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🕯️⋆༺ 𝒞𝒶𝓃𝒹𝑒𝓁𝑒 𝒹𝑒𝓁𝓁𝒶 𝒮𝒸𝑜𝑔𝓁𝒾𝑒𝓇𝒶 ༻⋆🕯️ Le candele si spengono, ma il dolore rimane.

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Sinopsis

**🕯️ Candele della Scogliera 🕯️** A los 16 años, Elia era un chico común que disfrutaba de los pequeños momentos junto a sus amigos. Sin embargo, una noche, al regresar a casa, su vida cambió para siempre. Secuestrado por un desconocido llamado Matteo Moretti, Elia queda atrapado en una relación marcada por la obsesión, la manipulación y el control. Matteo asegura amarlo por encima de todo, convencido de que sus actos son la mayor prueba de cariño, mientras Elia lucha por aferrarse a la esperanza de recuperar su libertad. Con el paso de los años, las heridas visibles comienzan a desaparecer, pero las invisibles se vuelven cada vez más profundas. En un mundo donde el afecto y el miedo se confunden, Elia deberá enfrentarse a una realidad que amenaza con consumir su identidad. Porque algunas velas no se apagan de golpe... Se consumen lentamente, hasta que solo quedan cenizas.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

🌙⋆༺ 𝒞𝒶𝓅𝒾𝓉𝑜𝓁𝑜 𝟣

𝐿𝒶 𝒫𝓇𝒾𝓂𝒶 𝒱𝑒𝓁𝒶 ༻⋆🌙

La música seguía sonando mientras las risas llenaban el lugar.

—¡Buonanotte, Elia! —gritó uno de sus amigos levantando la mano.

Elia sonrió.

—¡Buonanotte! Nos vemos el lunes.

—¡Cuídate!

—¡No llegues tarde a clases!

—¡Lo intentaré! —respondió entre risas.

Después de despedirse de todos, salió del lugar con las manos en los bolsillos.

La brisa nocturna recorría las calles de Roma.

Elia era un joven de 16 años que caminaba solo por las calles. Antes de eso, había estado en una fiesta divirtiéndose con sus amigos.

Mientras caminaba por el silencio de las calles, a lo lejos, dentro de un callejon oscuro, escuchó un ruido...

La curiosidad le ganó y fue a revisar.

Al ver que no había nadie, dio la vuelta para irse y, sin esperárselo, alguien le tapó la boca con un trapo.

Elia luchó desesperadamente, pero fue en vano y terminó inconsciente.

Horas después...

—«Aah... ¿Dónde estoy?» —pensó Elia para si mismo.

Intentó levantarse e irse, pero al no poder moverse, vio que estaba amarrado a una silla.

Intentó gritar, pero estaba amordazado con un trapo amarrado con fuerza a su boca.

Elia estaba asustado.

De repente, empezó a escuchar unos pasos acercándose y la puerta se abrió.

Un hombre alto y esbelto entró con una bandeja de comida y una sonrisa extraña.

—Oh... despertaste —dijo aquel hombre extraño con una gran sonrisa.

Ese tipo se acercó con rapidez a Elia y le quitó el trapo de la boca.

—Tienes que comer, Amore. Tienes que nutrirte bi...

—¡¿QUIÉN ERES TÚ?! ¡¿DÓNDE ESTOY?! ¡AYUD...!

De repente, un sonido sordo envolvió la habitación.

La mano de ese hombre impactó sobre la mejilla de Elia.

—¿No te enseñaron... que cuando los mayores hablan... LOS JÓVENES SE CALLAN?

La expresión de aquel hombre cambió. Ahora estaba serio y visiblemente enojado.

Elia sentía cómo su mejilla ardía y las lágrimas amenazaban con salir de las comisuras de sus ojos...

—¿Q-Quién eres...?

dijo con la voz temblorosa.

—El amor de tu vida~ —respondió ese hombre con una sonrisa incómoda y una voz melosa.

—¿Qué...? —respondió Elia, visiblemente confundido.

—Okey... es broma... Me llamo Matteo, un gusto, precioso~

—Ah... mi nombre es Eli...

—Lo sé. Te llamas Elia.

—Tienes 16 años.

—Cumples el 14 de septiembre.

—Te gusta el color azul claro.

—Tienes un perro llamado Bombón.

—Tienes 3 hermanos.

—Naciste en el año 1998.

—Tu segundo nombre es Aleksander.

—Tu tipo de sangre es O positivo.

Y así Matteo empezó a contar toda la vida de Elia.

—Ah... —contestó Elia, confundido y asustado a la vez.

—«Conoce cosas que ni yo sabía de mí mismo...» —pensó Elia.

—Déjame irme... ¿Dónde se supone que estoy? —dijo Elia, asustado.

—Oh, no... no, no, no... No puedo dejarte ir... Me costó tanto tenerte aquí, Amore~

—Por favor... desátame... ¿Qué quieres de mí? —dijo Elia, desesperado.

