendrán envidia y se fijarán en mí —dijo el chico raro, con un tono de voz lleno de odio.
—¡Ayuda! ¡Ayudaaa! —gritó Lizzie, muy asustada y con la voz temblorosa.
En ese momento, Malorie escuchó los gritos y entró al baño con un extintor, gritando: «¡Muere, maldito raro!», mientras le golpeaba la cabeza. En ese instante, Lizzie comenzó a aplastarle la cabeza una y otra vez, mientras Malorie le pegaba con el extintor en la panza hasta sacarle las tripas, de las cuales salía algo de la comida que el chico había ingerido. Le destrozaron tanto la cabeza que el pie de Lizzie quedó con pedacitos de cerebro; los ojos se le salieron, pareciendo pelotas con las que se podría jugar, y los dientes quedaron completamente destrozados.
Aquello ya era una escena del crimen muy clara. Así que tiraron el extintor, lo limpiaron y ambas se fueron a sus casas.
Llegó la noche y Lizzie no podía dormir. Estaba a punto de mandarle un mensaje a Malorie, pero, en ese preciso momento, recibió un mensaje de un número desconocido que decía:
"Te sigo."