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Entre la Mafia

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Sinopsis

Diane Holland nunca conoció el amor de una familia. Durante años soportó el desprecio y la crueldad de un padre que la culpaba por la muerte de su madre. Ciega, aislada y entrenada para sobrevivir, aprendió a soportar el dolor en silencio. Hasta la noche en que descubrió la verdad. Su padre había acumulado una deuda con el hombre más peligroso de la ciudad. Y para saldarla, decidió vender a su propia hija. Ahora Diane pertenece al Rey de la Mafia. Entre enemigos ocultos, secretos sangrientos y una guerra por el poder, Diane deberá encontrar la fuerza para sobrevivir. Pero cuanto más se acerca al hombre que controla el imperio criminal, más descubre que nada es lo que parece. Ni siquiera él.

Genero:
Scifi
Autor/a:
María
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Una noche no tan encantadora

Estaba sentada en la cocina, bordando como siempre mientras esperaba a mi padre.

Mis dedos se movían con facilidad sobre la tela, guiándose por las pequeñas marcas que yo misma había creado para orientarme. La gente siempre se sorprende cuando descubre que puedo bordar siendo ciega. Algunos incluso creen que es imposible.

Pero no lo es.

Desde pequeña, mi padre se encargó de enseñarme que no podía depender de nadie. Según él, el mundo no tendría compasión de una niña ciega, así que tampoco debía tenerla él.

Aprendí a moverme por la casa memorizando cada paso, cada esquina y cada mueble. Sabía exactamente cuántos pasos había desde mi habitación hasta la cocina. Podía encontrar cualquier objeto sin necesidad de verlo. Cocinaba, lavaba, planchaba y limpiaba sin ayuda.

Mi padre decía que una persona inútil no merecía ocupar espacio.

Y yo pasé años intentando demostrarle que no era inútil.

Lo que nunca supo fue que también aprendí a defenderme.

Sebastián, mi mejor amigo, me enseñó algunos movimientos básicos de artes marciales. Él decía que no importaba que no pudiera ver; mientras pudiera escuchar, sentir y reaccionar, tenía posibilidades de defenderme.

Nos conocimos cuando teníamos diez años.

Fue el día que escapé de casa por primera vez.

Aquella noche mi padre había llegado borracho y me culpó una vez más por la muerte de mi madre. Nunca entendí por qué. Ella murió cuando yo nací, algo que estaba fuera de mi control, pero para él siempre fui la responsable.

Recuerdo haber corrido sin rumbo por las calles mientras lloraba.

Sebastián me encontró sentada en una acera.

Desde entonces se convirtió en mi única familia.

Una sonrisa apareció en mis labios al pensar en él.

Probablemente vendría mañana para ayudarme a reparar la cerca del jardín.

Un fuerte golpe en la puerta principal interrumpió mis pensamientos.

Di un pequeño salto.

La puerta se abrió de golpe.

Los pasos de mi padre resonaron por toda la casa.

Algo estaba mal.

Muy mal.

Sus pasos eran rápidos, pesados y desordenados.

Parecía asustado.

Antes de que pudiera preguntarle qué ocurría, una bofetada impactó contra mi rostro.

El golpe fue tan fuerte que caí de la silla.

Mi mejilla ardió al instante.

—¡Padre! —grité.

No respondió.

Sus manos me sujetaron bruscamente del brazo.

—Levántate.

Me arrastró por el suelo.

Intenté resistirme, pero apenas conseguí moverme.

—¿Qué sucede? ¿Qué pasa?

—Cállate.

Su voz temblaba.

Nunca antes lo había escuchado así.

Llegamos a mi habitación.

Me empujó hacia dentro y cerró la puerta.

—No quería hacer esto, Diane, pero no tengo otra opción.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

—¿De qué hablas?

—No hagas preguntas.

Escuché cómo abría el armario.

Las puertas golpearon la pared.

Luego comenzaron a caer percheros, cajas y ropa al suelo.

Parecía estar buscando algo desesperadamente.

Las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos.

No entendía nada.

Intenté levantarme.

Sus manos me obligaron a quedarme quieta.

—No te muevas.

—Me estás asustando.

—Debes guardar silencio si no quieres que nos maten.

Sentí que toda la sangre abandonaba mi rostro.

—¿Qué?

Entonces ocurrió.

Un golpe estremeció la casa entera.

La puerta principal tembló.

Luego otro golpe.

Y otro más.

Parecía que alguien intentaba derribarla.

Mi respiración se aceleró.

—Padre...

—No salgas de aquí.

Escuché sus pasos alejarse rápidamente.

Los golpes continuaron durante varios segundos.

Finalmente la puerta principal se abrió.

Voces desconocidas invadieron la casa.

Eran hombres.

Sus voces graves y amenazantes llenaron el silencio.

No lograba distinguir todas las palabras, pero podía escuchar la desesperación en la voz de mi padre.

—Por favor... solo necesito más tiempo.

—Tu tiempo se acabó.

—Lo conseguiré. Lo juro.

—Ya no confiamos en tus promesas.

Un golpe seco resonó por toda la casa.

Algo pesado cayó al suelo.

—¡No se la pueden llevar! —gritó mi padre.

Mi cuerpo se congeló.

¿Llevarse a quién?

Los pasos comenzaron a acercarse.

Mi corazón golpeaba con fuerza dentro de mi pecho.

Intenté esconderme detrás de la cama.

Era inútil.

La puerta se abrió de golpe.

Unas manos enormes me sujetaron del brazo.

—¡Suéltenme!

Pataleé y golpeé como Sebastián me había enseñado.

Conseguí conectar un golpe.

El hombre soltó una maldición.

Pero otro me atrapó por la espalda.

—Tenemos una luchadora.

—Déjenme ir.

Me arrastraron fuera de la habitación.

—¡Suéltenme!

Mis gritos fueron ignorados.

Me obligaron a arrodillarme junto a mi padre.

Escuché su respiración agitada.

Estaba llorando.

Una mano áspera tomó mi barbilla y levantó mi rostro.

El agarre era doloroso.

—Por favor —suplicó mi padre—. Déjenla ir. Ella no tiene nada que ver con esto.

—Las deudas tienen consecuencias.

—Pagaré. Lo juro.

—Ya no hay vuelta atrás.

Los hombres sujetaron mis brazos y me obligaron a ponerme de pie.

—Tienes dos días para pagarme —dijo el hombre de voz ronca—. Dos días. Después de eso, la chica morirá.

El silencio invadió la habitación.

Esperé escuchar a mi padre defenderme.

Esperé que dijera algo.

Lo que fuera.

Pero cuando finalmente habló, sus palabras destruyeron todo lo que quedaba dentro de mí.

—Llévensela.

Mi corazón se detuvo.

—¿Qué...?

—No me sirve. Llévensela.

Sentí que el mundo se rompía.

Durante años soporté su odio pensando que, en el fondo, seguía siendo mi padre.

Me equivoqué.

Nunca me había querido.

—Padre...

No respondió.

Ni siquiera intentó mirarme.

—Si eso es lo que deseas —dijo el hombre.

Escuché pasos acercándose a mi padre.

Por primera vez escuché verdadero miedo en su voz.

—Espera... podemos hablar.

—Ya hablamos demasiado.

—Por favor.

—Las deudas se pagan.

Un golpe resonó en la sala.

Luego otro.

Y otro más.

—¡No! —grité desesperadamente.

Intenté correr hacia él.

Los hombres me sujetaron con fuerza.

—¡Déjenlo!

Nadie me escuchó.

Lo último que oí fue el grito desesperado de mi padre.

Después sentí un fuerte golpe en la parte trasera de la cabeza.

El dolor explotó dentro de mí.

Las voces comenzaron a alejarse.

Los sonidos se volvieron ecos.

Y finalmente...

Todo se volvió negro.

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Bien escrito

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Buenos personajes

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