¿Existen las segundas oportunidades?

Era un día de otoño, cálido y al mismo tiempo fresco. Las calles estaban como cada día, llenas de gente apurada que empezaba el día temprano. Todo en Greenwich Village gritaba movimiento.
Louis caminaba, recorriendo esas calles que lo vieron nacer y crecer, hace más de cuarenta años, mientras iba al mercado de la plaza central. Ese día no había ido a trabajar, ya que estaba con licencia por un problema en su hombro.
Trabajaba en un laboratorio dental, era tecnólogo, encargado junto a dos compañeros de fabricar prótesis fijas y removibles para los pacientes que lo necesitaban.
Tenían varios odontólogos que les enviaban trabajos. El laboratorio donde estaba Louis era pequeño, pero muy reconocido por su gran calidad, no solo en los materiales que utilizaban, también en la responsabilidad al cumplir los plazos.
Debido al uso permanente de los equipos como motores de mano y computadores, el hombro de Louis se había resentido, por lo que le dieron una licencia de tres días para que reposara.
Esa mañana necesitaba ir al mercado por algo de frutas y algunas verduras. Su aroma a cerezas se sentía jugoso y suave, mostrando lo tranquilo que estaba. Mientras llegaba al lugar, no pudo evitar recordar su juventud, esa un poco alocada y llena de amigos, y momentos buenos y malos.
Siempre tuvo suerte con los alfas que conoció. Su primer novio lo tuvo a los trece años, y fue una relación de apenas unas semanas, pero muy tierna, que consistió en miradas por largos minutos, sonrisas y tomadas de la mano. Con su segundo novio las cosas fueron un poco más hormonales, a los catorce. Ahí supo lo que eran las primeras caricias, a pesar de no llegar a la cama con él. También fueron solo unas semanas, quizás dos o tres.
Después conoció a quien pensó, sería el alfa de su vida. Óscar.
Él era cuatro años mayor, se conocieron cuando Louis tenía quince. Su noviazgo consistió en hablar mucho, besarse y caminar de la mano. Óscar era un alfa posesivo, con un intenso aroma a limón, y a quien no le gustaba que Louis usara cualquier ropa, o que tuviera más amigos, le daba igual si eran alfas u omegas, y a Louis le parecía dulce y estaba bien con eso. Sentía que se amaban, de verdad lo sentía. Hasta que las cosas se pusieron difíciles. Óscar debió irse desde Londres a Glasgow, por temas laborales, y a Louis no le importó, porque su relación era fuerte, única y especial y nada podría quebrarla.
Ni siquiera cuando Óscar le contó que estaba compartiendo un departamento con otro omega, según él, solo por un tema de ahorro. No importaba, Louis le creía. Pasaron algunos meses en esa tónica, con Louis creyendo cada palabra en cada llamada, cada promesa de volver a verse pronto, aunque ese momento nunca llegaba. Hasta que un día, Louis recibió una llamada del omega que compartía departamento con Óscar. Le dijo claramente que ellos eran pareja y que por favor se alejara, que llevaban varios meses juntos y que eran muy felices.
Pero para Louis no fue suficiente, siguió llamando y recibiendo llamadas de su amor, porque Óscar nunca admitió lo que estaba pasando. Sin embargo, un día las cosas cambiaron para mal.
La última llamada ese día jueves, fue con un Óscar completamente furioso. Le reclamó a Louis por haberlo llamado y haberle gritado a su omega.
Y ahí sí que el mundo de Louis se rompió, porque aunque tuviera mil pruebas de que óscar lo estaba engañando, él no lo creería, hasta ese momento en que el alfa se lo restregó en la cara.
Y Louis lloró por meses, sobre todo porque era mentira, él no había llamado al otro omega, y sentía que la confianza estaba por completo destruida. Lloró por meses el quiebre con su gran amor, lloró por meses su angustia. Nada le dolió como ese momento, jamás imaginó poder sentir un dolor así, y sin embargo, salió adelante.
Era un adolescente aún, tenía toda una vida para volver a ilusionarse.
Cuando bajó de su nube, estaba pagando en el mercado por unas fresas y manzanas, también por unos pepinos y limones. No se había dado cuenta de lo que estaba haciendo por culpa de sus recuerdos.
Terminó sus compras y con toda calma caminó hasta su casa.
Una vez que llegó, puso el agua a calentar para tomar un café. Sonriendo buscó un libro que estaba leyendo y se sentó junto a su taza en el sofá, para descansar un momento. Mientras leía, fue inevitable volver a recordar.
Después de esa gran decepción amorosa, se había dedicado a terminar la escuela, con tantas ganas que al finalizar sus estudios fue el mejor de su generación. Eso le había dado un poco de calma a su corazón.
En ese tiempo, su hermano mayor, Thomas, tenía un grupo de amigos bastante grande. Con algunos de ellos, Louis hizo algún tipo de amistad. Entre ellos, estaba Harry, un alfa hermoso con aroma a pimienta rosa. Cada noche, en vez de salir con Thomas, Harry empezó a visitar a Louis, y en base a tiempo, paciencia y detalles, logró conquistar lentamente el corazón del omega, que volvió a ilusionarse. Harry era dulce, tierno, preocupado y tenía una sonrisa hermosa. Louis fue el más feliz la noche en que se besaron por primera vez.
Harry fue tan delicado al tomar su rostro y besarlo despacio, que Louis había suspirado. Fue esa y muchas noches en que Louis pensó que se había enamorado.
Pero se equivocaba.
A pesar de lo perfecta que era su relación hasta ese momento, un día cualquiera, Óscar apareció en su puerta. Llegó pidiendo una nueva oportunidad, y prometiendo que las cosas serían distintas.
Y Louis le creyó.
Nunca podría olvidar el rostro de Harry, que era de una pena infinita, y que sin embargo, fue capaz de dar un paso al lado. Ni una sola queja o comentario salió de su boca. Simplemente aceptó la situación y desapareció del mundo de Louis y de su hermano.
Y Louis estaba bien con su decisión. Estaba muy feliz de volver a intentarlo con quien, seguía pensando, era el gran amor de su vida.
Pero las cosas con Óscar no volvieron a ser lo mismo. El alfa estaba mucho más posesivo que antes, pero a Louis ya no le parecía bien que fuera un tema su ropa o sus amigos. Entonces, Óscar empezó a frecuentar a los amigos de Louis, y eso al omega le pareció increíble. Estuvieron cerca de tres meses muy bien, Louis se sentía muy feliz y mucho más tranquilo.
Pero el quiebre fue inevitable. Luego de esos meses, Louis y Óscar tuvieron una fuerte discusión, debido a que el alfa le hizo una gran escena de celos, porque había otro chico que estaba interesado en Louis. Y el omega no soportó la situación. Ya no le parecía tierno ni dulce, menos que lo volviera a culpar por algo que no había hecho.
Louis puso fin a la relación sin más explicaciones ni conversaciones.
Y Óscar no se dio por vencido, intentó por meses volver a tener una oportunidad, lograr aunque fuera una pequeña conversación, pero Louis estaba decidido a seguir adelante sin él. Finalmente Óscar se dio por vencido y desapareció de la vida del omega.
Louis dejó la taza en la mesa de centro junto al libro que no había podido leer. Se levantó a buscar un vaso de agua y sus analgésicos. Mientras bebía con calma, miraba por la ventana. Vio una pareja caminando tomados de la mano, y su mente volvió al pasado una vez más.
Luego del distanciamiento con Óscar, y luego de salir de la escuela, comenzó su etapa universitaria, y con ella, un mundo de posibilidades. Formó un grupo de amigos, con quienes pasaba más fuera que dentro de clases, y con quienes aprendió a fumar cigarros y marihuana, también a probar el alcohol. Y debido a lo mismo, conoció el descontrol.
Empezó a conocer chicos con quienes compartía algunos besos y tal vez unas caricias, sin llegar jamás a la cama. Se negaba a tener su primera vez con quien no tuviera un vínculo afectivo.
Y los alfas que fue conociendo no querían algo serio, solo pasar el rato y Louis estaba de acuerdo. Era lo mismo que buscaba.
Uno tras otro fueron quedando atrás. Más de alguno tuvo potencial para algo más, pero a esa altura, Louis se había acostumbrado a ser y dar solo un poco de sí mismo. No hubieron más paseos de la mano ni conversaciones profundas. Nada.
Ese primer año en la universidad, lo perdió por completo, para gran disgusto de sus padres, pero una vez más, Louis se recuperó, y en vez de intentar de nuevo una carrera universitaria, se decidió por una técnica. Así entró tecnología dental.
En ese momento dejó de tener tantas citas vacías y se dedicó a estudiar y a practicar.
Al finalizar ese primer año, un día normal al terminar las clases, se reunió con sus amigos y compañeros a jugar cartas en el patio del instituto. En la mesa de al lado, había un grupo de chicos de la misma carrera, con quienes no se conocían bien, y que estaban tomando cerveza.
En un acto que nadie vio venir, decidieron juntar las mesas y entre todos jugar y beber. Louis quedó al lado de un alfa con aroma a hierba recién cortada, que le pareció simpático. Estuvieron conversando y riendo, hasta que en un momento se besaron.
Todos habían quedado un poco sorprendidos al ver lo que estaba pasando, pero nadie dijo algo. Ese día, Sam, el alfa, acompañó a Louis hasta la parada de buses y al día siguiente lo esperó en la entrada del instituto. Una semana después, se hicieron novios. Era rápido, pero ellos lo sintieron natural. Tenían muchas cosas en común, y se llevaban realmente bien, a pesar de que el aroma de Sam opacaba ligeramente al de cerezas de Louis. Quizás era cosa de tiempo.
Cuando llevaban dos semanas de novios, Sam lo llevó a conocer a su familia, sus padres y hermanos, quienes adoraron a Louis desde el primer minuto. Todo parecía ir bien, Louis estaba ilusionado una vez más, y esta vez, al parecer, las cosas serían diferentes.
Sam era preocupado y tierno, cuidaba mucho a Louis. Pero el omega estaba dañado sin saberlo, y lo descubrió cuando empezaron los primeros problemas de inseguridad. Louis pensaba si Sam lo engañaría o lo dejaría por otro, o simplemente inventaría una excusa para irse.
Pero Sam tenía paciencia, mucha paciencia, y trataba siempre de despejar cualquier duda que atormentara a Louis, pero al pasar las semanas, cada vez era más notorio el daño en el omega. Un mes después de empezar a ser novios, y en una madrugada en medio de una fiesta que habían organizado sus amigos, pasaron la noche juntos. Fue la primera vez de Louis, pero no la de Sam, y eso también le dolía al omega. Él quería ser el primero, pero simplemente no estaba en sus manos cambiar las cosas.
Fue una primera vez un poco caótica, porque estaban en un casa con mucha gente, y para Louis todo era nuevo y no sabía muy bien qué hacer. Había visto porno muchas veces, pero las cosas en la realidad eran muy, muy diferentes. Le dolía, estaba incómodo, debía aguantar sus gemidos y Sam estaba también muy nervioso. Nunca había estado con alguien sin experiencia, y a pesar de tener mucha paciencia, no podía darle seguridad a Louis.
Louis dejó el vaso en la cocina, mientras negaba con la cabeza y sonreía. Su primera vez era algo que ahora, muchos años después, le causaba mucha ternura y risa. Caminó por el pasillo hacia su habitación. Se quitó las zapatillas y se recostó. Prendió la televisión y abrazó la almohada a su lado. Cerró los ojos y siguió recordando.
Después de esa primera vez, las cosas estuvieron un poco tensas aún, porque Louis se sentía muy vulnerable por lo que había pasado. Sin embargo, lentamente las cosas se fueron calmando.
Desde ahí empezaron a disfrutar mucho el sexo, y la relación se profundizó. El primer año juntos pasó muy rápido, y aunque cueste entenderlo y creerlo, pasaron seis años y medio.
