Prólogo
No recuerdo cómo empezó, solo viene a mi la sensación de la sangre entre mis manos. Y no fue malo, fue incluso liberador.
Levanto la mirada del cadáver en el suelo y todo regresa en fragmentos llenos de dolor, angustias y astio.
Miro hacia a mi hermana, mi mis rostro me mira con horror.
-¿ Qué hicimos?- me pregunta con voz entrecortada.
- Nosotras nada. ¿Qué pudieron hacer dos niñas de 10 años contra un hombre de ese tamaño? Todos se darán cuenta que es imposible, solo necesitamos ser convincentes.- le digo con una sonrisa en mi rostro cargada de tranquilidad- Llama a la policía. Evitemos hablar de más, okey?- le digo con su rostro en mis manos, evitando que lo siga mirando. Ella asiente mientras se dirige a la sala.
Me quedo sola en mitad del estudio mientras lo miro.
- Lo siento tanto Vicktorio...no haberte hecho sufrir más- digo al cadáver con una sonrisa satisfecha, aliviada- Pero por fin tienes lo que te mereces- me alejo lentamente de su cuerpo ensangrentado y me apresuró a asegurar que no halla evidencia alguna de lo que pasó.
Siento mi cuerpo temblar y me detengo.
Ya era un hecho, no había marcha atrás. Era real.
Habíamos matado a Victorio.
Habíamos matado a nuestro padre.