—Solo te quiero a ti a mi lado, Amore... Es lo único que quiero de ti~

respondió Matteo con una sonrisa espeluznante.

—¡Estás LOCO! ¡Déjame ir o voy a gritar hasta que me sueltes...!

Elia estuvo a punto de abrir la boca...

hasta que la palma de la mano de Matteo impacta en su mejilla

—mi amor... no quiero lastimarte pero me estas obligando a hacerlo.

Los ojos de Elia empezaron a humedecerse y las lagrimas empezaron a rodar sobre sus mejillas...

—Mi amor...no llores mi vida no me gusta verte haci

Matteo se acerco y arrodillo hasta quedar a la altura de Elia empezó a acercar su rostro al de Elia hasta que podía sentir la respiración de ambos chocar

en un momento Matteo paso su lengua sobre una de la lagrimas que caían

eso hizo que el cuerpo de Elia tuviera un escalofrió

—Oh Amore... sabes delicioso...no puedo esperar para saborear cada parte de tu hermoso cuerpo...

Matteo puso una sonrisa excitada mientras desataba las cuerdas que ataban a Elia a la silla

cuando matteo termino intento besar a Elia a la fuerza causando que este le clave las uñas en su ojo izquierdo

—AHG

Matteo grito de dolor mientras salía sangre de su ojo.

Estaba visiblemente enojado y jalo del pelo a Elia lo tiro al suelo y empezó a golpearlo sin control

—COMO TE ATREVEZ..TODAVIA QUE SOY AMABLE CONTIGO..HACI ME PAGAS..IMBECIL

—Te voy a enseñar una lección que nunca olvidaras

Matteo empezó a romper la ropa de Elia dejándolo completamente desnudo

—¡¿Q-que vas a hacer? Ayuda!!

Matteo se bajo el cierre del pantalón y bajo sus bóxer

—ah!!...Es...es muy grande! Ah espera que haces!!

Matteo se posiciono abriendo las pierna de Elia presionando su miembro sobre la entrada de este

—Este es tu castigo Amore por haberme echo enojar

—Ah!! espera!!

El aliento de Matteo era cálido contra la piel de Elia, sus ojos oscuros con una mezcla de rabia y afecto retorcido.

No se movió con prisa; en cambio, se presionó contra Elia con una fuerza lenta y deliberada que hizo que las protestas del niño pareciera pequeñas e inútiles.

—Shh... deja de pelear conmigo, Elia. Tú te buscaste esto.

Su voz era baja, casi un susurro, pero tenía un peso que hacía que el aire de la habitación pareciera sofocante.

Ignoró la sangre que aún manaba de su ojo herido, la mancha roja marcada contra su pálida piel.

Para él, era un inconveniente menor, un precio pagado por el caos que Elia había causado.

Agarró firmemente las caderas de Elia, sus dedos se clavaron en la suave carne.

—Debiste simplemente aceptarme desde el principio. Hubiera sido mucho más fácil para los dos.

Con un movimiento brusco, se obligó a avanzar.

—¡¡Ah espera duele!!

Elia se retorcía tratando de liberarse del agarre de Matteo

a mandíbula de Matteo se apretó, un destello de molestia cruzó su rostro ante el sonido de la angustia de Elia.

Se inclinó, su peso presionó a Elia con más fuerza contra el suelo y capturó las muñecas del niño con una mano, inmovilizándolas por encima de su cabeza.

—No grites así

murmuró, y su voz volvió a ese tono inquietantemente tranquilo.

—Sólo empeorará las cosas para ti.

Ajustó su posición, sus movimientos eran metódicos a pesar de que la sangre aún goteaba de su ojo herido.

Parecía completamente imperturbable por el dolor, concentrado por completo en la tarea que tenía entre manos.

—Necesitas aprender a comportarte, Elia. Si me escuchas, no tendré que ser rudo.

Continuó con su ritmo, lento y castigador, observando el rostro de Elia con una intensidad que parecía depredadora.

—Aah!!~ por favor me duele mucho suéltame!!

Elia empezó a llorar mientras Matteo se movía dentro de el aun mas y mas fuerte

La expresión de Matteo se suavizó ligeramente al ver las lágrimas, pero no disminuyó el ritmo.

En todo caso, la humedad en las mejillas de Elia parecía alimentar algo oscuro y posesivo dentro de él.

Levantó la mano libre y apartó un cabello suelto de la frente de Elia con sorprendente ternura.

—Shh, shh... Sé que duele, amore. Lo sé.

Su voz era dulce, casi como una canción de cuna, contrastando marcadamente con los fuertes empujones que mantenían el cuerpo de Elia temblando contra el suelo.

Se inclinó y le dio un beso en la comisura de la boca a Elia, saboreando la sal de sus lágrimas.

—Pero así es como se aprende. Cada pequeña lección nos hace más cercanos, ¿no? Me lo agradecerás más tarde.

Cambió de agarre, acercando el cuerpo de Elia al suyo hasta que no quedó espacio entre ellos.

