El árbol y las flores
El árbol y las flores
En medio del campo se alzaba un árbol más alto que todos los demás. Solitario, impetuoso, parecía un guardián erguido sobre la tierra. A sus pies crecían flores delicadas, que buscaban refugio entre sus raíces. Pero el árbol, orgulloso, no disfrutaba de su compañía.
Cada vez que llovía, el agua suavizaba la tierra y las raíces se aflojaban. Entonces el árbol intentaba huir de las flores, como si su presencia le incomodara. Ellas, sin embargo, lo seguían, se posaban sobre sus raíces y se aferraban con ternura. El árbol, incapaz de escapar, trataba de aplastarlas, pero las flores esquivaban sus intentos, moviéndose de un lado a otro.Así comenzó una danza extraña: el árbol luchaba por liberarse, las flores resistían, y la lluvia caía en compás, creando una sinfonía que se escuchaba a lo lejos. Era una batalla, sí, pero también una música armoniosa, nacida del choque entre un coloso y unas pequeñas criaturas.
Con el paso del invierno, el suelo se endureció. Las raíces se volvieron pesadas, no por falta de fuerza, sino por la ausencia de la suavidad que el agua traía. Las flores, agotadas, adoptaron sus últimas posiciones para evitar ser aplastadas. Sus pétalos cayeron uno a uno, dejando tras de sí la hierba verde que ocuparía su lugar por largo tiempo.
Pero la historia no terminaba allí. Porque cuando regresaran las lluvias, volverían los brotes nuevos, las melodías fuertes y las batallas incesantes. Ninguno sería vencedor: ni el árbol, que envejecía lentamente, ni las flores, que nunca dejaban de crecer.
Era, al fin, una muestra de trabajo conjunto y hermoso, aunque ellos no estuvieran de acuerdo.