En ese tiempo, Louis sentía que las cosas se habían enfriado, y a pesar de haber hablado con Sam varias veces, nunca fue escuchado. El alfa también estaba resentido por haber sido el pilar de la relación tanto tiempo, y eso sumado a los problemas laborales, simplemente los desgastaron. Los dos vivían aún con sus padres, nunca fue una opción vivir juntos y eso también le martillaba a Louis en la cabeza. Lo planteó alguna vez, pero Sam no supo darle una respuesta. No había una marca tampoco, a pesar de estar seguros de amarse.
Esas pequeñas cosas empezaron a amargar la vida de Louis, quien decidió un buen día que todo se acababa. Le comunicó a Sam su decisión, e increíblemente no encontró alguna mala reacción de parte del alfa.
Eso también le dolió, pensar que para Sam las cosas eran tan poco importantes que no había intentado siquiera que Louis cambiara de opinión o que se dieran un tiempo para volver a conversar las cosas.
Cada uno siguió su vida como si no hubiesen compartido más de seis años juntos.
Louis pronto conoció a un chico por internet, y entablaron una amistad que parecía inofensiva, pero que para Louis se transformó en una especie de obsesión. Se conectaba prácticamente todo el día esperando poder enviar y recibir mensajes del alfa en cuestión, perdiendo su tiempo libre frente al computador. En medio del amor cibernético, conoció a otros alfas con los que volvió a su vieja costumbre de solo besos.
Louis se quedó dormido sobre la cama de tanto recordar. Despertó a eso de las tres de la tarde con mucha hambre. Se levantó con cuidado y se preparó un puré de papas con una hamburguesa, acompañado de una ensalada de lechuga. Llevó su almuerzo a la habitación y se sentó con las piernas cruzadas a comer.
En la televisión sonaba una canción que lo hizo volver a recordar.
Su amor fantasma con el chico de internet terminó cuando decidió que Louis no era lo que buscaba y le contó que había conocido a alguien más. Eso provocó que Louis cayera en una especie de depresión. No tenía ganas de levantarse, y había dejado de trabajar por problemas con sus jefes. Estaba todo el día lamentándose.
Todo cambió, cuando un día, su mamá cayó enferma, y poco después murió.
Ahí entendió lo mal que había actuado todos esos años, y que había descuidado lo más importante de su vida por andar con uno y otro alfa, perdiendo el tiempo. Su mundo se derrumbó por completo y su vida ya no sería la misma.
Cuando más solo se sentía, en el funeral de su mamá, apareció Sam. A pesar de haber pasado más de un año desde que se habían separado, el alfa estaba ahí para consolarlo y Louis solo se dejó llevar, refugiándose en él. Después de unas semanas de mucho conversar, decidieron darse una nueva oportunidad.
Las cosas estuvieron bien, hasta que de pronto Louis quedó esperando un cachorro. Ninguno de los dos quería un bebé, pero Louis tampoco se atrevía a abortar. Sam estaba dispuesto a enfrentar la situación y hacerse cargo de su responsabilidad, pero el destino propuso otra cosa. Louis perdió al cachorro a los dos meses.
El omega no logró reponerse de esa perdida, sobre todo porque casi al mismo tiempo perdió a su papá. Se sumió en una depresión, de la que Sam no pudo sacarlo. Estuvieron juntos cinco años de esa manera, con Louis muy desregulado. Eran una especie de amigos con algunos derechos. No volvieron a a tener sexo, Louis no podía, su cuerpo se negaba. Hasta que las cosas decantaron y en un mutuo acuerdo, decidieron separarse. Sin escenas, sin gritos. Como amigos que se respetaban y se querían mucho.
Louis había terminado de comer cuando volvió a la tierra. Suspiró, se sentía agotado de tanto recordar. No sabía porqué estaba tan nostálgico y melancólico.
Llevaba varios años solo. Había sido una decisión consiente y con la que estaba muy tranquilo, sin embargo, últimamente había recordado mucho a Harry.
Era una de las decisiones que más lamentaba.
El aroma de ese alfa dulce y preocupado a pimienta rosa, y el suyo a cerezas se fusionaban tan bien, se amalgamaban como nunca lo logró con alguien más. Recordaba con lujo de detalles cómo era besarlo, su mirada siempre tan clara, él tan seguro y decidido y sensible al mismo tiempo.
¿Qué sería de su vida?
¿Habrá encontrado a algún omega que sí lo valoró?
¿Sería feliz?
Lo deseaba con todo su corazón.
Decidió que era mejor dejar de pensar tanto, no era sano. Seguramente tendría que hablar con su psicóloga y su psiquiatra, para ver si había que ajustar alguno de sus medicamentos. Llevaba un par de años en terapia, y su vida había cambiado mucho.
Su papá le había dejado una pensión, sus hermanos se fueron con sus familias y le dejaron la casa donde siempre vivieron. Se había dedicado a trabajar y a llevar una vida tranquila. Se dormía temprano, ya no podía beber alcohol, ni fumaba. Intentaba cuidarse y estaba feliz con su vida, estaba en paz.
Una vez que volvió a trabajar, después de su licencia, se sintió mejor. Tenía su mente ocupada. Una semana después, cuando salía camino al paradero para tomar el bus hacia su trabajo, le pareció ver a Harry cruzar la avenida.
Se puso a reír. Eso era imposible. Aunque pensándolo bien, recordó que los padres de Harry vivían a unas cinco cuadras de su casa. Quizás Harry había ido de visita. Pero aún así, ¿cómo podría reconocerlo? Estaba seguro que al igual que él, había cambiado.
Sonrió. Tomó el bus y se fue al laboratorio.
Esa misma noche, apenas unos minutos después de que había llegado a su casa, tocaron a su puerta.
Louis se puso muy nervioso, nunca recibía visitas. Se asomó por la ventana antes de abrir y casi no lo puede creer.
—¿Qué haces aquí? —Preguntó con una sonrisa gigante, Louis.
—Me pareció haberte visto en la mañana y no me quería quedar con la duda, —respondió Harry, correspondiendo la sonrisa, con una más que luminosa.
—No lo puedo creer... ¿Hace cuánto no nos vemos?
—¡Muchísimos años!
—¿Quieres pasar?
—No puedo, tengo que llegar a preparar la cena, pero podemos dejarlo para el fin de semana, ¿te parece?
—Me va a encantar conversar contigo, —dijo Louis, intentando que su aroma no se descontrolara en notas jugosas y un dulzor fresco y delicioso. Estaba muy feliz.
—Nos vemos entonces, cuídate...
Harry se dio la vuelta y se fue caminando a un paso rápido.
Louis cerró la puerta y volvió a sonreír. Harry tenía la misma mirada que recordaba, con esos ojos verdes hermosos, sus labios llenos, sus rizos a pesar de su pelo más corto. Estaba igual de atractivo, con esas piernas largas, su cuerpo firme y su piel sedosa.
Fue a la cocina por una taza de té, e intentó calmarse. Verlo de nuevo había sido demasiado, se sentía en extremo vulnerable, y eso no era bueno estando solo. Se refugió en su propio aroma a cerezas, y pudo encontrar la calma.
¿Qué había pensado Harry de él?
¿Lo habrá encontrado más flaco, más gordo? ¿Menos lindo? ¿Muy torpe?
No lo sabía y eso le carcomía su mente.
Quizás Harry no volvería, o quizás sí. ¿Estaría casado? ¿Tenía que preparar la cena para alguien más?
No podía dejar de pensar, solo sabía que estaba feliz de verlo bien, muy feliz.
El día sábado llegó rápidamente. Louis salió a comprar las frutas y verduras de la semana y un poco de despensa y luego ordenó todo. Se dedicó a cocinar, estaba antojado de comer lasaña, por lo que se puso manos a la obra.
Un poco más de una hora después, la comida estaba lista. Comió con ganas, y una vez que la lasaña estaba fría, porcionó y guardó para congelar. También lavó ropa y barrió toda la casa. Limpió vidrios y ventiló. Estaba intentando hacer de todo un poco para que la hora pasara más rápido y no sentirse tan nervioso. Ni siquiera sabía si Harry iría ese día o el domingo. Necesitaba certezas, solo quería ya terminar con la incertidumbre.
Sin embargo, pasó todo el sábado y Harry no apareció.
Y Louis se desencantó un poco, aunque sabía que no tenía derecho. Tal vez Harry había tenido una complicación con su familia o con su omega y estaba bien. Louis no podía ser una prioridad.
El domingo, estaba Louis leyendo en el jardín de su casa, tomando el sol, cuando sintió el aroma a pimienta rosa muy fresco y ligeramente picante, reconfortando a su lobo.
Se levantó de su silla, y fue a buscar sus llaves. Abrió la puerta antes de que Harry tocara el timbre.
—Hola... —Saludó, Louis, haciendo pasar al alfa.
—Hola, gracias...
—Sígueme.
Entraron a la casa y Louis los llevó hasta el living.
—Es muy bonita tu casa, —dijo Harry, mirando todo desde el sofá.
—Gracias, intento mantenerla lo mejor posible. ¿Quieres un té o un café?
—Un café, por favor.
—Bien, ya vengo.
Louis puso el agua a calentar y preparó las tazas. En un plato puso unas galletas y bizcochos. Apenas estuvo el agua lista, sirvió y dispuso todo en una bandeja.
—Gracias... —murmuró Harry, recibiendo su taza.
—Espero que te guste con azúcar, olvidé preguntarte antes.
—Lo tomo con azúcar, no hay problema.
—Aún no puedo creer que estés aquí, pensé que te habías ido a otra ciudad...
—Lo hice. Después de que lo nuestro no funcionara, decidí irme pero no tan lejos, a casa de una tía. Después entré a estudiar.
—¿Qué estudiaste?
—Topografía.
—Topografía... Eso tiene que ver con mediciones y construcción y esas cosas, ¿verdad?
—Sí, así es.
—¿Te fue bien?
—Sí, fui un buen estudiante, —contestó sonriendo. —No me costó encontrar trabajo, mi vida estaba bien a esa altura. Necesitaba seguir adelante y eso hice.
—No sabes cuánto me alegro... De verdad, todos mis pensamientos hacia ti siempre fueron sobre eso, que pudieras ser feliz...
Harry sonrió sin ganas. —No sé si feliz sería una palabra que pudo definirme por muchos años.
—¿Por qué lo dices?
—Entré a trabajar en una gran constructora. Ahí conocí a Hugh... Él era un omega diferente a todos los que había conocido, —contó con su voz ligeramente triste.
—¿En qué sentido? —Quiso saber Louis, bebiendo su café.
—Era rebelde, directo, frontal. Era mi jefe directo y desde el primer minuto me advirtió que me iba a conquistar, —contó sonriendo. —No fue difícil enamorarme, él era muy detallista, muy posesivo de una buena manera. Fueron dos meses en que me demostró que podía ser el omega de mi vida, y desde ese momento nos hicimos novios. Tres meses después nos fuimos a vivir juntos.
—¿Eran muy felices?
—Mucho. En nuestra relación no habían fantasmas ni malos entendidos, solo mucho amor.
—¿Y qué pasó?
—Vamos a tener que dejarlo para una próxima oportunidad, debo irme.
—Oh, entiendo. ¿Cuándo volverás?
—Podemos ir a tomar un café el viernes después del trabajo, ¿te parece?
—Sí, ¿en la cafetería al lado de la chocolatería de dos pisos?
—Perfecto, ¿a las seis?
—A las seis. Te acompaño.
Louis abrió la puerta, y Harry salió.
—Me gustó mucho volver a conversar contigo, —afirmó Harry.
—A mi también... Nos vemos el viernes.
Harry hizo una pequeña reverencia y se fue.
Louis cerró con llave y entró hasta el living. Tomó la bandeja con las tazas vacías, y el plato de galletas a medio comer y las llevó a la cocina.
Lavó y ordenó y se fue a su habitación. A pesar de ser temprano, decidió acostarse a ver una película. Se durmió cerca de las diez de la noche.
Al día siguiente se levantó de buen ánimo. Se bañó y desayunó, y luego se fue a trabajar, feliz. Su hombro estaba mucho mejor debido al descanso, y esperaba que se mantuviera así. La semana pasó sin sorpresas. Solo Louis pensando en la historia de Harry, quería saber qué podría haber pasado en una relación que parecía perfecta. Luego recordó su propia historia, donde las malas decisiones opacaban las buenas, y decidió no hacer conjeturas.
El viernes llegó inevitablemente, por suerte, con una tarde cálida.
Louis llegó al lugar diez minutos antes de las seis. Pidió un café cortado y esperó a Harry, que apareció a las seis con cinco minutos.
—Hola, ¿me atrasé demasiado? —Preguntó acelerado. —Se me pasó la hora en una llamada telefónica.
—Llegaste bien, no te preocupes. ¿Quieres pedir ya?
—Sí, por favor.
Louis llamó al chico que recibía los pedidos y encargó dos cappuccinos y dos porciones de pastel de chocolate.
—¿Qué tal tu semana? —Preguntó Louis.
—Bien, estamos con dos proyectos grandes, por lo que hay mucho qué hacer, reuniones que programar, datos que ingresar y un largo etcétera.
—¿Te gusta tu trabajo?
—Me encanta y me encanta trabajar bajo presión. Me gusta tener personal a cargo, llevar la organización de los grupos de trabajo, coordinar y todo eso.
—Se te nota, te brillan los ojos.
Harry sonrió.
—¿Y tu? ¿A qué te dedicas?
—Soy tecnólogo dental.
—¿Y eso qué es?
—Trabajo en un laboratorio, que a su vez trabaja para distintos centros odontológicos. Ellos nos envían muestras e impresiones de diferentes pacientes, que necesitan prótesis. Pueden ser las típicas prótesis de acrílico que uno ve en las películas, o solo prótesis de una sola pieza. ¿Me explico?
—Sí, entiendo. ¿Y te gusta?
—Amo mi trabajo, aunque últimamente he estado con muchas molestias en mi hombro.
—Oooh, qué mal... ¿Tiene tratamiento?
—Solo reposo y antinflamatorios, nada permanente, explicó Louis, devorando su pastel.
—¿Y cambiar de trabajo es una opción?
—Si en un momento se vuelve demasiado limitante, tendría que pasar a ser el recepcionista o incluso quien lleva y trae los moldes. No me gustaría tener que irme del laboratorio, hay un ambiente maravilloso. Somos solo omegas.
—Entiendo, ojalá y no tengas que irte.
Se quedaron en silencio unos minutos, mirándose de vez en cuando.
—¿Dónde estás viviendo? —Quiso saber Louis.
—Con mi mamá, cerca de tu casa.
—¿Y tú papá?
—Se fue a Escocia. Conoció a otra omega y simplemente se fue, —contó Harry.
—¿De verdad? No me lo esperaba...
—Creo que nadie. Pasó hace diez años y mi mamá aún no se recupera. Quizás nunca lo haga...
—Es que debe ser muy difícil perder a quien compartió tantos años contigo...
—Lo dices como si lo supieras, ¿lo haces?
—Lo hago, pero antes de que te cuente algo, quedamos a medias con tu historia. ¿Tienes tiempo?
—¿Qué hora es?
—Las ocho.
—¡No puede ser! Debería estar en casa, mi mamá debe estar muriendo del hambre, —se lamentó Harry.
—Vamos, entonces. Por suerte la parada de buses está aquí en la esquina.
—Sí, vamos.
Louis pagó, y salieron rápidamente.
El camino en bus fue en medio de una conversación relajada sobre temas de actualidad y política.
Louis pasó a dejar a Harry, y luego se fue a su casa. Habían quedado de acuerdo en verse el día domingo, ahora en la casa del alfa. Así Harry estaría más tranquilo.
El sábado, Louis se dedicó como siempre a limpiar y cocinar para la semana. Cuando terminó, se sentó a leer en su jardín. Le gustaba tomar el sol en ese lugar, con sus pocas plantas, algunas flores y un naranjo creciendo.
Antes de dormir se dio una ducha rápida, y luego se acostó a ver una serie. El domingo durmió hasta tarde, cerca de la una tarde. No sabía cuánta falta le hacía descansar, pero estaba feliz de haber podido hacerlo. En pijama almorzó, y luego se bañó para despertar bien. A eso de las cuatro, salió camino a la casa de la mamá de Harry. Su aroma a cerezas estaba fresco y jugoso, lo que hablaba de su buen humor y tranquilidad. Llevaba años sintiéndolo de esa manera, y lo amaba. Le gustaba pensar que había madurado, y que era un hombre sin sombras, que había dejado su pasado atrás.
Llegó a la dirección, y tocó el timbre. Pronto sintió el aroma a pimienta rosa, magnética, ligeramente intensa y resinosa.
Fue imposible para Louis no recordar lo que le provocaba ese aroma. Algo suave y eléctrico a la vez.
—Hola, ¿cómo estás? Pasa.
—Gracias...
—Es por acá, —explicó el alfa.
Pasaron por una cocina muy bonita, un pequeño pasillo y luego el living, con pocas cosas, pero muy bien decorado. No había figuras adornando el precioso y antiguo mueble de caoba, tampoco sobre la mesa de centro, que tenía apenas un pequeño camino de encaje.
—Es muy linda tu casa. Muy, muy bonita.
—Es todo responsabilidad de mi mamá. No le gusta que yo toque sus cosas, —contó Harry, sonriendo.
—¿Y tus hermanas?
—Se casaron y se fueron. Pero siéntate. ¿Café?
—Sí, gracias. Pero te acompaño a la cocina.
—Bien, vamos.
—Entonces, tus hermanas...
—Una está en Liverpool y la otra en Manchester. Vienen de vez en cuando a ver a mi mamá. Le han ofrecido que se vaya con ellas, pero mi mamá no ha querido. Dice que aún puede vivir sola, aunque a mí me parece que no es muy cierto. Siento que de a poco esta perdiendo la cordura, y me da miedo dejarla sola... —Contó Harry preparando todo.
—¿Crees que pueda estar atravesando algún cuadro de demencia o de alzheimer? —Preguntó Louis, muy serio.
—Así es. Mis hermanas no trabajan fuera de casa, podrían cuidarla mucho mejor que yo, y quieren hacerlo. Espero que mi mamá pronto entienda que es por su bien.
—Qué difícil, ella no debe darse cuenta de las cosas. Debe creer que todo sigue igual y que ustedes exageran.
—Exactamente así es. No quisiera verla perder su memoria ni sus recuerdos, pero sé que es cosa de tiempo...
—Debes trabajar con miedo...
—Más que eso, ya vivo con miedo. Todo es un potencial peligro para ella, y es horrible vivir pensando si le pasará algo, si olvida cortar el gas o tomarse sus medicinas, si sale a comprar el pan y se le olvida cómo volver... Son todas cosas normales y que deberían ser seguras, pero que ahora se transforman en terror. Intento que tengamos rutinas, de hacer las mismas cosas a las mismas horas todos los días. Levantarnos, comer, dormir, leer, pasear y así. Ordenar todo lo que hacemos para que se sienta más tranquila y segura.
—Lo siento mucho, no sé qué decirte. Creo que son dos enfermedades muy tristes y no puedo imaginar cómo te sientes. Si puedo ayudarte en algo, por favor dímelo, lo que sea y cuando sea.
—Gracias por eso, pero ya, estamos conversando de pie en la cocina. Vamos a sentarnos antes de que se nos enfríe el café.
Se sentaron en el gran sofá.
—Entonces, cuéntame que pasó con tu omega, —pidió Louis.
—Hugh. Vivimos juntos por cuatro años, los más lindos de mi vida, incluso ya lo había marcado... Hasta que un día, cayó enfermo. Le dolía mucho la espalda, apenas se levantaba. Estaba con licencia siempre, sin ganas ni de comer. Solo quería tomar sus medicinas para el dolor y dormir todo el día y la noche. Luego comenzó a ponerse amarillo, bajó mucho de peso... No soportaba tanto dolor y el diagnóstico fue lapidario. Tenía cáncer de páncreas avanzado.
—No puede ser...
—Le dieron dos meses de vida, —explicó Harry, con sus ojos llenos de una honda tristeza. —Pero una semana después del diagnóstico, entró al hospital para una revisión de rutina y no salió más. Se había desmayado del dolor, y simplemente su cuerpo colapsó... No pudo salir adelante y murió...
—Lo siento mucho... Tiene que haber sido horrible para ti...
—Fue peor que horrible, fue vivir la peor pesadilla que puedas imaginar. Un dolor que jamás sentí, y pensé que nunca podría salir de ese pozo espantoso. Caí en depresión, estuve con licencia psiquiátrica por cerca de un año, muchas veces no pude levantarme de la cama. Mi mamá fue la única que se quedó conmigo. Me obligaba a comer, me hacía caminar, me escuchaba hablar cien mil veces de Hugh...
—No sé qué decir, creo que lo que te pasó fue de las peores experiencias que puede pasar una persona... Y creo que debes ser un alfa muy fuerte para poder haber seguido adelante...
—No sé si realmente lo hice alguna vez. Han pasado los años, y a pesar de que tuve un par de parejas más, siempre volvía al recuerdo de Hugh. Ahora lo puedo pensar con cariño, puedo sonreír acordándome de sus locuras y de lo hermosa de nuestra relación.
Louis miraba a Harry con profundo cariño. —¿Y esas otras parejas? ¿Cómo lograste tener otras relaciones después de un golpe tan grande?
—No fue fácil. Tres años después de la muerte de Hugh, conocí a Edmund. Él tenía apenas dieciocho, estaba lleno de vida, de ilusiones. Yo ya estaba cerca de los treinta y me maravilló su energía. Era un omega divertido, me hacía reír con sus ocurrencias, con su vitalidad. Me llevaba a bailar, por una cerveza, de compras, al cine... Intentaba mantenerme ocupado para que no recordara tanto. Tuvimos una hermosa relación de dos años y medio.
—¿Y porqué terminó?
—Su familia se mudó a Chicago y él no pudo soportarlo. Terminó yéndose también, a pesar de que teníamos planes de vivir juntos...
—¿Intentaron una relación a distancia?
—Por cerca de un año, pero fue muy difícil. Las cosas se enfriaron mucho y terminamos distanciándonos y apenas hablándonos. Me hubiera gustado mucho que quedáramos como amigos, pero no fue posible...
—Es difícil lograr eso, pasar de una relación a una amistad...
—Sí, es cierto, —confirmó Harry.
—¿Y después?
—Dos años después conocí a Jacob. Él llegó a trabajar a la empresa. Teníamos la misma edad, pero a diferencia de Edmund, era un omega excesivamente dulce, su aroma era a miel. Me dio la oportunidad de ser quien llevaba la relación, de ser “el fuerte”...
—No entiendo.
—Creo que siempre he sido un alfa demasiado dulce. Hugh y Edmund eran omegas fuertes y decididos, yo simplemente me dejé llevar por ellos. Jacob, en cambio, iba a mi ritmo, esperaba a que yo tomara las decisiones, que guiara nuestra relación.
—¿Cuánto tiempo estuvieron juntos? —Preguntó Louis, terminando su gran tazón de café.
—Tres años.
—¿Y por qué terminó?
—Quería que lo marcara, y yo... Simplemente no podía hacerlo. En ese momento sentía que era traicionar a Hugh. Jacob no lo entendió y decidió alejarse.
—¿Y cómo te sentiste con su decisión?
—Me dolió, lo quería mucho. Nunca logré enamorarme, pero esperaba tener más tiempo para hacerlo. De todas maneras lo entiendo. Si yo hubiese estado en su lugar, me hubiera ido mucho antes.
—Claro, se entiende... ¿Crees que quieras tener un omega, uno a quien quieras marcar?
—No... Llevo unos años solo, me acostumbré a mi soledad. No tengo edad para pensar en otra relación y menos para creer que ame tanto a un omega como para querer marcarlo.
—¿Y estás bien con esa decisión?
—La verdad es que sí. Los años me han dado calma, tranquilidad. Amo lo que hago, y fuera de lo que tiene que ver con mi mamá, puedo decir que tengo una buena vida.
—Te entiendo perfectamente, es exactamente lo que pienso de mi vida en estos momentos.
—¿Vas a contarme tu historia?
—Claro que sí... Aunque te advierto que es para largo.
—Tengo tiempo. Mi mamá está viendo televisión y hoy se duerme temprano. ¿Quieres cenar conmigo?
—Claro, ¿te ayudo a cocinar algo o tienes preparado?
—Guardé del almuerzo. Espero que te guste el risotto, —dijo sonriendo.
—Me encanta.
Fueron a la cocina, y Harry calentó los platos, mientras Louis aliñaba la ensalada.
—Solo tengo jugo, no bebo...
—Amo el jugo, —respondió Louis. —Tampoco tomo alcohol, no te preocupes. Voy a llevar la ensalada al comedor y los vasos también.
—Voy detrás de ti...
Se sentaron a comer.
—Entonces... Cuéntame que ha sido de ti todos estos años.
—Mi historia es muy diferente a la tuya... —Comenzó Louis.
Se quedaron conversando por horas, mientras Louis hablaba de su pasado y su presente.
—Realmente hemos tenido vidas muy distintas, —concluyó Harry. —Pero me gusta que estés bien ahora, que hayas encontrado tu equilibrio. Al parecer estamos en el mismo lugar.
—Eso creo.
—¿Y esperas conocer un alfa?
—No, al igual que tú creo que ya no estoy en edad de conocer a alguien ni de empezar desde cero con un alfa. Me gusta mi soledad, estoy bien con ella.
—Estoy seguro de que no es mucha la gente que puede decir eso. Me alegro que seamos parte de ese pequeño porcentaje que lo ha logrado.
—Pienso lo mismo, —confirmó Louis. —Me encantó esta tarde de conversación contigo, pero ya son casi las diez de la noche.
—Es increíble cómo se nos pasa el tiempo. ¿Te gustaría venir a almorzar el sábado? —Preguntó Harry, levantando la mesa.
—¿A qué hora llego? ¿Puedo traer el postre?
—¿A la una? Y claro, amo los postres.
—Entonces acompáñame a la puerta.
Salieron, y se despidieron con un sentido abrazo.
Louis caminó esas cinco cuadras, con una bonita sensación. Se sentía increíble poder compartir con alguien una conversación así de fácil, sincera y franca. Le llamaba la atención lo resiliente de Harry, el poder haber seguido adelante después de la muerte de su gran amor.
Llegó a su casa con frío, nunca imaginó que llegaría tan tarde y solo andaba con una sudadera. A pesar de la hora se preparó un té para calentar el cuerpo. Luego se lavó los dientes, se puso el pijama y se acostó a ver un poco de televisión.
El día domingo se dedicó a descansar lo que más pudo. Con el frío el dolor del hombro se agudizaba, por lo que se quedó en cama casi todo el día. Fue cuando se dio cuenta de que no tenía el número de teléfono de Harry. Se prometió recordarlo el día sábado.
La semana estuvo llena de problemas en el trabajo. Demora en las entregas, cambios en los lugares de recepción, uno de sus compañeros enfermo de gripe y se echó a perder uno de los computadores. Pero Louis tomó todo con calma, sabía que ponerse nervioso o mal era peor. Cuando terminó la semana laboral, Louis estaba feliz. Había sido demasiado, y tuvo que volver a tomar analgésicos para el dolor.
El sábado en la mañana se dedicó a estar en cama. Había pensado cocinar algo para llevar de postre a la casa de Harry, pero no quería forzar su brazo, solo lo necesario. A las doce salió camino al centro comercial donde había una excelente pastelería, y compró una tarta de chocolate y un pastel pequeño de merengue lúcuma para dejar en su casa.
Volvió con el tiempo justo. Apenas se cambió de ropa y salió.
Antes de tocar el timbre, Harry ya había abierto la puerta. Pudo sentir el jugoso aroma a cerezas justo a tiempo.
—¡Qué bueno verte! —Saludó el alfa.
—¿Cómo estás? —Contestó Louis, sonriendo.
—Sigue, por favor.
—Gracias. ¿Dejo la tarta encima o la guardas en el refrigerador?
—Dejémosla afuera, no va a durar mucho tiempo.
—Ojalá esté rica. Lamento no haberla preparado yo, pero he estado con molestias en el hombro y he intentado descansar lo que más puedo.
—No lo lamentes, está bien que te cuides. Y de todas maneras, esa pastelería es excelente. ¿Quieres comer ya?
—La verdad es que sí, tengo hambre, —explicó Louis. —No desayuné.
—Eso sí no está bien, debes hacerlo aunque no tengas ganas, es importante.
Louis sonrió.
—Los analgésicos me provocan sueño, y dormí hasta tarde.
—Espero que no me estés mintiendo, —dijo Harry, jugando.
—¡Claro que no! —rio Louis. —Mejor dime en que te ayudo.
—Lleva los vasos, por favor, mientras termino la ensalada.
—Voy.
Louis hizo lo que se le pedía, y luego volvió a la cocina a buscar los platos.
—Esto se ve increíble.
—Son papas asadas y pescado frito, nada muy elaborado.
—Debe estar delicioso. ¿Tu mamá? ¿No puede almorzar con nosotros?
—Me dijo que prefería quedarse en su habitación y comer más tarde. Estaba viendo una de sus películas favoritas.
—Entiendo.
—Sentémonos.
Comenzaron a comer en un ambiente que se sentía cómodo y hogareño.
—Entonces... ¿Puedo preguntarte algo?
—Lo que quieras, —respondió Harry.
—No quiero sonar engreído ni nada parecido, pero ¿me odiaste mucho?
—Nunca lo hice. No podía, yo te amaba con todo mi corazón, pero entendí que estabas dañado, que venías de relaciones extrañas. Simplemente en ese momento no podías amarme.
—Gracias por eso...
—¿Puedo devolverte la pregunta?
—Hazlo.
—¿Te arrepientes de esa decisión?
—Hace poco hice una especie de análisis de mi vida. Recordé muchas cosas, prácticamente todo lo que he vivido, y hay pocas cosas de las que me arrepienta. Una de ellas, fue esa decisión... —Respondió Louis con la voz baja.
—¿Por qué?
—Porque eras el alfa perfecto, tan dulce y detallista, tan preocupado siempre... llegué a quererte tanto...
—Pero no fue suficiente.
—No lo fue...
El ambiente entre ellos se puso extraño. Como si volver al pasado les hubiese hecho mal.
—Creo que nos hacía falta esta pequeña conversación para cerrar de una vez esa etapa. No imaginé que me dolía aún.
—Tienes razón... También me dolió recordar ese momento... Aunque creo que nunca podré olvidar tu mirada esa noche... Estaba vacía... Te juro que lo lamento mucho, nunca quise lastimarte, nunca... Perdóname...
Algunas lágrimas corrían por las mejillas de Louis, sorprendiéndolos.
—Hey... No es necesario... No tengo nada que perdonarte... Al contrario, mientras estuvimos juntos fui el alfa más feliz de la tierra.
—¿En serio? Me cuesta creer que no me odiaras.
—Te lo juro, eras sagrado para mí...
Louis solo pudo bajar la cabeza, se sentía en extremo vulnerable y no era la idea.
—Lo siento, estoy arruinando tu almuerzo...
—No lo haces. Son conversaciones necesarias, hay que enfrentar nuestro pasado y esta es la única manera.
—Sé que tienes razón, pero duele...
—Claro que lo hace. Pero Louis, éramos apenas unos chicos, no podías saber que las cosas iban a resultar mal. Yo deseé con todo mi corazón que fueras feliz con él, me apena que me contaras que no fue así. Pero lo nuestro fue una historia increíble mientras duró. Siempre voy a estar feliz de haberte conocido.
—Sí... Digo lo mismo, y me encanta que nos hayamos reencontrado y poder conversar así.
Llevaron los platos sucios a la cocina y Louis lavó y Harry secó y guardó. Después prepararon té y se sentaron en el sofá.
—Dijiste que haber terminado nuestra relación fue una de las cosas de las que te arrepientes, ¿cuál otra? —Preguntó Harry.
—Haber perdido mi tiempo, no estudiar lo que debía en al universidad, estar preocupado de conocer alfas y haber besado a tantos... Pero sobre todo, haberme perdido a mis padres. Teníamos una relación hermosa, pero yo simplemente pensé que tenía mas tiempo.
—Lo de tus padres lo entiendo, lo demás... No lo sé, insisto, creo que eras apenas un chico que comenzaba a crecer, que como todos cometiste muchos errores y ya fue.
—Sí, lo sé, ahora lo puedo ver así. Creo que me ganó la emoción de la tarde, soy consciente de lo que dices. Tiendo a castigarme por mis errores y la verdad es que no tiene sentido. ¿Tú te arrepientes de algo?
—Sí, —confesó Harry, bajando la cabeza. —De no haber insistido contigo.
Eso sorprendió un poco a Louis.
—¿Crees que las cosas podrían haber sido distintas?
—Es inevitable pensar cómo hubiera sido nuestra vida juntos, ¿no crees?
—Cierto, también lo pensé, lo he pensado.
—Es de lo único que puedo arrepentirme, aunque sé que haber insistido no hubiera cambiado las cosas. Es decir, estabas muy ilusionado con intentarlo con el otro chico, no podías verme y realmente me hubiese perdido buscando migajas.
—Suena horrible, pero es verdad... Debo irme, me duele el hombro y no ando con mis medicamentos.
—Además mira la hora, es tarde otra vez.
—No puede ser, creo que podría estar hablando años contigo, —dijo Louis sonriendo grande. —Déjame en la puerta.
Eso hizo Harry. Se despidieron con un abrazo muy apretado, como si esa tarde, la conversación los hubiera acercado mucho más.
Mientras Louis llegaba a acostarse, luego de tomar sus medicinas, Harry se sentaba en el sofá, a solas, con la luz apagada.
En su cabeza, la imagen de Louis sonriendo. Era uno de sus recuerdos favoritos del omega. Mientras estuvieron juntos, rieron mucho, fueron literalmente una pareja feliz.
Se sentía confundido. No es que estuviera pensando en ellos como pareja, eso no tendría lógica, solo pensaba qué hubiera pasado si ellos no se hubiesen separado.
¿Tendrían cachorros? ¿Serían una familia feliz?
Estaba seguro que sí, que ese era el destino de ellos juntos. Y eso no dejaba de dolerle y sabía que no estaba bien. Él había sido muy feliz con Hugh, no lo cambiaría por nada. Pero su historia con Louis no se había cerrado con sus conversaciones, al contrario, solo había llevado a su mente la gama de posibilidades que pudieron ser juntos.
Suspiraba a oscuras. Y empezaba a entender que su soledad empezaba a quemar, que quizás no estaba tan feliz con su solitaria vida; que quizás le gustaría conocer a alguien a quien tomar de la mano, con quien pudiera conversar por horas, a quien pudiera abrazar en medio de la madrugada después de una pesadilla o cuando bajara la temperatura y sus manos se sintieran frías. Un omega que quisiera compartir su historia sin secretos, que le provocara ganas de verlo sonreír, que necesitara de sus manos sobre su piel para poder vivir. Un omega, su omega.
¿Existiría ese hombre que llegara a complementar su vida?
No quería sufrir esperando, nunca lo hizo, no sería este el momento. Si no llegaba no debería pasar nada, pero estaba casi seguro que desde ese preciso momento ya nada sería igual.
Extrañaba a alguien. No importaba quien, solo lo extrañaba.
Volvió a suspirar.
Y decidió que lo mejor era aterrizar por ese momento, y caminar hacia su habitación, después de conversar largos minutos con su mamá.
Cerca de un mes pasó en que Harry y Louis no se vieron, porque simplemente no habían quedado de acuerdo. Y los dos lo lamentaban.
Harry había decidido ir el domingo en la tarde a ver al omega, por lo que fue al mercado para comprar algunas frutas, y cuando se devolvía, se encontró con Louis, que llegaba por sus compras semanales.
—¡Hola! —Saludó el alfa, sonriendo. —Iba a ir a tu casa más tarde.
—Hola... ¡Yo iba a hacer lo mismo! —Rio Louis, y Harry se perdió en su sonrisa. —Te iba a decir la última vez que nos vimos, que deberíamos tener nuestros números, así podemos estar en contacto y tomar un té de vez en cuando, ¿qué dices?
—Que es una gran idea, me encanta.
—Entonces, —dijo sacando su celular, —dime.
Harry le dio su número, y guardó también el de Louis.
—¿Tienes algo qué hacer esta tarde? Pensaba que podíamos vernos, aunque sea un rato, comentó Harry.
—Nada que hacer, ya sabes, no soy mucho de salir.
Se sentía en el aire el aroma a cerezas muy fresco, completamente limpio y delicioso.
Y Harry pudo sentirlo, provocando a su propio olor a pimienta rosa que apareció ligeramente picante y dulce a la vez.
Se miraron cómplices, casi como mejores amigos, confidentes.
—¿Puedo invitarte a almorzar? —Preguntó Harry.
—Claro, a la una estaré molestando.
Y Louis le dio otra sonrisa a Harry, que se dio cuenta de que lo que estaba sintiendo podía ser muy mala idea.
—Te espero... —Intentó sonreír de vuelta, pero su boca se negaba a moverse. Su voz salió apretada y muy despacio.
Louis siguió su camino, mientras Harry lo miraba con la boca abierta. Louis siempre le pareció hermoso y excesivamente atractivo, pero la edad le dio seguridad y autoestima, y eso se notaba en su andar.
Se repuso rápidamente y corrió a su casa a preparar el almuerzo en compañía de su madre, que había amanecido resfriada, pero quería preparar una de sus recetas preferidas.
Mientras Harry ayudaba a su mamá en la cocina, Louis llenaba su carrito con verduras y frutas frescas. También con algunos artículos de aseo.
Y pensaba.
En Harry.
Durante ese mes, intentó olvidar lo que su mente había intentado decirle. No quería sentir algo más que amistad por el alfa. De verdad que no.
Pero mientras más lo evitaba, peor era.
Había pensado muchas veces ir a verlo a su casa, pero se había contenido para no dejarse en evidencia. Sin embargo, no estaba en sus planes encontrarse con Harry en el mercado, aunque era muy posible si lo tenían apenas a tres cuadras. Y cuando el alfa le preguntó si podían verse, no pudo negarse.
¿Cómo haría para no delatarse?
Nunca imaginó recuperar a Harry, y hacerlo como amigos le parecía una bendición. No debió cruzar la línea, pero era tan difícil. Sobre todo cuando se daba cuenta de que el alfa era un hombre maduro, sencillo, con esa dulzura que lo cautivó la primera vez, completamente aumentada. Había sido inevitable quedarse dormido pensando en Harry tantas noches, recordando sus ojos, esa mirada que hablaba de tristezas pero también de fortaleza, la manera en que reía o su modo de comer tan pausado.
No era tonto, pero se sentía como uno.
Era muy tarde para volver atrás, era muy tarde para ellos.
Y los dos lo sabían.
La hora de almuerzo llegó, y a la una con diez minutos estaba Louis en la cocina con Harry.
—Huele delicioso, —dijo Louis. —¿Qué preparaste?
—No fui yo, todos los créditos son para mi mamá. Hizo pollo a la mostaza con unas papas fritas, algo muy sencillo, pero es su especialidad.
—¿Hoy si nos va a acompañar?
—No... Amaneció un poco resfriada, así es que ya almorzó y se fue a acostar.
—Oh, lo siento. Ojalá no le dé fuerte.
—Es lo mismo que espero. Lo bueno es que en dos días llega una de mis hermanas de visita y podrá cuidarla mejor que yo.
—Eso es bueno, ¿la extrañas?
—La verdad es que no mucho, —rio Harry. —Nos llevamos más o menos, no discutimos ni nada, solo no somos amigos ni confidentes.
—Entiendo, ¿y eso te duele?
—No, para nada. Podría decir que me encantaría que fuéramos más cercanos, pero somos muy distintos y me parece perfecto. Tal vez más adelante, no hay apuro.
—Me encanta que eres tan maduro para todo... —Dijo Louis, con voz enamorada. —Quiero decir, eres un hombre maduro, siempre lo has sido. —Corrigió.
—Gracias... —Fue lo único que Harry pudo decir. —Mejor sentémonos a almorzar, antes que se enfríe.
Pusieron la mesa con todo lo necesario y empezaron a comer.
—¿Qué tal este tiempo en el trabajo?
—Bien. Mucho trabajo. Estuvimos un poco lentos porque hubo algunos problemas con permisos de edificación, y eso no depende de nosotros. Lo bueno es que todo se solucionó y hemos podido avanzar, —contó Harry, comiendo un poco de ensalada.
—Perdón que te interrumpa, pero esta comida está... Deliciosa... Dale las gracias a tu mamá, por favor.
—La verdad es que sí, cocina muy rico. ¿Qué tal tú? ¿Cómo te ha ido?
—Más o menos. Es decir bien, pero el hombro no me ha dejado tranquilo. Fui al médico otra vez y me cambió las medicinas por unas más fuertes, pero creo que debo cambiar de especialista. Quizás necesito algo más.
—¿Un kinesiólogo tal vez?
—Eso pienso. Quizás necesito aprender a moverme o reeducar mis movimientos. El problema es que no he encontrado a un médico que me derive y que trabaje los sábados que es el único tiempo que tengo libre.
—Eso está muy mal, quizás buscar más cerca del centro aunque te demores más. Si encuentras algo más lejos, yo te puedo acompañar, sobre todo ahora que mi mamá va a estar acompañada.
—Gracias... Te voy a tomar la palabra porque me daba miedo ir más lejos solo, no con tanto dolor. Pero fuera de eso, he estado bien, el trabajo sin cambios. Mi vida sigue igual de monótona que siempre, —dijo Louis con una de esas sonrisas hermosas.
—¿Te molesta eso? —Preguntó Harry, mirándolo fijamente, con dulzura.
—No... No, es decir... No... —Contestó Louis, para nada seguro.
—Pareciera que sí te molesta.
—No es eso, no me molesta realmente. Es solo que a veces me gustaría un poco de locura, tal vez. No sé si es donde he recordado tanto mi pasado, o que me estoy poniendo viejo.
—¿Viejo? ¡Qué dices! —rio Harry. —No estamos viejos. Solo en una nueva etapa.
—¿De verdad crees eso? ¿Qué estamos en una nueva etapa? ¿Te sientes seguro en ella?
—Lo creo, pero no sé si me siento seguro... Quiero decir, he pensado mucho últimamente, en todo esto de la soledad, y no lo sé... Pienso qué pasaría conmigo si mi mamá decide irse con alguna de mis hermanas, y no me gusta la sensación que tengo al pensar en la soledad. Creo que nunca le tomé el peso realmente a esa palabra, y ahora... Ahora... Si puedo confesártelo, tengo miedo.
Louis sonrió sin ganas y bajó la mirada.
—No sabes cómo te entiendo. Yo vivo solo hace mucho, pero últimamente he pensado en eso de la soledad, y como nunca, también siento miedo...
Guardaron silencio por unos instantes, sus aromas perdieron su frescor. Ninguno pudo decir que el otro se había vuelto una pequeña luz en sus vidas y que se entregaban calor sin querer.
Terminaron de comer en silencio. Los dos estaban incómodos, sin saberlo, por el mismo motivo.
Habían sentimientos de por medio que no podían confesar, pero que anhelaban compartir. No se habían visto en un mes, pero eso no significó que lo que sentían bajara su intensidad o que dejara de existir. Por el contrario, el extrañarse les sumaba mucha profundidad a sus sentimientos.
Louis estaba a punto de levantarse e irse, y al mismo tiempo, no quería perder un solo segundo al lado de Harry.
Y Harry no estaba mejor. No sabía qué hacer, qué decir o cómo comportarse.
—¿Te gustaría ir al cine el próximo fin de semana? —Preguntó finalmente el alfa, con algo de vergüenza.
—Me encantaría... ¿Te gustan las películas de acción? —Preguntó Louis.
—Me gustan, aunque prefiero las de terror.
—Vas a tener que aguantar mis gritos y mis quejas si no puedo dormir en la noche, —dijo Louis, mucho más relajado.
“Yo te cuidaría esa noche y todas las que vengan” —Pensó Harry. —Pero no sabemos qué películas estarán en cartelera. Creo que podríamos llegar al cine y elegir allá.
—Creo que una gran idea. ¿Sabes hasta cuando se queda tu hermana?
—Por lo menos dos semanas.
—¿Y si te invito a almorzar el sábado y luego nos vamos al cine?
—Sería fantástico, amé la idea.
Los dos sonrieron.
El resto de la tarde la pasaron conversando relajadamente sobre cualquier tema que se les ocurría. Habían logrado calmar esa incomodidad que los había empezado a angustiar, y pudieron disfrutar de la compañía del otro.
Louis se fue muy contento a su casa, y Harry se quedó con una hermosa sensación en su corazón.
Esa noche ya en su cama, Harry pensaba una vez más en Louis y en como lentamente empezaba a mostrarse más alegre y más dulce, como siempre lo había sido, y eso le provocaba tantas ganas de besarlo, de acurrucarlo entre sus brazos y protegerlo del mundo. Siempre amó esa versión tierna y feliz de quien fuera su primer amor, y empezar a descubrirlo de nuevo era simplemente un milagro.
Louis, en tanto, repasaba cada momento vivido con Harry en su juventud y se sentía tan mal. Mientras más pasaba el tiempo, menos podía entender esa decisión tan visceral y poco centrada. Sí, era apenas un chico, pero quizás nunca se perdonaría el haberse equivocado de esa manera. Y luego recordaba las últimas semanas, y con solo hacerlo su aroma explotaba dulce, y era imposible no perderse en la sensación tan hermosa que era imaginarse cobijado entre los brazos del alfa. Rogaba por poder estar entre ellos aunque fuera una vez más, solo una.
Los dos pensaban que lo que sentían, quizás, obedecía a un tema de soledad. O eso querían pensar, porque los calmaba. Porque era imposible sentirse enamorados en un tiempo tan corto, tal vez solo eran ganas de no querer estar solos.
Pero al mismo tiempo, sabían perfectamente que muchos años atrás, cuando se conocieron, la conexión fue instantánea. Sobre todo para Harry, que cayó enamorado a la primera semana. No tuvo tiempo de impedirlo, no tuvo tiempo de evitarlo, no tuvo tiempo ni de respirar. Solo se flechó de golpe de ese omega hermoso y perfecto que lo miraba con una luz preciosa en sus ojos y que se reía de sus malos chistes.
Y aunque Louis no llegó a enamorarse como Harry, en esa misma semana aprendió a quererlo. Y sabía, estaba seguro, de que si hubiera tenido una semana más, las cosas hubiesen sido muy diferentes.
Los dos suspiraban antes de dormir, solo para soñar que estaban en los brazos del otro.
El día jueves, Louis llamó a Harry.
—Hola, ¿cómo estás? —Saludó el omega.
—¿Y esta sorpresa?
—Quiero molestarte... Y me disculpo por eso...
—¿Qué pasó? ¿Estás bien? —Preguntó Harry notoriamente preocupado.
