Personalizar legibilidad
Aa

Clenton

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Los relojes susurran y para Sophie es una idea sumamente estúpida. En el hospital psiquiátrico Clenton, la realidad se mide entro los dias de claridad mental y los dias de niebla espesa. Pero hoy es diferente, los muros empiezan a resquebrajarse y las puertas de su recinto no conducen a sus pasillos. Acompaña a Sophie en un viaje mental donde el pasado y el presente se confunden.

Genero:
Horror
Autor/a:
AlissaMarac
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
13+

Capítulo 1

Y los relojes susurran “nada…”. 

Pero qué idea tan estúpida, pensó Sophie, ¿por qué si los relojes están susurrando, simplemente usarían la palabra “nada” y nada más? ¿Qué sentido podría tener eso? Si yo fuera un reloj aprovecharía mis susurros en algo más útil, como por ejemplo, preguntándole a quien tengo enfrente observando la hora en mí ¿qué te pasa? ¿Qué estás esperando? ¿Por qué estás aquí?

Por supuesto que ella tampoco podía ponerse a juzgar a los relojes susurrantes, ¿acaso ella siempre que utiliza susurros susurra cosas interesantes o de utilidad? Cree que no, aunque no sabe si puede recordar todos los susurros que emitió en su vida. No siempre que intenta acceder a las bibliotecas de su mente ellas están disponibles (¿eso contribuía a que esté en este lugar?), no ella creía que había algo más por lo cual estaba ahí, no podía ser solo por eso.

A veces los archivos estaban ordenados, podía gozar de esa hermosa claridad mental en la cual todo estaba disponible, todo cuadraba y poseía un sentido único, y otras veces había niebla, por alguna razón las veces que se encontraba con esa niebla todo olía a metal.

Hoy estaba en un punto intermedio, no estaba todo super claro pero recordaba haber tenido nieblas peores. Quiso acceder a uno de los primeros susurros que recordaba y pudo hacerlo con éxito, “mamá, ¿qué estás haciendo?”, recordaba la sensación de miedo en ese momento, había vuelto de la escuela y no entendía por qué su mamá parecía estar eclipsada por un espejo. Estaba ahí, simplemente inmóvil, como paralizada por un frío interno, ¿por qué no se movía? Ahí parecía haber empezado todo. Sophie cree recordar que los días de la biblioteca mental ordenada era capaz de hilar ese recuerdo con otras situaciones y encontrarle sentido a como había llegado a su situación actual.

Respecto a eso, ella también estaba inmóvil en ese momento ¿será que la inmovilidad era algo hereditario?, pensó. Creía que no. Se encontraba recostada, mirando fijamente el techo, esa superficie tan descascarada, amarillenta. Su cabello castaño grasoso caía en mechones desiguales sobre su frente, un poco sobre su ojo izquierdo bloqueando parcialmente su observación.

Sophie es delgada, demasiado dicen sus médicos, tenía en el rostro la sombra de haber sido bonita, aunque si eso había pasado era algo de lo que no estaba segura al menos ese día. Cuando estaba en el medio de su pendiente observación entró la enfermera Rachel, esa no le gustaba, le gustaba más Marie, era más amable, Rachel a menudo le causaba dolor, además de que le molestaba su expresión de desdén, estaba cansada de diariamente soportar esa mirada.

—Ya sabes lo que tienes que hacer, brazo estirado—ordenó Rachel, clavando sus ojos en la paciente.

Sophie obedeció, aunque mientras sentía el espeso líquido atravesando sus venas algo ocurrió. Un temblor sacudió los cimientos de la habitación, las cáscaras de pintura del techo bailaron.

Y todo se oscureció. Sophie cerró fuertemente sus ojos, acudiendo a un mecanismo de defensa infantil, como si desapareciéramos al dejar de ver el mundo. La incapacidad momentánea de ver agudizó sus otros sentidos, podía oler polvo y escuchar ruidos confusos, agónicos, pero como si vinieran de un lugar muy lejano.

Una vez que abriera los ojos no habría vuelta atrás, lo que sea que estaba por ver ya habría sido visto por ella para siempre.

Entonces juntó coraje y abrió los ojos. Para su sorpresa todo seguía igual, fue incluso un tanto decepcionante en un principio, miró a su izquierda y Rachel ya no estaba allí pero ¿dónde pudo haberse ido tan rápido?