—Aah~...n-no me gusta por favor

Aunque a Elia le costaba admitirlo le empezaba a generar placer cada que Matteo se movía dentro de el...no lo admitía.

era algo tan repugnante y asqueroso por estar siendo violado.

Matteo notó el ligero cambio en la respiración de Elia, la forma en que su cuerpo reaccionaba a pesar de las palabras que salían de su boca.

Una sonrisa de complicidad y satisfacción se dibujó en su rostro. Se inclinó y susurró directamente al oído de Elia, con el aliento caliente y húmedo.

—Tu boca dice no, amore... pero tu cuerpo me dice algo completamente diferente.

Agarró la barbilla de Elia, obligándolo a mirarlo.

El ojo bueno de Matteo buscó el rostro de Elia, leyendo cada destello de emoción, cada contracción involuntaria.

—¿Sientes eso? ¿Esa pequeña chispa? Eso es que me aceptas. Eres tú dándote cuenta de que me perteneces.

Aumentó ligeramente el ritmo, sus movimientos se volvieron más deliberados, más enfocados en provocar esas reacciones involuntarias.

—Ahh!!~ por favor basta!!

el llanto de Elia se hizo mas fuerte pero Matteo no se detuvo

Los ojos de Matteo se entrecerraron ligeramente ante el aumento del volumen de los gritos, pero no se apartó.

En lugar de eso, se inclinó aún más, presionando su frente contra la de Elia, y su voz se convirtió en un murmullo bajo y constante que cortó los sollozos.

—Eres tan ruidoso, Elia. Pero qué hermosa voz.

Cambió su peso, presionando su pecho contra la espalda de Elia para sujetarlo más firmemente al suelo.

El movimiento fue calculado, casi suave en su precisión, a pesar de la violencia de lo que estaba sucediendo.

—Llora si es necesario. No cambia nada. Yo no voy a ninguna parte y tú tampoco.

Extendió una mano, trazando una línea desde la clavícula de Elia hasta su pecho, su toque ligero y casi afectuoso.

—por favor.....

Elia no aguanto mas y se desmayo mientras Matteo aun seguía moviéndose bruscamente

Los movimientos de Matteo continuaron, mecánicos e implacables, incluso cuando el cuerpo de Elia quedó inerte debajo de él.

La cabeza de Elia colgaba hacia un lado, los ojos cerrados y la respiración entrecortada. Un breve destello de algo, no del todo preocupación, pero tal vez una interrupción momentánea de su concentración, pasó por la expresión de Matteo.

No se detuvo. No pudo.

La tensión en su cuerpo aumentó, impulsada por un propósito singular y oscuro.

Tenía la mandíbula apretada y los músculos del cuello tensos.

Un sonido bajo y gutural escapó de su garganta cuando finalmente alcanzó su punto máximo, su cuerpo temblando con la liberación.

Por unos momentos, el único sonido en la habitación fue su respiración agitada y el distante goteo de sangre de su ojo herido hacia el suelo.

Lentamente, se retiró.

Se sentó sobre sus talones, mirando la forma inconsciente de Elia con una expresión inquietantemente pacífica.

Matteo cargo a Elia hasta su cuarto donde le puso otra ropa y lo echo en la cama...

Matteo se movía con cuidadosa precisión, como si manipulara algo precioso y frágil.

Había vestido a Elia con una camisa larga y suave y de gran tamaño y pantalones cómodos;

ropa que él mismo había elegido, lo suficientemente suave como para no irritar la piel de Elia.

Colocó la manta sobre los hombros de Elia y alisó la tela con una mano suave.

La habitación estaba en silencio ahora, el único sonido era la respiración constante y rítmica del chico inconsciente.

Matteo se sentó en el borde de la cama, mirando el rostro de Elia en la penumbra.

Los moretones en sus mejillas se estaban oscureciendo y un pequeño corte en su labio había comenzado a hincharse.

Extendió la mano y trazó la línea de la mandíbula de Elia con el pulgar, con un toque ligero y reverente.

—Te ves tan tranquilo cuando duermes, amore

susurró a la habitación vacía.

Se levantó y caminó hacia la pequeña mesa cerca de la cama, donde esperaba un vaso de agua y un poco de medicina.

Matteo permaneció unos segundos junto a la cama, observando el rostro inmóvil de Elia.

Acomodó con cuidado la manta sobre sus hombros y apartó un mechón de cabello rubio de su frente.

—Descansa, amore...

Su voz sonó tranquila, casi cariñosa.

Tomó el vaso de agua de la mesa y lo dejó un poco más cerca de la cama, como si esperara que Elia pudiera alcanzarlo al despertar.

Después caminó lentamente hacia la puerta.

Antes de salir, volvió la vista una última vez.

Una sonrisa satisfecha apareció en su rostro.

Buonanotte, Elia.

La puerta se cerró con un leve clic.

El silencio volvió a apoderarse de la habitación.

La luz de la luna se filtraba por la ventana, iluminando tenuemente el rostro del muchacho dormido.

Sin saberlo...

Aquella noche había marcado el final de su antigua vida.

Continuará...

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