—Encontré una hora disponible para ver a un traumatólogo, el sábado a la una... Y quería saber si me...
—Puedo, —Interrumpió el alfa. —Claro que puedo. ¿Dónde?
—La consulta queda cerca del big ben. Puedo ir a buscarte y desde tu casa...
—No, yo te voy a buscar, —volvió a interrumpir. —Es... es porque estamos más cerca de la parada de buses...
—Está bien... ¿Pasas por mí a las doce?
—Ahí estaré. Y por mientras cuida mucho tu hombro, ¿sí?
—Sí... Gracias...
Louis colgó, sonriendo. Iba a pasar mucho tiempo el sábado con el alfa, quizás podrían almorzar por ahí, como buenos amigos, aunque él quisiera que Harry lo llevara de la mano y lo abrazara cuando hiciera frío.
Suspiró. Ya se estaba acostumbrando a hacerlo. Cada uno de esos suspiros se iba hasta el cielo, acompañado de un pedacito de su amor, y luego volvían a su pecho recargados de la luz del sol.
El día viernes, Louis trabajó como pudo. Estaba con muchas molestias y no estaba soportando. Necesitaba que llegara el día sábado con urgencia.
Ese día despertó temprano, ordenó lo que pudo en su casa, y cerca de las doce se fue a bañar. Se vistió cómodamente, revisó sus documentos y preparó su mochila con una sudadera gruesa.
A las doce en punto estaba Louis abriendo la puerta. Amaba cómo podía sentir el aroma del alfa desde lejos.
—¿Cómo estás? —Le preguntó a Harry.
—Bien... ¿Cómo te sientes? ¿Estás con mucho dolor?
—Sí, me duele hasta la mano, no pasé buena noche...
—Entonces deberíamos dejar el almuerzo y el cine para otro día. Necesitas descansar.
—Esperemos a saber qué dice el traumatólogo, ¿bueno?
—Está bien, me aceleré un poco, —dijo riendo. —Pero es que me preocupas.
—Lo sé, no te disculpes. Pero ya vámonos, que hay que llegar temprano.
Caminaron hacia el paradero, y desde ahí era un viaje de casi media hora hasta el centro de Londres. Después caminaron diez minutos más y llegaron al centro médico. Louis pagó las prestaciones y se sentaron a esperar.
—Tienes que decirle todos tus síntomas, que te revise bien y que sea cuidadoso y amable.
—Sí, no te preocupes tanto... —Susurró Louis, con una de sus sonrisas más dulces. —¿Te quedas con mi mochila?
—Claro... —Respondió en un murmullo, completamente caído por ese hermoso omega.
Cinco minutos después llamaron a Louis, quien entró un poco nervioso.
Salió diez minutos después.
—¿Qué te dijo? —Preguntó Harry, poniéndose de pie.
—Déjame preguntar por un examen y te cuento.
Louis se acercó a la recepción para hacer unas consultas. Harry lo vio pagar algo más, por lo que no estaba entendiendo.
—Ya, —dijo Louis una vez que se había sentado de nuevo al lado de Harry. —El traumatólogo dice que lo más probable es que sea una hernia cervical.
—¿Y eso qué es?
—Es cuando uno de los discos que va entre las vértebras, se rompe o desplaza. En mi caso no se puede saber hasta que no me haga una resonancia.
—¿Eso estabas pagando?
—Sí, puedo hacérmela ahora.
—Eso es muy bueno. ¿Te dijo cuál es el tratamiento en caso de que sea eso?
—Lo que habíamos pensado. Además de las medicinas, fisioterapia. En caso de que no mejore, podría pensarse en cirugía, pero eso me asusta.
—Te entiendo... Pero estoy seguro de que la terapia te va a hacer muy bien. ¿Acá hay un fisioterapeuta?
—Sí, atiende los sábados.
—¿Puedo acompañarte?
—¿De verdad quieres hacerlo?
—Claro que sí...
—Gracias... —Pero, ¿y tu mamá?
Harry iba a contestar, cuando llamaron a Louis.
El omega debía llenar unos formularios, y además cambiarse de ropa. Luego entró a la sala de procedimientos. Se demoró cerca de una hora, ya que era una resonancia simple, sin contraste.
Mientras Louis estaba en eso, Harry ya se había leído todo lo que encontró con respecto a las hernias cervicales y su tratamiento.
Cuando Louis salió, ya eran casi las tres de la tarde.
—¿Cómo estuvo el examen? ¿No te mareaste? ¿Te sentiste bien?
—Fue difícil mantenerme quieto tanto tiempo y si tuve un poco de mareos, pero por suerte pude terminarlo.
—¿Quizás es porque tienes hambre? ¿Desayunaste?
—No... Es que tenía mucho dolor y...
—Pero Louis... Debes cuidarte y alimentarte bien es parte de eso.
—Lo sé, pero de verdad no me pasaba ni el agua.
—Bien, —suspiró Harry. ¿Tenemos algo más que hacer acá?
—Sí, debo tomar una hora con el traumatólogo y el fisioterapeuta para el próximo sábado.
—Vamos entonces.
Louis se acercó una vez más a la recepción, y dejó las horas tomadas.
—Listo, podemos irnos. Necesito pasar a la farmacia, —dijo Louis.
—Hay una en la cuadra que sigue. ¿Necesitas cambiar los analgésicos?
—Sí, todo el tratamiento en realidad.
—Ojalá y te sientas mejor, no me gusta verte mal...
Y Louis sonrió, no podía evitar hacerlo seguido por culpa de Harry.
—Tranquilo, espero que con el especialista adecuado todo mejore.
Llegaron a la farmacia, y Louis entregó su receta. Le entregaron las medicinas y Louis pagó. Una vez que salieron, se detuvieron bajo el suave sol que apenas entregaba un poco de calor.
—¿Nos vamos? Necesitas reposo.
—Nooo... —Pidió Louis con ternura, derritiendo el corazón de Harry. —¿Si almorzamos por aquí y luego sí vamos al cine?
Y el alfa se dio cuenta de que no podría negarle nunca algo a ese omega precioso, aunque tuvieran sesenta años.
—Solo con una condición... Si tienes demasiado dolor me avisas y nos devolvemos, y no quiero que te estés aguantando...
—Lo prometo...
—Entonces, ¿qué quieres comer?
—¿Hamburguesas y papas fritas? Necesito un poco de chatarra en mi vida.
Harry iba a protestar, pero se contuvo. Se le olvidaba a ratos que no eran pareja, y que no podía involucrarse tanto con las decisiones del omega. —Qué rico, vamos.
Encontraron un bonito local con comida rápida, que ofrecía buenas hamburguesas y acompañamientos.
Comieron en silencio, solo mirándose con una ternura infinita.
—Estaba delicioso, —opinó Louis. —Gracias... Pero yo debía pagar, yo te invité...
—Déjame consentirte un poco. Has estado con tanto dolor, que necesitas un poco de mimos.
—Gracias por eso. ¿Veamos qué hay en la cartelera?
—Sí... Déjame sacar mi teléfono. —dijo Harry revisando las páginas de los dos cines que tenían cerca. —Hay comedia, infantil, acción... Una de suspenso pero he escuchado muy malas referencias de ella...
—¿Y entonces?
—Mira... Repusieron una de las mejores películas de terror de la historia, y que nunca he podido ver...
—¡Veámosla!
—¿Seguro?
—Soy muy sensible, pero hagámoslo.
Fue el turno de Harry de sonreír, y de liberar sin querer un poco de su aroma, completamente endulzado.
Caminaron despacio hasta el cine, que estaba hacia el norte.
—¿Me ibas a preguntar algo sobre mi mamá o es mi idea?
—No me acuerdo... Ah, sí... No puedes acompañarme a las terapias, porque tu mamá quedaría sola.
Harry suspiró con algo de pena.
—No he podido contarte, pero finalmente se va a ir a Manchester. Mi hermana la convenció y se van en una semana...
—Oh, Harry... ¿Cómo estás con la noticia?
—No sé cómo sentirme. Por un lado me alegra mucho que se vaya porque va a estar muy, muy bien cuidada. Mi cuñado la adora y mis sobrinos también. Estará más cerca de mi otra hermana... por todos lados es lo mejor, pero como te decía el otro día... Tengo miedo de quedarme completamente solo.
A esa altura ya habían llegado al cine. Estaban de pie conversando, frente a unas máquinas dispensadoras.
—Lo sé... Sé que puede sonar aterrador, pero vas a estar bien... Ahora me tienes a mí, un amigo en quien apoyarte.
Se miraron con cara de culpabilidad, como si Louis hubiese dicho una gran mentira y Harry lo supiera.
—Gracias... Creo que es cosa de tiempo también. Tendré que ajustar mis rutinas y todo lo que tiene que ver con la casa, y tengo que acostumbrarme.
—Así es... pero de verdad ya no estás solo.
—Ya no hablemos de mí y mejor compremos las entradas. ¿Quieres algo para tomar o comer?
—Mmmm... Un jugo de manzanas y un chocolate con avellanas, pero yo pago mis cosas.
—Ni en tus mejores sueños. Ya te dije que te voy a consentir y de todas maneras yo te invité al cine.
Louis solo sonrió. No podía dejar de hacerlo, todo lo que decía Harry le provocaba ganas de reír y suspirar y liberar su aroma y envolver al alfa en él.
Harry compró dos botellas de jugo, chocolates y palomitas. Apenas le alcanzaban las manos y no quiso aceptar ayuda de Louis.
Habían escogido asientos en la mitad, y había poca gente aún. Faltaban veinte minutos para que empezara la película.
El alfa miraba a Louis comer su chocolate y su corazón se sentía cálido. Amaba que cosas tan sencillas bastaran para que Louis estuviera feliz.
Pronto el omega notó la mirada insistente de Harry, y sus mejillas se colorearon de carmín.
—¿Pasa algo? —Preguntó nervioso y tímido.
“Pasa que eres hermoso” —Nada, estaba pensando en que está muy rico el jugo, no había probado esta marca.
—Tampoco yo, pero tienes razón, es muy fresca.
—¿Te pone nervioso la película?
—Un poco. No soy mucho de ver películas, me termino durmiendo, —confesó divertido.
—¿Por qué no me dijiste que no te gustaban las películas? —Preguntó Harry decepcionado. —Podríamos haber hecho otra cosa...
—No hay otro lugar donde quisiera estar...
—Ojalá así sea, no quiero que lo pases mal.
—Va a estar todo bien, en serio... ¿Por qué te preocupas tanto? —Quiso saber Louis, con su voz derramando ternura.
—Es... Es... Es que la idea es que lo pasemos bien, solo eso...
—Lo sé, pero te prometo que si no me gusta te lo diré, ¿me crees?
—Lo hago...
Pronto apagaron las luces, y Harry y Louis se acomodaron en sus asientos. La película comenzó y tenía a Louis muy nervioso y un poco angustiado. Había dejado su jugo y palomitas en el asiento vacío a su lado, y Harry hizo lo mismo.
El volumen de la sala era demasiado alta para el omega, y no sabía cómo salir del lugar sin molestar a alguien.
Estaba a punto de levantarse, cuando sobre su brazo sintió la mano del alfa.
—¿Estás bien? —Susurró con delicadeza.
—No... Estoy muy nervioso...
—Dame tu mano.
Louis lo hizo, y mientras veían la película, Harry estuvo masajeando los dedos del omega sin parar, acariciándolos con profundo cariño y haciendo que Louis se relajara y terminara disfrutando de la película.
Una vez que terminó y encendieron las luces, Harry soltó la mano de Louis, con gran pena para los dos.
—Gracias, me calmaste mucho...
—¿Te gustó la película?
—¿Sabes que sí? En un momento me sentí muy angustiado, quería salir arrancando, pero cuando empezaste a masajear mi mano, todo cambió.