Quedó inmovilizada por unos segundos, tratando de decidir cómo proceder a continuación. Sentía el sudor frío corriendo por su espalda y sus intestinos retorcerse.

Haciendo acopio de todas sus fuerzas y valentía decidió actuar, se deslizó de la cama lentamente, como si eso pudiera evitar que lo peor sucediera de repente. El paso siguiente era abrir la puerta de su habitación, que tarea tan difícil, pensó. Sus manos temblaban. Giró el pomo lentamente y asomó la cabeza por una esquina, estaba oscuro, un poco sucio y silencioso pero no era nada nuevo en el Hospital Psiquiátrico Clenton, ese olor a humedad tan característico era propio de ese lugar y ningún otro.

Todo parecía dentro de la normalidad, pero a su vez no. Como si todo hubiera cambiado pero nada lo hubiera hecho.

Se atrevió a abrir la primera puerta a su izquierda, había un silencio espectral. Al ingresar a la habitación había una luz tenue, parecía ser un lugar conocido pero no era capaz de acceder en ese momento al recuerdo de ese lugar en específico. Allí estaba su mamá, mucho más joven que en la actualidad. Con su cabello castaño claro por los hombros y sus ojos verdes, Sophie estaba completamente confundida, se acercó y preguntó con voz titubeante:

—Pero mamá, ¿qué haces aquí?

Su madre no parecía oírla, otra vez tenía la mirada perdida en su espejo. Giró en torno a Sophie aunque ella no estaba segura de sí su madre la había visto y caminó en línea recta, como con un objetivo claro. Sophie la siguió con la mirada y allí había una silla y una cuerda colgando del tirante del techo, techo trasladado de forma mágica desde esa casita pequeña en la cual habían vivido cuando Sophie tenía solo ocho años. Su madre como poseída subió a esa silla, pasó su cabeza por el hueco de la soga y saltó hacia delante.

Sophie desesperada gritó —¡No! — entre sollozos, ¿cómo podía ser que esto sucediera dos veces en una misma vida y ninguna de las dos ella haya sido capaz de evitarlo?

Su madre hacía arcadas y se retorcía salvajemente, como si a pesar de haber tomado esa decisión una parte suya aún no estuviera de acuerdo, como si desde lo más profundo de su ser emergiera una voz distraída diciendo – Oigan, a mí nadie me había consultado sobre esto ¿qué estamos haciendo?

Se retorció, hasta que no pudo moverse más. Hasta que el flujo de sangre en su cuerpo se interrumpió, luego de haber estado tantos años seguidos funcionando sin problemas.

Sophie no sabía que hacer, la vida no te entrenaba para situaciones como esta, en la cual veías a tu madre morir por segunda vez, ¿habrá una tercera?, pensó con cierto humor, dicen que la tercera es la vencida.

Lo único que se le ocurrió fue salir apresuradamente de la habitación. Completamente desconcertada, acababa de darse cuenta de que estaba descalza y tenía frío en los pies. Dios, qué tonta, ¿por qué no me puse las pantuflas?, pensó, y otra vez le dio gracia su propia situación: su mamá acababa de morir por segunda vez y ella tenía frío en los pies.

Al retomar el pasillo de habitaciones pudo comprobar que la puerta de su propio cuarto, por donde había salido en primer lugar, había desaparecido. Lo extraño era que simplemente no estaba y tampoco había sido reemplazada por algo más. Se vio obligada a entonces tomar otro camino, y cruzó a la habitación enfrente de la suya (la suya cuando aún existía).

Al trasponer el umbral, se encontró en el patio de su escuela primaria, ¿acaso esto es un desfile de los momentos más icónicos de mi vida, como una especie de homenaje? pensó irritada.

Recordaba bien esa tarde, fue un día caluroso y una compañera había estado molestándola toda la tarde, se vio a sí misma sentada sola en uno de los escalones de la escalera del patio, pasando distraídamente las páginas de su cuaderno de tareas, cuando un grupo de niñas (Katie, Tania y Luana, esas perras) se acercaron por detrás.

—¿Qué estás haciendo, loca? — preguntó Tania con malicia.