—Gracias por darle una oportunidad a la película y por dejarme ayudarte... ¿Te voy a dejar? ¿Ahora sí quieres descansar?
—No quiero terminar esta salida, pero sí me duele un poco el hombro... No me he tomado mis medicinas...
—Pero Louis, necesitamos conseguir agua para que lo hagas... Ya vengo.
Harry salió corriendo a comprar una botella del mismo jugo de manzana. Volvió con ella rápidamente y luego ayudó a Louis a beber.
—Gracias...
—Vamos, te voy a dejar.
—¿Y si hacemos algo más?
—No, debes descansar. Podemos hacer planes para otros fines de semana, ¿no crees?
—Tienes razón. Creo que el hecho de no salir a hacer estas cosas me tiene un poco hiperventilado, —rio, mostrando sus hermosos dientes.
Mientras iban en camino, iban comentando la película, hasta que llegaron a la casa del omega.
—¿Cómo te sientes? —Preguntó Harry. —¿Necesitas ayuda con algo? ¿Puedo hacerte un té?
—No es necesario, me siento mal pero...
—No, Louis, —interrumpió. —Me quedo más tranquilo si te quedas acostado y con un té a tu lado. No me cuesta nada.
—Está bien, vamos.
Entraron a la casa, y mientras Louis se cambiaba, Harry preparaba una taza de té. Cuando Louis ya estaba en cama, el alfa llevó el té hasta la habitación.
—Por favor, prométeme que me vas a mandar un mensaje antes de dormir. Si estás con muchas molestias quizás debas ir a urgencias.
—Estaré bien, en serio. Gracias por preocuparte tanto, es muy importante para mí tenerte como amigo...
Harry tragó con dificultad, y quiso sonreír, pero no pudo.
Estaba a un paso de gritarle que quería ser su mejor amigo, pero también su alfa, su pareja, su compañero.
Y a Louis cada vez le dolía más la palabra amigo. Él quería ser el todo para Harry.
—Voy a dejar cerrado y voy a tirar las llaves hacia adentro, ¿está bien?
—Sí, gracias de nuevo.
—Cuídate, nos vemos.
—Cuídate también.
Pronto Louis estaba solo, bebiendo su té caliente y con su espalda cómodamente apoyada en las esponjosas almohadas, con la televisión prendida y pensando en Harry.
Jamás imaginó que su día sábado sería tan bonito, ni que le daría tantos recuerdos con Harry.
No dejaba de repasar una y otra vez lo sucedido en el cine, ellos hablando en susurros , y luego las caricias de alfa en sus dedos. Harry nunca sabría el esfuerzo sobrehumano que tuvo que hacer para no liberar su aroma en ese momento ni para besarlo en medio de la oscuridad.
¿Cuánto tiempo más podría soportar esa situación? Sería distinto si supiera que siempre tendría las manos de Harry sobre cualquier lugar de su cuerpo. Las manos de Harry se sentían tan cálidas y fuertes, firmes y suaves, que la imaginación de Louis hacía que su piel se erizara de solo imaginarlas en su cintura o en su cuello, o en su espalda en un abrazo.
Estaba al borde de la locura al sentir la posesividad del alfa, al darse cuenta de cómo lo cuidaba, de cómo se preocupaba por él. Hacía que sus piernas temblaran.
Pronto tuvo que acomodarse, ya que una de sus medicinas lo ayudaba a dormir, y se durmió soñando con Harry.
El alfa, en ese momento, se preparaba para dormir también. Una vez que había llegado a su casa, se quedó conversando un poco con su hermana, pero pronto se fue a su habitación. Buscó una película y se acostó.
Sonriendo empezó a relajarse. ¡Qué ganas de estar al lado de Louis en ese momento! Le parecía tan fácil cuidarlo y protegerlo, que quería hacerlo siempre. Y eso que se había contenido todo el día de no actuar mas posesivo aún, ni qué decir de sus ganas de marcar a Louis con su aroma y que todo el mundo se enterara de que ese omega tenía un alfa enamorado a sus pies.
En el cine había notado la incomodidad de Louis, y estuvo a un paso de decirle que lo abrazara y se refugiara en su pecho, pero una vez más se moderó y tuvo la gran idea de masajear su mano. Y se sintió tan bonito, que a pesar de estar en un lugar rodeado de gente, fue un momento muy íntimo y real.
Cayó en un sueño profundo, donde estaba el dueño de sus pensamientos acurrucado entre sus brazos en su cama, al amanecer.
Desde ahí, el tiempo pasó a pasos agigantados.
Dos meses después, Louis estaba en la mitad de su tratamiento con el fisioterapeuta. Finalmente sí era una hernia cervical, que con la ayuda de la terapia había mejorado notablemente y ya las medicinas eran cada vez menos. Su trabajo seguía como siempre, sin sobresaltos, pero afortunadamente, con mucho qué hacer. Estaban recibiendo muestras de otros centros odontológicos y gracias a que Louis estaba mucho mejor de su hombro, pudieron hacer frente a la cantidad de trabajo que empezaron a recibir.
Harry llevaba más de un mes viviendo solo, y aunque al principio se sintió nostálgico, pronto se acostumbró a sus nuevas rutinas. Su mamá estaba muy feliz en su nueva casa y eso tranquilizaba su corazón y le daba calma a su alma. El cambio de aire le había hecho bien, y según su hermana la veía más lúcida. Hablaba más, se movía mucho más también y se había integrado bien a la familia de su hija. El trabajo de Harry marchaba perfectamente, a pesar de los permisos que siempre eran demorosos y que no podían evitar ni acelerar.
¿Las cosas entre ellos?
Iguales.
A veces se veían los sábados, a veces los domingos, a veces los dos días y a veces hasta tres, si coordinaban algo para el viernes después del trabajo.
Su plan perfecto se había convertido en juntarse a cocinar y luego conversar toda la tarde. Era increíble como siempre tenían tema de conversación, no se cansaban nunca de hablar entre ellos.
Uno de ese domingos, Louis estaba volviendo a su casa después de haber ido al mercado a comprar unas hermosas berenjenas para preparar una musaka con Harry , cuando vio a alguien parado afuera de su casa. Por un minuto se angustió, hasta que empezó a reconocerlo y estaba sin palabras.
Era Óscar.
Pensó en darse la vuelta y evitarlo, pero sabía que hacerlo era solo alargar las cosas y además, no tenía porqué andarse escondiendo.
Aceleró el paso, hasta llegar al lado de su ex. El tiempo había pasado por él, se notaba.
—¿Qué haces aquí?
—¡Hola! Vine a ver a unos amigos, y pensé que era buena idea visitarte y que, quizás, me invites un café y podamos conversar un rato.
—Creo que no es buena idea, por lo menos a mí no me parece buena idea. No tenemos nada de qué conversar... —Afirmó Louis.
—¿Cómo no? No nos vemos hace mucho.
—Sí, pero eso ha pasado por algo. No había necesidad de acercarnos y ahora menos aún.
—¿Estás enojado conmigo? —Preguntó el alfa, sorprendido.
—No, para nada. Es solo que no sé porqué deberíamos comportarnos como amigos si no lo somos, ni recordar el pasado.
—Pero podríamos ser amigos.
—Claramente no, —dijo abriendo la puerta y cerrando con llave, dejando a Óscar afuera, con la palabra en la boca.
Louis llegó a sacar las frutas y verduras del carrito y a lavar aquellas que usarían con Harry para su almuerzo. Luego puso el agua a calentar y se sirvió un té. De pie en la cocina se lo bebió despacio.
¿Para qué había vuelto Óscar? ¿Era genuino en su actuar? ¿Iba uno por la vida yendo a visitar a aquellos con quienes tuvo una relación?
Le parecía que no.
¿Le había afectado verlo? ¿Le recordó algún sentimiento?
No, solo lo descolocó.
Estaba pensando en eso, cuando sintió el aroma de Harry. Corrió a abrir la puerta.
—Hola... —Susurró al alfa, que pronto cambió su energía al notar en el aire la falta de frescura en el aroma de Louis. —¿Pasa algo?
—No... Es decir, no, no pasa nada. Vamos a la cocina y te cuento. ¿Conseguiste el jugo de manzanas?
—Sí, me costó un poco, pero en el supermercado cerca del trabajo había formato grande.
—Entonces, empecemos a cortar las verduras y a preparar la salsa, ¿te parece?
—Quiero que me cuentes, —dijo demasiado serio el alfa. —Es decir, si algo pasó me gustaría que confiaras en mí...
—Sabes que lo hago, —contestó sorprendido, Louis. —Ven, sentémonos.
Caminaron hacia el living y se acomodaron en el sofá.
—¿Entonces?
Louis evitó sonreír. Amaba la versión más posesiva de Harry.
—Fui al mercado por las verduras, como habíamos quedado... Cuando venía llegando, me di cuenta de que había alguien esperándome afuera.
—¿Quién?
—Adivina.
—¿Él? ¿Óscar?
—Sí.
La expresión corporal del alfa había cambiado notoriamente, Estaba tenso.
—Aaah... ¿Y que quería?
—Conversar. Dijo que había venido a ver a algunos amigos acá cerca, y pensó que era buena idea venir y que le invitara un café para hablar un rato.
Harry estaba que explotaba de los celos. Se estaba mordiendo la lengua para evitar decir algo impropio.
—¿Y cuándo se van a ver?
—¿Qué? Pero Harry... ¿Cómo crees que le voy a invitar algo o si quiera conversar...? Es decir... Harry, me extraña...
—No sé qué tendría de malo que se juntaran a hablar.
—Todo tiene de malo. No me interesa nada que tenga que ver con Óscar, ni ahora ni después. Nuestra historia ya fue, no me interesa traerla de vuelta. ¿Estás molesto?
—No... Claro que no... ¿Por qué lo estaría?
—Porque tu aroma me dice que lo estás...
—Lo siento, es que... Tú sabes... No tengo que explicártelo.
—Lo sé... Pero como te digo, no pasó más que lo que te cuento.
—Te creo, nunca dudaría de ti. Perdóname por ponerme tan intenso, pero ya pasó.
—Vamos a cocinar mejor, antes de que te tire una berenjena por la cabeza.
Los dos se pusieron a reír.
Prepararon el almuerzo, dos fuentes pequeñas con musaka, una para cada uno. Les gustaba hacer eso, preparar comida para un par de días.
Se sentaron a comer ya más relajados, siempre mirándose con cariño.
—¿Hablaste con tu mamá ayer? —Preguntó Louis.
—Sí, me gusta mucho darme cuenta de que está muy bien, y que incluso mi relación con mi hermana está mejor. Estamos todos más tranquilos.
—Eso es tan bonito, que tus hermanas sean tan preocupadas de ella. Porque es muy fácil irse de la ciudad y olvidarse de todo, pero ellas siempre estuvieron presentes.
—Sí... Soy afortunado... Tengo una linda familia, —admitió Harry, llevándose una gran porción de comida a la boca. —Nos quedó deliciosa, —dijo apenas pudo.
—Estoy de acuerdo, —confirmó el omega, limpiándose la boca con una servilleta. —Es mi idea, ¿o hay algo en tu cabeza que no te deja tranquilo?
—Lo siento, no puedo dejar de pensar en ese otro alfa... ¿Y si vuelve a insistir? ¿Si te espera otra vez? Me pone nervioso.
—Para serte sincero a mí también. Es decir, en esos años, aunque Óscar siempre fue muy posesivo, era alguien bastante sensato. Nunca fue agresivo, pero pudo haber cambiado, me asusta que crea que podemos tener algún tipo de acercamiento.
Harry se demoró en hablar. Otra vez su energía había cambiado.
—¿Y de verdad estás seguro de que no te interesa conversar con él?
Louis dejó de comer. No estaba enojado, solo muy triste. No quería que Harry se sintiera mal, nunca, no si él podía evitarlo.
—Estoy seguro... ¿Para qué querría hacerlo? Lo intentamos dos veces, no resultó. Los años han pasado y no hay manera de que tengamos algo en común y yo no siento necesario tener algún tipo de acercamiento. No lo quiero en mi vida, no me aporta nada, no me nace hacerlo... Te lo juro... ¿Me crees?
—Lo hago... Me cuesta... Pero lo hago... Prométeme algo, vas a cuidarte ¿sí? Y si algún día vuelve me llamas, yo vendré lo antes posible.
—Lo haré, te lo prometo... Pero por favor, Harry, dejemos el tema atrás. No me gusta sentirte así, tan preocupado... Estoy bien, aquí no ha pasado nada... Mejor terminemos de comer, mira que quiero probar el postre con un gran tazón de café.
—Llevemos entonces las cosas a la cocina.
Harry dejó los platos encima, para lavar después, pero Louis pensó que era mejor hacerlo de una vez. Tomó la esponja y comenzó su trabajo.
—Pensé que íbamos a comer primero, —dijo Harry.
—Prefiero hacerlo ahora, así comemos tranquilos el postre. ¿Por qué no vas llevando las cosas al living? Yo termino rápido.
—Bien...
El alfa llevó primero las tazas. Cuando iba volviendo para buscar las porciones de pastel, se dio cuenta de que Louis estaba muy callado.
—Parece que hice mal un movimiento... —Se quejó el omega con una mano en su hombro.
—¿Qué? Pero Louis... —Dijo Harry, preocupado, acercándose, sin tocar.
—No es nada... Ya se me va a pasar.
—Siempre minimizas lo que te pasa y no está bien. Necesitas tus medicinas.
Mientras Harry hablaba, tenía la mano de Louis entre las suyas.
Y el omega apenas podía respirar. Estaban tan cerca que lograban sentir el calor del otro. Louis miraba al alfa conmocionado, era tan hermoso que le llegaba a doler. Su corazón desbocado, el sudor se había apoderado de su frente y de su espalda.
Y Harry, que no había querido levantar la mirada, fijó sus ojos en los azules del omega. Sus piernas temblaron y sintió que estaba a un paso del desmayo.
Una de sus manos soltó la de Louis, y sin poder evitarlo, se posó sobre el cuello del omega. Desde ahí, subió solo un poco, solo lo necesario para que su pulgar acariciara la mejilla de Louis.
Y el omega cerró los ojos, y sin poder evitarlo, liberó su aroma más jugoso que nunca, lleno de notas dulces, casi como un algodón de azúcar de cerezas.
Y Harry hizo lo mismo, dejó salir su aroma a pimienta rosa, con un algo picante en su justa medida.
El tiempo se había detenido, solo esperaba por el desenlace de ese momento que era sutil e intenso al mismo tiempo.
El alfa no podía más, el amor se derramaba por sus poros, y prefería arriesgarse a seguir viviendo con la duda. Aprovechó de que Louis seguía con los ojos cerrados, para acercarse y dejar su aliento sobre la boca del omega. Un segundo después, los labios de Harry estaban sobre los de Louis, acariciándolos, gritándoles que ese momento era perfecto, dulce y tierno, lleno de dudas e inseguridades, de temor y de verdad.
Ese beso que comenzó tímido, se mantuvo de esa forma hasta que terminó, algunos segundos después.
Harry dio un paso atrás, tenía miedo de haber cruzado la línea. Hasta que vio los ojos húmedos de Louis y sintió el verdadero terror. ¿Había enviado su hermosa relación a la basura? ¿Louis no lo amaba? ¿Una vez más se repetiría la historia?
Iba a hablar, cuando fue interrumpido por Louis, o mejor dicho, por los labios de Louis, que lo besaban con ternura, con algo que parecía amor.
No querían hablar, querían solo quedarse en la cocina besándose eternamente, para siempre. Empezaban y terminaban, una y otra vez, sin cambiar el ritmo. Solo siendo tiernos, dulces, cursis, no existía nada en el mundo, solo en sus mentes que estaban llenas de ellos.
Lentamente las manos de Harry buscaron su lugar en el cuerpo de Louis. Lo encontraron en la cintura del omega, que seguía siendo estrecha y delicada, al igual que hace muchos años atrás. Siempre fue la debilidad del alfa, que amaba apretarla y jugar con su curva por minutos, no solo cuando se besaban, también cuando hablaban.
Y las manos de Louis se habían aferrado al cuello de Harry, desde donde viajaban hacia su pelo para acariciarlo y rascar suavemente.
Nunca se sabría cuánto tiempo estuvieron besándose, pero el final llegó, encontrándolos avergonzados y tímidos.
Louis dejó el cuello de Harry y apoyó su cabeza en el pecho del alfa.
—Dime que es verdad, —susurró Louis.
—¿Quieres que lo sea? —Respondió Harry suavemente.
—Lo quiero y lo necesito.
—Es lo más real que existe en el mundo, te lo puedo jurar...
Louis sonrió, mientras frotaba su mejilla en el pecho del alfa.
—¿Puedes mirarme? Si esto es real, significa que sientes algo por mí... —Habló Louis con su voz apenas perceptible.
—Lo hago... Louis, yo me enamoré de ti... Otra vez me enamoré de ti.
La sonrisa del omega iluminaba al mundo. —No te imaginas cuánto te amo, ni lo difícil que han sido estos meses sin poder decírtelo...
—Lo sé... Me mordí la lengua muchas veces, —rio el alfa. —Y ahora aún no lo puedo creer.
—Tampoco yo... Tampoco yo... —dijo Louis, volviendo a refugiarse en el pecho de Harry. Era su lugar favorito en el mundo.
—¿Quieres ir al sofá? No quiero que estés de pie tanto tiempo...
—Vamos... Llevemos el postre, me dio mucha hambre de repente.
—Lo que tú digas...
Louis se sentó y Harry tomó uno de los platos, y le fue dando pequeños trozos de pastel de chocolate.
—Me estás consintiendo demasiado...
—¿No te gusta?
—Me encanta, pero tienes que comer tu también...
—Pero es que a mí se me quitó el hambre.
—¿De verdad? ¿Por qué?
—Saber que me amas tanto como yo a ti me ha dejado sin apetito, sin sueño, sin pasado ni presente...
—Te pusiste todo cursi... Amo que lo seas...
Pronto el pastel se terminó y Harry dejó el plato vacío sobre la mesa. Solo quedaba un poco de café en las tazas, que se había enfriado en medio de tanta conversación.
Harry, menos tímido que Louis, se acercó hasta volver a besar al omega.
—Tengo miedo de que te duela el hombro... No sé cómo estás más cómodo...
—No te preocupes por eso, solo bésame...
—No... No me pidas que no te cuide... Dime cómo es mejor para ti...
—¿Estás seguro? —Preguntó Louis, sin un rastro de dulzura. Su aroma intenso, poderoso, más jugoso que nunca.
—Dímelo... —Respondió cautivado por esa mirada tan clara y firme, y por el olor en el aire, que lo tenía al borde del descontrol.
—Ven...
Louis se acostó en el sofá, de espaldas. Se llevó a Harry, que quedó casi encima del omega, la mitad de su cuerpo en el sofá.
Harry entonces, antes de perderse en la boca de su amor, enterró su nariz en el cuello de Louis, aspirando desde la fuente de olor todo el aroma a cerezas, que apareció alicorado y embriagando el aire.
Desde ahí fue solo besarse, pero la posición en que estaban no ayudaba. Por el contrario, solo lograba encenderlos en un momento en que solo pensaban en ser tiernos.
La mano que Harry tenía libre, comenzó un pequeño vaivén desde la cintura hasta la cadera de Louis, encendiéndolos. Pronto siguió buscando más dónde tocar y fue cuando se deslizó debajo de la camiseta del omega, que gimió de la sorpresa. Fue peor cuando esa mano siguió hacia arriba buscando su pecho.
—Detente... —Pidió, recobrando un poco el sentido.
—¿Qué? ¿Por qué?
—No te burles, porque sé que es quizás un poco ridículo... Pero Harry, mi cuerpo no es el mismo que hace tantos años atrás... Me siento un poco inseguro...
—Lo entiendo, pero no tienes por qué preocuparte. Me encantas así como eres, creo que eres hermoso... Si aún no te sientes preparado para que te toque, está bien. Pero tienes que entender que es tu decisión, está en tus manos...
Louis lo miró con deseo, con sus ojos húmedos de ansiedad.
—Bésame... —Pidió.
Una vez que Harry comenzó a besarlo, Louis tomó su mano y la metió debajo de su camiseta. Y Harry entendió.
No detuvo sus caricias, solo las intensificó. Estaba sediento de Louis, y recién se daba cuenta. Era la primera vez que tendría la oportunidad de probar un poco de la piel del omega y no iba a desaprovecharla.
Acarició su pecho, y pasó a llevar los pezones de Louis casi sin querer, pero encerrando un deseo aumentado al mil por ciento. Sus besos también se volvieron más necesitados, y fueron más fuertes sus sensaciones cuando Louis comenzó también a tocarlo, como podía y por donde llegaba su mano. Tenía muchas ganas de acariciar al alfa.
—Júrame que tu hombro está bien...
—¿Cuál hombro? —Preguntó el omega agitado.
Harry se puso a reír.
—El tuyo, tu hombro enfermo...
—Aaaah, ese... Bien, no te preocupes...
Pero Harry se detuvo. —Siento que no estás cómodo y no quiero que te lesiones...
—Pero...
—Nada, —Interrumpió. —Nada de peros. Tengo que cuidarte y yo voy a cuidarte mucho.
—Pero...
La mirada de Harry no admitía dudas. Louis suspiró y el deseo se apagó.
—Tenemos que cambiar de posición, para que tengas más rango de movimiento y puedas acomodarte si lo sientes necesario.
—No sé qué posición sería esa...
—Déjame sentarme... Y te subes sobre mis piernas...
La voz del alfa salió más lenta y profunda, y el deseo de Louis reapareció como por arte de magia.
—No sé si es buena idea...
—¿Por qué?
—No lo sé... No sé si estaré más cómodo...
—Probemos... Avísame si te duele o molesta, ¿está bien?
—Está bien.
Harry se sentó, y luego Louis hizo lo mismo sobre las piernas del alfa.
En esa posición, el deseo que sentían por el otro estalló. El sur de sus cuerpos rozándose, sus besos que no terminaban, sus manos buscándose, sus aromas explotando en notas calientes y resinosas. Sus ganas de terminar con la incertidumbre los tenía al borde.
Cuando tuvieron su pequeño romance, su deseo era opacado por la ternura y la dulzura. Ahora, muchos años después, encontrándose siendo hombres maduros, sus ganas de sexo eran intensas, inmensas. Descontroladas.
—¿Te duele? —Preguntó Harry, sin detener el vaivén de sus manos que recorrían todo el cuerpo de Louis.
—Un poco... Pero por favor... Por favor no te detengas...
—Lo siento... —El alfa se detuvo y respiro profundo. —Lo más importante es tu hombro, lo demás puede esperar.
—No soy de porcelana, —susurró Louis tiernamente, acariciando el pelo de Harry. —Era solo una molestia, lo prometo...
—No quiero que exista esa molestia, no quiero que estemos preocupados... ¿Puedes entenderme?
—Lo hago... Gracias por cuidarme... ¿Puedo quedarme aquí un poco más? —Preguntó Louis, enterrado en el cuello del alfa.
—El tiempo que quieras, amo mío...
Louis se incorporó, sus mejillas estaban sonrojadas y sus ojos húmedos de emoción.
—Eso suena tan bonito... Nunca imaginé que a mi edad estaría tan sensible... Menos que estaría enamorado del alfa más increíble del mundo, ni que podríamos compartir un momento como este... Gracias por volver a amarme, por darnos una nueva oportunidad...
—Nos debíamos tiempo juntos, pero la vida dijo cómo, cuándo y dónde... Y ahora tengo a mi amor entre mis brazos, quien será mi omega para siempre...