—¿Qué te importa, estúpida? — había respondido Sophie enojada. En ese momento Katie tomó su cuaderno y salió corriendo en dirección opuesta al grito de “¡tengo el cuaderno de la loca!”.

Sophie no lo pensó mucho y salió corriendo detrás. (Ambas versiones de Sophie). En un arranque de furia se tiró encima de Katie, quedando ambas en el piso boca abajo, Sophie tomó entre sus manos la cabeza de su compañera y la comenzó a estrellar contra el cemento del patio. Perdió la cuenta de cuántas veces repitió el movimiento, la versión joven de Sophie en ese momento solo pudo concentrarse en las salpicaduras de sangre que estallaban contra el piso, creando una obra de arte abstracta de violencia y destrucción.

La Sophie actual hubiera querido evitar ese momento también, así como la muerte de su madre, pero ¿Qué podía hacer?, la verdad que Katie se lo merecía.

Instantáneamente Sophie recordó por qué estaba en Clenton.

Ese día Sophie tenía catorce años, había sido un día trascendental en su vida, ya que a partir de ese acontecimiento había sido enviada a su lugar actual.

Maldita Katie, pensó Sophie, ella había tenido la suerte de morir ese día.

Mientras reflexionaba en su pasado, Sophie advirtió un detalle extraño en la escena, que dudaba que hubiera estado ahí el día que ocurrió todo.

Había un espejo, flotando, en el medio del patio.

Sophie quedó anonadada, ¿cómo podía ser? Estaba bastante segura de que eso no había estado ahí en un primer momento. Se acercó lentamente, en el camino manchando sus pies con la sangre de la cabeza de Katie, y dejando sus huellas escarlatas a cada paso. Tuvo miedo de mirar su reflejo en él, podía llegar a encontrarse con cualquier cosa. Se asomó con cuidado, el espejo era antiguo, más de cerca podían verse detalles grabados en su marco.

Se paró frente a él con el corazón acelerado y los pies ahora además de congelados pegajosos de sangre, y lo único que pudo ver reflejado fue su propia imagen. Esperó unos segundos, expectante, atenta a cualquier detalle extraño, esperando que algo cambiara y nada.

Decepcionante.

En ese momento recordó a su madre, ella siempre perdida en el espejo de su casa, ¿será que ella advertía algo especial en su reflejo?, pensó.

De repente, comenzó a sonar una melodía proveniente de otra habitación. Se alejó poco a poco del espejo, sin quitarle los ojos de encima por las dudas, mujer precavida vale por dos decían.

Ingresó en la tercera habitación de su recorrido, y ahora qué tocará, Dios mío, pensó.

Cuando abrió la puerta la escena que vio la sorprendió. Eran ella y su papá, poco antes del “accidente” con Katie, bailando. Había olvidado ese momento. Simplemente sonaba una canción en la radio, la cual no recordaba el nombre, y ellos habían decidido ponerse a bailar en el comedor.

Su madre había muerto, muerto simplemente no Sophie, ella se colgó, se recordó a sí misma, varios años atrás pero no habían podido encontrar muchos momentos de alegría o conexión desde entonces. Este había sido uno de esos pocos, antes del nuevo caos.

Bueno, un momento lindo al menos, pensó.

Pero otra vez el espejo. No recordaría el nombre de la canción que sonaba pero sí estaba muy segura de que ese espejo no estaba en la versión original de la escena. Se acercó esta vez más decidida, molesta por no comprender la situación.

Esta vez sí vio algo en el reflejo. No era ella, en camisón, despeinada, sudada y con los pies pegajosos.

Era ella muerta entre los escombros de Clenton. Su papá desesperado, llorando, la intentaba sacar de entre los pedazos de techo descascarado que le habían reventado el cráneo. Su cara toda desfigurada, en esta versión de ella ya no solo tenía sangre en sus pies.

El temblor que Sophie había escuchado hacía unos momentos había sido una explosión en el hospital, ella estaba muerta.

Solo estaba despidiéndose de la vida recorriendo algunos recovecos de su biblioteca de recuerdos antes de alejarse del todo del mundo de los vivos.

FIN

¡Cuéntale a AlissaMarac lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

1

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

0

Impactante

Bien escrito

0

Bien escrito

Trama absorbente

0

Trama absorbente

Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes